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lunes, 2 de marzo de 2015

Una partícula que está en la onda

El pasado sábado me llamó la atención el escaparate de una tienda de moda, no por los modelos expuestos, sino por el complemento a ellos: un tema científico como es el de la refracción de la luz. No pude evitar hacerle una fotografía (en la que se incluye, en este caso involuntariamente, algún pequeño reflejo en la luna del escaparate).


Mira por dónde, hoy me entero de otra fotografía, también sobre la luz, o mejor dicho, una fotografía de ella, de la luz, y de su famosa dualidad onda-corpúsculo.


Se ve que está de moda.

Créditos:
Fotografía parcial del escaparate de la tienda Bershka, en el Centro Comercial Aqua, en Valencia, el pasado sábado, del autor.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Equilibrios… científico-sociales

Barcelona 28, 2 tarde. Ayer estuvo el profesor Einstein en el Sindicato único de la distribución devolviendo la visita que le había hecho la delegación de dicho Sindicato. Le saludó, en nombre de la Confederación Nacional del Trabajo, Angel Pestaña al cual dijo el Sr. Einstein. “Yo también soy revolucionario, pero en el terreno científico, y como los científicos me preocupan también los temas sociales, que estimo que constituyen uno de los aspectos más interesantes de la humanidad.” El profesor Einstein, refiriéndose a la represión última, dijo que creía que en ella había habido más ofuscación que maldad, y deseó a los sindicalistas suerte en el éxito final.

Un día después…
El famoso autor de la teoría de la relatividad es nuestro huésped desde anoche. (…)
Al recoger en estas columnas la noticia de su llegada, damos la más cordial bienvenida al ilustre sabio.
En Guadalajara tomo el rápido de Barcelona y me pongo en busca del que es ilustre huésped de España y hoy de Madrid. Después de echar la mirada en unos compartimientos, lo percibo a través del cristal conversando con su esposa. (…)
Toco en la puerta. Einstein levanta hacia mí una mirada sorprendida, casi asustada. ¿Habrá sufrido mucho por las indiscreciones de periodistas? Entro, me presento, le exhibo el ABC de esta mañana, que lleva en primera plana su fotografía. Y sencillamente, sin más preámbulo, se levanta, me da la mano y me invita a sentarme. (…)
Mientras el tren corre hacia Madrid, Einstein me honra soportando mis preguntas.

Sufrir las indiscreciones de los periodistas, no sé, pero desde luego, sí parece que sufrió noticias no totalmente ciertas, por decir algo:
- Le ruego a usted –me dice Einstein– que rectifique las declaraciones que se me atribuyen. Es cierto que acepté la invitación de los sindicalistas; pero dije lo contrario de lo que escriben los periódicos. Dije que no soy revolucionario, ni siquiera en el terreno científico, puesto que quiero conservar cuanto se pueda y pretendo eliminar tan sólo lo que imposibilite el progreso de la ciencia. Dije que debía hacerse lo mismo en la sana evolución política. ¿Cómo hubiera podido pronunciar las palabras que se me atribuyen, puesto que vivo apartado de toda actividad política? Cierto que soy un sincero demócrata, me interesan los problemas sociales y deseo la igualdad de derechos para todos los seres humanos; pero no tengo fe en una sociedad socialista ni en el programa de producción de los comunistas.”

Como puede verse, una cosa es mantener el equilibrio entre la física clásica y la relativa, por decirlo así, y otra más ardua, mantener el equilibrio ante lo que se publica en los periódicos.

Y ni siquiera Einstein pudo, con toda la velocidad de la luz, escapar de esa situación.

Créditos:
Texto de la noticia publicada bajo el título Einstein a los sindicalistas, publicada en ABC el 1 de marzo de 1923, tomado de la hemeroteca en internet del periódico.
Extractos del artículo El profesor Einstein en Madrid. Una hora con Einstein, de Andrés Révész, publicado en ABC el 2 de marzo de 1923, tomados de El periódico del siglo. 1903-2003. 100 firmas-100 años, selección de Catalina Luca de Tena editada por Luca de Tena ediciones en 2002 (pp. 161-165), disponible también en la hemeroteca en internet del periódico.
Fotografía de Albert Einstein, en bicicleta, en Los Ángeles, en 1933 (es decir, hace 80 años, y diez después de las declaraciones transcritas), tomada de La fuerza del conocimiento. La dimensión científica de la sociedad, de John Ziman, en edición de Alianza Editorial como número 765 de su colección El libro de bolsillo, en 1980 (pág. 145), de la biblioteca del autor.

miércoles, 3 de abril de 2013

Filosofar no es… algo mecánico

Hoy, hace un siglo… y un mes, Albert Einstein pronunció la primera de las tres conferencias que dio en la Universidad Central, en Madrid.

Son las seis y media de la tarde; la fiebre de expectación agita al numeroso y distinguido auditorio reunido en la Universidad Central: entra Einstein y estalla una salva de aplausos. El gran sabio sube a la cátedra, coge el clarión como si fuese un cigarrillo, quita el sillón del medio, echa un poco adelante su poderosa cabeza característica e inconfundible…

Y esperó…, aunque no hiciera falta, a ser presentado.

… se vuelve hacia D. Pedro Carrasco y espera. El joven catedrático de Física matemática le presenta al público en algunas frases discretas y sentidas.

El “joven catedrático”, 4 años y medio más joven que Albert Einstein, ese mismo año cumpliría los cuarenta, pues Pedro Carrasco Garrorena había nacido, en Badajoz, un 17 de noviembre de 1883.

La Naturaleza ofrece al hombre una multiplicidad asombrosa de fenómenos, cuya variedad es tal, que difícilmente se concibe cómo ha podido ordenarlos, clasificarlos y hasta someterlos a leyes; sólo la labor incesante, durante siglos, de generaciones sucesivas, ha podido construir ese monumento del genio humano que se conoce con el nombre de Ciencias físico-naturales.

Dentro de su prolija producción científica, mayoritariamente en revistas especializadas, y, principalmente, en cuestiones relativas a la astronomía (fue nombrado Director del Observatorio Astronómico de Madrid en 1934), dio a la imprenta, cinco años más tarde de la presentación que hizo de Einstein, una obra sobre Mecánica, en un momento en que la popularidad de las teorías de Einstein, a pesar de apenas ser correctamente comprendidas, hacía del trabajo todo un reto.

La misteriosa verdad y nuestra inteligencia no marchan paralelamente, sino que podemos afirmar, sin temor a error, que avanzamos hacia la verdad de una manera asintótica: será preciso un caminar eterno para llegar a la meta, pero qué importa, si tan cerca de ella llegaremos a estar que podremos considerarla como nuestra y lo será prácticamente. Ni debe preocupar al investigador que, al conquistar una región rebelde de la Naturaleza, ésta le descubra, burlona, otras nuevas regiones inexploradas; lejos de aminorar esto el triunfo, lo amplía y lo estimula, haciéndoles conocer nuevas facetas del misterio y brindándole campo para nuevas hazañas.

En una reseña publicada sobre la obra, ésta era calificada como “original y atrevida, escrita con gran sencillez, para que todo el mundo pueda entender sus nuevos problemas.

Y es que, efectivamente, había nuevos problemas tras las recientes teorías, desafíos sobre los que también avisaba la reseña antedicha: “aventura la hipótesis de que la velocidad límite sea función de la masa mecánica o de un límite de energía, hipótesis que ha de ser muy discutida entre los aficionados a esta clase de estudios, porque roza las teorías de Einstein, que tanto predicamento tienen en la actualidad.

Como vemos, la presentación de cinco años antes no amilanó a Pedro Carrasco, de quien, así, bien podía decirse que ‘lo cortés, no quita lo valiente’.

Es indudable que lo primero y primordial para buscar las leyes mecánicas del Universo es admitir que tales leyes existen. Si sólo el azar, lo fortuito, rigiera el mundo físico, si no existiese ni siquiera un criterio de probabilidad, cuanto hiciera el hombre para construir una ciencia de la Naturaleza sería agitarse inútilmente en el vacío.

Este párrafo no deja de ser una explicación del título de la obra, Filosofía de la Mecánica, en tanto que expone que tiene sentido un planteamiento científico, en general (es decir, filosóficamente).

Curiosamente, también en esas fechas Einstein acabaría discutiendo filosóficamente diversas teorías científicas, especialmente en lo relativo a las implicaciones de la física cuántica precisamente sobre el azar, y sus famosos dados de Dios.

Pero dejémoslo por el momento, pues corremos el riesgo de ponernos muy filosóficos en esta anotación que no quería ser sino un pequeño recordatorio y sencillo homenaje.

Créditos:
Extractos del artículo publicado en ABC el 4 de marzo de 1923, tomado de la hemeroteca del periódico en internet.
Portada, fotografía de Pedro Carrasco, y extractos del apartado inicial, Marcha asintótica de la Ciencia, y La unidad de la solución, del capítulo I La geometrización de la Mecánica, de la obra Filosofía de la Mecánica. Hacia una concepción energética del Universo, de Pedro Carrasco, tomados de la edición realizada por Editorial Páez, en 1928.
Extracto de la reseña publicada en ABC el 5 de diciembre de 1928, tomado de la hemeroteca del periódico en internet.

jueves, 14 de marzo de 2013

¿Kein Wort… oder alles Worten?

Tenemos la fortuna de poder narrar a nuestros lectores uno de los incidentes de mayor importancia del viaje de Einstein a Madrid.
Los periódicos han dicho que a uno de los banquetes con que fué obsequiado el ilustre personaje asistió el ex ministro señor conde de Gimeno, que en clase de sabios es de lo mejor que tenemos en España, como demostró en los largos años en que desempeñó una cátedra sin molestarse demasiado en aparecer por ella. Los periódicos han dicho que el señor conde de Gimeno se sentó a la derecha de Einstein. Pero los periódicos no han contado una palabra de la interesantísima conversación sostenida entre ambas glorias de la humanidad. Es una omisión imperdonable que estas líneas vienen a corregir. He aquí, casi literalmente, lo que hablaron.
- (…) Lo que usted intenta, profesor, es terrible.
El Sr. Gimeno meditó un poco y explicó:
- He leído el ejemplo de Géza Nágel acerca de la relatividad del movimiento. Resulta que un aeroplano al que vemos volar en línea recta, no vuela en línea recta, porque para precisar su dirección hay que contar: con la rotación de la Tierra, con la traslación de la misma alrededor del Sol y de todo el sistema hacia la constelación de Hércules. Esto, referido a un aeroplano, es bastante grave; pero trasladado a la política es demoledor.
Es demoledor, D. Alberto. A nosotros nos interesa muchísimo conservar la fe en lo absoluto; las gentes están acostumbradas a la idea del absoluto. En cuanto su teoría y los desdichados ejemplos con que imprudentemente es vulgarizada, enseñen a estas gentes a pensar con otra orientación, analizando minuciosamente los fenómenos, nuestro edificio se tambaleará. Permita usted que aclare… He aquí, por ejemplo, un político que afirma: «¡Soy liberal!» Fíjese usted. Llamemos A prima a este político. Yo también entiendo algo, como uestd ve, de matemáticas. El político A prima ha gritado: «¡Soy liberal!» Para el caso, es igual que se declare conservador o reformista: todos están comprendidos en el mismo riesgo, y si le achaco ese matiz es porque alguno hay que asignarle. (…) ¿Cuál sería el estupor de la Prensa y del pueblo al saber que este político no es liberal, ni conservador, ni integrista, ni socialista, ni nada, y que sus movimientos se parecen mucho a los embrollados movimientos del avión de Géza Nágel?
Y, sin embargo, profesor, es así.
El político A prima se propone trazar su trayectoria en línea rectamente liberal; pero está sujeto a un movimiento de rotación alrededor del jefe de su grupo, que cohibe casi siempre sus actos y sus ideas. Este jefe de grupo y todo su estado mayor tienen un movimiento de atracción hacia las grandes Compañías y los intereses creados; y el sistema parlamentario en masa deriva, a una velocidad indescriptible, hacia la Retórica.
¿Es esto todo? No, no es todo aún. No podemos olvidarnos de la familia. La familia influirá grandemente sobre A prima, le forzará a cometer injusticia, a falsear el sufragio, a inventar cargos que maldita la falta que hacen, a llenar las Subsecretarías y las Direcciones generales de parientes próximos al cretinismo… Y todavía vendrá a complicar esta serie de zigzagueos la diferente psicología de la oposición y el Poder. En la oposición, cualquier político adquiere una marcha uniformemente acelerada: En el Poder, es uniformemente retardada. Después de todo esto determine usted, si puede, cuál es la verdadera posición de A prima en el espacio político.
- Ich verstche nicht –afirmó Einstein.
El conde volvió a mirar de reojo al ilustre sabio, con creciente recelo.
- Meditando acerca de esto, una parte del pueblo caería en la locura. La otra parte nos perdería el respeto. Esta es al triste conclusión, querido Sr. Einstein. ¿Cómo subsistiría el turno entre liberales y conservadores, si todos andaríamos mezclados, y al sernos arrebatada la denominación clasificadora perderíamos la única razón en que nos apoyamos para disfrutar del Poder? Respetemos los convencionalismos. ¡Viva la línea recta, aunque sea aparente! Un pueblo no debe suponer nunca que lo que es puede dejar de ser. (…) Lo viejo es siempre lo mejor, y una buena cita de un muerto vale más y es más cómoda que una excelente idea de un vivo. Nosotros gobernamos en España rememorando frases de Cánovas, de Moret, de Silvela, de Canalejas, de Romero Robledo… Y somos felices. ¿Qué le parece a usted?
- Kein Wort verstche ich. (No entiendo una palabra), gruñó el sabio.
- Algo hay de eso –dijo el conde, que, a su vez, desconoce el alemán, después de meditar un instante–; pero nuestra Constitución tiene previsto el caso.
Y enmudecieron.

Créditos:
Extracto de la columna titulada Impresiones de un hombre de buena fe, de Wenceslao Fernández Flórez, publicada en ABC el 14 de marzo de 1923, tomado de la hemeroteca en internet del periódico.

sábado, 2 de marzo de 2013

Una larga cambiada... relativa

Estos días se cumple el nonagésimo aniversario de la presencia de Albert Einstein en España, donde fue objeto de diversos homenajes y donde pronunció varias conferencias, todo ello en relación con su Teoría de la Relatividad así como por la concesión año y medio antes (en 1921) del Premio Nobel de Física a su teoría... del efecto fotoeléctrico.

Sin embargo, dada la importante acumulación que tengo de anotaciones cuya publicación se encuentra varios días atrasada, impidiéndome redactar algo mínimamente digno sobre este particular...


… no puedo sino agradecer el capote que me echa un anuncio publicado en aquellos días.

Hasta que tenga tiempo... lo que no deja de ser algo... relativo.

Créditos:
Imagen de un anuncio publicado en el ABC del día 24 de enero de 1923, tomada de la hemeroteca en internet del periódico.

lunes, 28 de enero de 2013

Calderas de habas

El intercambio de las ideas y de los resultados es necesario para un desarrollo sano de la ciencia y de toda la vida cultural. Está claro que la intromisión de las autoridades de este país en el libre intercambio de conocimientos entre los individuos ya ha originado daños significativos. Por ahora este daño se extiende sólo sobre las disciplinas científicas, pero poco a poco se manifestará actuando en todas las formas de la producción.
Esta intromisión de las instancias políticas en la vida científica de todo el país se ha hecho flagrante al decretarse la prohibición para los científicos de viajar al extranjero, y la negativa a dejar entrar a científicos extranjeros en los Estados Unidos. Un comportamiento tan minucioso por parte de una nación de tal poderío no es más que el síntoma de una enfermedad grave.
Pues esa injerencia, organizada después de una reestructuración política, demuestra una desconfianza general y un comportamiento lleno de temor hacia los seres humanos, que obliga a abstenerse de toda publicación y vuelve sospechosa cualquier versión oral o escrita de novedades científicas.
Pero la enfermedad verdadera de la que todo lo anterior no son más que los síntomas, es un criterio que ha surgido de las gueras mundiales: tenemos que organizar nuestra vida en la paz de modo tal que en la guerra estemos seguros de la victoria.
Este punto de vista da origen a otro, según el cual es evidente que no sólo nuestra libertad sino aun nuestra existencia están amenzadas por aquel enemigo que logre mayor poder.
Y es esta idea la que da lugar a todas estas abominaciones que enumeré el principio llamándolas síntomas, y conduce casi irremesiblemente a la guerra y a la destrucción. Encontramos su manifestación más clara en el presupuesto de los Estados Unidos.
Sólo cuando hayamos logrado superar esta obsesión podremos volvernos hacia la resolución razonable del verdadero problema político: «¿Cómo contribuir a hacer segura la existencia de los hombres sobre la Tierra?»
Y todo esto, ¿por qué? Porque nadie puede librarse de los síntomas de una enfermedad sin antes haber eliminado ésta.

Según ha leído, un 22 de noviembre de 1559, Felipe II prohibía a los españoles estudiar en las universidades extranjeras.

Hay quien opina de Felipe II que era un fanático religioso (y mientras lo dice, pequeños espumarajos le asoman por la comisura de los labios), que atenazó la libertad en España y Europa.

Mientras, para el mismo tal, y similares, Estados Unidos y su sistema político, son, de siempre, un ejemplo de libertad y tolerancia.

Y es que no hay nada como estar a dieta… sobre todo, de habas.

Créditos:
Texto de Albert Einstein, que con el título Síntomas de enfermedad en la vida cultural, se publicó en Estados Unidos, en el Bulletin of the Atomic Scientist’s, en septiembre de 1952, según traducción de Sara Gallardo y Marianne Bübeck, tomado de la recopilación realizada por Carl Seelig de diversos textos de Albert Einstein bajo el título Mi visión del mundo, publicado por Orbis como número 33 de su colección Biblioteca de Política, Economía y Sociología, en 1985 (pp. 74-75)

martes, 1 de mayo de 2012

Hace tiempo… ¿de bucles...o de nudos?

Recién los rayos del sol incidían cenitalmente sobre el Ecuador, dando paso bien al otoño a un lado, bien a la primavera al otro, surgió la noticia que arrojaba sombras sobre la luz.

Los neutrinos, dejando de lado su neutralidad, se habían convertido en beligerantes contra Einstein: unos cuantos haces de neutrinos habían conseguido ir más veloces que la propia luz, dejando con dos palmos de narices a los radares que ‘por su seguridad’, controlaban la circulación en materia científica.

Al tiempo, salió quien explicó su compatilidad con la Teoría de la Relatividad, hablando de velocidad punta y media, explicación tras la cual sigo sin saber de la misa la media.

Pero debió de ser muy convincente, pues dos días después de la explicación, unos cuantos neutrinos ¡lo volvieron a hacer!:
"El resultado positivo de la prueba - afirma Fernando Ferroni, presidente del Instituto Italiano de Física Nuclear (INFN), que opera el laboratorio de Gran Sasso- nos hace tener más confianza en nuestros datos, aunque la última palabra la tendrán mediciones análogas en otros experimentos".

Avanzaron los días, y fueron consolidándose las preguntas sobre el particular, y, en concreto, la gran pregunta:
9 ¿Es posible viajar en el tiempo?
La teoría Especial de la Relatividad sugiere que un objeto que se mueva más deprisa que la luz podría viajar hacia atrás en el tiempo. Sin embargo, no existe teoría científica alguna capaz de aprovechar esta posibilidad teórica para convertirla en algo práctico y realizable. Conseguir algo así, si es que eso es posible, es algo que va mucho más allá de cualquier tecnología o conocimiento que tengamos en la actualidad.

Tecnología, seguro que no, pero imaginación, mucha tenemos, y, claro, nos acordamos de poner a hora el reloj, aunque éstos acaben siendo, algún día, blandos con el tiempo, como los de un redivivo Dalí; aunque haya que reconocer lo surrealista que resulta que un surrealista nos ponga los pies en tierra:
«Un reloj, sea duro o sea blando, no tiene ninguna importancia; lo importante es que señale la hora exacta», dejó dicho Salvador Dalí.

Relativamente (in)tranquilos con la posibilidad del viaje en el tiempo, éste pasó, imperturbable, en lo que se apreciaba, a nuestras cuitas, y como una justicia poética (y científica) tras haber disfrutado de un carnaval de teorías e hipótesis, justo el inicio de la Cuaresma nos echó un cable:
Un simple fallo mecánico (la mala conexión de un cable), pudo ser el causante de los excepcionales resultados del experimento.

Y en plenas fiestas de Fallas, terminó de quemarse el ninot de la mala praxis científica, resurgiendo, así, el del procedimiento científico: prueba y error, prueba y error… y menos titulares sensacionalistas:
Según las nuevas mediciones, estas partículas subatómicas se comportan como era de esperar, es decir, en ningún momento sobrepasaron la velocidad de la luz.


Créditos:
Imagen de La persistencia de la memoria, óleo sobre lienzo, de 1931, de Salvador Dalí, tomada de la página del Museum of Modern Art de Nueva York.

Fotografía de Albert Einstein tomada de la primera noticia de ABC sobre el tema.