Mostrando entradas con la etiqueta musical. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta musical. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de febrero de 2014

Clever and magical


Esta noche me he enterado, oyendo la radio, de que se ha celebrado el «Día del Gato».


(Propiamente, tendría que celebrarse, más bien, la «Noche del Gato», ¿no?)

miércoles, 28 de agosto de 2013

Aventuró la vida

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrechezas de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos; que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

Y es que, aunque parezca que haya sueños imposibles,


también los hay que sólo dependen de nosotros, de unos y de otros, de todos.

Créditos:
Discurso de don Quijote, al principio del capítulo LVIII de la segunda parte de la obra de Miguel de Cervantes, tomado de Don Quijote de la Mancha, edición del IV Centenario, realizada por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la lengua española, publicada por Alfaguara en 2005, y con edición no venal patrocinada por la Generalidad Valenciana (pp. 984-985), de la biblioteca del autor.

lunes, 12 de agosto de 2013

All that…

Hace seis días, S.Cid nos recordaba a la persona de Belva Annan, y hoy traemos aquí al personaje de Velma Kelly...; por variar.


Como puede observarse el video no es el de la película Chicago, pero es que el motivo de la anotación no es hablar de la película, sino de que hoy se cumplen 180 años de que el conjunto de casas conocidas como «Chicago» obtuviera la carta de municipalidad.

Cosas del calendario, de la música, del cine, de la historia,…

Sí, de... all that jazz.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Un día más

La conclusión tras “lo” de ayer, es que hay, al menos, un día más.

Título, precisamente, de una de las canciones que serán, de nuevo, populares, a partir de pocos días, tras el estreno de la versión cinematográfica del musical Los miserables.

[Muy oportuno este video aunque no permita la inserción), ya que se corresponde con el reparto de la versión de Madrid ¡de 1994!, en el Teatro Nuevo Apolo, a la que pude asistir, convirtiéndose, así, en mi primer musical.]

Créditos:
Imagen de la portada del librillo correspondiente a la representación del musical Les Misérables, en Londres, en el Queen’s Theatre, en octubre de 2006 (el folleto de Madrid no lo he conseguido encontrar).

martes, 30 de octubre de 2012

Ayer no entramos en Carnaval


... pero sí en Luna Llena...


… por lo que nos fuimos a la ópera.

Créditos:
Fotografía del Palau de les Arts de Valencia, bajo el plenilunio, anoche, del autor.

jueves, 23 de agosto de 2012

Un siglo de lluvia


Hace un siglo nacía Eugene Curran Nelly, y nada más empezar la primavera de hace cincuenta años, nos enseñó que se puede cantar bajo la lluvia, pues en su caso, no llovía porque cantara o bailara.

viernes, 20 de julio de 2012

jueves, 12 de julio de 2012

Bailemos… unos cumpleaños

Si por un lado ayer se celebraba el nonagésimo segundo aniversario del nacimiento de Yuliy Borisovich Bryner, hoy ha sido el que hace número 117 del de Oscar Greeley Clendenning Hammerstein II.

Así pues, qué menos que invitar a una dama escocesa para acompañarlos (aunque se nos pasara hace justo dos semanas, el 110 aniversario del nacimiento de quien puso la música para bailar, Richard Charles Rodgers).

jueves, 1 de marzo de 2012

Sueños alcanzados

Hoy mucha gente, entre ella yo, se habrá enterado de que existía Davy Jones. Solo que tarde, pues lo que ha sido noticia ha sido su fallecimiento, lo que también ha sido recordado por Diego Cardeña en su blog en Libertad Digital.

A quien yo sí conocía era al grupo del que formó parte, The Monkees. Grupo de encargo y todo lo que se quiera (o casi), cuyo nombre oponía (fonéticamente) unos monos (Monkeys) a unos escarabajos (Beetles), sus canciones tenían un ritmo atrayente, y una puesta en escena fresca y con humor.

Si bien la canción más conocida de un tiempo a esta parte sea I’m a Believer (aunque no sea conocida su correspondencia a ellos, ni la autoría de Neil Diamond), a mí me gusta más DayDream Believer.


El grupo se formó como protagonista de una serie de televisión (hasta 58 episodios tuvo), la cual, según las noticias, consiguió incluso un par de premios Emmy. Curiosamente, esto de los premios no era algo desconocido para Davy Jones.

Británico, que no estadounidense, empezó como actor de teatro, formando parte en el West End y luego en Broadway, del reparto de un musical, trabajo por el que fue propuesto (o sea, nominado) para un premio Tony.

El papel era, ni más ni menos, que el Artful Dodger; el musical se titulaba Oliver!;… y estaba basado en una novela, Oliver Twist, obra, sí, de Charles Dickens.

Descanse en paz.

viernes, 14 de octubre de 2011

martes, 13 de septiembre de 2011

miércoles, 24 de agosto de 2011

Leyendo películas: Cuestión de cambiar de ritmo

Hoy, 22 de enero [de 1933], los nazis hicieron una manifestación en la Büllowplatz, ante la casa de Kart Liebknecht. En el curso de la semana pasada, los comunistas habían intentado que la manifestación se prohibiese: alegaban que no pasaba de ser una provocación; y, por supuesto, tenían razón. Fui a presenciarlo todo en compañía de Frank, corresponsal de prensa.
Como Frank mismo dijo posteriormente, no era una manifestación nazi en absoluto, sino una manifestación de la policía: había por lo menos dos policías por cada nazi presente. Quizá el general Schleicher permitió que se celebrara el desfile únicamente para demostrar quiénes son los auténticos amos de Berlín. Todo el mundo dice que va a proclamar una dictadura militar.
Pero los verdaderos amos de Berlín no son la policía ni el ejército, ni tampoco los nazis, ciertamente. Los dueños de la ciudad son los trabajadores. A pesar de toda la propaganda que he oído y leído y de todas las manifestaciones a que he asistido hasta hoy no me he percatado de este hecho. Entre los cientos de personas que rodeaban la Büllowplatz, pocas podían haber sido comunistas organizados, y sin embargo daba la impresión de que cada individuo estaba unido con los otros en contra de la marcha. Alguien empezó a cantar la «Internacional», y un instante después todos la entonaban, incluso las mujeres con bebés que se habían asomado a las ventanas de los pisos más altos. Los nazis pasaron por delante, desfilando tan aprisa como saben hacerlo, entre una doble hilera de protección. La mayoría no apartaba los ojos del suelo o miraba perdidamente al frente; unos cuantos ensayaban sonrisas forzadas, muecas furtivas. Cuando la procesión hubo pasado, un viejecillo gordo de las SA, que por una u otra razón se había rezagado, recorrió jadeante la doble hilera, muerto de miedo por haberse quedado solo y tratando en vano de alcanzar al resto. La muchedumbre entera se rio de él.


Con música de John Kander, canciones de Fred Ebb, y libreto de Joe Masteroff, se estrenaba en Broadway, en la temporada de 1966, el musical Cabaret, cuyo éxito (más de 1.100 representaciones, varios e importantes premios Tony, y un Grammy para su grabación en disco) culminó en 1972 adaptado por Jay Allen en forma de película bajo la dirección de Bob Fosse. Tanto ésta como aquél tienen su inspiración y referencia en la obra de Christopher Isherwood Adiós a Berlín.

Hace casi tres años traje a estas páginas una anotación en la que comentaba una escena de la película Cabaret: un joven muchacho inicia un himno de estilo patriótico en la terraza de albergue rural, ante una amplia y variada clientela. El muchacho, integrante de las juventudes del Partido Obrero Nacional Socialista, consigue que práctica totalidad de la clientela se incorpore al fervor patriótico (y político) de la canción.



Como puede verse, la coincidencia entre la obra literaria y la musical y cinematográfica no puede decirse que sea exacta.

Sólo ha transcurrido una semana desde que escribí lo que antecede. Schleicher ha dimitido. Los monóculos hicieron lo que debían. Hitler ha formado un gabinete con Hugenberg. Nadie cree que pueda durar hasta la primavera.

Mañana me voy a Inglaterra. Volveré dentro de unas semanas, pero solamente para recoger mis cosas antes de abandonar Berlín definitivamente.
La pobre Fräulein Schroeder está inconsolable.
- Nunca volveré a encontrar un caballero como usted, Herr Issyvoo… Siempre tan puntual con el alquiler… No acierto a comprender lo que le impulsa a marcharse de Berlín así, tan de repente…
No serviría de nada explicárselo o hablar de política. Ya se está adaptando a mi partida del mismo modo que se adaptará a todo nuevo régimen. Incluso esta mañana la he oído hablar del «Führer» reverentemente con la mujer del portero. Si alguien le recordara que en las pasadas elecciones de noviembre votó a los comunistas, probablemente lo negaría ardientemente y con la mayor buena fe. Se limita a aclimatarse, de acuerdo con una ley natural, como un animal que cambia de piel en invierno. Miles de personas como Fräulein Schroeder se están asimismo aclimatando. Después de todo, sea el que sea el gobierno que detente el poder, están condenados a vivir en esta ciudad.
Hoy brilla un sol resplandeciente; el tiempo es benigno y cálido. Salgo sin abrigo ni sombrero a dar mi último paseo matutino. El sol brilla y Hitler es el dueño de la ciudad.


Exacta no, pero era cuestión de esperar unos meses.

Créditos:
Extractos del capítulo Un diario de Berlín (Invierno de 1932-33), último de Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood, según la traducción de Jaime Zulaika, publicada por Argos-Vergara en 1981 (pp. 216-217,218 y 221-222).

jueves, 28 de octubre de 2010

Kitín-Kitán

“La vida es ritmo es un espectáculo de Camut Band donde se mezclan la percusión africana, el tap-dance, la voz y el baile sobre arena. Durante más de una hora, seis intérpretes juegan con sus papeles, intercambian sus habilidades y mezclan sus ritmos para conseguir un espectáculo original, fresco, sorprendente y tan lleno de energía que hace que los espectadores tengan ganas de levantarse y ponerse a bailar, embriagados por la magia de lo que está sucediendo en el escenario. Fusionando las técnicas del claqué más moderno con la percusión de diferentes culturas y construyendo nuevos instrumentos sonoros, Camut Band creó en 1999 un espectáculo original y diferente, La vida es ritmo, cuya gira mundial ha cosechado aplausos y elogios de todos los públicos.

El pasado día 13 se estrenó (todo lo estrenable que es un espectáculo de hace diez años) en el Teatro Musical…, exacto, La vida es ritmo (era fácil adivinarlo, ¿verdad?). Gracias a que mi hermano es amigo o similar del Teatro a través del feisbuc, recibió un par de invitaciones para el estreno, y allá que nos fuimos.

El espectáculo, desde luego, es original, atractivo e interesante. Ritmo no puede decirse que le falte, ni en la ejecución de los diversos números musicales, ni en el desarrollo del propio espectáculo, ya que saben combinar oportunamente los momentos en que hacen participar al público, con lo que esa más de una hora (teóricamente, ochenta minutos), se pasan en un suspiro, dejando en el espectador ganas de más (parcialmente satisfechas con un par de bises).

Según se señala en la ficha del espectáculo, los intrumentos utilizados son: Tap agudo, tap medio, tap grave, djembe, thioungs, udu, cajón, bongos, piano, voz, arena y muxutxs. Ahí es ná.

La participación del público acompañó bien el espectáculo, especialmente en el habitual número en el que hay que llevar el ritmo con palmas, en que a pesar de todos los ensayos e intrucciones previos, siempre se escapa algunas (o bastantes) palmas fuera de la partitura. Incluso se pidió la colaboración mediante el canto, aunque la letra era sencilla, a fuer de rítmica: 'Kitín-Kitán' (aun así, hubo cantos, y... cantes). Estos fallos permitieron algunas chanzas en el sentido de que ya les habían avisado, cuando estuvieron en Castellón y Alicante, que en Valencia les resultaría difícil enseñar al público.

Personalmente, lo de “levantarse y ponerse a bailar” no es algo que resulte sencillo aplicárseme, pero al menos sí llevé (o intenté) llevar el ritmo con las palmas y voces.

En resumen, un espectáculo digno de ver tanto en su ejecución como en su curiosidad, entre la que no es menor, el uso de la arena como instrumento musical, bien por el sonido al caer, bien por el producido al deslizar los pies sobre ella.

Además, pudimos ver, por dentro, el Teatro Musical, rehabilitado hace unos seis años, aunque siguiendo no se sabe qué criterio exacto del Ayuntamiento, no estaba permitido hacer fotos del interior del edificio.

Créditos:
Texto e imagen promocional del espectáculo, tomada del librillo de programación del Teatro El Musical, para esta séptima temporada.
Entrada/invitación para el espectáculo La vida es ritmo.
Prospecto publicitario del espectáculo La vida es ritmo.
Fotografía de la fachada del Teatro El Musical, octubre de 2010, del autor.

sábado, 22 de noviembre de 2008

No, la vida no es un cabaret sin fin (salvo que...)

El pasado jueves se cumplieron 42 años del estreno en Broadway del musical "Cabaret", con música de John Kander y letra de Fred Ebb.

Hace ya un tiempo, fuimos un grupo (entre familia y amigos) a verlo, aquí en Valencia, al Off Teatre, en la calle Turia, donde los actores son los propios alumnos de la escuela.

[Ya lo conocíamos por una puesta en escena del también musical "Chicago", muy digna; por eso repetimos]

La obra es mucho más conocida por la película de seis años más tarde, y por ello, es muy probable que las canciones que se conocen, sean en realidad de la película y no necesariamente del musical. Por ejemplo, no se cantó la famosa canción del "Money", sí se cantó el también conocido "Mein Herr", y no recuerdo ahora si se cantó la menos conocida "Tomorrow belongs to me".

La melodía de esta canción fue hace muchos años, utilizada para la canción de un anuncio de cava, de una conocida marca catalana (creo que por entonces aún no había salido la sentencia del Tribunal Supremo diciendo al lobby catalán que el cava es un proceso, por tanto, no puede ser propio de una zona, y por tanto, todo aquel producto que se confeccione como cava, puede llamarse cava, aunque se elaborara en Requena [pues Torre Oria fue quien inició la ofensa a Cataluña por querer hacer cava fuera de allí]); como decía, fue la melodía del anuncio, y esto motivó un duro artículo del ahora recién retirado Moncho Borrajo en el periódico "Las Provincias" (lo mismo hasta tengo el artículo; si lo encuentro, ya lo mostraré), poniéndolos de chupa dómine, y diciendo que ahora ya sabía de sus tendencias.

En la película, una vez iniciada la canción, la única frase que se dice, cuando Michael York va a entrar en el coche para alejarse con su amigo, es "¿Sigues creyendo que les pararéis los pies?"

Bueno, en realidad, todo esto no quería ser sino una excusa para, al hilo del aniversario y de la canción, hacer un recordatorio sobre esta frase, y sobre el hecho que da la respuesta:

- la canción la empieza un muchacho, y poco a poco se van añadiendo más y más de entre los presentes, jóvenes y adultos
- el abuelo se encuentra claramente incómodo y triste, y rodeado, pero se queda
- los protagonistas, en desacuerdo con el grupo que alza la voz, se van

En resumen, los únicos que, en realidad, hacen algo, son los camisas pardas.

Y claro, siguieron haciendo.

Quien, en España, tenga oídos para oir, que oiga.