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jueves, 28 de noviembre de 2013

Y van…

Mercedes Street proporcionaba tiempo abundante para pensar. Tiempo para añorar a mis amigos de Jodie. Tiempo para añorar el trabajo que había mantenido mi mente alejada de la misión que me había llevado hasta allí. Tiempo para comprender que la enseñanza había logrado mucho más que distraerme; había satisfecho mi mente como lo hace el trabajo cuando te importa, cuando percibes que existe una posibilidad real de marcar la diferencia.

Hoy ha quedado aprobada por las Cortes Españolas la nueva Ley sobre educación. Ya sólo falta sancionarla, publicarla y ejecutarla. Y a ver si esta vez…

¿Queréis saber qué es lo mejor de la enseñanza? Presenciar ese momento en que un chico o una chica descubre su don. No existe un sentimiento en la tierra similar.

Créditos:
Extractos de los capítulos 17 y 13 en la Parte 4 Sadie y el General y en la Parte 3 Viviendo en el pasado, respectivamente, de la obra de Stephen King 22/11/63, según traducción de José Óscar Hernández Sendín y Gabriel Dols Gallardo, tomado de la primera edición (marzo de 2012) realizada por Plaza y Janés (pp. 458 y 342), de la biblioteca del autor.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Primera dama, primero madre

- Señora Kennedy, de verdad que no hacía falta que llamase –dije–, pero es un honor oírla, esa es la verdad.


- Quería darle las gracias por lo que ha hecho –dijo ella–. Sé que mi marido ya se lo ha agradecido de parte de los dos, pero... Señor Amberson... –La primera dama se echó a llorar–. Quería darle las gracias en nombre de nuestros hijos, que han podido decirles buenas noches a su madre y su padre por teléfono esta noche.

Créditos:
Extracto del capítulo 29 en la Parte 6 Míster Tarjeta Verde, de la obra de Stephen King 22/11/63, según traducción de José Óscar Hernández Sendín y Gabriel Dols Gallardo, tomado de la primera edición (marzo de 2012) realizada por Plaza y Janés (pág. 794), de la biblioteca del autor.
Fotografía (de AFP), de John F. Kennedy en la Oficina Oval de la Casa Blanca, en Washington DC, jugando con sus dos hijos, John F. Kennedy, Jr. y Caroline Kennedy, el 10 de octubre de 1962, tomada del especial de infobae.com.

En el filo de la navaja

Al principio de la novela, el amigo de Jack Epping, Al, plantea la probabilidad de que Oswald fuera el único tirador en un noventa y cinco por ciento. Después de leer una pila de libros y artículos sobre el tema casi tan alta como yo, la situaría en un noventa y ocho por ciento, quizá incluso en un noventa y nueve. Porque todas las crónicas, incluidas las escritas por teóricos de la conspiración, cuentan la misma historia americana básica: he aquí a un peligroso canijo sediento de fama que se encontró en el lugar adecuado para tener suerte. ¿Que había muy pocas probabilidades de que pasara tal y como sucedió? Sí. También las hay de ganar la lotería, pero alguien la gana todos los días.


Probablemente las fuentes más útiles que leí en la preparación para esta novela fueron Case Closed, de Gerald Posner; Legend, de Edward Jay Epstein (una chifladura a lo Robert Ludlum, pero divertida); Oswald, un misterio americano, de Norman Mailer; y Mr. Paine's Garage, de Thomas Mallon. El último ofrece un brillante análisis de los teóricos de la conspiración y su necesidad de encontrar orden en lo que fue un suceso casi aleatorio. El Mailer también es excelente. Dice que acometió el proyecto (que incluye extensas entrevistas con rusos que conocieron a Lee y Marina en Minsk) creyendo que Oswald era la víctima de una conspiración, pero al final llegó a convencerse –a regañadientes– de que la vieja y aburrida Comisión Warren tenía razón: Oswald actuó solo.
Es muy, muy difícil que una persona razonable crea otra cosa. La Navaja de Occam: la explicación más sencilla suele ser la correcta.

La cuestión es que hay mucha gente que no es razonable, y claro, se corta con la navaja.

Créditos:
Extracto del Epílogo, de la obra de Stephen King 22/11/63, según traducción de José Óscar Hernández Sendín y Gabriel Dols Gallardo, tomado de la primera edición (marzo de 2012) realizada por Plaza y Janés (pág. 855), de la biblioteca del autor.
Fotograma de la película casera rodada en la Dealey Plaza de Dallas por George Jefferies el 22 de noviembre de 1963, justo antes del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, tomada de la noticia publicada por ABC el 21 de febrero de 2007, de la hemeroteca del autor.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Y al disco le salieron teclas

Había una cabina telefónica entre la estación de servicio y el concesionario adyacente. Entré, cerré la puerta, y leí el cartel escrito a mano sobre el anticuado aparato: RECUERDE: LLAMADAS AHORA A DIEZ CENTAVOS, CORTESÍA DE «MAMÁ» BELL.
(…) Inserté los diez centavos de 1953 en la ranura y fui recompensado con el tono de marcado. Realicé la llamada lenta y cuidadosamente, tratando de recordar si alguna vez había utilizado un teléfono con disco rotatorio. Creía que no. Cada vez que lo soltaba, el teléfono emitía un extraño cloqueo mientras el disco retrocedía a su posición inicial.

La escena anterior se sitúa en septiembre de 1958. Al revés que el protagonista de la novela, muchos de nosotros sí hemos hecho girar el disco de un teléfono, e, incluso, ni siquiera hemos podido hacerlo, ya que en nuestro aquel entonces y lugar, el servicio telefónico todavía no era automático.

Sin embargo, poco le quedaría al protagonista para ver cómo el disco empezaba a ser sustituido.

Gracias a la entrada en el mercado del teclado numérico (al principio con tantas teclas como cifras, y luego ya con las doce ahora conocidas), el tiempo dedicado a marcar se veía muy reducido, aunque se perdiera el encanto de ver cómo “el disco retrocedía a su posición inicial” (además de perder el ambiente creado por el “extraño cloqueo”).

Y esto tuvo lugar (en Estados Unidos, claro) un 18 de noviembre de, precisamente,… 1963.

Créditos:
Extracto del Capítulo 5, en la parte 2 El padre del conserje, de la obra de Stephen King 22/11/63, según traducción de José Óscar Hernández Sendín y Gabriel Dols Gallardo, tomado de la primera edición (marzo de 2012) realizada por Plaza y Janés (pp. 131-132), de la biblioteca del autor.
Datos tomados del artículo Pensado que el teléfono no arde, que no suena, que no interrumpe la cena, de Quim Monzó, publicado en Magazine, suplemento dominical repartido con el periódico Levante, el 18 de noviembre de 2007, de la hemeroteca del autor.
Imagen del anuncio de la exposición de la Fundación Telefónica, tomado de la contraportada del ABC Cultural de 20 de julio de 2013, de la hemeroteca del autor.

viernes, 8 de noviembre de 2013

La Historia pasa… sin enterarnos

En aquel año de elecciones presidenciales, pasé los meses de agosto y septiembre recorriendo Dallas en el Sunliner a la caza de un apartamento...

1960 fue en Estados Unidos  un año cuyas elecciones presidenciales presentaron unas características curiosas. Por ejemplo, fue el primero desde 1892 en que ya no se pudo hacer el recorrido de campaña de estado en estado sin salir de la zona de las elecciones (incluso, fue el primero en el que la caravana electoral no pudo acceder por tierra a uno de los estados en disputa -Hawai-); fue también el primero con la actual composición de los Estados Unidos de 50 estados, y por tanto, en el que ya no ondeaba la conocida bandera de las 48 estrellas; fue también nuevamente, como en 1864, un año con candidatos nacidos en el mismo siglo de las elecciones.

Y al igual que en 1892, y que en las primeras elecciones del siglo XX (1904), tuvieron lugar un martes 8 de noviembre.

Pero por lo que se conocen las elecciones de 1960 no es por nada de lo comentado, sino por ser las que ganó John Fitzgerald Kennedy.

El 22 de septiembre finalmente encontré un lugar que parecía habitable.

Otra cosa curiosa de aquellas elecciones es que fueron las primeras en las que la televisión tuvo un papel importante, no ya como canal de información, sino como lugar de debates electorales.

Aunque fueron cuatro los debates, el que marcó la campaña (y, podría decirse, la Historia) fue el primero, celebrado el 26 de septiembre, ante una audiencia de 70 millones de televidentes, atraidos supongo que más que por la política por la novedad de un debate televisado.

Por eso resulta también curioso que en una novela que se desarrolla en esos tiempos, y siendo Kennedy el personaje que continuamente está presente en ella, la siguiente referencia tras el 22 de septiembre sea:
El 28 de septiembre, una semana antes del inicio previsto de la Serie Mundial,...

Es decir, nada. A pesar de lo que, supuestamente, marcó aquel primer debate, en el desarrollo vital que se nos muestra en la novela, no hay ninguna referencia a él. En realidad, no deja de tratarse de una novela y por tanto, como bien se nos indica más adelante:
Vamos a dar otro salto adelante en el tiempo (las narraciones también contienen madrigueras de conejo, cuando uno se para a pensarlo), pero primero tengo que relatar un suceso más de 1960 [¿se tratará, ahora, de las mismas elecciones?]. Fort Worth. 16 de noviembre de 1960 [pues no, ya han pasado]. Kennedy, el presidente electo desde hacía poco más de una semana.

Como podemos ver, no siempre marca la vida un hecho histórico en el preciso momento en que se produce. Ni siquiera aunque haya sido televisado, como aquel primer debate. De hecho, la misma novela se preocupa de mostrarnos cuánto tardamos en darnos cuenta de la importancia de las cosas:
“[Jamás subestimes] el poder de la televisión. Sin la tele, Kennedy nunca hubiese ganado a Nixon.

(Este comentario se sitúa en marzo de 1963, dos años y medio después del primer debate.)

Eran las siete cuarenta y cinco de la tarde del 18 de mayo de 1961.

Y claro, si nada de lo anterior ha sido merecedor de figurar en las páginas de la vida, aunque sea novelada, la toma de posesión el 20 de enero de 1961, menos aún, ¿no?

Sin embargo, paso a paso, la Historia va construyéndose.

Créditos:
Extractos de los capítulos 12 y 13, en la Parte 3 Viviendo en el pasado, y 21, en la Parte 4 Sadie y el General, de la obra de Stephen King 22/11/63, según traducción de José Óscar Hernández Sendín y Gabriel Dols Gallardo, tomado de la primera edición (marzo de 2012) realizada por Plaza y Janés (pp. 315, 317, 332, 333,566 y 337), de la biblioteca del autor.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Cosas del tiempo

- A veces los acontecimientos que cambian la historia son generalizados, como una lluvia fuerte y prolongada sobre una cuenca entera que inunda las riberas de un río. Pero los ríos pueden incluso desbordarse en días soleados. Todo lo que se necesita es un chaparrón fuerte y prolongado en una pequeña zona de la cuenca. En la historia también existen riadas relámpago. ¿Quieres ejemplos? ¿Qué me dices del 11-S?¿O de la derrota de Gore en el 2000?
- Al, no puedes comparar unas elecciones nacionales con una riada.
- Quizá la mayoría no, pero las elecciones presidenciales del 2000 pertenecen a una categoría aparte. Imagina que pudieras volver a Florida en el otoño del doble cero y gastar doscientos mil dólares a favor de Al Gore. (…) La diferencia en Florida fue supuestamente inferior a 600 votos. ¿Crees que con doscientos de los grandes se podrían comprar seiscientos votos el día de las elecciones si todo se redujera a eso?
- A lo mejor –dije–. Probablemente. Supongo que aislaría comunidades con un alto grado de apatía y donde tradicionalmente la participación sea baja; no haría falta investigar demasiado. Y luego empezaría a repartir dinero.
Al sonrió burlonamente mostrando los huecos de dientes desaparecidos y las enfermizas encías.
- ¿Por qué no? En Chicago funcionó durante años.

Tal día como hoy (estamos en temporada), hace 13 años, tuvieron lugar las famosas votaciones, en las que el vencedor final lo fue con menos votos populares que quien resultó segundo, circunstancia que, aun poco habitual, es perfectamente posible (la vez anterior fue hace 125 años -y un día-, en 1888) en el país del «un hombre, un voto».

(Y sin contar, como los personajes de la novela, con doscientos mil dólares. ¿O sí?)

(Por cierto, ¿qué famoso político actual se formó en… Chicago?)

Créditos:
Extracto del capítulo 3 en la Parte I Momento divisorio, de la obra de Stephen King 22/11/63, según traducción de José Óscar Hernández Sendín y Gabriel Dols Gallardo, tomado de la primera edición (marzo de 2012) realizada por Plaza y Janés (pp. 75-76), de la biblioteca del autor.
Fotografía de un cartel en una ventana de la librería Shakespeare&Company, en París, en septiembre de 2008, del autor.

sábado, 6 de abril de 2013

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Fantástica y científica ficción

Y ya puestos,…










… que por imaginación no quede.









Créditos:
Imágenes de las cubiertas o sobrecubiertas de los libros en cuestión.

lunes, 23 de abril de 2012

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Bueno, un día es un Día

Historia, historia novelada, historia re-creada,... una investigación original, y unos investigadores originales.





Créditos:
Portadas de los libros comprados por la ocasión.