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jueves, 30 de octubre de 2014

Primavera en otoño

No, no me refiero a cómo de loco dicen que está el tiempo, sino a esta gran noticia.


Créditos:
Cartel del regreso de Bibliocafé, tomado de su perfil de Facebook.

sábado, 8 de febrero de 2014

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Los últimos… o tal vez no

Esta mañana he visitado Bibliocafé.

Naturalmente, más aún hoy, no podía salir sin algún libro que otro.

No se trata, sin embargo, de emprender largos viajes, ni siquiera durante una guerra,…







… sino de que, poniendo el acento donde toca, pueda decirse que la Generación Bibliocafé… continúa.

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión.

Y aun con café… el libro se durmió

Hace cerca de tres años y medio trajimos a estas páginas la noticia de una nueva librería en Valencia. No llegaba para ser una más, y en este tiempo ha dado sobrados ejemplos de ello, tantos como para que incluso la Administración haya tenido que reconocerlo.


Sin embargo, la contundencia de las cuentas ha hablado, y Bibliocafé cierra.

Esta (última) mañana he podido pasar por allí para saludar en persona a José Luis Rodríguez.

Lo triste no es ya que cierre una librería, sino que lo haga el centro cultural que realmente es lo que era Bibliocafé. Señal de que quienes integran el ‘mercado’ no lo consideran necesario para ellos; o de que quienes orientan al ‘mercado’ lo ven inútil (y, posiblemente, incluso peligroso).


Ésta y otras anotaciones darán fe de este día, en la esperanza de que, en algún momento, cuando despertemos… siga ahí, y llenemos de nuevo las mesas.

Créditos:
Fotografía del diploma acreditativo del premio “a la librería más innovadora en 2012”, expuesto en el local, esta mañana, del autor.
Fotografía de parte del local esta mañana temprano, del autor.

jueves, 31 de octubre de 2013

Hemos resuelto… felicitarlos

“Conceder a las librerías que se citan a continuación el premio a la labor de los libreros en las modalidades siguientes:

Premio a la mejor librería tradicional en 2012.
Librería El Asilo del Libro.

Premio a la librería más innovadora en 2012.

Créditos:
Extracto de la Resolución publicada hoy en el DOCV.
Fotografía de la fachada de BiblioCafé, cuando la inauguración en septiembre de 2010, del autor.

domingo, 26 de mayo de 2013

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Vaya labor con los feriados

Pues sí. Finalmente, y también coincidiendo con su final, me acerqué a la Feria del Libro de Valencia de este año.








Si bien fui para unas firmas de libros que no tuve necesidad de comprar en la Feria pues ya había hecho los deberes donde toca, es decir, en las librerías, me traje otras firmas (no previstas), y los correspondientes libros.




Y entre firma, saludos, comentarios y reordenación de libros en el mostrador, cayeron un par de libros más…









Y otro par más… éstos ya sin firmas.






¡Ah! Y una guía del lugar donde se celebraba la Feria. Bueno, casi.

Créditos:
Cubiertas y sobrecubiertas de los libros en cuestión.

Estas firmas…

Hace algo más de tres meses, hubo quien estuvo sus tres horas esperando,...

aunque hace tres semanas sólo fueron dos horas (eso sí, a la sombra).



En cambio, hace esas tres semanas (y un día), el don de la oportunidad evitó otra larga espera.

Estas firmas, en definitiva, supusieron la autorización para, ¡en efecto!, acercarme a la Feria del Libro de Valencia.









Y así lo hice.


Y aunque los momentos de algunas firmas se me escaparon (como Houdini), en otro sí pude amoldarme, como si fuera plastilina.


Créditos:
Fotografía de las firmas de Blue Jeans, Laura Gallego, Ana Campoy y Sam, Pablo Llorens y Javier Llorens, la primera en febrero de 2013, y las demás, durante la referida Feria, en mayo de 2013, del autor.
Imágenes de las dedicatorias de José Luis Rodríguez-Núñez, Kilian Cuerda y Sam, Pablo Llorens y Javier Llorens, en la antedicha Feria.

viernes, 19 de abril de 2013

Libros con cuentas

Dentro de una semana comienza en Valencia la Feria del Libro. Lo nuevo para este año es… la novedad de que no salen las cuentas.

Y es que, según se ha publicado, el sector del libro se encuentra con una importante disminución en el volumen de ventas (un 40% en lo que llevamos de crisis, parece). A ello, hay que añadir que los índices de lectura tampoco son nada del otro mundo (parece que el índice de la Comunidad Valencia es tres puntos inferior a la media nacional, aunque no sé en qué unidades está medido, ni cómo, el índice en cuestión).

Otra cosa que sale también en las cuentas es el tema de las subvenciones y ayudas institucionales, aspecto sobre el que siempre se puede decir aquello de que “quien quiera peces, que se moje el culo”.

“El sector del libro está capeando la crisis porque está acostumbrado a contar con pocos medios y, desde siempre, aplican a rajatabla el emprendedurismo [sic]. Los libreros saben que deben renovarse. (…)
Pese a la coyuntura económica sólo se han cerrado cuatro o cinco librerías en la provincia de Valencia, que se compensa con la apertura de otras tantas. Aún así desde la organización del certamen literario enfatizó en la necesidad de proteger a las librerías.”

“[El presidente de la Associació d’Editors del País Valencià, Jesús] Figuerola ha insistido en que "los libros hay que comprarlos en las librerías y no en las grandes supeficies, y además hay que promocionar las librerías de proximidad, las de pueblos y barrios".”

Ante lo cual uno no puede sino pensar en que, tal vez,:
- da la impresión de que los libreros quieran clientes, en vez de clientela, lo que no es exactamente igual.
- la clientela, en lo que veo por ahí, no se mueve por aquello que puede encontrar en otro sitio, no ya más barato, sino, tal vez, más fácilmente, que es la ventaja de las ‘grandes superficies’.
- si las librerías se limitan a ofrecer lo que les llega en las cajas del reparto de los distribuidores, vista una librería, vista todas.
- la clientela es de la tienda, del tendero; es decir, precisamente de aquello que hace un establecimiento totalmente distinto y diferente de los restantes.

Y por ello, la renovación tendrá que venir de la mano de la diferenciación: sea por añadir a la actividad de venta, la de editorial (como París-Valencia); sea por establecer una vinculación más personal a través de un Club de Lectura (como Casa del Libro); sea por ir más allá y convertirse, como BiblioCafé, más que en una librería, en un centro cultural con numerosas actividades, como bien suele reseñar caraguevo.

Sé que no es nada fácil pero consolidado el comercio en internet, y con el arranque de los libros electrónicos, creo que es el único camino.

Créditos:
Extracto del artículo de Carmen Velasco en Las Provincias.
Extracto de la noticia publicada en la página de la Feria del Libro de Valencia.

martes, 20 de noviembre de 2012

Pista… a la intriga y al ingenio

Como sabemos, Alfred Hitchcok y Agatha Miller (luego Christie) fueron amigos durante la infancia.

Durante ese periodo, vivieron diversas aventuras, las cuales nos están siendo narradas por Ana Campoy, e ilustradas por Álex Alonso.

Resulta curioso que en dichas aventuras ya se puedan apreciar pinceladas de su obra artística posterior. Así, por ejemplo, en la primera de ellas, Los diez pájaros Elster, tenemos referencias a Diez negritos, por un lado, y a Los pájaros y Vértigo, por otro.

Cosa de los genios es también su opción a conocerse entre ellos. Si en la segunda aventura (El chelín de plata) conocían a Sir Arthur Conan Doyle, en La caja mágica los amigos conocían a Thomas Alva Edison.

El pasado día 10 casi la familia al pleno pudimos conocer a Ana Campoy, la biógrafa de este par de amigos, con motivo del encuentro celebrado en BiblioCafé al hilo de la publicación de la cuarta aventura, El pianista que sabía demasiado.


La asistencia fue más que notable, destacando el segmento lector al que, teóricamente, van destinados los libros. Por ello, el encuentro se orientó más hacia un juego, el de los ‘libros escondidos’, de modo que a partir de unas primeras pistas, se obtenían otras, escondidas en libros, con lo que se conseguía una frase construidas con determinadas palabras de esos mismos libros.

El juego acabó con la chiquillería haciendo un dibujo de un personaje importante en esta cuarta aventura, y con la habitual firma de dedicatorias.

¡Ah! Y también hubo entrega del carnet de ‘Detective oficial’ de la Miller&Jones. Agencia de Detectives.


Mayores y menos mayores disfrutamos del momento y del buen ambiente, y nos trajimos más deberes para leer.

Finalmente, tengo que señalar que sobre quién era el personaje a dibujar… no puedo decir nada.

De momento.

Créditos:
Montaje de las cubiertas de los cuatro volúmenes (hasta la fecha) de Las aventuras de Alfred&Agatha.
Fotografías durante el encuentro en BiblioCafé, del autor.
Imagen de la dedicatoria firmada por Ana Campoy, en el ejemplar de mi hija.
Montaje del anverso y reverso del carnet de Detective oficial.

domingo, 21 de octubre de 2012

Aquí un amigo: Bueno, uno, no, muchismos.

“En BiblioCafé, los libros adquieren vida propia: se cambian de estante; los de devolución, se esconden; se 'suicidan' cuando nadie los quiere comprar, y se tiran del estante.”

Esta introducción de José Luis Rodríguez, responsable de BiblioCafé, anunciaba una prometedora tarde  pues a continuación tenía lugar la presentación del último libro de Santiago Posteguillo por parte de… Santiago Posteguillo.

Conocido por sus novelas históricas ambientadas en la Roma republicana e imperial, Santiago Posteguillo es, en primer lugar, profesor en la Universidad Jaime I de Castellón, pero no de Historia Antigua ni de Latín, sino de Literatura inglesa y estadounidense. Y sobre esta faceta suya comenzó hablando.

Y es que su último libro va de libros, de sus autores, de sus épocas,… en definitiva, de la vida de unos y otros. Pero a esto, ya llegaremos. Volvamos al principio.

Contó que en un curso (voluntario) de literatura que estudió en la universidad, allá en Estados Unidos, aprendió la metodología del Dr. Kraft, que muy sucintamente nos explicó:
En primer lugar, para abrir boca, Faulkner y su El ruido y la furia. Para situarnos, explicó que Vargas Llosa dijo de esta novela que era el único libro en el que, para poder seguirlo, tuvo que ir tomando apuntes.

Luego, llegaba Conrad, con Lord Jim. Centrémonos sabiendo que el autor utilizaba el polaco con la familia, el francés para viajar, y el inglés para la literatura, “es decir, lo normal”.

Y no era sino después cuando llegaba una lectura más asimilable: Hemingway con su En nuestro tiempo.

Ya cuando tuvo confianza (“y con la nota puesta”, importante detalle) Santiago Posteguillo pudo resolver las dudas acerca del procedimiento gracias a este breve diálogo con el Profesor Kraft:
“- ¿Ha pensado hacerlo al revés?
- ¡Jamás! Haciéndolo así se borran todos a los que no les gusta la literatura.”

Ilusionado con la metodología (“Algo de razón tendría cuando sobrevivimos al curso sólo 12”), Santiago Posteguillo pensó en aplicar el procedimiento en sus clases en la Universidad, pero… en la Jaime I la asignatura de Literatura inglesa y estadounidense es… obligatoria. Y, además, comienza cronológicamente, es decir, con el Beowulf.

Por tanto... él empieza con El señor de los anillos y Gandalf (momento en el que nos apuntó la eterna cuestión de plagio frente a intertextualidad).

Y acaba leyendo en anglosajón el Beowulf.

Ya entrando en el libro, Santiago Posteguillo comentó diversos capítulos del mismo, y, haciendo como antes, es decir, volviendo al principio, nos expuso lo significativo (el adjetivo es mío) del hecho de que se desconoce quién inventó el fuego y quién la rueda, pero sí se conoce quién inventó el orden alfabético (para saberlo, mejor leer el libro).

La técnica narrativa que utiliza en los relatos es sencilla: “Juego a la intriga con el lector”, con un inicio novelado, que luego aclara.

Así, por ejemplo, en el relato sobre Shakespeare y la autoría de las obras a él atribuidas, sobre lo que zanjó todas las dudas: “Creo que no se sabe, pero me da igual”, pues lo importante son sus obras.

Sobre el curioso título del libro, nos remitió al relato en cuestión, recordándonos que durante la famosa estancia en la casa que Lord Byron tenía en Suiza, Percy Shelley leía en voz alta a sus compañeros el Quijote, y que Mary Shelley, su esposa, aprendió español precisamente  (al igual que Pushkin) para poder leerlo sin traducción interpuesta.

Nos mostró su especial cariño a Dostoievski de quien recrea en un relato su capacidad para terminar Crimen y castigo por la mañana y escribir ex novo El jugador por la tarde. Aunque, eso sí, precisó ayuda, no económica (que no hubiera conseguido por sus numerosas deudas, fruto de su ludopatía compulsiva), sino taquigráfica (en la persona de Anna Grigorievna Snitkina), para poder escribir todo lo rápido que su genio le inspiraba.

Santiago Posteguillo nos recordó también la disputa interna que hubo en España acerca de las propuestas para el Premio Nobel a favor, bien de Benito Pérez Galdós, bien de Ángel Guimerá, con el resultado de que ni uno ni otro. Introdujo el tema con el curioso hecho de que en Valencia, las calles que llevan el nombre de dichos literatos confluyen, cosa que no sucedió en los esfuerzos por apoyar la concesión del Premio para ambos. Y es que, en conclusión, “cuando los políticos se meten en otras aguas, naufragamos”.

El pequeño paseo entre los relatos del libro acabó, como no podía ser de otra manera, en otro principio: “Los adultos nos empeñamos en decirles a los niños qué libros deben leer”. No así es J.K. Rowling y su Harry Potter: “la chispa es que no trata a los chavales como idiotas”.

El libro consta de 24 relatos, pero… “no está Blasco Ibáñez”, le dijo Antonio Penadés, quien acompañaba en la presentación a Santiago Posteguillo.
“Y muchos más. No se trata de un libro de 1.000 páginas de historia de la literatura”. Se quería “algo ágil”, y, claro, “hay que cortar”. Recordó sobre Blasco Ibáñez Tiempo de valientes, la reciente novela de Basilio Trilles. Y sobre la importancia literaria de Blasco Ibáñez señaló que en 1919 el libro más vendido en EEUU era de Blasco Ibáñez (aunque él no dijo cuál, lo digo yo: Los cuatro jinetes del Apocalipsis).

Pero (¿otro pero?) aún hay esperanza: “me están pinchando para continuar”.

El último relato del libro acaba recordándonos que la historia de la literatura empieza mucho antes que la escritura, es decir, con el cuento y la tradición oral.

Lo que es una forma de decir que ya he escrito bastante.

Del libro y de su presentación. Del autor sólo recogeré lo que comentó Antonio Penadés:
“Me hubiera gustado tenerlo por profesor de literatura, pero lo tengo como amigo, lo que es mejor.”

Créditos:
Fotografías de la presentación de La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, acto y libro de Santiago Posteguillo, en BiblioCafé este pasado miércoles día 17.
Imagen del cartel publicitario, tomada de la página de facebook de BiblioCafé.
Imagen de la ilustración de inicio del relato Veintiséis días, dedicado a Dostoievski, obra de alademosca, tomada del libro en cuestión.

domingo, 5 de agosto de 2012

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Historias de café para el verano

La pasada semana me acerqué a BiblioCafé, después de mucho tiempo sin hacerlo.

Como puede verse, los temas de los libros son plenamente actuales, en particular, los de tema histórico.



Bueno, y el tercero, también, ya que me recuerda que tengo que, nuevamente, organizar mi biblioteca… este verano.

Créditos:
Portadas de los libros adquiridos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Un día otoñal que reverdece

Esta tarde he visto en el bló de LD Libros que mañana se celebra el Día de las Librerías:
“Este viernes, 25 de noviembre, se celebra el Día de las Librerías por primera vez en España. Me sorprende que no tuvieran aún un día propio, habiendo días de todo. Bueno, pues ya lo tienen.”

Bueno, pues lo mismo digo.

Carmen Carbonell dice que nos preguntaremos si habrá descuento, el famoso del 5% máximo que se puede aplicar de acuerdo con la Ley del Libro (o similar, la Ley digo).

Pues desde aquí puedo anunciar que, al menos en BiblioCafé, sí, según el SMS que he recibido a poco de leer la anotación (y una bolsa ecológica y reciclable por compras superiores a 30 euros, o sea, ná, el gasto a realizar, me refiero).

Así pues, se ha hecho saber y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.

Créditos:
Fotografía del escaparate otoñal (con reflejos de nubes y todo), de la Librería Soriano, en Valencia, el 28 de octubre último, del autor.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Yaques

Es conocida la expresión “Ya que…” para, puestos a hacer uno algo, pedirle que haga otras cosas más, ‘ya que…’. Esta situación es un lugar común hablando de las reformas en casa, y de hecho, hace casi un año, cerca de la Plaza de Toros de Valencia, me encontré con que existía una empresa que se hacía llamar de esta manera.

Yo no me he metido en obras, simplemente, compro libros.

Y ‘ya que…’ tuve que ir a recoger el coche del taller, pasé por el cercano BiblioCafé.

Y ‘ya que…’ me acerqué al Palau de la Música con motivo de algo que ya contaré, pasé por su tienda.

En resumen, éstos son algunos de los ‘yaques’.



Créditos:
Fotografía de la placa de la empresa Yaque 2004, en Valencia, de marzo de 2010, del autor.
Fotografía de un detalle de la tienda del Palau de la Música de Valencia, desde el exterior, de enero de 2011, del autor.
Portadas de los libros en cuestión.

viernes, 29 de octubre de 2010

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Digerir un almuercito

Entre las tradiciones gastronómicas de Valencia figura el almuerzo. No lo que en otras zonas de España se conoce como ‘almuerzo’, que tiene lugar a partir de las dos de la tarde, más o menos, que por aquí es, simple y llanamente, la comida. El almuerzo es a media mañana, a partir de las diez de la mañana (nueve y media si se trata del sector de la construcción), y sirve de un refuerzo energético, y sobre todo, psicológico, especialmente si se tiene una jornada intensiva, y la propia comida no tendrá lugar hasta las tres y media o las cuatro de la tarde.

Esta tradición gastronómica es la que utilicé como excusa hace unos días para poder visitar, digamos que ‘de paisano’, por fin, BiblioCafé. Aunque eso supusiera hacer tomar un segundo café a con quien había quedado para una reunión.



Me encontré con que tenían una oferta por la que se regalaba un libro de entres tres o cuatro, por una compra superior a no sé cuánto, pero que desde luego superé. Y éste es el libro del ‘premio’.

¡Ah, se me olvidaba! Almorcé muy a gusto.

Créditos:
Portadas de los libros adquiridos.

viernes, 15 de octubre de 2010

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Lo que trae una pausa para el café

Como ya se ha comentado, el pasado 30 de septiembre acudimos a la inauguración de BiblioCafé, una nueva librería en Valencia, con el formato de librería-cafetería.

Una cosa que apunté fue que como consecuencia de la mesa redonda, me quedé gratamente impresionado por dos de los intervinientes (sin perjuicio del tercero), con los que comenté algunas cosas. Lo que ya no dije es que, mientras deambulábamos por el recinto apreciando el vino de honor, a la par que completábamos el inventario de los libros expuestos, iba buscando libros de dichos autores, con el propósito, no ya de comprarlos, sino de que me los firmaran e incluso ¡válgame el cielo! de leerlos.





Las dos primeras etapas han sido ya culminadas. Falta la tercera.

Créditos:
Portada de los libros en cuestión, así como imagen de las amables dedicatorias.