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viernes, 3 de mayo de 2013

Y ahora, ¿dónde los pongo?: ¡Y sin aparecer por la Feria!

Se dice que cada uno habla de la Feria según le va en ella.

Pues bien, la Feria del Libro de Valencia, si no me equivoco de nuevo en las cuentas, ha pasado el ecuador de su duración como en los trópicos, de la lluvia al sol sin solución de continuidad.

Y si las lluvias iniciales dejaron en más de uno dolores de cuello intentando adivinar cuándo dejaría de llover, la persistencia de las mismas ha supuesto que los dolores sean ahora de cabeza, consecuencia del mal inicio que ello ha supuesto, tanto en asistencia como en ventas (yo… aún no he ido).

Naturalmente, han empezado las primeras reacciones, en caliente, sobre cómo organizar o dejar de organizar la Feria, pero no creo que se llegue a nada concreto. Son... Historias.


En todo caso, espero que en este último tramo recuperen, al igual que se ha hecho con la numeración de las ediciones, el tiempo (con sus ventas) perdido.

Aunque por mi parte, lo mismo tengo que ir a la Feria del Libro para… dejar de comprar libros.

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión.

lunes, 20 de agosto de 2012

Sí, scripta manent, pero...

Cuando ambos escritores se paseaban por el jardín, [Thomas] Hardy se detuvo en un rincón del invernadero y le contó [a Robert Ranke-Graves] que en cierta ocasión estaba podando un árbol cuando de pronto le vino una idea para un relato, la mejor que le hubiera venido jamás, y se le había ocurrido casi completa, con todos los personajes, escenarios e incluso una parte de los diálogos. Pero como en ese momento no tenía consigo lápiz ni papel y tenía que apuntalar bien el árbol antes de que el tiempo cambiara, no pudo anotar nada. Cuando estuvo otra vez sentado a su escritorio y quiso escribir la historia, todo había desaparecido. «Lleve usted siempre consigo lápiz y papel –dijo Hardy, y añadió–: Por supuesto que ya no podría escribir la historia, aunque se me ocurriera de nuevo. La época de escribir novelas ha pasado para mí. Pero a menudo pienso en lo buena que fue aquella idea.»

Hace mucho tiempo, los Reyes Magos me dejaron en casa de la mayor de mis hermanas una libretita que entendimos que era para que apuntara en ella las ideas que se me fueran ocurriendo para cuentecillos y relatos.

El problema es que la goma que abraza las tapas junto con las hojas sigue en la misma posición de entonces.

Créditos:
Extracto del capítulo Libros que nunca fueron escritos, de la obra de Alexander Pechmann La Biblioteca de los Libros Perdidos, según traducción de Juan José del Solar, en edición de enero de 2011 de Edhasa (pp.107-108).