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sábado, 4 de enero de 2020

Un llamado al voluntariado

Hace muy poco más de once años, en la festividad de Santo Tomás Becket, recordé la famosa frase atribuida al rey Enrique II Plantagenet en relación con el santo arzobispo:

«¿No hay nadie entre mis servidores que vengue la afrenta que me inflinge este miserable sacerdote?»

Estos días se está produciendo una rememoración de aquella frase (aunque imagino que inconscientemente), cuando en relación con la sesión de investidura que se inicia hoy se lanza al aire desde bastantes voces la pregunta de si hay alguien entre los diputados del PSOE que impida la llegada al gobierno del totalitarismo chavista e independentista a través de la figura de PZ P.-C.

Por desgracia, es más fácil que surjan voluntarios para hacer el mal (como en el Canterbury de 1170), que para hacer el bien, o, al menos, para impedir el mal.

Pero mientas hay vida hay esperanza, aunque ella suponga incluso que haya que confiar en el virus de la gripe.

Actualización del martes 07 de enero de 2020, a las 00:18:
Leo en twitter que hay un Plan B de PSOE y UP por si se les "torciera" algún voto, y es que los filoterroristas pasen de la abstención al voto afirmativo.

Teniendo en cuenta que, si no estoy equivocado, el voto es por llamada, siguiendo el orden alfabético del primer apellido, y que la mesa de la Cámara vota al final, según el listado de diputados, incluyendo en el Plan B a ERC, la última abstención que se produciría sería la de doña Pilar Valluguera Balañà, por lo que a partir de don Daniel Vicente Viondi, ya podrían votar en contra los diputados socialistas que se atrevieran.

Hay que tener en cuenta que cualquier otro cambio de voto, así en plan valiente, activaría el Plan B, y no tendría más resultado que el de dar la cara. Tampoco es tan seguro que se la partan, pues si no acaba afectando al resultado, PZ P.-C. es hasta capaz de ponerlo como ejemplo de decencia en el partido, y promoverlo para algún alto cargo de nueva creación.

Si quieren valentía de verdad, tendrían que conjurarse tantos diputados como abstenciones previstas (o sea, 18, pero ya puestos, al menos 20, por si acaso), y votar en contra. Ya daría lo mismo el Plan B, pues no se podría contrarrestar, y además, los conjurados sí que conseguirían lo que habrían votado (o sea, "NO"), y entonces sí serían castigados, con lo que darían un sano ejemplo.

Pero no creo que haya buenas noticias.

domingo, 20 de octubre de 2019

La herencia de una maestra de pueblo


«Poi la signora Cristina si riposò un poco e parlò.
«Tu sei il sindaco» disse «e questo è il mio testamento. La casa non è mia e i miei pochi stracci dalli a chi ne ha bisogno. I miei libri tienli tu che ne hai bisogno. Devi fare molti esercizi di comporre e studiare i verbi.»
«Sissignora» rispose Peppone.
«Voglio un funerale senza musica perché non è una cosa seria. E voglio un funerale senza carro, come nei tempi civili. Con la cassa portata a spalle, е sulla cassa voglio la bandiera.»
«Sissignora» rispose Peppone.
«La mia bandiera» disse la signora Cristina. «Quella che è lì a fianco dell’armadio. La mia bandiera, con lo stemma.»
E fu tutto, perché poi la signora Cristina sussurrò: «Dio ti benedica anche se sei bolscevico, ragazzo mio». E poi chiuse gli occhi e non li riaperse più.
 […]
«Questo ve lo dico come sindaco, e come sindaco e interprete della volontà di tutta la cittadinanza, vi ho chiamato qui perché domani non si rimproveri che faccio di mia testa. Il fatto è che la signora Cristina ha espresso come sua ultima volontà di essere portata a spalle nella bara e sopra ci vuole la bandiera con lo stemma. Qui ognuno dicha como la pensa. I rappresentanti dei partiti reazionari fanno il piacere di stare zitti perché tanto sappiamo benissimo che loro sarebbero felicissimi anche se ci fosse la banda che suona la cosiddetta marcia reale.»
[…]
Poi fu la volta del rappresentante dei democristiani.
«La volontã dei morti è sacra» disse con voce solenne. «E la volontà della defunta signora è particolarmente sacra per noi perché tutti l’amiamo e la veneriamo e guardiamo alla sua attività prodigiosa come a un apostolato. E appunto per questa venerazione e per questo rispetto alla sua memoria, siamo dell’avviso di cercare di evitare ogni minimo atto irrispettoso che, pur rivolto ad altro oggetto, suonerebbe come offesa alla sacra memoria dell’estinta. Perciò anche noi ci associamo agli altri nello sconsigliare l’uso della vecchia bandiera.»
Peppone approvô gravemente con un cenno del capo. Poi si rivolse a don Camillo, i1 quale era stato convocato anche lui. E don Camillo era pallido.
«Cosa ne pensa il signor parroco?»
«Il signor parroco prima di parlare aspetta di sentire quale sia il parere del signor sindaco.»
Peppone si raschiò un poco in gola e prese la parola.
«In qualità di sindaco» disse «vi ringrazio per la vostra collaborazione, e come sindaco approvo il vostro parere di evitare la bandiera richiesta dalla defunta. Però, siccome in questo paese non comanda il sindaco ma comandano і comunisti, come capo dei comunisti vi dico che me ne infischio del vostro parere, е domani la signora Cristina andrà a1 cimitero con la bandiera che vuole lei perché io rispetto più lei morta che voi tutti vivi, e se qualcuno ha qualcosa da obiettare lo faccio volare giù dalla finestra! Il signor prete ha qualcosa da dire?»
«Cedo alla violenza» rispose allargando le braccia don Camillo che era rientrato nella grazia di Dio.
E così il giorno dopo la signora Cristina andò al cimitero nella bara portata a spalla da Peppone, dal Brusco, dal Bigio e dal Fulmine. E tutt’e quattro avevano al collo i loro fazzoletti rossi come il fuoco, ma sulla bara c’era la bandiera della signora maestra.
Cose che succedono lâ, in quel paese strampalato dove il sole picchia martellate in testa alla gente e la gente ragiona più con la stanga che col cervello, ma dove, almeno, si rispettano i morti.»

Don Camilo, volumen recopilatorio de pequeños relatos de la vida de un pueblo bajo el sol de la llanura del Po en la posguerra y tras el Referendum Istituzionale de 1946 que cambió en Italia la monarquía por la república, se publicó en 1948, hace poco más de 70 años.

Guareschi escribió muchos otros relatos y libros, pero claro, como no se los escribieron, qué iba a saber él.

Tal vez sólo las enseñanzas de una vieja maestra de pueblo, y lo aprendido de un pueblo que defiende sus ideas mientras respeta a los muertos.

Créditos:
Extractos del relato La maestra vecchia, incluido en el volumen Don Camillo, de Giovannino Guareschi, tomados de la 34ª edición en BUR-Rizzoli (diciembre de 2017), de la biblioteca del autor (pág. 235-237).

martes, 17 de abril de 2018

Una vuelta a la Historia

Este pasado fin de semana ha estado atracada en la Marina Real (antes también incluía lo de “Juan Carlos I”) de Valencia la réplica de la nao Victoria.

Como es, más menos que más, sabido con la actual instrucción escolar española, cinco naves partieron en 1519 bajo el mando de Fernando de Magallanes para abrir una nueva ruta hacia las Molucas navegando hacia poniente en vez de la ruta hacia levante, propiedad de los portugueses. Es decir, lo que quiso hacer Colón, aunque éste se encontró antes con América. De hecho, las objeciones a su viaje no fueron las tonterías del abismo en el que caerían (cosas más propias de la mitología nórdica), pues todos los que conocían del tema no sólo sabían que la Tierra era así como redonda, sino incluso su tamaño aproximado, por lo que precisamente la amplitud del océano (excluida, claro, América) suponía el principal obstáculo para el éxito de la expedición colombina.

En resumen, que la expedición comandada por Magallanes sí consiguió llegar a las Molucas, y continuando el viaje hacia poniente, regresar, ya en 1522, a España, demostrando con su experiencia (sin necesidad de cálculos, quiero decir) que la Tierra era redonda.

Por esas cosas de la vida, la única nave que consiguió completar este viaje llevaba por nombre el premonitorio de Victoria, comandada en su navegación desde las Filipinas por Juan Sebastián Elcano.

Y también por esas cosas de la vida, este pasado viernes se inauguró en Valencia una retrospectiva sobreZuloaga, en la cual está incluido el cuadro que sobre Elcano le encargó la Diputación Foral de Guipúzcoa con motivo del IV Centenario de la expedición.

Nota: a partir de mañana, según la página web de la Fundación Nao Victoria, la nave estará en Torrevieja.

Créditos:
Fotografía de la nao Victoria, atracada en Valencia, el sábado día 14, del autor.
Imagen del cuadro Juan Sebastián Elcano, de 1922, de Ignacio Zuloaga, propiedad de la Diputación Foral de Guipúzcoa, y actualmente en la retrospectiva “Zuloaga. Carácter y emoción”, en la Fundación Bancaja de Valencia, tomada del catálogo de la misma, de la biblioteca del autor.

jueves, 23 de junio de 2016

No nos dejes caer en la tentación...

«Conocimiento de las insidias del comunismo
Sobre este punto insistimos ya en Nuestra Alocución del 12 de mayo del año pasado, pero creemos necesario, Venerables Hermanos, volver a llamar acerca de ello vuestra atención de modo particular. Al principio, el comunismo se manifestó cual era en toda su perversidad; pero pronto cayó en la cuenta de que de esta manera alejaba de sí a los pueblos, y por esto ha cambiado de táctica y procura atraerse las muchedumbres con diversos engaños, ocultando sus fines tras ideas que en sí son buenas y atrayentes.

Así, viendo el deseo de paz, los jefes del comunismo fingen ser los más celosos fautores y propagandistas del movimiento por la paz mundial; pero, al mismo tiempo, excitan a luna lucha de clases que hace correr ríos de sangre, y sintiendo que no tienen garantías de paz, recurren a armamentos ilimitados. Así, bajo diversos nombres que ni siquiera aluden al comunismo, fundan asociaciones y periódicos, que luego no sirven más que para hacer penetrar sus ideas en medios que de otro modo no serían fácilmente accesibles, y pérfidamente procuran infiltrarse hasta en asociaciones abiertamente católicas y religiosas. Así, en otras partes, sin renunciar en lo más mínimo a sus perversos principios, invitan a los católicos a colaborar con ellos en el campo llamado humanitario y caritativo, proponiendo a veces cosas completamente conformes al espíritu cristiano y a la doctrina de la Iglesia. En otras partes llevan su hipocresía hasta hacer creer que el comunismo, en países de mayor fe y cultura, tomará un aspecto más suave y no impedirá el culto religioso y respetará la libertad de las conciencias. Y hasta hay quienes, refiriéndose a ciertos cambios introducidos recientemente en la legislación soviética, deducen que el comunismo está para abandonar su programa de lucha contra Dios.

Procurad, Venerables Hermanos, que los fieles no se dejen engañar. El comunismo es intrínsecamente perverso, y no se puede admitir que colaboren con él en ningún terreno los que quieren salvar la civilización cristiana. Y si algunos, inducidos al error, cooperasen a la victoria del comunismo en sus países, serán los primeros en ser víctimas de su error; y cuanto las regiones donde el comunismo consigue penetrar más se distingan por la antigüedad y la grandeza de su civilización cristiana, tanto más devastador se manifestará allí el odio de los sin Dios.»

Y eso que entonces ya no se consideraban "socialdemócratas".

Créditos:
Extracto de la encíclica Divini Redemptoris, publicada por el Papa Pío XI en 1937, tomado de la edición realizada por Editorial Apostolado de la Prensa, S.A., en 1960, de la biblioteca del autor.
Viñeta de J.M. Nieto, publicada en ABC el 24 de julio de 2014, de la hemeroteca del autor.

domingo, 30 de agosto de 2015

¿Es buen refugio la Historia?

Son ya muchos días los que estamos viendo cómo, ante las distintas fronteras que aún quedan en Europa, se agolpa una enorme muchedumbre de personas queriendo pasar. En su gran mayoría se trata de refugiados ante los distintos conflictos que hay en los Orientes Próximo y Medio, y que huyen de sus países en guerra hacia otros países que ni lo estén ni estén en la misma zona de la que proceden. Así, por Grecia, Macedonia y Serbia llegan a Hungría, donde se encuentra la última frontera y el inicio del Espacio Schengen.

La situación ha llegado a un extremo tal que tras varias de esas reuniones que nunca pueden faltar, representantes de Alemania, Francia y Reino Unido reclaman que la Unión Europea decida… tener una reunión sobre el tema. Eso sí, con la mayor urgencia, o sea, unas dos semanas.

Me parece adecuada la propuesta , pues viniendo de quien viene, creo que, además de perspectiva social, tiene perspectiva histórica.


Tal vez sea bueno recordar que una vez que al alba del 10 de mayo de 1940 el ejército alemán iniciara su avance en el frente occidental, la Blitzkrieg hizo honor a su nombre, con el resultado de que el 24 de mayo el Gobierno de Londres estaba ya preparando la evacuación de la Fuerza Expedicionaria Británica en Dunkerque. Sí, justo dos semanas; y sin muchas reuniones. Pero es que estaban en guerra, mientras que nosotros no; todavía no.

Y eso, por no hablar de las migraciones de otras guerras y épocas.

Créditos:
Fotografía de un grupo de refugiados belgas, camino de Francia, ante el avance alemán, en mayo de 1940, tomada de Francia, mayo de 1940. Hitler en París, de Alan Shepperd, publicado por Osprey Publishing, de la biblioteca del autor.

viernes, 6 de marzo de 2015

Triste Tigris

La caza del león era un privilegio de los reyes asirios, y en particular, de Asurnasirpal II, quien, ha pasado a la historia no por esta afición, sino, entre otros, por el hecho de (re)fundar junto al río Tigris la ciudad ahora conocida como Nimrud, a la que convirtió en capital del reino de Asiria.


También fue conocido por la brutalidad con que ejerció el gobierno y desarrolló sus campañas militares. Claro que estamos hablando de principios del siglo IX a.C. (883-859), es decir, hace casi 3.000 años.

Menos mal que la civilización humana ha avanzado mucho desde entonces, pasando Nimrud a ser sólo un enclave arqueológico de primer orden.


Y es que si no hay ciudad, no hay civilización; ni ciudadanos. Así es etimológicamente, y así entienden los islamistas… su-misión.

Créditos:
Fotografía de un relieve en alabastro, del antiguo palacio de Nimrud, en el Museo de Pérgamo, en Berlín, en enero de 2010, del autor.

domingo, 25 de enero de 2015

¿Abrigándose frente al frío?

Va para cuatro años, en relación con un partido de Liga y el de la final de Copa entre el Real Madrid y el Barcelona, el periódico Marca hizo una promoción de una bufanda (madridista, claro).


Como se ve, en la bufanda se hacía un juego de palabras entre el apellido del entonces entrenador del Real Madrid (o sea, José Mourinho), y un grito de arenga que ha tenido mucho éxito, según parece, de un año a esta parte.

No sé si el origen allá por el Mediterráneo oriental (pero no exactamente griego), de la diosa Cibeles cabe cuya estatua en Madrid se celebran los éxitos del equipo real de aquella ciudad, hará que hoy se pueda gritar, en griego, eso de ¡Podemos!

Lo que sí sé es que aquel triunfo fue el único que en sus varias campañas en estas tierras aquel entrenador pudo.

Y lo que también sé es que en Grecia está el antiguo reino de Epiro, gobernado en su día por el rey Pirro (Πύρρος της Ηπείρου), el de la famosa victoria pírrica.

Y hasta aquí historias y batallitas. En cambio, la Historia permanece.

Créditos:
Imagen del anuncio publicado en Marca, un 15 de marzo de 2011, por ejemplo, tomada de la hemeroteca del autor.

domingo, 18 de enero de 2015

¿Habrá una nueva alameda?

In the year of our Lord, 1836, Texas, which has known many flags, was then under the colours of Mexico.
Though its inhabitants were made up of settlers from far countries and all parts of the United States, they were Mexican citizens all.

Esto se lee en el cartel con que se inicia la película El Álamo. Un segundo cartel tras éste finaliza con la siguiente disyuntiva «soportar la opresión o rebelarse», y es este enfoque el que el Coronel Travis plantea a David Crocket, para conseguir su ayuda y la de sus hombres, argumentando “las muchas injusticias y penalidades que se ve obligado a sufrir el pueblo, sometido al tiránico gobierno de ese General Santa Anna.

La conversación, en la película, alcanza este punto:
“Crockett - ¿Pensaba usted decir a mis voluntarios que un grupo de hombres, muy honorables todos ellos, había ideado un plan para mitigar los sufrimientos de este pueblo, o iba a explicarles que Stephen Austin, Houston y otros, y también usted, Travis, pretendían proclamar la independencia, es decir, la república de Texas? ¿Es eso lo que iba a exponerles?
Travis - No creía que eso fuera ya del dominio público.


No es objeto de esta anotación hablar de la independencia de Tejas, sino de una circunstancia en su génesis muy actual, y que es justo la que refleja el cartel con el que se inicia la película.

Y es la existencia en aquella provincia mejicana de numerosos grupos de población que, aunque mejicanos oficialmente, no eran nacidos allí, y tampoco querían identificarse como tales (de hecho, llevaban, el que más, escasos veinte años).

Así, identificados por Travis como el ‘pueblo’, reclamaron su derecho a la libertad. Lo que estaba muy bien salvo por el hecho de que cuando ganó Houston no se preocupó lo más mínimo por la libertad del también ‘pueblo’ mejicano, por ejemplo, del Yucatán, porque, como bien señalaba Crockett, lo que en realidad buscaban era la independencia.

Y la consiguieron, para, al poco, unirse a los Estados Unidos, de donde muchos procedían.

Luego, por esto, ya vino la guerra entre Estados Unidos y Méjico, la derrota mejicana y con ella toda la anexión estadounidense del famoso lejano oeste. Y una parte importante en toda la posterior mitología es la batalla de El Álamo.

Y lo que no se menciona en esa mitología, y se ha olvidado en general, es que todo empezó por un problema con inmigrantes no integrados.

Créditos:
Texto del cartel, transcripción de diálogo, y fotograma del momento en que las tropas meicanas piden la rendición de los rebeldes antes de la batalla, tomados de la película El Álamo, producida y dirigida por John Wayne en 1960, de la hemeroteca del autor.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Otro lienzo sin marco

En 2010 entre los premios Europa Nostra, se incluía una mención especial en la categoría de investigación al estudio redactado por los arquitectos Carmel Gradolí, Arturo Sanz y Helge Hansen en relación con la recuperación de la antigua muralla islámica de Valencia. El estudio se había realizado en 2005, junto con el anteproyecto de desarrollo de una Unidad de Ejecución (la nº 7) de las afectadas por el plan de la muralla presentado a inicios de 2003.

El plan de la muralla modificaba lo establecido en un primer plan del Barrio de El Carmen, allá por 1992, como desarrollo de lo establecido en el Plan General de Ordenación Urbana aprobado poco antes, en 1988.


Así, de plan en plan y con saltos en el tiempo más o menos largos, llegaríamos hasta octubre de 1238 en que la muralla dejó de ser islámica y pasó a ‘propiedad’ de los cristianos (por la conquista de la ciudad por Jaime I, se entiende), y, retrocediendo algo más, hasta el siglo XI en que con la caída del Califato de Córdoba (1010) y la eclosión de los Reinos de Taifas, fue construida.

Lo lógico, pues, es que con tanto salto, no resulte extraño que los tramos del lienzo de la muralla que aún queden en pie, al no encontrar un adecuado marco urbano en el que apoyarse, se caigan.

Bueno, un poquito sólo. De momento.

Créditos:
Datos y plano de la muralla islámica, tomados del artículo La muralla árabe de Valencia. Un proyecto premiado en el cajón, de Laura Ballester, publicado en el periódico Levante-El mercantil valenciano el 31 de octubre de 2010, de la hemeroteca del autor.
Fotografía del torreón habitado, en la referida U.E. 7, cerca de la plaza Beneito y Coll, en diciembre de 2008, del autor.

domingo, 12 de octubre de 2014

No sólo dos palabras



¡VIVA ESPAÑA!

lunes, 4 de agosto de 2014

Even a slight candle lights up

Lo que mejor funcionaba en la Gran Guerra no eran los hospitales de campaña ni los suministros de armas y alimentos, era el servicio postal inglés: movió toneladas de libros. Se leyó mucho en el frente británico y Brenan se preparaba para entrar en combate leyendo a su amado Rimbaud, pero también a Cervantes, a Joyce, entre otros, y trascribía muchos versos y poemas en sus cartas. Eran barreras de contención contra los rumores sobre la crueldad de la guerra que circulaban por la líneas inglesas.

Podría decirse que la mejor protección en las trincheras hubieran sido los libros.

Y que éstos, bien utilizados, hubieran incluso impedido que se construyeran las trincheras.

Pero hay momentos en que nos empeñamos en que la oscuridad sea más intensa que la luz de los libros.

Algún día aprenderemos.

En los libros… ¿de Historia, tal vez?

Créditos:
Extracto de la Introducción, de Carlos Pranger, a la edición, realizada por él mismo, de Diarios de la Gran Guerra y Relatos de un superviviente, de Gerald Brenan, publicada por Confluencias editorial en la primavera de 2014.
Fotografía de uno de los carteles en comercios locales, convocando a una manifestación en conmemoración de la entrada del Reino Unido en la I Guerra Mundial, mediante una sencilla vela encendida entre todas las luces apagadas, esta noche (en Exmouth -Devon-, del autor).

jueves, 17 de abril de 2014

Un último descanso

El 26 de marzo llegaron dos oficiales de la Luftwaffe al Stalag Luft III con un mandamiento judicial en el que se acusaba a Von Lindeiner de incompetencia y se le relegaba de sus funciones. Tres días después cayó presa de graves palpitaciones, aunque pudo recuperarse gracias a la oportuna intervención de un médico. (…)
El nuevo Kommandant era otro oficial que compartía el molde caballeroso del comandante Rumpel y el coronel Von Lindeiner. El coronel Braune parecía estar también incómodo en su papel de «vulgar carcelero» pero es de suponer que, al igual que sus predecesores, no dispuso de ninguna alternativa.

Durante los dos meses siguientes fueron llegando al Stalag Luft III las urnas que contenían los restos incinerados de los cincuenta. Para entonces, Von Lindeiner se encontraba ya en la mansión de Jeschkendorf para preparar su causa. Tenía que enfrentarse al poder formidable del régimen nazi y en aquellas circunstancias era difícil presentar una defensa. En un momento tan delicado para él el anciano coronel encontró tiempo para pensar en los que fueron sus prisioneros y pagó el material y las herramientas necesarios para que erigieran un monumento en memoria de los cincuenta.

En diciembre [de 1944] se había terminado de erigir el monumento de homenaje a las 50 víctimas frente al campamento, y poco después se viviría en el Stalag Luft III el que debió ser uno de los episodios más extraordinarios de la guerra. El 4 de diciembre se ofició una ceremonia de conmemoración. Entre el pequeño grupo de asistentes se encontraban oficiales superiores de la Luftwaffe en la Kommandantur y una guardia de honor compuesta por soldados alemanes, el capitán de grupo Wilson y 15 oficiales en representación de cada una de las nacionalidades de los fallecidos. A la ceremonia, presidida por un sacerdote anglicano y otro católico, asistieron también dos miembros de la Legación Suiza en representación de la potencia protectora. Al término, un corneta del Recinto Norte tocó el Last Post• y la guardia de honor alemana disparó una salva al helado cielo de Silesia. Pocos homenajes rendidos por parte de un bando a otro en la Segunda Guerra Mundial deben haber sido más emotivos que éste.

• El último toque del día, que señalaba a los soldados británicos el fin de la jornada y que, del mismo modo, en los funerales invitaba a los caídos a descansar tras una vida de servicio. (N. de los T.)

Aunque no se cumpla aniversario alguno, entiendo que este recuerdo no desentona hoy, Jueves Santo, Día del Amor Fraterno.

Créditos:
Cubierta y extractos de La gran evasión, de Tim Carroll, según traducción de Daniel Cortés Corona y Soledad Alférez Ródenas, tomados de la edición en rústica realizada en abril de 2007 por Inédita Editores (pp. 277, 280 y 282), de la biblioteca del autor.

miércoles, 16 de abril de 2014

Y ahora, ¿dónde los pongo?: De Ferias… y fiestas familiares

Porque siempre es la Feria ocasión de recuperar tiempos antiguos.








O tras una espera por y para un cumpleaños.








O con motivo de una festividad importante.

(Y, mientras, hacemos tiempo, que no sitio, para dentro de una semana.)

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión (y una dedicatoria).

lunes, 14 de abril de 2014

… ¿al último en la tribuna?

Con independencia del hálito romántico que pueda impregnar tanto la novela de Bulwer-Lytton como la ópera de Wagner, con la consiguiente diferencia respecto de lo que realmente sucedió, la historia de Cola di Rienzo, o Rienzi, nos recuerda lo voluble que se muestra la opinión de los grandes grupos de personas.



De este modo, se pasó de las grandes aclamaciones y los entusiásticos apoyos al último tribuno de los romanos, a, en poco tiempo, llenar Roma con los gritos contra ese mismo tribuno, y su caída en desgracia ante ese pueblo que unos meses antes lo había ensalzado como defensor suyo frente a personas y poderes despóticos.

Que aquellos hechos sucedieran a mediados del siglo XIV no quita que las tendencias hayan cambiado: como bien se le hace decir al personaje de Esteban de Colonna, los vaivenes de la vida y de la política «son como olas del mar, que van y vienen».


Visto que en Roma hay quien sigue aplicándose contra la política italiana (y sus vaivenes), esperemos que una letra no sea la única diferencia que haya entre aquel Rienzi y el actual Renzi.

Más que nada, porque Cola di Rienzo murió asesinado por la turba.

Créditos:
Grupos de viñetas de Rienzi, adaptación en formato de tebeo de la homónima novela de Edward Bulwer-Lytton, con texto de Cassarel e ilustraciones de Carlos Sanchís Tortosa, publicada por Editorial Bruguera en 1977 como nº 111 de la colección Joyas literarias juveniles, y recogida en el volumen número 50 de la nueva colección Joyas literarias juveniles, publicada por Editorial Planeta DeAgostini entre 2009 y 2010, de la biblioteca de los hijos del autor.
Fotografía de la estatua de Rienzi, obra de Girolamo Masini de 1887, situada en el Campidoglio, en Roma, cerca del lugar donde fue asesinado, de septiembre de 2011, del autor.

domingo, 13 de abril de 2014

Del último tribuno…

Basada en la novela de Edward Bulwer-Lytton del mismo título, Richard Wagner estrenó en el otoño de 1842 Rienzi, el último de los tribunos, más conocida, simplemente, como Rienzi, ópera que, también a su vez, es más conocida, prácticamente, sólo por la Obertura.


Por esas cosas del idioma, el apellido de Cola (o Nicola) se expresa como Rienzi o Rienzo. Y por esas cosas de la historia, en Roma, el actual Gobierno está presidido por Matteo Renzi.

Como vemos, también hay una letra de diferencia.

Y, de momento, también está siendo muy conocido por cómo comienza.

viernes, 11 de abril de 2014

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Aunque de hace tiempo, es su tiempo

Cuestiones de la reciente Historia.









Y cuestiones de la Historia de siempre.

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión.

martes, 1 de abril de 2014

¿Abril en marzo?

Este pasado domingo el periódico El Mundo publicó un avance del nuevo libro de Pilar Urbano, y como gestor de la exclusiva, llevó a la portada lo que consideró oportuno, destacando en el titular aquello que estimó de mayor relevancia. (Si no era ésa su intención, lo siento por ellos pues fue lo único que leí en el kiosco.)


Ya por la noche, pude comprobar que la decisión periodística que sobre el particular tomaba Libertad Digital era distinta. Aunque también destacaba lo que para ellos era más relevante, el titular era muy diferente. (De hecho, no recuerdo titulares tan destacados en mucho tiempo.)


Pero la culminación de la noticia se produjo al día siguiente, lunes 31. El periódico que disfrutaba de la exclusiva la desarrollaba de un modo asaz original: en la portada destacaba…


... nada de nada.

La lectura que, sencillamente, yo hice de ello es que ni siquiera El Mundo se creía lo que él mismo había publicado.

Claro que otra lectura que se podía hacer es que, también sencillamente, se trata de que, entre todos (no sólo los políticos, sino también los periodistas, o lo que ahora son, comunicadores, en sus distintos medios de contrainformación), los demás permanezcamos en medio de la niebla, donde las luces, más que iluminar, desorientan.

O puede que todo sea, más sencillo aún, un anticipo de la celebración que hoy, día 1 de abril, se hace en el mundo anglosajón con el nombre de April Fools’ Day, es decir, nuestro Día de los Inocentes.

Créditos:
Portadas de El Mundo, tomadas de la galería de imágenes de Libertad Digital, del domingo 30, y del lunes 31, de marzo de 2014.
Captura de pantalla de la portada de Libertad Digital correspondiente a la noche del domingo día 30, tomada de la hemeroteca del periódico.
Fotografía de la niebla existente en una avenida de Valencia, poco antes del amanecer de este lunes 31 de marzo, del autor.

lunes, 31 de marzo de 2014

Los que se fueron, ¿volverán?

Los judíos españoles que viven dispersos por diferentes partes del mundo serán un constante motivo de preocupación para toda inteligencia curiosa. Es un fenómeno que esconde muchos secretos. En primer término, esas gentes dispersas y desterradas podrían, si se las estudiara bien, revelarnos más de un secreto lingüístico relacionado directamente con los puntos principales de nuestra historia.
Quien escucha el habla que actualmente practican los judíos sefardíes queda desde luego sorprendido por el encanto de aquellas voces arcaicas, profundamente raciales, que suenan como voces antiguas trasladadas a través de un sueño. Pero la sorpresa aumenta cuando se descubre que todos los judíos hablan un idéntico lenguaje castizo. No obstante las diferencias de lugar y de clima, todos los sefardíes usan el mismo idioma arcaico español, aunque unos habiten la Macedonia y otros demoren en Marruecos, y aunque el lenguaje oficial sea en unos el servio, en otros el turco, en otros el griego, en otros el árabe.
Existe, pues, una unidad idiomática en el mundo hebreo de origen español. Este fenómeno halla fácil respuesta en cuanto se considere que los judíos fueron desterrados de España de una vez y en montón, y que el fuerte instinto tradicional y familiar ha hecho que el lenguaje de los antepasados se conserve sin importante alteración en todo el grupo sefardí.
Pero esta respuesta no puede satisfacernos por completo, pues deja al margen y sin contestación otras serias interrogaciones. Los judíos, en efecto, abandonaron España todos juntos y de una vez; pero nótese que no decimos que abandonaron a Castilla, sino a España. En España se hablaban al final del siglo XV los diferentes dialectos o idiomas que hoy mismo se hablan; ¿cómo es, sin embargo, que habiendo vivido aquellos judíos, en las varias regiones españolas donde se hablan dialectos o idiomas no llevaron al destierro más que una de las lenguas que se hablaban en España, la que llamarnos castellana?
No hay noticia de que algún grupo de judíos orientales, balcánicos o marroquíes hable hoy en catalán, en valenciano, en vascuence o en gallego. Todos usan un castellano castizo, que es el que aproximadamente correspondería a tierras de Segovia y Salamanca, o tal vez mejor a tierras de Toledo.
Entonces se piensa que la unidad española no es algo tan arbitrario y deleznable como algunos desean suponer. Los judíos españoles, sólo con la realidad de su fenómeno, pueden asegurarnos que aquella unidad estaba ya cumplida cuando ellos abandonaron las aldeas y las ciudades españolas donde vivieron tantos siglos. La misma naturaleza especial de los hebreos ayuda a dar valor al dato. Viajeros por necesidad comercial, trashumantes por tradición, y habitando generalmente en las poblaciones, los judíos recogían en su seno y naturalmente el tono más pronunciado de la civilización, de la vida común del país. Si la vida urbana de Cataluña, de Valencia o de Vasconia hubiese sido profunda y fuertemente catalana, valenciana o vascongada, los judíos habrían llevado al destierro los caracteres de esas vidas locales. No fué así, como hemos visto. Salieron de las distintas partes de España hablando un único lenguaje castellano, y esto nos debe hacer pensar, repito, en que la vida general, la vida urbana y civilizada de España, estaba ya entonces seriamente unificada.

También podría decirse que, sin entrar en cuestiones filológicas y lingüísticas, hay una explicación más sencilla: en algo se tendría que notar que, según es tradición, el pueblo judío es el más inteligente del planeta.

Aunque bien podría decir alguno que eso se demostrará conforme sea la respuesta a la propuesta de hace unas semanas.

Créditos:
Extracto del artículo La palabra de los judíos, de José María Salaverría, publicado en ABC el 27 de abril de 1923, tomado de la hemeroteca en internet del periódico.

domingo, 30 de marzo de 2014

Los primeros y el último: los únicos

Como había predicho el Comité de Fugas, los que dominaban el alemán fueron los que lo tuvieron más fácil, especialmente los oriundos del continente europeo propiamente dicho.

Y además de la ‘facilidad’, la suerte también intervino.

Al contrario que la mayoría de los demás evadidos, los noruegos Per Bergsland y Jens Muller apenas se toparon con problemas. A las 02.04 horas cogieron sin complicaciones un tren expreso a Frankfurt an der Oder en la estación de Sagan, Poco después se subieron al mismo tren Gordon Brettell, René Marcinkus, Henri Picard y Tim Walenn. El tren llegó a las 06.00 horas a Frankfurt, donde se apearon Bergsland y Muller (los otros cuatro ya se habían bajado en Kustrin). En Frankfurt, los dos noruegos no despertaron sospechas y nadie les abordó mientras hacían tiempo en la ciudad hasta las 10.00 horas, hora en que cogieron el tren a Stettin [ciudad con puerto, en la ribera del Oder, casi en su desembocadura en el Báltico, entonces en Alemania, y actualmente, con el nombre de Szczecin, en el voivodato polaco de Pomerania Occidental, eso sí, junto a la frontera con Alemania]. Cuando poco después de las 13.00 horas llegaron a su destino, se encaminaron directamente a una dirección, en Kleine Oder Strasse, que Roger Bushell había proporcionado a los que planeaban huir por el Báltico. Entonces descubrieron con horror que se trataba de un burdel para marineros suecos. Los dos fugitivos no disponían de dinero suficiente como para malgastarlo en un lugar como aquél, así que se despidieron educadamente y se alejaron de allí. No obstante, un golpe de suerte permitió a los hombres entrar en contacto con un marinero que prometió ayudarles. El hombre organizó los preparativos para introducir a los fugitivos de forma clandestina en los muelles cerca de un barco que zarparía rumbo a Suecia. Según sus instrucciones, Bergsland y Muller debían esconderse detrás de un montón de cajas hasta que él les avisara de que podían salir. Por desgracia, el hombre ya no volvió a aparecer, y los dos noruegos tuvieron que ver zarpar el barco desde tierra, totalmente desolados. Sólo consiguieron salir del puerto convenciendo a los guardias de la entrada de que eran electricistas con permiso para desembarcar de otro buque sueco, cuyo nombre había memorizado Bergsland. Era una estratagema arriesgada y difícilmente les habría dado resultado de no ser porque hablaban un perfecto alemán con acento escandinavo.
Bergsland y Muller se registraron en un hotel de aspecto inofensivo para pasar la noche de la forma menos llamativa posible y se sirvieron del viejo truco de pasar el resto del día en el anonimato de una sala de cine. Al caer la noche, se dirigieron de nuevo al burdel de Bushell. Esta vez tuvieron suerte y conocieron a una pareja de marineros suecos que se ofrecieron a introducir clandestinamente a los dos noruegos en su barco aquella misma noche. De nuevo, se arriesgaban a perderlo todo. Los fugitivos no disponían de los documentos que tendrían que mostrar a los guardias alemanes que les esperarían a la entrada del puerto, pero los marineros suecos les convencieron de que los alemanes no siempre eran tan estrictos como deberían. Los cuatro hombres se acercaron al puerto fingiendo un estado de semiembriaguez tras una noche de juerga en la ciudad. Para sorpresa de los fugitivos, los dos suecos tenían razón. Los guardias alemanes ni se inmutaron al verles y aceptaron la simple excusa de que se habían olvidado los papeles a bordo antes de salir de permiso aquella noche.
Los marineros suecos les acompañaron hasta el compartimiento en el que se guardaba el ancla y en el que podrían hacerse un hueco y esconderse. Lo único malo era que faltaba un día y medio para que zarpara el buque. Al menos, los marineros suecos les fueron llevando pequeños bocados de comida de vez en cuando para ir aguantando. Los dos fugitivos no estaban nada cómodos y se sentían intranquilos cada vez que oían pasos desconocidos acercándose a su escondite. Además, sabían que los alemanes inspeccionarían el barco antes de autorizar su salida. Lo único que podían hacer era cruzar los dedos y esperar que el registro no fuera demasiado minucioso. Finalmente, el mal trago que estaban temiendo fue anunciado por el sonido de dos pares de botas recorriendo metódicamente el castillo de proa. Bergsland y Muller contuvieron la respiración mientras los dos soldados alemanes enfocaban con las linternas en torno al estrecho escondite. En un momento dado, uno de los alemanes se puso a tantear con las manos cerca de los molinetes del ancla. Cuando sondeó cuidadosamente el compartimiento, estuvo a punto de meter un dedo en el ojo de Bergsland.
Por suerte, el alemán no percibió ninguna irregularidad y los dos soldados siguieron inspeccionando otras partes del barco. Poco después, los dos noruegos oyeron con inmenso alivio el rugido y el chapoteo de los motores al arrancar. Alrededor de las 19.00 horas del 29 de marzo, el barco soltó amarras y zarpó. Cuatro horas después atracó en Göteborg (Suecia), donde ya eran de hecho hombres libres: No obstante, prefirieron pecar de precavidos y esperaron hasta el día siguiente [es decir, el 30 de marzo de 1944], cuando el barco entró en Estocolmo, para desembarcar y entregarse al Consulado Británico. Habían pasado seis días desde su huida del Stalag Luft III. Entonces no lo sabían, pero eran los primeros hombres de la Gran Evasión que habían conseguido llegar a casa felizmente. Por desgracia, formarían parte de un grupo demasiado selecto.

Y por poco, el grupo selecto queda reducido sólo a los noruegos.

Aparte de ellos dos, Bob van der Stok sería el único evadido que llegaría a territorio aliado. También en su caso fueron sus dotes lingüísticas y su conocimiento de la Europa ocupada lo que le permitió conquistar la libertad. No obstante, pasó muchas más semanas a la fuga que los dos noruegos. Van der Stok había tomado la decisión de escapar solo, considerando que un compañero probablemente sería más un lastre que una ayuda. Tras sus alarmantes encuentros con el guardia alemán en el bosque cercano al Stalag Luft III y con la muchacha del andén que dijo que buscaba a oficiales evadidos, el holandés ya no tuvo más percances desagradables. Viajó sin contratiempos en el mismo tren a Breslau [es decir, Breslavia, y  en polaco, Wrocław, actualmente en el voivodato polaco de Baja Silesia - por tanto, huyó hacia el sur-sudeste, en dirección contraria a la de los noruegos] que Gouws, Kidder, Kirby-Green y Stevens y, al llegar allí compró un billete a Allanaar (Holanda). El viaje requeriría tres cambios de tren.
Van der Stok llegó a Dresde a las 10.00 horas del mismo día. Allí, viendo que tendría que esperar unas 12 horas, dio un paseo por la ciudad medieval, una de las más hermosas de Europa, antes de refugiarse en una sala de cine [igual que los noruegos]. A las 20.00 horas cogió un tren a Hannover, donde todavía le quedaba una hora más de viaje antes de entrar en Holanda, para lo cual tenía que pasar la frontera en Oldenzaal. Aquélla sería la parte más peliaguda de su fuga. Van der Stok era consciente de que los controles de frontera serían exhaustivos y, como se temía, el tren se detuvo en Oldenzaal, justo antes de la frontera, y los pasajeros recibieron la orden de salir. Todos tuvieron que ponerse en fila frente a una mesa en la que un agente de la Gestapo inspeccionaba la documentación de cada uno. La agradable sensación de libertad y anonimato que el fugitivo había experimentado en Dresde empezaba a desvanecerse rápidamente. La cola avanzaba paso a paso y Van der Stok se sentía cada vez más inseguro. Era inconcebible que a aquellas alturas todavía no se hubiera descubierto el túnel, y él era consciente de que su fotografía habría estado circulando por todas las oficinas de la Gestapo del país. La espera se estaba convirtiendo en un tormento y, consciente de que se le aceleraba el pulso, Van der Stok sólo esperaba que su desasosiego no le hiciera empezar a sudar a chorros.
Finalmente, le llegó el turno de enfrentarse al inspector. «Papiere», pidió el hombre de la Gestapo. Van der Stok le mostró los billetes de tren y los documentos falsos. El agente jugueteó con el Ausweis con los dedos. «Wohin?» («¿a dónde?»), le preguntó. «Alkmaar», contestó Van der Stok. Sin vacilar ni por un momento, el alemán estampó sus iniciales en el documento y se lo devolvió al fugitivo de la RAF, que volvió a su vagón y se dejó caer sobre el asiento hecho un manojo de nervios, como recordaría posteriormente en su libro de memorias de 1987 War Pilot Orange.
No obstante, el peligro no había pasado, y él lo sabía. A los alemanes no se les escaparía que, a primera hora de la mañana del día siguiente a la evasión, un holandés había comprado un billete de Breslau a Alkmaar. Era bastante posible que la Gestapo le esperara en la estación cuando se apeara, así que, cuando el tren llegó a Utrecht, la estación anterior a Alkmaar, Van der Stok decidió bajarse.
Aunque el oficial de la RAF había pasado parte de su vida estudiantil en Utrecht, no se sentía a gusto allí porque la ocupación nazi había dejado irreconocible la ciudad. Van der Stok se dirigió al domicilio de uno de sus antiguos profesores, una de las pocas personas en quien sabía que podía confiar. El profesor se mostró encantado de verle e invitó a su casa a otro profesor que conocía a Van der Stok. Los tres hombres se pasaron horas rememorando los viejos tiempos. Los profesores describieron el avance de la ocupación alemana a su antiguo alumno, y éste les habló de sus tiempos como piloto de la RAF en Inglaterra y de cómo terminó encerrado en el Stalag Luft III. Finalmente, consiguieron encontrar un piso franco para él en Amersfoort.
(…)
Mientras tanto, el último de los hombres de la Gran Evasión seguía a la fuga. Bob van der Stok llevaba casi un mes en Amersfoort. Allí había descubierto que el movimiento de resistencia era incapaz de ayudarle (…). Finalmente, el fugitivo decidió apañárselas solo e intentar repetir la ruta que había seguido para huir a Gran Bretaña en 1940. La Resistencia (…) le ayudó a atravesar de forma clandestina el río Mosa para entrar en Bélgica. Allí, Van der Stok se encontró solo y sin dinero. Desesperado, entró en un Banco y afirmó que había perdido la cartera. Estaba seguro de que, si le permitían llamar a su tío de Amberes, éste le mandaría algo de dinero. La jugada le salió bien. Su tia le mandó un giro y le dio la dirección de un amigo rico que le podía alojar. Van der Stok pasó las siguientes semanas rodeado relativamente de lujos en el barrio de Uccle, a las afueras de Bruselas. El amigo de su tía era director de una compañía de seguros y vivía en una casa que tenía incluso pista de tenis, que Van der Stok fue invitado a utilizar siempre que quisiera. Por desgracia, la Resistencia de Bruselas también se mostró reticente a prestarle ayuda. (…). Van der Stok volvía a estar solo.
Por muy contento que estuviera de haber encontrado un lujoso remanso de paz después de tantos años de privaciones, Van der Stok se sentía impaciente por volver a Gran Bretaña y reanudar la lucha contra la Alemania nazi. Su anfitrión le organizó un viaje a París con todos los permisos necesarios. Desde allí, Van der Stok se dirigió a Toulouse, al sur, y seguidamente a la pequeña localidad de St. Gaudens [en el Alto Garona, cerca de la frontera con España, en concreto, con el Valle de Arán], donde podía localizar un contacto cuyo nombre le había dado el movimiento clandestino belga. Van der Stok tenía que dirigirse a una cafetería, pero se había olvidado del nombre del establecimiento. El contacto le había dicho que, al ser holandés, no podría de ningún modo olvidar aquel nombre. Sin embargo, el oficial de la RAF acabó pasándose horas dando vueltas por St. Gaudens mientras buscaba una cafetería cuyo nombre le sonara de algo. Al fin, acabó dando con ella: «Café L'Orangerie». ¿Cómo pudo haberlo olvidado? Tras presentarse a la dueña de la cafetería, Van der Stok tuvo ocasión de cambiarse de ropa. Después, le condujeron a una casa de campo situada a varios kilómetros de distancia. El holandés se encontraba ahora en manos de los maquis, la Resistencia francesa. Su nuevo hogar era el refugio de varios fugitivos, entre ellos un estadounidense, un canadiense y 13 judíos alemanes.
Al día siguiente, Van der Stok escuchó con el resto del grupo las instrucciones de los maquis sobre cómo iban a escapar. Caminarían de noche hacia los Pirineos, atravesando un desfiladero de las montañas en fila de a uno. Si alguien echaba a correr o se separaba de la fila recibiría un tiro en el acto. La fuga estaría financiada por el dinero que pondrían entre todos. Los fugitivos se vaciaron los bolsillos y entregaron todo el dinero que llevaban. Aquella misma noche se pusieron en marcha. El camino era extremadamente tortuoso y hacía un frío glacial. Cuanto más ascendía el grupo de hombres y mujeres, más helado era el viento. Finalmente llegaron a una casa de campo en las estribaciones de las montañas donde podrían descansar aquella noche. Estaban exhaustos y hambrientos. El día siguiente, se produjo un grave contratiempo. Van der Stok se ofreció a acompañar a uno de los maquis y al estadounidense a la cafetería de un pueblo para avituallarse. Al llegar allí se encontraron con que los alemanes habían descubierto el establecimiento clandestino. Soldados armados se bajaron de varios automóviles para asaltar la cafetería, con las ametralladoras escupiendo fuego. Los tres hombres lograron escapar ilesos pero se ordenó al grupo que se trasladara rápidamente a un castillo en ruinas, donde estarían más a salvo. A la mañana siguiente, el contingente fue guiado a través del desfiladero. La marcha resultó ser extenuante una vez más. Después de cruzarlo, el maquis señaló a lo lejos, hacia un verde collado.
«Al otro lado del collado está España -dijo el guía-. A partir de aquí tendrán que seguir por su cuenta.» Acto seguido, el maquis se marchó. El grupo decidió separarse: los judíos alemanes se quedarían juntos y los militares seguirían una ruta distinta. Horas más tarde, Van der Stok estaba en España y viajando a la Embajada Británica de Madrid. Volvió a Inglaterra a través de Gibraltar y en dos meses ya estaba liderando el Escuadrón 322 (Holandés) de aviones Spitfire en misiones sobre Holanda.

Como vemos, de los setenta y seis evadidos, sólo tres consiguieron regresar a Inglaterra.

Curiosamente, aunque todos de la R.A.F., ninguno de los que alcanzaron la libertad eran británicos, ni siquiera de la Commonwealth, sino aliados del continente: dos noruegos y un holandés.

Créditos:
Extractos de La gran evasión, de Tim Carroll, según traducción de Daniel Cortés Corona y Soledad Alférez Ródenas, tomados de la edición en rústica realizada en abril de 2007 por Inédita Editores (pp. 282, 283-285 y 285-296), de la biblioteca del autor.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Ein Buch, zwei Bücher, drei Bücher…

En línea con aquello de «donde fueres, haz lo que vieres», en cuestión de libros siempre trato de picar un poco de los que me puedan ilustrar sobre la ciudad que visito.




En el caso de Fráncfort del Meno, este pasado mes de enero, éstos son algunos de los libros con los que “piqué”.






Aunque para conseguir el provecho completo tarde sólo un poco más que en… entender el alemán.






Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión.