Aunque seas un sol.
Créditos:
Fotografía de un amanecer, en Valencia, en junio de 2014, del autor.
Una de las ventajas que
tiene acercarse por Madrid y coincidir con las amistades que allí (más o menos)
residen es que es una oportunidad de dar las gracias.
También por los libros
con que uno es regalado (incluso, con el detalle de, evaluando bien los
problemas de espacio en el equipaje para el regreso, remitir el regalo por
correo).
El pasado fin de semana
me llamó la atención descubrir, nuevamente, una buena costumbre mariana: la
lectura, impulsada, según la tradición, no sólo española, por su madre, Santa
Ana.
Y bajo el cartel, y casi ese tiempo, es lo que estuvieron esperando los integrantes de la cola para la
firma de libros de Blue Jeans (allá al fondo, en la foto, en el cartel azul), organizada por la publicación de su última novela, No sonrías que me enamoro, continuación, para quien esté
interesado, de Buenos días, princesa.

No diré que no, a lo agotador de recibir
a un presidente de los Estados Unidos. Pero lo de «¡Gracias a Dios que se han
ido!», desde luego, ante la visita de unas amistades (nada peligrosas), no
procede.
“[Hergé] Se rodeó de muchos colaboradores, como
Edgard Pierre Jacobs o como Bob de Moor, pero nunca permitió que nadie se
apropiara de la autoría, aunque sólo fuera parcial, de su mayor creación.”
Sin embargo, sí dejó en sus álbumes muestras
de su amistad con dichos colaboradores, al menos, con Edgar Pierre Jacobs.
De blogs y de blogueros, claro; de
trabajo y, por desgracia, de no trabajo; de compras y lecturas, y de escrituras
y esperanzas de publicación; de películas y, ¡también!, de series de televisión;
de viajes, recientes y próximos; a desgana, de política y economía;… poco
dormir y mucho hablar y escuchar.