domingo, 29 de marzo de 2009

La espantable y jamás imaginada aventura

“– La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertaríamos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta y pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
(…)
– Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.


Y mientras don Quijote hablaba de esta guisa, así había sido replicado:

– Mire vuestra merced –respondió Sancho– que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas por el viento, hacen andar la piedra del molino.

El actual trazado preferente entre Madrid y Valencia (o al revés) atraviesa las tierras de La Mancha (al igual que hace muchos años, antes de que alguien intentara tomar ejemplo de Euclides, y establecer la ruta por Cuenca –incluso transitando por ella el histórico Talgo). Esto permite rememorar, como hemos hecho, parte de lo narrado por Cervantes en el octavo capítulo de su famosa obra.

Pero al mirar el paisaje, más que rememorar, lo que el viajero hace es recordar otros textos, por ejemplo, éste (muy reciente) de Gabriel Calzada, del que cabe extractar los siguientes párrafos:

De acuerdo con las estimaciones europeas acerca de los empleos necesarios para mantener los megavatios renovables de potencia instalados en España (tanto directos como indirectos), cada empleo verde que el gobierno ha ayudado a crear ha requerido más de medio millón de euros en subvenciones. ¡Así cualquiera crea un empleo!
Desde ahora mismo me postulo para crear puestos verdes, azules o amarillos si el Gobierno me da un millón de euros por cada pareja de empleos que cree. Realmente no importará para qué les contrate, porque con ese dinero podría pagarles un sueldo superior al salario mínimo durante más años que la vida laboral de esos empleados. Así que a lo mejor se nos ocurre que una buena forma emplear su fuerza laboral es que produzcan energía tirando de un molino.


La cuestión es que uno se queda dudando sobre el verdadero sentido de las palabras de don Quijote: «con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer» y «me lo habéis de pagar».

Y es que uno llega a la conclusión de que los molinos tienen piedras, o sea, ruedas, precisamente para hacernos comulgar con ellas.

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