miércoles, 12 de diciembre de 2012

De imágenes milagrosamente conservadas

Cierto día del siglo XVI, poco después de la conquista de Méjico por Hernán Cortés, un indígena, ya bautizado con el nombre de Juan Diego, se encontró en un camino a una Señora.

No tendría nada de particular el encuentro, si no fuera por que la Señora se le presentó como la Virgen María, Madre de Dios, y le pidió que le dijera al obispo de Méjico que en ese lugar se construyera una iglesia en su memoria.

Juan Diego, supongo que bastante impresionado, así lo hizo, pero el obispo, claro está, no le dio ningún crédito a lo que oía. Así, durante varios días, Juan Diego en el camino, la Señora que le hace un encargo, y el obispo que no atiende al mismo.

Finalmente, un día 12 de diciembre, la Virgen María le dice a Juan Diego que se llegue a la cercana colina, y que recoja en su manta unas flores que allí crecen, y que las lleve al obispo.

Así lo hace Juan Diego, y cuando ante el obispo, extiende la manta, caen las flores, que, aunque totalmente fuera de temporada, son unas rosas, dejando visible en la manta la imagen de la Señora.

Hasta aquí, lo que recuerdo de lo leído hace muchos, muchos años, sobre la advocación de la Virgen de Guadalupe, cuya festividad se celebra hoy, por lo que aprovechamos para celebrar a todas las Guadalupes que lean estas líneas, así como a sus familiares.

Lo que ya no sé es si se trata de un milagro mayor que exista, en el Barrio del Carmen de Valencia, en una puerta de la calle, de un edificio  casi derruido, una imagen de la Virgen de Guadalupe que, además, esté siendo respetada por los grafiteros de la zona.

En cualquier caso, muchas gracias a quien tuviera a bien realizar dicha imagen.

Créditos:
Fotografía de la imagen de la Virgen de Guadalupe, en una puerta de un edificio de la Plaza de los Navarros, en Valencia, en agosto de 2012, del autor.

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