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domingo, 7 de julio de 2013

Shake, Britannia!


My children are flying to you.

Créditos:
Fotografía de la salida del tren en el que han comenzado el viaje, esta tarde, del autor.

martes, 11 de junio de 2013

La Feria, en el metro

“Invierno. Metro de Madrid. Línea 1: Pinar de Chamartín-Valdecarros. Subo en Tirso de Molina. Mi destino es Iglesia. Es de mañana, aunque pasado ya el ajetreo de la hora punta. El vagón huele a humanidad, pero hay asientos libres. El perfil del usuario es heterogéneo (estudiantes rezagados, amas de casa con carritos de la compra, turistas de distintas nacionalidades, algunas tipologías más ambiguas), si bien no abundan los maletines de negocios ni las barbillas recién rasuradas. Se respira un ambiente tranquilo.
Echo un vistazo más atento a los viajeros. Más concretamente a sus manos. Por vicio, que no por virtud, y de igual modo que al entrar en una casa ajena lo primero que busco es la biblioteca de quien vive en ella, cuando tomo un medio de transporte observo qué lee la gente. Esta mañana de invierno, en mi vagón, hay cinco lectores. Uno, excéntrico, se aplica al disfrute de Expiación, de Ian McEwan; los otros cuatro, disciplinados con los tiempos que corren, gregarios quizá sin sentirlo, llevan en sus manos uno de los dos primeros tomos de la trilogía Millenium, de Stieg Larsson (…)
Pienso que allá fuera, en las mesas de novedades de los cientos de librerías que existen, hay miles y miles de títulos ignorados, a cuyo lado cuatro de cada cinco lectores pasan como a junto a fantasmas. Y siento que esa es un pérdida lamentable. En un artículo de homenaje a John Cheever, Ray Loriga expresó semejante paradoja mediante una fórmula impecable: es mucho más complejo vender un único ejemplar de un millón de títulos distintos, que vender un millón de ejemplares de un único título. (…)
Queda en todo caso el consuelo, no exento de misterio, de que, en cierta ocasión, y dado que los caminos del libro, como los de la Providencia, son inescrutables, a este convencido pesimista le asaltara en otro vagón de metro la maravillosa imagen de dos lectores que, codo con codo e ignorantes el uno del otro, iban devorando, ensimismados en su mundo propio, Vida y destino, de Vasili Grossman.
Era de justicia contarlos.”

Créditos:
Extracto del artículo La dictadura de un solo libro, de R. Menéndez Salmón, publicado en el número 1.089 de ABC Cultural, del pasado 20 de abril de 2013, de la hemeroteca del autor.

martes, 4 de junio de 2013

Tentación… es…

¿saltarse un semáforo?

Créditos:
Fotografía de un autobús de transporte público, saltándose un semáforo en rojo, en Valencia, en mayo de 2013, del autor (mientras esperaba el cambio de semáforo).

lunes, 8 de octubre de 2012

Un autobús que te lleva… al salón

Hace justo un mes pude observar en Londres un autobús que, aun siendo rojo, no se ajustaba a la idea clásica que se recoge en las guías. Sin embargo, lo importante del autobús en cuestión era la línea, no porque fuera la número 100, sino porque estaba identificada como “Elephant & Castle”.

Dos horas y tres minutos después (preciso como Phíleas Fogg), pudimos encontrarnos con un elephant, ya que no el elephant el cuestión.

Pero faltaba el Castle, y éste se ha hecho de rogar.


Claro, que para quienes pueden ver el canal AXN, entre los que no me encuentro.

(O utilizan otras técnicas que tampoco practico.)

Créditos
Fotografías de un autobús urbano, y de la estatua de un elefante en el patio del hotel Temple Court de la cadena Apex Hotels, en Londres, el 8 de septiembre de 2012, del autor.

martes, 5 de junio de 2012

La Historia… por la vía


La Compañía Internacional de Coches-Cama (y de los Grandes Expresos Europeos) fue fundada un 4 de diciembre de 1876 por el belga Georges Nagelmackers, a partir de su conocimiento en 1869 de los coches-cama desarrollados por George Pullman en Estados Unidos.

Tras poner en servicio diversos trayectos con trenes de lujo, finalmente hizo su primer recorrido el denominado (aunque no hasta 1891) Orient-Express, si bien al principio la línea directa desde París era sólo hasta Giurgiu, requiriéndose varios transbordos (de barcos y trenes) para llegar a Constantinopla, transbordos de los que se pudo prescindir en 1889 cuando se completó el tendido ferroviario, con lo que la línea ya era directa París-Constantinopla.

Si bien figura en mi hemeroteca la noticia de un último viaje del Orient-Express en septiembre de 1977, se trata en realidad de un ‘fragmento’ de la línea, en concreto el que unía Zurich con Atenas. El último viaje propiamente dicho tuvo lugar el 20 de mayo (aunque también de 1977), siendo la anécdota del mismo que una señora tuvo que correr por el andén, ya con el tren en marcha, para poder cogerlo… sin conseguirlo. Sin embargo, no he localizado para la posteridad quién fue tan histórica (cuasi-)viajera.


Otra anécdota del Orient-Express (que se menciona en el documental) es que quedó bloqueado en febrero de 1929 por la nieve en la frontera con Turquía, lo que supuso un retraso de unos cinco días, y, como se habrá podido reconocer, una inmediata inspiración literaria para Agatha Christie.

El resultado literario se publicó nada más empezar el año 1934, y se titula, como no podía ser de otra manera, Asesinato en el Orient Express, y cuarenta años más tarde, se convirtió en película.

Justo dentro de un año se cumplirán trece décadas desde el primer viaje oficial (aunque no directo) del Orient-Express, pues sucedió en 1883. Curiosamente, en la obra policíaca hay trece sospechosos de un asesinato cometido en el tren, ante lo cual, si alguien tiene interés en investigarlo, ya sabe… ¡investigadores al trennnn!

Créditos:
Imagen de la noticia del último viaje del Orient-Express, publicada en ABC el jueves 29 de septiembre de 1977, de la hemeroteca del autor.

martes, 1 de mayo de 2012

Un transporte avanzado



Créditos:
Viñeta de Antonio Mingote publicada en ABC el 23 de mayo de 1959, con ‘redifusión’ en ABC el 18 de abril de 2012, ésta, de la hemeroteca del autor.

martes, 17 de abril de 2012

Tal vez la bibliometría sea esto

Hace unos días se publicó que con motivo de La noche de los libros, se quería batir un récord de lectores en el Metro de Madrid. Será la mañana de este próximo sábado, es decir, dos días antes del Día del Libro.

Ya tendría que estar decidida la estación del acontecimiento, pero si aún no es así, y siempre y cuando se mantenga en las condiciones en que le hice la foto, sugiero la de Chamartín, así, sin vías, para evitar tropiezos.

La duda que tengo es si para todo esto habrá que pagar billete, aunque es un detalle que no esté todavía en vigor lo que sea de la nueva tarifa.

Créditos:
Fotografías en la estación de Metro de Chamartín de un Bibliometro y de un túnel aún sin la superestructura, de agosto de 2010, del autor.

domingo, 9 de octubre de 2011

AVuEnas horas…

Este pasado diciembre, tres días después de iniciarse el funcionamiento comercial de la línea AVE Madrid-Valencia, Levante-EMV publicaba, al hilo de la presentación de la programación de los Teatros Públicos de la Comunidad Valenciana, que “el nuevo folleto de "invierno" de Teatres incluye ya una promoción de un 5% de descuento en las entradas presentando el billete del AVE”.

Parecía mentira tanta capacidad de reacción de la administración, pero esto era lo publicado, y supongo que así sería.

Ha pasado el tiempo, y ahora ha sido la misma RENFE quien, observando el funcionamiento de la línea, se ha dado cuenta de que los fines de semana flojea. De modo que a punto de terminar el verano, Las Provincias publicaba lo siguiente:
“La secretaria general de Infraestructuras del Ministerio de Fomento, la valenciana Inmaculada Rodríguez-Piñero, anunció ayer en Madrid que Renfe está estudiando lanzar una nueva oferta comercial en los billetes de la línea de AVE Madrid-Valencia para mejorar la ocupación de los trenes el fin de semana. Preguntada por los detalles de las tarifas y la fecha de lanzamiento, Rodríguez-Piñero concretó a este periódico que los nuevos precios de fin de semana estarán disponibles a partir de noviembre.”

El mismo día de la publicación de este anuncio, cerca de la nueva, aun provisional, estación Joaquín Sorolla, pude ver en un mupi un anuncio de Madrid, en concreto, de su agenda cultural para este otoño.

Lo malo es que hasta noviembre no empieza la promoción (que no sé cuál será), por lo que bastante del otoño se queda sin ella, tanto para quienes hayan aprovechado la festividad de hoy en Valencia (aunque cayera en domingo), como para quienes decidan viajar el próximo fin de semana, por ejemplo.

Créditos:
Fotografía del anuncio de la Agenda de Madrid, en una calle de Valencia, este septiembre pasado, del autor.

miércoles, 13 de abril de 2011

Antes

Como ya he dicho, he aparecido este fin de semana dos veces por la Feria del Libro. La primera, fue el sábado y la segunda, el domingo, ambas por la tarde.

En ambos casos me acerqué a los Jardines de Viveros, o del Real, en bici (en esta ocasión, no hay fotografía incriminatoria del acontecimiento), ya que había comprobado en el plano correspondiente que justo en el Llano del Real, junto a una de las puertas del Paque hay una estación donde poder dejar el vehículo.

Poder dejarlo, si hay hueco, claro. Quiero decir, por tanto, que no había. Menos mal que en en el antiguo Paseo al Mar hay otra estación, cerca, por lo que seguí andando, con la bici de la mano, más que nada para descansar las piernas. Lo que se me olvidó mirar bien era dónde estaba la estación de marras, por lo que anduve sin mucha decisión en el paso. Al final, la encontré junto al edificio del Rectorado de la Universidad de Valencia (antes Universidad Literaria, antes Estudio General), edificio de la antes Facultad de Farmacia, antes Facultad de Ciencias.

Al final, conseguí llegar a la puerta de Viveros que enfrenta con el Paseo al Mar, ahora, Avenida de Blasco Ibáñez, y me encontré con la Feria del Libro. No, no era la de antes, sino la de ahora.

Había gente, como puede apreciarse en las fotografías. También puede apreciarse que la disposición de las casetas, en el paseo del Parque, obliga a un inevitable atasco del personal, entre los que, inocentemente, están mirando lo expuesto en las casetas, y los que transitan, o no, a su lado.



Iba con el tiempo algo justo (sí, haber salido… antes, pero no pude), y además no sabía dónde era la mesa redonda, aunque lo suponía. En efecto, era en el Museo de Ciencias Naturales, Restaurante de Viveros… antes. Como ya he dicho, llegué, pero la mesa redonda había empezado… antes.

Sí me di cuenta mientras llegaba, de que había organizados dos espectáculos: uno con la Nova Muixeranga de Algemesí, y el otro, con una caseta de Amnistía Internacional. No me quedé en ninguno, porque tenía que hacer otra cosa… antes.

Entrando me encontré con una amiga, editora de estos artefactos que llaman libros. No, esta vez no es que ella hubiera llegado antes: es que ya estaba de antes (en una caseta), y a punto de irse. En medio de las particulares premuras de tiempo hablamos de cómo iba la Feria (“¡Psé!”), y claro, del tiempo (“Ahora mejor, pero esta mañana ha sido insoportable el calor” – o sea, menos mal que ese sábado yo no había ido… antes).

Una vez dentro, pregunté dónde era. Afortunadamente, no me había fijado en el plano que figura en la página de internet, porque la mesa redonda estaba prevista en la Sala 1, es decir, donde figura la letra B. Pero eso era antes: o la B se cambió con la C, o la Sala 1 para entonces ya era la C.

Pues eso, llegué con la mesa redonda ya empezada, como dije… antes.

Una vez finalizada, es decir, después, me fui, de regreso a casa, no sin que eso fuera antes de que terminaran de cerrar todas las casetas. Y menos mal que lo hice… antes de que cerraran el Parque.

Este desplazamiento decidí hacerlo en autobús. Fui paseando tranquilamente hasta la parada, y mientras esperaba el autobús (que ya se anunciaba próximo), me entretuve viendo un reflejo que me había llamado la atención… justo antes de que pasara el autobús. Éste era grande y rojo, pero lo perdí. Y menos mal, por los pasajeros, digo, porque si el conductor, a unos dos carriles de distancia de la parada y a una velocidad que tal vez hubiera dejado bloqueados los radares de existir, llega a hacer caso de la señal que, más despierto yo, le hubiera hecho… antes; los pasajeros, digo, hubieran llegado a su destino… antes de lo previsto.

El domingo no hubo tantos problemas, tal vez porque, aunque también por la tarde, fui… antes. La bici la pude dejar esta vez… antes, en la parada prevista, la primera, y respecto del autobús, estaba atento, y el conductor era consciente de que, aunque rojo, no pilotaba un deportivo.

Sólo que pude ver algo… antes… de lo que ya hablaré… después.

Pero lo que sucedió el sábado, por la mañana, un buen rato antes de que yo estuviera,… Sí, grande fue lo de antes.

Créditos:
Fotografías de los accesos y del ambiente de la Feria del Libro 2011 de Valencia, en los Jardines de Viveros, del día 9 de abril, del autor.
Imagen del gráfico de la temperatura registrada, tomada de la página del Ayuntamiento de Valencia.
Plano de la Feria, tomada de la página de la Feria del Libro.
Fotografía de un reflejo de reflejo en una parada de autobús de la EMT de Valencia, de abril de 2011, del autor.

sábado, 19 de marzo de 2011

Día importante en Valencia

Hoy, día de San José, es un día importante en Valencia, aunque no está teniendo ninguna repercusión en los medios nacionales: estamos en Fallas y claro, moverse por la ciudad es un poco complicado, si no se hace con algo de cabeza.

De entrada, el transporte público mediante los autobuses de la EMT, ya se encuentra con los habituales caarteles de todos los años, informando de los desvíos de las líneas debidos a unos actos falleros u otros.

Sólo que este año se ha juntado con lo anterior, las reclamaciones de los comités de empresa de EMT y de FGV, con lo que tenemos diversos paros de unas horas en ciertos días, aunque cubiertos con servicios mínimos, e incluso, ayer, día 18, una jornada huelga propiamente dicha.

Como puede observarse en el cartel informativo, se hace referencia a los paros del mes de marzo, y eso es porque se lleva desde no sé cuándo con esta dinámica. Esta situación, lógicamente, no ha supuesto ninguna militarización de nadie (el gobierno en Valencia es del Partido Popular), ni ha tenido ninguna repercusión en los medios nacionales (la alcaldía no la tiene Gallardón).

Pues lo que decía, hoy es un día importante: hoy no hay huelga.

Nota:
Lo de los sabotajes a los autobuses, DENTRO de los recintos de las cocheras, debe ser una actividad sindical más del comité de empresa de EMT. Por lo menos, hasta que él mismo lo denuncie. Lo que ya no sé es para qué sirven los controles de acceso y las cámaras de seguridad que seguro que hay. Cosa que también denunciará el Ayuntamiento, claro. No, si a pesar de la cirsis, los juzgados no van a parar, lo estoy viendo.

Créditos:
Fotografías de los carteles informativos en las paradas de autobús de Valencia, relativos a los desvíos por Fallas y a los paros de los trabajadores, de marzo de 2011, del autor.

viernes, 25 de febrero de 2011

La prisa, presa

El viernes pasado, recogiéndonos ya en casa, aparcando el coche en el garage, sentí cómo el vehículo no disponía de un motor a gasolina, sino ese famoso Sistema Operativo, porque a punto de salir del auto observé que se me había quedado colgada una window, o mejor dicho, descolgada. Es decir, se había roto el mecanismo, y el cristal se había desplomado como dos tercios del recorrido, sin opción de desplazamiento ni hacia arriba ni hacia abajo.

El pasado lunes lo llevé al taller, donde me dijeron lo previsible: si no era nada, estaría en seguida; si era algo, la pieza se tendría que pedir a otra ciudad española, lo que, en contra de lo que cualquiera pudiera suponer, ya que se trataba de una ciudad que, como Valencia, se encuentra en la Península, supondría que llegaria al cabo de… 48 horas.

Mentalmente, hice un recuento de las calles cercanas al taller, para comprobar si alguna se encontraba en la zona 30 definida por el Ayuntamiento de Valencia, o si, al menos, se le podría aplicar, con carácter preventivo, las intenciones del Gobierno, de modo que se explicara tanta demora.

La cuestión es que al día siguiente, me dirigí a mi trabajo en transporte público, en concreto, un taxi, dado el ‘especial’ diseño de la red de autobuses en Valencia.

El recorrido seguido fue, salvo la última manzana, exactamente el que sigo diariamente con mi vehículo, invirtiendo unos veinticinco minutos en hacerlo. Gracias a las ventajas del transporte público, el martes tardamos unos diez minutos menos.

Gracias a las ventajas… o a que los límites de velocidad (y algún semáforo en rojo que otro) parece que no se aplican a los taxistas.

Créditos:
Tradicional pantallazo azul.
Fotografía de señal de tráfico, en el Barrio del Carmen, de Valencia, indicando que se sale de una zona 30, de diciembre de 2008, del autor.

martes, 21 de diciembre de 2010

AVE (Alta Visión Española)

“ANGELINA.
¡Y tú a mí me has engañado
hablándome de París!
GERMÁN.
¿Y no viajamos hacia él?
ANGELINA.- (Irritada.)
¡Nunca he visto más cinismo!
¡Es que para ti es lo mismo
París que Carabanchel?
GERMÁN.
Sabes que hacia París vamos:
si en Carabanchel quedamos,
en mi finca, vida mía,
es para esperar el día
y tomar el tren… ¿Estamos?
¿Te quedas conforme?
ANGELINA. (Levantándose.)
¡No!
GERMÁN (Apurando su resistencia.)
Chiquilla… Compréndelo…
¿O es que quieres que vayamos
a París en landó?
ANGELINA.
De jóvenes, mis papás
viajaban en diligencia…
GERMÁN.
Porque ellos tenían más
decisión y más paciencia.
¿Pero cómo hacerlo ahora,
que se viaja velozmente
en un tren que hasta hace veinte
kilómetros a la hora?
ANGELINA.
¿Es verdad?
GERMÁN.
¡Pues ya lo creo,
criatura que es verdad!
¡Y tanta velocidad
produce más de un mareo!
ANGELINA.
¿Produce mareos?
GERMÁN.
Miles.
Realmente entre los inventos
es uno de los más cruentos.
el de los ferros-carriles.
ANGELINA.
Pues si se fija uno bien
lo que a mí me ocurre es peor…
GERMÁN.
¿Peor que viajar en tren?
”

El pasado sábado día 18, se inauguró realmente la línea de Alta Velocidad Madrid-Valencia (por Cuenca). Sin embargo, hasta el día siguiente, no empezó a funcionar comercialmente (y ahí estuvo caragüevo para comprobarlo).

Esta tarde me he pasado por la Estación del Norte, donde he podido observar que el Punto de Información y Atención al Ciudadano de ADIF, en relación con la línea AVE, “abriendo caminos”, … estaba cerrado.

Cosa totalmente lógica… puesto que la estación del AVE es otra. Pero ya que el chiringuito aún está, podían poner en él un cartel avisando.

En efecto, tenemos estación nueva de tren en Valencia. Eso sí, provisional (aunque nos tememos, ya se sabe, que sea de los ‘provisionales’ de toda la vida – una vez en funcionamiento la línea, hay alta velocidad, pero no prisa [ni dinero] para seguir con el proyecto completo).

Como es aún suficientemente nueva, brilla por todos los lados, y además…



¡hasta tiene taxis!

Créditos:
Transcripción parcial del inicio del Segundo Acto de Angelina, o el honor de un brigadier (Un drama en 1880), según está publicado en el tomo I de las Obras completas de Enrique Jardiel Poncela, editado por AHR, según la séptima edición, de 1973.
Fotografías de la Estación del Norte (interior) y de la Estación Joaquín Sorolla (exteriores e interior), de hoy, del autor.

jueves, 28 de octubre de 2010

La cosa va rodando

El pasado fin de semana conseguí, por fin, que funcionara la vinculación entre la tarjeta del Bonobús y el abono a Valenbisi. También coincidió con que, tras una semana larga, la estación que hay cerca de casa volviera a funcionar, pues estaba más ‘out of order’ que el Gobierno en pleno.

Logrado el objetivo técnico-informático, el martes hice mi primer uso real con el abono. La estación funcionaba, pero a ratos, y con información errónea (ya digo, como el Gobierno). Aunque había tres bicicletas, sólo daba como buena una (que es la que me llevé), aunque a veces también identificaba otra (que sí estaba), pero debía ser del modelo ‘se ve pero no se toca’, porque al validarla, la estación se hacía la sueca. En resumen, diez minutos de paseo. Total, para ir a otro sitio a coger el autobús, que como lo perdí y llevaba prisa (la pequeña discusión con la estación), tuve que agenciarme un taxi.

La bicicleta era la número 727, como el avión, aunque no diré que iba volando en vuelo rasante, porque no era el caso. No tengo foto de ella, pero sí la tengo de esta nueva experiencia. La máquina parecía ya funcionar bien, porque era de día, y así ha salido. Aunque creo que debe haber algún error en el ángulo del encuadre, porque, insisto, no iba volando.

Eso sí, veo que he salido rejuvenecido.

(Para los despistados, soy el que va en la cesta).

Créditos:
Fotografía de una estación de Valenbisi, en Valencia, en agosto de 2010., del autor.
Fotograma de E.T.

viernes, 1 de octubre de 2010

Con un par de… ruedas

Durante nuestro viaje a París a principios de septiembre de 2008, pudimos ver la existencia en aquella ciudad de un servicio de bicicletas, que se podían coger en una estación y dejar en otra sin mayores problemas.

Poco después (en febrero de 2009) sospecho que alguien se ha chivado al Ayuntamiento de Valencia, porque si no, no se entiende que se les haya ocurrido la misma idea. En julio ya lo tienen, parece, bastante avanzado, e incluso “durante esta semana [la del 7 de julio], de lunes a viernes, se podrán observar en horario de mañana (9 a 14 horas) ambos modelos de bicicleta que también cualquier ciudadano podrá conocer, si se acerca a la puerta principal del Ayuntamiento en la avenida de Aragón”. El caso es que yo sí que vi esas bicicletas “de comprobación”, pero o no les hice la preceptiva fotografía, o no consigo encontrarla. Pero bueno, ya se sabe que las bicicletas son para usarlas, moviéndose por la ciudad, y el que se mueve, no sale en la foto.

Hace prácticamente un año, se resuelve provisionalmente el concurso en cuestión, anunciándose que la disponibilidad del servicio estaría en un plazo de seis meses. Sin embargo, antes de que venciera el plazo, en marzo, ya nos lo anunciaban para el verano (se ve que alguien vio la película, y no quiso desentonar).

Y justo, justo cuando entraba el verano, se puso en marcha; entre la alegría del Ayuntamiento, que traslada a un periódico (Levante) y a otro (Las Provincias), aunque éste se hace eco de las quejas de los comercios dedicados a este negocio (en particular, en relación con el uso por los turistas).

La alegría dura incluso un día más, merced a lo extravagante que resulta hacer estadísticas con tan pocos datos. No obstante, el éxito del servicio es tal que incluso estaciones que ya están terminadas, ni siquiera figuran como “próximamente disponibles” en la página de internet de valenbisi.

A la vuelta del verano, el Ayuntamiento ha hecho un nuevo balance del servicio, encontrándose muy contento de haberse conocido. Y yo, por fin, he querido contribuir a ello. Ayer me di de alta en el servicio, y soy ya el abono doce mil y pico, es decir, que pronto tocaremos a una bici por cada diez abonados. Menos mal que soy bueno, y lo dejaré, en general, para los demás.

Sin embargo, ayer mismo lo estrené. Pero el sistema no estaba para tantas prisas, y no me dejó aún. Tuve que hacerlo por gentileza del abono de mi hermano. Y así pude regresar desde su casa hasta la mía. El trayecto, que en las distintas noticias se ponderaba entre unos 16 ó 20 minutos, acabó siendo de 23 minutos, y es que hay que ver los semáforos que pillas si lo quieres hacer bien. Aquí podemos ver la heroína que me soportó durante este tiempo.

Al llegar a la estación cercana a casa, coincidí con un vecino también usuario del sistema, al igual que su mujer; o sea, que de verdad, de verdad, al menos somos cuatro.

Tengo que reconocer que después de no sé cuántos años sin ir en bicicleta, la experiencia me ha cambiado. Y qué mejor que unas fotos para demostrarlo.



Sí, es cierto, yo también noto algo extraño en ellas, no sé… pero algo no me cuadra… ¡Ah, ya! ¡Cuando iba con la bici era de noche, no de día!

Créditos:
Fotografía de una estación de biciletas de alquiler, en París, en septiembre de 2008, del autor.
Fotografías de una estación de biciletas de alquiler, en Valencia, en construcción y finalizada, en junio de 2010, y en condiciones de funcionamiento, en julio de 2010, del autor.
Fotografía de la bicileta utilizada, en septiembre de 2010, del autor.
Fotogramas de la película Dos hombres y un destino.

lunes, 9 de agosto de 2010

Por la vía va el tren

El mismo día en que se publicaba la noticia de que en España los usuarios del ferrocarril descendían, mientras que los del avión aumentaban, mi hermano y yo cogíamos el tren para pasar el fin de semana en Madrid. Vamos, para llevar la contraria al INE.

Tanto a la ida como a la vuelta, el viaje se desarrolló sin especiales incidentes, pues es costumbre que en numerosos tramos la velocidad del convoy sea, con suerte, de 60 km/h, llegando, en el viaje de ida, incluso a detenernos por completo en una ocasión (y no, no era en una de las paradas del tren). Hay que reconocer, eso sí, que tuvimos la suerte de que, desde un principio, el tren acertó con los raíles correctos.



En resumen, llegamos a Madrid, y cuarenta y muchas horas después, salíamos de allí, sin mayores problemas, regresando a Valencia.



Bueno, los problemas los tuvimos a la hora de salir de Valencia: sólo veinte minutos de retraso.

Supongo que, siendo competencia del Ministerio de Fomento, el retraso sería por culpa de los controladores aéreos.

Créditos:
Fotografías del viaje, del autor.

sábado, 3 de julio de 2010

Un clásico siempre es actual

“¿Pero, qué es lo que esperan éstos que, al modo frigio, tiempo ha que se hubieran debido cercenar con un cuchillo un colgajo de carne sobrera? Graco aportó como dote cuatrocientos mil sestercios a un flautista, perdón, quizás tañía con una trompeta. Ya se han sellado los documentos, ya se han deseado felicidades los invitados a la concurrida cena, ya han tomado asiento y esta recién casada se reclina sobre el pecho del marido. Próceres, ¿qué necesitamos? ¿Un harúspice o un censor? ¿Te horrorizarías o creerías más monstruoso que una mujer pariera un becerro o una vaca un cordero? Se adereza con pasamanería, con vestidos largos y con el velo nupcial uno que hace poco sudaba bajo los escudos sagrados cuando los agitaba con la correa misteriosa. ¡Padre de la ciudad! ¿Desde dónde se abatió tan horrendo sacrilegio sobre los pastores del Lacio? ¿De dónde salió esta ortiga, Gradivo, que ha alcanzado a tus descendientes? He aquí que un hombre rico y de linaje esclarecido se entrega a otro hombre y tú ni agitas el casco, ni golpeas la tierra con tu lanza, ni te quejas a tu padre. Ea, ¡largo de aquí! ¡Abandona las yugadas del severo Campo del que no cuidas! «Mañana al salir el sol tengo algo importante que hacer en el valle de Quirino» «¿Qué es lo que debes hacer?» «¿Por qué lo preguntas? Un amigo mío toma marido; los invitados somos pocos». Los que no muramos pronto viviremos esto, y ocurrirá a la luz pública, y se deseará que se consigne en los registros.”

A mediados del pasado mes de junio, buscando documentarme para la anotación que hice sobre una frase de Juvenal (si pertinente entonces, más ahora), me encontré en la Sátira II con este otro aspecto objeto de las críticas del clásico.

Este año se perpetra en Madrid, con una semana de retraso respecto al aniversario del hecho histórico sucedido en 1969 en el Greenwich Village de Nueva York, la habitual e insultante reunión.

Esta vez ha contado con la colaboración del Comité de Huelga del Metro de Madrid, pues ha suspendido la huelga durante el fin de semana para no perturbar el evento (y además, por lo que oí en la radio, porque así cobraban los pluses de festivos).

Parece que hay expedientes abiertos a los que no cumplieron servicios mínimos, que, según la legislación vigente, es causa procedente de despido. Pues no lo entiendo.

Si es causa procedente, el empleado en cuestión es despedido inmediatamente, y ni siquiera se le deja entrar para, si le hubiera correspondido, cumplir los servicios mínimos del jueves y viernes.

Yo he vivido en mi empresa, en varias ocasiones, cómo se llamaba a un empleado a un despacho, se le entregaba la carta ante testigos, y acompañado, eso sí, por un miembro del Comité de Empresa, recogía sus efectos personales de su mesa, se iba, y ya no volvía. Si esto sucedía así, sabiendo que luego Magistratura o como se llame ahora, iba a determinar que era improcedente el despido (o se llegaba a un acuerdo, como consecuencia de la legislación laboral vigente), tanto más para hacerlo cuando, según parece, se dice claramente que la actitud en cuestión es motivo procedente de despido.

O sea, que ni lo entiendo, ni estoy por crérmelo. Y es una pena.

Nota: leyendo el clásico, me llama la atención una palabra que, actualmente, tiene una cuarta acepción curiosa, más aún porque en la futura vigésima tercera edición,… desaparecerá.

Créditos:
Transcripción parcial de la Sátira II (vv.116-137), según traducción de Manuel Balasch, tomada de la edición de 2008 de Gredos (grupo RBA) de las Sátiras de Juvenal.
Fotografía de la identificación de la estación “Chueca” del Metro de Madrid, de agosto de 2007, del autor.

lunes, 19 de octubre de 2009

No hay color

Entre las características propias y originales de los autobuses de la Empresa Municipal de Transporte de Valencia (por ejemplo, el nombre: EMT), es el color: son rojos.

Estos días se ha lanzado una campaña publicitaria en relación con que los autobuses son ecologistas en no sé qué grado, camos, que son verdes. Y en este juego de palabras se basa la campaña.

Pero no, no juegan con que se han equivocado al pintarlos, o que no se aclaran con los colores, no.

La campaña se basa en el daltonismo.

Lo que no deja de ser una burla 100% oficial de una enfermedad y de los enfermos que la padecen.

Cosa que tampoco es de extrañar de un equipo municipal de gobierno de un partido que no sabe si es rojo o… azul.

jueves, 15 de octubre de 2009

¿Libre... o verde?

Recuerdo un escena de una película, cuyo título es el que no recuerdo, en la que una muchacha (protagonista en no sé qué grado de la película), se “infiltraba” en una compañía de taxis de Nueva York (también creo), en relación con alguna trama delictiva que se estaba investigando.

[Tras esta avalancha de información, con el único propósito de situarnos precisa y cabalmente en la cuestión, prosigo.]

Recién incorporada y entablando conversación con sus nuevos “compis”, uno de éstos le pregunta cuál es la mejor ruta para ir de cierto sitio a otro, en la otra punta de la isla (Manhattan, siguiendo con las creencias). Ella le responde, más o menos, que por tal avenida y por tales calles, a lo que le replican que una de esas calles está cortada por obras. Ella, sin ninguna indecisión, contesta que ya no, que la habían abierto la tarde anterior, o algo así.

Esta escena, naturalmente, me viene a la memoria cuando voy en un taxi, y resulta evidente que el taxista no tiene muy claro por dónde ir a un sitio cuya ubicación desconoce y, además, no le preocupa que al pasajero esto le importe.

En estos tres días laborales que llevamos en la semana, he tenido que acercarme, cada uno de estos días, a las nuevas dependencias del Ayuntamiento de Valencia, flamantemente ocupadas este pasado mes de agosto.

El primer día, debido a que tras finalizar la mañana tenía que irme a casa, fui con mi propio coche (por tanto, no cuenta, y además, el conductor sabía a dónde iba). Los dos días restantes, sí fui en taxi desde la oficina, ya que fuera tarde o más tarde aún, luego tenía que regresar a ella.

El segundo día le indiqué al taxista que quería ir al Ayuntamiento, en el edificio de la antigua Tabacalera. El taxista, muy amable, me preguntó si me refería al edificio situado junto a la Glorieta, construido en 1762 tras seis años de obras, pues aunque su uso inicial fue el de Casa Aduana Real, en 1827 pasó a albergar la Fábrica de Tabacos. El caso, me dijo, es que me lo preguntó pues le extrañaba que le hubiera indicado “el Ayuntamiento”, cuando ese edificio ya hacía tiempo (desde 1914) que había sido destinado a Palacio de Justicia, y de hecho, ahora aloja al Tribunal Superior de Justicia de esta nuestra Comunidad (Valenciana).

Estaba a punto de contestarle, cuando desperté del sueño, justo en el momento en que el taxista me venía a decir que qué era eso de Tabacalera.

El tercer día estaba lloviendo. Al indicarle al taxista dónde quería ir (el mismo sitio del día anterior), sólo comentamos de ir por la margen del río (también antiguo, o viejo cauce), e inició la marcha. Ya relativamente cerca, comentó de cruzar por un puente en vez de por otro, para así poder dejarme justo en la puerta, de modo que yo no tuviera que cruzar la calle bajo la lluvia.

Esta vez no hubo disertación histórico-arquitectónica sobre el edificio que, recién finalizado, en 1909 albergó el Palacio de la Industria en la Exposición Regional de 1909, y fue finalmente ocupado como Fábrica de Tabacos en el mismo 1914 ya conocido.

Hará tal vez unos veinte años, en una breve nota, dentro de una columna, en un periódico de Valencia, el periodista comentó la anécdota de que en Madrid había cogido un taxi para ir a Zalacaín (famoso restaurante entonces, ahora no sé) y ante la pregunta del taxista sobre dónde estaba el restaurante, comentaba que cómo se podía ser taxista en Madrid si conocer, no las calles, sino los sitios.

Tras estas experiencias, uno se queda pensando si la escena de la película es una muestra de una imaginación desbordada, o si, el menos en Nueva York (creo), tiene algún fundamento de realidad. Porque en lo que es Valencia, el conjunto del gremio de taxistas no me da la impresión de que tengan muy actualizados los datos de los edificios, polígonos y calles de los que dependen para vivir.

En resumen, que en todos los casos llegué, pero, como algunas hojas de tabaco, hay taxistas que se encuentran muy libres manteniéndose verdes en los conocimientos de su profesión, salpicando el buen saber de otros compañeros, estos sí, profesionales de su oficio.