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lunes, 9 de marzo de 2015

La caspa ideológica marchando de nuevo


Créditos:
Viñeta de Ortifus publicada en Levante-El Mercantil Valenciano, el pasado martes día 3 de marzo, tomada de la página de internet del periódico.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Pájaros y pájaros

Unas de las marchas que existen en el Ejército Español es la denominada Marcha de Infantes.


La melodía se recordaba fácilmente con la letra, naturalmente oficiosa, de “Ya viene el pájaro”, siendo el tal pájaro el alto mando en cuyo honor se interpretaba la marcha.

No sé yo si el pasado sábado se llegó a interpretar esta marcha al inicio del protocolo general del desfile por la Fiesta Nacional, pues donde yo estaba no se alcanzaba a oír el sonido ‘propio’ de la zona de la Tribuna de Honor.

Sin embargo, lo que sí pude comprobar es que, aun siendo el desfile de corta duración, sí llegó a imprimir carácter en la zona, pues temprano en la mañana del domingo siguiente, se alcanzó a ver sobre la calle de Alcalá una banda de pájaros en formación.

(Y, además, según me informaron ayer tarde, el pájaro que faltaba, ya ha llegado.)

Créditos:
Fotografía de un grupo de aves en formación sobre la calle de Alcalá, en Madrid, en la mañana del pasado domingo día 13 de octubre, del autor.

miércoles, 18 de julio de 2012

Oración por los caídos

El campo [de Ceriñola] aparecía cubierto de cadáveres franceses, por lo que el Gran Capitán se sintió conmovido y ordenó dar tres toques de atención prolongados de corneta para que los vencedores rezaran por los muertos. Este es el origen del toque de oración que con el tiempo se transmitió del ejército español al resto de los ejércitos.



Nota:
Tristemente, esta referencia sólo figura en la entrada dedicada a la Batalla de Ceriñola en la Wikipediaen inglés, y no en ninguno de los idiomas de los países implicados en la batalla.

Créditos:
Extracto del capítulo 2 Ceriñola (1503) de la obra de Fernando Martínez Laínez, Vientos de gloria. Grandes victorias de la Historia de España, editada por Espasa, en 2011 (pág. 48)

Grande, no sólo como militar

El sistema táctico de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán –dice [el mariscal británico] Montgomery– fue sometido a prueba en esta batalla, librada en abril de 1503, y estableció una fórmula que se repetiría casi veinte años después en Bicoca. La victoria de Ceriñola supone la consagración del talento bélico del Gran Capitán, primum inter pares de un selecto grupo de capitanes españoles forjados en la guerra de Granada y en las conquistas en el norte de África, al servicio del estado moderno creado por los Reyes Católicos que dominaría Europa durante décadas.
En Ceriñola, la infantería española se atrincheró en las laderas de una colina cubierta de viñedos, con las filas de arcabuceros delante y los piqueros detrás. A los pies de esta elevación discurría un foso en el que los soldados levantaron un talud defensivo con la tierra que encontraron a mano. El Gran Capitán, actuando con astucia, provocó la alocada acometida de los franceses, hasta que estos se lanzaron a la trampa mortal que les estaba esperando. Cuando quisieron salir de ella era demasiado tarde.

Gonzalo, en medio de la masacre, contempla el triunfo de sus hombres y la derrota de los franceses, preguntándose por el sentido de todo eso. ¿Acaso ésa es la única manera de organizar la sociedad? ¿Por qué ese irreductible deseo de matar y de morir que invade al europeo? Al caer la noche, Gonzalo se refugia en su tienda de campaña, mientras deja que los Colonna y otros capitanes se divirtieran en las tiendas de los vencidos. Sigue triste y perplejo. Pregunta por Nemours, su enemigo, cuya suerte aún no conoce. De repente, se fija en un criado con un vestido, que reconoce, deslealmente robado del cadáver del duque. Se apartó, retrocedió dos pasos, y se pegó a la tela de la tienda para ver mejor al felón. Se enfureció; luego, exigió ser llevado junto al cuerpo de Nemours, a quien encuentra en el campo completamente desnudo, con una teja tapándole sus partes. No necesitaba más. Sintió náuseas y ordenó que llevaran al duque hasta el campamento. Organizó un oficio de difuntos. Sentía una infinita ternura por aquel joven altivo y desgraciado.

Créditos:
Extracto del capítulo 2 Ceriñola (1503) de la obra de Fernando Martínez Laínez, Vientos de gloria. Grandes victorias de la Historia de España, editada por Espasa, en 2011 (pág. 37)
Extracto del capítulo 13 Senderos de gloria (1501-1503), de la obra de José Enrique Ruiz-Domènec, El Gran Capitán. Retrato de una época, editada por Círculo de Lectores, en 2002 (pág. 343)
Imagen del cuadro de José Casado del Alisal, Los dos caudillos, óleo sobre lienzo, en el Museo del Prado, tomada de la ficha correspondiente en su página de internet.

domingo, 24 de junio de 2012

Semos diferentes

Como ya hemos visto, en España no se suele recordar gestas épicas, y en particular de su Caballería.

¡Qué diferencia con el comportamiento en otros países!

Por un lado, Gran Bretaña no dudó en ensalzar la famosa Carga de la Brigada Ligera, totalmente desquiciada (tanto humana como militarmente), aunque eso sí, en el cine quedó muy bien.


Asimismo, en el cine de Estados Unidos tampoco hubo reparos para mostrar una serie de cargas sucesivas, pero de distintos regimientos, durante su Guerra Civil o Guerra entre los Estados. Igual que en el caso anterior, también quedó muy bien en el cine.


Curiosamente, las películas de ambos episodios fueron protagonizadas por Errol Flynn y Olivia de Havilland, aunque la dirección cambió de Michael Curtiz a Raoul Walsh.

A pesar de estos antecedentes, tal y como está el patio, tal vez sea mejor que, a los distintos momentos de la Historia de la España, el actual cine español... ni se acerque.

Memoria gráfica de la Historia

Hace unos días recordamos la gesta del Regimiento de Alcántara durante los días del Desastre de Annual. Sin embargo, no fue la única acción de la Caballería española digna de ser recordada expresamente.

Durante los episodios de la guerra de Marruecos de 1909, en una acción junto a Taxdirt, el 20 de septiembre, una brigada de Infantería se vio hostigada por unos 1.500 rifeños, y uno de sus batallones, el Tarifa, quedó seriamente comprometido bajo el fuego enemigo.

La única fuerza que podía actuar rápidamente en aquel momento era la Caballería, de la que sólo se encontraba presente un escuadrón, el cuarto, del 21º Regimiento de Cazadores Alfonso XII. Y allá que fueron.

A pesar de las importantes bajas, el escuadrón dio hasta tres cargas contra los rifeños, quienes, ante lo inesperado (y desesperado) de la acción, acabaron replegándose, y aunque el escuadrón quedó diezmado, el batallón Tarifa pudo salvarse.

Esta heroica acción, premiada con la Laureada, aunque a su debido momento (no como le sucedió al Alcántara), naturalmente, apenas ha tenido mayor difusión en España, aunque, como en el caso del Cabo Noval, sí mereció un pequeño homenaje en las páginas de la Revista Trinca, de la pluma de Antonio Hernández Palacios.

También existe el llamado Himno de Taxdirt, y he encontrado una interesante reseña en el blog Espacio Cusachs.

Créditos:
Portada e imágenes de las planas de la aventura gráfica La paga del soldado-La carga de Taxdirt, tomadas de la Revista Trinca (nº 48, del 15 de octubre de 1972), de la biblioteca del autor.

sábado, 16 de junio de 2012

Hoec Nubila Tollunt Obstantia Sicut Sol

Visto el expediente de juicio contradictorio instruido al Regimiento de «Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería», actual Regimiento de Caballería Acorazado Alcántara 10, por los hechos protagonizados en las jornadas del 22 de julio al 9 de agosto de 1921, en los sucesos conocidos como «Desastre de Annual», donde dicha unidad combatió heroicamente protegiendo el repliegue de las tropas españolas, desde las posiciones en Annual a Monte Arruit, hasta el punto de que las bajas sufridas fueron de 28 jefes y oficiales de un total de 32 y de 523 de clases de tropa de un total de 685 en filas, (…)

Vengo en conceder la Cruz Laureada de San Fernando, como Laureada Colectiva, al Regimiento de «Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería».

En la corbata de la referida condecoración deberá figurar la siguiente leyenda: «Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería», «Annual», «1921».

Dado en Madrid, el 1 de junio de 2012.

JUAN CARLOS R.

El pasado sábado 2 de junio, el Boletín Oficial del Estado publicaba el Real Decreto 905/2012, cuya disposición llevaba esperando el ‘sueño de los justos’ demasiado tiempo, tanto, que incluso cuando el expediente quedó resuelto en su momento, ya durante la Segunda República, la unidad condecorada… había desaparecido por la famosa Ley Azaña sobre el Ejército.

Solucionado, más tarde que pronto, el aspecto administrativo-institucional de la gesta, queda el social, más amargo si cabe, ya que, en cierto modo, es la causa de aquél.

Sin embargo, cuesta creer que la carga del Alcántara en Annual no haya sido digna de una novela, ni de un poema, ni siquiera de un corto. Quizá porque aún existe, previas necedades de la memoria histórica, una autocensura sobre nuestra historia bélica, algo que proviene a partes iguales del hartazgo por tanta derrota y de cierto espíritu cobardón y miserable, el que ha asumido con entusiasmo que soldados de otros países mueran para garantizar nuestra propia seguridad. Algo parecido a ese dinero que pagaban algunas familias pudientes para evitarles a sus hijitos la guerra de África.

De hecho, la repercusión de la Laureada (¡una Laureada!) ha tenido muy escaso eco en la prensa, o al menos, no ha llegado a mis oídos. Y eso, que donde la he visto recogido, lo han hecho hasta tres veces.

El mismo día del Consejo de Ministros, ya La Gaceta lo recogía. Lo recordaba una semana más tarde, y este pasado fin de semana nos informaba sobre la ignominia del anterior Gobierno, paralizando el expediente.


Nota 1:
Esta anotación es la que hace el número 1643, pues la he podido hacer coincidir intencionadamente con el número del año en que sucedió la batalla de Rocroi, en homenaje a los TerciosViejos.

Nota 2:
El título de la anotación es el lema del Regimiento de Alcántara.

Actualización:
Para compensar, este domingo Arturo Pérez-Reverte se ha hecho eco, relatándonos, en su característico estilo, la acción del 23 de julio de 1921.

Créditos:
Extracto del Real Decreto 905/2012, de 1 de junio, por el que se concede la Cruz Laureada de San Fernando, como Laureada Colectiva, al Regimiento de «Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería» (las negrillas son mías).
Imagen del cuadro de Ferrer Dalmau reflejando una de las cargas del Regimiento de Alcántara, tomado de internet.
Extracto de la noticia publicada en La Gaceta el sábado 9 de junio.

sábado, 23 de julio de 2011

Creyente primero; militar y diplomático, después

Nací en Nueva York, el año 1917. Viví diez años, desde los seis a los dieciséis, en Europa. Mis padres me matricularon en escuelas católicas inglesas y francesas, en donde adquirí buenos conocimientos de francés, español, italiano y alemán. Poco después de regresar a los Estados Unidos, sin ahber cumplido aún los veinte años, mi padre sufrió graves reveses en sus negocios, y no me quedó más remedio que dejar los estudios y ponerme a trabajar.
(…)
El día 2 de mayo de 1941, me presenté en la Flushing Armory de Nueva York, con otros muchos jóvenes que también iban a alistarse en el ejército. (…)
También me interrogó un siquiatra. (…) Me hizo varias preguntas extremadamente personales acerca de mis experiencias sexuales. No sin cierta vergüenza, le dije que nunca me había acostado con una mujer. El siquiatra dijo: «¡Vaya, ha aquí un hombre casto!» Luego, ceñudo, me preguntó por qué no lo había hecho y si las mujeres no me gustaban. Le contesté dándole seguridades de que sí me gustaban, pero que, a pesar de ser así, no me había acostado jamás con una. Me preguntó qué me lo había impedido. Le contesté que, pensándolo un poco me atrevería a decir que se debería, en el sesenta y cinco por ciento de los casos, a las inhibiciones propias de mi formación católica, en el treinta por ciento a que sólo había tenido oportunidades con muchachas que no me gustaban, y en el cinco por ciento restante a la falta de oportunidad con las muchachas que realmente me gustaban. El siquiatra quedó tranquilizado, sonrió, me dio una palmadita en el hombro, y me dijo: «No hay problema. Aceptado. Y buena suerte.»
” (pp. 10-12)

El día 20 de octubre de 1942, escribí lo siguiente en mi diario:
Estamos cruzando un océano infestado de submarinos enemigos que nos acechan cual tiburones para iniciar su salvaje ataque. (…) ¿De dónde sacamos esa confianza? En mi caso, el convencimiento de que tengo la conciencia tranquila ante mi Dios y de que estoy preparado para presentarme ante Él, si llega el momento, constituye una ayuda extraordinaria. No creo que me llegue la muerte en esta ocasión, pero si llega estoy preparado para comparecer ante mi Creador.
(…) En cubierta, por la noche, cuando contemplo la negra inmensidad que oculta por igual a amigos y enemigos, tengo la impresión de que Dios y la eternidad estén más cerca.
(…)
Las últimas horas del día 7 de noviembre de 1942 iban transcurriendo inexorablemente, mientras la gran flota se acercaba a la costa africana, sin que quienes se hallaban en ella la hubieran avistado. (…) Silenciosamente, los buques se dirigieron a sus respectivas posiciones, en la zona de concentración, a pocas millas de la costa. La excitación me había hecho un nudo en la garganta. La noche era negra, absolutamente negra, y nuestra expectación enra tremenada. (…) Esto fue lo que a fin de cuentas escribí, y esto era lo que sentía:
Escribo estas líneas a la 1.10 a.m. en la sala de oficiales del USS Lyon, mientras nos acercamos al punto de concentración desde el que lanzaremos el ataque. Las lanchas de desembarco están siendo puestas a flote, y los altavoces difunden música militar, con algún que otro disco de swing intercalado. (…)
Me intriga esa certidumbre que tengo de que Dios me concederá su ayuda durante la tormenta que se nos avecina. Estoy excitado, tremendamente excitado. (…)
La única manera en que puedo explicar mi carencia de miedo consiste en que el año y medio que llevo en el ejécrito me ha convertido en un soldado. Estoy orgulloso de ello, Dios mío…” (pp. 28-29 y 33-35)

En el jeep entré en la plaza de San Pedro. No había ni un vehículo. Pronto apareció un gran gentío que comenzó a vitorearnos. Llegué hasta la basílica y detuve el coche. Yo no quería entrar armado en la iglesia, ni tampoco que mis hombres se quedaran fuera mientras yo entraba. En consecuencia, esperé un poco hasta que llegó otro jeep, y ordené a los hombres que iban en él que vigilaran nuestras armas mientras estuviéramos dentro de aquella iglesia tan pletórica de significado para los católicos. Al entrar en la vasta, fresca y silenciosa iglesia sentí temor. Me sentí pequeño e insignificante, pero agradecido por haber podido llegar hasta allí. Así se lo dije a Dios en mi oración.” (pág. 71)

El Departamento del Ejército había enviado un telegrama diciendo que el general Marshall [entonces Secretario de Estado] había recabado mis servicios, por lo que debía ser su intérprete y ayudante, durante la Séptima Conferencia Panamericana que se celebraría en la capital colombiana en el mes de abril [de 1948]. (…)
Nada ocurrió hasta el día 9 de abril
[viernes]. (…) A primera hora de la mañana, traduje al general Marshall varios artículos de los diarios de Bogotá, e hice comentarios acerca de la extremada violencia del lenguaje con que discutían liberales y conservadores. (…) El general Carter regresó del teléfono y, con su habitual aire de timidez, dijo: «Era la embajada. Dicen que han matado a tiros, en el centro de la ciudad, a un individuo llamado Gaitán.» Quedé aterrado, por cuanto sabía que Jorge Gaitán era el máximo dirigente de la oposición liberal. (…) Dije al general Carter: «Si esto es verdad, hoy mismo tenemos revolución o guerra civil.» El general Carter me dirigió una mirada de reprobación, y me dijo: «Walters, no debe usted hacer afirmaciones tan categóricas en presencia del general Marshall.» Poco después comenzábamos a oír el sonido del tiroteo alrededor de la casa. Y no tardó en llegar el momento en que la lucha se extendió ya a toda la zona.
(…)
Al amanecer del (…) domingo, los tiroteos se extinguieron, y el día fue relativamente tranquilo. Decidí ir a misa a la catedral. Cecil Lyon, que también era católico, decidió acompañarme. Preguntamos al general Marshall si podíamos utilizar su automóvil, y contestó: «Sí, pueden, pero hagan el favor de devolvérmelo porque puedo necesitarlo.» Con Aníbal al volante nos dirigimos a la catedral, que se encontraba en la plaza del Capitolio. Llegamos a ésta sin dificultad, y el automóvil se detuvo ante la catedral. Subí los peldaños que lleva al sólido edificio colonial, y, con la consiguiente desilusión, vi que las puertas estaban cerradas. Para que, en Suramérica, las puertas de una catedral estén cerradas un domingo es preciso que la situación diste mucho, pero mucho, de ser normal, lo cual venía a demostrar que el que no hubiera tiroteos en aquellos momentos no significaba lo que yo había creído. Cecil Lyon, que hablaba un español excelente, no pareció amilanarse, y dijo al chófer: «Aníbal, llévanos a esa plaza en que se encuentra el hotel Granada, allí hay otra iglesia que quizá esté abierta.» Mascullando palabras para su capote, Aníbal nos llevó allá. Al entrar en la plaza, vimos que, bajo las copas de los árboles, había un buen número de soldados que, habiendo dejado sus fusiles, estaban tumbados en el suelo, en el centro de la plaza, fumando y charlando. En el preciso momento en que entramos, varios francotiradores situados en diversos edificios abrieron fuego contra los soldados que estaban bajo las copas de los árboles. Inmeditamente los soldados cogieron los fusiles y contestaron el fuego de los invisibles francotiradores ocultos en los edificios. En la plaza se armó un formidable jaleo. (…) Al momento miré la plaza por encima del hombro del chófer. Estaba desierta, con la salvedad de los soldados que disparaban contra los invisibles francotiradores ocultos en los edificios. Dije a Cecil Lyon: «Supongo que no creerás que podamos entrar ahora en la iglesia.» Cecil Lyon dirigió una calma mirada a la plaza y repuso: «Sí, ahora podemos; Aníbal, vaya hasta la iglesia.» Llegamos a la iglesia, y Cecil, diplomático muy educado, muy del tipo llamado diplomático de salón, salió del automóvil y comenzó a subir los peldaños que llevan a la iglesia, sin ni siquiera mirar atrás, hacia donde tenía lugar el feroz tiroteo. Cuando se hallaba en el cuarto peldaño, más o menos, Cecil Lyon dio media vuelta sobre sí mismo, y sin dirigir la vista hacia aquello que a él le parecía una vulgar bronca, dijo al chófer: «Aníbal, estaremos en la iglesia unos cuarenta y cinco minutos, venga a buscarnos entonces.» A estas palabras, Aníbal repuso: «¡Oh, no, no, señor! Hoy, también iré yo a misa.» Y Aníbal, moviendo las piernas a toda velocidad, nos adelantó y entró en la iglesia. Se trataba de un antiguo edificio, con gruesos muros de piedra, donde estábamos muy seguros.
Durante la misa y el sermón, el celebrante exhortó a los asistentes con las siguientes palabras: «Limitaros a arrodillaros, no hace falta que os tiréis al suelo.» Aquella mañana había mucha gente en la iglesia rezando fervorosamente, y no todos los presentes eran colombianos. Cuando salimos el fuego de los francotiradores había cesado. Los soldados volvían a encontrarse alrededor de los árboles y, al parecer, había renacido la calma. En el automóvil regresamos a casa de los Puyana.
” (pp. 85, 87 y 94-95)

El otro día, trajo Bate a estas páginas unas declaraciones de Vernon Walters sobre España. Llegará el momento de comentarlas por aquí, pero primero, creo, debemos conocer algo de la personalidad del militar y, después, diplomático.

Créditos:
Extractos de los capítulos Cómo llegué a ser soldado, A Marruecos, Con el General Clark y En Bogotá con el General Marshall, de la primera parte de Misiones discretas, libro de memorias del General Vernon A. Walters, según la traducción de Andrés Bosch, en edición de Planeta de septiembre de 1981.
Fotografías tomadas del libro:
- de soldado raso, recién ingresado en Camp Upton (Long Island), con el mono azul de trabajo, el 4 de mayo de 1941
- el 27 de septiembre de 1994, con el V Ejército, en Italia. Vernon Walters es el que está a la derecha, y el general Clark, es el tercero por la derecha.
- fotografía sin fechar, en la solapa del libro.

domingo, 20 de marzo de 2011

Acciones y efectos de las palabras

Como es bien sabido, en Libia están sucediendo cosas. Aunque no sepamos con certeza qué, ni el porqué, el caso es que sí parece que esté sucediendo… algo.

Pero de momento, ya van las Fuerzas Armadas españolas hacia allá.

La nota del Ministerio es de ayer, día 19. Y hoy, día 20, los cuatro aviones de combate F-18 “están ya operativos e integrados en el dispositivo aliado y tienen autorización para abrir fuego”.

La actividad no cesa, y mañana día 21, se reúne la Junta de Portavoces del Congreso de Diputados, para “tramitar escrito de solicitud previsto en el artículo 17 de la Ley Orgánica de Defensa Nacional”. El a partir de ahora, famoso artículo 17, dice lo que sigue:
Artículo 17. Autorización del Congreso de los Diputados.
1. Para ordenar operaciones en el exterior que no estén directamente relacionadas con la defensa de España o del interés nacional, el Gobierno realizará una consulta previa y recabará la autorización del Congreso de los Diputados.
2. En las misiones en el exterior que, de acuerdo con compromisos internacionales, requieran una respuesta rápida o inmediata a determinadas situaciones, los trámites de consulta previa y autorización se realizarán mediante procedimientos de urgencia que permitan cumplir con dichos compromisos.
3. En los supuestos previstos en el apartado anterior, cuando por razones de máxima urgencia no fuera posible realizar la consulta previa, el Gobierno someterá al Congreso de los Diputados lo antes posible la decisión que haya adoptado para la ratificación, en su caso.


En definitiva, que estamos en el supuesto tercero del artículo, para que no quepan dudas: aquí nadie aprueba nada, sólo se ratifica lo ya hecho.

Rodríguez se lo ha tomado en serio esta vez. Elentir nos informa del porqué, según viene a reconocer el director de Público: Gadaffi se ha comparado con Franco, y eso no está bien. Aunque… aunque tal vez sea porque para Franco, Rodríguez.

Y es que tantas cosas están sucediendo, que claro, el idioma se puede forzar pero no tanto: acción y efecto de suceder, esto es, sucesión.

Según parece, Rodríguez ya está pensando, como Franco, en nombrar a un sucesor, aunque no sé si lo será a título de Rey o de qué.

Hasta hace poco, los comentarios eran que sí pero no, que sí pero sí, que no y nunca no, y como mucho, que si una, otro o todo lo contrario.

De momento, como en la canción, “Chacón se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena”.

Y por el otro lado, Elentir nos informa en un comentario a su anotación que, según La Voz de Galicia, el Reino Unido ya lleva tiempo preparando, en la misma Libia, el terreno para los ataques, gracias a… agentes de los servicios secretos. O sea, Freddy.

Y eso que el nombre oficial de Libia es Socialista y Popular Jamahiriya Árabe Libia. Pero no, por muy socialista que sea Gadaffi... no creo que sea elegido como sucesor.

Créditos:
Fotografía de la “Salida de los F-18 para la operación de apoyo al pueblo libio”, tomada de la página del Ministerio de Defensa de España.
Imagen de la agenda del Congreso de los Diputados, para mañana día 21 de marzo.

viernes, 18 de marzo de 2011

Apuntados a un bombardeo

En ese momento hubo una confusión repentina en la planta principal, por debajo de nosotros. Todo el mundo se volvió a ver qué sucedía. Estaban todos sentados salvo los camareros que corrían de un lado a otro ofreciendo cestas de pan, fuentes de ensalada y más vino y agua. Pero había entrado un hombre alto y moreno, vestido con una larga túnica blanca. Su rostro guapo era una máscara de pasión mientras recorría las filas de mesas balanceando una fusta. Los camareros, reunidos en grupos, no hacían gesto alguno por detenerlo. Yo miraba incrédula mientras lo veía descargar la fusta a un lado y a otro mientras pasaba, barriendo las botellas de vino y tirándolas al suelo. Los comensales permanecían en silencio mientras las botellas caían a derecha e izquierda.
Con un suspiro, Boumédienne se puso en pie y dijo unas rápidas palabras al mayordomo que había acudido a su lado. Después, el melancólico presidente de Argelia descendió al nivel del suelo, donde esperó que el hombre guapo llegara a su lado con sus largos pasos.
- ¿Quién es ese tipo? –pregunté a Kamel en un susurro.
- Muhammar El Gadaffi. De Libia –dijo Kamel en voz baja–. Hoy hizo un discurso en la conferencia sobre la inconveniencia de que los seguidores del Islam beban alcohol. Veo que tiene intención de ser fiel a sus palabras. Está loco. Dicen que ha contratado asesinos europeos para atacar a importantes ministros de la OPEP.
- Lo sé –dijo el querúbico Yamini, con una sonrisa llena de hoyuelos–. Mi nombre ocupa un lugar prominente en su lista.
No parecía preocuparle mucho. Cogió un trozo de apio y lo mascó con aire de satisfacción.


La acción anterior forma parte de El ocho, novela de Katherine Neville, y se encuentra situada en junio de 1973, en el marco de una conferencia de la OPEP.

El coronel Gadaffi lleva unas semanas nuevamente de actualidad mundial, con motivo de las revueltas que existen en Libia. Hay opiniones para todos los gustos, incluso las políticamente incorrectas. No sé dónde, leí un comentario a una noticia en el que se hacía referencia a que el periódico italiano Il Messagero cuestionaba las informaciones sobre Libia argumentando, entre otras cosas, la falta de documentación gráfica clara. El comentario fue descalificado poco después por otro comentarista con el argumento, más contundente si cabe, de que el periódico en cuestión era filocomunista. Algo después, hace ya una semana, era Libertad Digital quien se hacía eco de esta ‘anomalía’. Esta ‘anomalía’ ha sido también recordada esta noche por Juan Carlos Girauta en la tertulia de La Linterna, en COPE. De hecho, el pasado domingo, en las noticias de Antena 3 ofrecieron las clásicas, supongo, imágenes de rebeldes disparando con antiaéreos y armas ligeras hacia el cielo, se entiende que contra aviones del gobierno libio. Lógicamente me quedé esperando la siguiente toma, mostrando los cazas en vuelo rasante, o al menos, sobrevolando la zona… y acabé sentándome visto que empezaban los anuncios.

De todas formas, digan lo que digan, muestren lo que muestren, o dejen de mostrar, los medios de comunicación, el caso es que la comunidad internacional ha acabado aceptando ‘Muhammar El Gadaffi’ como ‘chico malo’ y ha decidido castigarlo. Bueno, más que la comunidad internacional, unos cuantos de la comunidad internacional, entre ellos nuestro Gran Timonel Todo a 100. Como bien ha dicho Juan Pablo Colmenarejos esta noche, este hombre “se apunta a un bombardeo”.

Así pues, “polvo, sudor y hierro, Zapatero cabalga”. No lo hace al destierro (al menos, que yo sepa), sino a… lo suyo, lo que le interesa ahora. Cuenta con el respaldo de Carmen “Capitán mande firmes” Chacón, tal vez en la confianza de que algo salga mal y ésta se vea afectada en la carrera sucesoria; aunque en esta ocasión con cuenta con el respaldo de Javier “Javierete” Solana al frente de la OTAN. Una pena porque, visto que lo de Fukushima no termina de decidirse, lo mismo nos quedamos también sin el despliegue que este mozo nos ofreció hace años, de armamento nuclear en Kosovo,… usándolo.

Al menos, desde el punto de vista de los medios de comunicación, esta decisión (más o menos) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, permitirá disponer, por fin, de imágenes de la cruda realidad de Libia. Aunque sea de los civiles fallecidos por los ataques aliados (¡ah, no!, que esta vez no habrá daños colaterales), o de los, cuando se produzca el desembarco, ataúdes de los soldados aliados regresando a casa (¡ah, no!, que si se muestran flaquea la moral justiciera de Occidente, y ahora ¡hay motivo!).

Bueno, más o menos:
En ese momento Houari Boumédieene regresó a la mesa y volvió a sentarse. Todo el mundo sonrió en su dirección y el rey Faisal dijo en inglés:
- Nuestro coronel Gadaffi no es tan estúpido como aparenta. –Y fijó sus grandes y líquidos ojos de halcón en elpresidente de Argelia–. ¿Recuerda lo que dijo cuando alguien se quejó de la presencia de Castro en la conferencia de países no alineados? –El rey se volvió hacia Yamini, su ministro, que estaba a su derecha–. El coronel Gadaffi dijo que si se impedía a cualquier país su participación en el Tercer Mundo porque recibía dinero de las grandes potencias… todos teníamos que hacer las maletas y volver a casa. Terminó leyendo una lista de los arreglos financieros y armamentistas de la mitad de los países presentes… muy exacta, podría agregar. No lo desdeñaría como fanático religioso. En absoluto.


Pero suceda lo que suceda, ¡cuánta razón tiene bate!

Actualización del 19 de marzo (11:30):

Ya parece que se ven aviones.

Créditos:
Transcripción parcial del capítulo El octavo cuadro, de El ocho, de Katherine Neville, según la traducción de Susana Constante, editado por Suma de Letras en la colección Punto de lectura (pág. 723 y 724-725)

Fotografía de los rebeldes, de EFE, tomada de Libertad Digital, y de Muhammar El Gadaffi con Rodríguez y Solana, tomada del especial de Libertad Digital.

Fotografía de un avión alcanzado, de la BBC, tomada de Libertad Digital.

lunes, 21 de febrero de 2011

Nota informativa radiofónica

En el programa del concierto del pasado jueves, a pesar de los idiomas, se decía por parte de Manuel Muñoz:
Afortunadamente, la [música] de Liszt no ha sufrido ningún rechazo por esta causa, aun cuando en concreto Les préludes, por su tono grandioso, fue utilizada de manera reiterada por los nazis en mítines y como sintonía radiofónica de los informativos de guerra. También en esto coincidieron, involutaria y póstumamente, Liszt y Wagner.

En algunos comentarios a los videos de la anotación anterior se leían apuntes en este sentido, y en efecto, la música sonó.



Esta circunstancia me ha recordado la sintonía informativa de Radio Nacional de España, de aquella época, que era una adaptación de un toque militar español, como recuerdo que se comentó (gracias a lo que me enteré), en un programa de TVE titulado Historia de la música militar española, y que lógicamente, se emitió hace tiempo, no ahora.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Bajar de las nubes

Ayer se publicó la noticia de que se estaba organizando una nueva versión de la “Marcha Verde”, en esta ocasión, dirigida contra Ceuta y Melilla.

Pero estamos tranquilos: Rubalcaba ha declarado que “Ceuta y Melilla están plena y absolutamente seguras”.

De hecho, hace unos momentos, el Gobierno ha decidio mover el Ejército español contra… españoles.

Créditos:
Fotografía tomada en el vuelo Madrid-Berlín, el 21 de enero de 2010, del autor.

lunes, 18 de octubre de 2010

Tenim que fer-ho i anem a fer-ho

«De cuanto ocurrió después de la riada lo que es inolvidable para mí y para muchos valencianos, es el programa que hizo Radio Juventud de Murcia. Hubo mucha solidaridad, mucha emoción. Y recuerdo aquel chico, aquel locutor… y vuelvo a sentir la misma emoción ahora mismo, cuarenta años después.»
Alicio Martínez Morillas, un valenciano entre otros miles, ha revivido aquellas emisiones de radio (…) Minutos después se lo recuerdo a «aquel chico», el locutor de Radio Juventud de Murcia Adolfo Fernández Aguilar (…) Tenía 19 años en 1957 y era locutor en Radio Juventud, una pequeña emisora de la Cadena Azul de Radiodifusión en Murcia..
«Yo era un locutor principiante en una emisora pequeña de una ciudad enclaustrada. Y, sí, la iniciativa de hacer una subasta benéfica en la radio fue enteramente mía. Se me ocurrió a mí, en mi programa, y empecé subastando algo pequeño, una cosa de mi hermano. Lo que pasa es que tomó cuerpo y creció, y pasó de ser ‘Murcia por Valencia’ a ‘España por Valencia’. Tomó una gran dimensión y con la subasta del burrito ‘Platero II’ y luego con el del anillo pastoral del arzobispo de Valencia, don Marcelino Olaechea, el programa llegó a una culminación extraordinaria, con una enorme audiencia.»
(…) Una de las necesidades primordiales que se planteó en Valencia fue la de la construcción de nuevas viviendas, urgente y evidente sin necesidad de que hubiera venido inundación alguna. (…) Nació allí
[junto a la Misericordia y el Hospital Provincial] el barrio de la Fuensanta, que lleva el nombre de la patrona de Murcia, obviamente por la gran labor que Adolfo Fernández hizo, a favor de Valencia, desde la emisora Radio Juventud de Murcia.
(…) Queda, finalmente, el Decreto de Adopción de Valencia y las inversiones que supuso. Acordado en la primera ocasión en que Franco reunió a su Gobierno para tratar sobre la catástrofe de valencia, el
[viernes] 18 de octubre, [en el Palacio de Pedralbes] en Barcelona, el decreto no fue dotado financieramente hasta el 23 de diciembre de 1957, cuando el alcalde de Valencia llegó a cotas de tensión muy elevadas y el malestar en Valencia ya se hacía patente. (…)
La dotación financiera final del Decreto de Adopción fue de 300 millones de pesetas, superior a la cifra global de toda la ayuda a Valencia, y fue decidida por el Gobierno aparte de ella y al margen también de las inversiones
[de varios Ministerios]. (…)
La ciudad de Valencia, desde luego, tuvo la mayor parte. Y con ella repuso todos sus jardines, las barandas de los puentes dañadas, numerosos colectores y alcantarillados, lo spavimentos levantados y las aceras destruidas. (…) Una parte fue para reconstruir con otra apariencia la Pasarela de la Exposición. (…) Es el saneamiento y el alcantarillado, como concepto, el que más inversiones recibió; singularmente en el Distrito Marítimo, que era donde tenía peores condiciones tradicionalmente.


Y es que como cuenta el autor del libro:
Vicente Giner Boira nos relató otras muchas [anécdotas] y entre ellas destacó una:
«Fui acompañando a un ministro durante la primera visita, la del día 16 de octubre, y en la zona de huerta de Monteolivete, donde el daño había sido muy fuerte, estaba un agricultor retirando barro con lo que tenía, con una simple azada, y tirándolo en un carro. No había otros medios y su tarea no parecía muy eficaz. Pero llega el ministro y se lo hace ver: ‘Hombre, ¿pero no ve usted que eso no sirve para nada?’ El hombre se lo quedó mirando y yo creía que pasaba algo. Pero se limitó a decirle: ‘Tenim que fer-ho i anem a fer-ho’. Las frase me pareció admirable. Es una muestra de determinación, de tenacidad. No tenemos más medios, pero estamos trabajando; no podemos esperar.»


Aunque las ayudas vinieron, como es lógico, en primer lugar de los pueblos de la comarca, incluso de aquellos que, a su vez, también habían sufrido los efectos de las riadas (así, por ejemplo, el mismo día 15 ya se pudo repartir pan en Valencia procedente de estas poblaciones), la primera presencia de profesionales dedicados a los trabajos de auxilio fue la de una dotación de bomberos de Cartagena. También de Cartagena vino en pocas horas el grueso de la flota de guerra española con “lo esencial: hombres dispuestos, sistemas de comunicaciones, lanchas y alimentos”. Incluso “el Lake Champlain, un portaviones norteamericano que navegaba entre Barcelona y Palma de Mallorca, puso rumbo a Valencia y echó el ancla frente a la bocana sobre las seis de la mañana del día 16 de octubre. Los veinte helicópteros que transportaba en cubierta, más los que desde otros puntos hizo llegar a Valencia el Ejército español, fueron los que, a partir de del día 16 operaron en acciones de salvamento y avituallamiento.

La ciudad realizó en su momento, un monumento a las víctimas de la riada, del que ya hablamos aquí. Sin embargo, curiosamente, en las propias calles de Valencia, salvo alguna placa como las mostradas, no existe recuerdo expreso de la gran riada del 14 de octubre de 1957, ni de los que la padecieron o ayudaron en ella (o al menos, yo no las he visto). Aunque alguna hay, eso sí, no está fácil de ver. Como esta placa de la calle, artísticamente rehecha por la Comisión de la Falla, como recuerdo de la ayuda procedente de la ciudad en cuestión.

Créditos:
Textos y fotografía de Francisco Pérez Aparisi tomados de Hasta aquí llegó la riada, de Francisco Pérez Puche con fotografías de Francisco Pérez Aparisi, editado en 1997, con motivo del cuadragésimo aniversario de la riada de Valencia de 1957.

Fotografías de Francisco Pérez Aparisi, tomadas de dicha obra:
-Adolfo Fernández y Carmen Sevilla en una de las ediciones de la “Gran Subasta” en Radio Juventud de Murcia (oct-nov de 1957).
-Reparto de bocadillos con pan procedente de los pueblos de la comarca (octubre de 1957).
-Tropas del Ejército retirando barro en una calle de Valencia (oct-nov de 1957).

Fotografías del autor:
Iglesia y placa del Barrio de la Fuensanta (enero y noviembre de 2009)
Trapa de alcantarillado en la c/ Astilleros, en el Distrito Marítimo (agosto de 2009)
Placa de la c/ Requena, en recuerdo por su ayuda tras la riada, promovida por la Comisión de Falla (noviembre de 2008).

martes, 12 de octubre de 2010

Una pica en… la Cochinchina

La pasada semana durante una comida de trabajo, o más bien, con compañeros del trabajo, uno de ellos nos planteó un hecho histórico poco conocido, como fue la presencia de España en Vietnam. Le dije que eso era sabido, de cuando Isabel II, en la Cochinchina, con los franceses. Me contestó que no, más recientemente, con Franco.

Al día siguiente, uno de los presentes pudo localizar una referencia en internet, la cual me ha sido de mucha utilidad para situar los hechos. Que, breve y aproximadamente, son los siguientes:

Acabando el agosto de 1966, cubriendo la visita que realizaba a España el ministro de Sanidad de Vietnam del Sur, doctor Nguyen Bakhan, ABC informaba de que “el 6 de septiembre partirá con rumbo a Saigón un equipo español de doce sanitarios que prestarán sus servicios en el Vietnam del Sur. (…) Ahora también España actuará en aquel país, cuyo estado sanitario se ha visto gravemente perturbado por la guerra.

Efectivamente, el 6 de septiembre de 1966, a las cuatro de la tarde, salía el equipo médico, aunque constituido por trece personas, hacia Vietnam del Sur, como ABC publicaba al día siguiente (un pequeño recuadro, pero en la esquina superior derecha de una página impar, es decir, para que se viera).

El equipo médico se ubicó en un hospital en Go Cong, cerca de Saigón, sufriendo directa o indirectamente, los ataques del Vietcong a la capital, como por ejemplo, en febrero de 1968, dando pie a un recuadro en el ABC del día 9 de febrero informando de que “todos los miembros de la Misión se encuentran en perfecto estado, y no han sido afectados por los recientes acontecimientos ocurridos en aquel país”.

Un año antes, la Misión sanitaria era objeto de un reportaje de casi página y media, bajo el título de “Los médicos españoles se han ganado el afecto de la población de Go Cong”.

El reportaje lo firmaba Luis María Anson, pero la visita al hospital la hace acompañado de una tal Beatriz, que aún no sé quién era, aunque desde luego, no pasó desapercibida: “Es –dice el doctor Argimiro García Granados- la primera mujer blanca que nos visita”.

El reportaje nos va presentando a diversos miembros de la Misión sanitaria. Por ejemplo, el ya mencionado: “Es un gran tipo Argimiro García Granados. Gallego de pura cepa, algo socarrón, ecuánime, ponderado, calmoso y eficacísimo. Veterano de la guerra española, veterano de la División Azul [“El peligro aquí es grande. Yo solo puedo decir que ni en las trincheras en Rusia sentí tanta sensación de peligro como en Go Cong”] indiferente al peligro, es hombre que apenas puede ocultar su profunda bondad.

O bien, “Ramón Gutiérrez de Terán, que es todo simpatía, semicolón soltero, practicante militar”; “Francisco Faunde Rodríguez es un médico. Joven y muy inteligente. Pertenece a esa juventud española de la concordia que dará a España un futuro en paz, en libertad y convivencia”; “Luciano Rodríguez y González, joven, soltero y sin compromiso, vive en Madrid y es todo corazón y generosidad”; “José Bravo López-Baños, hombre de desbordante simpatía”. Precisamente fue éste quien preparó para la comida “una magnífica paella”, momento de la visita en que los periodistas se relacionan con el resto de los integrantes de la Misión: Manuel Vázquez (“el políglota del grupo”), Francisco Pérez Pérez (de Valencia, “con cuatro hijos, uno de los cuales nació un mes antes de salir él para Vietnam”), Juan Pérez Gómez (“con seis hijos, el más pequeño, Leonardo, con seis años”), Juan Antón Barahona (“que desborda gracia andaluza”), y Joaquín Pas (“soltero y con ‘algo’ de novia en España”).

Leemos de sus necesidades, personales, médicas y como españoles (ésta la habitual en el extranjero): “Necesitamos más información de España, periódicos y libros”, “Hemos mejorado el hospital, pero es insuficiente. Necesitamos más medicinas”, “Hemos venido con lo puesto y una maleta de veinte kilos”, “Necesitamos un cónsul en Saigón. Ahora estamos aislados y dependemos en todo de los americanos”, “Ayer por la noche, de madrugada, recibimos a tres. Como no había luz, hubo que operarlos iluminados por una antorcha que casi incendia el oxígeno”, “El sesenta por ciento de la población son enfermos incurables (…) No damos abasto ni tenemos medios”,…

Pero no se quejan, y motivos, tal vez sí los tuvieran: “No nos quejamos de esta casa sin aire acondicionado, ni del calor, ni del peligro, pues el pueblo está cercado por el Vietcong y las carreteras cortadas”.

Hasta el heroísmo personal están trabajando los médicos españoles. Y la población los quiere.

Algo más de tres años después, la Misión sanitaria volvió a ser objeto de un reportaje, en esta ocasión, firmado por Salvador López de la Torre.

La bandera española, flotando bajo el sol del delta del río Mekong, en el pueblecito de Go Cong, avisa que allí cumple su humanitaria tarea de aliviar de alguna manera el inmenso dolor de este pueblo una representación española compuesta por cuatro médico y siete practicantes de la Sanidad Militar.

Del reportaje anterior seguían en su puesto el Comandante García Granados y el Capitán Rodríguez González, acompañados ahora por el Capitán Rojas y el Teniente Gálvez, y siete practicantes cuyos nombres no figuran en el reportaje.

Nuestros médicos tienen excelentes relaciones con la población local, y a la cabecera de un enfermo vemos cómo el Capitán Rodríguez González sostiene una conversación perfectamente normal, en riguroso vietnamita, sin necesidad de refugiarse en la ayuda del francés. (…) Y el enfermo le da las gracias al ‘tay ban nha’, al español.

Un aspecto que, según parece, caracterizó especialmente a la misión española también se recoge en el reportaje: “Las relaciones que nuestros médicos han tenido con algún paciente vietcong capturado en la zona son, como es natural, exactamente las mismas que con el resto de los enfermos.

Nuestros médicos han hecho un esfuerzo meritorio de paciencia y de aplicación para cumplir mejor su misión.

Y por lo que se ve, la cumplieron y muy bien.

Buscando en internet he localizado referencias a esta Misión en dos foros de temas militares, El Gran Capitán y Mundomilitaria.

Lo que no he conseguido encontrar es noticia alguna relativa al regreso de la Misión sanitiaria y la finalización de sus acciones humanitarias en Vietnam del Sur.

Y como no es algo que deba caer en el olvido, aquí lo traigo.

Créditos:
Imágenes de las noticias publicadas en ABC, tomadas de su hemeroteca en internet.
Fotografías tomadas del foro de Mundomilitaria.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Saber usar la mano izquierda

D. Antonio Ripoll Sauvalle, nació en Cartagena el 22 de enero de 1881. Ingresado con la edad mínima permitida en la Academia de Infantería, es promovido a Alférez y destinado a Cartagena desde donde marcha voluntariamente a Filipinas, y en Manila se le destina al mando de una sección indígena, a la defensa de la plaza. El 13 de agosto de 1898 a las 8 de la mañana empezó la Escuadra americana el bombardeo…
(...)
Solicita el Capitán Ripoll una audiencia con Su Majestad la Reina Regente. No sólo consigue de la Señora que se le permita seguir en activo, sino que le encarga un brazo y una mano articulada, de aluminio.
(...)
Surge en el verano de 1909 la campaña de Melilla, y el Capitán Ripoll pide inmediatamente un destino en alguna de las unidades que iban a tomar parte de ella, y lo consigue. Los compañeros le despiden de Cartagena con una comida que él acepta como anticipio de la que le darán cuando regrese con la Laureada, pues sin ella, no volverá.
(...)
Llega el 30 de septiembre del año 1909 y el mando decide un reconocimiento desde Zeluán hacia el Zoco de Senis de la Kábila de Beni-Bu-Ifrur, en las faldas del norte del Macizo del Gurugú. Esta acción se ejecuta con toda la columna al mando del General Díaz Vicario, que muere en el avance. Detenido éste, hacia las tres de la tarde, con la caballería que ha llegado al Zoco, pero ha encontrado mucho enemigo, se ordena el repliegue escalonado. La compañía de Ripoll queda la última para retirarse, en el lugar que había alcanzado, terreno llano, con ligera pendiente hacia la vanguardia, cerrado en campo por la ligera altura donde se ve una casa entre chumberas, y algunos arbolillos sobre el alto de la loma. Todo esto es ocupado por el enemigo, que hace mucho fuego, sobre todo desde la casa. El Capitán Ripoll decide desalojarlo de allí, manda armar la bayoneta y ordena que la compañía desplegada le siga cuando él lo ordene. Se avanzan varios pasos hacia el enemigo y ordena la carga, pero él cae acribillado, y la compañía no le sigue y retrocede. Hay alguno que se destaca y quiere llegar hasta el cuerpo del Capitán pero el fuego enemigo se lo impide.


Las tentativas que venía realizando el batallón de Cazadores de Figueras para encontrar el cadáver del heroico Capitán Ripoll, muerto gloriosamente el 30 de septiembre en el combate del zoco El Jemis, han tenido el éxito apetecido.
(…)
Anteanoche los guías indígenas hallaron un esqueleto, casi descarnado ya, que conservaba el uniforme de nuestras tropas.
Seguros de que se trataba de los restos que se buscaba, los depositaron en una camilla , conduciéndolos por sitios resguardados de todo peligro á la alcazaba de Zeluán.
El médico de Figueras identificó en el acto los restos del capitán Ripoll, destruyendo toda duda el brazo amputado, en el que ajustaba la mano artifical de aluminio.
En la mañana de hoy han recibido cristiana sepultura los heroicos restos en el cementerio inmediato á la alcazaba.


Le faltaba una mano y el antebrazo de aluminio, en substitución del que le fue amputado al bravo oficial en la campaña de Filipinas.
Se supone que los moros le quitaron el guante que tenía puesto para ver si llevaba sortijas, y al ver brillar la mano de metal creyeron que sería de plata y se la llevaron.


La famosa “mano de plata” fue recuperada tiempo después, a cambio de un rescate, según parece. Donada por su sobrino D. Juan Ripoll, tras un periodo en el Museo del Ejército de Madrid, ahora se encuentra en el Museo Histórico Militar de Valencia.

El seis de octubre, S.M. el Rey firmó un decreto concediendo al Capitán Ripoll, junto al Capitán Bermejo Sánchez-Caro y al Segundo Teniente Odoriz Domínguez, “el empleo superior inmediato por el bizarro comportamiento que observaron en el combate sostenido el día 30 de septiembre último en las inmediaciones de Zeluán, encontrando gloriosa muerte en el campo de batalla.

Sin embargo, para la Laureada, el Capitán Ripoll tuvo que esperar un poco más.

Con otros Rey y Gabinete distintos a aquéllos, en cambio, posiblemente hubiera sido juzgado en Consejo de Guerra por traidor a la Alianza de las Civilizaciones.

Créditos:
Planchas del episodio dedicado al Capitán Ripoll, de la serie La paga del soldado, con textos y dibujos de Antonio Hernández Palacios, publicada en el número 50, del 15 de noviembre de 1972, de la revista Trinca.
Transcripción parcial de la ficha que se ofrece en el Museo Histórico Militar de Valencia, relativa al Capitán Ripoll.
Transcripción parcial de la noticia publicada en ABC el 15 de noviembre de 1909, aunque fechada el 14 a las 11 de la noche, bajo el título El cadáver de un héroe.
Transcripción parcial de la noticia publicada en ABC el 16 de noviembre de 1909, aunque fechada el 15 a las 5 de la tarde.
Transcripción parcial de la noticia publicada en ABC el 7 de octubre de 1909.
Imagen de la noticia publicada el 7 de junio de 1911 en ABC acerca de la concesión al Capitán Ripoll de la Laureada de San Fernando.
Imagen que figura en la guía del Museo Histórico Militar de Valencia.
Las noticias de ABC han sido tomadas de su hemeroteca en intenet.

jueves, 12 de agosto de 2010

¿UME… qué?


Llevamos una temporada con “problemas” entre nuestro gran amigo y vecino, alias, Marruecos, y Estepaís (antes, España).

Ya hace mes y medio publiqué una anotación sobre la decidida actuación de nuestro (des)Gobierno en relación con la queja por las molestias que ocasionaban los transportes aéreos a las guarniciones militares en las plazas de soberanía españolas en el norte de África…. prohibiendo los vuelos.

En esa anotación echaba de menos los principios y la capacidad de decisión que, en cambio, quedaron demostrados en junio de 1948, al establecer en tan sólo dos días, un puente aéreo que salvó a los berlineses del bloqueo comunista.

Hoy se ha producido una situación parecida en Melilla: se ha bloqueado, desde el lado de Marruecos, el paso por la frontera de las mercaderías con que se comercia habitualmente, y, en consecuencia, “los mercados de Melilla aparecen desabastecidos por el boicot marroquí”.

Esta noche, en una entrevista en ((esRadio, el Presidente del Gobierno de Melilla ha templado un poco los ánimos, pudiendo leer en la noticia de Libertad Digital al respecto, “que "no es la primera vez que ocurre" el boicot marroquí en la frontera y que "desde Melilla hemos traído los productos de la península y se ha acabado". Con estas palabras Imbroda quiso "dimensionar" el problema ya que "hay cinco barcos diarios y 12 aviones diarios desde la península" y están "preparados" para estos boicots.”.

Me parece muy bien que el Sr. Imbroda quiera calmar los ánimos, pero recordemos esas famosas frases de la Historia, en particular, la de que la primera vez que se repite la Historia, es una farse; la segunda, una tragedia.

Pues bien, ya hemos llegado al nivel de farsa.

Hace años, esos ‘cinco barcos diarios y 12 aviones diarios desde la peníncula’ hubieran quedado “visualizados”, como se dice ahora, por un transporte de la Armada y un par de transportes aéreos, Hércules, Aviocar o lo que todavía nos quede. Naturalmente, entonces en el Gobierno estaba el innombrable talento de Aznar.

Ahora, en cambio, tenemos el nombrado talante que tenemos, en su momento Comandante en Jefe de la Guardia Pretoriana de la Unidad Militar de Emergencias, la cual hubiera podido perfectamente ser movilizada, o al menos, esgrimida, en esta situación. Al fin y al cabo, es lo que les gusta: llevar tiritas y barras de pan a esos pueblos perdidos del Asia Central; pues que lo hagan entre Málaga y Melilla, que seguro que, además de provechoso para España de verdad, será más barato.

Pero no, la imagen que va a acabar “visualizando” el resultado será, cambiando de lugar, la que pudimos ver en Perejil, una vez restituido el statu quo: el arriado de la bandera.

Actualización: Veo el día 13 que CarmenF, último comentarista de la noticia del desabastecimiento, va en similar línea a la que apunto.

Actualización 2: Veo que el día 18, no el ejército, pero sí Aznar, ha llegado a Melilla.

Créditos:
Fotografía del arriado de la bandera en Perejil, tomado del mismo olvidado sitio de donde tomé la del izado.

domingo, 25 de julio de 2010

Cuando (gran parte de) la Historia es cosa (sólo) de Museos

El pasado jueves, al pasar por delante camino de una reunión, pude observar que estaban colocando una especie de banderola para mejor señalar la existencia del Museo Histórico Militar. Al salir de la reunión, decidí buscar un taxi, pero pasando antes por el Museo, al objeto de confirmar el horario, para cuando me fuera posible, y dada la triste actualidad de estos temas.

Hoy me he organizado suficientemente bien, y me he dirigido al Museo con mi hijo, el cual se resistía porque no le gustan los museos, y además, tampoco lo de la guerra y todo eso (en los videojuegos es otra cosa).

Como es una costumbre, que no entenderé, no se permiten hacer fotos. Además, la guía del museo (que se vende en una tienda casi siempre cerrada porque no suelen tener cambio para devolver los pagos en efectivo por las posibles compras; solución: no se vende y ya está); la guía, decía, está anticuada y no se ajusta a la nueva disposición de las salas.

Esta vez coincidimos con un autobús de no sé dónde, por lo que había bastante gente no pudiendo estar solos mi hijo y yo; además, como ya he dicho, él no tenía mucho interés en el Museo. En definitiva, no pude verlo con tranquilidad y aparte de unas hojas impresas correspondientes a determinados objetos, colecciones o aspectos generales, no me di cuenta de si hay o no audiovisuales que ilustren mejor lo expuesto.

En todo caso, el Museo no deja de ser interesante. Encontramos lo que me esperaba (piezas de artillería, armas de fuego, armas blancas, banderas y enseñas, uniformes,…) y también hay bastante documentación (principalmente, planos y maquetas de fortalezas).

A pesar de todo, se me acabó haciendo un poco tarde, y nos tuvimos que ir: hoy es la festividad de Santiago Apóstol, y es el santo de mi padre, así que nos fuimos a celebrarlo.

Nota: Ya iré contando cosas del Museo, al hilo de lo que se tercie en cada momento.

Créditos:
Fotografía de la fachada del Museo Histórico Militar, de Valencia, de julio de 2010, del autor.
Portada del folleto del Museo.
Santiago el Mayor, cuadro del Taller de Pedro Pablo Rubens, en colección particular de Valencia, tomado del catálogo de la Exposición La Gloria del Barroco.