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domingo, 14 de diciembre de 2014

These books are made for walking


Créditos:
En el título, parafraseando el de la canción más famosa de Nancy Sinatra.
Fotografía de unas botas en una bolsa de la librería París-Valencia, junto a un contenedor para facilitar su reutilización, en diciembre de 2014, del autor.

viernes, 19 de abril de 2013

Libros con cuentas

Dentro de una semana comienza en Valencia la Feria del Libro. Lo nuevo para este año es… la novedad de que no salen las cuentas.

Y es que, según se ha publicado, el sector del libro se encuentra con una importante disminución en el volumen de ventas (un 40% en lo que llevamos de crisis, parece). A ello, hay que añadir que los índices de lectura tampoco son nada del otro mundo (parece que el índice de la Comunidad Valencia es tres puntos inferior a la media nacional, aunque no sé en qué unidades está medido, ni cómo, el índice en cuestión).

Otra cosa que sale también en las cuentas es el tema de las subvenciones y ayudas institucionales, aspecto sobre el que siempre se puede decir aquello de que “quien quiera peces, que se moje el culo”.

El sector del libro está capeando la crisis porque está acostumbrado a contar con pocos medios y, desde siempre, aplican a rajatabla el emprendedurismo [sic]. Los libreros saben que deben renovarse. (…)
Pese a la coyuntura económica sólo se han cerrado cuatro o cinco librerías en la provincia de Valencia, que se compensa con la apertura de otras tantas. Aún así desde la organización del certamen literario enfatizó en la necesidad de proteger a las librerías.

“[El presidente de la Associació d’Editors del País Valencià, Jesús] Figuerola ha insistido en que "los libros hay que comprarlos en las librerías y no en las grandes supeficies, y además hay que promocionar las librerías de proximidad, las de pueblos y barrios".

Ante lo cual uno no puede sino pensar en que, tal vez,:
- da la impresión de que los libreros quieran clientes, en vez de clientela, lo que no es exactamente igual.
- la clientela, en lo que veo por ahí, no se mueve por aquello que puede encontrar en otro sitio, no ya más barato, sino, tal vez, más fácilmente, que es la ventaja de las ‘grandes superficies’.
- si las librerías se limitan a ofrecer lo que les llega en las cajas del reparto de los distribuidores, vista una librería, vista todas.
- la clientela es de la tienda, del tendero; es decir, precisamente de aquello que hace un establecimiento totalmente distinto y diferente de los restantes.

Y por ello, la renovación tendrá que venir de la mano de la diferenciación: sea por añadir a la actividad de venta, la de editorial (como París-Valencia); sea por establecer una vinculación más personal a través de un Club de Lectura (como Casa del Libro); sea por ir más allá y convertirse, como BiblioCafé, más que en una librería, en un centro cultural con numerosas actividades, como bien suele reseñar caraguevo.

Sé que no es nada fácil pero consolidado el comercio en internet, y con el arranque de los libros electrónicos, creo que es el único camino.

Créditos:
Extracto del artículo de Carmen Velasco en Las Provincias.
Extracto de la noticia publicada en la página de la Feria del Libro de Valencia.

sábado, 25 de agosto de 2012

Ir pa' ná, es tontería

No conocía el camino del puerto, pero creía no hallarme lejos de él; pregunté a una tendera por dónde debía pasar.
La mujer dió un grito de extrañeza.
- ¿Quiere usted ir al puerto, caballero?
- Sí, al puerto.
- ¡Ave María Purísima! ¿Al puerto á estas horas?
Y volviéndose hacia un grupo de mujeres que estaban sentadas junto á la puerta, les dijo en dialecto valenciano:
- Señoras, respondan ustedes por mí: este caballero me pregunta por dónde ha de pasar para ir al puerto.
Las mujeres respondieron á la una:
- ¡Que Dios le proteja!
- Pero ¿de quién?
- ¡Que no se fíe usted!
- Pero ¿por qué?
- Por mil razones.
- Dígame una.
- Pueden asesinarle.
Me contenté con esta sola razón, como se comprende, y desistí de mi curiosidad por saber el camino del puerto.

Visto lo leído, no sé si es buena señal que yo no tuviera ayer que preguntar el camino del puerto, pero en cualquier caso, regresé sin que me asesinaran (que yo sepa).

Créditos:
Extracto del capítulo dedicado a Valencia, en España. Impresiones de un viaje hecho durante el reinado de Don Amadeo I, obra de Edmundo de Amicis, según traducción de Cátulo Arroita, publicada en Barcelona por la Casa Editorial Maucci, en su Biblioteca Maucci, en 1899, tomado de la edición en facsímil realizada por Librerías París-Valencia en 2000.
Fotografía de una antigua grúa del puerto de Valencia, junto a la Plaza de la Armada Española, ayer durante el paseo, del autor.

miércoles, 25 de abril de 2012

Que así es la rosa


Créditos:
Fotografía de la rosa que dieron como detalle del Día del Libro en la librería París-Valencia, del autor.

martes, 29 de marzo de 2011

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Yo sólo entré a saludar

Ya comenté el otro día que camino de la concentración Sí a la vida, había pasado por mi librería habitual a saludar. Es verdad, sólo entré a saludar. Bueno, también entré en la otra tienda que tienen en la calle Navellos, justo al lado de la Plaza de la Virgen, lugar de la concentración.





¿Hay que decir que con uno de los libros me vinieron ciertos recuerdos?

Créditos:
Portadas de los libros en cuestión.

martes, 1 de marzo de 2011

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Ver la luz

A pesar de lo sucedido y ya comentado, con el final de febrero, pasaba cerca, entré en mi librería de cabecera.

Nada más entrar, mientras miraba qué se encontraba sobre la primera mesa de novedades, sonó el teléfono de la tienda:
“- Esther, es para ti.
- París-Valencia, dígame.
(…)
- Es tu padre, ¿quieres hablar con él?
- Bueno. París-Valencia, dígame.


Y así pude atender un encargo que quería hacer mi padre a nuestra librería de cabecera.

Por mi parte, cogí un par de libros, pues ya Esther me había avisado de que tenía algunos libros de la anterior lista.





Camino del mostrador donde ya se encontraba ella, con los libros (ella con los suyos, yo con los míos), pasé junto a las mesas de saldos. Y vi la luz.



En la mesa de libros saldados por las editoriales, a un precio de 3,95 euros, había uno que yo no tenía, era de César Vidal… y no lo compré.

Créditos:
Portadas de libros que sí compré.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Un pequeño recorrido yendo siempre al mismo sitio

Entre esas cosas, especialmente papeles, que se guardan con no se sabe muy bien qué objeto, me encontré hace un tiempo con un recorte de papel de envolver y un calendario de bolsillo de la que hace tiempo se ha convertido en mi librería proveedora oficial (bueno, y del resto de la familia).

Ignoro el año correspondiente al papel de envolver. Aparte de la curiosidad, lo traigo a colación porque muestra la existencia de tres centros en Valencia: el de toda la vida (al menos, que yo recuerde), en la calle Pelayo, y dos más: uno que recuerdo vagamente, en la calle Colón, y otro, más concreto, incluso visitado en bastantes ocasiones, en la calle San Fernando.

De los tres centros de entonces, sólo se mantiene actualmente el de Pelayo. Los otros dos se situaban en edificios que han acabado siendo rehabilitados, reconstruidos o rehechos, y claro, ya no quedan ni muestras de lo que en su día acogieron en sus bajos.



El calendario de bolsillo, naturalmente, sí es datable, en concreto, 1985. Podemos ver que ya no figura el local de Colón, habiendo sido sustituido por el de la Gran Vía Marqués del Turia, por el que, a pesar de lo céntrico, apenas me he asomado.



En la actualidad, ya son cuatro locales: los ya mencionados, y el de la Plaza Alfonso el Magnánimo (que es el oficial en mi caso), y el de la calle Navellos.



Cerramos, pues, el año con un recuerdo a los libreros que hacen posible que disfrutemos de los libros que hemos comentado por aquí, o por allá,… por muchos años.

martes, 4 de agosto de 2009

Listas de libros listos... para leer

Un cuatro de agosto de 2006 compraba cuatro libros en el local que la librería París-Valencia tiene en la plaza de Alfonso el Magnánimo, más conocida como el Parterre (aunque éste es propiamente, el jardín central de la plaza), aquí en Valencia, claro.

Hacía ya muchos años que tanto esa librería como el local en concreto, se habían convertido en mi proveedor oficial de libros, y casi único; sin embargo, con la compra de este día se iniciaba un procedimiento nuevo. Aunque su origen se sitúa a finales del junio inmediato anterior.

Y es que el 27 de junio les había facilitado una lista de libros como encargo. Hasta aquí, nada de particular, ¿no? El matiz es que dicha lista se componía de dos bloques: en uno, los libros eran los clásicos de encargo, y su cantidad varía de una lista a otra según me dé; en el otro, siempre cinco libros, eran ellos los que elegían qué dos o tres libros me iba a llevar. Además, de su propia iniciativa, había que añadir un libro adicional.

Es decir, que con este ‘juego’ entre libreras y cliente, llevamos ya tres años, y los que espero seguir rondando.

El resultado hasta la fecha, es el siguiente:
listas presentadas: 32, es decir, una media de una lista cada cinco semanas.
total de libros implicados: 302
total de libros comprados: 168
total de libros pendientes: unos 55

Por vergüenza torera, no pongo la estadística de libros leídos (además de porque no la llevo más que desde hace poco)

La pregunta clave, en todo esto, es ¿Y dónde @#!*%& pongo ahora los libros?

Para satisfacer la curiosidad general, los libros en cuestión fueron:





de los cuáles, el primero, lo empezaré mañana, para celebrar el cumpleaños; los dos pares llevarán su turno, y el tercero lo leí en su momento, y lo mismo lo comento algún día. Ya puestos…

¡Ah, por cierto! Mañana me pasaré otra vez, para saludar, ver si hay algo para recoger,... y dejar una nueva lista.

lunes, 16 de marzo de 2009

Libros librados

Hace un mes llevé una nueva lista a mi proveedor oficial de libros (el caso es que no recuerdo si he comentado por aquí lo de las listas -si es así, y para el que ya lo sepa, si quiere, que se lo salte-: cada mes o mes y medio, me llego a la tienda de París-Valencia del parterre, y les dejo una lista de libros a modo de encargo, entre los que hay unos fijos, y luego otros de entre los cuales ellos tienen que elegir un par o tres).

Bien, el caso es que nada más entregar la lista, al leerla, me dicen que uno de los libros (editado en 2004) lo habían tenido de oferta y tal vez quedara algún ejemplar aún. Me extrañó, pero nos pusimos a buscarlo (con poca dedicación pues en cuanto se encontró, dejamos de buscar). El libro estaba de oferta a 2,95 euros, siendo lo curioso que todavía tenía marcado a lápiz, en su interior, el precio oficial (14 euros).

El otro día pasé, no llevaba nueva lista, a ver si había algo para recoger. Sí lo había, y además recolecté algún ejemplar adicional. Escarmentado de la visita anterior ojeé las mesas de ofertas y encontré un libro (éste de 2005) que tenía en la lista de posibles compras, pero aún no me había decidido. Naturalmente lo añadí al carrito. El libro marcaba ahora 3 euros, y su precio original no lo sé porque según la Base de Datos del Ministerio de Cultura, el libro no existe (no me extraña porque no es la primera vez que me ocurre).

Esta vez ya pregunté a qué se debía esta situación, y me contestaron que era decisión de las editoriales: de pronto, sin previo aviso, llegaban los ejemplares ya como de oferta. Esto me recordó una escena que había visto en la librería hacía un tiempo, que consistió, tan solo, en un montón de cajas de libros correspondientes a novedades, procedentes directamente del editor/distribuidor, muchos de los cuales apenas llegarían a mostrarse al público y, en las mismas cajas o similares, serían devueltos al cabo de poco tiempo (el espacio en las librerías en general es muy escaso, caro y codiciado).

Todo esto viene a cuento de la noticia, que por casualidad he leído hoy, según la cual "la edición de libros desafía la crisis y crece un 12,6% en 2008". De todas formas, puestos a leer, mejor leer el original, porque la noticia, en claro ejemplo de deontología profesional, está directamente fusilada de la nota de prensa del I.N.E. (menos mal que sí hacen referencia al todavía Instituto Nacional, lo que me ha permitido localizarla).

Lo que no sé es si existen estadísticas de los libros que van a la guillotina, o de aquellos con más suerte que acaban en las mesas de ofertas. Sabiendo esto, sí se podrá evaluar mejor las cifras de las ediciones y tiradas. Mientras tanto, el que no se consuela es porque no quiere.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Editorial París-Valencia

Alguna que otra vez he hecho referencia en este diario a París-Valencia.

Esta vez voy a hacer referencia no a su actividad como librería, sino como editorial.

Se trata de una actividad curiosa, gratificante aunque no sé si agradecida y, si no lo es, desde luego debe serlo, reconocida. Y es que no editan obra nueva, sino reproducciones facsimilares, básicamente, de dos tipos de obras:

- obras antiguas, de hasta hace un siglo, aproximadamente, de interés por sí mismas

- obras, también antiguas, y de hasta hace un siglo, aproximadamente, de temas valencianos

Como ejemplo de este último tipo, podemos hablar de la Guía urbana de Valencia antigua y moderna, del Marqués de Cruilles, editada en dos tomos, como puede verse en las siguientes imágenes.



La obra, al ser un facsímil, es igual que el original, aunque el ejemplar de éste que tengo, se encuentra encuadernado en un solo volumen (cosa, que por lo que llevo visto, era bastante habitual en la época -lo de reencuadernar una obra en un solo volumen, quiero decir- supongo que para ahorrar gastos).

Así que, para compensar, pongo también la foto de la placa de la calle (aunque sin la referencia al Marqués), aquí en Valencia, calle que, por cierto, en dicha guía, figura sin nombre (en realidad, como todas).