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lunes, 10 de septiembre de 2012

¿El paraíso perdido?

¿La infancia, cierta infancia, cierto ambiente de la infancia,…?

Créditos:
Tira de Mafalda, tomada de Todo Mafalda, recopilatorio editado por Lumen en 1992 (pág. 320 de la edición de 1996).

lunes, 9 de abril de 2012

¡Vaya cuento!

Hace una semana, caraguevo nos recordó que era el Día Internacional del Libro Infantil.

El motivo de ello, de la celebración, no del recuerdo, quiero decir; es... un recuerdo: un dos de abril, pero de 1805, nacía en Odense (Dinamarca), Hans Christian Andersen.


En la noticia que La Gaceta publicó al respecto se señala que el 82,9% de los niños de entre 10 y 13 leen por placer, es decir, que no lo hacen porque sea una ‘actividad’ escolar. Buena señal, aunque por desgracia, resulta evidente que la afición se pierde a la carrera.

Se expone también las temáticas y autores que más se leen, aunque como no se reflejan cifras, no sé hasta qué punto sea realmente así, en vez del habitual ruido en los medios de comunicación. Bueno, el caso es que, según se dice, leen fantasía (aunque ya menos que antes), y tras una breve parada en los vampiros adolescentes, “ahora regresa la realidad, con temas como la inmigración, la guerra, la muerte, la enfermedad, la revolución digital, las trifulcas en el colegio, o los problemas familiares”, pues “el regreso al realismo es tendencia”.

Ante lo cual, me quedo con el final del artículo: “Y, por supuesto, resisten los clásicos, y los temas de siempre”. En éstos, y en muchos otros casos, los experimentos, con gaseosa.

Y para clásicos, una de Mortadelo y Filemón, con, lógicamente, la sirenita de Copenhague.

Créditos:
Portada del volumen nº 6 de Mortadelo y Filemón-Edición Coleccionista, de Salvat, actualmente en venta en quioscos.

domingo, 30 de octubre de 2011

Un ratón con velocidad de ADSL

Hace cerca de un año, publiqué una anotación sobre el personaje de Gerónimo Stilton y las diversas colecciones de aventuras suyas, o de su familia (o similares), que se estaban editando. En ella comenté la anécdota de haber podido comprar una de estas aventuras, la cual había podido ya ver en un escaparate en Venecia… dos años antes.

Hace unos diez días leí una noticia acerca de los autores más vendidos en España en este último trienio, y en ella, lo siguiente:
Gerónimo Stilton se ha convertido en el autor que más libros ha vendido en España en el último trienio, según el ranking elaborado por el Panel de Libros de la consultora GfK, que se audita a partir de datos de ventas reales capturados.

Por lo menos, puede pensarse, una buena noticia que lo más vendido sea un libro infantil: esperemos que estas semillas germinen y fructiquen, y que no se quede todo en una fantasía cultural.

Precisamente, el libro ‘veneciano’ era Quinto viaje al Reino de la Fantasía. Y hace mes y medio, dos años más tarde, pude comprobar, en Roma, que Gerónimo Stilton había realizado otros tantos viajes más.

Sin embargo, el otro día, aquí en Valencia, me encontré con que acababa de llegar del sexto viaje.

Será que no van tan rápido en estas cosas.

Créditos:
Fotografía de un ejemplar del séptimo viaje, en un escaparate de Roma, en septiembre de 2011, del autor.
Portada del libro Sexto viaje al Reino de la Fantasía, de Geronimo Stilton.

martes, 19 de julio de 2011

A falta de relato, bueno es un cuento

Como ya he comentado en estas páginas, apenas puedo oír ahora la radio por la tarde-noche. Por ese motivo, tardé en enterarme del relato con que nuestro amigo César Vidal nos obsequió el pasado lunes día 11 (sí, la camiseta es la misma de una semana antes, pero en el ínterín, que le gusta decir, no sé más sobre su vestuario).

Ahora está de vacaciones, y en vez de relatos, parece que tenemos recomendaciones literarias. Hoy sí he podido escuchar el momento en cuestión.

Sagrario Fernández Prieto ha empezado diciendo que “vamos a recomendar un libro para niños, para niños a partir de diez años”: se trata de Diente de León.

Y como tengo otras cosas que hacer, no transcribo nada, lo dejo al criterio del oyente. Yo sólo diré que a partir de ahora pondré entre varios paréntesis las recomendaciones literarias de esta buena señora.

El resto de mis opiniones sobre relatos o cuentos, ya los expondré en otro momento.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Ratón ‘en’ biblioteca

Entre las diversas anotaciones al hilo de la Feria del Libro de Madrid del pasado año, publiqué una en la que hablaba de un personaje de novelas infantiles: Geronimo Stilton.

Desde entonces, la familia libresca de Geronimo Stilton ha crecido, continuando las aventuras del propio Geronimo (en su calidad, más o menos, de director de El Eco del Roedor, el periódico con mayor difusión de Ratonia), y de su hermana Tea Stilton, como enviada especial del periódico.



Pero además, han aparecido nuevas ramas de la familia, como por ejemplo, las aventuras de Geronimo Stilton en formato cómic. Incluso, en la ciudad de Muskrat City, han aparecido unos Superhéroes.



Los reiterados viajes de Geronimo Stilton al Reino de la Fantasía han tenido consecuencias: personas de los Reinos de la Fantasía han adquirido carácter propio y se han generado dos series independientes sobre ellos, una presentada por Geronimo y la otra por Tea.



La novedad más literaria es Grandes historias Geronimo Stilton, una colección de adaptaciones de grandes obras de la literatura universal, en las que, lógicamente, los personajes, aun manteniendo los nombres originales, son ratoncillos como nuestro protagonista.

Todo esto viene a cuento de que el pasado domingo, por fin, pudimos reunirnos la familia para celebrar los cumpleaños (de hace ya semanas) de dos de los integrantes de la generación más joven, uno de ellos, mi hijo.

Y así, por fin, pudo tener en sus manos un libro que esperaba desde septiembre (cuando se enteró de que a finales de octubre sería puesto a la venta): el Quinto viaje al Reino de la Fantasía de Geronimo Stilton, dentro de la colección Libros especiales de Geronimo Stilton.

Claro, que yo también lo esperaba desde septiembre… de 2009, cuando lo ví como novedad en el escaparate de una librería de Venecia.

Créditos:
Portadas de diversos libros de Geronimo Stilton, en edición de Destino.
Fotografía del escaparate de una librería veneciana, de septiembre de 2009, del autor.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Alit lectio: Adulta literatura infantil

Érase una vez un aldeano que fue a robar pepinos a un huerto. Se arrastró hasta los pepinos y pensó: «Veamos, me llevo un saco de pepinos y los vendo, y con el dinero me compro una gallina. La gallina me pone huevos, los empolla, y cría muchos pollitos. Alimento los pollitos, los vendo, y compro un lechón, y se convierte en una cerda; me pare la cerda lechones. Vendo los lechones y compro una yegua; me pare una potrada. Crío los potros, y los vendo; compro una casa y planto un huerto. Planto un huerto y siembro pepinos.«

«Entre 1871 y 1875, Lev Tolstói redactó seis volúmenes para enseñar a leer y a escribir a los niños de su escuela de Yásnaia Poliana. En enero de 1872, en una carta dirigida a Alexandra Andréievna Tolstaia, hija de un tío abuelo del escritor, mostraba su ilusión de que estos libros, entre los que figura el denominado Abecedario, sirvieran para que estudiaran «dos generaciones de niños rusos, desde los de los zares hasta los de los campesinos […]. Después de haber escrito este Abecedario puedo morir tranquilo».
Tolstói intentó reflejar en estas obras el lenguaje popular, el de los escolares de Yásnaia Poliana, buscando un estilo claro y sencillo que le obligó a realizar grandes esfuerzos. En carta al crítico Nikolái Nikoláievich Strájov, fechada a primeros de marzo de 1872, confiesa abiertamente que «la lengua que habla el pueblo y que tiene sonidos para expresar todo lo que un poeta siente deseos de decir me gusta. Esta lengua, además –y eso es lo esencial–, es el mayor regulador poético. Intente decir algo superfluo, ampuloso, enfermizo, la lengua no se lo permitirá; nuestra lengua literaria, por el contrario, no tiene osamenta; está tan mimada que uno puede decir todo lo que se le antoje: todo tiene aspecto de literatura».


El libro recoje 17 relatos cortos o muy cortos, donde mayoritariamente se muestra el mundo rural y campesino ruso, con narraciones que, además de servir a los propósitos alfabetizadores, sirven también para enseñar aspectos de la vida de los alumnos y para educar “en valores”, que dirían ahora.

En la época de la cosecha, los hombres y las mujeres se iban a trabajar. En la aldea se quedaban sólo los más viejos y los más pequeños.

- Por favor, dame una fusta más fuerte. Lo voy a encender.
Entonces el ayo movió la cabeza y dijo:
- Ay, caballero, no tiene piedad. Qué le va a encender, si ya tiene veinte años. El caballo está agotado, respira con dificultad y aún así se esfuerza. ¡Es que es tan viejo! Tanto como Pimén Timofeich. Si os subierais a Timofeich y con todas vuestras fuerzas le arrearais con la fusta, ¿no os daría pena?
Me acordé de Pimén, y entonces hice caso al ayo. Me bajé del caballo y cuando me fijé en lo sudoroso que llevaba el costado, la dificultad con la que respiraba por las fosas nasales y movía la cola pelada, comprendí que el caballo lo estaba pasando mal. Y sin embargo yo pensaba que se estaba divirtiendo tanto como yo. Me dio tanta pena de
Voronok que cubrí de besos su sudoroso cuello y le pedí perdón por haberle pegado.

Por Semana Santa, un aldeano fue a mirar si la tierra se había deshelado.
Entró en el huerto y con una estaca tentó la tierra. La tierra estaba empapada. El aldeano se fue al bosque. En el bosque ya abultaban los brotes en la mimbrera.


Yo tenía un chucho. Lo llamábamos Bulka. (…) Lo cogí cuando era un cachorro y yo mismo lo crié. Cuando me fui a servir al Cáucaso, no quería llevarlo y me alejé sigilosamente, además de ordenar que lo encerraran. Estaba en la primera estación de postas con intención de cambiarme a otra diligencia, cuando de pronto vi que por el camino rodaba algo negro y brillante. Era Bulka con su collar de cobre. Corría a pleno pulmón hacia la estación. Se abalanzó sobre mí, me lamió la mano y se tumbó a la sombra bajo la telega. (…) Después supe que, tras mi partida, había hecho un agujero bajo el marco y había saltado por la ventana, y sin más, con el fin de seguirme, había echado a correr por el camino, y había recorrido a la carrera unas veinte verstas con un calor sofocante.

En el Cáucaso, en los bosques donde viven los jabalíes, suele haber muchos frutos sabrosos: uvas silvestres, piñas, manzanas, peras, moras, bellotas, endrinos. Y cuando todos estos frutos maduran y caen por las heladas, los jabalíes se atiborran y engordan.

Las tortugas viven en la tierra y en el agua como las culebras y las ranas. Las crías nacen de los huevos. Ponen los huevos en la tierra, y no los empollan, los huevos se rompen solos, como las huevas de los peces, y de ellos nacen las tortugas.

Cautericé la herida con pólvora con el fin de se quemara la saliva rabiosa si todavía no había llegado a la sangre. Porque si había caído saliva y había pasado a la sangre, yo sabía que por la sangre se dispersaba por todo el cuerpo y entonces ya era imposible curarlo.

Una liebre europea macho vivía por el invierno cerca del pueblo. En una ocasión, cuando llegó la noche levantó una oreja y escuchó; después levantó la otra, alastró, olfateó y se sentó sobre las patas traseras. A continuación dio unos cuantos saltos sobre la gruesa capa de nieve y volvió a sentarse sobre las patas traseras, y se puso a mirar. Alrededor no se veía otra cosa que no fuera nieve. La nieve hacía ondas y brillaba como si fuera azúcar. Por encima de la cabeza de la liebre había vapor helado, y a través de este vapor se veían grandes estrellas brillantes.

En el volumen se incluye también un relato más largo, casi novela corta, titulado El prisionero del Cáucaso, en el que se narran las aventuras que vive un oficial ruso que es cogido prisionero por los tártaros, lo que le sirve para describir el modo de vida de éstos.

Como bien dice en la carta comentada en la Introducción transcrita, estos relatos carecen de “algo superfluo, ampuloso, enfermizo”; por el contrario, se percibe en su ternura el cariño con que fueron creados por Lev Nikoláevich Tolstói, quien un 9 de septiembre, de 1828, nació en Yásnaia Poliana, aunque, como sabemos, el calendario de su casa paterna señalaba otra fecha distinta.

Por cierto, el relato El aldeano y los pepinos con el que hemos iniciado esta anotación, una especie de ‘cuento de la lechera’ ruso, finaliza… muy curiosamente.

»Pero no dejaré que me los roben, mantendré firme la guardia. Contrataré vigilantes, los pondré a vigilar los pepinos, y yo mismo daré una vuelta por allí de vez en cuando y les gritaré: «¡Eh vosotros, ni se os ocurra bajar la guardia!». De tal manera se ensimismó el aldeano, que se olvidó completamente de que estaba en un huerto ajeno y gritó con todas sus fuerzas. Los guardias que le oyeron, saltaron sobre él y le zurraron de lo lindo.

Créditos:
Transcripción del cuento El aldeano y los pepinos (Fábula), y párrafos de otros relatos, según la traducción de Sara Gutiérrez, publicada en Relatos de Yásnaia Poliana, editada “en el invierno de 2010” por Rey Lear, como nº 27 de su colección Breviarios de Rey Lear.
Introducción del editor (salvo el último párrafo) de Relatos de Yásnaia Poliana.
Fotografía de Lev N. Tolstoi tomada de Memorias. Infancia-Adolescencia-Juventud, editado por Backlist, en septiembre de 2010.
Portada, fotografía de la escuela de Yásnaia Poliana y Retrato de Lev Tolstói, de Meshkov, del libro Relatos de Yásnaia Poliana.

jueves, 18 de junio de 2009

Tiempo de libros. Serie 2: Mi queeessso

En la relación de libros más vendidos en el mes de abril de este año, según el índice Nielsen , publicada por ABC el pasado día 6, según reflejaba en una anotación hace poco, figuraban, entre los diez primeros puestos, cuatro títulos “adulto ficción” y dos “adulto no ficción”. Los otros cuatro eran infantil-juvenil: tres de la saga de vampiros adoslescentes de Stephenie Meyer y uno, el propiamente infantil.

Resulta curioso, no sólo que haya un título infantil entre los diez primeros más vendidos, sino que se trate de un título ¡del otoño anterior! (en concreto, lo compré para mi hijo a finales de octubre pasado).

El autor y protagonista del libro es un ratón, Geronimo Stilton, de origen italiano aunque con apellido de “un famoso queso inglés”, director de periódico, y sufridor de multitud de aventuras de diversa naturaleza. Estas aventuras son objeto de una colección editada por Destino, que consta de 37 números (anunciado ya el nº 38), en volúmenes en rústica de poco más de cien páginas.

Sin embargo, ante el éxito, existen dos colecciones adicionales: una está protagonizada por Tea, la hermana de Geronimo, en una colección en tapa dura, de cerca de 200 páginas el volumen; y la segunda colección, también protagonizada por Geronimo, es la de “Libros especiales”, en tapa dura con más de 350 páginas.

El libro en cuestión es Tercer viaje al Reino de la Fantasía, y se trata del cuarto volumen de la colección de “Libros especiales” (el primero era Viaje en el Tiempo, y ya existe el quinto La gran invasión de Ratonia).

En estos libros, la parte principal es la aventura de que se trate. Se encuentra escrito haciendo uso de un diseño gráfico en las palabras y párrafos para enfatizar el significado o la situación. Sin embargo, lo interesante son las páginas finales.

Suelen ilustrar algún aspecto del tema de la aventura, sea deportivo, de historia,…, y lo acompañan con ejercicios diversos, tipo acertijos, chistes, manualidades,… incluso recetas. Por ejemplo, en el caso que nos ocupa, se han centrado más en estos ejercicios, recreándolos en el mundo de la fantasía.



Como cosa curiosa, los libros que se desarrollan en el reino de la Fantasía ¡incluyen perfumes!

En resumen, se trata de libros muy interesantes para los niños, cuyo principal objeto no es sólo aficionarles a la lectura, sino también, que aprendan de las aventuras.

Pues bien, entre las actividades que se desarrollaban en la Feria del Libro, durante la mañana que estuvimos, había unas protagonizadas por el tal Geronimo Stilton, el cual, incluso, firmaba libros por la tarde. Sin embargo, ni en un caso ni en otro pudimos estar. ¡Otra vez será!