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domingo, 25 de marzo de 2012

Lecturas de otro Club

El pasado jueves tuvo lugar la presentación del Club de Lectura en Casa del Libro de Valencia.

Coronadas por numerosos retratos de escritores, y ante unos veinticinco curiosos, dos muchachas de la casa, Marta y Virginia, consiguieron superar el miedo escénico, y nos comentaron sus inquietudes sobre qué esperaban de y que fuera el Club de Lectura.

Así, el enfoque del Club se realizará sobre autores clásicos o, al menos, aquéllos suficientemente consolidados, buscando esa característica propia de los clásicos que es la de aportar siempre algo, en cualquier lugar, época u ocasión en que se lean (y se relean).

Como ejemplo de gustos, Virginia mencionó La montaña mágica de Thomas Mann, y Marta, La pequeña Dorritt de Charles Dickens. A partir de aquí, se habló del gran momento de la novela (el siglo XIX hasta mediado el XX), bien española, como La Regenta, de Clarín, bien extranjera, con Stendhal, mencionándose otros autores, menos proclamados, como Stefan Zweig, Irène Némirovsky (y su El baile),… incluso hubo quien mencionó a Saramago.

Sus exposiciones dieron pie a que varios de los presentes comentaran cuestiones diversas. Por ejemplo, una muchacha habló de lo que le gusta la literatura fantástica, y tras algunas discrepancias en relación con Tolkien, se llegó al acuerdo de la importancia de Lovecraft

Asimismo, unas referencias a Muerte en Venecia introdujeron el tema nunca resuelto de la literatura y el cine.

Se leyó entre varios presentes El campesino Maréi, un breve cuento de Dostoievski, lo que introdujo el tema de los relatos de los grandes novelistas rusos, y, en general, del relato frente la novela.

El encuentro estuvo entretenido, ágil y con participación de los presentes. Tan así, que llegó el momento de tener que irse algunos, y aún ni se había planteado qué libro elegir para empezar la andadura del Club.

Como bien ha señalado caraguevo en su comentario a la anotación de anuncio del Club, la obra que resultó elegida por votación entre las tres propuestas, es El mar de John Banville, y el día para su puesta en común, es el próximo 25 de abril, miércoles.

Ocasión en la que, Dios mediante, estaremos de nuevo presentes.

Créditos:
Fotografía de un momento de la presentación, del autor.

domingo, 11 de marzo de 2012

Ley… y Justicia

“Por fin, llegó la hora. Estaba en la Carrera de San Jerónimo; atravesó la calle; a fuerza de cortesías y codazos discretos, temerosos, se hizo paso entre la multitud que ocupaba la entrada del Imperial. Llegó el trance serio, el de cruzar la calle de Alcalá. Tardó un cuarto de hora en decidirse. Aprovechó una clara, como ella decía, y, levantado un poco el vestido, echó a correr... y sin novedad, entre la multitud que se la tragaba como una ola, arribó a la calle de la Montera, y la subió despacio, porque se fatigaba. Se sentía más cansada que nunca. Era la debilidad acaso; el chocolate se le había atragantado con la riña del gato. Atravesó la red de San Luis, pensando: «Debía haber cruzado por abajo, por donde la calle es más estrecha.» Entró en la calle de Fuencarral, que era de las que más temía; allí los raíles del tranvía le parecían navajas de afeitar al ras de sus carnes: ¡iban tan pegados a la acera! Al pasar frente a un caserón antiguo que hay al comenzar la calle, se olvidó por un momento, contra su costumbre, del peligro y de sus cuidados para no ser atropellada; y pensó: «Ahí creo que vive el señor Cánovas.... Ése podía hacerme el milagro. Darme... una Real Orden... yo no sé... en fin, un vale para que el señor americano tuviera que venderme el cuadro a la fuerza... Dicen que este don Antonio manda tanto... ¡Dios mío! el mandar mucho debía servir para esto, para mandar las cosas justas que no están en las leyes.»”

Créditos:
Extracto del capitulito XI y último de Doña Berta, de Leopoldo Alas, Clarín (las negrillas son mías).

martes, 6 de marzo de 2012

Abrigo, cobijo, ánimo y fuerza

“Todos buenos, afables, como Berta, que era una sonrisa andando, hacían obras de caridad... desde lejos. Temían al vulgo, a quien amaban como hermano en Cristo, no en Rondaliego; su soledad aristocrática tenía tanto de ascetismo risueño y resignado, como de preocupación de linaje.”

Y sin embargo…

“Amanecía, y la nieve que caía a montones, con su silencio felino que tiene el aire traidor del andar del gato, iba echando, capa sobre capa, por toda la anchura de la Puerta del Sol, paletadas de armiño, que ya habían borrado desde horas atrás las huellas de los transeúntes trasnochadores. Todas las puertas estaban cerradas. Sólo había una entreabierta, la del Principal; una mesa con buñuelos, que alguien había intentado sacar al aire libre, la habían retirado al portal de Gobernación. Doña Berta, que contemplaba el espectáculo desde una esquina de la calle del Carmen, no comprendía por qué dejaban freír buñuelos, o, por lo menos, venderlos en el portal del Ministerio; pero ello era que por allí había desaparecido la mesa, y tras ella dos guardias y uno que parecía de telégrafos. Y quedó la plaza sola; solas doña Berta y la nieve. Estaba inmóvil la vieja; los pies, calzados con chanclos, hundidos en la blandura; el paraguas abierto, cual forrado de tela blanca. «Como allá, pensaba, así estará el Aren.» Iba a misa de alba. La iglesia era su refugio; sólo allí encontraba algo que se pareciese a lo de allá. Sólo se sentía unida a sus semejantes de la corte por el vínculo religioso. «Al fin, se decía, todos católicos, todos hermanos.» Y esta reflexión le quitaba algo del miedo que le inspiraban todos los desconocidos, más que uno a uno, considerados en conjunto, como multitud, como gente. La misa era como la que ella oía en Zaornín, en la hijuela de Pie de loro. El cura decía lo mismo y hacia lo mismo. Siempre era un consuelo. El oír todos los días misa era por esto; pero el madrugar tanto era por otra cosa. Contemplar a Madrid desierto la reconciliaba un poco con él. Las calles le parecían menos enemigas, más semejantes a las callejas; los árboles más semejantes a los árboles de verdad.”

«Todos católicos, todos hermanos.»

Magnífico resumen.

Créditos:

Extracto del capitulito III e inicio del capitulito VIII de Doña Berta, de Leopoldo Alas, Clarín.
Detalle de fotografía de la fachada de la iglesia del Carmen, en la calle del Carmen, en Madrid, de agosto de 2007, del autor.