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sábado, 30 de marzo de 2013

Adelanto de hora y atraso de anotaciones

En un par de horas (y un minuto) tendremos el cambio de horario de primavera.

Buen momento para actualizar unas anotaciones que se quedaron en el tintero en su momento por mor de la bendita actualidad.

A ver si así conseguimos que estos relojes se alegren un poco.


Las anotaciones son las siguientes:

Créditos:
Detalle de la captura de pantalla de una página de La tienda de Libertad Digital, en septiembre de 2012.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Una breve exposición

Anoche terminé de leer Stoner, de John Williams, lo que me da pie para comentar dos cosas.

La primera, que Guido tenía razón, al recomendar la novela.

La segunda, que Guido tenía razón, cuando dijo que son los libros “quienes nos eligen a nosotros, y no al revés, como nos gusta pensar henchidos de soberbia”.

Si bien la primera es más inmediata, esta segunda requiere algo de explicación.

En mi librería de cabecera, tienen dos formas de dar a conocer, en la medida de lo posible, las novedades editoriales: la habitual y segura, es decir, en las pertinentes mesas de novedades junto a la entrada; y otra menos expuesta, que, paradójicamente, es en los escaparates, ya que éstos se abren sobre una calle lateral de poco tránsito.

En condiciones normales, antes de entrar, hago el recorrido de los escaparates, curioseando sobre lo expuesto, y si se tercia, saludando a los de dentro. Así es como pude ver, no ya el ejemplar que compré de Stoner, sino los dos únicos ejemplares que tenían, uno al lado del otro.

Al cabo de unos días, pregunté por el otro ejemplar, pues ya no lo veía, y me comentaron que se había vendido poco después de mi compra, que aquéllos los habían conseguido porque empezaron a preguntar por él, y habían tenido que volver a hacer un nuevo pedido porque seguían preguntando, llamándoles además la atención el que se tratara de una editorial poco conocida (Ediciones Baile del Sol, de Tegeste, en Tenerife).

Lo de la elección por los libros viene del hecho de que no estaban en los expositores que dan exclusivamente a la calle, sino en los estantes de los laterales, con lo que, aun sin pasarme antes por los escaparates, los hubiera visto igual desde dentro de la librería.

Que, en definitiva, era lo que querían los libros.

Y hasta aquí la anécdota… o la categoría.

lunes, 22 de agosto de 2011

Visto al pasar: ¿Aún los hay con tornillos?

Ayer, durante un paseo que di a mediodía por el Barrio de El Carmen de Valencia, me encontré con esta curiosidad: junto a un contendor de la basura, alguien, resultándole ya innecesaria, había dejado, debidamente desmontada, una mesa de comedor.

Se había preocupado de colocarla muy bien dispuesta, y, además, con una nota pegada, en la que, no en la foto, pero sí en directo, se podía leer:
“Mesa comedor. Completa (con tornillos)”

Me quedé con la duda de la naturaleza de la mesa, ya que descarté que se tratara de una auténticamente española, pues en tal caso, ¡ya habría perdido más de un tornillo!

Créditos:
Fotografía de la mesa, de ayer día 21 de agosto de 2011, del autor.

viernes, 24 de junio de 2011

Otros platos… más famosos

“El 24 de junio de 1947, a las dos de la tarde, Kenneth Arnold despegó con su avioneta privada desde el aeropuerto de Chehalis (Washington), y se dirigió al de Yakima, también en Washington. El viaje de Arnold se había retrasado una hora a causa de la búsqueda de un gran avión de transporte de la Marina que se suponía había caído en el lado sudoeste de Mount Rainer o por los alrededores. Nada más despegar, Arnold puso rumbo directo hacia Mount Rainer, alcanzando una altitud aproximada de 9.500 pies que es la altura de la altiplanie desde la que se eleva la montaña. Hizo un vuelo de rastreo por el lado oeste de la elevada altiplanie, buscando la nave en las crestas, y llegó hasta la cima lateral del cañón, en la que se encuentra Ashford. Como no puedo ver nada que se pareciera al avión perdido, Arnold descendió hasta la ciudad de Mineral, partió de nuevo hacia Mount Rainer y ascendió a 9.200 pies.
Posteriormente informó de que el aire estaba tan tranquilo que el vuelo le había resultado un placer y que, como hacen casi todos los pilotos cuando se encuentran a gran altura y se dan esas condiciones atmosféricas, una vez orientado el aparato permaneció en reposo observando el cielo y la tierra. El cielo era tan diáfano como el cristal.
En su informe, Arnold dijo que había un avión DC-4 a su izquierda, a unos 14.000 pies de altura. Apenas llevaba dos o tres minutos con ese rumbo cuando en su avión se reflejó un brillante fulgor. No pudo averiguar de dónde procedía el reflejo, pero en la parte septentrional izquierda de Mount Rainer observó una formación de nueve objetos de aspecto peculiar que volaban en dirección norte-sur a una altitud de 9.500 pies. Se aproximaban rápidamente a Mount Rainer, por lo que supuso que se trataba de aparatos a chorro. Cada pocos segundos, dos o tres de los objetos descendían o cambiaban ligeramente de rumbo, de manera que el sol se reflejaba, brillante, en ellos. Como los objetos estaban muy alejados, no pudo averiguar la formación que llevaban ni qué forma tenían. Cuando se acercaron a Mount Rainer pudo ver sus perfiles con claridad. Afirmó que se extrañó mucho de no poder ver en ellos las colas, pero que a pesar de ello imaginó que se trataba de algún tipo de avión con propulsión a chorro. (…)
En una entrevista posterior, Arnold describió los objetos con la apariencia de platillos saltando sobre el agua. Los periódicos resumieron la descripción con la expresión «platillos volantes», y de ahí viene la utilización popular del término.
La Fuerza Aérea concluyó que la observación se debió a un espejismo. La afirmación de Arnold relativa a lo límpido y claro del aire sirvió de indicación de la estabilidad de las condiciones; estabilidad que se asocia con las inversiones e incremento del índice de refracción de la atmósfera.
”

Espejismo o no, el caso es que la Fuerza Aérea de Estados Unidos se tomó interés en éste y otros casos similares, y de hecho, el incidente referido por Kenneth Arnold está registrado como el decimoséptimo en la relación recogida en el original Proyecto Sign, más conocido, tras su cambio de nombre, como Proyecto Libro Azul.

Este Proyecto, u Oficina de investigación, dio carpetazo a miles de avistamientos de «platillos volantes» con explicaciones de lo más dispar, aunque en algunos casos, eran más bien dispar-atadas. Sin embargo, de hecho, algún centenar que otro quedó en los archivos como pendiente de explicación.

Al cabo de un tiempo, parte de la documentación se hizo pública en Estados Unidos, quedando aclarada la situación en el sentido de que había situaciones pendiente de aclarar.

Tal vez el primer libro que leyera sobre «platillos volantes» fuera Platillos volantes… aquí y ahora, de Frank Edwards, integrante de la biblioteca paterna, en la edición de Plaza y Janés en su famosa colección Otros mundos. Escrito en 1967, y editado en España en noviembre de 1970, el libro se hace eco de las numerosas situaciones que se vivieron en los años 1965-67 en Estados Unidos. Ésta y otras lecturas incrementaron mi interés por el tema, llegando a dedicar parte de lo que podia ahorrar a la compra de libros sobre el tema.

Así, compré el libro Proyecto Libro Azul el día de los inocentes de 1978, aunque medio año antes, hace ahora 33 y diez días, ya había podido comprar el titulado OVNIS: Documentos oficiales del gobierno español, de J.J. Benítez, famoso entonces por publicar artículos sobre el tema en la prensa bilbaína. Este libro, sin embargo, no he podido localizarlo aún en mi, cada vez menos, eso sí, caótica biblioteca.

Aun así, puedo decir que hay un caso que no figura en el libro de Benítez, cosa que sé por el sencillo recurso de comparar fechas: el avistamiento de tres objetos desde un avión comercial en la noche del 11 de noviembre de 1979, que obligó al aterrizaje de emergencia del avión en Manises, es decir, el aeropuerto de Valencia.

Pero mejor que yo, la narración de lo sucedido entonces la hizo el Excelentísimo Señor don Enrique Múgica Herzog. No, no es que fuera de pasajero en el avión “Super-Caravelle” y lo explicara a la prensa. Él era Diputado al Congreso, y el 26 de septiembre de 1980 presentó una pregunta por escrito al Gobierno para que explicara lo sucedido.

Todo esto me ha venido a la memoria tras leer hace cosa de un mes, la noticia de que ¡ahora! se iba a crear en Argentina una Comisión sobre los OVNIS.

Lo que ya no sé es cuál fue la contestación oral en la Comisión de Transportes y Comunicaciones. Ni la recuerdo, ni he conseguido encontrarla en la página del Congreso de Diputados. Poco después de hacer la pregunta, pasó lo que pasó, sobre lo cual, también se habló del mismo Excelentísimo Señor, pero creo que son sucesos que no están relacionados.

Créditos.
Fotografía tomada sobre no sé dónde, durante el vuelo de Valencia a Sevilla, el 21 de enero de 2011, del autor.
Portada e inicio del capítulo 1 Kenneth Arnold y la observación que inició todo, de Proyecto Libro Azul, de Brad Steiger, según traducción de Rafael Lassaletta, editado en 1977 por EDAF.
Portada de Platillos volantes… aquí y ahora, de Frank Edwards, editado por Plaza&Janés en la colección Otros mundos, en noviembre de 1970.
Imagen de la fotografía de un OVNI y pie de la misma, tomada del libro de Frank Edwards.

lunes, 7 de febrero de 2011

Por fin

Se supone que hoy amanecía en Valencia a las ocho y tres minutos. Esta fotografía está tomada a siete minutos más tarde.

El sol luce perfectamente alineado con el eje de las calles amadeo de Saboya- Ernesto Ferrer-Santos Justo y Pastor. Lo que se adivina a la izquierda es el antiguo edificio de la Fábrica de Tabacos, y a la derecha, la antigua Fábrica de la Lanera.

Estoy contento no porque haya podido tomar esta foto (sin que me atropellaran, claro), sino porque… ¡por fin es lunes!

sábado, 5 de febrero de 2011

Tanto esperar…

En una de las cajas famosas de ésas de por Navidad, me encontré con una caja de “Sal rosa del Himalaya”.

Se puede leer que la tal sal, es “nacida hace 200 millones de años”, y en uno de los laterales de la caja se nos cuenta su historia:
“La sal rosa del Himalaya es sal marina sin refinar (no manipulada químicamente) de extraordinaria pureza que sedimentó a los pies de esta cordillera hace 200 millones de años.
Compuesta por gran cantidad de oligoelementos distintos, entre los que destacan el magnesio, el calcio, el potasio y el hierro, le aporta a esta riqueza mineral su atractivo color rosáceo, así como múltiples y sutiles matices organolépticos, de gran elegancia.
La sal rosa del Himalaya ha estado sometida a lo largo del tiempo a enormes presiones: el peso de la cordillera más grande del mundo ha hecho de ella una sal cristalizada de textura crujiente.
”

Aparte de preguntarme qué demonios gastronómicos se nos han perdido a los pies del Himalaya para tocarle las narices a esta sal que tan tranquila estaría allí, esperando, como mucho, que fuera un equipo de geólogos quien trabajara con ella; aparte de preguntarme eso, básicamente, me pregunto otra cosa:

¿Cómo puede ser que una sal que ha soportado lo indecible durante 200 millones de alos, llegue el año 2030… ¡y caduque!?

Créditos:
Portada de la caja de la sal rosa del Himalaya.

sábado, 1 de enero de 2011

Todo unos… unos…

Repuestos del trajín de las doce campanadas, que este año han debido celebrarse por mediación del reloj de sol de la Antigua Lonja de Pescadores de Valencia, cuyas falsas campanas han tenido que ser vendida a un chatarrero ingenuo para financiar el arreglo del mecanismo del reloj de Estepaís, y reloj que encima se nos para de noche (vaya un despropósito de horas extraordinarias del relojero); repuestos de todo esto, repetimos…

Feliz Año Nuevo Dos Mil… Dos Mil… Dos Mil algo, no sé, ya veremos.

Nota: A lo que se ve, el clásico tenía más audiencia.

Créditos:
Fotografía del reloj de sol en la fachada de la antigua Lonja de Pescadores, en El Cabañal, en Valencia, en agosto de 2009, del autor.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Campanadas 2010. 01: Felicitación… a lo clásico

Que Dios nos conceda todo lo que honestamente se puede desear: unidad, convivencia y paz.

Vamos,… como ya dijo el clásico.


Campanadas 2010. 02: Ciberamistad

En mis años mozos, formando parte de un grupo parroquial de jóvenes, las reuniones las terminábamos en un pub cercano a la parroquia, que cerrábamos a no sé qué hora exactamente, pero el caso es que solía regresar a casa, de pie, cerca de las seis,… para levantarme a las ocho.

Esos tiempos pasaron, aunque debo decir en honor al camarero, que cuando volví, por nostalgia, y a horas más decentes, hace unos años, me reconoció como uno de aquellos jóvenes.

Las costumbres han mudado, y de acuerdo con las nuevas tecnologías, esas reuniones que entonces tenía, las he trocado por visitas nocturnas (y premeditadas) por las casas de varios que considero amigos (incluso, alguno, hermano), y que siguiendo aquellos modos, acabo viendo horas en el reloj que ya podrían calificarse como indecentes (aunque, naturalmente, sin llegar a aquellos niveles de hace un cuarto de siglo).

Así pues, a todos aquellos que nos visitamos mutuamente y de continuo, Caragüevo, S.Cid, Bate, Guido Finzi, Zuppi, Gavión y Elentir; a aquellos que nos visitan y en ocasiones hasta comentan, Vinagre63, Pantera Rosa, y a aquellos que en su natural timidez o incompatiblidad tecnológica con el medio, visitan de continuo pero no comentan (vale, a veces, lo hacen de viva voz), a todos vosotros y a los que se me haya olvidado

Feliz Año Nuevo Dos Mil… Dos Mil… Dos Mil algo, no sé, ya veremos.

Campanadas para 2011. 09: Cuestión de nombres

“A las diez y cuarenta y dos minutos de la noche, la Dirección General de Coordinación Informativa del Ministerior de Información y Turismo facilitó la lista oficial de senadores de libre designación por su Majestad el Rey Don Juna Carlos I.”

Así comenzaba la noticia correspondiente ABC en su edición del 16 de junio de 1977, tras las primeras elecciones democráticas de la Transición.

Uno de los ‘agraciados’ fue Camilo José Cela y Trulock, de quien el 10 de julio siguiente publicaba el mismo periódico una entrevista realizada por Isabel Montejano.

“- ¿Pensó alguna vez que iba a ser senador?
- No, qué va. La verdad: no se me había pasado por la cabeza. Ni lo intenté jamás. La noticia la recibí con estupefacción y con gratitud. Como ustedes saben, me llamó el Rey personalmente, como a todos, y me dijo más o menos si yo quería aceptar un puesto, por designación suya, de senador. Naturalmente le dije que sí, y que muy honrado. Yo estaba haciendo el yoga ibérico, que es la siesta. Me desperté, me hicieron senador, y me di la vuelta para seguir durmiendo.
”

Es decir, el séptimo (de la lista de senadores) descansó.

Esta respuesta es más literaria y sólo parcialmente Cela que aquella que recuerdo y no he localizado (creo que fue en la radio), y que aproximadamente decía:

“- ¿Por qué cree que el Rey le ha nombrado senador?
- ¡Odo, yo qué sé!
”

Como sí se sabe, yo soy de Requena, tierra donde la interjección habitual era precisamente ‘odo’, y de ahí a malescribir ‘Pues odo…’ como ‘posodo’, no había más que un paso.

Sin embargo, como dice Patricia, la sobrina irlandesa del Duque, en Magia, de G.K. Chesterton:

“Cuando sabemos el nombre de una persona es que no la conocemos.”

Créditos:
Transcripción parcial de la entrevista de Isabel Montejano a Camilo José Cela, y fotografía de éste, de Naranjo, publicadas en ABC el 10 de julio de 1977.
Transcripción parcial (pág. 40) según la traducción de Vicente Corbí, de Magia, de G.K. Chesterton, en edición de Espuela de Plata.

sábado, 16 de octubre de 2010

365,24219 más









Pues aquí estamos, 365,24219 días, es decir, un año, más, desde el inicio.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Hay virus... y virus

Hace tres meses y una semana, exactamente, y aun cuando sólo llevábamos dos pasajes, desembarcábamos en el aeropuerto de Venecia tres viajeros: mi hermano, éste que lo cuenta y escribe, y, sin separarse de mí lo más mínimo, un tercero.

Había trabado contacto con este personaje la tarde anterior, con motivo de unas jornadas de las que apenas he comentado en un par de anotaciones, más preliminares que propiamente sustantivas. Aunque se trató de un contacto muy somero, plasmado tan sólo en la incomodidad que me generaba su ocasional aunque repetido paso junto a mí, por el molesto roce que me producía el vuelo de los faldones de su chaqueta, fue suficiente para que él se fijara en mí, y se decidiera a entablar conversación.

Este repentino interés hacia mi persona no supuso por mi parte un amistoso acercamiento hacia él; por el contrario, cada vez me encontraba más molesto. Y así es como llegó el momento del viaje.

Salvo despiste, suelo viajar equipado con dos herramientas, una de uso temporal, y resignado, hasta que se acaba mostrando la contundencia de la otra herramienta.

Sin embargo, en esta ocasión, sólo pude pertrecharme de la segunda, por lo que al llegar a Venecia, a la par que paseábamos por sus calles, intentaba localizar dónde poder conseguir la primera.

Finalmente, me indicaron que la obtendría en el equivalente a un estanco. Y así fue.

El resultado final: al día siguiente, ya me encontraba en perfectas condiciones para recorrer y disfrutar de Venecia.

A mediados de diciembre, quien pasó a estar constipado fue mi ordenador. He intentado aplicarle los mismos remedios que a mí me funcionaron, pero los pañuelos de papel más parecen indicados para la impresora (la cual tengo sin tinta), y la aspirina no he conseguido saber por qué puerto debe conectarse. Encima, el teclado tiene una especie de hipo, de modo y manera que las vocales con tilde las convierte en una doble tilde precediendo a la vocal de que se trate.

Remedios menos caseros que los míos, recomendados por familiares y amigos, tampoco han resuelto el problema: o bien no dictaminaban nada útil o bien se acababan contagiando… y ni siquiera llegaban a funcionar.

Finalmente, gracias a un anticipo que amablemente me entregaron los Reyes, y debidamente complementado, he podido corregir y completar esta anotación.

Y aquí estamos de nuevo… aunque me aprovecho de las “nuevas tecnologías”, y publico la anotación con fecha de 31 de diciembre, básicamente por un motivo: me he dado cuenta de que casi había llegado a las 365 anotaciones en este año 2009, así que no voy a dejar pasar la oportunidad de cumplir la media de una anotación por día.

Aunque sea exactamente un mes más tarde.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Y ahora, ¿dónde los pongo? Introducción

Una de las características que se pueden incluir dentro del perfil de usuario de Blogger es la “foto”. En su momento, no incluí ninguna foto o imagen que, más o menos, me pudiera identificar. Por tal motivo, en las consultas o en los diarios en que figuraba como seguidor, se me podía ver tal y como la imagen adjunta, así de guapo.

Hace dos meses me decidí finalmente por una determinada imagen. Tras muchas dudas, elegí una de las muchas imágenes que tenía, o fotos que podía hacer, en relación con libros (este tema era lo único que tenía claro). La imagen elegida es la que acompaña estas líneas, y el motivo de la elección es que reúne tres características importantes:
- se trata de libros
- la mayoría de los libros que se aprecian son literatura, y de aventuras, por ejemplo, La isla del tesoro.
- se trata de ejemplares veteranos, transmitiendo la idea de permanencia

Hace un año comenté en estas páginas que estaba haciendo como que ordenaba la biblioteca de casa. Como soy persona que mantengo mis ideas,… todavía estoy con ello.

La tarea, con el tiempo, ha avanzado algo, pero también ha acumulado trabajo pendiente. Y no sólo está pendiente el trabajo.


Se ha llegado ya a la situación de: “Y ahora, ¿dónde los pongo?”, porque la cosa ya empieza a ser grave. No sólo se apilan los libros pendientes de encontrar su hueco, sino que ni siquiera se atreven a salir de las bolsas (mayoritariamente, claro, de mi librería habitual).

Toda esta historia es, simplemente, para anunciar que, haciendo caso de la sugerencia que me hizo mi hermano, además de las reseñas y/o referencias que se puedan hacer de libros leídos o consultados, publicaremos las últimas adquisiciones para general conocimiento, opción de comentarios, y evitación de compras duplicadas.

No será como antes en los periódicos, que tenían una sección de “Libros recibidos”, lo que servía de publicidad para las editoriales, más que nada porque la mayoría los habré comprado yo, pero también incluiremos los regalos (que seguro que cada vez serán más y más y más, ¿se capta?, je, je).

viernes, 16 de octubre de 2009

365,24219 días























Pues eso.

jueves, 15 de octubre de 2009

Me falta tiempo (o días)

Como ya he comentado, estoy leyendo Los idus de marzo.

Uno de los documentos con que se construye la novela es un diario epistolar que Julio César dirige a Lucio Mamilio Turrino, antiguo compañero del ejército, en el que comenta todo tipo de temas. En una de las anotaciones, entre otras muchas cosas que relaciona como fruto de su gobierno, dice: “He reformado el Calendario, y ahora nuestros días se regulan mediante una provechosa adaptación a los movimientos del sol y de la luna”. Está hablando, claro está, del calendario juliano, que, como todo el mundo aunque exceptuando aquellos que lo ignoran, sabe, supone que el año tiene 365 días, ajustándose el ciclo solar mediante un día cada cuatro años, año que se denomina bisiesto.

Sin embargo, esta anotación tenía pensado haberla publicado el pasado 24 de febrero,… pero no tuve tiempo.

Quise hacerlo poco después, el 23 de abril, pero… tampoco tuve tiempo.

Dejé pasar los días, y decidí publicarla este pasado 4 de octubre; pero… efectivamente: tampoco tuve tiempo.

Hasta hoy.

El 15 de octubre, la Iglesia Católica celebra la festividad de Santa Teresa de Jesús, quien como todo el mundo sabe (excepuando…), falleció el cuatro de octubre de 1582, siendo enterrada al día siguiente, es decir, quince de octubre. En esta ocasión, la mística no tuvo nada que ver.

El 24 de febrero de 1582, el Papa Gregorio XIII, tras varios siglos de estudiarse el problema del calendario (Beda el venerable ya lo observó en 725, y en el siglo XIII ya hubo quienes propusieron cambios) firmó la bula “Inter gravísimas”. Esta bula definía una nueva forma del calendario, como modificación del juliano, tomando, como éste, el nombre de su promulgador, ahora, pues, calendario gregoriano.

El problema residía en que la generación de años bisiestos cada cuatro años normales implica considerar que la duración del año es de 365,25 días, cuando en realidad es algo menos. Este “algo menos” no afectaba a la gente normal en su vida normal (por ejemplo, llegar tarde a las citas), pero acumulándose poco a poco suponía que, aunque la gente siguiera llegando tarde a las citas, el equinoccio de primavera sucediera antes de tiempo, mientras que la Pascua de Resurrección se celebrara más tarde cada vez.

La bula con la que se puso remedio a esto (de momento) establecía, en líneas generales que los años bisiestos se mantenían cada cuatro años normales (los divisibles entre 4, como ya estaba establecido, y así hacerlo más fácil aún), pero el ajuste se realizaba cada siglo: sólo sería bisiesto el último año de cada siglo si era divisible por 400. En realidad, pues, el cambio no tendría que notarse hasta 1700. Sin embargo,…

Sin embargo se tenía el problema del desfase acumulado, y algo había que hacer con él. Solución fácil: de un plumazo, se hacía desaparecer el número de días que sobraban.

La bula se expuso en el equivalente al “tablón de anuncios” de San Pedro el día 1 de marzo, y se remitió copia a toda la Cristiandad (que a efectos prácticos, era quien contaba). El ajuste de días (en total, diez) se establecía para el siguiente mes de octubre, en concreto, el ya conocido, 4 de octubre, de manera que al día siguiente, se tuviera 5+10=15.

Las naciones católicas adoptaron el nuevo calendario casi inmediantamente (España en eso fue puntual), mientras que las ortodoxas y protestantes tardaron en hacerlo (más que nada, para no hacer lo mismo que decía el Papa). En la Europa continental, los protestantes entraron en razón, por influencia de Leibniz, entre otros, y debido a que el lío de fechas ya empezaba a tener consecuencias en el comercio, precisamente en 1700. Inglaterra tardó casi dos siglos en ajustar el calendario (1752). Todavía ahora, la Pascua ortodoxa se realiza ajustada al calendario juliano.

Los datos los he obtenido del libro cuya cubierta acompaña estas palabras. Se trata de Mapping Time. The Calendar and its History, obra de E.G. Richards, de 1998, editado por Oxford University Press (mi ejemplar es de la reimpresión de 2005). La imagen del inicio de la bula está tomada de este libro, mientras que el cuadro del Gregorio XIII y la asamblea de sabios (donde uno señala precisamente el cambio de Libra a Escorpio, momento cercano a la fecha de la aplicación de la bula), no sé ahora de qué libro lo he obtenido,… ni tengo tiempo para buscarlo.

Aunque esta anotación lleva fecha del 15 de octubre, he tardado en publicarla porque… no he tenido tiempo para revisarla y maquetarla.

Y con esta anotación creo que queda clara la contestación a una de las cuestiones que he planteado en este diario, recordadas en la anotación del primero de septiembre,… aunque ahora no tengo tiempo de decir cuál es.

Y me voy,… que se me hace tarde.