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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Más pedagogía, general

“Cuando G*** llegó a mi puesto de mando salí para recibirle. Bajó rápidamente de su coche.
- Lamento llegar tarde, Bradley – dijo – me he detenido en un hospital cerca de la carretera. He encontrado allí a unos cuantos derrotistas. He abofeteado a uno de ellos para hacerle entrar en razón e imbuirle de nuevo el espíritu de lucha.
Habló de ello con suma indiferencia, sin remordimiento de ninguna clase y convencido de que había procedido bien. Seguramente hubiera olvidado aquel incidente si no me lo hubiesen recordado dos días más tarde.
(…)
- Se trata de un informe que debería usted conocer, general.
(…)
Aquel informe comprendía un testimonio ocular que posteriormente llegó a ser conocido como el «incidente del abofeteamiento».
(...)
Según el comandante, G*** se había presentado sin anunciarse en la sala de recepción del 93 Hospital de guerra. Allí comenzó a caminar de una litera a otra, charlando con los heridos y felicitándolos por la magnífica labor que habían llevado a cabo en el frente.
(…)
Otro paciente estaba sentado cerca de él, estremeciéndose bajo sus convulsiones.
- ¿Y qué te ha sucedido a ti? – le preguntó ***
- Se trata de mis nervios, señor – replicó el soldado con lágrimas en los ojos.
(…)
- ¡Tus nervios, diablos! – gritó -, ¡lo que sucede es que eres un maldito cobarde!
El soldado lloró y G*** le abofeteó.
- ¡Cállate! – le gritó *** - ¡No quiero que estos valientes que han sido heridos vean cómo llora un cobarde!
G*** volvió a abofetear al hombre. El casco le cayó de la cabeza.
(…)
Al estudiar el incidente, podemos comprender el punto de vista de *** sin por ello darle nuestro asentimiento. Para G*** la guerra representaba el cumplimiento de un destino al cual entregaba su vida. Consideraba la guerra como una enfermedad crónica de los seres humanos, destinada a perseguir a la civilización hasta su tumba.
Puesto que el conflicto armado era inevitable al ser humano, G*** razonaba que los hombres debían inclinarse ante el mismo y admitirlo como una competición viril. Le resultaba inconcebible que hubiese hombres, aparte de los cobardes, que no diesen su aprobación a la guerra. Al mismo tiempo no podía comprender que hubiese hombres que pudiesen claudicar por desfallecimiento mental como resultado de los esfuerzos que entraña toda guerra. Para él era axiomático que aquellos que no deseaban luchar eran unos cobardes.
No puedo creer que G*** se mostró intencionadamente brutal con el soldado que él calificó de cobarde. Lo que quiso era purgar su «cobardía» a aquel soldado avergonzándolo ante los demás.
Sólo porque este incidente tuvo una importancia tan grande en la futura carrera de *** lo he reseñado aquí con todo detalle. Durante toda su vida *** fue perseguido por aquel error; hoy en día ya no le puede afectar. La admiración que sentimos por el *** que actuó en Europa es demasiado viva para que pueda ser menguada por este incidente.
”

Este texto es un extracto del Capítulo X de la obra Memorias, de Omar N. Bradley, en su edición de la Editorial AHR, colección Libros que hacen Historia, en dos volúmenes, en el año 1956, según traducción de Víctor Scholz, obra que ya conocemos, así como al protagonista del incidente relatado, George Smith Patton jr.



Si por este incidente (la imagen de más arriba es de la dramatización del mismo desarrollada en la película “Patton”) fue apartado temporalmente en su carrera militar (siendo “adelantado” por dos compañeros graduados después de él, como su amigo Bradley y su comandante supremo en Europa, Eisenhower, entre quienes aparece en la foto de archivo de ABC), más lo fue por mostrar sus opiniones sobre el comunismo.

Teniendo en cuenta mi última anotación, me pregunto si a pesar de su energía, George Smith Patton jr., estos días y en este país, daría abasto repartiendo bofetones.

Hace un año lo recordamos por ser su cumpleaños, y hace casi medio, con motivo de la celebración del Memorial Day en Estados Unidos.

Al ser nuevamente su cumpleaños, lo traigo a estas páginas con la excusa de que George S. Patton jr. se graduó en West Point hace un siglo, formando parte del “curso de 1909”.


[Aprovechemos la anotación para resolver el problema planteado hace un año, y aún sin contestación por nadie, sobre las estrellas que luce la enoooorme bandera. La pregunta ahora es ¿qué dos estrellas marcan la diferencia?]

domingo, 31 de mayo de 2009

Recordar a los olvidados

El pasado lunes se celebró en Estados Unidos el Memorial Day, en recuerdo por los caídos. Con tal motivo, John Cox publicó en su diario el dibujo que se acompaña, basado en una frase de George S. Patton, ya conocido en estas páginas.

Ayer, día de San Fernando, Rey en España, III de ese nombre en Castilla, se celebró el día de las Fuerzas Armadas. De España, a pesar de la Excelentísima Señora Ministra.

Como sé que esta tropa no leerá, entre otros, el comentario al dibujo de Leslie Bates (al que no conozco), trascribo el inicio,… para que sigan sin leerlo:

“Now there are some folks, who regard themselves as morally superior beings, who question why the other bastard has to die. The answer of course is that the other bastard is attempting to impose his will, or the will of his leader, upon you by force. It is the act of coercion by force that makes what General Patton called the other bastard an enemy.
Peace is simply the absence of enemies.
But there are some folks, who pretend to be morally superior beings, who would have us believe that "peace" could be achieved by submission to the will of the other bastard. In reality this is not peace, it is slavery.
There are some well meaning people, some of whom that I respect, who believe that there are times that one cannot have both peace and freedom at the same time.
I have to disagree.
Liberty is simply the condition of existence in which the person is free to live his own life in accordance with his own rational judgment. This does of course require the absence of some other bastard who is attempting to impose his will upon the person by force.
In practical terms real peace and real freedom are inseparable.
”
[Los destacados son míos.]

La clásica frase de “Si vis pacem, para bellum” ha sido denigrada como belicista. Naturalmente, quienes eso opinan no se han preocupado de entenderla. Simplemente, lo que se dice es que quien quiere la paz, o al menos, la ausencia de guerra declarada, debe dejar claro a un posible enemigo que luchará por su libertad: si el totalitario tiene suficientes sospechas de vencer, buscará hacerlo. Churchill y Patton lo sabían. Por eso, a uno no le hicieron caso (Munich del 38: nazismo), y al otro lo acabaron frenando y relegando (Viena del 45: comunismo). Pero esto son otras historias.

“Honor a todos los que dieron su vida por España”

martes, 11 de noviembre de 2008

123

... responda otra vez.

¿Quién nació hoy hace ese número de años?

El autor de este libro estuvo a sus órdenes, y luego fue superior suyo, y, claro, habla de ***, protagonista del acertijo.
Por ejemplo, en el prólogo:
“fue uno de mis más queridos amigos y el más fiel de todos mis compañeros. Fue un magnífico soldado, a quien el pueblo americano debe admirar no solamente como un gran comandante militar, sino también como un hombre único y relevante. Al recordar nuestras experiencias, puede que ofenda a aquellos que prefieren ver a *** no como ser humano, sino como una estatua de tamaño descomunal, la visión del héroe, en un parque público. Pero yo prefiero ver a *** como un ser humano, con todos los defectos y virtudes, un hombre cuya grandeza es por lo tanto mayor”

O en el capítulo IV, de donde se extractan hechos, comentarios y opiniones que dan precisas pinceladas sobre la personalidad de ***:
“Mientras las sirenas anunciaban estridentemente la llegada de ***, una larga caravana de coches acorazados y camiones aparcaba en la plaza (…) *** aparecía como un antiguo conductor de carrozas en su coche abierto, ofrecía el rostro al viento y adelantaba la mandíbula. Sobre la cabeza llevaba el casco de acero con las dos estrellas.
(…)
Durante casi cuatro meses después de la invasión de África del Norte, *** había permanecido inactivo e impaciente en la costa del Norte de África adonde había sido destinado su Primer Cuerpo acorazado para el caso de que Franco intentara cerrar el Estrecho de Gibraltar y de esta forma interrumpir aquella línea de comunicaciones vital para las fuerzas aliadas. (…) Al esfumarse los temores de que los españoles intervinieran al lado de las fuerzas del Eje, *** pronto se cansó de aquella inactividad a varios miles de millas en la retaguardia del frente de combate.
(…)
Según las palabras de Einsenhower, *** tenía por misión rejuvenecer el II Cuerpo e imbuirlo de un nuevo espíritu de lucha. Al tercer día de su llegada, el II Cuerpo estaba agotado por la lucha… pero contra ***, no contra los alemanes.
(…)
Aun cuando triviales en sí, estas reformas de *** pronto revelaron claramente su personalidad e imprimieron la misma a todos los que le rodeaban. Y aun cuando sirvieron muy poco para aumentar su popularidad, no dejaron la menor duda en la mente de nadie de que *** era el jefe y nadie más que él.
(…)
Al asumir el mando del II Cuerpo, *** fue ascendido. Cuando Eisenhower comunicó que el Presidente Roosevelt había recomendado al Senado el ascenso de *** a Teniente General, los ayudantes de *** desplegaron inmediatamente una bandera con las tres estrellas y otras insignias propias del nuevo grado. Siempre iban provistos de estas banderas e insignias para cuando se presentara la ocasión. Si *** hubiese sido nombrado almirante de la Flota de guerra turca, no me cabe la menor duda de que sus ayudantes hubiesen sacado a relucir las insignias propias de aquel cargo.
(…)
La víspera de aquel ataque contra Gafsa, *** reunió a los miembros de su Estado Mayor del II Cuerpo para una conferencia final.
«Caballeros, dijo, mirando en torno de él por aquella estancia débilmente iluminada, mañana atacaremos. Si no alcanzamos la victoria nadie regresará vivo». Después de pronunciar estas palabras, *** disculpó su presencia y se retiró a su habitación a orar.Estas contradicciones en el carácter de *** desconcertaban profundamente a los que le rodeaban. Puesto que aun cuando era profano, también era reverente. Y a pesar de que maldecía, se arrodillaba humildemente ante Dios. Y en tanto que aquel último llamamiento a la victoria, incluso pagando el precio de la propia vida, era considerado como un gesto inhumano, ayudó para hacer comprender a todos aquellos oficiales que para él la guerra era una santa cruzada.
”

Las citas están tomadas del libro "Memorias", de Omar N. Bradley, en su edición de la Editorial AHR, colección Libros que hacen Historia, en dos volúmenes, en el año 1956. La traducción es de Víctor Scholz.

Supongo que sin traducir, esta obra (A soldier's story en su título original), es una de las dos que figuran como referencia en los créditos de una película de 1969, cuya historia y guión son de Francis Ford Coppola y Edmund H. North, que fue rodada en España (dicen que porque era el único sitio donde todavía quedaban tanques de la II Guerra Mundial), con Gil Parrondo formando parte de la Dirección Artística, donde el segoviano pinar de Valsaín hacía de las belgas Ardenas, en la que sonaba música de Jerry Goldsmith, y veíamos a Karl Malden haciendo el papel del autor del libro en cuestión, y a George C. Scott interpretando a ***, nuestro protagonista.

Como dispongo de ello, añado la carátula del DVD que tengo (el cual por cierto, me está dando problemas en la reproducción), y un enlace.

Todo esto como "premio" a los que han llegado hasta aquí, no para dar el resultado del acertijo, que quien no lo supiera ya, es que no merece saberlo.

Por cierto, sabiendo que cada estado de la Unión está representado por una estrella, y que hay cincuenta, ¿cuántas estrellas hay en la bandera de la famosa escena inicial? (¿qué pasa? ¿a nadie se le ha ocurrido contarlas?)