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martes, 15 de junio de 2010

Vuelco total: el 15 se convierte en 51

El dos de julio de 1947 sucedió cerca de Roswell (Nuevo Méjico) un incidente que ha venido coleando desde entonces. Según se informó, se produjo la caída de un globo meteorológico; sin embargo, entre que parece que fue algo aparatosa, y que hubo testigos que afirmaron cosas bastante extrañas, los rumores no tardaron en asentarse y propalarse. Los desmentidos, naturalmente, sólo corroboraban lo afirmado en los rumores. Y éstos decían, ni más ni menos, que aquel incidente fue en realidad un accidente sufrido por una nave extraterrestre (un OVNI o UFO), tripulada, e incluso, que uno de los alienígenas había sobrevivido y estaba custodiado en unas instalaciones, más que militares, más que secretas: la famosa Área 51.

Aparte de que todas estas narraciones hayan tenido un cierto éxito, también han generado ironías. Por ejemplo, no recuerdo en qué película se afirma que el Área 51 no existe, y todo es un rumor… para ocultar la verdadera existencia del Área 52.

Por otro lado, ha servido como referencia justo al revés, como en la película Planet 51. Sobre ésta, elentir ya nos la recomendó en su momento (aunque yo sigo sin verla aún), y ya que sobre el vídeo enlazado de Youtube se nos informa ahora que “Este vídeo se ha suprimido debido a una infracción de los términos de uso”, pongo el enlace con las páginas oficiales de la productora y de la película para quien esté interesado.

Todo esto se supone que venía a cuento de la noticia publicada el pasado día 2 de junio por el Ayuntamiento de Valencia, sobre el Consorcio Espacial Valenciano y el Laboratorio de Radiofrecuencia de Alta Potencia de la Agencia Espacial Europea, con sede en Valencia.

Sin embargo, mientras preparada esta anotación me ha venido a la memoria otra película Hombres de negro (o sea, M.I.B. Men in Black) donde se nos cuenta algo increíble: efectivamente los extraterrestres están aquí, entre nosotros desde hace tiempo, y de hecho las primeras naves con las que llegaron están guardadas en Queens... a la vista de todos para no despertar sospechas.

Naturalmente se trata de una película. Aunque no se puede dejar de recordarla cuando, por ejemplo, se visitó en la Gran Vía Marqués del Turia la exposición que hubo el pasado año donde figuraba la obra de Juan Muñoz Al norte de la tormenta.

Y desde luego y sobre todo, cuando uno pasa junto junto al centro de El Corte Inglés de Avenida de Francia.



Todo esto, sinceramente, constituía como dirían los abogados, “pruebas circunstanciales” hasta que el pasado día 2 de junio, justo cuando se publicaba la noticia antedicha, y a falta de un mes exacto de que se cumplieran 63 años del incidente de Roswell, desplazándome por las calles de Valencia, pude ver, en el vehículo que tenía delante, lo que se muestra en la foto.

¡Ya están aaaquíííí!

Créditos:
Imagen de Planet 51 tomada de la página de la productora.
Fotograma de Hombres de negro, tomado de internet.
Fotografía de la escultura de Juan Muñoz, de julio de 2009, del autor.
Fotografías de la cubierta de la terraza de El Corte Inglés-Avenida de Francia (exterior y desde la cristalera de la séptima planta), en Valencia, junio de 2010, del autor.
Fotografía de detalle del vehículo que iba delante de mí, de junio de 2010, del autor.

sábado, 1 de agosto de 2009

Me he perdido

“Los lugares no identificados e inidentificables, es decir los que no están en ‘ningún sitio’ o ‘en ninguno susceptible de ser nombrado’, fueron una constante en la obra de Muñoz desde sus inicios a mediados de los ochenta. (…) Dado que esos ámbitos reales son enseguida sacados de su contexto literal, el desplazamiento, el nomadismo y la alienación se convirtieron en temas centrales del arte de Muñoz. Anthony Vidler acuñó la contundente expresión «entornos vagabundos» para aludir a lugares que «rechazan los tópicos de la chimenea y el hogar con el fin de expresar las incertidumbres de la tierrra de nadie». Para él, esos extraños espacioes arquitectónicos son los «equivalentes más directos de la otredad que anida en el fondo del yo moderno». En consecuencia, los espacios residuales y de transición, entre ellos los balcones y las escaleras, se convierten en refugios de todas las figuras, reales e imaginarias, de Muñoz.”

Este texto (tomado del folleto) es de Lynne Cooke, quien (en el MNCARS) junto con Sheena Wagstaff (en la Tate Modern), son las personas encargadas del comisariado de la exposición.

Hace unos días, caragüevo publicó una anotación sobre la retrospectiva de Juan Muñoz en el Centro de Arte Reina Sofía. En ella, comentaba que “si se te olvida en la entrada coger el programa de la exposición date por jodido. Te volverás loco y no encontrarás ninguna indicación realmente útil para encontrar alguno de los espacios expositivos”. Y si lo coges, y lo lees, también te vuelves loco.

Menos mal que en su anotación hacía el enlace a un reportaje de TeleMadrid sobre la exposición, que cumple perfectamente con una frase del folleto: “Como pone de manifiesto este folleto, el lenguaje escrito, aun acompañado de ilustraciones, también es un medio muy imperfecto cuando se trata de evocar algo tan fundamentalmente escurridizo como una ilusión óptica. Es decir, ni la grabación ni el texto pueden eficazmente engendrar la imagen, que donde mejor se plasma es en la imaginación visual.”

En la presentación del reportaje se dice, en relación con las diversas salas y lugares del Museo en que se ubica la exposición, que “sus instalaciones necesitan mucho espacio”. Efectivamente uno se queda pensando que este tipo de obras son, desde su propia concepción, “institucionales”, orientadas directamente a Museos y Fundaciones, porque a ver quién va a tener en su casa un salón capaz de albergar una performance como la de los ‘orientales’.

En el texto de Lynne Cooke se dice de la obra de Muñoz que produce “un efecto extrañamente perturbador”, que “desorientaba al espectador”, que “descolocan al espectador”, que “su contexto no deja de ser críptico”: “Aquí, al igual que en toda su obra, el marco del relato se presenta sin ninguna indicación clara sobre cómo pueda desarrollarse.”

Desde luego, y no hace falta que lo jure, quien no puede dar “ninguna indicación clara” sobre la obra de Juan Muñoz, soy yo.