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lunes, 26 de marzo de 2012

Hay pastores y pastores, y borregos y borregos

“Un Lobo, que no encontraba bastante pasto entre las ovejas de la vecindad, buscó la ayuda de una piel de zorro para disfrazarse. Vistióse de pastor, endosando una zamarra, empuñó un cayado y colgó á la espalda una zampoña. Para completar la estratagema, no le faltaba más que escribir en la cinta del sombrero: «Yo soy Perico, pastor de este rebaño.» Metamorfoseado de tal suerte, y apoyando las patas delanteras en el cayado, acércase poco á poco el fingido Perico. El Perico de veras, tendido sobre el blando césped, dormía como un lirón. Dormía también su perro, y hasta la gaita dormía. Para dormir todos, dormían asimismo las ovejas. A fin de engañarlas mejor, y atraerlas á su madriguera, el Lobo quiso reforzar con sus palabras el engaño de su disfraz; pero esto fué lo que le perdió. Por más que hizo, no pudo imitar la voz del pastor. El áspero timbre de la suya hizo resonar el bosque y descubrió la añagaza. Despertaron todos, las ovejas, el mastín y el zagal. El pobre Lobo, con el estorbo de la zamarra, no pudo huir ni defenderse.
* * *
Siempre dejan los bribones algún cabo suelto. El lobo obra siempre como lobo.”

Créditos:
Fábula III, El Lobo Pastor, del Libro Tercero, de la recopilación Fábulas de La Fontaine, tomada de la edición facsimilar publicada por Ediciones Atlas en mayo de 2007, de la edición de Montaner y Simón, en 1885, con traducción de Teodoro Llorente, y con ilustraciones de Gustavo Doré.
Ilustración de Gustavo Doré, a plana completa fuera de texto, que sigue a la fábula en cuestión.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Llevando la contraria a los clásicos… flexibles

Hay una fábula de Esopo, titulada La encina y la caña que habla sobre lo beneficioso que resulta ser flexible ante “los que son más fuertes”, mostrándolo en que la caña, cediendo antre un “fortísimo viento”, “consiguió librarse de ser arrancada de raíz, mientras que la encina, por resistirse, fue arrancada de cuajo”.
La Fontaine, en su fábula del mismo título, nos muestra tras un diálogo entre encina y caña, más literariamente, idéntico resultado:

“Apenas dijo estas palabras, de los confines del horizonte acude furibundo el más terrible huracán que engendró el septentrión. El árbol resiste, la caña se inclina; el viento redobla sus esfuerzos, y tanto porfía, que al fin arranca de cuajo la Encina que elevaba la frente al cielo y hundía sus pies en los dominios del Tártaro.”
Babrio, otro fabulador griego (sobre el siglo III d.C.) nos muestra nuevamente el distinto fin de una encina y, en este caso, unos juncos (aunque también figura la caña en el título de la fábula), con la misma conclusión: “la fábula nos revela que nos hay que luchar contra los poderosos, sino ceder”.
Sin embargo, en la reformulación de Babrio hay una variación:
“A una encina de raíz arrancó el viento en la montaña y dio con ella en el río. Y éste le arrastraba entre sus remolinos en su enormidad de árbol plantado por hombres de otras generaciones.”
Variación que me da pie para contraformular la fábula:
«Y la encina, flotando sobre las aguas y remolinos, en su enormidad de árbol, permitió que un hombre arrastrado como ella por el viento contra las aguas turbulentas del río, se agarrara al tronco, y se salvara de resultar ahogado.»
Créditos:
Transcripciones de La encina y la caña, fábula de Esopo, según traducción de Pedro Bádenas de la Peña, publicada por Gredos en 1982, y reeditada por RBA en el volumen titulado Fábulas, como número 8 de su colección Biblioteca Gredos, en 2006.
Ilustración de Gustavo Doré, mostrando la encina caída, y párrafo final de la fábula, según traducción de don Teodoro Llorente, tomados de Fábulas de La Fontaine, edición facsimilar de Atlas Ediciones en 2007 de la de Montaner y Simón, Editores de 1887.
Transcripciones de La encina y la caña, fábula de Babrio, según traducción de Javbier López Facal, tomadas de la misma obra que las de la fábula de Esopo.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Une fontaine pour se rafraîchir (et raviver)

“Después de mil años, y aun más, de guerra á muerte, hicieron paz los Lobos y las Ovejas. Ambas partes ganaban, porque si es verdad que los Lobos devoraban de vez en cuando alguna res extraviada, no es menos cierto que los pastores los desollaban y hacían con sus pieles las zamarras. Ni las Ovejas tenían tranquilidad para pacer, ni los Lobos para cazar. Unos y otras estaban en continua zozobra. Firmóse, pues, la paz, y dieron en rehenes, los Lobos á sus lobeznos, las Ovejas á sus perros. Hízose el cambio con toda la solemnidad, y al cabo de algún tiempo que los señores lobeznos se vieron convertidos en lobos hechos y derechos, hambrientos y voraces, aprovecharon la ocasión de no estar los pastores en el hato, degollaron la mitad de los mejores corderos, y arrastrándolos con los colmillos, retiráronse al espesor de la selva. Habían avisado bajo mano á los suyos, y los perros, que dormían confiados, fueron tambien pasados á degüello. La matanza se hizo en un abrir y cerrar de ojos; ni uno solo escapó.

Esta lección nos demuestra que á los malvados hay que hacerles continua guerra. Buena es la paz, convengo en ello; pero, ¿de qué sirve, si el enemigo es desleal?
”

Hoy se cumplen tres semanas de la famosa excreción realizada por la ETA, y entusiásticamente recogida por numerosos individuos como si se tratara de las propias de sus mascotas en plena calle.

Sin embargo, cuán necesario, conveniente y esclaredor es, en estas ocasiones, consultar las fuentes.

Créditos:
Fábula XIII, Los Lobos y las Ovejas, del Libro Tercero, de la recopilación Fábulas de La Fontaine, tomada de la edición facsimilar publicada por Ediciones Atlas en mayo de 2007, de la edición de Montaner y Simón, en 1885, con traducción de Teodoro Llorente, y con ilustraciones de Gustavo Doré.
Ilustración de Gustavo Doré, a plana completa fuera de texto, que antecede a la fábula en cuestión.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Y ahora, ¿dónde los pongo?: ¿Fábulas, cuentos? ¡Historia!

Dícese que las fábulas y los cuentos, más si son de hadas, ilustran e iluminan muchos de los aspectos de la vida humana,. ¿Qué decir entonces si, además, están ilustrados por Gustavo Doré?



Y entre los aspectos de la vida humana, naturalmente, está la Historia.



Nota:
Debe señalar que me sorprendí mucho cuando Ricardo de la Cierva fue invitado a comentar este último libro suyo en su programa por César Vidal (estoy convencido de ello, aunque yo no encuentro forma de localizar el audio del programa). Algo bueno tuvo, pues: me enteré de la publicación, y aquí está.

Créditos:
Portadas de los libros en cuestión.