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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Foto y… letra y música


Ésta es una de las fotos más recordadas de aquel noviembre de 1963.

Sin embargo, otra foto, ahora menos conocida, inspiró una canción, ésta sí muy conocida.


La ‘Caroline’ de la canción, efectivamente, era aquella niña; la foto en cuestión, es la que acompaña estas líneas, y todo esto viene a cuento de que hoy es el cumpleaños de Caroline Kennedy.

Felicidades (aun con los especiales recuerdos de este año).

Créditos:
Fotografía (de AP) de Jacqueline Kennedy besa el ataúd de su marido, John F. Kennedy, acompañada por su hija, , tomada del especial de infobae.com.
Imagen de la portada del número de Life del 7 de septiembre de 1962, tomada de la página Old Life Magazines.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Primera dama, primero madre

“- Señora Kennedy, de verdad que no hacía falta que llamase –dije–, pero es un honor oírla, esa es la verdad.


- Quería darle las gracias por lo que ha hecho –dijo ella–. Sé que mi marido ya se lo ha agradecido de parte de los dos, pero... Señor Amberson... –La primera dama se echó a llorar–. Quería darle las gracias en nombre de nuestros hijos, que han podido decirles buenas noches a su madre y su padre por teléfono esta noche.”

Créditos:
Extracto del capítulo 29 en la Parte 6 Míster Tarjeta Verde, de la obra de Stephen King 22/11/63, según traducción de José Óscar Hernández Sendín y Gabriel Dols Gallardo, tomado de la primera edición (marzo de 2012) realizada por Plaza y Janés (pág. 794), de la biblioteca del autor.
Fotografía (de AFP), de John F. Kennedy en la Oficina Oval de la Casa Blanca, en Washington DC, jugando con sus dos hijos, John F. Kennedy, Jr. y Caroline Kennedy, el 10 de octubre de 1962, tomada del especial de infobae.com.

En el filo de la navaja

“Al principio de la novela, el amigo de Jack Epping, Al, plantea la probabilidad de que Oswald fuera el único tirador en un noventa y cinco por ciento. Después de leer una pila de libros y artículos sobre el tema casi tan alta como yo, la situaría en un noventa y ocho por ciento, quizá incluso en un noventa y nueve. Porque todas las crónicas, incluidas las escritas por teóricos de la conspiración, cuentan la misma historia americana básica: he aquí a un peligroso canijo sediento de fama que se encontró en el lugar adecuado para tener suerte. ¿Que había muy pocas probabilidades de que pasara tal y como sucedió? Sí. También las hay de ganar la lotería, pero alguien la gana todos los días.


Probablemente las fuentes más útiles que leí en la preparación para esta novela fueron Case Closed, de Gerald Posner; Legend, de Edward Jay Epstein (una chifladura a lo Robert Ludlum, pero divertida); Oswald, un misterio americano, de Norman Mailer; y Mr. Paine's Garage, de Thomas Mallon. El último ofrece un brillante análisis de los teóricos de la conspiración y su necesidad de encontrar orden en lo que fue un suceso casi aleatorio. El Mailer también es excelente. Dice que acometió el proyecto (que incluye extensas entrevistas con rusos que conocieron a Lee y Marina en Minsk) creyendo que Oswald era la víctima de una conspiración, pero al final llegó a convencerse –a regañadientes– de que la vieja y aburrida Comisión Warren tenía razón: Oswald actuó solo.
Es muy, muy difícil que una persona razonable crea otra cosa. La Navaja de Occam: la explicación más sencilla suele ser la correcta.”

La cuestión es que hay mucha gente que no es razonable, y claro, se corta con la navaja.

Créditos:
Extracto del Epílogo, de la obra de Stephen King 22/11/63, según traducción de José Óscar Hernández Sendín y Gabriel Dols Gallardo, tomado de la primera edición (marzo de 2012) realizada por Plaza y Janés (pág. 855), de la biblioteca del autor.
Fotograma de la película casera rodada en la Dealey Plaza de Dallas por George Jefferies el 22 de noviembre de 1963, justo antes del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, tomada de la noticia publicada por ABC el 21 de febrero de 2007, de la hemeroteca del autor.

viernes, 8 de noviembre de 2013

La Historia pasa… sin enterarnos

“En aquel año de elecciones presidenciales, pasé los meses de agosto y septiembre recorriendo Dallas en el Sunliner a la caza de un apartamento...”

1960 fue en Estados Unidos  un año cuyas elecciones presidenciales presentaron unas características curiosas. Por ejemplo, fue el primero desde 1892 en que ya no se pudo hacer el recorrido de campaña de estado en estado sin salir de la zona de las elecciones (incluso, fue el primero en el que la caravana electoral no pudo acceder por tierra a uno de los estados en disputa -Hawai-); fue también el primero con la actual composición de los Estados Unidos de 50 estados, y por tanto, en el que ya no ondeaba la conocida bandera de las 48 estrellas; fue también nuevamente, como en 1864, un año con candidatos nacidos en el mismo siglo de las elecciones.

Y al igual que en 1892, y que en las primeras elecciones del siglo XX (1904), tuvieron lugar un martes 8 de noviembre.

Pero por lo que se conocen las elecciones de 1960 no es por nada de lo comentado, sino por ser las que ganó John Fitzgerald Kennedy.

“El 22 de septiembre finalmente encontré un lugar que parecía habitable.”

Otra cosa curiosa de aquellas elecciones es que fueron las primeras en las que la televisión tuvo un papel importante, no ya como canal de información, sino como lugar de debates electorales.

Aunque fueron cuatro los debates, el que marcó la campaña (y, podría decirse, la Historia) fue el primero, celebrado el 26 de septiembre, ante una audiencia de 70 millones de televidentes, atraidos supongo que más que por la política por la novedad de un debate televisado.

Por eso resulta también curioso que en una novela que se desarrolla en esos tiempos, y siendo Kennedy el personaje que continuamente está presente en ella, la siguiente referencia tras el 22 de septiembre sea:
“El 28 de septiembre, una semana antes del inicio previsto de la Serie Mundial,...”

Es decir, nada. A pesar de lo que, supuestamente, marcó aquel primer debate, en el desarrollo vital que se nos muestra en la novela, no hay ninguna referencia a él. En realidad, no deja de tratarse de una novela y por tanto, como bien se nos indica más adelante:
“Vamos a dar otro salto adelante en el tiempo (las narraciones también contienen madrigueras de conejo, cuando uno se para a pensarlo), pero primero tengo que relatar un suceso más de 1960 [¿se tratará, ahora, de las mismas elecciones?]. Fort Worth. 16 de noviembre de 1960 [pues no, ya han pasado]. Kennedy, el presidente electo desde hacía poco más de una semana.”

Como podemos ver, no siempre marca la vida un hecho histórico en el preciso momento en que se produce. Ni siquiera aunque haya sido televisado, como aquel primer debate. De hecho, la misma novela se preocupa de mostrarnos cuánto tardamos en darnos cuenta de la importancia de las cosas:
“[Jamás subestimes] el poder de la televisión. Sin la tele, Kennedy nunca hubiese ganado a Nixon.”

(Este comentario se sitúa en marzo de 1963, dos años y medio después del primer debate.)

“Eran las siete cuarenta y cinco de la tarde del 18 de mayo de 1961.”

Y claro, si nada de lo anterior ha sido merecedor de figurar en las páginas de la vida, aunque sea novelada, la toma de posesión el 20 de enero de 1961, menos aún, ¿no?

Sin embargo, paso a paso, la Historia va construyéndose.

Créditos:
Extractos de los capítulos 12 y 13, en la Parte 3 Viviendo en el pasado, y 21, en la Parte 4 Sadie y el General, de la obra de Stephen King 22/11/63, según traducción de José Óscar Hernández Sendín y Gabriel Dols Gallardo, tomado de la primera edición (marzo de 2012) realizada por Plaza y Janés (pp. 315, 317, 332, 333,566 y 337), de la biblioteca del autor.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Mejor que publicar es investigar... de verdad

“En 1976 un Comité de la Cámara de Representantes reabrió la investigación. Tres años después, concluyeron que hubo cuatro disparos, probablemente dos tiradores y, por tanto, una conspiración. (…)
La comisión Warren determinó que Oswald había actuado solo y había disparado tres veces al presidente. (…) Pero en 1979, el Comité del Congreso de Representantes, el denominado HSCA –House Selected Comittee on Assassinations– declaró que "probablemente" se habían producido cuatro disparos, uno de ellos por un segundo asesino, y que existían muchas posibilidades de que el magnicidio hubiera sido "producto de una conspiración".”

Este pasado sábado me acerqué por el kiosco de El Corte Inglés, y la portada del nuevo número de La Aventura de la Historia me llamó la atención (señal de que estaba bien elaborada), y lo compré, aun sabiendo que en el interior me iba a encontrar lo que se puede observar en el texto transcrito del artículo:
Una contundencia en la portada, que luego queda algo debilitada, y finalmente reducida a un “probablemente” y “muchas posibilidades”.

Cosa que no me extraña, si nos fijamos, por ejemplo, en otra ausencia de coherencia en lo expresado en el artículo. Hablando de las sospechas sobre si Lee Harvey Oswald era o no agente soviético, se dice:
“A su regreso a Estados Unidos, en 1961, con su esposa rusa y su hijo, Oswald trató sin éxito en convertirse en una celebridad mediática tras sus aventuras al otro lado del Telón de Acero. Pero tampoco deja de ser llamativo que EE UU no pusiera inconveniente al regreso de Oswald al país desde la URSS, justo cuando la Guerra Fría atravesaba por uno de los momentos de máxima tensión, tras las Crisis de los Misiles de Cuba y la reciente construcción del Muro de Berlín.”

Así, la exposición está bien trabada; el problema es que la mitad de lo expuesto es falso, por no usar otra palabra.

Limitándome a lo que se expone en la Wikipedia y a lo que conozco de antes, tenemos:
a) Lee Harvey Oswald no regresó en 1961, sino en junio de 1962.
b) No tenía un hijo, sino una hija.
c) Es cierto que la tensión de la Guerra Fría era elevada, como mostraba el Muro de Berlín, erigido a mediados de agosto de 1961.
d) Sin embargo, la Crisis de los Misiles de Cuba tuvo lugar en octubre (esta vez sí era octubre), pero no de 1961, sino de 1962, no antes de sino tras el regreso de Oswald.

Por tanto, si un párrafo con razonamientos sobre una hipótesis, presenta (¡cincuenta años después!) estos fallos en hechos tan conocibles, ¿qué se puede esperar de aquello más hipotético?

¿Quiere esto decir que no es cierto nada sobre conspiraciones y demás en el asesinato de John F. Kennedy? No, quiere decir que yo no lo sé, y veo que los demás, tampoco, pero que si se limitan a decirlo, no venden un ejemplar ni de periódicos, ni de revistas, ni de libros, lo que se entiende, aunque no se comparta.

Lo que también llama la atención es que en EE.UU., cuna de la libertad, paraíso de la justicia, y tal y cual, las investigaciones judiciales en torno al caso brillen por su ausencia. Las que ha habido (la famosa Comisión Warren y la del Comité HSCA) son investigaciones parlamentarias, es decir, del poder legislativo, no del judicial, mostrando que, en este caso, sí resulta de aplicación lo de la famosa «separación de poderes» (tal vez por si acaso…).

Y es que no hay que olvidar que, como se expresa en el artículo, Lee Harvey Oswald  no deja de ser sólo sospechoso del asesinato “porque no hubo nunca una condena por el magnicidio, ya que el presunto autor fue asesinado dos días después”.

Por todo esto, no deja de parecerme una estupidez todas las comparaciones babeantes que se hacen entre España y Estados Unidos cuando surge el tema de los atentados del 11-M, diciendo que en otros países no habría similares escándalos judiciales como los de aquí.

Y me alegro de que, como se publica hoy, siga, gota a gota, la maquinaria judicial con su proceso a todo el 11-M (incluso, al propio proceso).

Créditos:
Portada de la revista, y extractos del artículo La conspiración invisble. El enigma de Dallas, de Julio Martín Alarcón y Pablo Pardo, publicado en el número 180 de La Aventura de la Historia, de la hemeroteca del autor.

sábado, 26 de junio de 2010

Ich bin ein Berliner

Hace 37 años (es decir, 15 años después del inicio de la anotación anterior), en una ciudad pujante y emprendedora, y sobre todo, libre, en presencia de su alcalde y del presidente de la república, un presidente estadounidense, lanzó su famosa frase de solidaridad con los ciudadanos que le oían, y de desafío con los tiranos que le escuchaban.

En la fotografía con que acompaño el párrafo (que, evidentemente, no se corresponde con el momento del discurso) se puede apreciar que la Puerta de Brandemburgo no está complementa visible (ni accesible), debido a la existencia del Muro de Berlín, levantado por el régimen comunista de la República Democrática (¡ja!) Alemana, casi dos años antes, en agosto de 1961.

Quien también proclamó que era berlinés libre, fue Conrad Schumann, casi dos años antes, el 15 de agosto de 1961, quien, si no tanto su nombre, sí hizo famosa su decidida acción de saltar (con armas y bagajes, que se decía) por encima de la barrera de alambre de espinos, cruzando al Berlín occidental sólo dos días después de haberse empezado (y casi acabado en una noche) el conocido como Muro de la Vergüenza.

Dos (o tres) generaciones mostrando, en la medida de sus posibilidades personales, una defensa firme ante el totalitarismo (y en el caso, al menos, de Kennedy, en su día, incluso combatiéndolo, aunque en el Pacífico no fuera nacionalsocialista sino imperial japonés).

A modo de balance, pues, podemos concluir, volviendo a la anotación precedente, que en España no hay berlineses, sino uno que se dice de León, otro de Pontevedra, y unos cuantos que de Berlín sólo les interesa que hablen en catalán en los vuelos de Air Berlin.

Así nos luce el pelo (no como a Kennedy que incluso revuelto por el aire, le quedaba bien).

Créditos:
Fotografía de Kennedy, Brandt y Adenauer el 26 de junio de 1963 en Berlín, tomada de German History in Documents and Images (Deutsche Geschichte in Dokumenten und Bildern).

Postal de Conrad Schumann saltando la alambrada hacia Berlín occidental en agosto de 1961, comprada en Berlín en el Museum Haus am Checkpoint Charlie – Mauer Museum, en Berlín, en enero de 2010, por el autor.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Crónicas de Camelot

Arturo propuso la búsqueda del Grial, y se enfrentó con antiguos aliados.



Sin embargo, Mordred se rebeló, y los campos de Salisbury fueron testigos de la última batalla de Arturo. Ginebra abrazó su cuerpo y recogió su sangre.



Y aunque conducido a Avalon, Merlín sólo pudo acompañarlo.





Los hechos pronto se difundieron, y las crónicas empezaron a formarse.



Y en breves versiones o en ediciones completas, fueron difundidas.



Si de todo lo anterior, hubiera que dar crédito, diríamos que los artículos y la foto son del archivo de los tiempos (también conocidos como"The Times"); la ilustración es de Courtney Davis, en "The Encyclopaedia of Arthurian Legends"; y los libros, libros son.


Finalmente, conviene desmentir que según la Real Academia Española, Camelot sea el origen de la palabra "camelo".

Camelot

Camelot se encuentra en un lugar nunca concretado, en una época ligeramente definida, más en la Leyenda que en la Historia. Curiosamente, la Leyenda ha quedado más documentada que muchos momentos de la Historia. Bosques de pergaminos y papel, ríos de tinta, recogieron las aventuras, desventuras, alegrías, tristezas, goces, desdichas, placeres, penas, amistades, odios, lealtades, traiciones, y, envolviendo todo ello, dedicación, esfuerzo y sacrificio.

Tras muchos deseos, esperas y esperanzas, en este siglo pasado, paradójicamente en un día plenamente invernal, llegó el momento en que Camelot se materializó en la Historia.

Hace una semana se cumplieron 45 años del fin de los 1.000 días de Camelot en la Historia,... volviendo a la Leyenda.