domingo, 29 de agosto de 2010

Puntos, líneas, superficies, espacios… de lectura

Hace casi medio año publiqué una anotación sobre los libros que se habían leído de una sentada. Una ventaja que presenta este tipo de libros es que, logísticamente, no precisan de memoria u otro tipo de sistema, para marcar el lugar en el que la lectura ha debido ser interrumpida para continuarla más tarde. Sin embargo, la mayoría de los libros sí necesitan del uso de un punto de lectura.

Prescindiendo de la estricta memoria del lector, el sistema de marcar la separación entre la correspondiente página par y la impar, indicando que en algún párrafo ahí visible se ha producido la fijación del tiempo, el tic sin el tac del reloj, “la detención del aire”,… ; el sistema, es diverso, variopinto, misceláneo, azaroso,… Obviemos el incorporado en el libro, sea la clásica tirilla de tela en ediciones que se lo pueden permitir, o el uso sobrevenido y forzado a la solapa de la cubierta. El mismo tique de compra del libro, un folleto de propaganda, un mordisco apresurado a una esquina del periódico, un billete del transporte público,… hay numerosos recursos al alcance de la mano para esta función, muchos de los cuales, si permanecen en el libro, supervivientes a la utilidad del momento, sonriendo, al cabo del tiempo, nos devuelven precisamente a un instante concreto, detenido para siempre en nuestros recuerdos, como esos billetes de autobús a los que nunca se les prestaba mayor atención, y ahora, a través de ellos, reviven aquellos viejos cacharros y los viajes que en ellos hacíamos.

Pero también hay sistemas más ‘profesionales’, como los propios puntos de lectura.

Su sino triste es que, a pesar de lo emotivo de su función (‘Lo siento, tengo que dejarte. Hasta luego’, ‘¡Qué alegría! ¡He vuelto!’), no es algo que nos preocupemos de conseguir.

Y es que nos lo ponen fácil, al menos a los habituales de las librerías.

En numerosos casos, los libreros actúan de cauce de distribución de las editoriales, quienes producen puntos de lectura como promoción de libros concretos (como se puede ver, hay un caso anterior a cuando las dos [novelas] fueron tres), o de nuevas colecciones.

En otros casos, lógicamente, es el propio librero quien utiliza el punto de lectura como tarjeta de visita.


Y, más lógicamente aún, no podía faltar el punto de lectura de mi librería de cabecera.

Toda esta anotación, en realidad, me actúa como un recordatorio de las numerosas lecturas que… aún no han pasado por aquí.

Tras el gran éxito de crítica y público que está suponiendo la serie Y ahora, ¿dónde los pongo?, tengo que retomar las reseñas de los diversos libros que voy leyendo. En numerosos casos, esos libros no van a dejar de estar presentes por un motivo u otro, pero no se trata de transcribir fragmentos que resulten oportunos al tema de la anotación, sino de trasladar mi opinión sobre ellos.

Así pues, inauguraremos en breve una nueva serie, que podríamos titular Alit lectio, tomándolo de una frase de las Epístolas a Lucilio, de Séneca: «Alit lectio ingenium et studio fatigatum reficit», es decir, «La lectura alimenta el espíritu y le sirve de reposo cuando está cansado del estudio», según recoge Víctor-José Herrero Llorente en su Diccionario de expresiones y frases latinas, editado por Gredos, y que no es la primera vez que traemos a estas páginas.

E intentaremos aprovechar ese otro adagio latino que dice «Qui scribit bis legit», es decir, «Quien escribe, dos veces lee», lo que me ayudará a recordar mejor las lecturas atrasadas.

Créditos:
Puntos de lectura diversos, propiedad o a disposición más bien, del autor.

3 comentarios:

  1. Yo no los colecciono, los amontono en uno de los estantes. Sí que cuido y ya no lo utilizo para eso menester una tarjeta que conseguí en el John Hancock Building de Chicago, con forma trapeizodal como el edificio.
    Los que no me gustan nada son los que necesitan atrapar una página con una pestaña para sobresalir del libro.

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  2. Yo tampoco los colecciono (y eso que, últimamente, en muchos blogs estoy viendo que hay gente que sí lo hace).

    Como Caraguevo, los tengo apilados encima de un estante y de ahí los voy cogiendo..., siempre que no me pille un periódico más a mano, en cuyo caso le doy un pellizco y con eso tiro hasta que venzo la pereza y me levanto a coger uno.

    Una de los "superficies" que con más asiduidad utilizo es un bonometro. Lo que jamás hago es doblar una esquina de la página.

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  3. Lo que yo no entiendo, es porqué hay tantos punto de lectura tan feos. Con lo fácil que sería confeccionarlos con buen gusto...

    Un saludo

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