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lunes, 5 de agosto de 2013

This isn’t an English Summer

Hace tiempo hablamos en estas páginas del tiempo, en concreto, de cómo decían que se presentaba este verano.

Una semana antes, en The Guardian, ante el desarrollo meteorológico que tenían en aquellas islas, que también descartaba un verano como toca, se planteaban una nueva palabra:
"Sprautumn" is a definite possibility, hinting at an interval that seems a mere bridge between two other seasons.

Con la primera semana de julio, el panorama ya había cambiado, de lo que el mismo The Guardian se hacía eco, aunque el artículo terminara no muy convencido:
And while you're basking on the beach or in the garden, remember that the last time the weather forecasters predicted a "barbecue summer" – in 2009 –  we all ended up cowering under umbrellas rather than lounging beneath sunshades.

A mediados de mes, ya se leían voces de alarma por la situación. Lo que no dejaba de tener su razón, pues, al margen de las temperaturas que se llegaran a alcanzar (se superaba en varios sitios y ocasiones los famosos 90ºF, es decir, 32ºC), en la primera quincena de julio en toda Inglaterra y Gales apenas cayó una gota de lluvia, situación que en Gales y el Suroeste de Inglaterra, por ejemplo, aún se prolongó una semana más, recordando a los lugareños la sequía de 1976, y que el mes llevaba camino de ser el más seco en toda la isla desde los tiempos del rey Jorge III.


Así, no es de extrañar que jardines y praderas de Devon tuvieran un aspecto tan triste como el que pudimos ver.

Pero como todo tiene su remedio, la misma noche que partíamos de regreso comenzó a llover, se alegraron los campos… y se estropeó la estadística.

(Bueno, y desde luego, también las previsiones de los franceses, hechas públicas, encima, poco antes del aniversario de Waterloo -también con Jorge III, por cierto-.)

Eso sí, que yo sepa, aún no ha nevado.

Créditos:
Fotografía de los Northernhay Gardens, vistos desde la muralla romana, en Exeter, el 20 de julio de 2013, del autor.

domingo, 5 de mayo de 2013

Pues yo he visto…

La playa de Gandia (sic) ha recibido a un gran número de turistas durante los últimos días, casi todos ellos del centro de la península, ya que en Madrid disfrutan de varios días de fiesta.

Yo no he estado en Gandía estos días, pero esta mañana sí he visto… un gato.

Créditos:
Extracto de la noticia publicada por Las Provincias el pasado día 2 de mayo (las negritas con mías).
Fotografía de un gato, en los Jardines de Viveros, de Valencia, esta mañana, del autor.

A la sombra


Más o menos, y de una forma u otra, dos horas esta mañana.

Créditos:
Fotografías del sol, escondido tras la copa de una palmera, o la coronación de Home Guaita, escultura de Miquel Navarro, esta mañana en los Jardines de Viveros de Valencia, del autor.

Mamá


Créditos:
Fotografía de Maternidad, escultura de 1954 de José Esteve Edo, en los Jardines de Viveros, o del Real, de Valencia, de ayer, del autor (para no repetir, aunque sea lo propio, la obra de arte de Muñoz Degraín).

jueves, 30 de junio de 2011

Menudo jardín

Desde hace unos meses, se están realizando obras de mejora o como lo digan, en los jardines centrales de la Gran Vía Marqués del Turia, en Valencia.

En la coronación de la fachada del edificio del número 12 de dicha Gran Vía se puede observar a modo de ornato, una media figura de como un niño, con la mano sobre la tripa. No termino de entender si la postura es consecuencia de que ha comido mucho, o de que se está riendo a lo grande tras ver cómo han ido realizándose las obras, o, con mayor motivo, es que se ha enterado de que dentro de un minuto alguien ha decidido que vencía no sé qué clase de plazo, y las obras tenían que estar acabadas.

Aunque también puede ser que se trate de que ha visto el incidente de esta tarde en la recogida de la basura: al intentar levantar el contenedor, éste ha chocado con la rama de un árbol de la acera, quedando ligeramente atascado.

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El caso es que dentro de un minuto también finaliza el mes de junio, y con él, el segundo trimestre y el primer semestre del año. Y con ese minuto y con esta anotación, también finalizan las anotaciones en este diario durante este mes.

Anotación ésta que podía haber tratado también sobre otros jardines, o mejor dicho, sobre cómo alguien se ha metido en un jardín. O sobre la recogida de basura, o mejor dicho, el reparto de basura. O sobre el calor del verano, o mejor dicho, sobre cómo desde que se inició el verano, se ha caldeado cierto ambiente.

Pero de momento, dejemos que finalice junio, y esperemos a julio (sin César).

martes, 27 de octubre de 2009

Naranjas... de Valencia

Hace tiempo supe (o creí saber) que el famoso Barrio Francés de Nueva Orleáns no era tal, sino más bien español, de cuando Luisiana pasó de la corona de Francia a la de España como compensación por la pérdida de la Florida en virtud del Tratado de Fontaineblau. Importante apoyo territorial y militar para los Padres Fundadores durante la Revolución americana (o sea, la Guerra de Independencia de Estados Unidos), posibilitó, con el famoso y por aquí olvidado “Yo solo” de Gálvez, la recuperación de la Florida (e incluso la pre-fundación de Memphis y todo ese extenso camino del sur) hasta que Napoleón insistió lo suficiente, y volvió a la corona, esta vez imperial, francesa.

Todo esto viene a cuento de que el otro día, aquí en Valencia, no en Nueva Orleáns (la foto del Cabildo es de la wiki, de Wikid77 sobre un original de Infrogmation), cruzando la Alameda hacia el centro, junto al puente de las Flores, reinando un relativo silencio para el lugar que era, me llamó la atención un extraño golpe sordo justo cuando pasaba al lado de un imponente árbol.

Como no llevaba especial prisa, me detuve intentando averiguar el origen de tal enigma. Tras breve espera, se reprodujo el sonido, aunque esta vez sí fui testigo de la causa: la caída al suelo de un fruto del árbol en cuestión.

Excitada la curiosidad, averigüé al cabo de poco tiempo que se trataba del único ejemplar en Valencia de naranjo de Luisiana, ejemplar hermoso, pues alcanza cerca del triple de altura de lo habitual.


El caso es que el fruto, aun cuando pudiera denominarse naranja, más bien me recordó otra cosa muy distinta: no las naranjas de Valencia, sino los eventos de Valencia.

Lo que me permite cerrar el círculo comentando nuevamente la grandeur: Roland Garros no fue famoso por el tenis, pues sólo era un aficionado a él. Esto lo traigo porque, en efecto, el fruto del árbol más parece una pelota de tenis, y esta vez es lo que toca en Valencia: tenis.