Créditos:
Fotografía del monumento contra la barbarie nacionalsocialista, junto a la antigua Paulskirche, en Fráncfort del
Meno, en enero de 2014, del autor.
“Al
acercarme al incendio, noté que éste había disminuido en intensidad, debido a
la demolición de edificios y gracias a los socorros aportados por los obreros
de los astilleros del Rey. En la iglesia vecina, sólo han ardido el cuadrante
del reloj y una parte del pórtico. Desde lo alto del campanario, se presentó a
mis ojos un espectáculo de desolación. Incendios por doquier: se consumían
depósitos de aceite y azufre. Terminé por sentir miedo de permanener allí tanto
tiempo y bajé lo más rápidamente posible. El fuego se extendía a lo lejos,
infinitamente. En casa de Sir W. Pen comí un pedazo de carne fría, pues desde
el domingo no había probado sino los restos de nuestro festín. Luego, partí a través
de la ciudad. Calles enteras en cenizas. En la Bolsa, ni una estatua ni una
columna quedaban en pie. Con mis suelas casi asadas a fuerza de caminar sobre
carbones, llegué a Moorfields, atestado de infelices que se preocupaban de sus
bienes. Es una suerte que haga buen tiempo, pues permanecen alli, a la
intemperie, día y noche. Entré a beber algo y pagué dos peniques por un simple
panecillo de un penique. De regresó, pasé por Cheapside y Newgate, totalmente
destruidas, y delante de la mansión de los Joyce, abrasándose. Recogí, con la
intención de conservarlo, un trozo de vidrio de la capilla, fundido y arrollado
por el calor como un pergamino. Distinguí asimismo a un pobre gato, salido del
agujero de una chimenea, con la piel íntegramente quemada y, sin embargo, vivo.
Hemos alojado a los obreros de los astilleros en las oficinas y se les ha
distribuido bebidas, pan y queso. Me acosté y dormí hasta medianoche. Es
extraño lo largo que ha parecido el tiempo desde el domingo. Han sucedido
tantas cosas y he dormido tan poco, que mi impresión es la de haber vivido una
semana o aun más, e ignoro en qué día estamos.”
“Me
levanté a las cinco. Gracias a Dios, todo iba bien. En barca hasta el muelle de
Saint Paul. Desde allí vi toda la ciudad incendiada. ¡Lamentable cuadro! Los
techos de Saint Paul, hundidos y la masa del coro caída en la iglesia Santa Fe.
Destruidos también el Colegio de Saint Paul, Ludgate, la calle Fleet, la residencia
de mi padre, la iglesia y una buena parte del Temple. (…) Luego a casa de Sir
W. Coventry, en Saint James. Estaba acostado en un lecho sin sábanas. Como yo y
todo el mundo, había retirado su mobiliario. Confía en que este incendio no nos
producirá disgustos, ya que el rumor público constinúa sospechando de los
franceses y, por otra parte, el pueblo tiene grandes motivos de disconformidad.
Pero las gentes están muy preocupadas poniéndose a salvo, ella y sus bienes, y
por todas partes se observan milicias armadas.Me han dicho que nuestra flota
fracasó en su búsqueda de los holandeses, pues el mal tiempo había separado a
los adversarios. De allí al Cisne, a beber, y a casa., donde hallé todo en
calma. Di la orden de limpiar la casa y me dirigí a Woolwich, donde almorcé con
mi mujer. Volví tarde y me acosté en casa de Sir W. Pen, en una cama
desprovista de cobijas y, por primera vez en mi vida, me metí en ella completamente
desnudo. Dormí bastante bien. Pero, despierto o dormido, el fuego me inspira un
pavor tal, que no tengo reposo en absoluto. La ciudad entera es un solo grito
contra la estupidez del Lord Mayor, a quien se atribuye la responsabilidad del
incendio.”
Dos días más tarde, Pepys ya pudo dar “la orden de limpiar la casa”, señal de
que, en lo posible, la vida londinense comenzaba a regresar a sus rutinas diarias.