“En 1533, una década antes de que su obra magna fuera publicada, el Papa
Clemente VII se hizo informar por el jurista y orientalista alemán Johann
Albrecht Widmanstadt [secretario del Pontífice] de las características del nuevo sistema del mundo. Tres años después,
el 1 de noviembre de 1536, el cardenal de Capua –el dominico Nikolaus von
Schönnerg– escribió a Copérnico desde Roma solicitándole información acerca de
sus trabajos y, muy en concreto, pidiéndole una copia del pequeño tratado que
tanta celebridad había alcanzado (a pesar del –o quizás más bien en virtud del–
reducido número de copias del mismo disponibles).”
El pequeño tratado en
cuestión se titulaba Nicolai Copernici de
hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus, es decir, Breve exposición de las hipótesis de Nicolás
Copérnico acerca de los movimientos celestes, y a lo que se ve había causado
interés en Roma.
Es (mal) conocida la
historia de Galileo en su relación con la Iglesia Católica como consecuencia de
la teoría heliocentrista. Menos conocida (aún) es la historia de Copérnico (unos
setenta años antes) cuando empezó a conocerse su argumentación a favor de la misma teoría astronómica.
Y es que Copérnico también
recibió desprecios y condenas por ello. Así, por ejemplo, se llegó a escribir sobre
“un astrólogo advenedizo que pretende
probar que es la Tierra la que gira, y no el cielo, el firmamento, el Sol o la
Luna (…). Este loco echa completamente por tierra la ciencia de la astronomía,
pero las Sagradas Escrituras nos enseñan que Josué ordenó al Sol, y no a la
Tierra, que se detuviese”; o que “muchos
son los que consideran meritorio hacer lo que ese buscador de estrellas
prusiano, que pone en movimiento a la Tierra y deja inmóvil al Sol. En verdad
los gobernantes, si son sabios, deberían poner freno al desencadenamiento de
los espíritus”.
Como puede verse, no eran
halagos lo que recibía, sólo que en este caso no venían desde Roma.
El primer extracto lo
escribió un 4 de junio de 1539 en sus Tischreden un tal Martin Lutero; el
segundo extracto es de una carta dirigida a Burkhardt Mithobius y fechada el 16
de octubre de 1541, escrita por Philipp Melanchton. Es decir, la más pura y
exquisita Reforma Luterana.
Es cierto que al cabo de
un tiempo los protestantes dejaron en paz el heliocentrismo (o al menos, así se
nos ha vendido), mientras que en Roma había un tribunal viendo la causa contra
Galileo (a quien, en definitiva, le pedían pruebas de lo que decía), pero vista
la contundencia de lo expresado por Lutero, y teniendo en cuenta que, en
efecto, la Escritura es eso lo que dice, más bien creo que no fue la Sola
Escritura lo que les hizo cambiar de opinión, sino, de modo similar al cambio
del calendario juliano a gregoriano, algo tan importante como no querer compartir
la misma opinión que el Papa y los católicos.
Y la reivindicación del método
científico, teniendo en cuenta que Copérnico era católico, mejor dejarla
aparte.
Créditos:
Datos y extractos de la
Introducción de Alberto Elena a su obra recopilatoria Opúsculos sobre el movimiento de la Tierra, tomados de su primera
edición, de 1983, por Alianza Editorial como número 953 de su colección El Libro de Bolsillo (pp. 7-8 y 8).
Imagen de Josué parando el sol (h. 1650-1660), óleo
sobre lienzo, obra de Esteban March, existente en el Museo de Bellas Artes San
Pío V de Valencia, tomada de su página de internet.