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martes, 24 de septiembre de 2013

2+2=4 y… ¿después, qué?

PSICOHISTORIA – … Gaal Dornick, utilizando conceptos no matemáticos, ha definido la psicohistoria como la rama de las matemáticas que trata sobre las reacciones de conglomeraciones humanas ante determinados estímulos sociales y económicos…
(…)
La base de toda psicohistoria válida reside en el desarrollo de las funciones Seldon, (…)


HARI SELDON – (…) Indudablemente sus contribuciones más importantes pertenecen al campo de la psicohistoria. Seldon conoció la especialidad como poco más que un conjunto de vagos axiomas; la dejó convertida en una profunda ciencia estadística…

Por lo que se ve, parece como si nos acercáramos al año 11998 de la Era Galáctica, y Hari Seldon estuviera cerca de nacer.

Créditos:
Extractos del relato Los psicohistoriadores, primero de Fundación, según traducción de Pilar Giralt (pp. 25-26 y 13), e imagen de conjunto de las cubiertas de la trilogía inicial de la serie Fundación, de Isaac Asimov, en edición de Bruguera, en su colección Libro Amigo (ediciones de 1979), de la biblioteca del autor.

miércoles, 19 de junio de 2013

Sí, hay que controlar el gasto

DOMIN: Y fabricar trabajadores artifíciales es como fabricar motores. El proceso ha de ser de lo más sencillo, y el producto de lo mejor desde el punto de vista práctico. ¿Qué tipo de trabajador cree usted que es el mejor desde un punto de vista práctico?
ELENA: ¿El mejor? Quizá el más honrado y trabajador.
DOMIN: No, el más barato. Aquel cuyas necesidades son mínimas. El joven Rossum inventó un obrero que tiene un mínimo de exigencias. Lo tuvo que simplificar. Rechazó todo aquello que no contribuía directamente al progreso del trabajo. De esa forma rechazó todo aquello que hace al hombre más caro. En realidad lo que hizo fue rechazar al hombre y hacer el robot. (…)
¿Ve usted?, la fábrica de Robots Universales Rossum no produce un tipo uniforme de robots. Los hay mejores y peores. Los mejores pueden llegar a vivir unos veinte años.
ELENA: ¿Y después se mueren?
DOMIN: Sí, se gastan.

Y además, cuando se gastan, las unidades aún activas de ese mismo lote de fabricación no tienen derecho a días de permiso.

Créditos:
Extracto del Primer Acto de R.U.R.-Robots Universales Rossum, de Karel Čapek, según traducción de Consuelo Vázquez de Parga, tomado de la edición publicada por Minotauro en su colección Utopías, en octubre de 2003, de la hemeroteca del autor (pp.29-30).
Detalle de la página 2 del catálogo nº 91 de la Librería Peter Harrington, que recrea a su vez la sobrecubierta de la primera edición de I, Robot, de Isaac Asimov, realizada en 1950 por Gnomo Press, Inc.

domingo, 16 de junio de 2013

Hablando de ciencia ficción (II): Cuestión de autores

Además de comentar cuestiones generales del género de ciencia ficción, en la charla-debate se mostró un abanico de autores y obras, cuya relación, sin que el orden quiera decir nada (ni cronológica ni alfabéticamente, ni, desde luego, en cuanto a calidad de los mencionados), es la siguiente:

Ursula K. Le Guin: una de las pocas mujeres en el ‘sector’, aun cuando éste se iniciara con Mary W. Shelley.

Edgar Rice Burroughs [sí, el de Tarzán]: en sus novelas que se desarrollan en Venus [hay otra serie, más extensa y anterior, en Marte], nos muestra que «la estructura social allí es calcada de la terráquea, hay un paralelismo del desarrollo», lo que podría calificarse como «algo ingenuo».

Philip José Farmer: en su serie El mundo del río nos muestra que «toda la Humanidad despierta en otro planeta a la vez». Se trata de una pentalogía, «a destacar los dos primeros tomos» [A vuestros cuerpos dispersos y El fabuloso barco fluvial, donde coexisten «personajes ficticios e históricos»]. «¿Por qué 2 de 5?: La imaginación es feraz y feroz: comienzo fulgurante (100 primeras páginas), y luego decae, no sabe cómo acabar.»

Lester del Rey: en El undécimo mandamiento plantea una crítica tremenda a las estructuras religiosas y especialmente la católica; sin embargo, al final se pierde: hay una conversación entre el Papa y el protagonista, y éste cambia por completo». [Tal vez por esto mismo, me atrae la novela -aunque no está traducida-. Además, era gran amigo de Isaac Asimov.]

Robert Silverberg: muy interesante por los aspectos humanos y sociales (muy influido por la California de los sesenta).

Dan Simmons: su tetralogía Los cantos de Hyperion «es muy, muy buena». Hay que tener en cuenta que «Dan Simmons es profesor de creación literaria[, con una] cultura literaria inmensa. La primera parte es una especie de Cuentos de Canterbury: mezcla géneros: policíaco, poético, romántico,... [Sin embargo] hay mucho contraste entre los dos primeros y los siguientes. Escribe mucho en plan best-seller. Ilión lo tuve que dejar, aunque está bien escrito (es que cincuenta páginas de una batalla son muchas páginas)».

Frederik Pohl: [autor junto con Cyril M. Kornbluth de Mercaderes del espacio, y, en solitario, ya fallecido éste, de La guerra de los mercaderes], quien en estas obras muestra que «el futuro será de la publicidad, del comercio: vender (retrata los años 50). No se puede dejar, humor finísimo, apasionante».

Karel Čapek: autor de La guerra de las salamandras, pero conocido sobre todo por ser el introductor de la palabra ‘robot’ [en su obra de teatro R.U.R. Robots Universales Rossum, con una etimología a elegir: ‘esclavo’ o ‘trabajo’], y todo el consiguiente universo de robots, incluyendo las famosas Leyes de la Robótica de Isaac Asimov.


Isaac Asimov: además de su serie Fundación y sus Leyes de la Robótica, cabe señalar su novela El fin de la eternidad, «una de las grandísimas novelas de la ciencia ficción».

Sin embargo… «El futuro puede que no sea tan bueno. Aparecen las distopías: un futuro muy negro.» [¿Hay que recordar Un mundo feliz, 1984,…?] Con el tiempo llega el cyberpunk y los años 70, nihilistas y pesimistas. Curiosamente, un autor que comenzó en esta corriente, Jonathan Littell, se pasó con Las benévolas a la literatura ‘de prestigio’, ganando incluso el Premio Goncourt (premio dotado con la escalofriante cantidad de unos 10 euros).

Y poco después, se abrió el debate.

«Hay un problema con las traducciones.» O son de hace años, o no se cuidan, o las revisiones son deficientes,…

La mayoría de autores, «en un futuro, serán mujeres».

Sobre la diyuntiva tecnología-sociedad: «Tal vez los que tratan la condición humana no son tan comerciales».

En todo caso, es una forma de plantear «los seres humanos y sus relaciones, y su modo de enfrentarse al medio».

La pujanza de un género es «cuestión de moda: histórica, negra,...» Ante ello, no hay que olvidar el «ejercicio del lector: ya no es pasivo».

Frente al «peligro del encasillamiento peyorativo», hay que recordar que Carl Sagan comentó que «la ciencia ficción es un acicate para seguir investigando». Como ejemplo, en la física actual está la teoría de cuerdas: «hay quien trabajó sobre ella pero aún no se la cree».

[Tengo apuntado el nombre de Klein, pero con duda sobre a quién se refiere (¿Gérard Klein?) y por qué.]

Sobre la hibridación, en Guardianes del tiempo, de Poul Anderson, se mezcla la ciencia ficción y la novela histórica, por ejemplo, con la II Guerra Púnica.

«No hay problema con los híbridos, pero hay que hacerlo bien literariamente.»

[Por ejemplo, Isaac Asimov con el prestigioso género policíaco.]

Conclusión:
«El género es eterno porque el futuro siempre está ahí.»

Créditos:
Reseña (parcial) del encuentro celebrado de Casa del Libro, en el Paseo de Ruzafa, en Valencia, el pasado 16 de mayo, charla y debate sobre Escribir ciencia ficción hoy, con la participación de Santiago González Carriedo.
Cubiertas de varias de las obras mencionadas, de la biblioteca del autor.

Nota:
La anotación es una elaboración a partir de los apuntes tomados por el autor durante el evento (salpimentados por lo que aún queda en su memoria).
Los textos en cursiva entre comillas latinas, aunque son transcripción literal de los apuntes, no necesariamente son una literalidad de lo manifestado.
Los textos entre corchetes son del autor, adicionales a los apuntes, y complementarios a los mismos, durante la redacción de la anotación.

Hablando de ciencia ficción (I): Cuestión de género

Como siempre, el problema es saber de qué se habla cuando se habla de algo, en este caso, la ciencia ficción.

Y es que con esta denominación, ¿a qué nos referimos? Es más, ¿no está resultando el género -sea lo que sea- demasiado hibridado?, pues recientemente se observa mucha mezcla con otros géneros: policíaco, fantástico, incluso vampiros,…

La fabulación sobre otras sociedades, en cuya descripción se hace hincapié en aquello que las convierte en un mundo mejor que el contemporáneo de quien la escribe, es una constante en la literatura, recordemos Utopía [obra de Santo Tomás Moro que, además, dio el nombre a esas sociedades].

Por ello, este planteamiento no es un carácter diferencial de la ciencia ficción, ni siquiera cuando la fabulación se sitúa en un futuro. Lo que es propio en ella, y novedoso en la tradición literaria, es «el entronque con la ciencia», «lo importante es el encuentro con la ciencia y la tecnología».

Sin embargo, «no por ello ha logrado un renombre 'intelectual'», la literatura de ciencia ficción parece que «no tiene mayor importancia. ¿Por qué?».

Ese renombre, en cambio, sí lo ha conseguido la literatura policíaca. En efecto, «la trama policíaca nos habla de la condición humana y la sociedad en que se vive, como la tradición literaria», como la literatura normal, podríamos decir. Así, no resulta extraño que se presente un caso como el de Zadig, de un autor ‘de prestigio’ como es Voltaire, personaje que bien puede calificarse como «un precedente de Conan Doyle» [ver, por ejemplo, el proceso de deducción de lo que no ha visto a partir de lo que ha observado que se recoge en el capítulo III El perro y el caballo, aunque con resultados distintos a los del detective inglés].

¿Por qué, pues, la diferencia? Tal vez la propia historia de la ciencia ficción nos dé una idea.

La divulgación de las ideas de la Ilustración llevó a la creencia de que «la ciencia tiene explicación para todo», y, en cierto modo, hizo que la ciencia sustituyera a la religión. Esta circunstancia propiciaría la redacción de Frankenstein, o el moderno Prometeo, obra de Mary W. Shelley donde, mediante el acto de crear vida, se muestra precisamente esa sustitución. [Entonces, el concepto de ‘ciencia ficción’ no existía, por lo que no deja de ser motivo de reflexión que la novela haya sido calificado siempre como ‘de terror’.]

A finales de siglo, en los pioneros rusos de la ciencia ficción ya «la ciencia es la salvadora de la sociedad». [Mientras tanto, el desarrollo de este género nos trae a la memoria las figuras de Julio Verne y de H.G. Wells, quienes se encuentran en una situación intermedia, es decir, el uso de la ciencia puede resultar tanto positivo como negativo para la sociedad (Nemo, La Begún, Moreau,…).]

Una circunstancia social acerca de la ciencia ficción es que ésta se desarrolla en «épocas pre-revolucionarias e inmediatamente post», como el caso de Shelley tras la Ilustración y la Revolución Francesa, o los referidos pioneros rusos [o Wells] durante las convulsiones del cambio de siglo. «Pero sobretodo en EE.UU. entreguerras».

La especial característica de este boom es que se produjo en revistas específicas del género. [Y aunque eso tuvo su lado bueno, podía publicar (casi) cualquiera], «el problema es que en las revistas se metía de todo: el que más imaginación tuviera, mejor», criterio condicionado por que el segmento al que se dirigían era el «público adolescente». [De ahí, el prejuicio y también realidad en la ciencia ficción de que] «en multitud de ocasiones no presenta suficiente calidad literaria». No obstante, la publicación en estas revistas supuso un «entrenamiento importante para Asimov, Silverberg,... [pues] empezaron ahí su oficio». Por el propio entorno de publicación, «tardaron [en llegar] las novelas, eran más de relatos».

Pero llegaron.


La trilogía de la Fundaciónes la biblia») « no sólo está bien escrita sino que la trama absorbe».

«A partir de ahí empezó el interés por la calidad literaria.»

Un problema que presenta el género es precisamente una de las características que se han comentado: la ciencia y la tecnología. Son numerosas las obras que muestran «más interés por los inventos (p.e. formas de viajar) que [por] el reflejo de la sociedad”. Y, con esta perspectiva se plantean «¿cómo puede ser el futuro? [Pues bien,] tecnológicamente, los hay que aciertan y los que no». El problema con los inventos [y con aquello de que ‘cualquier tecnología suficientemente avanzada, siempre parece magia’, paradójicamente,] es que «hoy en día tenemos la tecnología tan al alcance que pierde la magia». Y aún así, entre tantos inventos inventados, resulta «curioso que gente con conocimientos técnicos no fabularan sobre el concepto de internet».

En general, «sigue faltando el aspecto humano y social». Tal vez por que, aceptando la distinción entre ciencias y letras (sabiendo que «es distinción falsa»), «la predicción de las ciencias 'duras' es impresionante; las letras, no». [Tal vez por eso, la respuesta que se dé a ‘¿cómo puede ser el futuro?’ desde una visión de la sociedad siempre será cuestionable, y casi nunca falsable, con toda la inquietud que ello supone.]

En resumen:
«Pérdida de la magia, sociedad humana... ¿merece la pena seguir escribiendo ciencia ficción hoy en día? Sí.»

No hay que dejar perder la gran «ventaja [de que] al alejarse, permite ver con mayor perspectiva lo que puede ser un mundo en un futuro. Con la cercanía, estamos perdidos, no se aprecia bien».

Sí, «aún es asignatura pendiente la integración como literatura: sigue sin estar bien considerada», «aún no ha llegado el escritor que haya hecho la unión de la LITERATURA junto con la ciencia ficción».

Pero recordemos, como señal de esperanza, que «entre la intelectualidad, sólo Borges y Bioy Casares reivindicaron el género policíaco y la ciencia ficción».

[El primero ya está reconocido; la segunda, juega en casa: el futuro.]

Créditos:
Reseña (parcial) del encuentro celebrado de Casa del Libro, en el Paseo de Ruzafa, en Valencia, el pasado 16 de mayo, charla y debate sobre Escribir ciencia ficción hoy, con la participación de Santiago González Carriedo.
Cubiertas de varias de las obras mencionadas, de la biblioteca del autor.

Nota:
La anotación es una elaboración a partir de los apuntes tomados por el autor durante el evento (salpimentados por lo que aún queda en su memoria).
Los textos en cursiva entre comillas latinas, aunque son transcripción literal de los apuntes, no necesariamente son una literalidad de lo manifestado.
Los textos entre corchetes son del autor, adicionales a los apuntes, y complementarios a los mismos, durante la redacción de la anotación.

martes, 23 de abril de 2013

¿Arcanos, primitivos? ¡No, libros!

Harlan sentía una vanidad oculta y casi vergonzante por su afición a los conocimientos arcanos. Desde sus primeros día en la escuela le interesó el estudio de la Historia Primitiva, y el Instructor Yarrow le había animado a ello. Harlan llegó a simpatizar con aquellos extraños y oscuros Siglos anteriores, no solo al establecimiento de la Eternidad en el 27º, sino incluso al descubrimiento del Campo Temporal, en el Siglo 24. Durante sus estudios había leído libros y periódicos Había viajado muy lejos en el pretiempo hasta los primeros Siglos de la Eternidad, para consultar viejas bibliotecas, siempre que pudo obtener permiso para ello. Desde hacía más de quince años estaba reuniendo una notable biblioteca privada, casi toda en papel impreso. Tenía un libro de un tal H.G. Wells, y otro de un llamado W. Shakespeare, y algunos libros de historia medio destrozados. Pero la joya de su colección era un juego completo de volúmenes encuadernados de una revista semanal primitiva. Ocupaban un espacio extraordinario pero nunca pudo decidirse a microfilmarlos.

La suave elegancia de Finge contrastaba con el severo aspecto del aposento de Harlan. Su siglo 95 natal tendía a lo espartano en el decorado de las viviendas, y Harlan nunca pudo acostumbrarse a otro estilo. Las sillas de tubo metálico estaban revestidas de un material mate al que se había intentado dar aspecto de madera (aunque con poco éxito). En un rincón de la habitación había un pequeño mueble aún más desacorde con las costumbres del Siglo donde se encontraba ahora.
Finge reparó en él al instante.
El Programador tocó el mueble con su dedo rechoncho, como si quisiera probar su consistencia.
- ¿Qué material es ese?
- Madera, señor –dijo Harlan.
- ¿Es posible? ¿Madera natural? ¡Sorprendente! Supongo que usan la madera en su Siglo natal.
- Ciertamente.
- Comprendo. El reglamento no lo prohíbe, Ejecutor.
Finge se limpió el dedo con los pantalones, para quitarse el polvo del objeto que había tocado.
(…)
Sus ojos se dirigieron de nuevo hacia el objeto de madera, pero ahora mantuvo sus dos manos en su espalda y continuó:
- ¿Qué es eso? ¿Para qué sirve?
- Es una librería –dijo Harlan.
(…)
Finge enarcó las cejas.
- Una librería. Por tanto, esos objetos colocados en los estantes deben de ser libros, ¿no es así?
- Sí, señor.
- ¿Ejemplares auténticos?
- Completamente, Programador. Los he obtenido en el Siglo Veinticuatro. Los pocos que tengo aquí datan del Siglo Veinte. Si… si quiere examinarlos, le ruego que tenga cuidado. Las páginas han sido restauradas e impregnadas, pero no son de metal. Requieren un trato cuidadoso.
- No voy a tocarlas. No tengo ningún deseo de examinarlos. Supongo que aún conservarán el polvo original del Siglo Veinte. Libros auténticos. Las páginas serán de celulosa, ¿no es cierto? Es lo natural –rió Finge.
Harlan asintió.
- Son de celulosa modificada por el tratamiento de impregnación a fin de darles mayor duración. Desde luego.
Respiró hondo, tratando de conservar la calma. Era ridículo identificarse tanto con aquellos libros, sentir que un desprecio hacia ellos era también un desprecio hacia él mismo.
- Me atrevería a decir –continuó Finge, insistiendo en el tema– que todo el contenido de estos libros podría ser microfilmado en dos metros de película y guardado en un dedal. ¿Qué contienen estos libros?
- Son tomos encuadernados de una revista del Siglo Veinte –dijo Harlan.
- ¿Usted lee esas cosas?
Harlan contestó con orgullo:
- Estos son solo algunos volúmenes de la colección completa que poseo. No existe otra colección como esta en todas la bibliotecas de la Eternidad.
- Ya comprendo. Se trata de una afición suya. Recuerdo que una vez me contó su interés hacia los Primitivos. Es raro que su Instructor autorizase una cosa semejante. Es malgastar su energía.

Harlan contempló cómo Twissell miraba con curiosidad los viejos y encuadernados volúmenes de la biblioteca y cómo luego tomaba uno entre sus manos. Eran tan antiguos que el frágil papel había sido protegido por métodos especiales, pero las páginas crujían entre las manos nerviosas de Twissell.
Harlan hizo un gesto. En cualquier otro momento le habría dicho a Twissell que se apartara de los libros, aunque se tratase del Jefe Programador de la Eternidad.
El anciano ojeó las viejas páginas y silenciosamente pronunció aquellas arcaicas palabras.
- ¿Este es el inglés de que siempre nos hablan los lingüistas? –dijo, golpeando con un dedo el volumen que tenía ente sí.
- Sí, es inglés –contestó Harlan.
Twissell volvío a colocar el libro en su lugar.
- Pesado e incómodo.
Harlan se encogió de hombros. En efecto, la mayor parte de los Siglos de la Eternidad usaban los microfilmes. Una pequeña parte utilizaba el registro molecular. A pesar de todo, la imprenta y el papel no eran desconocidos.
Harlan dijo:
- Los libros no precisan de equipos técnicos, como ocurre con los microfilmes, para leerlos.
Twissell se frotó la barbilla.
- Tiene razón. ¿Empezamos ya?

Bueno, pues este año ya ha empezado el Día del…, del..., del ¡¿qué?!

¡Ah, sí, el Día del Libro!

Créditos:
Extractos de los capítulos 2. El observador, 7. El preludio del crimen, y 15. Perdidos en los Tiempos Primitivos, de El fin de la Eternidad, de Isaac Asimov, según traducción de Fritz Sengespeck, tomados de la edición en la colección Best Seller del sello DeBols!llo, en abril de 2012 (pp.28-29, 102-105, y 234-235).
Imagen de Estudio para la decoración de la Biblioteca de El Escorial, de Pellegrino Tibaldi, dibujo a pluma y aguada, en tinta parda, sobre lápiz negro, 332 x 485 mm, c. 1588 - 1592 ©The Trustees of the British Museum 1846,0509.176, integrante de la exposición El trazo español en el British Museum. Dibujos del Renacimiento a Goya, tomada de la página de internet de la misma.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Se-ldon avisé

HARI SELDON– … Nació el año 11988 de la Era Galáctica; falleció en 12069. Las fechas suelen expresarse en términos de la Era Fundacional en curso, como -79 del año 1 E. F. Nacido en el seno de una familia de clase media en Helicón, sector de Arturo (…), pronto demostró una sorprendente capacidad para las matemáticas. (…)
… Indudablemente sus contribuciones más importantes pertenecen al campo de la psicohistoria. Seldon conoció la especialidad como poco más que un conjunto de vagpos axiomas; la dejó convertida en una profunda ciencia estadística.

PSICOHISTORIA– … Gaal Dornick, utilizando conceptos no matemáticos, ha definido la psicohistoria como la rama de las matemáticas que trata sobre las reacciones de conglomeraciones humanas ante determinados estímulos sociales y económicos…
Implícita en todas estas definiciones está la suposición de que número de humanos es suficientemente grande para un tratamiento estadístico válido.

Lo anterior es parte de dos de los lemas recogidos en la famosa Enciclopedia Galáctica, en la que figura todo lo que es importante,… y más allá:
Todas las referencias a la Enciclopedia Galáctica aquí reproducidas proceden de la 116ª edición publicada en 1020 por la compañía editora de la Enciclopedia Galáctica, Términus, con autorización de los editores.

El caso es que he recordado esta rama de las matemáticas, la psicohistoria, cuando he tenido conocimiento, no de que ya esté implantada, muchos años antes de Seldon, sino de que sí los hay que están en ello.

No obstante, hay que recordar que para que los estudios psicohistóricos sean válidos, además del número de personas implicadas, “otra suposición necesaria es que el conjunto humano debe desconocer el análisis psicohistórico a fin de que su reacción sea verdaderamente casual…”

Aunque tal vez esto sea lo más sencillo, porque en ocasiones, es mejor no saber de las cosas.

Créditos:
Extractos de Fundación, obra de Isaac Asimov, según traducción de Pilar Giralt, tomados de la 4ª edición, de noviembre de 1979, realizada por Editorial Bruguera como número 385 de su colección Libro Amigo (pp.13 y 25).

domingo, 9 de diciembre de 2012

La Hermosa ha llegado

Y el propio arte, como podemos ver, también resultó completamente revolucionado durante el reinado del «monarca hereje». Desde los tiempos del Imperio Antiguo los egipcios habían empleado ciertos métodos estilizados para sus retratos. La cabeza tenía que ser representada de perfil, pero el cuerpo se retrataba de frente, con los brazos estirados, estrechamente pegados a los costados, y con las piernas y pies de nuevo de perfil. Las expresiones eran únicamente las correspondientes a una tranquila dignidad.
Con Ajenatón se impuso un nuevo realismo. Ajenatón y Nefertiti se representan en poses informales, en momentos de afecto, jugando con sus hijos. No se hizo ningún esfuerzo para ocultar que Ajenatón era un hombre bastante feo, carilargo, barrigudo y de muslos gruesos. (Todo este «arte nuevo» debió conmocionar a los egipcios convencionales casi tanto como las excéntricas opiniones reliogiosas del faraón.).

Aproximadamente en el año 1370 antes de Cristo, dentro de la XVIII dinastía, sube al poder como Faraón de Egipto, Amenophis o Amenhotep IV. Al poco, su nombre, que viene a significar “Amón está complacido o contento”, es cambiado por otro, significando “servicial o agradable a Atón”, con referencia no sólo a un dios distinto, sino, en este segundo caso, único. Este nuevo nombre, por el que el faraón ha pasado a la Historia era Ajenatón, Ijnatón, Akhenatón o Ekhnatón (según la transcripción e idioma que elijamos).

Akhenatón trasladó la capital del reino de Tebas a una nueva ciudad, construida a propósito, llamada Akhetatón o Ekhtatón (“el horizonte de Atón”), que no tardó en ser sólo ruinas, las cuáles se encuentran cerca de la actual Tell-al-Amarna. Por ello, este breve periodo de tiempo en el arte egipcio se le denomina periodo amarniense (aunque también se le refieren como el de las “formas artísticas «decadentes»”)

Pero la mejor obra de arte es un retrato, un busto de piedra caliza pintada, hallado en 1912 ante los restos de un taller de escultor, en las ruinas de lo que una vez fue la capital de Ajenatón, y que hoy se encuentra en el Museo de Berlín.

Si bien el libro de Asimov lo leí en su día, nada recordaba de esta cita, que he encontrado pues este fin de semana me he enterado (ahora creo que ya no lo olvidaré), de que el pasado jueves día 6 se cumplió el centenario del descubrimiento del famoso busto de Nefertiti.

Y luciendo entre la oscuridad de la sala, remedo del abandono y las ruinas en que se encontraba, el busto hace honor al propio nombre de la Reina Nefertiti: “la Hermosa ha llegado”.

Créditos:
Extractos del capítulo 6 La caída del imperio, de Los egipcios, de Isaac Asimov, según traducción de Carlos Caranci y Carmen Sáez, obra publicada dentro de la serie Historia Universal Asimov, como número 794 de la colección El libro de bolsillo, por Alianza Editorial (pág. 99).
Otros datos, tomados de El museo egipcio de El Cairo, de Peter P. Riesterer, en traducción de José D. Zurrón, editado por Lehnert&Landrock, en 1986, en el Cairo; y de Egipto antiguo, de Lionel Casson, en traducción de Alfonso Castaño, editado por Time-Life International, en reimpresión de 1972, en Amsterdam.
Fotografías de Akhenatón, Nefertiti y tres de sus hijas, relieve sobre una lápida de piedra caliza; y del famoso busto de Nefertiti (fotografía ‘robada’ desde el exterior de la sala reservada al mismo -pues dentro no se permite-), ambas en el Neues Museum de Berlín, en enero de 2010, del autor.

miércoles, 31 de octubre de 2012

La base es que todos somos distintos

En algunos aspectos, la noche de Halloween se puede considerar exactamente igual a la Navidad.

Este pasado agosto publiqué una anotación acerca de la inspiración en un escritor, tomando como referencia el primer relato incluido en el volumen Cuentos de los Viudos Negros, de Isaac Asimov.

Dicha anotación supuso un comentario firmado por Unknown, quien sólo sabía de dos de los tres volúmenes publicados. Tiempo después era yo quien me enteraba de que el comentarista no me era desconocido, sino un compañero de trabajo, a quien presté el tercer libro, con el resultado, antes de que nadie diga nada, de que me ha sido devuelto esta mañana.

No sólo eso, sino que me ha comentado que uno de los relatos (tengo que decir que de los tres volúmenes, el único que ha permanecido en mi memoria es el titulado La cruz de Lorena, precisamente el primero del tercer volumen), hace referencia a Halloween, por lo que toca hablar algo de él (del relato, claro).

La frase del inicio de la anotación fue explicada por quien la oyó como que su autor era un hombre de familia. Durante la reunión de los Viudos Negros, el análisis de la misma concluyó que su autor, en realidad, era un matemático.

No desarrollaré aquí el análisis matemático expuesto en el relato, y sólo comentaré que la base del mismo es numérica, y con ello no me estoy refiriendo a las cifras de las fechas de ambas festividades.

Sí puedo decir que hay otra relación (siguiendo el mismo análisis) que aprecié al finalizar el relato, aunque en él no figura.

También puedo decir, ya que se expone  en el relato antes del análisis en cuestión, que el autor de la frase no era hombre de familia, sino culpable de fraude fiscal.

La conclusión última tal vez sea que no es bueno ver sólo los significantes (fijarse en los números), sino los significados (las festividades, y con ellas, las personas).

Por cierto, curiosamente, el relato en cuestión comienza con una discusión sobre la intuición en el trabajo de los artistas del grupo (un pintor y un escritor), describiéndola como un ‘razonamiento no detectado’. O sea, la inspiración objeto de mi anotación inicial.

Créditos:
Extracto del relato Un hombre de familia, de Isaac Asimov, según traducción de Jorge A. Sánchez, incluido en el volumen El archivo de los Viudos Negros, publicado en 1990 por Alianza Editorial como número 1.493 de su colección El libro de bolsillo (pág. 49).

lunes, 20 de agosto de 2012

¿Ya ve la llave?

En 1971 recibí una carta de esa preciosidad rubia que es la señorita Eleanor Sullivan, directora de la Ellery Queen’s Mystery Magazine (EQMM para abreviar) en que me preguntaba si aceptaría escribir un cuento corto de misterio para su revista. Y yo acepté con júbilo, claro, porque pensé que si me pedían uno no podrían tener la crueldad de rechazarlo una vez escrito, y eso significaba que podía escribir tranquilamente el tipo de relato que a mí me gusta: un relato muy cerebral.

Hasta aquí, no sólo bien, sino excelente: a un autor ¡le piden que escriba un relato!

Pero…
Empecé a barajar posibles argumentos con bastante ansiedad, pues quería que la trama fuera razonable y Agatha Christie había agotado ella solita casi todos los trucos.

Pues entonces, paciencia y barajar. Y mientras, a seguir la vida.

Mientras las ruedas giraban lentamente en los recovecos de mi cerebro, fui por casualidad de visita a casa del actor David Ford (que actuó tanto en la versión de Broadway como en la de Hollywood de 1976 [entiendo que es una errata por 1776]). Tiene el apartamento lleno de objetos curiosos de lo más interesante y me dijo que estaba convencido de que una vez alguien se había llevado una cosa de su apartamento, pero que no podía tener la seguridad porque nunca logró averiguar si le faltaba algo.

Desde luego, hay amistades de lo más curioso, y uno, claro, reacciona como hay que reaccionar… y más.

Me eché a reír, y todas las ruedas de mi cabeza, dando un suspiro conjunto de alivio, dejaron de girar. ¡Ya lo tenía!

El resultado fue el primer relato del volumen Cuentos de los Viudos Negros, titulado (en la edición de EQMM y que se ha mantenido) La risita adquisitiva. Se publicó en el número de enero de 1972, es decir, hace cuarenta años y medio, y supuso el inicio de una fecunda dedicación de Isaac Asimov al género de misterio (al menos, yo tengo tres libros con casos de los Viudos Negros).

Como puede verse, en cosas de la inspiración, ésta surge en cualquier sitio, y sólo depende, en realidad y como siempre se ha dicho, de continuar trabajando… en un segundo nivel de ‘visibilidad’.

Pero eso no debe impedir que la observación siempre funcione, incluso a través de una cerradura, como en la portada del libro, para así, tal vez, encontrar en ella una llave, o sea, una key, o sea, una clave… para el relato.

Créditos:
Portada (de Ángel Uriarte) y extracto de la Introducción (de Isaac Asimov), según traducción de Pilar Agramunt, de Cuentos de los Viudos Negros, de Isaac Asimov, tomados de la edición de Alianza Editorial, realizada en 1990, como número 1.466 de la colección El Libro de Bolsillo.

sábado, 7 de julio de 2012

Y también ellos descansaron

En el momento del «big bang» el huevo cósmico, compuesto de neutronio, se desintegró con feroz violencia en neutrones individuales, que rápidamente se descompusieron en protones y electrones. (…) Los protones así formados cabe considerarlos como núcleos de átomos de hidrógeno-1.
A medida que se fuesen formando los protones, éstos chocarían de vez en cuando con los neutrones que aún quedaran e irían constituyendo gradualmente núcleos atómicos estables de mayor complejidad. (…)
Si un protón se combina, por ejemplo, con un neutrón, se formaría un núcleo de hidrógeno-2, o deuterio (un protón / un neutrón). El hidrógeno-2, combinado con otro neutrón, daría lugar al hidrógeno-3 o «tritio» (un protón / dos neutrones). Sin embargo, el tritio es inestable. Uno de los neutrones de su núcleo emite un electrón y se convierte en protón, de modo que el núcleo se transforma en helio-3 (dos protones / un neutrón). El núcleo de helio -3 se anexiona un neutrón, convirtiéndose en helio-4 (dos protones / dos neutrones). (…)
El núcleo de helio-4 es tan estable que su tendencia a aceptar un neutrón o un protón es prácticamente nula. Y en el caso de que un neutrón consiga anexionarse a un núcleo de helio-4, el núcleo de helio-5 formado (dos protones / tres neutrones) se desintegra [aproximadamente en una milésima de trillonésima de segundo] para constituir de nuevo un núcleo de helio-4 y un neutrón. Por otra parte, si un protón consigue anexionarse al helio-4, el litio -5 (tres protones / dos neutrones) formado se desintegra de nuevo en helio-4 a una velocidad mayor aún que la anterior.
[Pues bien, en realidad] el material originario estaba constituido sólo de hidrógeno-1 y los demás elementos se formaron en el interior de las estrellas, pasando a la materia interestelar por vía de las supernovas.
(…) [Según lo explicado], toda vez que la zona central central de las estrellas es más rica en helio-4 que en cualquier otro elemento, existe una probabilidad relativamente alta de que dos núcleos de helio-4 choquen contra un tercero en un lapso de tiempo suficientemente breve para formar un núcleo de carbono-12. (…)
[Así pues, pasemos a explicar la formación de las estrellas]”

«-¡Un momento, un momento, un momento!
- ¿Qué pasa?
- ¿Me vas a contar ahora con todo detalle el proceso de formación de las estrellas?
- Sí, claro, es el proceso de la Creación.
- ¿Y luego?
- Pues los planetas, y la Tierra, en particular, naturalmente.
- ¿Y me vas a explicar cómo se ha generado cada uno de los montes que hay, cada trozo de piedra, cada valle, todos y cada uno de los arroyos y ríos, la totalidad de los mares?
- ¡Ajá!
- ¿Y también cada arbusto, cada árbol, desde la menor de las raíces hasta la hoja más extrema? ¿Y la vida y milagros de cada uno de los animales, de todas las especies que yo conozco, que son muchas, y de las que sólo tú sabes, que son más aún?
- Ya te he dicho, es el proceso de la Creación.
- ¿Y cuándo empezarás a contarme algo del Hombre?
- Pues mira, la Creación lleva en marcha unos 15 evos, más o menos, por lo que...
- ¿Evos?
- Sí, mil millones de años, es decir, unos 15 mil millones de años es lo que intento contarte.
- ¡Quince mil millones de años!
- Sí, ¿cuál es el problema?
- ¡El problema, dices! Pero, ¿tú has pensado en el tiempo que me vas a tener aquí tomando notas? ¿Tú has pensado en la cantidad de copistas que se necesitarán aunque sólo sea para disponer de un ejemplar cada una de las tribus? ¿Y el tiempo para repasarlas? ¿Y la de hojas de papiro que vamos a tener que fabricar?
- Pero, entonces,…
- Hay que resumirlo como sea.
- Bueno, tal vez, si al principio hablamos cada mil millones de años, y luego, cada cien millones, y después…
- ¡Que no, que no! Es demasiado incluso así.
- Pues no sé qué decirte… Bueno, fijándonos en lo más importante en cada momento… Aarón, ¿qué te parece seis días?
- Sí, Moisés. Seis días me parece bien para dar una idea de la belleza de la Creación hecha por Dios.»

Créditos:
Extractos del capítulo El origen del Universo, de la obra de Isaac Asimov El Universo, según traducción de Miguel Paredes Larrucea, editada como número 458 de su colección El libro de bolsillo por Alianza Editorial (tercera edición, de 1977 – pp. 295-299)
Imagen de La creación del Sol y de la Luna, de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina, tomada de la Wikipedia.
Versión dramatizada de lo que recuerdo de un artículo cuyo autor no recuerdo, que leí hace tiempo en no sé qué revista, en la sala de espera del Hospital Católico Casa de Salud.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Alit lectio: De investigación se trata

¿Cómo diferenciar un relato de ciencia ficción de uno de aventuras, por ejemplo, cuando sub finem es tan intensamente aventura que deja pálidas las narraciones normales de este tipo? Evidentemente, un viaje a la Luna es ante todo una aventura de lo más emocionante, aparte de que sea otra cosa.
Yo he leído excelentes relatos de ciencia ficción que caen dentro de clasificaciones poco comunes, y que aportan un gran enriquecimiento al tema que han tocado. (…)
Cosa curiosa, era el género policíaco el que parecía más difícil de combinar con la ciencia ficción. Indudablemente, esto resulta chocante. Lo natural sería pensar que la ciencia ficción puede mezclarse fácilmente con lo policíaco. La ciencia en sí es casi un enigma, y un investigador científico es casi un Sherlock Holmes.
Y si queremos darle la vuelta a las cosas, ¿no existen novelas policíacas que hacen uso de la mentalidad científica? El Dr. Thorndyke, de R. Austin Freeman, es un ejemplo famoso y afortunado de detective científico (en el campo de la creación literaria).
Y, sin embargo, los escritores de ciencia ficción se sentían cohibidos frente a lo policíaco en la ciencia ficción.
A finales de los años 40 me explicaron por fin esto. Me dijeron que, «por su propia naturaleza», la ciencia ficción no jugaría limpio con el lector. (…)
O también podría hacer que su detective sacara un extraño aparato y dijera: «Como sabe, Watson, mi frannistán de bolsillo es perfectamente capaz de detectar cualquier joya oculta en un instante».
Tales argumentos no me impresionaron. Me parecía que los escritores de relatos policíacos corrientes (no de la variedad de ciencia ficción) podían ser igual de desleales con sus lectores. Podían ocultar deliberadamente una pista necesaria. Podían introducir un personaje adicional, surgido de la nada. Podían, sencillamente, olvidarse de algo a lo que habían estado dando gran relieve, y no volver a mencionarlo. Podían hacer cualquier cosa.
Sin embargo, el hecho es que no lo hacían. Respetaban la regla de ser leales al lector. Podían oscurecer pistas, pero no las omitían. Las líneas esenciales de pensamiento podían insinuarse de manera casual, pero se insinuaban. Al lector se le orientaba sin remordimientos hacia una dirección equivocada, se le despistaba y se le confundía, pero no se le engañaba.
Parecía, pues, fuera de toda duda, que los mismos principios habrían de aplicarse al relato policíaco de ciencia ficción. No se hacen surgir aparatos nuevos ante el lector para resolver con ellos el enigma. No se toma ventaja de la historia futura para introducir fenómenos ad hoc. De hecho, se han de explicar cuidadosamente todas las facetas del ambiente futuro con la suficiente antelación para que el lector tenga una razonable oportunidad de ver la solución. El detective de novela sólo puede hacer uso de hechos conocidos por el lector en el presente o de «hechos» del futuro ficticio, que han de ser expuestos cuidadosamente de antemano. Incluso se deben mencionar algunos hechos de nuestro presente si se van a utilizar… para asegurarse de que el lector se está dando cuenta del mundo que le rodea actualmente.
Una vez aceptado todo esto, no sólo resulta evidente que el relato policíaco de ciencia ficción es un género literario perfectamente admisible, sino que se hace evidente también que es mucho más divertido de escribir y de leer, ya que a menudo posee un fondo fascinante de por sí, aparte de la intriga.

Leí este conjunto de relatos de Asimov nada más comprar el libro, es decir, hace más de treinta años, y no recuerdo haberlos releído.

Lo que sí recuerdo es el buen gusto que me dejaron… con independencia de lo joven que yo fuera entonces.

Créditos:
Portada y extracto de la Introducción de Estoy en Puertomarte sin Hilda y otros cuentos, de Isaac Asimov, según traducción de Antonio Alférez (revisada por Francisco Torres Oliver) , publicada como número 366 de la colección El libro de bolsillo, por Alianza Editorial, y tomados de la segunda edición, de 1976.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Ellos fueron los primeros

Hace tiempo, publiqué una anotación sobre las colecciones de bolsillo, donde no pude dejar de mencionar El libro de bolsillo, de Alianza Editorial. En el catálogo de 1985 que a pesar de todo aún tengo en casa, figura para dicha colección hasta el número 1102, con diez obras más en cartera, aunque es cierto que faltan algunos números de entre los primeros (por ejemplo, el segundo, que era Mozart, de Fernando Vela).

Ayer, aprovechando la falta de prisas que supone la reunión familiar con motivo de la comida de Navidad, hice una muy completa recolección de libros que tenía en casa de mis padres, principalmente, los de la colección citada, aunque por problemas de bolsas o, por mejor decir, de capacidad porteadora de mis brazos (había decidido hacer los trayectos de ida y vuelta andando), aún tuve que dejar unos pocos ejemplares como mudos testigos de los sucedido.

El objetivo es colocar, en mis famosas baldas, todos los libros de la colección juntos, sin diferenciar autores o temas, en honor a lo histórico de la misma, y también de los libros, ya que el primero de ellos lo compré hace poco más de 33 años (en concreto, el 29 de noviembre de 1978). Aunque antes, he empezado a completar los datos oportunos de las fichas correspondientes en la base de datos de libros que tengo en el ordenador.

De esta forma, me he dado cuenta de que la famosa cubierta de los libros, obra de Daniel Gil (al menos en los tropecientos últimos volúmenes), no siempre aparece acreditada, y donde lo hace no es en el interior, junto con el resto de datos de la edición, sino en la contraportada.

Y por otro lado, se me ha ocurrido comprobar el orden de compra de los libros de la colección, y una vez averiguado, he aquí el mismo, para los diez primeros, en esta anotación sobrevenida.

En caso de que alguien se dé cuenta de que sólo figuran ocho, le diré que tiene toda la razón: tengo en paradero actualmente desconocido, y por tanto, con una orden internacional de busca y captura, el ejemplar de San Manuel Bueno, Mártir, de Miguel de Unamuno, precisamente el primer libro de la colección que compré, y Los quinientos millones de La Begún, de Julio Verne, el séptimo en orden de compra.

Las elucubraciones acerca de lo que se pueda desprender de qué libros son o dejan de ser, si se tercia pertinentemente, son ya objeto de la sección de Comentarios.




Créditos:
Portada del catálogo de colecciones de Alianza Editorial, del año 1985.
Portadas de los libros en cuestión (salvo los dos mencionados).

martes, 30 de agosto de 2011

En el ascensor

El pasado sábado, se pudo leer en Libertad Digital el siguiente titular:
En toda la península
Las temperaturas vuelven a subir tras "el frío" del vierne
s


Leído en otros lugares de España, no sé, pero en Valencia sonaba un poco a cachondeo lo del «frío del viernes».

Y es que ese viernes habíamos tenido por aquí alerta amarilla por temperaturas consecuencia del viento de poniente. Como ya dije hace un año, la ventaja (para mí) de este viento es su sequedad (de hecho, el viernes se pasó de un 80% sobre las siete de la mañana, a poco más del 10% sobre las cinco de la tarde).

Tras lo del «frío», quedaba la incertidumbre de qué se entendería por «las temperaturas vuelven a subir». El gráfico de la temperatura obtenido de la página del Ayuntamiento de Valencia nos lo muestra: si se descuidan, la máxima del sábado es menor que la mínima del jueves.

La noticia también traía avances para esta semana:
“"En cuanto al comienzo de la próxima semana se registrarán pocas nubes al principio de forma general, y si acaso alguna tormenta en el este, pero será de carácter débil porque hay flujo de componente noreste."

La previsión que había ayer era la reflejada en la imagen adjunta. Está claro que ese “si acaso” es difícil de concretar en las previsiones genéricas, y por eso están los porcentajes. En concreto, el de lluvia para el tramo de las 18 a las 24 horas era del 0%.

El resultado fue que, al menos en una parte amplia de Valencia, poco después de las 21 horas, se puso a llover con cierta intensidad, aunque no duró más allá de media hora.

Eso sí, para no desmerecer a las previsiones, la lluvia registrada, según la página del Ayuntamiento, una vez comprobado que esta mañana aún quedaban charcos en diversas zonas de la ciudad, resultó ser de cero (0) mm.

Y aún habrá quien siga diciendo que Asimov era un exagerado en la cita que traje a estas páginas hace casi dos años y medio.

Créditos:
Imágenes de las previsiones de riesgos y meteorológica de AEMET para los días 26 y 29 de agosto de 2011, respectivamente, tomadas de su página de internet.
Gráficas de la evolución de la temperatura (semana del 22 al 28 de agosto de 2011) y de la lluvia registrada (del 31 de julio al 30 de agosto de 2011), tomadas de la página de internet del Ayuntamiento de Valencia.

martes, 2 de marzo de 2010

De una sentada

Hace casi un año publiqué una anotación sobre los libros que no conseguíamos terminar.

Ayer recibí un correo de AbeBooks cuyo asunto era justo el contrario: los libros que no hemos podido dejar hasta conseguir finalizarlos.

Curiosamente, la introducción del correo hace referencia a otro correo sobre aquellos libros que no conseguíamos terminar, correo que no recuerdo, pues mi anotación la motivó un artículo en The Wall Street Journal.

El correo remitía a un articulito de Beth Carswell titulado Two Sitting Reads.

La verdad es que es realmente comprensible, nos hace ser totalmente solidarios, esa situación descrita por ella, viviendo la impaciencia por continuar la lectura, dejada unas horas antes:

I’ve spent days at work, watching the clock, anxiously drumming my fingers on my desk and feeling desperately, perversely afraid that somehow, the characters in the book are going on without me, and I’m missing out on the action. Fortunately, they’ve all stayed right where I left them, to date.

Aunque el colmo es anular citas para poder seguir leyendo un libro.

Habla, entre otros libros con los que ha tenido esta experiencia, de El hobbit, Matar un ruiseñor o La carretera, de los cuáles sólo he leído el primero, he visto la (gran) película del segundo (cine del de antes), y tengo esperando el tercero.

Finaliza el artículo con una lista de 25 libros que parecen tener el honor de haber sido los más leídos de una (o dos) sentadas. Como esta anotación no versa sobre los leídos o no, sino sobre los libros leídos “de una sentada”, vamos con ellos (o casi).

En el puesto vigésimo tercero figura Agatha Christie con una obra con dos títulos, el políticamente correcto, que es el que figura en la lista, y el incorrecto, es decir Diez negritos.

En este caso no hay, por mi parte, mayor mérito por haberlos leído de una sentada, pues recuerdo un verano, estudiando aún el bachillerato (versión BUP), en que a falta de otras actividades literalmente devoraba las novelas de esta buena mujer, con lo que, lamento decirlo, acabé con una cierta mezcla de casos, situaciones y asesinos. Se salvaron del caos unas pocas obras, ésta, naturalmente, entre ellas. Pero sobre esta mujer, o cierta obra de ella, hablaremos en breve.

Pasamos ahora al quinto de la lista, Fundación, de Isaac Asimov. Este libro fue mi regalo de cumpleaños de hace treinta años. Tres semanas después me hice con la continuación Fundación e Imperio, y pocos días después, los Reyes Magos me obsequiaron con el tercer título de la serie, Segunda Fundación.

Estas novelas, escritas en 1951, 1952 y 1953, fueron agraciadas, conjuntamente, como serie, con el premio Hugo a la mejor serie en el año 1966, año en que se instauró el premio; es decir, “la mejor serie de SF hasta entonces escrita”, según escribía Carlo Fabretti en el prólogo a la primera novela de la serie, en la edición de Bruguera, en su colección Libro Amigo.

Treinta años después (bueno, veintinueve), Isaac Asimov publicaba la continuación de su Trilogía: Los límites de la Fundación, libro que se convirtió en mi regalo de cumpleaños (aunque adelantado dos días), cuatro años después del de Fundación.

Aunque no recuerdo ahora si efectivamente fuí absorbido por las novelas originales de la serie, de ésta sí recuerdo que lo empecé a leer al irme a la cama, y apagaba la luz, una vez terminado de leer, sobre las cinco de la mañana (es decir, más que de una sentada, fue de una reclinada).

Y cuando lo acabé, leí:

FIN
(por ahora)


Pues, por ahora, ya está finalizada la anotación. Ahora es el turno, si alguien se arranca, de los comentarios.

viernes, 20 de marzo de 2009

Previsiones del futuro

A través de la página de internet del antiguo I.N.M., estoy siguiendo las previsiones de tiempo en Madrid, a donde tengo intención de ir en breve.

La secuencia de las mismas, a primera hora de cada uno de los días, es la siguiente:





La previsión que se ha reflejado hoy es la siguiente:



Después de todo esto, me ha venido, nuevamente a la memoria, lo que en 1988 escribía Isaac Asimov en Preludio a la Fundación, inicio de la serie de precuelas de la propia serie Fundación, premiada en 1966 con el Premio Hugo a la mejor serie de ciencia ficción de la historia.

"Por si le hace sentirse un poco mejor, puedo darle un ejemplo consistente en un tema mucho menos complejo que la historia humana en el que la humanidad lleva trabajando desde hace no sé cuánto tiempo sin conseguir demasiado progresos. Lo sé porque en esta misma Universidad hay un grupo que está trabajando en él, y uno de mis mejores amigos es miembro de ese grupo. ¿Cómo se le ocurre hablar de frustración? Le aseguro que usted no tiene ni idea de lo que es la auténtica frustración!

- ¿Cuál es ese tema?

Seldon sintió que una leve curiosidad empezaba a agitarse dentro de él.

- La meteorología
"

Bueno, pues eso sucederá sobre el año 12030 de la Era Galáctica. Qué tiempo suceda en los próximos días, ya lo sabremos cuando haya pasado.

(transcrito de la edición de Círculo de Lectores, de 1994, según traducción de Albert Solé)