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sábado, 4 de enero de 2020

Un llamado al voluntariado

Hace muy poco más de once años, en la festividad de Santo Tomás Becket, recordé la famosa frase atribuida al rey Enrique II Plantagenet en relación con el santo arzobispo:

«¿No hay nadie entre mis servidores que vengue la afrenta que me inflinge este miserable sacerdote?»

Estos días se está produciendo una rememoración de aquella frase (aunque imagino que inconscientemente), cuando en relación con la sesión de investidura que se inicia hoy se lanza al aire desde bastantes voces la pregunta de si hay alguien entre los diputados del PSOE que impida la llegada al gobierno del totalitarismo chavista e independentista a través de la figura de PZ P.-C.

Por desgracia, es más fácil que surjan voluntarios para hacer el mal (como en el Canterbury de 1170), que para hacer el bien, o, al menos, para impedir el mal.

Pero mientas hay vida hay esperanza, aunque ella suponga incluso que haya que confiar en el virus de la gripe.

Actualización del martes 07 de enero de 2020, a las 00:18:
Leo en twitter que hay un Plan B de PSOE y UP por si se les "torciera" algún voto, y es que los filoterroristas pasen de la abstención al voto afirmativo.

Teniendo en cuenta que, si no estoy equivocado, el voto es por llamada, siguiendo el orden alfabético del primer apellido, y que la mesa de la Cámara vota al final, según el listado de diputados, incluyendo en el Plan B a ERC, la última abstención que se produciría sería la de doña Pilar Valluguera Balañà, por lo que a partir de don Daniel Vicente Viondi, ya podrían votar en contra los diputados socialistas que se atrevieran.

Hay que tener en cuenta que cualquier otro cambio de voto, así en plan valiente, activaría el Plan B, y no tendría más resultado que el de dar la cara. Tampoco es tan seguro que se la partan, pues si no acaba afectando al resultado, PZ P.-C. es hasta capaz de ponerlo como ejemplo de decencia en el partido, y promoverlo para algún alto cargo de nueva creación.

Si quieren valentía de verdad, tendrían que conjurarse tantos diputados como abstenciones previstas (o sea, 18, pero ya puestos, al menos 20, por si acaso), y votar en contra. Ya daría lo mismo el Plan B, pues no se podría contrarrestar, y además, los conjurados sí que conseguirían lo que habrían votado (o sea, "NO"), y entonces sí serían castigados, con lo que darían un sano ejemplo.

Pero no creo que haya buenas noticias.

sábado, 23 de abril de 2016

God save the King

«Antes de la guerra y durante el período de pasividad militar se había hecho muy poco -o, mejor, nada- para preparar reductos a prueba de bomba en los que pudiera sentar sus reales el gobierno central. Se habían, en trueque, elaborado planes muy minuciosos para el traslado del gobierno a un lugar distinto a Londres. (…) Pero, ahora que nos veíamos bombardeados, gobierno y Parlamento estaban resueltos a continuar en Londres, y yo compartía el sentir común. Como otros, yo no había dejado de imaginar una destrucción tan abrumadora que nos forzase a realizar un traslado y una dispersión generales. Mas en contacto con los hechos reales nuestras reacciones siguieron una dirección contraria.»

«Si se quería resistir y permanecer en Londres, era menester construir, bajo tierra o en la superficie, toda clase de locales fortificados donde el poder ejecutivo y sus miles de funcionarios pudieran desempeñar sus tareas.»

«Primer Ministro a sir Edward Bridges.                                   22-X-40
1. Ahora conocemos ya los límites del ataque enemigo a Londres y nos consta que será tan severo como prolongado. Es muy verosímil que prosiga el bombardeo de Whitehall y demás centros de gobierno hasta que todos los edificios viejos o inseguros hayan sido demolidos.
En consecuencia, es preciso organizar, lo antes posible, acomodos en las casas más fuertes que existan, o que sean susceptibles de fortificación, a fin de que sirvan para acoger a los muy numerosos núcleos de personal superior y subalterno relacionado con los organismos gubernativos y con los ministerios y departamentos esenciales para la dirección de la guerra.
Esto se hace inevitable en virtud de nuestra decisión de no abandonar Londres (…)»

«El domingo 29 de diciembre volvió a abatirse sobre Londres el más grave de los ataques de aquellas semanas. En esa ocasión los alemanes hicieron uso de la mucha experiencia tan penosamente ganada. Fue una operación incendiaria clásica. El peso del ataque se concentró en la City de Londres. Se sincronizó el asalto con el momento de la marea baja. Las conducciones de agua fueron destruidas desde el principio por unas minas de gran potencia explosiva soltadas en paracaídas. Hubo que luchar con cerca de mil quinientos incendios. Las estaciones de ferrocarril y los muelles sufrieron daños. Ocho iglesias fueron destruidas o quedaron malparadas. El fuego y las explosiones afectaron al Ayuntamiento y costó heroicos esfuerzos salvar la catedral de San Pablo. Aun hoy sigue existiendo una zona de vacío, ruina y desolación en el mismo centro del mundo británico. Pero cuando el rey y la reina visitaron aquella zona de muerte, se les acogió con un entusiasmo mucho mayor que el usual en las fiestas reales.
Durante aquella dura y prolongada prueba, que aún debía persistir por varios meses, el monarca habitó constantemente el palacio de Buckingham. Se construyeron en los sótanos refugios adecuados, mas eso costó su correspondiente tiempo. Varias veces aconteció también que Su Majestad llegara de Windsor en el curso de un ataque aéreo. Una vez él y la reina se salvaron por un muy estrecho margen.»

«Fue muy útil para Inglaterra tener unos reyes tan buenos en aquellos trascendentales años.»

[En la festividad de San Jorge, Santo Patrono de Inglaterra, y onomástica del rey Jorge VI.]

Créditos:
Extractos del capítulo III «Londres puede aguantar», de Solos, libro segundo de Su hora mejor, parte segunda de La Segunda Guerra Mundial, obra de Sir Winston S. Churchill, según traducción de Juan G. de Luaces, publicado como volumen IV de la obra, y como número 15 de la colección Biblioteca de Historia, editada por Orbis en 1985, (pp. 52, 53, 58, 62 y 63), de la biblioteca del autor.
Fotografía del rey Jorge VI, visitando una zona bombardeada en el distrito londinense de Lambeth (sin fecha, probablemente 1940 ó 1941), tomada de Operation Sea Lion, de Peter Fleming (publicado originalmente en 1957 con el nombre Invasion 1940), según edición de Pan Books en 2003, de la biblioteca del autor.

martes, 15 de septiembre de 2015

¡¡Nano, nano, nano!!


Créditos:
Imagen del famoso cartel Keep Calm and Carry On, tomada de la noticia de ABC acerca del mismo, y ligeramente adaptada al hecho de que hoy se inician los vuelos regulares en el famoso Aeropuerto de Castellón... naturalmente con vuelos desde/a Londres.

lunes, 28 de octubre de 2013

Vamos de bautizos

El pasado miércoles día 23 fue bautizado el hijo de los Duques de Cambridge con el nombre de Jorge Alejandro Luis; Jorge, para el futuro y para entendernos. Y hubo las correspondientes fotos, de las que destaca una.

Por primera vez desde 1894, una soberana de la Casa Windsor ha posado junto con tres herederos directos al trono, proyectando con una sola imagen una continuidad histórica que ni siquiera mil proclamas monárquicas podrían garantizar. (…) El bautizo del primer hijo de los duques de Cambridge ha ofrecido a la monarquía británica una valiosa oportunidad fotográfica, llena de significado histórico.
En la imagen, la Reina Isabel II posa en Clarence House, residencia oficial del Príncipe de Gales, con su hijo Carlos, que cumplirá 65 años el mes que viene, su nieto el príncipe Guillermo (31 años) y el pequeño Jorge, nacido en Londres el pasado 22 de julio, que fue bautizado ayer en la capilla real del Palacio de St. James.

Lo de la “continuidad histórica” queda muy bien, pero aunque sea verdad, no es exactamente verdad en relación con la Casa de Windsor.

Y es que, formalmente hablando, la Casa de Windsor sólo existe desde el 17 de julio de 1917, cuando la casa reinante entonces en el Reino Unido fue re-bautizada por el padre del tatarabuelo del ahora bautizado, los tres de nombre Jorge. Y el motivo que impulsó a Jorge V a hacerlo fue… que estaban en guerra contra Alemania (la Gran Guerra, luego conocida como la I Primera Guerra Mundial), cuna de la Casa Real británica, pues era la Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha.

Sin embargo, tampoco ésta era la Casa de la Reina Victoria. Esta casa entró a reinar en el Reino Unido pues es a la que pertenecía el Principe Alberto, Principe Consorte del Reino Unido por su matrimonio con la Reina Victoria.

Lo curioso del caso es que la Casa a la que pertenecía por familia la Reina Victoria… tampoco era británica, sino también alemana. Se trata de la Casa de Hannover, que, tras la muerte de la Reina Ana, sucedió a los Estuardos merced a historias que no vienen al caso ahora.

Otra cosa curiosa es que, aunque el actual tercer heredero a la Corona británica tiene, podría decirse, un nombre típicamente británico (Jorge), el primer rey con ese nombre no era inglés, sino alemán: Jorge I, con el que se instauró la antedicha Casa de Hannover.

Y por último, coincidencia o no, cuando llega la Casa de Hannover como extranjera al trono de Inglaterra y Escocia es precisamente el mismo año en que consolida el trono, habiendo llegado también como extranjera, la Casa de Borbón a España: 1714.

¡Ah! Por cierto, la famosa foto de la Reina Victoria es la que acompaña estas líneas.

Créditos:
Extractos de la noticia publicada en ABC el viernes día 25 de octubre de 2013.
Fotografía de la Reina Victoria, con su hijo el Príncipe de Gales (futuro Eduardo VII), su nieto (futuro Jorge V) y su bisnieto (futuro Eduardo VIII), tomada de un artículo de la BBC.

lunes, 21 de octubre de 2013

Deber el deber

A ball fired from her mizentop [del buque francés Redoutable], which, in the then situation of the two vessels, was not more than fifteen yards from that part of the deck where he [Almirante Horacio Nelson] was standing, struck the epaulette on his left shoulder, about a quarter after one, just in the heat of action. He fell upon his face, on the spot which was covered with his poor secretary's blood. Hardy, who was a few steps from him, turning round, saw three men raising him up.–«They have done for me at last, Hardy!» said he.–«I hope not!» cried Hardy.–«Yes!» he replied; «my back-bone is shot through.»


Presently, calling Hardy back, he said to him in a low voice, «Don’t throw me overboard:» and he desired that he might be buried by his parents, unless it should please the king to order otherwise. Then reverting to private feelings: «Take care of my dear Lady Hamilton, Hardy: take care of poor Lady Hamilton. –Kiss me, Hardy.» said he. Hardy knelt down and kissed his cheek: and Nelson said, «Now I am satisfied. Thank God, I have done my duty.» Hardy stood over him in silence for a moment or two, then knelt again, and kissed his forehead. «Who is that?» said Nelson; and being informed, he replied, «God bless you, Hardy.» And Hardy then left him–for ever.
(...) He said to the chaplain: «Doctor, I have not been a great sinner:» and after a short pause, «Remember that I leave Lady Hamilton, and my daughter Horatia, as a legacy to my country.» His articulation now became difficult; but he was distinctly heard to say, «Thank God, I have done my duty!» These words he repeatedly pronounced; and they were the last words which he uttered. He expired at thirty minutes after four,–three hours and a quarter after he had received his wound.

En los libros de historia suelen quedar reflejados los nombres, actos y palabras de pocas personas, y de menos aún, como es el caso de Nelson, se prodigan biografías. Los demás, sin los que los hechos históricos no hubieran tenido lugar, quedan, en el mejor de los casos, en los archivos, y, con más suerte aún, hasta pueden ser identificados.

Con nombre conocido o sencillamente anónimos, una gran mayoría, especialmente de éstos últimos, «cumplieron su deber».

Por eso, resulta más impresionante el balance realizado por el entonces Mayor General de la Armada don Antonio de Escaño y García de Cáceres, segundo jefe de la escuadra española en la “acción del día 21 de octubre”, de los muertos y heridos habidos en los quince buques españoles.

En tres de ellos (el San Agustín, el San Juan [Nepomuceno] y el Argonauta) el balance es, lacónicamente, un “se ignora”.

Poco más de dos siglos después, lamentablemente, también podemos decir que “se ignora” cuántos de los que pueden, de momento, figurar en futuros libros de historia, están «cumpliendo su deber».

Créditos:
Extractos del capítulo IX (que figura en el segundo volumen) de The life of Nelson, obra de Robert Southey, tomados de la segunda edición realizada en Londres, por John Murray, en 1814 (pp. 262-263, 267-269), de la biblioteca del autor.
Fotografía de Combate de Trafalgar, óleo sobre lienzo de 1870 de Rafael Monleón y Torres, en el Museo Naval, en Madrid, en octubre de 2013, del autor.
Fotografía de la Noticia en guarismo de los muertos y heridos que ha tenido cada buque en la acción del 21 de octubre, según las que se han podido adquirir, manuscrita y firmada, en Cádiz el 5 de noviembre de 1805, por don Antonio de Escaño, en el Museo Naval, en Madrid, en octubre de 2013, del autor.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Y ahora, ¿dónde los pongo?: ¿Saldados o salvados?

El otro día, al pasar a saludar por mi librería de cabecera, me llamó la atención la cantidad de libros que había, sobre las mesas de ofertas, de cierta famosa editorial.

Intrigado, pregunté si es que habían hecho algún tipo de liquidación, y me respondieron que la editorial no, sino que una distribuidora de Madrid había entrado en suspensión de pagos, y había hecho un reparto de sus fondos.

Dado que muchos de esos títulos aún estaban en el mercado digamos normal, la consecuencia inmediata que ello había supuesto a la librería era que había tenido que retirar los ejemplares ‘normales’ para dar salida a los saldados.

Movido por la curiosidad, ojeé las diversas mesas de ofertas, haciendo, finalmente, una selección de entre lo que vi, aunque sin saber si dichos ejemplares eran o no del reparto de marras.

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Ya no debo los de Devon

Hace seis semanas que regresábamos de hacer una visita a nuestros hijos que se encontraban allá en Albión, más en concreto, en Devon.

En esta ocasión, he sido más comedido.

Créditos:
Cubiertas y sobrecubiertas de los libros en cuestión.

lunes, 5 de agosto de 2013

This isn’t an English Summer

Hace tiempo hablamos en estas páginas del tiempo, en concreto, de cómo decían que se presentaba este verano.

Una semana antes, en The Guardian, ante el desarrollo meteorológico que tenían en aquellas islas, que también descartaba un verano como toca, se planteaban una nueva palabra:
"Sprautumn" is a definite possibility, hinting at an interval that seems a mere bridge between two other seasons.

Con la primera semana de julio, el panorama ya había cambiado, de lo que el mismo The Guardian se hacía eco, aunque el artículo terminara no muy convencido:
And while you're basking on the beach or in the garden, remember that the last time the weather forecasters predicted a "barbecue summer" – in 2009 –  we all ended up cowering under umbrellas rather than lounging beneath sunshades.

A mediados de mes, ya se leían voces de alarma por la situación. Lo que no dejaba de tener su razón, pues, al margen de las temperaturas que se llegaran a alcanzar (se superaba en varios sitios y ocasiones los famosos 90ºF, es decir, 32ºC), en la primera quincena de julio en toda Inglaterra y Gales apenas cayó una gota de lluvia, situación que en Gales y el Suroeste de Inglaterra, por ejemplo, aún se prolongó una semana más, recordando a los lugareños la sequía de 1976, y que el mes llevaba camino de ser el más seco en toda la isla desde los tiempos del rey Jorge III.


Así, no es de extrañar que jardines y praderas de Devon tuvieran un aspecto tan triste como el que pudimos ver.

Pero como todo tiene su remedio, la misma noche que partíamos de regreso comenzó a llover, se alegraron los campos… y se estropeó la estadística.

(Bueno, y desde luego, también las previsiones de los franceses, hechas públicas, encima, poco antes del aniversario de Waterloo -también con Jorge III, por cierto-.)

Eso sí, que yo sepa, aún no ha nevado.

Créditos:
Fotografía de los Northernhay Gardens, vistos desde la muralla romana, en Exeter, el 20 de julio de 2013, del autor.

domingo, 4 de agosto de 2013

Una piedra en el zapato

En cambio de esto, Roock á su vuelta se apoderó de Gibraltar, plaza desprovista á la sazon de todo medio de defensa, obligando á capitular á su gobernador don Diego de Salinas, tomando posesion de la ciudad en nombre de la reina de Inglaterra, y quedando allí para guarnecerla el príncipe de Darmstadt con dos mil soldados. Así fue como cayó en poder de los ingleses tan importante ciudad, llave del Estrecho, que aun se mantiene ajena á la dominacion española: dos dias no mas duró su resistencia, y en verdad que no permitia mayor término el mal estado de la fortificacion, la escasez de los defensores, la desventaja de la sorpresa y la ninguna esperanza de socorros. Lo mismo intentó hacer el almirante inglés con Ceuta, aunque esta vez en vano, gracias al denuedo con que la defendió su gobernador el marqués de Gironella.

Lo que Miniana no dice es que la capitulación tuvo lugar tal día como el de hoy, sólo que en 1704.


Lo que tampoco puedo decir es si es ése el motivo de que hayan coincidido dos periódicos en el tema de sus portadas de este domingo.



En cambio, lo que sí puedo decir es que, en este tema, falta una portada.


Créditos:
Extracto del capítulo IV Invasión en España, del Libro Segundo Reinados de Felipe V y Luis I, de la continuación realizada por Miniana, de la obra del Padre Mariana Historia general de España, en la edición publicada por la Imprenta y Librería de Gaspar y Roig (en Madrid, calle del Príncipe, 4), en el año de Nuestro Señor de 1852 (Tomo 2 – pp. 607-608), de la biblioteca del autor.
Portadas de ABC y La Razón de su edición de hoy, tomadas de la galería de fotos (portadas de prensa) de Libertad Digital.
Portada de La Codorniz, del 21 de octubre de 1956, tomada de “La Codorniz” declara la guerra a Inglaterra, recopilación sobre el tema publicada por EDAF en 1999 (3ª edición, de noviembre), de la biblioteca del autor.

miércoles, 10 de julio de 2013

La Sala de… Lectura

- Quiero pasar un par de horas en el Museo Dupayne de Hampstead. ¿Por qué no vienes comigo? Conocerás el Dupayne, claro…
- He oído hablar de él, pero nunca lo he visitado.
- Pues deberías, deberías. Es un lugar fascinante. Dedicado al período de entreguerras, entre 1919 y 1938; pequeño, pero exhaustivo. Tienen algunos buenos cuadros: Nash, Wyndham Lewis, Ivon Hitchens, Ben Nicholson… A ti te interesaría sobre todo la biblioteca: primeras ediciones, hológrafos y, por supuesto, los poetas de entreguerras. Ven, anda.

- Estoy escribiendo una serie de artículos sobre el asesinato como símbolo de su época, o el asesinato como historia social, si lo prefieres. Nellie cree que con esto sí podría obtener el éxito de mi vida, Adam. Está muy entusiasmada. Mira los famosos crímenes victorianos, sin ir más lejos; no podrían haber ocurrido en ningún otro siglo: esos salones atestados de objetos claustrofóbicos, la respetabilidad de cara a la galería, la sumisión ciega de la mujer… (…) Sin embargo, ésos son los años más fáciles; los de entreguerras resultan más interesantes. En el Dupayne hay una sala dedicada a los casos de asesinato más famosos de las décadas de los veinte y los treinta, no para despertar el interés del público, te lo aseguro, pues no se trata de esa clase de museos, sino para demostrar lo que quiero poner de relieve: el asesinato, el crimen por excelencia, es un paradigma de su época. –Hizo una pausa y miró fijamente a Dalgliesh por primera vez–.

Ackroyd hablaba con pesadumbre. Dalgliesh se preguntó si su siguiente entretenimiento sería escribir novelas policíacas. En ese caso, habría que disuadirlo. El asesinato, real o ficticio, y en cualquiera de sus manifestaciones, era aparentemente un entretenimiento poco probable para Ackroyd, pero la curiosidad de éste siempre había abarcado muchos temas, y, una vez seducido por una idea, la perseguía con el entregado entusiasmo de un experto obsesionado con ella durante toda su vida.
(…)
-Mejor será que te ciñas al asesinato como paradigma de su época. ¿Qué esperas encontrar en el Dupayne?
- Inspiración, quizá, pero sobre todo información. La Sala del Crimen es excepcional. Ése no es su nombre oficial, por cierto, pero así es como todos nos referimos a ella. (…) Y por supuesto, el interés del museo en los asesinatos coincide con el mío. La única razón por la que el anciano creó la Sala del Crimen fue para relacionar el crimen con su época.

Leí La Sala del Crimen, posiblemente, en el verano de 2007, y desde entonces tengo como referente de los museos pequeños y especializados el ya famoso Museo Dupayne.

Recientemente, en esta época actual, veo que ha cogido nueva y contagiosa presencia (gracias, a pesar de todo, a El Corte Inglés), curiosamente, o no, como adelanto del nuevo Colegio Oficial de Criminólogos de esta nuestra Comunidad.

Confío en no convertirme en un case study, pero en todo caso, mejor me despido por hoy.

Se alegró de haber visitado el museo; había disfrutado de una nueva experiencia y admirado buena parte de cuanto había visto, pero decidió que no volvería allí.

Buenas noches.

Créditos:
Cubierta y extracto de La Sala del Crimen, de P.D. James, según traducción de Ana Alcaina, tomados de la primera reimpresión, de octubre de 2005, realizada por Ediciones B en su sello Byblos (pp. 17-18, 21, 22-23 y 52), de la biblioteca del autor.

jueves, 27 de junio de 2013

Y ahora, ¿dónde los pongo?: ¿Para preparar algún viaje?

El caso es que el viaje no creo que vaya a ser tan largo ni lejano.








Ni creo que vaya a durar tanto como para precisar una máquina del tiempo.








Ni una máquina excavadora.










¡Qué intriga! ¿Verdad?

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión.

lunes, 18 de febrero de 2013

Si el caminante es político, sí hay camino

La moral y la política van por caminos apartados uno de otro. Por ello, siempre se juzga un acontecimiento desde campo totalmente distinto según que se le valore desde el punto de vista de la humanidad o desde el del provecho político. Moralmente, la ejecución de María Estuardo sigue siendo un hecho en absoluto indisculpable: contra todo el derecho entre los pueblos en plena paz, se había aprisionado a la reina del país vecino; en secreto se le habían tendido lazos, y del modo más pérfido se le habían atado las manos. Pero tampoco se puede negar que, desde el punto de vista de la política de Estado, la eliminación de María Estuardo era una recta determinación para Inglaterra. Pues, en la política –¡por desgracia!–, cuando se toma una medida no decide el derecho, sino su éxito. Y con la ejecución de María Estuardo, el éxito, en sentido político, aprueba posteriormente el asesinato, pues les proporciona a Inglaterra y a su reina no inquietud, sino calma. Cecil y Walsingham apreciaron rectamente la positiva situación de las fuerzas. Supieron que los Estados extranjeros son débiles, en todo tiempo, ante un gobierno realmente fuerte y que contemplan con cobardía sus actos de violencia y hasta sus crímenes. Calculaban rectamente al pensar que el mundo no se dejaría poner en conmoción por este suplicio, y, en efecto, los toques de clarín de venganza de Francia y Escocia quedaron helados de repente. Enrique III no rompe en modo alguno sus relaciones diplomáticas con Inglaterra, según había amenazado, y mucho menos ahora que antes, cuando se trataba de salvar la vida de María Estuardo, envía ni un único soldado al otro lado del Canal para vengar su muerte. En todo caso, hace decir en Notre-Dame una bella misa de difuntos y los poetas escriben algunas estrofas elegíacas; pero con ello queda despachado, para Francia, el asunto de María Estuardo y cae en el olvido. En el Parlamento escocés se hace un poco de ruido; Jacobo VI [hijo de María Estuardo] se pone trajes de luto, pero pronto vuelve a cabalgar placenteramente en los caballos regalados por Isabel, acompañado de los perros bracos obsequio de la misma Isabel, y se va de caza y continúa siendo el vecino más cómodo que jamás haya conocido Inglaterra. Sólo Felipe el Lento de España se despierta ahora y prepara la Armada. Pero se encuentra solo y contra él se alza la buena suerte de Isabel que corresponde a su grandeza, como en todos los soberanos ricos en gloria. Antes aún de que estalle la batalla, la Armada es destrozada por la tempestad, y con ello se abate el ataque, largo tiempo planeado, de la Contrarreforma. Isabel ha triunfado de un modo definitivo, e Inglaterra, con la muerte de María Estuardo, hace frente a sus más extremos peligros. Los tiempos de la defensiva han pasado; ahora, su escuadra llega a ser poderosa para poder atacar, a través del océano, en todas las partes de la Tierra, y tan magnífica que puede ligarlas en un Imperio Unido. La riqueza crece, un nuevo arte florece en los últimos años de la vida de Isabel. Nunca fue más admirada la reina, nunca más amada ni venerada que después de esta malísima acción suya. Siempre sobre las piedras angulares de la dureza y de la injusticia son edificados los grandes Estados; siempre sus cimientos tienen sangre como argamasa; injusticia, en la política, sólo las cometen los vencidos, y la Historia pasa sobre ellos con paso de bronce.

El 8 de febrero de 1587 era ejecutada María Estuardo… en Inglaterra; en España, ya con la reforma del calendario gregoriano, era 18 de febrero.

Con independencia de las fechas formales, lo que nos muestra Stefan Zweig es que “los Estados extranjeros son débiles, en todo tiempo, ante un gobierno realmente fuerte y que contemplan con cobardía sus actos de violencia y hasta sus crímenes”, y lamentablemente, la Historia no ha dejado de confirmar esta afirmación, no ya desde 1587, sino, más aún, desde 1934, año en que fue escrita.

¿Y qué decir de la frase de inicio del párrafo: “La moral y la política van por caminos apartados uno de otro”?

Pues que no hace falta decir más.

Créditos:
Extracto del capítulo Sainete (1587-1603) de la obra María Estuardo, de Stefan Zweig, según traducción de Ramón Mª Tenreiro, tomado de la séptima edición, de 2008, realizada por Editorial Juventud en su colección Libros de Bolsillo Z (pp. 348-349).

lunes, 5 de noviembre de 2012

Siempre hay un muñeco al que darle

En el día 5 de Noviembre se celebra el aniversario de la famosa conjuración, cuando quisieron volar con pólvora el Parlamento: maldad atribuida a los papistas. Algunos días antes andan los chicos pidiendo dinero por las calles para quemar al Papa. En el día del aniversario, la gente rica se emborracha en banquetes suntuosos; las viejas van a rezar a la iglesia (donde se celebra con oficio particular el suceso); los muchachos y la gente del pueblo pasean por la ciudad varias figuras de paja, perfectamente parecidas al pelele que se mantea en Madrid el Martes gordo. Estas figuras representan, en su opinión, al Papa; entretiénense todo el día con él, le insultan, le silban, le escupen, le tiran lodo, le arrastran por las patas, le dan pinchazos, y al fin muere quemado a la noche, con grande satisfacción y regocijo público.

Otros, en cambio, tenemos las Fallas.

Créditos:
Extracto de la anotación IV  del Cuaderno Primero, de Apuntaciones sueltas de Inglaterra, de Leandro Fernández de Moratín, tomado de la primera edición (de noviembre de 1984) publicada por Editorial Bruguera como número 1.058 de su colección Libro Amigo (pág. 8).
Fotografía de la Victoria Tower, torre meridional del edificio del Parlamento, en Londres, de octubre de 2006, del autor.

jueves, 25 de octubre de 2012

That fought with us upon Saint Crispin’s day

¡Oh, no ansíes un hombre más! Proclama antes, a través de mi ejército, Westmoreland, que puede retirarse el que no vaya con corazón a esta lucha; se le dará su pasaporte y se pondrán en su bolsa unos escudos para el viaje; no querríamos morir en compañía de un hombre que temiera morir como compañero nuestro. Este día es el de la fiesta de San Crispín; el que sobreviva a este día volverá sano y salvo a sus lares, se izará sobre las puntas de los pies cuando se mencione esta fecha, y se crecerá por encima de sí mismo ante el nombre de San Crispín. El que sobreviva a este día y llegue a la vejez, cada año, en la víspera de esta fiesta, invitará a sus amigos y les dirá: "Mañana es San Crispín." Entonces se subirá las mangas, y al mostrar sus cicatrices, dirá: "He recibido estas heridas el día de San Crispín." Los ancianos olvidan; empero el que lo haya olvidado todo, se acordará todavía con satisfacción de las proezas que llevó a cabo en aquel día. Y entonces nuestros nombres serán tan familiares en sus bocas como los nombres de sus parientes: el rey Harry, Bedford, Exeter, Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester serán resucitados por el recuerdo viviente y saludable con copas rebosantes. Esta historia la enseñará el buen hombre a su hijo, y desde este día hasta el fin del mundo la fiesta de San Crispín y Crispiniano nunca llegará sin que a ella vaya asociado nuestro recuerdo, el recuerdo de nuestro pequeño ejército, de nuestro feliz pequeño ejército, de nuestro bardo de hermanos; porque el que vierta hoy su sangre conmigo será mi hermano; por muy vil que sea, esta jornada ennoblecerá su condición, y los caballeros que permanecen ahora en el lecho en Inglaterra se considerarán como malditos por no haberse hallado aquí, y tendrán su nobleza en bajo precio cuando escuchen hablar a uno de los que ha combatido con nosotros el día de San Crispín.

Shakespeare nos muestra poéticamente esta arenga del rey Enrique V en los momentos previos a la batalla de Agincourt, momento crucial en la Guerra de los Cien Años, en que el ejército de Inglaterra, muy inferior en número al de Francia, derrotó a éste, y, por diversos problemas, que ahora diríamos de logística, no pudo acabar ese mismo otoño de 1415 tomando París y acabar así la guerra.

Prescindiendo, igual que Shakespeare, de la masacre imperdonable que sucedió tras la batalla, sí podríamos leer, con otro enfoque, tanto la arenga como el desarrollo posterior de la guerra.

Y es que tal vez sí sea de aplicación lo de que los caballeros que permanecen ahora en el lecho en Inglaterra se considerarán malditos”, visto en relación con quienes, no este día de San Crispín, sino el pasado de San Hilarión (21 de octubre), o, previsiblemente, el próximo de Santa Catalina (25 de noviembre), permanezcan en su lecho, es decir, en la abstención, en unas elecciones en las que no sólo se dirimía (o se dirimirá) si la gestión de un asunto regional se realiza de un modo u otro.

Sí, mejor que se retire el que no vaya con corazón a la lucha planteada en esas elecciones. No se necesita, supuestamente al lado, a nadie que tema morir en esa lucha. El ejército, en este caso, de votantes no muestra muchas banderas desplegadas, pero se merece las palabras de quien no tema mostrar las cicatrices de las heridas recibidas en estos lances.

Y de lo que también se trata es de evitar que, por una deficiente gestión, una batalla ganada tan en el límite, no conlleve el triunfo final.

Y es que, Inglaterra, a pesar de la victoria en Agincourt, acabó, cuarenta años más tarde, perdiendo la Guerra de los Cien Años ante Francia, y con ella, sus territorios en el continente (desde entonces, salvo Calais, aislado).

Créditos:
Extracto del discurso del rey Enrique V, en la escena III del cuarto acto de La vida del Rey Enrique V, de William Shakespeare, según traducción de Luis Astrana Marín, editada en su día por Aguilar, y reeditada en 2007 en la colección de kiosco Grandes clásicos Aguilar, en el volumen I de las Obras completas de  William Shakespeare (pág. 722)
Ilustración mostrando el final de la batalla (de autoría sin acreditar) y verso final de la arenga (en el título de la anotación) de King Henry V, de William Shakespeare, tomados de The Illustrated Stratford Shakespeare, publicado por Chacellor Press en 1982 (reimpresión de 1991) (pp. 464 y 461).

lunes, 8 de octubre de 2012

Cuando los buzones eran los de correos

Hace unos meses S.Cid nos contó el origen del sello de correos, y gracias a Dickens, sabíamos que, aun sin sello, sí existían en Londres los buzones de correos.

En este reciente viaje a Londres me he dado cuenta de que los buzones en cuestión, además de poder ser distintos entre sí (quiero decir, con una boca o dos para el correo, porque de color, todos son rojos), tienen una identificación peculiar: una especie de logotipo correspondiente, entiendo, al monarca reinante en el momento en que se instaló el buzón.

Así, remontándonos al principio, tenemos el que entiendo que corresponde a la Reina Victoria, que pude ver cerca de la Torre de Londres (como toca), con la floritura de las iniciales VR, es decir, Victoria Regina (en latín, claro).

Si seguimos con la cronología de los monarcas britanos, tras una larga espera, llegó Eduardo VII. Y con él, la floritura ER (Edward Rex), identificado con el VII, también en latín, digo, romano. En este caso fotografíado (si no estoy equivocado, en Fleet Street), puede apreciarse el detalle de respetar el color dorado para la floritura y la corona, pues no siempre sucede.

Tras un breve reinado, llegó Jorge V (de quien no me encontré ningún buzón), y, tras el episodio fugaz de Eduardo VIII (menos aún, lógicamente), Jorge VI, es decir, GR (George Rex). En este ejemplo, fotografiado cerca del Monumento, vemos también respetado el color de la floritura y la corona.

Y ahora, reinando Isabel II, hija de Jorge VI y tataranieta de la Reina Victoria, está ER (Elizabeth Regina). Más actual, es también el más común, por ejemplo, éste de Earls Court Road. El signo de los tiempos se manifiesta en que la floritura ha desaparecido, quedando algo más estándar, sin adornos ni ribetes. Comparte con la otra Regina que la pintura roja del buzón también se ha extendido sobre la floritura.

Resulta curioso que en todos los casos que he podido ver, figura una corona, salvo, precisamente, en el caso de la Reina Victoria… que es con quien se constituyó el Imperio Británico.

Nota:
A todo esto, se cumplen hoy tres meses desde que envié cierta carta, y aún no he recibido respuesta alguna. Se ve que la corona, en el correo, se reserva para ponerla sobre la cornamusa.

Créditos:
Fotografía de la imagen decorativa de un Black Penny, primer sello de correos inglés, en el vestíbulo del hotel Savoy, en Londres, en septiembre de 2012, del autor (Aprovechamos para agradecer la gentileza del hotel por permitirnos hacer fotografías en el vestíbulo del mismo).
Fotografías de las distintas identificaciones del monarca reinante en diveros buzones de correos en Londres, en septiembre de 2012, del autor.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Where, my God, WHERE?

Además de por viejos conocidos, pasamos por otros lugares, de naturaleza bien diferente entre sí, donde pude, asimismo, proveerme de esas cosas llamadas libros.

Cabe destacar el interés que demuestran en recordar cualquier acontecimiento que haya tenido lugar, bien en la historia de Inglaterra, luego Reino Unido, bien en el día a día de Londres. Sea en forma de estatuas y monumentos conmemorativos, sencillos o ambiciosos; sea en forma de pequeñas placas de recuerdo (Blue Plaque).


Otro aspecto de la presencia de la Historia es la continua revisión tomando como ‘excusa’ personajes famosos, como el caso de Shakespeare; o bien, más clásicamente, reeditando antiguos libros sobre edificios u organizaciones.

Lógicamente, no pueden faltar libros que ante el hecho cierto del continuo construir edificios singulares, se remonten unos siglos, y nos muestren cómo se ha ido construyendo el Londres que se conoce.

Finalmente, un recuerdo a algunos que hicieron posible algo de esa Historia, como el Capitán Scott, cuya expedición al Polo Sur tuvo éxito, aunque fracasó trágicamente ya en su regreso, del que se ha cumplido el centenario a principios de año.


Créditos:
Cubiertas (o sobrecubiertas) de los libros en cuestión

Ocurrencia, pero no original

Tomás Payne había compuesto, algunos meses antes, un libro intitulado Derechos del hombre, obra de la cual naturalmente se deducía (concediéndoles los principios en que la fundó) la necesidad de alterar la Constitución inglesa, organizar de otra manera los Parlamentos, despojar al Rey de su autoridad, a los nobles de sus privilegios, y alterar del todo el gobierno de este país. Publicóse este libro, y se extendió con asombrosa rapidez por todas partes, en un tiempo en que la revolución francesa ocupaba los ánimos. Temió el Gobierno la impresión que podrían hacer en el público las máximas de Tomás Payne, prohibió su libro, y fulminó una causa contra el autor (que se hallaba en Francia), como perturbador del orden y tranquilidad pública. Fue su abogado Mr. Erskine, miembro de la Cámara de los Comunes y uno de los del partido de la oposición; habló con grande elocuencia a favor de su cliente.

Hasta aquí, algo normal a finales del siglo XVIII y en Inglaterra. Pero la cosa sigue.

Los que asistieron a oír su alegato le colmaron de elogios y vítores, quitaron los caballos de su coche, y la gente le llevó en él hasta su casa, con grande alborozo y alegría.

Como vemos, lo de quitar los caballos y que la gente haga el tiro de la carroza no es algo propio de la estupidez española, como algunos se empeñan en hacernos creer.

Al menos, en España, el caso más publicitado, el de Fernando VII, fue al final de una guerra y a un Rey; en Londres, veinte años antes, lo fue tras un discurso y a un… ¡abogado!

A pesar de esto, la sentencia fue contraria a Tomás Payne, y se le impuso el castigo que debía sufrir, como libelista tumultuario, si alguna vez se restituyese a Inglaterra.

Créditos:
Extractos del artículo IX del Cuaderno primero de Apuntaciones sueltas de Inglaterra, de Leandro Fernández de Moratín, tomados de la edición realizada por Editorial Bruguera, como número 1.058 de su colección Libro Amigo, en noviembre de 1984 (pp. 12-13).
Fotografía de la berlina de gala de los Marqueses de Dos Aguas, conocida como Carroza de las Ninfas, tomada de la página del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí, en Valencia.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Ya te lo dije

Una de las ventajas de los grandes viajeros es que sus libros, memorias, artículos y observaciones resultan de suma utilidad al común de los mortales en cuanto a la preparación de un viaje.

Tenemos el ejemplo de Astérix, cuyo viaje a Britania, fielmente narrado por Goscinny y Uderzo, nos muestra diversos aspectos a considerar cuando alguien quiere realizar un viaje a la, ahora ya, Inglaterra, y, en particular, Londres.


En primer lugar, hay que ser previsores ante los ‘caprichos’ del clima: no tanto por las dificultades que suponga para el viaje, en tanto que desplazamiento a la isla, sino por la incomodidad que represente para los movimientos locales que se quieran hacer. Tanto la lluvia, como la niebla.


Una vez allí, una gran ventaja son los transportes públicos, con innovadoras soluciones, especialmente, en el ámbito de la ciudad. No hay que olvidar, especialmente si se está fuera de un vehículo, la particularidad de la forma de conducir que tienen los britanos.


La gastronomía tiene dos áreas muy delimitadas: los productos sólidos y las bebidas, en particular, la forma de elaborar los unos y de tomar las otras.


En el aspecto cultural, cabe destacar la importancia de la literatura (tradicionalmente) y de la música (de un tiempo a esta parte).


También la arquitectura ha dado grandes muestras al conjunto de la civilización, bien sea en el ámbito urbano para cobijo de la población, bien sea en el ámbito monumental, para otros tipos de cobijos.

Todo esto son muestras de una diversificada economía, aun cuando su forma de ‘contarla’ resultara algo “muy simple, verdaderamente”.

¡Ah! Y el deporte.


Así pues, con toda esta información, cuando alguien quiera acercarse a Londres, ante cualquier incidencia, no tendrá que oírse después eso de «ya te lo dije».

Créditos:
Diversas viñetas de la aventura de Astérix, de Goscinny&Uderzo, publicada en 1967, Astérix en Bretaña, tomadas de la antología realizada por Grijalbo/Dargaud Las aventuras de Astérix (volumen 3).