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viernes, 11 de abril de 2014

Dolores de Vida

“«Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción –¡y a ti misma una espada te traspasará el alma!– a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.»”

Ésta fue la profecía que el anciano Simeón dirigió a María tras «ver con sus ojos la salvación del Señor», es decir, Jesucristo, cuando en el Templo de Jerusalén se encontró con Él y sus padres, quienes se habían acercado allí con el Niño para presentarlo al Señor.

En realidad, esta profecía fue la primera de las siete espadas o Dolores de la Virgen, cuya relación, según la tradición , como se refleja en el cuadro (aunque los dos primeros con el orden cambiado), es la siguiente:

La profecía del anciano Simeón.
La huida en Egipto.
El niño Jesús perdido.
María encuentra a Jesús cargado con la Cruz.
María al pie de la cruz.
María recibe en sus brazos el cuerpo difunto de su hijo.
Sepultura de Jesús y Soledad de María, nuestra Madre.

Vemos que los tres primeros dolores son durante la infancia de Jesús, y los cuatro restantes, todos en un mismo día, el Viernes Santo. De ahí, supongo, que una semana antes se celebrara el Viernes de Dolores, con la festividad de la Virgen de los Dolores (aunque luego ésta se trasladara al 15 de septiembre), día en el que se suelen iniciar todos los actos de la Semana Santa.

Semana que, ahora, simplemente, es tiempo de vacaciones: un nuevo, el octavo, dolor.

Créditos:
Extracto del Evangelio según San Lucas (2, 34-35), tomada de la Nueva Biblia de Jerusalén, revisada y aumentada, editada en 1998 por Desclée De Brouwer, de la biblioteca del autor.
Fotografía de la Virgen de los Dolores, óleo sobre tabla, de la Escuela de Llanos, del siglo XVI,, en el Museo de Bellas Artes San Pío V, en Valencia, en agosto de 2013, del autor.

viernes, 6 de abril de 2012

Verdad es

“Era ya cerca de la hora sexta cuando sse oscureció el sol y toda la tierra quedó en tinieblas hasta la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu.» Y, dicho esto, expiró.”


“Al ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado de esa manera, dijo: «Verdaderamente este hombre era hijo de Dios».”

Créditos:
Transcripciones del Evangelio según San Lucas (23, 44-46) y del Evangelio de San Marcos (15, 39), tomadas de la Nueva Biblia de Jerusalén, revisada y aumentada, editada en 1998 por Desclée De Brouwer.
Fotografía del cuadro Calvario, con estas frases de los Evangelios, de Lucas Cranach, de 1538, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, de enero de 2011, del autor.

No insulta quien quiere…

“Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.”

Créditos:
Transcripción del Evangelio según San Mateo (27, 27-31), tomada de la Nueva Biblia de Jerusalén, revisada y aumentada, editada en 1998 por Desclée De Brouwer.
Fotografía del cuadro Los improperios, del Maestro de Alcira, óleo sobre tabla, del siglo XVI, en el Museo de la Catedral de Valencia, de agosto de 2010, del autor.

domingo, 4 de abril de 2010

No sólo la caja es tonta

El otro día lo leí (sólo el titular, claro) en uno de esos periódicos gratuitos. Pero ayer lo confirmé, pues fiel a mi carácter español, he ido dejando para mejor momento el tema de la actualización tecnológica. También es cierto que, como podrán suponer quienes me conocen o siguen suficientemente este diario, la necesidad vital que tengo en la actualidad de ese gran invento que es la televisión (y gran decepción que es su utilización generalista actual); la necesidad que tengo, decía, es próxima a la total nulidad.

Todo este párrafo no deja de ser una excusa para comentar algunas de las expresiones que, según la agencia EFE, y recogidas por Libertad Digital, ha realizado Javier Marías al diario Tagesspiegel el pasado domingo 28 de marzo, Domingo de Ramos (menos mal que no lo hizo hace nueve semanas, que es de cuando tengo un ejemplar del periódico).

Este mozo de cincuenta y ocho años según la noticia (efectivamente, es nacido en 1951), ha tenido la ocurrencia de decir, entre otras cosas, que “en su infancia, esa época [la Semana Santa] era un tiempo «horrible para los niños» puesto que no se podía cantar, en la radio sólo se emitía música y la televisión sólo programaba películas de contenido religioso”.

Como en otras muchas ocasiones, las matemáticas nos ayudan a situar en su contexto las declaraciones de los políticos o de quien sea.

Esta persona cumplió cinco años el año en que se iniciaron las emisiones de televisión en España (1956), y si consideramos como ‘niño’ el infante de hasta unos ¿14? Años, nos planteamos la vida en torno al año 1965.

Quien lo haya vivido o tenga interés en saberlo, es perfectamente conocedor de que en ese año (y a pesar de que España fuera Campeona de Europa de Fútbol en 1964, como nos recordaría José Luis Garci), la difusión de la televisión en los hogares españoles era más bien escasa, y de hecho, en numerosísimos pueblos existía lo que se llamaba ‘Teleclub’, es decir, un local social, donde funcionaba la (casi) única televisión del pueblo, y servía, por ello, como centro de reunión para verla y comentar la programación.

En resumen, que si este mozo dependía de la televisión para entretenerse en su infancia (tratándose de la época de que se trataba), una de dos, o mala infancia tuvo (de normal, sin esperar a Semana Santa) o, directamente, miente.

Yo, desde luego, lo que recuerdo, años más tarde, claro, era que existía una programación para las fechas, y en particular, para los niños estaba lo que llamaban “Especial Vacaciones”, tanto para Navidad como para Semana Santa, y que, al margen de estos programas (la radio, por cierto, no la solían escuchar los niños, yo al menos), siempre estaba el correspondiente solar donde nos íbamos ajugar al fútbol (los niños; las niñas, quienes esto lean, podrán opinar).

Como dice mi hermano, y estoy de acuerdo, hay otro elemento más para enjuiciar estas declaraciones: una, que siendo su padre quien era (Julián Marías), cabe dudar de si tenían un televisor en casa (al menos, como herramienta de entretenimiento de la familia, en vez de herramiento de trabajo del padre); y la otra, que menos mal que su padre ya no está con nosotros, porque de la cantidad de estupideces que está últimamente soltando el retoño, nos dejaba.

En su momento, Javier Marías escribía en El Semanal (ahora XL Semanal del grupo Vocento), de cuyos artículos tengo una colección que algún día ordenaré e incluso encuadernaré (ya que los tengo, ¿no?), hasta que se pasó al suplemento semanal de El País, momento a partir del cual dejé de leerlo.

Por otro lado, salvo error, de su obra literaria sólo tengo Corazón tan blanco (aunque ahora no dispongo de datos para saber cómo ha sido esto), que aún no he leído, y que me parece que va a seguir en esta situación bastante tiempo.

El resto de sus opiniones se califican ellas solas, así que eso me ahorro.

P.S. Ayer, 3 de abril, me ‘obligaron’ a comprar un descodificar de ésos de la TDT.
Pero si esperan que lo ponga ahora en marcha, que lo hagan sentados.

Créditos:
Foto de la imagen de televisión, del autor.
Mencheta del periódico Der Tagesspiegel del día 24 de enero de 2010, escaneada por el autor.
Foto de Javier Marías, de EFE, tomada de la noticia enlazada de Libertad Digital.

Il Signor non è morto!

Uno de los momentos más emocionantes de Cavalleria rusticana es el momento en el que se canta el himno de la Pascua de Resurrección.


Inneggiamo,
Il signor non è morto!
Ei fulgente ha dischiuso l’avel,
Inneggiamo al Signore risorio
Oggi asceso alla glora del ciel!



Cantemos himnos,
¡el Señor no ha muerto!
Radiante de gloria abrió la tumba,
cantemos himnos al Señor resucitado,
ascendido este día a la gloria del cielo.


Alleluja! Alleluja! Alleluja!


Nota:
El otro día comentábamos cómo el vestuario de Cavalleria rusticana no era negro en todos los casos. En las fotos del ensayo general ya se apreciaba, y en el enlace de la representación en el Teatro Real de 2007 se puede observar que quienes visten de blanco son… los penitentes.

Créditos:
Fotograma de la representación en el Teatro Real en 2007.
Traducción tomada de Mascagni.Cavalleria rusticana – Leoncavallo.I Pagliacci.
Enlace a la escena en la representación en Tokio, en 1976, con Fiorenza Cossotto como Santuzza.
Enlace a la escena en la representación en Madrid, en 2007 (misma producción que la del Palau de les Arts de Valencia de 2010), con Violeta Urmana como Santuzza.

domingo, 12 de abril de 2009

Non est hic

Et ecce terraemotus factus est magnus. Angelus enim Domini descendit de caelo: et accedens revolvit lapidem, et sedebat super eum: erat autem aspectos eius sicut fulgur: et vestimentum eius sicut nix. Prae timore autem eius exterriti sunt custodes, et facti sunt velut mortui. Respondens autem angelus dixit mulieribus: Nolite timere vos: scio enim, quod Iesum, qui crucifixus est, quaeritis: non est hic: surrexit enim, sicut dixit.
(secundum Mattaeum, 28, 2-6)

Et respicientes vidernt revolutum lapidem. Erat quippe magnus valde. Et introeuntes in monumentum viderunt iuvenem sedentem in dextris, coopertum stola candida, et obstupuerunt. Qui dicit illis: Nolite expavescere: Iessm quaeritis Nazarenum, cricifixum: surrexit, non est hic.
(secundum Marcum, 16, 4-6)

Et ingressae non invenerunt corpus Domini Iesu. Et factum est, dum mente consternatae essent de isto, ecce duo viri steterunt secus illas in veste fulgente. Cum timerent autem, et declinarent vultum in terram, dixerunt ad illas: Quid quaeritis viventem cum mortuis? non est hic, sed surrexit.
(secundum Lucam, 24, 3-6)

Tunc ergo introivit et ille discipulus qui venerat primus ad monumentum: et vidit, et credidit: nondum enim sciebant Scripturam, quia oportebat eum a mortuis resurgere.
(secundum Ioannem, 20, 8-9)

Luces,...

Esta noche, mientras preparaba la cena, tenía puesta la radio, por la que retransmitían los actos que se estaban celebrando en la Catedral de Orihuela con motivo de la Semana Santa. En concreto, naturalmente, se trataba de la celebración del Sábado Santo, con los prolegómenos inmediatos a la Pascua de Resurrección, en definitiva, la Vigilia Pascual.

De pronto, escucho que “la iglesia ha quedado totalmente a oscuras” y que “se está procediendo a la bendición del lucernario”.

Estas palabras me traen recuerdos y comienzo a prestar más atención. Conforme sigue la retransmisión, se recrean los recuerdos de tal día como hoy, es decir, Sábado Santo, pero de 2008 (entonces, el 22 de marzo), aunque en Florencia.

Esa noche, al pasar junto a la Catedral, o sea, el Duomo, vimos que entraba gente, por lo que, como buenos turistas, decidimos entrar, con determinación.

Tanta determinación, que tuvimos que frenar para saber dónde estábamos,… además de en medio de una oscuridad, claro, que comprendía toda el edificio.




Y muy cerca de la entrada o atrio, un fuego encendido.

La escena se desarrolló de manera similar a como la estaban describiendo en la radio, pues al fin y al cabo, la liturgia sólo cambia en el idioma.



Así, una vez bendecido el fuego, y encendido el Cirio Pascual, éste iniciaba su camino hacia el presbiterio con tres paradas para ser presentado a los fieles, momento en el que se cantaba, en italiano, algo así como “Luz de Cristo, demos gracias a Dios”, y se encendían unas cuantas de las luces de la Catedral. Con la finalización del recorrido, ya estaban todas las luces encendidas. Asimismo, los fieles encendían sus candelas de ese fuego bendecido.

En resumen, que todo este acto litúrgico muestra bien a las claras una decisión que, como se dice en el cine, podría resumirse en: “Luces,… ¡Acción!”

Como comentaron durante la retransmisión:

“Es el paso de las tinieblas a la Luz de Dios.”