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domingo, 8 de julio de 2012

¿Qué películas nos están contando?

El pasado jueves Bruno Moreno Ramos publicó en InfoCatólica una anotación con el título ¿Por qué en las películas actuales los buenos son tan malos?, en la que, al hilo de un artículo de Sophia Mason en la Saint Austin Review, extracta párrafos del mismo y reflexiona sobre ellos y a partir de ellos.

Así, por ejemplo, dice él:
De alguna forma, el cine actual es incapaz de crear o describir personajes que sean sustancialmente buenos. El cine de buenos y malos se ha convertido en cine de malos y malos, de malos y tontos o, en el mejor de los casos, de malos y “gente maja”. Esta última modalidad es, quizá, la más triste, porque reduce el bien, que es la fuerza más potente, terrible, peligrosa y transformadora que existe en nuestro mundo, a un mero ser políticamente correcto, a no llevarse mal con los demás y, en la medida de lo posible, a tener buen carácter y ser guapo.

Y traduce el útlimo párrafo de ella (aquí en inglés como un detalle gentil):
It's not just that our culture doesn't know goodness: our culture actively mistrusts goodness.  Our culture does not believe in goodness.  (Remember Hitchens' slam of Mother Theresa?)  And when one no longer knows, trusts, and believes in a thing, one stops putting it into one's art, stories, and songs; yes—one even stops putting it into one's fantasy and fairy tales.

Puestos a andar a la brega con la discusión, yo añadiría lo siguiente:

El problema en la actualidad no es que la sociedad sepa o conozca la bondad, ni que desconfíe de la bondad. El problema es que la consolidación de criterios educacionales y sociales ha supuesto que no se entienda la bondad; «¿cómo que la bondad es algo en sí misma? Nada hay en sí mismo, todo está en relación con el resto, y éste es quien determina si es bueno o no»: en definitiva, el relativismo.

Y ese relativismo firmemente asentado es lo que hace que la sociedad, en su conjunto, en su forma visible de actuar y manifestarse, no entienda la bondad. Y así, para no reconocer, además, esa incapacidad de comprensión, están los menosprecios, las burlas, el ridiculizar, todo aquello que tenga una brizna de bondad; incluso en los malvados se deja a veces mostrar una mínima apariencia de bondad… precisamente para denostarla más.

En su momento, el cine mostró que el mal podía extenderse por el conjunto de la sociedad, y así surgió el cine negro. Sin embargo, lo que mostró más bien es que con ciertos planteamientos, no había sitio para la bondad: los no-malvados lo eran no por la bondad que tuvieran, sino por los reflejos de bondad que aún eran capaces de dar.

De este modo, incluso el cine del oeste, muy maniqueo en muchas de sus manifestaciones, eso sí, generó los llamados ‘westerns crepusculares’, donde ya no se salva nadie. La evolución que presenta Ethan en Centauros del desierto es algo que ya no tiene cabida en el cine desde hace mucho tiempo.

En resumen, que la sociedad no entiende la bondad; y, de lo que no se entiende, se desconfía.

Así de sencillo, y así de triste.

jueves, 21 de junio de 2012

Por el hilo se saca el ovillo

Hace un mes y un día publiqué una anotación acerca del concurso de relatos breves católicos convocado por Vita Brevis. Tras este tiempo de ‘condena’ ante la incertidumbre del ¿seré yo?, hace dos días, el pasado martes se hizo pública la resolución del jurado.

El libro ya está a disposición de los interesados (espero que no tarde en llegarme), y se titula, con toda la intención El hilo invisible.

Sólo con la ilusión que se traslucía en las anotaciones que al respecto publicaba Bruno Moreno (y los comentarios de alguna participante), creo que, aun con una sobresaliente ausencia, el libro será mucho más de lo que ya de por sí promete.

En cuanto pueda, en estas páginas quedará la correspondiente reseña.

Créditos:
Imagen de la portada del libro tomada de la página de Vita Brevis.