lunes, 30 de abril de 2012

La calidad no es caprichosa

… … …

«No quería que [Goya] fuera el personaje principal.»

Se fijó en la Condesa-Duquesa de Benavente (Duquesa consorte de Osuna) «por el ensayo de la Condesa de Yebes» (La Condesa-Duquesa de Benavente. Una vida en unas cartas, de Carmen Muñoz Roca-Tallada, editado por Espasa-Calpe en 1955, y actualmente descatalogado).

Con la historia actual «hay muchos paralelismos», también en la novela «los caprichos se van diluyendo conforme avanza la trama». Y es que «tenemos que reflexionar sobre nuestra historia, para no caer en lo mismo».

Una cosa propia del momento fueron los afrancesados, y cómo, como ahora en otras simpatías, dejaron rápidamente de serlo e incluso, pasaron a no haberlo sido nunca. Sin embargo, hay documentos. José I anuló todas las Reales Órdenes (salvo la del Toisón de Oro), y constituyó una sóla: la Real Orden de España, conocida como la Orden Real de la Berenjena por el color de la banda. Pues bien, esta Orden se concedía, lógicamente, a los afrancesados que sirvieron a José I, y sobre este tema trabajó hace tiempo en un ensayo en el que se recoge la relación de ‘ganadores’.

Aspecto importante en la vida de los Duques de Osuna fue su matrimonio, la unión que había en él: “Gracias a Dios todavía hay matrimonios muy sólidos” (la negrita es mía). Circunstancia que recuerda la protagonista cuando, ya viuda, está preparando la boda de su hija Manolita, la pequeña.

Y como mecenas, la actitud de la Condesa-Duquesa era la mejor: «pinta lo que quieras».

Sobre este aspecto, en un videochat que tuvo lugar el pasado miércoles, comentó:
“P- Buenas tardes, enhorabuena de antemano por el éxito. ¿En qué te basaste para escribir esta historia y cuéntanos acerca de los personajes, ¿con qué personaje te identificas en el libro? (Mónica).
R- Con la Condesa Duquesa de Benavente o Duquesa de Osuna porque siempre tuvo sed de sabiduría y quiso ayudar como mecenas a todos los artistas que conoció.

Alguien del público le alabó que, mientras leía la novela, conseguía «vivir dentro del ambiente». Reconoció que precisamente eso «es lo que quiere conseguir», y que «es un piropo decírselo».

Esta cualidad suya como escritora también surgió en el videochat:
«P- Muchas veces me pregunto, que es lo que hacéis los escritores, compositores, cineastas etc.. como podeis y que sentidos usais para poder ser tan creativos? (Isaac).
R- Intento sumergirme de lleno en la época, el momento y la persona que estoy describiendo. Palpar, ver,oler y saborear lo mismo que el protagonista. Siempre procurando no cometer anacronismos. En definitiva el secreto está en vestirse con su piel.»

Esta búsqueda del detalle apropiado también la tiene en el vocabulario, muy cuidado en la elección de las palabras: «las busco a propósito».

El pasado martes 24, tuvo lugar la sesión del Club de Lectura de Ámbito Cultural de El Corte Inglés dedicado a Almudena de Arteaga y su novela Capricho. Yo, confiando en una hora, me presenté, lógicamente, tarde, y con el libro sin leer (y, sólo con un día, casi sin tocar). Sin embargo, hubo quien sí se lo había leído, y sí llegó con tiempo suficiente, y a él me remito (pues, además, también ha llegado antes a publicarlo).

Para ‘compensar’ mi tardanza, Almudena de Arteaga tuvo que salir disparada para no perder el AVE a Madrid… por lo que yo me perdí su firma.

Sin embargo, visto lo visto y oído lo oído, lo que no pienso perderme es su lectura.

Créditos:
Fotografía de Almudena de Arteaga durante la sesión del Club de Lectura (con la 'A' de Almudena y Arteaga), del autor.

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