Cuando en 1978 le
concedieron el Premio Nobel de Literatura a Isaac Bashevis Singer, según
recuerdo de entonces, era común, ante el desconocimiento de su obra (bueno, en
realidad, de él), que a la demanda de algo suyo en librerías se contestara que
en ese tipo de tiendas no se vendían máquinas de coser.
Sin embargo, la
literatura no es rencorosa, y aunque sea a través de la televisión, parece que
ha conseguido trasladar parte de su éxito a las máquinas de coser.
Créditos:
Fotografía de una máquina
de coser Singer, en el hotel Bisanzio, en Venecia, en septiembre de 2009, del
autor.






