Mostrando entradas con la etiqueta ilustraciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ilustraciones. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de septiembre de 2013

Toda suerte de suertes

¡Qué afluencia en aquel gran salón de la universidad de Christiania, donde iba á efectuarse el sorteo, y hasta en los patios, puesto que el salón no podía contener á tanta gente, y hasta en las calles vecinas, puesto que los patios eran aún demasiados pequeños para contener á todo aquel populacho!
(…)
El sorteo, pues, debía comenzar á las tres en punto.
Había cien lotes, divididos en tres series: primera, noventa lotes de ciento á mil marcos, de un valor total de cuarenta y cinco mil marcos; segunda, nueve lotes de mil á nueve mil marcos, igualmente de un valor total de cuarenta y cinco mil marcos; tercer, un lote, el premio mayor, de cien mil marcos.
Al revés de lo que ordinariamente se hace en las loterías de este género, el gran efecto se había reservado para el final.
No debía adjudicarse el premio grande al primer número que saliese, sino al último, es decir, al centésimo.
De aquí una sucesión de impresiones, de emociones,de latidos de corazón, que iría siempre creciendo. No hay para qué decir que el número premiado una vez, no podía ganar una segunda, y sería anulado, por tanto, si volviese á salir de las urnas.

Á las dos y media se abrió una puerta detrás del estrado, en el fondo de la sala. El presidente del despacho apareció digno, serio, ostentando ese aire dominador, ese porte de cabeza especial á todo hombre llamado á presidir un acto cualquiera. Dos asesores, no menos graves, le seguían.
Después se vio entrar seis niñas llenas de cintas y de flores, rubias, con ojos azules, con las manos un poco rojas, en las cuales se reconocía visiblemente las manos de la inocencia, predestinadas al sorteo de las loterías.
Su entrada fue acogida por un murmullo, que atestiguaba desde luego el placer que se experimentaba al ver los directores de la lotería de Christiania, y después la impaciencia que habían provocado al no aparecer más pronto sobre el estrado.
Si había seis niñas, era porque había también  seis urnas, dispuestas sobre una mesa, y de las cuales debían salir seis números á cada extracción.
Cada una de estas urnas contenía los diez números 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 0, representando las unidades, decenas, centenas, millar, decenas de millar y centenas de millar.
Si no había una séptima urna para la columna del millón, era porque, según esta manera de sortear, se había convenido que si los seis ceros salían á la vez, representaban el número millón, lo que repartía igualmente las probabilidades entre todos los números.
Además, se había decidido que éstos serían sucesivamente extraídos de las urnas, empezando por la que estaba a la izquierda del público.
El número premiado se formaría de esta manera ante los ojos de los espectadores, primero por la cifra de la columna de las centenas de millar, después de las decenas de millar, y así sucesivamente hasta la columna de las unidades. Gracias á este convenio, júzguese con qué emoción vería cada uno aumentar sus probabilidades después de la salida de cada cifra.
Á las tres en punto, el presidente hizo un signo con la mano, y declaró abierta desde luego la sesión.

Así narra Julio Verne la emoción previa a un sorteo de lotería (y, concienzudamente, el protocolo del sorteo) que se sitúa en Christiania (para los más jóvenes, la actual Oslo en la actual Noruega), en una novela (poco conocida) de su serie de viajes (a pesar del título de la misma –aunque tal vez así quisiera insinuar que todo viaje no deja de ser una lotería–).

No sé de nadie que haya narrado la emoción del primer sorteo de lotería en España, cuya fecha, por otro lado, tampoco conozco.

Lo que sí sabemos es que el origen de la misma se sitúa, tal día como hoy, pero en 1763, es decir, hace 250 años, y, como es lógico, se celebra con un sorteo extraordinario, ilustrado, naturalmente, con una imagen que, exactamente,… tampoco sé de qué es.

Créditos:
Extractos (respetando la ortografía original) del capítulo XIX de Un billete de lotería. El número 9672, obra de Julio Verne, según traducción de D. A. de A., publicada en dos partes por Agustín Jubera, editor de Madrid, en 1886, mismo año de la publicación original en Francia (pp. 34 y 35 de la segunda parte), de la biblioteca del autor.
Ilustración de George Roux, tomada de la edición expresada, y que, entiendo, también forma parte de la primera edición francesa.
Imagen que ilustra los décimos de lotería correspondientes al sorteo extraordinario por esta efemérides.

miércoles, 21 de agosto de 2013

De los medios y la llena

El otro día caraguevo publicó una anotación donde se mostraba el tamaño de la Luna en relación con los Estados Unidos (bueno, los primeros 48 estados continentales).

La verdad es que estas imágenes tan pedagógicas resultan fáciles de elaborar en estos tiempos de ordenadores ¡portátiles! tan potentes, disponiendo de muchísimos programas de diseño gráfico, de gestión de imágenes, y todo eso.

Hace años, como bien recuerdan algunos, las cosas no eran así.

Los ordenadores no eran tan potentes, es más, más bien eran «computadoras», y llegaban a ocupar una sala entera y no pequeña, y el «portátil» tenía por nombre «regla de cálculo». Y en cuestiones gráficas, estaba el lápiz (de grafito negro o de colores), el papel vegetal, lo que ayudaba para copiar y calcar, o el tiralíneas.

Con aquellos medios, se conseguían dibujos tales como éste:


Y es que, como se puede ver, los medios importan, pero lo importante es la idea.

(¡Ah! Y a base de hablar de medios, acabamos de entrar en Luna llena.)

Créditos:
Imagen de la ilustración de Raúl Mina Mora, con la comparación entre la Luna y los Estados Unidos (sí, los 48 primeros estados continentales), tomada de Conquista de la Luna, publicado por Editorial Molino en su colección Cómo y por qué de, ¡en 1970!

miércoles, 19 de junio de 2013

Sí, hay que controlar el gasto

DOMIN: Y fabricar trabajadores artifíciales es como fabricar motores. El proceso ha de ser de lo más sencillo, y el producto de lo mejor desde el punto de vista práctico. ¿Qué tipo de trabajador cree usted que es el mejor desde un punto de vista práctico?
ELENA: ¿El mejor? Quizá el más honrado y trabajador.
DOMIN: No, el más barato. Aquel cuyas necesidades son mínimas. El joven Rossum inventó un obrero que tiene un mínimo de exigencias. Lo tuvo que simplificar. Rechazó todo aquello que no contribuía directamente al progreso del trabajo. De esa forma rechazó todo aquello que hace al hombre más caro. En realidad lo que hizo fue rechazar al hombre y hacer el robot. (…)
¿Ve usted?, la fábrica de Robots Universales Rossum no produce un tipo uniforme de robots. Los hay mejores y peores. Los mejores pueden llegar a vivir unos veinte años.
ELENA: ¿Y después se mueren?
DOMIN: Sí, se gastan.

Y además, cuando se gastan, las unidades aún activas de ese mismo lote de fabricación no tienen derecho a días de permiso.

Créditos:
Extracto del Primer Acto de R.U.R.-Robots Universales Rossum, de Karel Čapek, según traducción de Consuelo Vázquez de Parga, tomado de la edición publicada por Minotauro en su colección Utopías, en octubre de 2003, de la hemeroteca del autor (pp.29-30).
Detalle de la página 2 del catálogo nº 91 de la Librería Peter Harrington, que recrea a su vez la sobrecubierta de la primera edición de I, Robot, de Isaac Asimov, realizada en 1950 por Gnomo Press, Inc.

viernes, 19 de abril de 2013

Tampoco de las cuentas me libro

Iniciaba la anotación anterior diciendo que faltaba una semana para el comienzo de la Feria del Libro en Valencia. Pues no: la Feria comienza el jueves 25.

Sin embargo, no soy el único que se ha despistado echando cuentas.

Para esta edición hay contratadas 75 casetas, algunas menos que en 2012 [fueron 84], pero no una cifra significativa, según el nuevo presidente del Gremi [David Cases].”

Pues hombre, 75 frente a 84 supone un descenso superior al 10%, que yo sí calificaría como ‘cifra significativa’.

Sin embargo, el mayor despiste es el de la propia Feria: el año pasado se celebró la edición número 43, y este año se celebra la número… 48.


Así, ¿cómo van a salir las cuentas?

Créditos:
Imagen de la actual cabecera de la página de la Feria del Libro de Valencia, basada en el cartel para esta edición diseñado por Elías Taño.
Extracto del artículo de Alfons García publicado en Levante.

jueves, 18 de abril de 2013

Del fondo al primer plano

Hace una semana, al hilo de que el ensanche de Ruzafa está patas arriba por todas las obras de reurbanización que en él se han dado cita, pasé por la calle Puerto Rico, y no precisamente por ser esta calle una de las (pocas) que se reurbanizaron hace unos años, sino por encontrarse en ella la exposición Cómic y arquitectura, en concreto en su número 28 en el local de Arquitécnica Ruzafa.

Arquitécnica Ruzafa Sala Expo mostrará un buen número de planchas originales del dibujante de cómics e ilustrador Max Vento centrándose en los motivos arquitectónicos que aparecen en sus historias. Los protagonistas de las mismas se desenvuelven en un entorno urbano donde la arquitectura es un personaje más. Max Vento es un dibujante de cómics e ilustrador valenciano, autor de la serie `Actor Aspirante´, de la que lleva publicados tres álbumes, y co-autor del álbum colectivo ´Valentia’. En estos momentos Max trabaja en un volumen integral de ‘Actor Aspirante’ previsto para septiembre.

En las planchas expuestas faltan los bocadillos, lo que incentiva el objeto de la misma, es decir, no leer, sino ver, y no tanto los dibujos sino el fondo de las viñetas, es decir, el entorno de los personajes: la ciudad, las viviendas, los locales.

Las planchas, que son originales (en ambas acepciones), están a la venta, al igual que los libros de la serie ‘Actor Aspirante’. Como yo no tengo sitio en casa ni para una cosa ni para otra, compré los libros… pues lo que sí tengo es experiencia en no encontrar sitio para ponerlos… para lo que nunca hay prisa (aunque, de momento, lo he conseguido).

En lo que sí hay prisas es en la exposición: acaba con el mes, así que, ya sabéis, id allí (y mientras se anda por el barrio, se puede, con cuidado para no tropezar, ir mirando los edificios).

Créditos:
Nota de prensa de la exposición, tomada del blog de Max Vento.
Imágenes de las cubiertas de los tres álbumes de la serie ‘Actor Aspirante’, de Max Vento.

sábado, 6 de abril de 2013

Cumpleaños principesco

«Síl vous plaît… dessine-moi un mouton!»

De este modo tan sencillo vino a presentarse ante nosotros (aunque en la persona de Antoine de Saint-Exupéry) un pequeño Príncipe procedente del asteroide B 612.

De ello se cumple hoy los primeros setenta años, y desde entonces, tenemos la mejor demostración de lo que, bien empleado, ayuda a que el mundo sea mejor: la imaginación.

(Bueno, la imaginación también ayuda a mejorar mucho ciertos dibujos de ovejas.)

Créditos:
Ilustración (acuarela) y extracto del capítulo II, de Le Petit Prince, de Antoine de Saint-Exupéry, tomados de la edición publicada por Gallimard en su colección Folio (reimpresión de agosto de 2012).

jueves, 21 de marzo de 2013

Dentro/Fuera: ilustrándolo con dibujos

El viejo tópico de que los artistas españoles nunca se interesaron demasiado por el dibujo se ha ido desmontando poco a poco.

No sé si ese desinterés es un tópico. El caso es que sí es cierto que no he apreciado, cuando de explicaciones de arte español se ha tratado, que se hiciera referencia a dibujos de los artistas (qué diferencia con el caso de Leonardo da Vinci), más allá del lógico suponer que los hubiera en relación con los preparativos para pintar los cuadros o esculpir las figuras por los que sí son conocidos.

Mención aparte, claro está, siempre ha sido Goya, dando una idea, por tanto, de excepción a una regla… a lo que se ve inventada por la forma de estudiar el arte español.

Una oportunidad de ver que la situación no era ésta se abre a través de la exposición que hasta el próximo 16 de junio se ofrece en el Museo del Prado: El trazo español en el British Museum. Dibujos del Renacimiento a Goya.

Y es que, como siempre, tienen que venir de fuera para decirnos lo bueno que tenemos dentro (aunque ahora esté fuera porque se lo hayan llevado). Así que, a ver si los de dentro no nos quedamos fuera, y entramos en la exposición.

Créditos:
Inicio del artículo de José Ramón Ladra publicado en ABC ayer, día 20 de marzo.
Imagen de Don Quijote acosado por monstruos, de Francisco de Goya, dibujo a pincel en tinta gris sepia y aguada, 207 x 144 mm, c. 1812 – 1820 © The Trustees of the British Museum 1862,0712.188, integrante de la exposición, tomada de la página de internet de la misma.

viernes, 25 de enero de 2013

Dibujos para dejar huella

Las ilustraciones de The Raven como se conocen y como siempre se han publicado no son reproducciones exactas de lo que la mano de Gustave Doré dibujó. Como se puede observar, todas ellas tienen en su parte inferior, además de la firma del artista en un lado, otra firma, o excepcionalmente dos, en el lado opuesto. Pertenecen a los grabadores, los artistas que transformaron bloques de madera en matrices para impresión de los dibujos de Doré.
El proceso (común a la generalidad de los libros publicados en la época) era el siguiente: en el exacto tamaño en que iban a imprimirse, Doré hacía sus dibujos en bloques de madera o (a lo que parece, con menor frecuencia) en papel, en este caso siendo necesario calcarlos en la madera; los bloques pasaban de seguida a las manos de los grabadores, los artistas del buril, que abrían en la madera una infinidad de rasgos increíblemente precisos y variados, transformando las líneas y los variados grises de los dibujos originales en una masa de trazos y líneas (obsérvese que no hay manchas de negro); quedaba así terminada la matriz para impresión. Pero la impresión no se hacía con el alto-relieve, sino al contrario: la tinta se derramaba sobre los bloques grabados, se limpiaba la que no entraba en los entalles, se presionaba el papel sobre toda la superficie del bloque y era de la tinta que de los entalles pasaba de donde resultaba el grabado impreso.
El referido trabajo en madera era muy lento, mucho más que el de un dibujante, por lo que Gustave Doré tenía siempre trabajando para él a numerosos grabadores. En The Raven fueron catorce, cuyos nombres son los siguientes (…):
H. Claudius, G.J. Buechner, R.A. Muller, R.G. Tíetze, W. Zimmermann, Frederick Juengling, F.S. King, T. Johnson, R. Staudenbaur, Frank French, R. Schelling, George Kruell, Victor Bernstrom y Robert Hoskin.

[De este modo, debe señalarse que el grabado de la anotación Cuentos de misterio e imaginación… ilustradora es de R. Staudenbauer (firmado abajo a la izquierda), y el que acompaña estas línes, de H. Claudius (abajo, a la derecha).]

Créditos:
Apartado Los grabadores, incluido en la edición trilingüe (inglés portugués y español), de El cuervo, con ilustraciones de Gustave Doré, realizada por Manuel Caldas (Póvoa de Varzim), en diciembre de 2009.
Ilustración Inevitabilidad, de Gustave Doré, que abre el conjunto de ilustraciones al poema El cuervo, de Edgar Allan Poe, tomada de la edición reseñada.

sábado, 19 de enero de 2013

Cuentos de misterio e imaginación… ilustradora

A punto de acabar el año, di la referencia de una exposición, Las oscuras raíces de los cuentos, que estaba a punto de acabar, aunque continuó unos cuantos días más, los suficientes como para que yo pudiera verla. La exposición había estado, antes, en la librería de tebeos y cómics Futurama, momento del que he encontrado esta interesante reseña.

Gracias a URUMO, sabemos que uno de los ilustradores de la exposición, David Aguado, tiene un blog, en el cual publicó, además de las referencias a las exposiciones, una anotación sobre sus ilustraciones de cuentos de Edgar Allan Poe.


No es la primera vez que aparecen en estas páginas ilustraciones de cuentos de Edgar Allan Poe, por lo que, para contrastar, que no comparar, estilos, cabe recordar cómo plasmó Miguel Calatayud, en forma de historia gráfica, en la revista Trinca, La máscara de la muerte roja.

Tras todo lo cual, conviene recordar que hoy se celebra el aniversario del nacimiento de Edgar Allan Poe, lo que puede hacerse con una ilustración de otro grande, Gustave Doré.

Créditos:
Fotografía de los dibujos de David Aguado ilustrando La máscara de la muerte roja, recogidos en la exposición Las oscuras raíces de los cuentos, en Casa del Libro, en Valencia-Ruzafa, en enero de 2013, del autor.
Imagen de una ilustración de Gustave Doré, de El cuervo, tomada de la edición trilingüe (inglés portugués y español), realizada por Manuel Caldas (Póvoa de Varzim), en diciembre de 2009.

miércoles, 2 de enero de 2013

Alit lectio: Todo otro viaje

En el tebeo la historia queda muy clara, y la división de la historia en tres partes está bien realizada.
Sin embargo, en el tebeo acortan muchas partes de la historia. Por ejemplo, la batalla de los Cinco Ejércitos, en el libro dura unas diez páginas, y en el tebeo, dos.
Los dibujos, la verdad, es que no están ni muy bien dibujados ni muy mal.

(Comentario de mi hijo sobre la adaptación gráfica del libro del momento, El hobbit, que también acaba de leer.)

Créditos:
Cubiertas de los tres volúmenes en que se plasmó la adaptación gráfica de El hobbit, de J.R.R. Tolkien, realizada por Charles Dixon con ilustraciones de David Wenzel, y publicada con traducción de Lorenzo Díaz, por Norma Editorial en 1991.
Viñeta que ilustra el primer encuentro entre Gandalf el Gris y Bilbo Bolsón, con la discusión lingüística que entablaron.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Ilustraciones para (y entre) libros

Esta muestra surge de dos diferentes proyectos de libro ilustrado pero que comparten ambiente, influencias y concepto. Ambos son en cierta manera un homenaje a la ilustración tradicional.
La exposición consta de ilustraciones impresas más dibujos originales y ornamentos realizados por David Aguado y Álvar Fernández.

Durante el tradicional intento, propio de estos días, de ordenar papeles, me he encontrado el folleto de la programación cultural para este mes de diciembre que ya se acaba, de Casa del Libro (la del Paseo de Ruzafa, en Valencia), en la cual figura la exposición “Las oscuras raíces de los cuentos”.

Las exposiciones, por si alguien llega a tiempo de ver ésta, suelen estar en el entresuelo.

Créditos:
Imagen de la portada del folleto de la Programación cultural. Diciembre 2012, mencionada, y tranascripción de lo que en él se dice de la exposición en cuestión.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Años después, seguimos hablando

- Eh, un momento, ¿qué está pasando aquí?
Los intrépidos ladronzuelos miraron hacia arriba para identificar al recién llegado y sus bocas se apretaron al verle. Se trataba de un muchacho delgado, enfundado en un largo abrigo negro. Alfred y Agatha retrocedieron asustados, pues el nuevo era bastante más alto que ellos y que los pillastres. Si así lo deseaba sería bastante fácil para él hacerse con el botín.
- Os tengo dicho que no quiero veros por este barrio –el desconocido miraba amenazante al líder de la banda–. Así que ya os estáis esfumando.
Los tres niños andrajosos relajaron sus brazos y se quitaron las gorras en actitud de sumisión. Al verlos, Agatha y Alfred suspiraron aliviados.
(…)
Aquel chico de ojos risueños parecía casi de su edad, aunque tenía aspecto de ser mucho más experimentado. Lucía una cabellera castaña repleta de rizos y sus ropas, desgastadas por el uso, asomaban bajo un desaliñado abrigo de paño. Estaba claro que su aspecto no era el de alguien acostumbrado a las comodidades.

El genio que Alfred y Agatha conocen en su cuarta aventura, resulta ser Adolph (luego Arthur) Marx, más conocido como Harpo Marx, y es el personaje que los chiquillos dibujaron esa tarde en BiblioCafé.

Bueno, no sólo los chiquillos, pues además de la firma de Ana Campoy, mi hija le pidió también una dedicatoria al ilustrador de los libros, Álex Alonso, y cuando éste le preguntó qué personaje prefería que le dibujara, mi hija le pidió, precisamente, Harpo Marx, ante la sorpresa del ilustrador que no se lo tenía preparado.

Ahora ya puedo hablar y contarlo, y es que tal día como hoy pero de 1888, nacía, claro, Harpo Marx.

Créditos:
Extracto del capítulo 5, Una extraña enfermedad, de El pianista que sabía demasiado, cuarta de Las aventuras de Alfred&Agatha, de Ana Campoy, tomado de la primera edición, de octubre de 2012, publicada por edebé (pp. 90-93)
Imagen de la dedicatoria ilustrada por Álex Alonso, en el ejemplar de mi hija.

martes, 20 de noviembre de 2012

Pista… a la intriga y al ingenio

Como sabemos, Alfred Hitchcok y Agatha Miller (luego Christie) fueron amigos durante la infancia.

Durante ese periodo, vivieron diversas aventuras, las cuales nos están siendo narradas por Ana Campoy, e ilustradas por Álex Alonso.

Resulta curioso que en dichas aventuras ya se puedan apreciar pinceladas de su obra artística posterior. Así, por ejemplo, en la primera de ellas, Los diez pájaros Elster, tenemos referencias a Diez negritos, por un lado, y a Los pájaros y Vértigo, por otro.

Cosa de los genios es también su opción a conocerse entre ellos. Si en la segunda aventura (El chelín de plata) conocían a Sir Arthur Conan Doyle, en La caja mágica los amigos conocían a Thomas Alva Edison.

El pasado día 10 casi la familia al pleno pudimos conocer a Ana Campoy, la biógrafa de este par de amigos, con motivo del encuentro celebrado en BiblioCafé al hilo de la publicación de la cuarta aventura, El pianista que sabía demasiado.


La asistencia fue más que notable, destacando el segmento lector al que, teóricamente, van destinados los libros. Por ello, el encuentro se orientó más hacia un juego, el de los ‘libros escondidos’, de modo que a partir de unas primeras pistas, se obtenían otras, escondidas en libros, con lo que se conseguía una frase construidas con determinadas palabras de esos mismos libros.

El juego acabó con la chiquillería haciendo un dibujo de un personaje importante en esta cuarta aventura, y con la habitual firma de dedicatorias.

¡Ah! Y también hubo entrega del carnet de ‘Detective oficial’ de la Miller&Jones. Agencia de Detectives.


Mayores y menos mayores disfrutamos del momento y del buen ambiente, y nos trajimos más deberes para leer.

Finalmente, tengo que señalar que sobre quién era el personaje a dibujar… no puedo decir nada.

De momento.

Créditos:
Montaje de las cubiertas de los cuatro volúmenes (hasta la fecha) de Las aventuras de Alfred&Agatha.
Fotografías durante el encuentro en BiblioCafé, del autor.
Imagen de la dedicatoria firmada por Ana Campoy, en el ejemplar de mi hija.
Montaje del anverso y reverso del carnet de Detective oficial.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Bienvenidas sean las alternativas

En su momento clamé ante la falta de espacio para poder colocar adecuadamente los libros que adquirí en Londres, aunque varios de ellos me mostraron lugares que podían cumplir tal propósito.

Sin embargo, en el mismo viaje pudimos ver un par de sitios que parecían ofrecer acomodo, aunque es cierto que no preguntamos.

Uno es el Hotel Savoy, directamente en su vestíbulo de entrada.




El otro no tiene nada que ver: se trata de un ‘sandwich bar’ con comida para llevar, de idiosincrasia libanés-mediterránea, en Earl’s Court Road.

Y el caso es que no tenía por qué irme tan lejos, pues esta pasada semana la persiana recién decorada me ha recordado que también dispone de biblioteca una peluquería cercana a casa.

(Y encima, mientras preparaba esta anotación, S.Cid ha publicado otra haciendo referencia a una curiosa iniciativa artística y de planteamiento sobre ‘mini-bibliotecas’, de la que nos informó ayer Ana Laura en su diario.)

Créditos:
Fotografías de las bibliotecas mencionadas, reales o pintadas, de septiembre y noviembre de 2012, del autor.

lunes, 20 de agosto de 2012

Sobre el fumar… literario

Pasé, pues, el día en mi club, y no regresé a Baker Street hasta la noche. Eran casi las nueve cuando me vi de nuevo en nuestra sala.
Mi primera impresión fue que allí se había declarado un incendio, porque había tanto humo que apenas se distinguía la luz de la lámpara situada encima de la mesa. Sin embargo, mis temores se disiparon muy pronto, porque el escozor que sentí en la garganta y que me hizo toser se debía al humo acre de un tabaco muy fuerte y áspero. A través de la neblina, tuve una vaga visión de Holmes en batín, hecho un ovillo en un sillón y con su negra pipa de arcilla entre los labios.

En su novela El Club Dumas, Arturo Pérez Reverte comenta, a través del protagonista, cómo, en relación con grandes obras de la literatura universal (en concreto, se trataba de Los tres mosqueteros), estamos influidos no tanto por ellas sino por versiones de las mismas.

A principios de año leí El perro de los Baskerville, en la edición ilustrada por Javier Olivares realizada por Nórdica Libros, donde me encontré con una sensación parecida.

La escena arriba transcrita es la clásica de Holmes, en cuanto que está fumando en una pipa (cómo sea ésta es otra influencia cinematográfica que no viene al caso), y así es como se refleja en la ilustración que acompaña el párrafo.

Sin embargo… no siempre Holmes fuma en pipa.

- Watson, de veras se está usted superando a sí mismo –dijo Holmes, mientras empujaba la silla hacia atrás y encendía un cigarrillo– (…)
Ahora Holmes me cogió el bastón de las manos y lo examinó unos instantes a simple vista. Después, con una expresión que reflejaba su interés, dejó el cigarrillo, se aproximó a la ventana y observó de nuevo el bastón con una lente convexa.

Cuando el doctor Mortimer terminó de leer aquella extraña historia, se levantó las gafas hasta la frente y clavó la mirada en Sherlock Holmes, que bostezó y arrojó al fuego la colilla de su cigarrillo.

Y el problema de las influencias estriba en que la ilustración en cuestión está nada más empezar la novela, en la página 11, cuando aún no se nos ha dicho nada de una pipa, sino de unos cigarrillos.

(Todo esto sin perjuicio de la originalidad en el estilo de las ilustraciones del relato, con trazos firmes y cortantes en la definición de lo representado, en medio de tonalidades de verdes.)

Créditos:
Ilustración de Javier Olivares y extractos según traducción de Esther Tusquets, tomados de El perro de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle, de la edición de noviembre de 2011 de Nórdica Libros, en su colección Ilustrados (pp. 31, 10 y 20).

viernes, 10 de agosto de 2012

De hormigas… y hormiguitas

Estos admirables insectos –dijo sin cuidarse de saber si le escuchaban o no– pertenecen al orden maravilloso de los neurópteros, cuyas antenas son más largas que la cabeza, las mandíbulas muy distintas y las alas inferiores, por lo general, iguales a las superiores. Cinco géneros constituyen este orden: los panopartes, los mirmileones, los hemerobinos, los termitines y los perlidas. Escusado es decir que los insectos cuya casa indebidamente quizá ocupamos, pertenecen al género de los termitines.
(…)
El primo Benedicto, una vez empeñado en su tema favorito, continuó dando rienda suelta a su saber.
- Ahora bien, estos termitines –dijo– están caracterizados por cuatro artejos en los tarsos, mandíbulas córneas y de un vigor notable. Entre ellos existe la familia mantispa, la familia rafidia, la familia termita, conocida generalmente con el nombre de hormigas blancas, la termita fatal, la termita de coselete amarillo, la termita lucífuga, la mordaz, la destructora…
- ¿Y los que han construido este hormiguero?... –preguntó Dick Sand.
- Pertenecen a la familia de las termitas belicosas –respondió el primo Benedicto, que pronunció esste nombre como hubiera pronunciado el de los macedonios o de cualquier otro pueblo antiguo valiente en la guerra–; sí, y de las belicosas de gran tamaño. Entre Hércules y un enano, la diferencia sería menor que la que hay entre el mayor de estos insectos y el más pequeño. Si hay entre ellos obreros de cinco milímetros de longitud hay soldados de diez milímetros, machos y hembras de veinte, y aun se encuentra también una especie muy curiosa llamada de los sirafúes que tienen media pulgada de longitud, tenazas por mandíbulas y una cabeza más grande que el cuerpo, como los tiburones. Son los tiburones de los insectos, y en una lucha entre los sirafúes y un tiburón, yo apostaría por los primeros.
- ¿Y dónde se observan más comúnmente esos sirafúes? –preguntó Dick Sand.
- En África –respondió el primo Benedicto–, en las provincias centrales y meridionales; porque África es por esencia el país de las hormigas. Sobre esto debe leerse lo que dice Livingstone en las últimas notas que ha traído Stanley. El doctor, más feliz que yo, pudo asistir a una batalla homérica librada entre un ejército de hormigas negras y otro de hormigas rojas. Éstas, que se llaman acometedoras y a las cuales los indígenas dan el nombre de sirafúes, fueron las victoriosas. Las otras, llamadas chungües, emprendieron la fuga llevándose sus larvas y sus hijuelos, no sin haberse defendido valerosamente. Jamás, dice Livingstone, jamás el entusiasmo de la batalla se ha llevado más lejos ni en el hombre ni en el animal. Estos sirafúes con su tenaz mandíbula, que arranca la parte donde hace presa, hacen retroceder al hombre más valiente. Los animales de mayor tamaño, leones, elefantes, huyen de estas hormigas, a las cuales nada detiene, ni los árboles por donde trepan hasta la cima, ni los ríos, pues los pasan haciendo un puente con sus propios cuerpos unidos uno a otro. En cuanto al número, otro viajero africano, Du Chaillu, ha visto desfilar por espacio de doce horas una columna de estas hormigas que caminaban con bastante celeridad. ¿Por qué admirarse de tanta multitud? La fecundidad de estos insectos es sorprendente, y hablando sólo de las termitas belicosas, se ha probado que una hembra pone hasta sesenta mil huevos por día. Así es que estos neurópteros proporcionan a los indígenas un alimento suculento. Las hormigas asadas, amigos míos, son un manjar que no lo hay mejor en el mundo.
- ¿Las ha comido usted, señor Benedicto? –preguntó Hércules.
- Nunca –respondió el sabio profesor–, pero las comeré.
- ¿Dónde?
- Aquí.
- Aquí no estamos en África –dijo vivamente Tom.
- No… no…– respondió el primo Benedicto–. Sin embargo, hasta ahora estas termitas belicosas y sus hormigueros sólo han sido observados en el continente africano. ¡Qué cosas tienen los viajeros! ¡No saben ver!

Toda esta interesante disertación, e inquietante en sus términos, se encuentra motivada por el entorno en el que se sitúa, cuya explicación se ha podido leer poco antes:
El joven grumete se adelantó inmediatamente y desapareció en medio de la oscuridad, que era profunda, cuando los relámpagos no desagarraban las nubes. Ya comenzaban a caer algunas gotas de lluvia.
- ¿Qué hay? –preguntó la señora Weldon cuando se acercó el viejo negro.
- Hemos visto un campamento, señora Weldon –respondió Tom–; un campamento… o quizá una aldea, y nuestro capitán ha querido ir a reconocerla antes de dirigirnos a ella.
La señora Weldon se contentó con esta respuesta.
Tres minutos después, Dick Sand estaba de vuelta.
- ¡Venid, venid! –gritó con voz que expresaba gran alegría.
- ¿El campamento está abandonado? –preguntó Tom.
- No es un campamento –respondió el joven grumete–; ni tampoco un pueblo. Son hormigueros.
- ¿Hormigueros? –exclamó el primo Benedicto, a quien aquella palabra hizo salir de su mutismo.
- Sí, señor Benedicto; pero hormigueros de doce pies de altura por lo menos, y en los cuales trataremos de refugiarnos.
- Pero entonces –respondió el primo Benedicto–; serán hormigueros del termita belicoso o del termita devorador. Sólo esos insectos geniales levantan monumentos semejantes que envidian los mejores arquitectos.
- Que sean termitas o no, señor Benedicto –respondió Dick Sand–, es preciso desalojarlos y ocupar su lugar.
- Nos devorarán, y estarán en su derecho.
- ¡En marcha! ¡En marcha!
- Pero aguarde usted –dijo el primo Benedicto–; yo creía que esos hormigueros no existían más que en África…
- ¡En marcha! –gritó por última vez Dick Sand con una especie de violencia, tanto temía que la señora Weldon hubiera oído las últimas palabras pronunciadas por el entomólogo.
Siguieron todos a Dick Sand con la celeridad posible. Un viento furioso se levantó entonces; gruesas gotas resonaban sobre el suelo; en pocos instantes las rachas debían ser insoportables.
Pronto llegaron a uno de aquellos conos que erizaban la llanura, y por temible que fueran las termitas no había que vacilar.
Si no era posible desalojarlos, era necesario por lo menos apoderarse de su morada y vivir con ellos.
En la base del cono, hecha con una especia de arcilla rojiza, se abría un agujero bastante estrecho, que Hércules ensanchó con su machete en pocos instantes, de modo que pudiera dar paso a un hombre como él.
Con gran sorpresa del primo Benedicto, no se dejó ver ni una sola de los millares de termitas que debían ocupar el hormiguero, el cono parecía abandonado.
Ensanchando el agujero, Dick Sand y sus compañeros entraron y Hércules el último, en el momento en que la lluvia empezaba a caer con tal furia, que parecía querer apagar los relámpagos.
Pero no había nada que temer en aquellas ráfagas de viento y lluvia. Una feliz casualidad había proporcionado a la pequeña caravana aquel abrigo sólido, mejor que una tienda y mejor también que una cabaña de indígenas.

Con estos antecedentes, aun literarios, en los que personas humanas, que diría alguien, “indebidamente” ocupan el hogar de unas hormigas termitas, ¿cómo extrañarnos de que otras hormigas, aun cuando no sean termitas, ocupen, también “indebidamente” el hogar de una persona humana, por muy trabajadora y hormiguita que sea?

Sin embargo, sí hay que dejar claro que, aun estando al sur de los Pirineos, no nos encontramos en África, por lo que, en estos asuntos, cada uno en su casa y Dios en la de todos.

Una alegoría cósmica de la vida dixit.

Créditos:
Extractos del capítulo V Lección sobre las hormigas en un hormiguero, y del capítulo IV Los malos caminos de Angola, ambos de la Segunda Parte de la obra de Julio Verne Un capitán de quince años, según traducción sin acreditar, tomado de la edición de RBA Editores para la Colección Hetzel (pp. 255-257, y 247-249).
Ilustración de Henri Meyer relativa a la escena en cuestión, en la edición realizada por J. Hetzel et Cie., París, tomada de la edición antedicha de RBA Editores, que reproduce las ilustraciones de la edición francesa.
Fotografía de detalle de una pared pintada en el Barrio del Carmen, de Valencia, a principios de este mes, del autor.

sábado, 28 de abril de 2012

Cuando el dibujo supera la realidad

ABC ha organizado un concurso en recuerdo de Antonio Mingote, que consiste en responder cuál de las tres viñetas seleccionadas es mejor y por qué.
Yo he votado por la número dos, que es la aquí mostrada, y aunque veo que una mayoría de votos es para la número 3, también hay quien la ha votado hace poco, y coincido con su respuesta:
«Porque nos recuerda cómo la realidad está perfectamente mostrada en un dibujo... de Antonio Mingote.»

Si alguien se anima, pues venga, por poco, pero aún está a tiempo.

Créditos:
Viñeta de Antonio Mingote, recogida en Antonio Mingote. Antología ABC.

lunes, 23 de abril de 2012

Ingenio e hidalguía

Y así debe de ser mi historia, que tendrá necesidad de comento para entenderla.
- Eso no –respondió Sansón–; porque es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y, finalmente, es tan trillada y tan leida y tan sabida de todo género de gentes, que apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen: «Allí va Rocinante». Y los que más se han dado a su lectura son los pajes: no hay antecámara de señor donde no se halle un Don Quijote: unos le toman si otros le dejan; éstos le embisten y aquéllos le piden. Finalmente, la tal historia es del más gustoso y menos perjudicial entretenimiento que hasta agora se haya visto, porque en toda ella no se descubre, ni por semejas, una palabra deshonesta ni un pensamiento menos que católico.

Créditos:
Extracto del Capítulo III del Libro II de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes y Saavedra
Ilustración de Antonio Mingote, relativa a la escena narrada.
Tomados ambos de la edición realizada por Editorial Planeta, con motivo del cuarto centenario de la publicación de la novela, según edición y notas de Martín de Riquer, ilustrada por Antonio Mingote (tomo 5, pp. 852-854).

jueves, 10 de noviembre de 2011

Une fontaine pour se rafraîchir (et raviver)

Después de mil años, y aun más, de guerra á muerte, hicieron paz los Lobos y las Ovejas. Ambas partes ganaban, porque si es verdad que los Lobos devoraban de vez en cuando alguna res extraviada, no es menos cierto que los pastores los desollaban y hacían con sus pieles las zamarras. Ni las Ovejas tenían tranquilidad para pacer, ni los Lobos para cazar. Unos y otras estaban en continua zozobra. Firmóse, pues, la paz, y dieron en rehenes, los Lobos á sus lobeznos, las Ovejas á sus perros. Hízose el cambio con toda la solemnidad, y al cabo de algún tiempo que los señores lobeznos se vieron convertidos en lobos hechos y derechos, hambrientos y voraces, aprovecharon la ocasión de no estar los pastores en el hato, degollaron la mitad de los mejores corderos, y arrastrándolos con los colmillos, retiráronse al espesor de la selva. Habían avisado bajo mano á los suyos, y los perros, que dormían confiados, fueron tambien pasados á degüello. La matanza se hizo en un abrir y cerrar de ojos; ni uno solo escapó.

Esta lección nos demuestra que á los malvados hay que hacerles continua guerra. Buena es la paz, convengo en ello; pero, ¿de qué sirve, si el enemigo es desleal?


Hoy se cumplen tres semanas de la famosa excreción realizada por la ETA, y entusiásticamente recogida por numerosos individuos como si se tratara de las propias de sus mascotas en plena calle.

Sin embargo, cuán necesario, conveniente y esclaredor es, en estas ocasiones, consultar las fuentes.

Créditos:
Fábula XIII, Los Lobos y las Ovejas, del Libro Tercero, de la recopilación Fábulas de La Fontaine, tomada de la edición facsimilar publicada por Ediciones Atlas en mayo de 2007, de la edición de Montaner y Simón, en 1885, con traducción de Teodoro Llorente, y con ilustraciones de Gustavo Doré.
Ilustración de Gustavo Doré, a plana completa fuera de texto, que antecede a la fábula en cuestión.

domingo, 16 de enero de 2011

Alit lectio: Querer es poder

¿Cuál es el momento adecuado para cada tarea?
¿Qué personas son las más necesarias?
¿Cómo no equivocarme al decidir qué tarea es la más importante de todas?


Éstas son las tres preguntas, que formuladas de un modo u otro, se plantea el zar del cuentecillo Las tres preguntas, de León Tolstói.

Con su estilo pedagógico aplicado a estos breves relatos (tal vez doscientas líneas en cuarenta páginas incluidas las ilustraciones), Tolstói nos muestra cómo los supuestos sabios y asimilados contestan sólo asegurándose su propia función; cómo al zar le supone esfuerzo y voluntad obtener las respuestas; y, finalmente, cuáles son las respuestas adecuadas a estas preguntas, que, además, sirven de pauta de conducta diaria de las personas, en particular, a los poderosos, como el zar.

El librito está editado por Gadir, en su línea editorial de cuentos breves ilustrados (en este caso, por Raquel Marín), línea de la que ya hemos traído aquí otra reseña.

Por cierto, la respuesta que obtiene el zar para la última pregunta, es que “la tarea más importante es hacerle el bien, porque sólo para eso ha sido enviado el hombre a esta vida”.

Se entiende que el zar aprendió de ello, no como otros que no son poderosos, simplemente, están en/con el poder.

Créditos:
Portada, transcripción parcial, según traducción de Patricia Gonzalo de Jesús, e ilustraciones, de Raquel Marín, de Las tres preguntas, de León Tolstói, en edición de Gadir.