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jueves, 15 de agosto de 2013

Y entonces, ¿dónde los puse?

Hoy se cumplen 34 años de que tomé la Primera Comunión.


Además de ese primer y principal regalo, hubo otros, unos que no recuerdo, y otros que sí, más que nada por tenerlos apuntados: bastantes libros.



Lógicamente, hubo varios de tipo tebeo (sin faltar los de la famosa colección Dumbo).





También los hubo para iniciar un prometedor camino en la literatura, en la lectura, se entiende.
Tanto en formato de doble adaptación (literaria y gráfica), como sólo adaptación literaria.




Y también hubo varios libros para iniciar otro camino, como es el de la ciencia.






Bueno, y casi podría decirse que el camino de los viajes, aunque no creo que fuera ésa la intención.




No podemos olvidar aquellos libros que ayudaban a introducirse en el mundo de la tecnología, y de su historia.





Y, por supuesto, libros de Historia, y especialmente, Historia de España (en todas sus variantes).




¡Ah! La respuesta a la pregunta famosa, entonces, no presentaba problemas: en LA estantería, pues una era la que tenía en mi habitación.

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión, e ilustración (sin acreditar) tomada de la adaptación de Los hijos del capitán Grant, de Julio Verne, publicada por Editorial FHER, en 1968.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Un ratón muy, muy… cercano

Es sabido que los personajes propios de Disney, como el Pato Donald o Mickey Mouse, han vivido aventuras de muy diversa naturaleza, ambiente e incluso época. Entre ellas, no podían faltar, por supuesto, aventuras espaciales como la que la familia Pato vivió con el nombre de Los apaches del asteroide según pudimos leer hace cuarenta años en la Colección Dumbo.

Por tanto, era cuestión de tiempo que en vez de ir los personajes Disney al espacio, fuera éste quien llegara a Disney. Y ya ha sido así.

Aunque, todo hay que decirlo, ya hace algo más de un año que alguien visitó las instalaciones del Parque de Anaheim. ¿Querría comprobar su nueva casa?


Créditos:
Cubierta del volumen de Los apaches del asteroide (segunda edición, en 1971), de la biblioteca del autor.

jueves, 30 de agosto de 2012

Otra colección… de años

Ayer por la tarde vi en el escaparate de un kiosco la primera entrega de una de las nuevas colecciones para esta temporada.

Se trata de una reedición de la colección Dumbo, unos libritos, de unas 80 páginas, con historietas de Walt Disney, por lo común, dos historias largas (la primera dando nombre al álbum; por eso el ‘y…’ en la cubierta), y otro par o tres más cortas. En algún número que otro, la primera de las historietas principales se correspondía con una de las películas ya clásicas de dibujos animados (Merlín el encantador, 101 dálmatas,…)

En todo caso, los personajes eran los propios de Disney: el Pato Donald y su familia (especialmente sus sobrinos y el Tío Gilito); Mickey Mouse junto con Goofy (en aventuras policíaco-detectivescas –bien ayudando al Sargento O’Hara o bien a través de Ojo avizor, su propia agencia de detectives); y otros personajes ‘menores’ como el Lobo y los Cerditos,…

En ocasiones, la aventura principal, a través de su título, hacía un guiño a la literatura ‘seria’, como es el caso de Las minas del Rey Salomón, o de El Rey del Mar, libros que fueron los primeros que tuve con este título, mucho antes que las obras genuinas, fuera en adaptaciones resumidas en inglés, o íntegras traducidas.

También había guiños a personajes casi legendarios, como en este volumen titulado Gilito de Arabia.

La colección la editaba Ediciones Recreativas S.A. (E.R.S.A.) y más que de libros era más bien de revistas, pues estaba registrada en la Dirección General de Prensa, con el número 18 del R.P.I., y por eso, en las primeras publicaciones, figuraba como Depósito Legal el M. 2845-1958, aunque el inicio de la colección debió de ser en 1967 o algo antes. La misma editorial lanzó también la colección Películas, gruesos volúmenes con recopliación también en formato de tebeo de las clásicas películas de Walt Disney, aunque al poco incluyó a la ‘competencia’, Hanna-Barbera.

Los primeros ejemplares que tengo de la colección (de 1968 y 1969), costaban la friolera de 35 pesetas, mientras que en los siguientes (años 1970 y 1971), ya figura en la contraportada el importe de 40 pesetas. El importe de la colección de esta temporada no sé cuál es, pero posiblemente sea, proporcionalmente hablando entre ambas épocas, bastante superior al de entonces.

Lo que sí que me figuro es el mercado objetivo de la colección: visto los gustos del actual segmento infantil, no puede ser sino los padres de los niños de ahora, es decir, los que eran niños cuando se lanzó la colección original, hace más de cuarenta años. Igual que la colección de Bruguera, ya conocida en estas páginas, Joyas literarias juveniles.

[Nota:
Después de ver la introducción en la portada de Salvat para la colección, no es cuestión de figurarse nada: la misma publicidad habla de “tu infancia” y “tu niñez”.]

Y la duda que esto plantea es la siguiente:
¿De verdad está tan mal la cosa (económica, artística y socialmente, incluso), que sólo cabe refugiarse en la nostalgia de la infancia?

Créditos:
Cubiertas de los volúmenes de Las minas del Rey Salomón (segunda edición, en 1970), El Rey del Mar (ediciónsin identificar, también en 1970) y Gilito de Arabia (edición sin identificar,ya en 1971), de la biblioteca del autor.

viernes, 20 de julio de 2012

Dibujos no, pero animados, sí

Hace tres meses se publicó la noticia de que posiblemente la productora Walt Disney eligiera Toledo como ciudad en la que rodar una próxima película.

Aunque no hace falta que llegue Disney para tener una entrada triunfal


se tenga o no que recurrir a una magia especial


disfrutar gastronómicamente


incluso bailar jazz, con o sin guitarra


Y es que todo es fácil, entre amigos.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Campanadas para 2011. 11: Aún hay cine

En estas fechas de cierre del año, es habitual los balances de “lo más…”, y en el caso del cine suele ser el correspondiente a las películas más taquilleras. Ahora, con la diferencia de precios en taquilla para ver las versiones ‘analógicas’ (o sea, bidimiensionales), o en 3-D (o sea, tridimensionales, con gafitas), la cosa se complica, y es que no hay manera de que se hagan las cuentas por espectadores, en vez de por dinero. También hay que reconocer que el resultado de una película, el que impide que la productora quiebre o siga adelante, es el económico, y no cualquier otro.

Este año, la película que se ha erigido como campeona es Toy Story 3. Le sigue Alicia en el país de las maravillas. Ambas con su formato de presentación tridimensional, y ambas… de Disney.

Como se puede ver de la lista, hay mucho cine de animación y mucho cine tridimensional, lo que facilita, por lo que ya hemos dicho, las recaudaciones.

Me gustaría destacar una cosa, relativa a Shrek, felices para siempre: según tengo entendido la tercera entrega ya flojeó en su día, aunque no sé los resultados comparativos con esta cuarta entrega; sí sé una diferencia fundamental que me ha parecido apreciar en esta cuarta película: han dejado de burlarse de todo lo que se ponía a tiro, y se han pasado al lado disney, defendiendo la familia (aunque haya a quien esto le aburra).

En resumen, que parece que aún hay cine, hay ideas, hay criterios, hay guiones, aunque para ello se tengan que apoyar en el más exigente de los públicos, el infantil.

Créditos:
Imagen de la película Toy Story 3 tomada del folleto de Ocine.

sábado, 24 de julio de 2010

Jugando a vivir o vivir jugando

Y efectivamente, este viernes, acompañado por mi hijo (o al revés, o mejor aún, los dos juntos), nos hemos acercado a los cines de al lado de casa (si no, es muy difícil que vaya), y hemos disfrutado de Toy Story 3 (en formato tridimensional).

El formato tridimensional, precisamente, no es que aporte gran cosa en el guión y desarrollo de la película, y es por eso por lo que no molesta en absoluto al no crearse escenas cuya única virtud es ésa, y no la de formar parte de un guión perfectamente estructurado (como es el caso).

Había leído tres críticas a la película antes de verla (cosa rara en mí), aunque, eso sí, una vez tomada la decisión de verla: nueva obra maestra (COPE), ¿la mejor secuela?, absoluta obra maestra o película enorme (Libertad Digital) o la vida misma (ABC)



No diré que exageren; simplemente se han quedado cortos.

En varias de las críticas se hace referencia a la emotividad que encierra la película en su final: esto sí es un poco exagerado, pues yo no tuve que sonarme la nariz, sólo secarme los ojos y las mejillas.

Créditos:
Fotografía de valla publicitaria de Toy Story 3, en la pedanía de Castellar, de Valencia, de julio de 2010, del autor.
Entradas de cine e imágenes de la película Toy Story 3 tomadas del folleto de Ocine.

jueves, 6 de agosto de 2009

No de arriba, sino de altura

Esta tarde hemos ido con los chiquillos al cine, a ver “Up”. Sobre la película podemos encontrar comentarios tipo profesionales (como el de Santiago Navajas, en Libertad Digital, o de Andrés Arconada [“la gran película del año, yo diría”, y a partir del minuto 1:43] y otras reseñas en la página de COPE), o tipo público de cine, como elentir.

Todos coinciden, al menos los enlazados, en que se trata de una película muy buena, con lo que estoy totalmente de acuerdo. Santiago Navajas finaliza su artículo diciendo: “Película para todos los públicos, en su más noble acepción, la última entrega de Disney-Pixar es un argumento perfecto para quienes sostienen que todavía merece la pena ir al cine”. En mi caso concreto, ir, lo que se dice ir al cine, puede decirse que sólo voy a ver estas películas de Disney-Pixar. El resto del cine que veo, es en casa, y ni siquiera en un canal de televisión, sino en vídeo (aunque sea en formato DVD, se entiende, ¿no?), y no diré que las películas que veo sean todas en blanco y negro, porque sería una exageración, pero la proporción no estará muy alejada del famoso fifty-fifty (porque, eso sí, cine español, muy poco, bueno, más bien, como se diría en un análisis químico, trazas, y casi todo del siglo pasado y en blanco y negro).

En las reseñas y comentarios se habla sobre los aspectos técnicos, sobre la delicadeza con que, sin palabras, se nos cuenta una historia de amor, sobre cómo se establece una relación paterno-filial,… y sobre lo anómalo que resulta en la actualidad que el protagonista sea un anciano.

Así como en “Wall-e” los títulos de crédito finales eran un guiño a otra versión de la Historia, en “Up” son una forma técnica de rendir ese homenaje a los ancianos, a la edad y a la experiencia, a lo que ahora se ha decidido apartar: toda la tipografía es de una máquina de escribir.

Lo que me recuerda…