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sábado, 11 de enero de 2014

Y ahora, ¿dónde los pongo?: … por los rincones


Dicen que lo que no se llevan los ladrones, aparece por los rincones.



Y así es.



Aunque no creo que éstos libros lleven escondidos mucho tiempo.







Pero dejémonos de escribir, y pasemos a los libros.








¡Ah! Y ante la duda de que lo que rime con ‘rincones’ sea ‘ratones’, mejor estar preparado.


Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión.

jueves, 9 de enero de 2014

Alit lectio: Novedosos relatos de Misterio

Tiene que haber sido una terrible equivocación. En ocasiones ocurre algo así. Habrá sido confundido con otra persona; seguro que lo han tomado por otro. Está siendo castigado por crímenes ajenos.

Conociendo a la persona que escribió estas frases, tras ellas no puede sino seguir una investigación para exonerar al inocente y encontrar al culpable. Y es que estamos hablando de Agatha Christie.

Sin embargo, en esta ocasión  no es así; mejor dicho, no es exactamente así. En todo caso, tan importante en el relato es la ‘investigación’, como quien pronuncia las frases: la Virgen María.

Y es que nos encontramos con un grupo de seis breves relatos (junto con cinco poemas) cuya temática no es la habitual de su autora, lo que no quita que su marido los calificara como de los más encantadores de ella.

No es que sean relatos propiamente navideños, sino más bien, relatos con fondo religioso y con presencia, en su trama, de lo sobrenatural.

Uno de los relatos tiene por protagonista al pollino del Nacimiento. Otro, los problemas de una señora que no aprecia el trato con la gente, incapaz de sentir empatía con nadie. El cuarto, cómo se vive un problema familar. El quinto, el curioso planteamiento de un grupo de Santos en cuanto a su presencia en el Cielo.

El último de los relatos regresa al mundo evangélico, recreando cómo el apóstol Juan acogió a la Virgen María como madre, y ésta a aquél como hijo.

El primer relato, cuyo título da referencia al conjunto es, en su idea inicial, aterrador, y, en su desenlace, totalmente maravilloso. Y es que, siendo conocidas las tentaciones que se le ofrecieron a Jesucristo, el relato nos plantea una posible tentación a la Virgen María justo tras el Nacimiento de Jesucristo. Lo aterrador del relato es cómo la tentación se sustenta en la verdad, contundente, aunque muy rápidamente mostrada, lo que nos recuerda la cita de La Rochefoucauld:
No hace tanto bien en el mundo la verdad como daño hacen sus apariencias.

Y lo maravilloso del desenlace es cómo se destruye la tentación: simplemente, dedicando un poco de tiempo en ver ciertos detalles de esa verdad que tan contundente y rápidamente se ha mostrado con toda intención.

Un libro curioso, de cuyos relatos se puede obtener interesantes reflexiones, una de las primeras, lógicamente, es que en este mundo no todo es crimen. Ni siquiera en el mundo de Agatha Christie.

Créditos:
Extracto del relato Estrella sobre Belén, de Agatha Christie, según traducción Jesús Aguado, tomado de Estrella sobre Belén y otros cuentos navideños, editado por Confluencia, con ilustraciones de Javier Fornieles Ten, de la biblioteca del autor.
Cubierta del libro en cuestión.
Sexagesimocuarta reflexión moral, o máxima, de François de La Rochefoucauld, según traducción de Esther Benítez, tomada de la edición de las Máximas, realizada en 2012 por Akal como número 248 de su colección Básica de bolsillo, de la biblioteca del autor.

sábado, 3 de agosto de 2013

Un libro decente para leer

Not too much to ask, is it? It was in 1935 when Allen Lane, Managing Director of Bodley Head Publishers, stood on a platform at Exeter railway station looking for something good to read on his journey back to London. His choice was limited to popular magazines and poor-quality paperbacks – the same choice faced every day by the vast majority of readers, few of whom could afford hardback. Lane’s disappointment and subsequent anger at the range of books generally available led him to found a company – and change the world.

We believed in the existence in this country of a vast reading public for intelligent books at a low price, and staked everything on it
Sir Allan Lane, 1902-1970, founder of Penguin Books.

The quality paperback had arrived – and not just in bookshops. Lane was adamant that his Penguins should appear in chain stores and tobacconists, and should cost no more than a packet of cigarettes.



Reading habits (and cigarettes prices) have changed since 1935, but Penguin still believes in publishing the best books for everybody to enjoy. We still believe that good design costs no more than bad design, and we still believe that quality books published passionately and responsibly make the world a better place.

So wherever you see the little bird – whether it’s on a piece of prize-winning literary fiction or a celebrity autobiography, political tour de force or historical masterpiece, a serial-killer thriller, reference book, world classic or a piece or pure escapism – you can bet that it represents the very best that the genre has to offer.

Whatever you like to read – trust Penguin.

En este texto no lo dice, pero en la página oficial de Penguin sí se expresa cuál era el motivo de que Allan Lane estuviera ese día en Exeter.

Había ido a visitar a Agatha Christie.

Créditos:
Transcripción del texto (incuidos los pingüinos) de la última página de la edición de The 39 steps, de John Buchan, realizada por Penguin Books como Pocket Penguin Classic, en 2011, de la biblioteca del autor.
Fotografía de la fachada exterior de la Exeter Central Station, en julio de 2013, del autor.
Fotografía de Agatha Christie, en 1926 (año de los famosos once días), de Bettmann/Corbis, tomada de la noticia publicada en El Mundo el 7 de diciembre de 2007, de la hemeroteca del autor.

martes, 18 de junio de 2013

Escribo, escribo. ¿Cómo escribes?: Con intriga y misterio

Carlo's appointment marked a turning point in Christie's compositional methods and her success as a writer. "As soon as Rosalind [Christie's daughter] started school I began to prepare to start dictating a story. I was so nervous about it that I put it off from day to day. Finally the time came: Charlotte and I sat down opposite each other, she with her notebook and pencil. I stared unhappily at the mantelpiece, and began uttering a few tentative sentences. They sounded dreadful. I could not say more than a word without hesitating and stopping. Nothing I said sounded natural. We persisted for an hour. Long afterwards Carlo told me that she herself had been dreading the moment when literary work should begin. Although she had taken a shorthand-typing course she had never had much practise in it, and indeed had tried to refresh her skills by taking down sermons."
However hesitant the technique, both women found their stride together within the year and used the method to produce the first Christie masterpiece, The Murder of Roger Ackroyd, published in 1926 by her new publishers, Collins.

Miss Fisher from Agatha Christie May 1926. In memory of commas, colons & full stops!

(Complaciendo el gusto que tienen estas páginas por las maravillosas coincidencias, la de hoy es que la obra en cuestión es la primera que leí de Agatha Christie.)

Créditos:
Extracto del texto introductorio al catálogo Agatha Christie. Inscribed books from the library of Charlotte ('Carlo') Fisher (“Agatha Christie's secretary, amanuensis, and close personal friend”), editado por la librería Peter Harrington (100 Fulham Road, Chelsea – Londres).
Fotografía de Agatha Christie y reseña de la dedicatoria tomadas del referido catálogo.

martes, 20 de noviembre de 2012

Pista… a la intriga y al ingenio

Como sabemos, Alfred Hitchcok y Agatha Miller (luego Christie) fueron amigos durante la infancia.

Durante ese periodo, vivieron diversas aventuras, las cuales nos están siendo narradas por Ana Campoy, e ilustradas por Álex Alonso.

Resulta curioso que en dichas aventuras ya se puedan apreciar pinceladas de su obra artística posterior. Así, por ejemplo, en la primera de ellas, Los diez pájaros Elster, tenemos referencias a Diez negritos, por un lado, y a Los pájaros y Vértigo, por otro.

Cosa de los genios es también su opción a conocerse entre ellos. Si en la segunda aventura (El chelín de plata) conocían a Sir Arthur Conan Doyle, en La caja mágica los amigos conocían a Thomas Alva Edison.

El pasado día 10 casi la familia al pleno pudimos conocer a Ana Campoy, la biógrafa de este par de amigos, con motivo del encuentro celebrado en BiblioCafé al hilo de la publicación de la cuarta aventura, El pianista que sabía demasiado.


La asistencia fue más que notable, destacando el segmento lector al que, teóricamente, van destinados los libros. Por ello, el encuentro se orientó más hacia un juego, el de los ‘libros escondidos’, de modo que a partir de unas primeras pistas, se obtenían otras, escondidas en libros, con lo que se conseguía una frase construidas con determinadas palabras de esos mismos libros.

El juego acabó con la chiquillería haciendo un dibujo de un personaje importante en esta cuarta aventura, y con la habitual firma de dedicatorias.

¡Ah! Y también hubo entrega del carnet de ‘Detective oficial’ de la Miller&Jones. Agencia de Detectives.


Mayores y menos mayores disfrutamos del momento y del buen ambiente, y nos trajimos más deberes para leer.

Finalmente, tengo que señalar que sobre quién era el personaje a dibujar… no puedo decir nada.

De momento.

Créditos:
Montaje de las cubiertas de los cuatro volúmenes (hasta la fecha) de Las aventuras de Alfred&Agatha.
Fotografías durante el encuentro en BiblioCafé, del autor.
Imagen de la dedicatoria firmada por Ana Campoy, en el ejemplar de mi hija.
Montaje del anverso y reverso del carnet de Detective oficial.

sábado, 6 de octubre de 2012

¡Vaya con los ratones!

Hoy se cumplen 60 años del estreno de una obra de teatro de Agatha Christie, La ratonera. No fue en Londres, sino en Nottingham, pero al cabo de mes y medio se mudó a Londres, para quedarse. Y allí sigue, desde hace casi 30 años, en el St. Martin’s Theatre.

Y tiene mérito que tras 60 años, aún siga yendo gente a verla, cuando todo el mundo sabe que el asesino es… el asesino es… ¡Vaya no me acuerdo! ¡Tendré que volver a verla!

Créditos:
Fotografía de la fachada del St. Martin’s Theatre, con el cartel luminoso de The Mousetrap en el que destaca el aniversario, en Londres, en septiembre de 2012, del autor.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Faltan once días

La primera novela que leí de Agatha Christie fue El asesinato de Rogelio Ackroyd, que se publicó en 1926. Lo que no sabía yo era la coincidencia con un hecho importante en la vida de la escritora: ese mismo año de 1926, el 3 de diciembre en concreto, Agatha Christie desapareció sin dejar más rastro que el vehículo que utilizaba, abandonado.

No solo la policía estuvo buscándola (llegando a sospechar incluso que su marido la había asesinado). También se implicó Sir Arthur Conan Doyle, recurriendo, entre otros métodos, a contactar con Horace Leaf, un médium, el cual dijo que estaba viva y cuándo se sabría algo de ella,… y acertó.

El caso es que la buena mujer estuvo desaparecida once días, y cuando fue encontrada e identificada (por su marido, el 14 de diciembre) sólo se pudo sacar en claro una extraña situación de amnesia.

Dejaremos para otra ocasión las circunstancias de cómo fue hallada, y acabaremos este breve anotación con una curiosidad: en el hotel en que estaba alojada (el Harrogate Hydropathic Hotel) se había registrado como la señora Teresa Neele, habiéndose elegido el nombre de pila por corresponder a Santa Teresa de Jesús.

Créditos:
Datos e imágenes tomados de Agatha Christie and the Eleven Missing Days, de Pared Cade, en edición, revisada y ampliada, de 2011, publicada por Peter Owen Publishers.

lunes, 20 de agosto de 2012

¿Ya ve la llave?

En 1971 recibí una carta de esa preciosidad rubia que es la señorita Eleanor Sullivan, directora de la Ellery Queen’s Mystery Magazine (EQMM para abreviar) en que me preguntaba si aceptaría escribir un cuento corto de misterio para su revista. Y yo acepté con júbilo, claro, porque pensé que si me pedían uno no podrían tener la crueldad de rechazarlo una vez escrito, y eso significaba que podía escribir tranquilamente el tipo de relato que a mí me gusta: un relato muy cerebral.

Hasta aquí, no sólo bien, sino excelente: a un autor ¡le piden que escriba un relato!

Pero…
Empecé a barajar posibles argumentos con bastante ansiedad, pues quería que la trama fuera razonable y Agatha Christie había agotado ella solita casi todos los trucos.

Pues entonces, paciencia y barajar. Y mientras, a seguir la vida.

Mientras las ruedas giraban lentamente en los recovecos de mi cerebro, fui por casualidad de visita a casa del actor David Ford (que actuó tanto en la versión de Broadway como en la de Hollywood de 1976 [entiendo que es una errata por 1776]). Tiene el apartamento lleno de objetos curiosos de lo más interesante y me dijo que estaba convencido de que una vez alguien se había llevado una cosa de su apartamento, pero que no podía tener la seguridad porque nunca logró averiguar si le faltaba algo.

Desde luego, hay amistades de lo más curioso, y uno, claro, reacciona como hay que reaccionar… y más.

Me eché a reír, y todas las ruedas de mi cabeza, dando un suspiro conjunto de alivio, dejaron de girar. ¡Ya lo tenía!

El resultado fue el primer relato del volumen Cuentos de los Viudos Negros, titulado (en la edición de EQMM y que se ha mantenido) La risita adquisitiva. Se publicó en el número de enero de 1972, es decir, hace cuarenta años y medio, y supuso el inicio de una fecunda dedicación de Isaac Asimov al género de misterio (al menos, yo tengo tres libros con casos de los Viudos Negros).

Como puede verse, en cosas de la inspiración, ésta surge en cualquier sitio, y sólo depende, en realidad y como siempre se ha dicho, de continuar trabajando… en un segundo nivel de ‘visibilidad’.

Pero eso no debe impedir que la observación siempre funcione, incluso a través de una cerradura, como en la portada del libro, para así, tal vez, encontrar en ella una llave, o sea, una key, o sea, una clave… para el relato.

Créditos:
Portada (de Ángel Uriarte) y extracto de la Introducción (de Isaac Asimov), según traducción de Pilar Agramunt, de Cuentos de los Viudos Negros, de Isaac Asimov, tomados de la edición de Alianza Editorial, realizada en 1990, como número 1.466 de la colección El Libro de Bolsillo.

martes, 5 de junio de 2012

La Historia… por la vía


La Compañía Internacional de Coches-Cama (y de los Grandes Expresos Europeos) fue fundada un 4 de diciembre de 1876 por el belga Georges Nagelmackers, a partir de su conocimiento en 1869 de los coches-cama desarrollados por George Pullman en Estados Unidos.

Tras poner en servicio diversos trayectos con trenes de lujo, finalmente hizo su primer recorrido el denominado (aunque no hasta 1891) Orient-Express, si bien al principio la línea directa desde París era sólo hasta Giurgiu, requiriéndose varios transbordos (de barcos y trenes) para llegar a Constantinopla, transbordos de los que se pudo prescindir en 1889 cuando se completó el tendido ferroviario, con lo que la línea ya era directa París-Constantinopla.

Si bien figura en mi hemeroteca la noticia de un último viaje del Orient-Express en septiembre de 1977, se trata en realidad de un ‘fragmento’ de la línea, en concreto el que unía Zurich con Atenas. El último viaje propiamente dicho tuvo lugar el 20 de mayo (aunque también de 1977), siendo la anécdota del mismo que una señora tuvo que correr por el andén, ya con el tren en marcha, para poder cogerlo… sin conseguirlo. Sin embargo, no he localizado para la posteridad quién fue tan histórica (cuasi-)viajera.


Otra anécdota del Orient-Express (que se menciona en el documental) es que quedó bloqueado en febrero de 1929 por la nieve en la frontera con Turquía, lo que supuso un retraso de unos cinco días, y, como se habrá podido reconocer, una inmediata inspiración literaria para Agatha Christie.

El resultado literario se publicó nada más empezar el año 1934, y se titula, como no podía ser de otra manera, Asesinato en el Orient Express, y cuarenta años más tarde, se convirtió en película.

Justo dentro de un año se cumplirán trece décadas desde el primer viaje oficial (aunque no directo) del Orient-Express, pues sucedió en 1883. Curiosamente, en la obra policíaca hay trece sospechosos de un asesinato cometido en el tren, ante lo cual, si alguien tiene interés en investigarlo, ya sabe… ¡investigadores al trennnn!

Créditos:
Imagen de la noticia del último viaje del Orient-Express, publicada en ABC el jueves 29 de septiembre de 1977, de la hemeroteca del autor.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Sugerencia del chef

Mucho antes de darse a conocer como Agatha Christie, Agatha Mary Clarissa Miller, se había convertido en una verdadera experta en venenos por su trabajo como enfermera en la I Guerra Mundial. Esos conocimientos y la necesidad de ganar algo de dinero la condujeron al crimen. Pero su vocación -frustrada- fue siempre la de ser un ama de casa convencional, preocupada por las cretonas y por los menús de la semana.

De este modo, nos introducía M. Hermida, merced a su artículo publicado en ABC, en la breve reseña que hacía de la obra Cremas&Castigos, de Anne Martinetti y François Rivière.

El libro, con su literario juego de palabras del título, versa “sobre la faceta gastronómica de la autora británica: las recetas a las que ella alude entre muerte y muerte se detallan y resultan de lo más apetecibles”.

Y no puedo decir mucho más, ya que el referido libro (aún) no figura entre los de mi biblioteca.

Eso sí, por si le interesa a alguien, aunque en la ficha del periódico figura como editado por Vergara, en la página de internet del Ministerio sólo figura una edición, de abril de 2007, por parte de Ediciones B, con ISBN 13: 978-84-666-3010-8.

Créditos:
Extracto del artículo de M. Hermida publicado en ABC el 1 de septiembre de 2007.
Fotografía de archivo de ABC que ilustra el artículo en cuestión, cuyo pie de foto es: “Agatha Christie desayuna (a la inglesa) en su casa de Bagdad: qué tiempos”.

domingo, 13 de febrero de 2011

¡Es cierto, es cierto! ¡He visto un lindo ratoncillo!

Anoche fuimos la familia, niños incluidos, al teatro.

En el descanso entre el segundo y tercer acto, y tras los aplausos del público, sobre el posible desenlace de la obra, los niños comentaban:
“No es el chico, es demasiado evidente”
“Es el italiano. Es más joven: recuerda que se maquilla mucho y está muy ágil”
“No es el chico. La mujer ha dicho: «¡Ah, es usted!», mostrándo respeto, cosa que no le tenía al chico”
“Es sospechoso que todos hayan venido a la casa andando, y ninguno haya entrado con nieve sobre el abrigo”

El caso es que empezó el tercer acto, y hasta el final, los niños estuvieron pendientes de la obra de teatro, estando sentados, incluso, ligeramente adelantados para no perderse ningún detalle.

Lo que creo que es una buena manera de criticar la representación de anoche, en el Teatro Olympia, de Valencia, de La ratonera, de Agatha Christie, en cartel ininterrumpidamente desde octubre de 1952 en Londres, y varias temporadas ya en cartel en España en la producción de Nearco Producciones S.L.

Créditos:
Fotografías previa al inicio, durante los saludos (y aplausos) finales, y del exterior del teatro Olimpia, en Valencia, del autor.
Imagen de una entrada para la función.

sábado, 5 de febrero de 2011

Me pareció ver un lindo… ratoncito

De su época en que recorría Oriente Medio acompañando a su esposo, es esta fotografía en la que se puede apreciar, como muy bien se dice en el dorso de la postal, a Agatha Christie “bei der Beaufsichtigung der Grabungsarbeiter in Chagar Bazar”.

No ha hecho falta esperar a que se hagan excavaciones arqueológicas, para que podamos disfrutar en Valencia de la puesta en escena de La ratonera, lógicamente, en el Teatro Olympia.

Mientras espero el momento, tendré que ir entrenándome con algunas de las últimas adquisiciones.



Créditos:
Postal comprada en Berlín, en el Neues Museum, en enero de 2010,
Cartel de la producción La ratonera, en el Teatro Reina Victoria de Madrid, tomado del número de octubre de 2010 de la revista Arteria.
Portadas de los libros en cuestión.

lunes, 8 de marzo de 2010

Un mayordomo es una gran ayuda

Haciendo como que ponía algo de orden en casa, o tal vez, más probable, fuera buscando algo, que naturalmente no encontraría, me topé con otra cosa, en concreto, un ejemplar de El Cultural de El Mundo, el número del 4 de octubre de 2007, que, lógicamente, hojeé.

Incitado por la referencia en la portada, me dirigí a una entrevista a Martín de Riquer con motivo de la reedición de su Historia de la Literatura Universal, escrita junto con José María Valverde (q.e.p.d.). El primer volumen de esta obra yo lo había comprado en una colección de kiosco de RBA poco antes de la entrevista, a principios de ese verano, aunque el segundo volumen no lo conseguí hasta abril de 2008.

La entrevista es en realidad una serie de 20 preguntas sobre qué obra considera como mejor en otros tantos géneros o cuestiones literarias. La contestación a la sexta pregunta me hizo recordar lecturas de hace muchos años, y decidí “rejuvenecer” un poco, aunque fuera sólo durante un fin de semana.

Así pues, me dirigí a una de las estanterías donde tenía localizado un ejemplar, también en colección de kiosco, también de RBA, de la novela El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie.

Ésta fue la primera novela que leí de Agatha Christie, aunque en su momento se titulaba El asesinato de Rogelio Ackroyd.

Mrs. Ferrars murió la noche del 16 al 17 de septiembre, un jueves. Me enviaron a buscar a las ocho de la mañana del viernes 17. Mi presencia no sirvió de nada. Hacía horas que había muerto

Así de contundente empieza la novela (según la traducción de G. Bernard de Ferrer) en la que conocí al mundialmente famoso por su “cabeza semejante a un huevo, parcialmente cubierta de un negro sospechoso y en la cual destacaban un mostacho enorme y un par de ojillos despiertos” (pág. 21), bueno, y también por su trabajo, “el más interesante del mundo. (…) ¡El estudio de la naturaleza humana!” (pág. 22), es decir, detective privado. Así me enteré de que “dicen que ha hecho cosas maravillosas, como los detectives de las novelas” (pág. 60). Curiosamente, lo conocí justo en la novela donde puede leerse que “se retiró hace un año” y que “deseaba vivir con tranquilidad sin que la gente le molestara” (pág. 61). ¡Y yo fui, y me presenté ante él!

El tal estudioso de la naturaleza humana nos avisa, al poco de iniciar la investigación, de que “todos los que andan mezclados en el asunto tienen algo que esconder”, y claro, uno acaba un tanto mareado con los inacabables “y si fuera…”.

De la mano de la autora, quien más que guiarnos, nos pasea junto a todos los dramatis personae de la trama, se establece “un desafío entre escritor y lector: a ver quién gana, si el lector al descubrir al asesino antes de acabar la novela, o, en caso contrario, el autor”. En cualquier caso, todos, salvo el asesino, queremos “llegar a la verdad. Ésta, por fea que sea en sí, es siempre curiosa y siempre resulta hermosa para el que la busca con afán”, aclara el detective, y concluye “Messieurs et mesdames, les advierto que quiero saber y sabré a pesar de todos ustedes” (pág. 115). Sí, la verdad es que sus comentarios muchas veces nos desconciertan: “Es una idea mía, nada más. Soy famoso por mis pequeñas ideas”, “Algunas veces, los viejos nos reímos cuando los jóvenes inteligentes no tienen ganas de hacerlo” y, desde luego, “Mon ami, yo no pienso. Sé” (pág. 163).

Quien sabe, es Hércules Poirot, y, en general, quien tarda en saber es el lector. La frase antes transcrita sobre el desafío es de Martín de Riquer, en contestación a esa antedicha sexta pregunta, que era: “La mejor novela policíaca”, y la respuesta propiamente dicha, que es lo que nos interesa: “Las de Agatha Christie, por ejemplo, El asesinato de Roger Ackroyd por el desenlace tan inesperado”.

En su Historia de la Literatura Universal, puede leerse sobre el género policíaco:
No querríamos dejar (…) el nombre de Wilkie Collins (1824-1889), famoso sobre todo por su novela policíaca La piedra lunar (The moonstone), que inicia este género destinado a amplia popularidad con una obra de buena ley artística. Collins emplea el procedimiento de los puntos de vista múltiples, a través de varios testimonios, logrando a la vez la emoción del suspense y una excelente lectura imaginativa” (vol. II - pág. 474).

Bueno, pues llega el momento de revelar ese “desenlace tan inesperado”: no he localizado en toda la Historia… ninguna referencia a Agatha Christie.

martes, 2 de marzo de 2010

De una sentada

Hace casi un año publiqué una anotación sobre los libros que no conseguíamos terminar.

Ayer recibí un correo de AbeBooks cuyo asunto era justo el contrario: los libros que no hemos podido dejar hasta conseguir finalizarlos.

Curiosamente, la introducción del correo hace referencia a otro correo sobre aquellos libros que no conseguíamos terminar, correo que no recuerdo, pues mi anotación la motivó un artículo en The Wall Street Journal.

El correo remitía a un articulito de Beth Carswell titulado Two Sitting Reads.

La verdad es que es realmente comprensible, nos hace ser totalmente solidarios, esa situación descrita por ella, viviendo la impaciencia por continuar la lectura, dejada unas horas antes:

I’ve spent days at work, watching the clock, anxiously drumming my fingers on my desk and feeling desperately, perversely afraid that somehow, the characters in the book are going on without me, and I’m missing out on the action. Fortunately, they’ve all stayed right where I left them, to date.

Aunque el colmo es anular citas para poder seguir leyendo un libro.

Habla, entre otros libros con los que ha tenido esta experiencia, de El hobbit, Matar un ruiseñor o La carretera, de los cuáles sólo he leído el primero, he visto la (gran) película del segundo (cine del de antes), y tengo esperando el tercero.

Finaliza el artículo con una lista de 25 libros que parecen tener el honor de haber sido los más leídos de una (o dos) sentadas. Como esta anotación no versa sobre los leídos o no, sino sobre los libros leídos “de una sentada”, vamos con ellos (o casi).

En el puesto vigésimo tercero figura Agatha Christie con una obra con dos títulos, el políticamente correcto, que es el que figura en la lista, y el incorrecto, es decir Diez negritos.

En este caso no hay, por mi parte, mayor mérito por haberlos leído de una sentada, pues recuerdo un verano, estudiando aún el bachillerato (versión BUP), en que a falta de otras actividades literalmente devoraba las novelas de esta buena mujer, con lo que, lamento decirlo, acabé con una cierta mezcla de casos, situaciones y asesinos. Se salvaron del caos unas pocas obras, ésta, naturalmente, entre ellas. Pero sobre esta mujer, o cierta obra de ella, hablaremos en breve.

Pasamos ahora al quinto de la lista, Fundación, de Isaac Asimov. Este libro fue mi regalo de cumpleaños de hace treinta años. Tres semanas después me hice con la continuación Fundación e Imperio, y pocos días después, los Reyes Magos me obsequiaron con el tercer título de la serie, Segunda Fundación.

Estas novelas, escritas en 1951, 1952 y 1953, fueron agraciadas, conjuntamente, como serie, con el premio Hugo a la mejor serie en el año 1966, año en que se instauró el premio; es decir, “la mejor serie de SF hasta entonces escrita”, según escribía Carlo Fabretti en el prólogo a la primera novela de la serie, en la edición de Bruguera, en su colección Libro Amigo.

Treinta años después (bueno, veintinueve), Isaac Asimov publicaba la continuación de su Trilogía: Los límites de la Fundación, libro que se convirtió en mi regalo de cumpleaños (aunque adelantado dos días), cuatro años después del de Fundación.

Aunque no recuerdo ahora si efectivamente fuí absorbido por las novelas originales de la serie, de ésta sí recuerdo que lo empecé a leer al irme a la cama, y apagaba la luz, una vez terminado de leer, sobre las cinco de la mañana (es decir, más que de una sentada, fue de una reclinada).

Y cuando lo acabé, leí:

FIN
(por ahora)


Pues, por ahora, ya está finalizada la anotación. Ahora es el turno, si alguien se arranca, de los comentarios.