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sábado, 28 de diciembre de 2013

Los ánimos se caldean (o no)

En la noche del sábado al domingo de hace dos semanas, el sensor de temperatura de la salida de humos de la caldera de casa decidió estropearse, de modo que en cuanto comenzaba la combustión, se activaba y al cabo de poco, se bloqueaba la caldera.

Menos mal que tenía una buena asistencia técnica, y el lunes por la mañana ya me pudieron dar su diagnóstico: «¡Uf! Esta caldera tiene sus quince años, y veremos lo que cuesta de encontrar la pieza.»

El problema es que también estaba afectado por la cal el intercambiador (de hecho, el agua caliente era más bien tibia), y por tanto… tuvimos un ‘yaque’.

Es decir: ‘yaque’ no funciona, mejor cambiarla por una nueva.

El problema sobrevenido es que, por el motivo que fuera, la caldera nueva tardó en llegar más de lo previsto. Pero el pasado lunes por la tarde, en un par de horas, me la dejaron funcionando sin problemas.

Mientras tanto, esa semana, agradeciendo que no hiciera demasiado frío, y cambiando la ducha por el baño, forzando el rearranque de la caldera para tener algo de agua tibia, y complentándolo a la antigua: poniendo peroles de agua a calentar.

Pero bueno, hemos sobrevivido.

Créditos:
Fotografía de la caldera de casa, la inicial, en diciembre de 2013, del autor.

jueves, 28 de noviembre de 2013

También antes los libros se cosían

Cuando en 1978 le concedieron el Premio Nobel de Literatura a Isaac Bashevis Singer, según recuerdo de entonces, era común, ante el desconocimiento de su obra (bueno, en realidad, de él), que a la demanda de algo suyo en librerías se contestara que en ese tipo de tiendas no se vendían máquinas de coser.


Sin embargo, la literatura no es rencorosa, y aunque sea a través de la televisión, parece que ha conseguido trasladar parte de su éxito a las máquinas de coser.

Créditos:
Fotografía de una máquina de coser Singer, en el hotel Bisanzio, en Venecia, en septiembre de 2009, del autor.

sábado, 3 de agosto de 2013

Volviendo a las andadas

Hace una semana, al igual que hace tres, no consiguió Luis del Pino retenerme oyéndole, y dediqué el rato al montaje de otra estantería.

Y al igual que hace tres semanas, acabé bajo la ducha, más que nada… para secarme.

Eso sí, en esta ocasión fui yo más rápido haciendo la foto de la estantería, que los libros tomando posesión de ella.

P.S.
Como era temprano, no quise abusar de la amabilidad de las amistades, por lo que pudieron éstas seguir descansando ;-)

Créditos:
Fotografía de la estantería en cuestión.

sábado, 13 de julio de 2013

Los espacios y los huecos, ¿dónde están…?

Esta mañana, lo primero que he hecho en cuanto me he cansado de escuchar a Luis del Pino (lo que sucede cada vez antes), ha sido proceder al montaje de una nueva estantería que compré el lunes y trajeron a casa el martes (sí, aún era martes cuando llegaron).

En el folleto multilingüe (es decir, con dibujitos), se estima para el montaje una duración de unos treinta minutos, por lo que, yo, lógicamente, tardé una hora.

Tras ello, me fui a la ducha, a ver si bajo el agua conseguía secarme.

Como puede observarse, ya he aparcado (provisionalmente) numerosos libros en la nueva adquisición.

Lo que no se observa es hueco alguno en el resto de la casa.

Créditos:
Fotografía de la nueva estantería, ya estrenada, esta noche, del autor.

lunes, 1 de abril de 2013

¡Luz, más luz!


Como se puede observar con esta viñeta de Xaudaró, el “peso” del recibo de la luz no es algo que resulte novedoso.

Este primero de abril se va a producir un extraño fenómeno que ni siquiera la inteligencia de Einstein sería capaz de explicar científicamente: va a bajar el precio de la luz.

Según parece, por un lado, se debe a que ha bajado la demanda (curioso que se haya necesitado de tantos años para notarse la crisis económica); y por otro, a que las energías renovables han participado más en la generación eléctrica.

(Interesante, cambiando de enfoque, el paroxismo energético, digo, ahorro energético que supone repetir el último párrafo de una noticia con 12 días de diferencia.)

Precisamente, justo hace un año subió, pero bueno, dejemos lo pasado, pasado. Y dejemos también por imposible intentar entender la factura de la luz.

Lo que tampoco entiendo es lo del incremento de la participación de las energías renovables. Como se muestra en la tarta del folleto que acompaña la factura: en la tarta, en 2011 fue del 31,1%, mientras que en 2010 fue del 34%, según el mismo folleto… de entonces, claro.

Claro que… lo mismo se refieren al incremento del gasto público EN energías renovables. Por lo de las primas y todo eso…

El caso es que no parece que se vaya apagando todo esto de las ‘renovables’,… ni el eco de las quejas de nuestros bisabuelos por el recibo de la luz.

Créditos:
Imagen de la viñeta de Xaudaró publicada en ABC el 6 de marzo de 1923, tomada de la hemeroteca del periódico en internet.
Detalle del folleto que acompaña la factura de electricidad este pasado invierno.
Fotografía del letrero luminoso que corona por un lateral el edificio de Iberdrola en el complejo Aqua, en Valencia, en febrero de 2013, delautor.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Campanadas del 2012-03: Renta antigua… actualizada

“Al decir de los sacerdotes, ante la gran escasez de dinero en circulación que hubo durante su reinado, se promulgó en Egipto una ley, en virtud de la cual uno sólo podía recibir un préstamo dando como garantía el cadáver de su padre; y a esta ley se agregó, además, esta otra: quien facilitaba el préstamo se convertía, de paso, en dueño de toda la cámara mortuoria del contrayente; y si el que ofrecía la susodicha garantía no quería devolver el préstamo, sufría la siguiente sanción: el deudor en cuestión no podía, a su muerte, recibir sepultura en la tumba paterna hipotecada ni en ninguna otra, y tampoco podía enterrar a ningún otro miembro de su familia que hubiese fallecido.”


Heródoto se refiere al reinado del faraón Asiquis, si bien “no se conoce a ningún faraón con este nombre. Quizá se trate de Shepseskaf (¿o Aseskaf?), que terminó la pirámide de Micerino y la de sus esposas. Si así fuera, se trataría del último rey de la IV dinastía (hacia 2560 a.C.)”.

Como podemos ver, el tema de las hipotecas ya era importante hace casi 4.500 años.


Menos mal que hace cinco años, el Gobierno socialista presidido por Rodríguez Zapatero, decidió resolver el incipiente problema de los desahucios creando juzgados específicos para… acelerarlos.

Créditos:
Extracto del Libro II Euterpe, de la Historia de Heródoto, según traducción de Carlos Schrader, tomado de la edición realizada en la colección Biblioteca Gredos, por RBA Coleccionables, distribuida para su venta en kioscos en 2006 (volumen I, pág. 427).
Extracto de la nota 480 de Carlos Schrader, en dicha edición.
Imágenes de noticias publicadas en ABC el 11 de octubre, y en El Mundo, el 29 de septiembre, ambas de 2007, remaquetadas, de la hemeroteca del autor.

domingo, 25 de noviembre de 2012

De la oquedad al orden

La oferta de El Corte Inglés ya comentada aquí, me ha tenido esta semana bastante entretenido ordenando mi videoteca.

Además, en el segundo viaje de los cuatro que hice el sábado, me dijeron que la promoción se había prorrogado hasta el jueves, aunque se mantenía el plazo para la redención de los vales hasta este domingo. Por ello, he podido hacer otros tres viajes más.

El resultado final ha sido el siguiente:
Número de ejemplares en formato VHS entregados: 164
Longitud equivalente: 510 centímetros
(tomando como referencia el caso ya comentado de la serie Yo, Claudio: trece volúmenes = 40,5 centímetros.)

Para el nuevo reparto del espacio ocupado (y parte del liberado) he distribuido las películas,básicamente, en seis grupos:
Series de televisión (más o menos).
Películas de guerra, entendidas como tales las de guerras desde 1914.
Películas del oeste.
Películas clásicas, extendido el concepto hasta el año 1975 incluido.
Películas modernas, es decir, desde 1976.
Películas españolas, o en español.

La sorpresa ha sido que en este último grupo hubiera bastante más películas de las que recordaba.

Como curiosidades, la película rodada más tempranamente de entre las que tengo, es El nacimiento de una nación, en 1915, aunque la tengo en un formato de ésos que tienen varias películas en el mismo disco, mientras que en edición específica, se trata de Intolerancia, de 1916. La más reciente no presenta dudas.

En el caso de cine español, la más temprana en su rodaje es Sin novedad en el Alcázar. La más reciente, no sé decir: las (pocas) recientes las tengo por promociones de periódicos (premios Goya y cosas así), y las tengo escondidas.

Lo que tampoco sé aún es el resultado de la campaña de El Corte Inglés. Según parece, se van a donar a una ONG, cuyo nombre todavía no sé. Menos aún sé qué utilidad podrán sacar a las películas en VHS, pero al menos no han ido a la basura, que es lo habitual, y además yo he conseguido algo de descuento para películas en BluRay. Naturalmente, no reclamé vales por todo lo que llevé, pues no los iba a gastar (ya he ganado bastante vaciando estanterías) y de hecho dejé algunos en el departamento por si resultaban útiles a alguien conocido (como así fue).

Créditos:
Carátulas de los ejemplares mencionados.

sábado, 17 de noviembre de 2012

HHH: haciendo hermosos huecos

Este fin de semana finaliza la promoción comercial de El Corte Inglés con el nombre 8 días de oro, que, como suele suceder, siempre son más. Y, en esta ocasión, menos mal.

Yo apenas suelo aprovechar alguna de las ofertas que se hacen con estas campañas, pero ésta no podía dejarla escapar, aunque me haya enterado hoy mismo.

Y es que, diciendo “en cualquier formato”, me he puesto a recoger cuanto aún tuviera a mano en ese formato ya tan antiguo que se llamaba VHS. Por ejemplo, la famosa serie de televisión Yo, Claudio, con sus trece volúmenes ocupando en uno de los escasos anaqueles de mi casa un precioso frente de 40,5 centímetros.


Pues bien, esta tarde he hecho cuatro viajes a El Corte Inglés.

Créditos:
Imagen de un vale (anverso y reverso) de la promoción.
Fotografía de conjunto de la colección Yo, Claudio en formato VHS, hoy, del autor (la fotografía; la colección, ya no).

domingo, 15 de julio de 2012

De Madrid, al cielo… de las tiendas

Finaliza el primer domingo ‘liberalizado’ en lo que se refiere al comercio en Madrid. No sé cuál habrá sido el resultado, ni cuántas neveras y armarios roperos se habrán comprado hoy en el comercio tradicional.

El caso es que la polémica está servida, como siempre que sucede, especialmente, cuando hay quienes se empeñan en ayudar a alguien aunque éste no quiera, o, peor aún, entienda que no es ayuda sino perjuicio.

A mí, que las tiendas abran mucho, poco o nada, me trae, en cierto modo, sin cuidado, siempre que eso sea decisión propia. Iré a los comercios que más me gusten, y si me gustan lo suficiente, además me ajustaré a los horarios que tengan a bien establecer. Sobre este particular sí hay una cosa que he observado en numerosos casos: cuando te acercas a un comercio después de mucho tiempo, y está cerrado, no suelen poner fácil saber si es que estás fuera de horario o la persiana ha bajado definitivamente… por una cosa tan tonta como que la hojita con el horario está en un cristal del escaparate, el cual está oculto tras la persiana metálica totalmente opaca que cierra por completo el acceso al comercio. Lo normal en estos casos es que, en caso de mantenerse activo, el comercio pierda la posible venta porque no suelo tener paciencia con quien no me lo pone fácil.

De momento, Carrefour ya se ha puesto la medalla de contratar a 1.500 personas (directa o indirectamente, cosa ésta última que casi prefiero no entender), lo que me parece muy bien, y me alegro por ellos.

No parecen demostrar alegría similar los comentaristas de las noticias en cuestión de Libertad Digital, lo cual me hace pensar en una deficiente pedagogía de los principios liberales hacia los lectores (más aún cuando la medida se ha adoptado en Madrid, tierra de Esperanza).

Las sensaciones que he leído en prensa aquí en Valencia son muy distintas, en concreto, en los propios comerciantes que serían los salvados por la medida.

El año ya empezó con un nuevo dato estadístico negativo en cuanto a ventas, y a pesar de toda una señora comisión del Ayuntamiento en relación con el comercio histórico, dos comercios tradicionales de Valencia, Mantequerías Castillo y Dulces Villanueva han cerrado. No son los primeros que aquí reseñamos, ni serán, por desgracia, los últimos.

Y claro, tener la expectativa de verse arrastrados a un mayor horario comercial, sin mayores (por no decir ningunas) garantías de un incremento de las ventas, aunque sí, lógicamente de los gastos, pues no es que sea para alegrar el rostro. Se dirá que no es obligatorio abrir, a lo que contestan (aunque no he localizado la noticia en cuestión; tal vez lo oí en la radio) que en Valencia el pequeño comercio ya podía abrir hasta 90 horas semanales, que quienes lo tenían limitado eran las grandes superficies, y que aún así, no abrían porque no les resultaba rentable. Tal vez ahora, cuando abra El Corte Inglés y siga igual de vacío (al menos las plantas superiores) que los días raros (por ejemplo, en Valencia el centro de la Avenida de Francia, el domingo en que se celebra el Gran Premio de Europa de Fórmula 1 –este año menos mal que estuve de día, pues si no, me hubiera asustado de verdad la absoluta soledad); tal vez ahora, decía, pase a ser rentable el negocio. No lo sé. Parece que todos dicen que sólo se trata de repartir la tarta de otra manera, y los hay que dicen, directamente, que cada vez hay menos tarta.

Porque ésa es otra. Si la gente, en general se está retrayendo en el momento de consumir, ¿qué van a poder conseguir las tiendas, al menos en estos momentos? Y es que el argumento de mejorar el horario para atender a la gente, que lo lleva muy mal para poder ir a comprar… ¿alguien se lo cree? Y aún así, ¿cuántos casos como éstos existen realmente? ¿Se está legislando para la excepción?

No obstante, parece que esto es el progreso, y así vamos a poder mojarles la oreja a los extranjeros. Empezando por los franceses, porque vaya un horario más limitado que, al menos hace unos años, tenían.

Créditos:
Fotografía del cartel del horario de los almacenes Le Printemps, en París, en septiembre de 2008, del hermano del autor.

jueves, 12 de julio de 2012

Uso eficiente de la energía… o no

El pasado primero de diciembre fui agraciado con una indicación (no propiamente invitación) para asistir a una jornada más sobre el cambio cambiante del clima climático. El atractivo de la Jornada, como suele ser habitual, Manuel Toharia Cortés.

Demostró buena memoria, pues se acordaba de que en la charla del año anterior había tenido que llamar la atención por que el agua para los ponentes fuera embotellada en plástico, y alabó que en esta ocasión estuviera dispuesta directamente en unas jarritas de cristal; eso sí, torció el gesto cuando le dijeron que no se hiciera tantas ilusiones porque el agua no era del grifo, sino embotellada. Además, el local, esta vez, era una sala cerrada con su correspondienbte consumo de iluminación y ventilación forzada.

Nos insistió, como el año anterior, en que el clima no se mide, y es que no existe físicamente: el clima es el resultado de un cálculo o estimación; en definitiva, el clima es pura estadística.

Lo que se mide es la meteorología, y esta vez, aprendí una palabra nueva: temperie, que sí hace referencia a un estado concreto de la atmósfera, y por tanto, se puede medir y cuantificar, y que, además, cambia con el tiempo y el espacio, sedún el momento y el lugar.

Hizo un breve repaso a las condiciones climáticas de la Tierra, que nos lleva a lo siguiente:
- hace 600 millones de años, la Tierra era como una bola de nieva
- hace 100 millones de años, no había hielo ni en los polos, y campaban a sus anchas los dinosaurios.
- hace 10.000 años finalizó la última glaciación, como consecuencia de unos cambios muy acelerados, entrando en el periodo geológico del Holoceno, es decir, ahorita mismo.

Nos recordó nuevamente que gracias a los gases de invernadero y especialmente al vapor de agua, la temperatura media de la Tierra, en vez de ser de 18 grados bajo cero, es de 15 grados sobre cero. Por tanto, ¡bendito efecto invernadero!

Sin embargo, sí señaló que el CO2 se había incrementado en un 30%, lo que era preocupante; en cambio, del vapor de agua, no había datos al respecto. Señaló que lo más importante del crecimiento del CO2 es que es un indicador de algo que se hace mal, inútilmente.

Por tanto, lo fundamental no es tanto ahorrar sino mejorar la eficiencia en los procesos.

Hubo una segunda ponencia, acerca del consumo responsable, a cargo de Sandra Valdueza Iglesias.

Expuso algunos aspectos de la vida común que, tal vez de tan conocidos, son ignorados: la inmensa mayoría de vehículos tienen una ocupación inferior, incluso, a dos personas; una de cada tres personas los utiliza para desplazamientos menores de 2 kilómetros; los residuos generados suponen ya 3 bolsas de plásticos por 1 de orgánicos;… En cuanto a cuestiones de diseños y procesos de fabricación, por ejemplo, nos recordó que las bombillas tradicionales se retiran ya este próximo año 2013.

Habló de los conceptos «huella del carbono» y del binomio sostenibilidad – pro-actividad, y del lema de las «tres erres»: reduce-reutiliza-recicla.

Finalmente, insistió en la importancia de la educación y la responsabilidad en la sostenibilidad.

Y hasta aquí puedo decir de la Jornada, porque varias de las notas que tomé… sigo sin entenderlas. Mi letra es así, y no me excusaré en que sea producto de pequeños sobresaltos consecuencia de la cercanía de algunos ligeros ronquidos.

En todo caso, sí parece que, después de tantos meses, puede decirse que algo hay, pues no es normal que se (le) caliente tanto al ámbito doméstico, es decir, su economía. Y eso que, aunque julio sea el nombre de una unidad de energía, no es que la energía sea algo que caracterice estos últimos tiempos. Ni siquiera para acabar dejándonos a la intemperie.

Créditos:
Anverso del folleto del programa de la Jornada El cambio climático en el ámbito doméstico, organizada por el Ayuntamiento de Valencia, con la colaboración de la Asociación de Amas de Casa Tyrius.

lunes, 11 de junio de 2012

Leyendo la cartilla

“Es decir, a finales de los años 50, cuando, además, desaparecerá de España la cartilla de racionamiento que es algo que se produce en otros países, lógicamente por la ayuda del Plan Marshall, con anterioridad a España.”

Acabando la perorata del pasado jueves (min. 10:07 y ss.) acerca del Plan Marshall, César Vidal nos comentó el final de la cartilla de racionamiento. En efecto, ese final, de tan esperado, obligó a una nota de prudencia:
 “La Comisaría General de Abastecimiento y Transportes y la Dirección General del Instituto Nacional de Estadística han publicado una nota en la que se anuncia que, aunque desde hoy, primero de mes, quedan suprimidas las cartillas de racionamiento, deben conservarse las tarjetas blancas.
Este documento, en efecto, tendrá valor como oficial y público acreditativo de la personalidad de su titular y servirá para testimoniar también la vecindad, el estado civil, el derecho a votar y, eventualmente, aunque no sea de esperar, el de disponer de cupones de racionamiento. Por otra parte deberá ser canjeado en fecha próxima por otro documento que emitirá el Instituto Nacional de Estadística, justificativo de la inscripción del titular en el Registro General de Población de España.”

Así pues, se consiguió superar los problemas de abastecimiento que, tanto en España, como en casi todo el resto de Europa, dominaban las difíciles salidas, en cada país, de una guerra.

De hecho, con su característico humor, Jacinto Miquelarena comentaba el problema del racionamiento en Inglaterra, en una crónica para ABC, de quien era corresponsal en Londres:
“Ya hace tiempo que se dice en Inglaterra que las recetas que empiezan con un "tómense dos docenas de huevos frescos…" están escritas por novelistas.”

La crónica en cuestión se titula “Próximo concurso internacional de cocina de gas a base de platos regionales”, se subtitula “Inglaterra estará influida por el "handicap" que supone la cartilla de racionamiento”, y está fechada en Londres, el 30 de octubre de 1952, siendo publicada en ABC el día siguiente, a principios de esos años 50 que comenta César Vidal.

Por cierto, hace diez días se cumplía el aniversario de la publicación de la nota de prudencia, el mismo día en que dejaban de ser necesarias las cartillas de racionamiento en España (en realidad, ya sólo necesarias para el café y el azúcar), es decir, el primero de junio… de 1952.

Sí, cinco meses antes de la noticia del concurso inglés, cuando aún seguían con racionamientos ¡en Inglaterra!… a pesar del Plan Marshall,… ése que a España no llegó.

Créditos:
Extractos de la crónica de J. Miquelarena tomados de la hemeroteca de ABC en internet.
Transcripción e imagen de la noticia en cuestión, tomada de la hemeroteca de ABC en internet.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Para ir como… la seda


Créditos:
Anuncio de Sederías de Lyon S.A. a toda plana publicado en la página 48 del ABC del 5 de junio de1931.

domingo, 13 de mayo de 2012

Abandonados a mirar, por no actuar

“En época pasada, aunque no remota, el Mercado de Valencia tenía una leyenda, que corría como válida en todos sus establecimientos, donde jamás faltaban testigos dispuestos a dar fe de ella.
Al llegar el invierno, aparecía siempre en la plaza algún aragonés viejo llevando a la zaga un muchacho, como bestezuela asustada. Le habían arrancado a la monótona ocupación de cuidar las reses en el monte, y le conducían a Valencia para «hacer suerte», o, más bien, por librar a la familia de una boca insaciable, nunca ahíta de patatas y pan duro.
El flaco macho que los había conducido quedaba en la posada de Las Tres Coronas, esperando tomar la vuelta a las áridas montañas de Teruel; y el padre y el hijo, con traje de pana deslustrado en costuras y rodilleras y el pañuelo anudado a las sienes como una estrecha cinta, iban por las tiendas, de puerta en puerta, vergonzosos y encogidos, como si pidiesen limosna preguntando si necesitaban un criadico.
Cuando el muchacho encontraba acomodo, el padre se despedía de él con un par de besos y cuatro lagrimones, y en seguida iba por el macho para volver a casa, prometiendo escribir pasados unos meses; pero si en todas las tiendas recibían una negativa y era desechada la oferta del criadico, entonces se realizaba la leyenda inhumana, de cuya veracidad dudaban muchos.
Vagaban padre e hijo, aturdidos por el ruido de la venta, estrujados por los codazos de la muchedumbre, e insensiblemente, atraídos por una fuerza misteriosa, iban a detenerse en la escalinata de la Lonja, frente a la famosa fachada de los Santos Juanes. La original veleta, el famoso Pardalot, giraba majestuosamente.
- ¡Mia, chiquio, qué pájaro!... ¡Cómo se menea!... –decía el padre.
Y cuando el cerril retoño estaba más encantado en la contemplación de una maravilla nunca vista en el lugar, el autor de sus días se escurría entre el gentío, y al volver el muchacho en sí, ya el padre salía montado en el macho por la Puerta de Serranos, con la conciencia satisfecha de haber puesto al chico en el camino de la fortuna.
El muchacho berreaba y corría de un lado a otro llamando a su padre. «¡Otro a quien han engañado!», decían los dependientes desde sus mostradores, adivinando lo ocurrido; y nunca faltaba un comerciante generoso que, por ser de la tierra y recordando los principios de su carrera, tomase bajo su protección al abandonado y le metiese en su casa, aunque no le faltase criadico.
La miseria del lugar, la abundancia de hijos y, sobre todo, la cándida creencia de que en Valencia estaba la fortuna, justificaban en parte el cruel abandono de los hijos. Ir a Valencia era seguir el camino de la riqueza, y el nombre de la ciudad figuraba en todas las conversaciones de los pobres matrimonios aragoneses durante las noches de nieve, junto a los humeantes leños, sonando en sus oídos como el de un paraíso, donde las onzas y los duros rodaban por las calles, bastando agacharse para cogerlos.”

De este modo nos cuenta Vicente Blasco Ibáñez en Arroz y tartana la leyenda del abandono de niños de las tierras pobres de Aragón en general, y de Teruel en particular, en medio de la bulliciosa y rica ciudad de Valencia, en la esperanza de que encontraran mayor fortuna que en su propio hogar.

Satisfechos de que de estas escenas ya sólo supiéramos leyendo páginas de nuestra literatura, a principios de año también leímos, pero esta vez en prensa, en InfoCatólica en concreto, que en Grecia estaban empezando a suceder casos similares:
“[Georgios Protópapas, director de Aldeas Infantiles SOS en Grecia] matiza que "los casos de abandonos de niños a las entradas de iglesias o en las maternidades es muy limitado".
En la mayoría de los casos se trata de familias depauperadas por la crisis que dejan a sus hijos en los centros de acogida durante una temporada, a la espera de que mejore la situación económica.”

Sin embargo, esta matización de inicios de año ha pasado, tras el invierno, a ser una mayor realidad, como se pudo leer hace una semana en La Gaceta:
“La crisis ha disparado el abandono de niños en Grecia. Cada vez son más padres los que dejan a sus hijos a las puertas de una ONG infantil por no tener recursos para darles de comer.
Desde la ONG Children Grecia aseguran que jamás han visto nada parecido. En el último año han tenido 380 solicitudes de padres que les han pedido que se hagan cargo de sus hijos. Un 300% más que hace un año.
En esta ONG han pasado de acoger a chicos problemáticos a pequeños cuyos padres en paro y sin recursos no puede ni alimentarles.”

Está claro que sólo 380 casos no califican una población de once millones de personas. Pero es un síntoma, más aún, ante la posibilidad de que haya muchos casos más sin saber, anónimos como los del Pardalot de San Joan.

Por cierto, no sé dónde estaría la posada de la novela, pero es muy probable que el pobre padre, en su camino desde la Lonja hasta la entonces Puerta de Serranos pasara por delante de la Basílica de la Virgen de los Desamparados.

Créditos:
Fotografía de la iglesia de los Santos Juanes, a principios del siglo XX, con los toldos de los puestos del mercado antes de la construcción del Mercado Central, del archivo actual de Levante-El Mercantil Valenciano, tomada de Memoria Gráfica de Valencia, editada por fascículos en 1998 por el referido periódico (pág. 250).
Texto de Arroz y tartana, de Vicente Blasco Ibáñez, tomado de internet.

martes, 1 de mayo de 2012

Un transporte avanzado



Créditos:
Viñeta de Antonio Mingote publicada en ABC el 23 de mayo de 1959, con ‘redifusión’ en ABC el 18 de abril de 2012, ésta, de la hemeroteca del autor.

sábado, 31 de marzo de 2012

¿Apagar o a pagar?

A principios de este mes que ahora finaliza llegó puntual la factura de la luz. Junto a ella figura habitualmente un folleto que informa acerca de no sé qué cosas, pues nunca me he molestado en leerlo (ni siquiera ahora), y he preferido quedarme con mis recuerdos de allá cuando leía la revista Trinca.

Coincidiendo, día arriba, día abajo, con ello, la viñeta de Antonio Mingote del domingo día 4 versaba sobre la tarifa de la luz, y cómo se estaba poniendo de imposible.

Este viernes día 30, finalmente, quedó resuelto el misterio de qué iba a pasar con la tarifa en cuestión tras la reciente sentencia del Tribunal Supremo. Como no podía ser de otra manera, sube.

Y como la gente confunde churras con merinas, esta noche, auspiciados por lo del cambio climático, unos cuantos han decidido apagar la luz.

¡Que no os enteráis! Que lo que hay que hacer no es ‘apagar’, es ‘a pagar’.

Bueno, yo sí, que me voy a la cama. Buenas noches.

Créditos:
Imagen del folleto que acompaña a la factura de la luz.
Imagen de la viñeta de Antonio Mingote, publicada en ABC el 4 de marzo, de la hemeroteca del autor.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Sería un detalle

Comentando esta tarde con un compañero del trabajo diversos aspectos de la situación económica actual, me he dado cuenta de que el detalle propio de estas fechas, la famosa Caja de Navidad, tendría que ser como la de la foto adjunta.

No es que esté vacía, sino que está llena de aire.

En efecto: para darnos un respiro.

domingo, 9 de octubre de 2011

AVuEnas horas…

Este pasado diciembre, tres días después de iniciarse el funcionamiento comercial de la línea AVE Madrid-Valencia, Levante-EMV publicaba, al hilo de la presentación de la programación de los Teatros Públicos de la Comunidad Valenciana, que “el nuevo folleto de "invierno" de Teatres incluye ya una promoción de un 5% de descuento en las entradas presentando el billete del AVE”.

Parecía mentira tanta capacidad de reacción de la administración, pero esto era lo publicado, y supongo que así sería.

Ha pasado el tiempo, y ahora ha sido la misma RENFE quien, observando el funcionamiento de la línea, se ha dado cuenta de que los fines de semana flojea. De modo que a punto de terminar el verano, Las Provincias publicaba lo siguiente:
“La secretaria general de Infraestructuras del Ministerio de Fomento, la valenciana Inmaculada Rodríguez-Piñero, anunció ayer en Madrid que Renfe está estudiando lanzar una nueva oferta comercial en los billetes de la línea de AVE Madrid-Valencia para mejorar la ocupación de los trenes el fin de semana. Preguntada por los detalles de las tarifas y la fecha de lanzamiento, Rodríguez-Piñero concretó a este periódico que los nuevos precios de fin de semana estarán disponibles a partir de noviembre.”

El mismo día de la publicación de este anuncio, cerca de la nueva, aun provisional, estación Joaquín Sorolla, pude ver en un mupi un anuncio de Madrid, en concreto, de su agenda cultural para este otoño.

Lo malo es que hasta noviembre no empieza la promoción (que no sé cuál será), por lo que bastante del otoño se queda sin ella, tanto para quienes hayan aprovechado la festividad de hoy en Valencia (aunque cayera en domingo), como para quienes decidan viajar el próximo fin de semana, por ejemplo.

Créditos:
Fotografía del anuncio de la Agenda de Madrid, en una calle de Valencia, este septiembre pasado, del autor.

viernes, 24 de junio de 2011

Unos pingüinos ¿marsupiales?

A principios de semana, caragüevo nos recordó que uno de los fenómenos culturales actuales procede de Madagascar. Y no es el único.

Ya anunciado el mes pasado (aunque la cosa viene de lejos), a principios de éste se estableció en diversas cadenas valencianas de supermercados (vamos, en Mercadona y en Consum), el cobro de las famosas bolsas de plástico. Según la noticia, el Plan Nacional Integral de Residuos (PNIR) “obliga al comercio a la reducción de las bolsas de plástico de un solo uso en un 50 por ciento en 2011 y establece asimismo otras medidas como la prohibición progresiva de la entrega de bolsas gratuitas”.

Como consecuencia de todo esto, se han vuelto a ver por la calle los carritos de la compra, habituales de otras épocas. Lo suficientemente ‘otras épocas’ como para que yo tenga uno, y como para que éste haya sido absorbido al interior del trastero, en donde aún no tienen vigor las nuevas leyes de la física de la ordenación que estoy aplicando en mi casa.

El resultado es que yo me tuve que apuntar a la nueva moda de las bolsas de Mercadona, que, tengo que reconocer, son prácticas y resistentes, y además, aun fácilmente reconocibles, no llevan publicidad incorporada para ser paseada por la calle.

El otro día, con una de ellas en la mano, me crucé con un vecino, quien venía cargado con el otro modelo de bolsas, y eso que, como me comentó, tenía varias en casa… pero nunca se acordaba de salir con ellas. En realidad, yo tengo dos: una para casa, y la otra, en teoría, para el coche; digo en teoría ya que sólo acaba en él cuando me acuerdo de cogerla (aunque, por lo que se ve, hay quienes sí tienen muy presente el coche para ir a comprar).

El problema será cuando escaseen las bolsas que tengo acopiadas, pues son las que utilizo para la basura orgánica o de plásticos.

¡Ah, se me olvidaba! La bolsa en cuestión es de una fibra que se obtiene de una palmera, y cuyo nombre es ‘rafia’. Que es el otro fenómeno cultural al que me refería más arriba: sí, la palabra es malgache.

jueves, 9 de junio de 2011

Dar la talla

Aunque sea Nueva York quien se lleve la fama por el ‘skyline’, es decir, el perfil que muestra el conjunto de su arquitectura (mejor dicho, la de Manhattan), contra el fondo de la esfera celeste, el perfil panorámico al que he estado siempre más acostumbrado es el que conforman los libros colocados en un estante.


Hace algo más de dos años, publiqué una anotación sobre una visita que pudimos hacer, sin esperarlo, a la Biblioteca Nacional en Madrid. Uno de los detalles que reflejé es que el archivo físico de los libros se atiene, entre otros, al importante criterio del… tamaño.

Este último mes lo he dedicado a hacer como que ordeno (¡por fin!) mi biblioteca (mejor dicho, la sección existente en casa), y una de las primeras decisiones que adopté fue la de evitar el ‘despilfarro’ de espacio que suponía el equivalente a la zona azul de la imagen anterior (que, por una coincidencia que acabo de apreciar, acabo de ‘bautizar’ como esa famosa zona de aparcamiento en la calle, que cuesta dinero). En consecuencia, decidí ocupar ese espacio, y la mejor manera era mediante una redistribución de las baldas de las estanterías (prácticamente lo he hecho en casi todas), añadiendo una más. En esta labor, ha habido sus más y sus menos, como ya he dejado publicado, pero ahí está hecha.

Lo que sí que no hice fue un estudio científico y estadístico del tamaño de los libros para determinar los valores medios, la varianza y/o desviación típica, la moda, y el resto de parámetros que pudieran alumbrarme en el momento de tomar una decisión sobre el punto exacto en el que situar el taladro para poco después colocar la balda correspondiente. El resultado ha sido que en más ocasiones de las que me hubiera gustado ‘disfrutar’, por un par de milímetros, el libro no cabe en el hueco, y debe pasar a otro estante.

En definitiva, que ahora tengo los libros suficientemente agrupados por temática, y dentro de ella, donde caben, es decir por tamaño.

Falta concretar la ordenación dentro de cada estante.

Nota:
Un título que para esta anotación había barajado era el de “El tamaño sí importa”, pero ante la duda de que se pudiera interpretar en el ¿buen? sentido, despistando a los posibles lectores tras el primer vistazo, opté por el que figura más arriba.

He visto que esta percepción correcta de la realidad tampoco se le ha escapado a José Antonio.

Créditos:
Imagen basada en el ‘bookline’ de mi biblioteca, del autor.

martes, 7 de junio de 2011

‘Baldao’, que no baldío

Hoy, día en el que, según el Calendario Zaragozano, se celebra las festividades de San Roberto, San Jeremías mártir, San Abencio mártir y el Triunfo de San Pablo, todos los libros que se encuentran en casa…

se hallan sobre una balda (o sobre un libro o pequeño conjunto de libros que, a su vez, se halla sobre una balda).

Ahora sólo queda elegir un criterio racional para su ordenación.

No, el de los colores del lomo ya lo he descartado, más que nada porque hay lomos que no son de un único color.

Estoy pensando en una ordenación alfabética según el apellido de soltera de la abuela materna del autor, antologista o editor de la obra.

¿Alguna sugerencia igual de útil, efectiva y rápida?