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miércoles, 30 de mayo de 2012

Y ahora, ¿dónde los pongo?: No sólo de lectura

Hace una semana, asistí a una nueva sesión del Club de Lectura de Casa del Libro, en el Paseo de Ruzafa (antes Calvo Sotelo), en el centro de Valencia.

Naturalmente, algo me traje.




Bueno, y también para la siguiente sesión, un finalista, y el elegido.

Créditos:
Portadas de los libros en cuestión.

sábado, 14 de enero de 2012

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Ésta es otra Historia

En su momento, comenté que en mi último viaje a Madrid pude encontrar abiertas, entre otras, las puertas de la Real Academia de la Historia. Lógicamente, entré; además, a su Servicio de Publicaciones.

Gracia hecha del catálogo de publicaciones, que era gratuito, cargué la mochila con otras tres obras más, llevándome, junto a ellas, la sorpresa de que una de éstas me resultó gratis por no sé qué promoción o similar que se me pudo aplicar.

Cerca de cumplir tres meses de aquello, y por tanto, casi convertido en Historia, traigo esta anotación, traspapelada entonces, y recuperada gracias a la anterior sobre Correos (pues uno de los envíos era, precisamente, a la Real Academia de la Historia).

     

Créditos:
Portadas de las obras en cuestión.

sábado, 16 de julio de 2011

Y ahora, ¿dónde los pongo?: ¡Empezó el verano!




En realidad aún faltaban unas horas, pero dije ¡Hola! al verano diciendo ¡Adiós! a una ciudad (la misma de hace algo más de un año).


Y cumpliéndose dos días estivales, viajes, ideas,…






Vamos, que no me voy a aburrir.

Créditos:
Portadas de los libros en cuestión.

sábado, 16 de abril de 2011

Licencia para escribir

Todo empezó a las pocas semanas de casarnos. Ahora pienso que nuestro matrimonio fue un error. Pero él me necesitaba, ¿sabe? ¡Estaba tan solo! La nostalgia, a estas edades, es peligrosa… Pero creo, de cualquier forma, que cometió un error llamándome a su lado.

El otro día pude decirle a Luis Alberto de Cuenca que mucha gente no sabía que, finalmente, James Bond se casó (de nuevo), esta vez con Monneypenny. Él, naturalmente, ya lo sabía.

Y es que este secreto nos lo desveló, hace casi cuarenta años, aunque hablando en futuro (futuro que ya es pasado nuestro), José Luis Garci, en el primero de los relatos del periodista Adam Blake, relato que, como no podía ser de otra manera, se titula Un tipo de antes.

De James Bond, Adam conocía algo. Fue uno de los cultos más fascinantes de la absurda cultura del pasado siglo. ¡Como si nunca hubieran existido superhéroes fascistas en América o Europa que pudieran matar impunemente…! Bond fue un «duro» inglés, un agente secreto –el 007– al servicio del Imperio Británico (¡qué lejos quedaba eso de Imperio Británico!). Educado, elegante, cruel, mujeriego, el tal James Bond no pasó de ser un empleadillo más de los gabinetes políticos de Occidente (¡Cristo, lo de Occidente sonaba casi a prehistoria!). Gracias a la propaganda, los hombres de varias décadas atrás –los manejados, neuróticos e infelices seres del pasdo siglo– acogieron a Bond como un semidiós.

Luis Alberto de Cuenca me comentó que un día, mejor dicho, una noche, le llevó a Garci al programa de Luis Herrero Cowboys de medianoche el libro en cuestión; llevándose la sorpresa de que el mismo Garci no lo tenía.

O sea, que ya tengo una cosa en común con Luis Alberto de Cuenca.

Adam quiso conocer las últimas palabras del héroe.
- Bueno, nos llamó a todos a su lado –dijo
Q–, y, tras mirarnos detenidamente, nos dijo: «¡Oh, muchachos, todo es una juerga, creedme, todo es una juerga!...» Luego silbó el tema que le hizo tan famoso, y murió.



Créditos:
Portada de Adam Blake, de José Luis Garci, en edición de Miguel Castellote, Editor (Madrid) de 1972.
Extractos del primer relato, Un tipo de antes, del citado volumen.