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sábado, 22 de octubre de 2011

El recuerdo es un poema, y no sinfónico

“Uno de los acontecimientos musicales de la Valencia de antiguos tiempos, fue la actuación, en el Teatro Principal, como concertista de piano, del famoso compositor Franz Liszt, el año 1845, cuando el genial músico contaba treinta y cuatro años, y su figura impresionaba a las gentes. Su larga levita negra, abrochada hasta el cuello, su larga melena, su brillante mirada y su andar erguido y arrogante marcaban la más desatacada silueta romántica de la época.”

El anuncio de la presencia de Franz, o Ferenc, Liszt en Valencia se hizo el 24 de marzo de 1845, Lunes de Pascua, en el programa del concierto de ese día:
“La empresa, aprovechando la casualidad de hallarse de paso por esta capital el célebre artista señor Liszt, ha podido lograr que dé un concierto extraordinario en este teatro.”

El concierto quedó fijado para el jueves siguiente, día 27. “El éxito alcanzado por este concierto dio motivo par otro, que se efectuó en el mismo teatro, el sábado, día 29.”

Pero no quedó en esto. En ambos conciertos, en los que se interpretaba también recitales de óperas famosas del momento, actuó la “señora Giuseppina Brambilla”, la cual ofreció un concierto el día 31, para el cual, junto con la empresa, consiguió que el famoso viajero aplazara su partida de la Ciudad e interviniera en el mismo.

“Nuevamente se menciona a Liszt en el programa del día primero de abril del citado año de 1845 en el teatro Principal”. Y es que “el señor Liszt, a quien la música de nuestras canciones es tan agradable por la originalidad y belleza de sus aires, no ha querido perder ocasión de oír cantar al señor del Río en este género, que tanto sobresale, cuyos deseos le ha manifestado, el cual ha accedido con el mayor placer, a la más leve insinuación, en prueba del aprecio y admiración que le merece tan célebre artista.”

El caso es que Liszt estuvo en España durante bastante tiempo, de lo que existe recuerdo, por ejemplo, en Madrid, de los dos conciertos que allí ofreció.

Naturalmente, con cuatro conciertos en el Teatro Principal de Valencia, el recuerdo es… nulo. Ni siquiera vale la excusa de que hoy se cumplen dos siglos de su nacimiento.


Actualización: Veo al final del día que hay un recuerdo en el periódico Levante, aunque no coinciden en el número de conciertos, (mini)informándose en la misma noticia acerca de un recital patrocinado por la Diputación… propietaria del Teatro Principal de Valencia.

Créditos:
Extractos del artículo La Pascua valenciana de Franz Liszt, de Vicente Vidal Corella, ilustrado por el retrato que se acompaña, publicado en el periódico Las Provincias, de Valencia, el 11 de abril de 1982, tomado de la hemeroteca del autor.
Fotografía de la placa conmemorativa existente en la fachada del Palacio de Villahermosa recayente a la Carrera de San Jerónimo, de agosto de 2007, del autor.

domingo, 27 de febrero de 2011

Llamada para un sueño

Un día similar a éste, pero de hace dos años, fui al Teatro Principal de Valencia, para ver la última representación aquí de la producción dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente de La vida es sueño.

“«La vida es sueño» es, sin duda, uno de los experimentos dramáticos más portentosos del teatro universal y una joya del Barroco español. Para entender nuestro tiempo marcado por la confusión nos adentramos en la peripecia humana de Segismundo, príncipe deportado a las entrañas de la tierra, donde nace la noche. Desnudo y encadenado brama en el laberinto. (…) Segismundo ya no es Segismundo, es el hombre, el común hombre. Y la mujer. Faltaría más. En esta cita apocalíptica, no podemos olvidar la poesía.”

La lectura del teatro clásico español no es sencilla tanto por el verso como por el habitual uso del hipérbaton, que aconseja una segunda lectura para terminar de entender la frase. Esta dificultad se ve acrecentada en las representaciones, en las que una dicción desajustada hace totalmente ininteligible, a poco que se extienda más allá de un par de frase, todo el parlamento.

Esta primera impresión es la que me causó ver a Ana Caleya como Rosaura, brincando por el monte hablando no sé qué de un hipogrifo. Afortunadamente, se tranquilizó pronto y el resto de la obra pude seguirla sin mayores pérdidas que las que ahora se manifiestan en mi memoria.

Es conocida la actual afición de los directores (de teatro o de ópera) de organizar la escena de una forma muy ‘personal’. En este caso, Juan Carlos Pérez de la Fuente no lo fue en exceso, sino comedido (más ajustado, por ejemplo, lo fue en Angelina…). Como ejemplo de lo minimalista del decorado, teníamos unos a modo de pilares, que merced al correspondiente giro, ofrecían un lateral u otro, cada uno con su color, para indicar el lugar de la acción.: lógicamente, llegó un momento en que, como Segismundo, varios pilares giraron continuamente.

“Pieza estrenada en Madrid en el año 1635, cuando Calderón solo tenía treinta y cinco y era un joven rebelde, inconformista y atormentado. Y dudaba, casi como nosotros, entre el sueño y la realidad. Entre el teatro y la vida. ¿O no?”

La mejor puesta en escena para esta disyuntiva entre el teatro y la vida, la tuvo la compañía, sin proponérselo, justo al final de la Jornada Segunda, con el famoso monólogo de Segismundo (encarnado por Fernando Cayo), culminando con su final.

Y es que aquel día, como éste, era el último domingo de febrero, y por tanto, en Valencia, tenía lugar la Cridá, es decir, el llamamiento oficial para la celebración de las inmediatas Fallas.

Y coincidiendo con el 'son' del monólogo sonó el castillo/mascletá de finalización de la Cridá, oyéndose perfectamente desde el patio de butacas del Teatro Principal de Valencia.

En definitiva, una buena Cridá, o llamada, para un sueño, aunque sean las Fallas, ¿o no?

Créditos:
Portada del folleto de la producción, y transcripción parcial de las notas de Juan Carlos Pérez de la Fuente, e imagen de la obra tomados del folleto.
Imagen de la entrada a la función.
Imágenes de la primera página, del final, y del famoso monólogo, tomadas de una edición de La vida es sueño, sin fecha, pero probablemente de mediados del XVIII (por la ortografía).
Fotografía de los ‘pilares’ del escenario del Teatro Principal de Valencia, tomada desde la calle, de febrero de 2009, del autor.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Cómico drama angelical

“Para empezar la sesión
y antes de la iniciación
del conflicto y de la trama,
harán su presentación
los personajes del drama.
”

Con esta introducción, a cargo del Representante (se entiende que de la empresa del teatro), a la presentación de los Dramatis personae, empieza Angelina, o el honor de un brigadier. Presentación que finaliza así:
“Y hecha la presentación
de estos nueve personajes,
con pelucas y con trajes,
va a comenzar la sesión.
”

Sin embargo, por mor de la obligatoria adaptación de la obra, en la representación dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente, la presentación no es de nueve personajes, sino de… once.

Como su propio título indica, la obra gira en torno a… Germán, “guapo mozo, de aire fatigado, vicioso y calavera, que sabe llevar la ropa”.
“Yo soy Germán, el traidor;
calavera, pendenciero,
con cinismo y con dinero
triunfo siempre en el amor.
Visto con gran elegancia,
consigo cuanto deseo
y soy un poquillo ateo…
prque veraneo en Francia,
que, como deben saber,
es la patria de Voltaire.
”

Plenamente coherente con su carácter de calavera y cínico, sólo hay que esperar al final del mismo primer acto, para presenciar este diálogo entre Germán y Angelina:
“- ¿Y nos casaremos? - Sí
- ¿Por la Iglesia? - Claro está.
- ¿Crees en Dios? - ¡Creo ya!
- ¡Jura!... - Lo juro por ti.
- ¿Qué va a decir mi papá?
- Que diga misa… - ¡Ay de mí!
”

Angelina es una “muchacha de unos dieciséis años, con aspecto de candorosa inocencia”
“que no se entera de nada
y que por eso es feliz
”.

El drama que se nos plantea se desarrolla en la conciencia (“¡Conciencia! ¿La tengo acaso?”) de Germán:
“Óyeme: hace un mes escaso
que la suerte vil e ingrata
sobre mío su ira desata
¡y en un caos me debato
que, en resolverlo, me mato
y, no resuelto, me mata!
”

Y es que el problema con que se encuentra Germán no es haberse enamorado de Angelina, en cuya fiesta de petición de mano por Rodolfo, “un romántico de la época” (y poeta), se encuentra; no, su problema es otro:
“La vergüenza me domina
ante la idea infamante
de ver que mi alma se inclina
hacia... ¡¡la hija de mi amante!!
”

Sin embargo, no es esta circunstancia la que da pie a la entrada del Brigadier (junto con su honor), sino esta otra:
“- ¡Adiós, casa en que naciera
porque el destino lo quiso!
¡Adiós, sala y cristalera!
¡Adiós, salón y escalera,
con su baranda y su friso!
- Angelina: al otro piso
escríbele desde fuera…
- ¡Adiós, pasillo y jardín!
Me marcho… ¡Quedad con Dios!
”

En efecto, Angelina huye, se fuga con Germán, moderno don Juan, y padre, como el Comendador, surge don Marcial, si bien, que aquel mejor, acaba éste al final.

Los fugitivos son seguidos, localizados, “capturados”, y separados; hay un duelo para reparar el honor, con el resultado de que, al reparar las heridas, se descubre que el honor está más dañado de lo creído, aunque unos oportunos fantasmas familiares permiten una reconciliación final, previa al definitivo “punto de contrición” de Germán, tras el que se nos expresa:

“El drama ha terminado
y, como al final, señores,
ruego el aplauso obligado
al autor y a los actores.
”

Y así fue, aunque hay que decir que los aplausos no resultaron entusiastas, por lo que hubo sólo un bloque de saludos corales por los actores.

La representación me gustó, claro que contaba a su favor mi afición por Jardiel Poncela. Técnicamente cabe señalar que el discurso de los fantasmas familiares no resultó satisfactoriamente inteligible por defectos en la megafonía con la que se ‘vestía’. También en algún momento, la música ambiente se imponía sobre la vocalización de algunos de los actores.

Otras consideraciones sobre la obra, previas al estreno en Valencia, se pueden leer en la noticia de Europa Press, publicada más completa por Las Provincias que por Levante. Y sobre la producción como tal, en el propio blog de Angelina (si es que estas chicas modernas…)

P.S. Sí, vale, de acuerdo. Este doce de diciembre se celebró un cumpleaños, je, je…

Créditos:
Anotaciones, textos y dibujos originales de Enrique Jardiel Poncela, tomados de la edición de
Angelina, o el honor de un brigadier (Un drama en 1880), según está publicado en el tomo I de las Obras completas de Enrique Jardiel Poncela, editado por AHR, según la séptima edición, de 1973.
Fotografía de la Introducción, tomada del blog de Angelina.
Fotografía del saludo de los actores, al final de la representación en el Teatro Principal de Valencia, el día 8 de diciembre, del autor.
Cartel del aniversario de la obra, tomada del blog de Angelina.

sábado, 11 de diciembre de 2010

La educación… es puro teatro

Como se puede entender de lo publicado en estas páginas, el pasado miércoles, día de la Inmaculada Concepción, estuvimos en el teatro. (Bueno, algunos estuvieron en dos, pero lo que se dice ‘asistir a la función’, sólo en uno).

En tanto se hacía la hora oportuna, pude observar dos circunstancias que hablan bien a las claras de la lamentable educación que en la actualidad campa por este país. A dicho lamento, debe añadirse el que se desprende del hecho de que muchas de las actuaciones reprensibles las protagonizan personas que por edad no pueden excusarse en las últimas leyes, fueros o desafueros educativos.

El primer aspecto es el que motiva la existencia de un cartel en el mismo antevestíbulo del Teatro Principal de Valencia.

“Su móvil permanecerá sin cobertura dentro de este recinto”.

Es digno de agradecer que, merced a la falta de civismo de la gente, la administración deba destinar parte de su presupuesto a la instalación de inhibidores en locales públicos, habiendo tantos otros locales que sí los necesitan, y eso por no hablar de los famosos vehículos destacados en Afganistán. (Sí, parece demagogia, pero como ni me presento a elecciones ni busco más audiencia,… pues no lo es).

El segundo aspecto es el que se muestra en la foto. La gente, paciente, haciendo cola ante las taquillas, bien para comprar las entradas, bien para recogerlas (como había hecho yo minutos antes, por cierto, dos veces, porque las reservas a través de Atrápalo se pagan en efectivo… y no llevaba suficiente).

El problema ya no es que la gente haga cola, bastante bien definida, por otro lado, sino cómo se dispone la cola.

Puede verse perfectamente que la cola sale en recto desde las taquillas, en una dirección sensiblemente ortogonal a la línea de fachada del edificio, hasta que, cubierto el ancho completo de la acera, ya junto al bordillo, gira, también ortogonalmente, disponiéndose de este modo en paralelo con la antedicha línea de fachada (hay que reconocer que en esta zona la geometría ya es un poco difusa).

De esta manera se consigue que quienes tengan necesidad de transitar por la acera, deban bajar a la calzada, con el consiguiente riesgo, que entiendo que se considera menor que el derivado de discutir con la gente de la cola.

En el lateral izquierdo de la foto se observa, ya, la esquina del edificio, por lo que perfectamente la cola puede adaptarse a la fachada del edificio, girar y ocupar cuanto más mejor para el espectáculo, la calle lateral, la cual, además, es peatonal.

Pero bueno, será que me estoy haciendo mayor y me fijo ya en cosas sin importancia…

Créditos:
Fotografías del cartel y de la cola en el Teatro Principal de Valencia, del pasado día 8, del autor.