Dicen que lo que no se llevan los
ladrones, aparece por los rincones.
Y así es.

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión.

Y es que nos encontramos con un grupo de seis
breves relatos (junto con cinco poemas) cuya temática no es la habitual de su
autora, lo que no quita que su marido los calificara como de los más
encantadores de ella.
“Not too much to ask, is it? It was in 1935
when
En este texto no lo dice,
pero en la página oficial de Penguin sí se expresa cuál era el motivo de que
Allan Lane estuviera ese día en Exeter.
“Carlo's appointment marked
a turning point in Christie's compositional methods and her success
as a writer. "As soon as Rosalind [Christie's daughter] started
school I began to prepare to start dictating a story. I was so
nervous about it that I put it off from day to day. Finally the time
came: Charlotte and I sat down opposite each other, she with her
notebook and pencil. I stared unhappily at the mantelpiece, and began
uttering a few tentative sentences. They sounded dreadful. I could
not say more than a word without hesitating and stopping. Nothing I
said sounded natural. We persisted for an hour. Long afterwards Carlo
told me that she herself had been dreading the moment when literary
work should begin. Although she had taken a shorthand-typing course
she had never had much practise in it, and indeed had tried to
refresh her skills by taking down sermons."
El pasado día 10 casi la
familia al pleno pudimos conocer a Ana Campoy, la biógrafa de este par de amigos,
con motivo del encuentro celebrado en BiblioCafé
al hilo de la publicación de la cuarta aventura, El pianista que sabía demasiado.

El juego acabó con la chiquillería
haciendo un dibujo de un personaje importante en esta cuarta aventura, y con la
habitual firma de dedicatorias.
Hoy se cumplen 60 años del estreno de una
obra de teatro de Agatha Christie, La ratonera. No fue en Londres, sino en Nottingham, pero al cabo de mes y
medio se mudó a Londres, para quedarse. Y allí sigue, desde hace casi 30 años,
en el St. Martin’s Theatre.
La primera novela que leí de Agatha
Christie fue El asesinato de Rogelio Ackroyd, que se publicó en 1926. Lo que no
sabía yo era la coincidencia con un hecho importante en la vida de la escritora:
ese mismo año de 1926, el 3 de diciembre en concreto, Agatha Christie
desapareció sin dejar más rastro que el vehículo que utilizaba, abandonado.
El resultado fue el primer relato del
volumen Cuentos de los Viudos Negros,
titulado (en la edición de EQMM y que se ha mantenido) La risita adquisitiva. Se publicó en el número de enero de 1972, es
decir, hace cuarenta años y medio, y supuso el inicio de una fecunda dedicación
de Isaac Asimov al género de misterio (al menos, yo tengo tres libros con casos
de los Viudos Negros).
Si bien figura en mi
hemeroteca la noticia de un último viaje del Orient-Express en septiembre de
1977, se trata en realidad de un ‘fragmento’ de la línea, en concreto el que unía
Zurich con Atenas. El último viaje propiamente dicho tuvo lugar el 20 de mayo
(aunque también de 1977), siendo la anécdota del mismo que una señora tuvo que
correr por el andén, ya con el tren en marcha, para poder cogerlo… sin
conseguirlo. Sin embargo, no he localizado para la posteridad quién fue tan
histórica (cuasi-)viajera.
“Mucho antes de darse a conocer como Agatha Christie, Agatha Mary Clarissa Miller, se había convertido en una verdadera experta en venenos por su trabajo como enfermera en la I Guerra Mundial. Esos conocimientos y la necesidad de ganar algo de dinero la condujeron al crimen. Pero su vocación -frustrada- fue siempre la de ser un ama de casa convencional, preocupada por las cretonas y por los menús de la semana.”
De su época en que recorría Oriente Medio acompañando a su esposo, es esta fotografía en la que se puede apreciar, como muy bien se dice en el dorso de la postal, a Agatha Christie “bei der Beaufsichtigung der Grabungsarbeiter in Chagar Bazar”.
No ha hecho falta esperar a que se hagan excavaciones arqueológicas, para que podamos disfrutar en Valencia de la puesta en escena de La ratonera, lógicamente, en el Teatro Olympia.

Incitado por la referencia en la portada, me dirigí a una entrevista a Martín de Riquer con motivo de la reedición de su Historia de la Literatura Universal, escrita junto con José María Valverde (q.e.p.d.). El primer volumen de esta obra yo lo había comprado en una colección de kiosco de RBA poco antes de la entrevista, a principios de ese verano, aunque el segundo volumen no lo conseguí hasta abril de 2008.
Así pues, me dirigí a una de las estanterías donde tenía localizado un ejemplar, también en colección de kiosco, también de RBA, de la novela El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie.
Así de contundente empieza la novela (según la traducción de G. Bernard de Ferrer) en la que conocí al mundialmente famoso por su “cabeza semejante a un huevo, parcialmente cubierta de un negro sospechoso y en la cual destacaban un mostacho enorme y un par de ojillos despiertos” (pág. 21), bueno, y también por su trabajo, “el más interesante del mundo. (…) ¡El estudio de la naturaleza humana!” (pág. 22), es decir, detective privado. Así me enteré de que “dicen que ha hecho cosas maravillosas, como los detectives de las novelas” (pág. 60). Curiosamente, lo conocí justo en la novela donde puede leerse que “se retiró hace un año” y que “deseaba vivir con tranquilidad sin que la gente le molestara” (pág. 61). ¡Y yo fui, y me presenté ante él!
En su Historia de la Literatura Universal, puede leerse sobre el género policíaco:
Pasamos ahora al quinto de la lista, Fundación, de Isaac Asimov. Este libro fue mi regalo de cumpleaños de hace treinta años. Tres semanas después me hice con la continuación Fundación e Imperio, y pocos días después, los Reyes Magos me obsequiaron con el tercer título de la serie, Segunda Fundación.
Treinta años después (bueno, veintinueve), Isaac Asimov publicaba la continuación de su Trilogía: Los límites de la Fundación, libro que se convirtió en mi regalo de cumpleaños (aunque adelantado dos días), cuatro años después del de Fundación.