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martes, 14 de agosto de 2012

¡Qué valor!

“¿Zaragoza se rendirá? La muerte al que esto diga.
Zaragoza no se rinde. La reducirán a polvo: de sus históricas casas no quedará ladrillo sobre ladrillo; caerán sus cien templos; su suelo abrirase vomitando llamas; y lanzados al aire los cimientos, caerán las tejas al fondo de los pozos; pero entre los escombros y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

A pesar de toda la épica que empapa este párrafo de Galdós,… Zaragoza se rindió ante el segundo sitio que sufrió durante la Guerra de la Independencia, en el invierno de 1809.

Sin embargo…

Sin embargo, hubo un primer sitio de Zaragoza, en el verano de 1808. Y en ese sitio, tras mes y medio de asedio, Zaragoza ni se rindió ni fue tomada, a pesar de ser una ciudad pobremente fortificada y con escasa guarnición militar, lo que fue sobradamente compensado por su población, sin distinciones de edad, condición o sexo.

Y tal día como hoy, pero de ese famoso 1808, fue cuando las tropas francesas, ya convencidas de que eran ciertas las noticias de que en Bailén había sido su primera vez en ser derrotados, levantaron campo y se retiraron.

Necesitaron, unos meses más tarde, del mismísimo Emperador para atreverse a regresar, pero eso es ya otra historia.


Créditos:
Extracto del inicio del capítulo XXIX de Zaragoza, Episodio Nacional de Benito Pérez Galdós, recogido en el tercer volumen de la edición completa de los Episodios Nacionales, realizada por Espasa para Unión Editorial en 2008, distribuida junto con el periódico El Mundo (pág. 367)
Imagen del grabado ¡Qué valor!, número 7 de la serie Desastres de la Guerra, de Francisco de Goya, o por mejor decir, de su “prueba de estado antes del buril, la punta seca adicional, número definitivo y letra. Antes del aguatinta”, ejemplar existente en la Biblioteca Nacional de Madrid (invent. 45685/6), tomada del catálogo de la exposición Miradas sobre la Guerra de la Independencia, realizada en dicha Biblioteca en la primavera de 2008 (pp. 156-157)

sábado, 21 de abril de 2012

Puertas abiertas, pero sin exageración

Hace justo tres años que publiqué una anotación acerca de cómo nos encontramos, de casualidad, con la jornada de puertas abiertas en la Biblioteca Nacional en Madrid. Esa Jornada me la he encontrado este año… pero en el periódico.
En esto, la viñeta de Mingote tiene razón: con tanta biblioteca, un día como éste, de puertas abiertas,… no habría quien aguantara la corriente de aire.

Créditos:
Viñeta de Antonio Mingote publicada en ABC el 12 de noviembre de 2011, de la hemeroteca del autor.

jueves, 1 de marzo de 2012

¡Así, cualquiera!

Todo aquel que haya buscado algo hoy, se habrá encontrado con la referencia de que se estaba de celebración en la Biblioteca Nacional de España. En concreto, se trata de sus primeros 300 años. Felicidades, pues.

Hace tiempo que traje a estas páginas la Biblioteca Nacional, con ocasión de una visita que pudimos hacer en unas Jornadas de Puertas Abiertas por el Día del Libro. Y bueno, ¿cómo decirlo?... Un poco de envidia sí me dio.

Y es que…

“Al abrir sus puertas, Biblioteca Nacional de España contaba ya con un amplio catálogo de libros que ofrecer, gracias en su gran parte a los ejemplares de las colecciones privadas de los monarcas de España, como Felipe II, Felipe IV y Felipe V, quien mandó traer más de 6.000 volúmenes de Francia. Más tarde llegaron las unidades confiscados a los austriacistas, que perdieron la Guerra de Sucesión, como el Marqués de Mondéjar y el duque de Uceda.”

Claro, leyendo este párrafo de la noticia de Las Provincias, uno se imagina a Felipe V viendo todos los libros, y pensando: «Y ahora, ¿dónde los pongo?».

¡Y es que así cualquiera, hombre!

Créditos:
Doodle de Google con motivo del centenario de la Biblioteca Nacional de España.
Fotografía de la fachada de la Biblioteca Nacional de España, en el Paseo de Recoletos, de octubre de 2007, del autor.