domingo, 11 de noviembre de 2012

Veo, veo... Yo, también

- Bécquer, ya la tenemos localizada – dijo el detective Expuesto mientras se dirigía hacia el ordenador. La inspectora Catalina Bécquer levantó la cabeza del informe que estaba leyendo, y se acercó a la pantalla de última teconología orgullo material del Departamento y gentileza del alcalde por haber resuelto un extraño caso hacía dos meses, y que, como el regalo lo hacía aún más extraño, habría que revisar un día de éstos.
- De acuerdo con los datos del GPS incorporado en el móvil y cruzándolos con los planos que figuran en el Departamento de Urbanismo, nuestra sospechosa, la señorita Marion Leigh está ahora mismo en su apartamento,... en… ¡el cuarto de baño! – dijo triunfal el detective mientras ofrecía con un gesto de la mano la imagen de la pantalla.
- ¡Uuuuhhh! –exclamó Ricardo Cassen– En plena ducha, enjabonándose suave, delicada, placenteramente. Esta sí es una escena ‘heat’, ¿verdad, chicos? –dijo con un guiño a los detectives. ¡No, mejor aún! –continuó sin esperar respuestas cómplices ¡Ñííííí, ñííííí, ñííííí! – forzó el nivel de agudos mientras movía su brazo hacia arriba y hacia abajo, con el puño cerrado.
Bécquer miró de soslayo a Cassen, dirigió la mirada hacia arriba, resignada, mientras balanceaba a un lado y otro la cabeza, como queriendo negar la situación.
- No lo descartes aún, pero… –dijo el detective Expuesto mientras abría una nueva ventana en la pantalla– según los datos en tiempo real de la Compañía de Aguas, el contador del agua de su apartamento muestra un consumo que se corresponde con el de una ducha.
- ¿Lo veis? – dijo entusiasmado Cassen ¡Ñííííí, ñííííí, ñííííí!
- ¿Hablando por el móvil mientras se ducha? El punto es de color rojo, luego está en comunicación –dijo escéptica la inspectora Bécquer.
- Bueno, hay mujeres que no dejan de hablar ni bajo el agua… –apuntó Cassen, recibiendo, ahora sí, gestos de asentimiento de los dos detectives.
- Ya hablaremos de eso –dijo sin mirarlos la inspectora, pero no, más bien parece…
- ¡Es verdad! ¡El hombre con un zapato rojo! –casi gritó Cassen, logrando que sus tres compañeros giraban bruscamente la cabeza hacia él.
- ¡¿Qué?! –dijeron a una.
- ¡Sí! Veréis, en El hombre con un zapato rojo, película con un jovencísimo Tom Hanks (imaginaos, es de 1985), unos jefes de la CIA, para evitar que se les pueda escuchar con los micrófonos que saben que están instalados en casa de uno de ellos, mantienen una conversación en el jardín, bajo la ‘lluvia’ de agua de los aspersores que están regando el césped.
- Vaya, qué ingenioso –dijo la inspectora mientras fijaba la vista en el punto rojo de la pantalla.
- Sí, bueno. La película es en realidad un remake de una francesa, pero no queda bien decirlo aquí en Estados Unidos, ¿no crees?
- Expuesto, ¿qué precisión tiene esto que vemos? –dijo Bécquer, prescindiendo de la explicación de Cassen.
- Unos diez centímetros, ¿por qué?
- Pues porque lleva mucho rato ‘duchándose’, o hablando, sin moverse en absoluto,… y esto sí que no es normal. –Y añadió mientras señalaba la pantalla donde parpadeaba un punto rojo en medio del plano de un apartamento– Y además, no está en la ducha;… precisamente,… si sigue viva, claro. ¡Vamos! –espoleó a sus compañeros que aún seguían fijándose en el plano del apartamento y reconociendo los dibujos de lo que, según el plano, había en el cuarto de baño, mientras ella, ágilmente, recogía el bolso y la chaqueta
-¡Ah! Y la película francesa era El gran rubio con un zapato negro, de hace cuarenta años. No eres el único que ve cine, Cassen. –finalizó la inspectora Bécquer mientras corrían todos hacia el ascensor.
- Sí, bueno, pero… ¿cine francés? – balbuceaba Cassen mientras se quedaba rezagado por la impresión.

Últimamente, en las series de televisión y películas de cine, nos muestran cómo quienes pueden, alcanzan a saber mucho (o casi todo) de la gente: el coche y el móvil con el GPS, las cuentas del banco, el uso de las tarjetas de crédito,… Hasta dónde sea realidad lo que cuentan en la ficción no es objeto de esta anotación, sino otro, en parte, distinto.

Esa invasión de la intimidad, diríamos, es algo que la gente, oficialmente, no acepta, y de ahí las reclamaciones para que en aplicaciones de internet no se muestre dicha intimidad, como, por ejemplo, con las peticiones de ocultar las caraas de las personas y las matrículas de los coches, incluso cuando están en la vía pública, en el caso del Google Street View.

En cambio, cada vez se ven más casos de particulares que en sus edificios instalan, por motivos de seguridad, no diré yo que no, cámaras de videovigilancia. Es más, incluso hay empresas que las instalan, por los mismos motivos, en el interior de las viviendas, pudiendo tener acceso el propietario a dichas imágenes a través de su móvil, por ejemplo.

Incluso con las cámaras de televisión de la Administración ha habido sus más y sus menos, no ya las de vigilancia de los edificios, o las de control de tráfico. Y es que las hay que no se paran sólo en ponerte una multa, sino que encima, te buscan complicaciones en casa.

¡Ah! Sobre lo de las cámaras en casa, tenemos lo que me preguntó mi hijo tras oír un anuncio de este tipo por la radio: “¿Cómo sé yo que esas imágenes no las consigue y utiliza alguien para entrar a robar?”

Pero es la pregunta de un niño, ¿no?

Créditos:
Escena basada en el ambiente, trama y personajes de la serie de televisón Castle.
Fotografías de carteles de aviso de videovigilancia, de abril de 2011, del autor.

5 comentarios:

  1. Siempre hay que estar atento a las preguntas de los niños... ;)

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  2. Coincido con Dama. La sabiduría popular lo asegura, también: "los niños y los locos..."

    Saludos.

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  3. Hace años hubo sus más y sus menos con la ubicación de cámaras de seguridad en el complejo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias pues había avarias que podían captar imágenes de la zona de oficinas del Museo lo que contravenía lo dispuesto en el Estatuto de los Trabajadores, según el comité de empresa.
    Lo que está claro es que estamos en una libertad vigilada.

    Un saludo

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  4. Dama de las Camelias:
    Sí, pues si no, te puedes encontrar en un aprieto.

    María Gaetana:
    ¿Me estás llamando loco?, porque niño tengo claro que no.

    Alawen la Arquera:
    No diré que no, pero ¿qué son los leggins?

    caraguevo:
    Pues sí, aunque con un poco de suerte, la cámara estará estropeada y por falta de presupuesto se tardará años en repararla.

    Un saludo a todos.

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