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viernes, 21 de marzo de 2014

Continuamente empezando

“Ya fuese porque había agraviado a Salmoneo, o traicionado el secreto de Zeus, o porque siempre había vivido robando y matando con frecuencia a inocentes viajeros -algunos dicen que fue Teseo quien puso fin a la carrera de Sísifo, aunque esto no se menciona entre las hazañas de Teseo-, el caso es que Sísifo recibió un castigo ejemplar. Los Jueces de los Muertos le mostraron un enorme bloque de piedra -del mismo tamaño que aquel en que se había convertido Zeus cuando huía de Asopo- y le ordenaron llevarlo rodando cuesta arriba hasta la cima de una montaña y soltarlo cuesta abajo en la otra ladera. Hasta ahora no ha conseguido hacerlo. Cada vez que está a punto de llegar a la cima, el peso de la desvergonzada piedra le obliga a retroceder, y la mole vuelve una vez más a la misma base. Allí la vuelve a tomar pesadamente y debe empezar de nuevo, a pesar de que el sudor empapa sus miembros y una nube de polvo se alza sobre su cabeza.”

No sé por qué motivo, me viene a la memoria el mito de Sísifo, mejor dicho, su castigo, cada vez que me pongo a ordenar los libros en casa.

Sin ir más lejos, estos días… Mira, lo mismo me voy a Madrid, a ver la exposición en el Prado.

Créditos:
Extracto del apartado dedicado a Sísifo, en Los mitos griegos, obra de Robert Graves, según traducción de Esther Gómez Parro, tomado de la edición realizada por RBA para la colección distribuida en kioscos Grandes obras de la cultura (pág. 241), de la biblioteca del autor.
Imagen de la invitación recibida de Fundación Amigos Museo del Prado, en relación con la exposición Las Furias, representando un detalle de la obra Sísifo, óleo sobre lienzo de Tiziano, en el Museo del Prado, en Madrid (que es la misma obra que figura en la anotación Abstenerse sensibles del blog Miradas al fresco, en el periódico El Mundo, aunque en el pie se identifique de otra manera).

domingo, 12 de enero de 2014

Ten amigos…

En mi última visita al Museo del Prado, finalmente, me hice ‘amigo’ del Museo; en definitiva, me uní a una asociación (o fundación, en este caso) para dar un cierto apoyo económico (y moral) al Museo.


Al cabo de un tiempo, recibí una carta con dos sorpresas:
La primera, que a pesar de estar la fundación en Madrid, el sobre había sido franqueado en la provincia de Barcelona, o, al menos, esa era la dirección del gestor postal que lo había hecho.

La segunda, que la dirección de marras era en la calle… ¡Pablo Iglesias!

Salvo esto, todo lo demás, muy bien.

Créditos:
Imagen del logotipo de la Fundación Amigos del Museo del Prado, que figura en el sobre en cuestión.

martes, 15 de octubre de 2013

Y ahora, ¿dónde los pongo?: El sitio habrá que pintarlo


Estos días pasados he estado en diversas exposiciones en Madrid, varias de ellas de pintura, en el Prado y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, con la consiguiente dosis de catálogos.

Además, en esta ocasión, en el Museo del Prado, junto con la entrada pedí también la Guía del Prado, que casi se me olvida reclamar en la tienda; y, además, como iba con tiempo, por fin me decidí a tramitar mi solicitud de amistad al Museo (no la de las redes sociales, sino con la que se contribuye económicamente), lo que me supuso el regalo de una segunda guía.

Bueno, y también hubo dosis de catálogos de exposiciones que finalmente no pude visitar… en este viaje.

Créditos:
Cubiertas de los catálogos y guías en cuestión.

lunes, 14 de octubre de 2013

Manos lavadas ¿y limpias?

Mañana se celebra el día internacional (¡sí, hay más días que longanizas!) del... lavado de manos.

Menos mal que es un planteamiento de salud…


… y no de decisiones. Creo.

Créditos:
Imagen de Pilatos lavándose las manos, óleo sobre lámina de cobre, fechado en 1655-1660, obra de Luca Giordano, existente en el Museo del Prado, en Madrid, tomada del catálogo de la exposición La Belleza encontrada, actualmente en el mismo museo, en la biblioteca del autor.

jueves, 21 de marzo de 2013

Dentro/Fuera: ilustrándolo con dibujos

“El viejo tópico de que los artistas españoles nunca se interesaron demasiado por el dibujo se ha ido desmontando poco a poco.”

No sé si ese desinterés es un tópico. El caso es que sí es cierto que no he apreciado, cuando de explicaciones de arte español se ha tratado, que se hiciera referencia a dibujos de los artistas (qué diferencia con el caso de Leonardo da Vinci), más allá del lógico suponer que los hubiera en relación con los preparativos para pintar los cuadros o esculpir las figuras por los que sí son conocidos.

Mención aparte, claro está, siempre ha sido Goya, dando una idea, por tanto, de excepción a una regla… a lo que se ve inventada por la forma de estudiar el arte español.

Una oportunidad de ver que la situación no era ésta se abre a través de la exposición que hasta el próximo 16 de junio se ofrece en el Museo del Prado: El trazo español en el British Museum. Dibujos del Renacimiento a Goya.

Y es que, como siempre, tienen que venir de fuera para decirnos lo bueno que tenemos dentro (aunque ahora esté fuera porque se lo hayan llevado). Así que, a ver si los de dentro no nos quedamos fuera, y entramos en la exposición.

Créditos:
Inicio del artículo de José Ramón Ladra publicado en ABC ayer, día 20 de marzo.
Imagen de Don Quijote acosado por monstruos, de Francisco de Goya, dibujo a pincel en tinta gris sepia y aguada, 207 x 144 mm, c. 1812 – 1820 © The Trustees of the British Museum 1862,0712.188, integrante de la exposición, tomada de la página de internet de la misma.

domingo, 17 de marzo de 2013

Lo/la corriente cerrando puertas

“(…) mientras dejaban los abrigos en las perchas del guardarropa, a la entrada del comedor. Luego entraron en la luminosa sala, de techo ligeramente abovedado, donde se oían el rumor de las voces y el golpeteo de los cacharros, y las criadas iban y venían llevando jarras humeantes.
(…)
De pronto, Hans Castorp se estremeció, irritado y ofendido. Acababan de dar un portazo, era la puerta de la izquierda que se abría directamente al vestíbulo; alguien había dejado que se cerrase sola o la había cerrado de golpe, y Hans Castorp odiaba aquel ruido desde hacía mucho tiempo. Tal vez ese odio provenía de su educación, tal vez constituía una idiosincrasia congénita; en suma, odiaba los portazos y la habría emprendido contra quien se permitiera darlos en su presencia. Además, la parte superior de aquella puerta era toda de pequeños cristales, lo cual hizo el impacto aún más ruidoso.
«¡Pero bueno! –pensó Hans Castorp, furioso–, ¿a qué viene ese maldito estrépito?»
Por otra parte, como en aquel momento la costurera le estaba dirigiendo la palabra, no tuvo tiempo de comprobar quién era el culpable. No obstante, unas arrugas aparecieron entre sus cejas rubias y su rostro se alteró con gesto de profundo desagrado mientras le contestaba.”

“Pasó una hora. Una hora normal, ni larga, ni corta. Al cabo de esta hora resonó un gong por toda la casa y el jardín, al principio lejos, luego más cerca, y finalmente, de nuevo lejos.
- El almuerzo – dijo Joachim, y se oyó cómo se levantaba.
También Hans Castorp dio por terminada su cura de reposo y entró en la habitación para arreglarse un poco. (…)
El comedor entero estaba inundado de un blanco resplandeciente: delante de cada cubierto había un vaso grande de leche, de medio litro al menos.
(…)
- Ahí vienen tus vecinos –le dijo Joachim en voz baja, inclinándose hacia él.
El matrimonio pasó muy cerca de Hans Castorp de camino a la última mesa de la derecha, la «mesa de los rusos pobres», (…) Hans Castorp los miró con una falta de consideración extraña en él y que a él mismo le pareció brutal; pero esa misma brutalidad le produjo de repente cierto placer. Sus ojos eran a la vez fríos y penetrantes. Cuando, al instante, la puerta de cristales de la izquierda se cerró con un enorme estrépito, al igual que durante el primer desayuno, Hans Castorp no se estremeció como antes, sino que tan sólo hizo una mueca de desidia; y, cuando fue a volver la cabeza hacia aquel lado, pensó que era demasiado esfuerzo y que no valía la pena. Así que tampoco esta vez pudo comprobar quién andaba dando portazos tan alegremente.”

Uno de los problemas que tiene el diseño del Templo de la Parroquia de los Mártires Valencianos son las puertas de acceso a la nave: son grandes, con marco metálico, que origina un molesto estruendo al llegar el correspondiente portazo cuando quien las franquea no acompaña suavemente su cierre.

Esto, naturalmente, sucede durante todas las misas, ya que la puntualidad no es algo que se prodigue. Como no suelo estar cerca de las puertas, no alcanzo a ver  quiénes proclaman así su llegada; ni tampoco me giro para averiguarlo ya que para ello se precisaría casi media vuelta, algo, como cabe entender, demasiado indiscreto.

De la misa de anoche sábado sólo recuerdo un portazo, pero se hizo notar, y resultó aún más molesto por cuanto coincidió con la interesante homilía del sacerdote, quien tuvo que hacer una pausa, digamos que a la espera de que se amortiguara el eco del inesperado ruido.

“No sabía cuánto tiempo había pasado. Cuando llegó el momento, sonó el gong. Pero todavía no marcaba la hora de la comida, sino que sólo recordaba que había que prepararse, como Hans Castorp sabía; así pues, permaneció tendido hasta que la vibración del metal retumbó y se alejó por segunda vez. (…)
La puerta de la cristalera volvió a dar un portazo –fue cuando comían el pescado–. Hans Castorp se estremeció, molesto, y con ansiosa rabia se dijo que esa vez tenía que conocer al culpable. No sólo lo pensó, sino que lo articuló en voz baja, tan en serio se lo había tomado.
- ¡Tengo que saberlo! –murmuró con una pasión tan exagerada que miss Robinson y la institutriz le miraron extrañadas.
Y, a tiempo, se volvió hacia la izquierda y abrió cuanto pudo sus ojos inyectados en sangre.”

En este caso, yo… tampoco me volví.

“- ¡Debería cerrar la puerta como Dios manda –dijo Hans Castorp.”

Sí, y sobre todo, en una iglesia, y, más aún, durante la Eucaristía, ¿no?

Créditos:
Extractos de los apartados Desayuno, Lucidez y ¡Una mujer, naturalmente!, del capítulo 3, según traducción de Isabel García Adanes (de 2005), de La montaña mágica, de Thomas Mann, tomados de la séptima reimpresión (septiembre de 2012) de la primera edición (abril de 2009), realizada por Edhasa como número 233 de su colección Pocket Edhasa (pp. 64-65 y 68-69, 99-100 y 101-102, y 109-112 y 114).
Fotografía de la puerta de bronce, obra de la escultora Cristina Iglesias, que desde octubre de 2007 da acceso a la ampliación del Museo del Prado en la zona de los Jerónimos, en agosto de 2010, del autor.

sábado, 7 de julio de 2012

Sin patrón y sin nave: menudo cuadro

Hoy se cumplen mil doscientos y un meses de la creación del Patronato para el Museo Nacional de Pintura y Escultura, o sea, para entendernos, el Patronato del Museo del Prado.

Dado el ambiento general que invade España (antes, ‘Estepaís’), la propuesta económica lógica es decidir la disolución del Patronato, y que sus labores, las haga el funcionario de turno.

Debo decir que no estoy de acuerdo con ello.

La situación no está para medias tintas. Se ha demostrado que la iniciativa privada hace y desarrolla sus iniciativas mucho mejor que la iniciativa pública. Como ejemplo, ahí están los museos privados.

Así pues, mi propuesta es, no sólo disolver el Patronato, que es lo fácil; no sólo privatizar el Museo del Prado, que es algo más complejo; sino que, una vez privatizado, se saque a pública subasta su contenido (subiendo para ese día el tipo de IVA aplicable a estas transacciones, o creándolo nuevo si no lo hay), cobrar el incremento de patrimonio que haya obtenido el vendedor, y una vez resuelto todo… se reedita la desamortización de Mendizábal, pues si se le pudo hacer a la Iglesia, por qué no a unos cuantos particulares.

Nos quedábamos como estábamos, pero el Erario habría ingresado un montón de dinero.

Y si alguien se queja, se le envía unos cuantos inspectores de Hacienda. Que seguro que tendrán para rato.

(Bueno, todo esto, sin ánimo de ofender, don Diego.)

Créditos:
Fotografía de la estatua dedicada a Diego de Silva y Velázquez, ante la fachada principal del edificio del Museo del Prado, en Madrid, en noviembre de 2007, del autor.

martes, 3 de julio de 2012

Creyente, que no crédulo

“Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» Tomás le contestó: «Señor mío y Díos mío.» Dícele Jesús:
«Porque has visto has creído.
Dichosos los que no han visto y han creído.»”

Hoy se celebra la festividad de Santo Tomás Apóstol, quien es conocido por el episodio de incredulidad que nos narra San Juan en su Evangelio.

Sin embargo, también San Juan nos cuenta otros momentos de la vida de Nuestro Señor en los que Santo Tomás tiene un protagonismo muy distinto a éste.

Durante la Fiesta de la Dedicación, mientras paseaba por el Templo, Jesús volvió a manifestar ante las preguntas que le hacían que Él era el Cristo: “«Yo y el Padre somos uno.»
Los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. (…) «Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre.»
Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos.
Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí. (…)
Había un enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. (…) Cuandos se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba. Al cabo de ellos, dice a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea.» Le dicen sus discípulos: «Rabbí, hace poco que los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?» (…) Entonces Jesús les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos allá.»
Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morír con él».”

Santo Tomás, pues, no sólo anima a no dejar sólo a Jesús en su regreso a Judea, sino que lo hace aunque ello les suponga también “morir con él”.

Unos meses después, tras la Última Cena, aún en el Cenáculo, Santo Tomás es nuevamente mencionado por San Juan:
“[Dice Jesús] «Y a donde yo voy sabéis el camino.»
Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Le dice Jesús:
«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.»”

Santo Tomás, efectivamente, acabó mártir, muriendo por (y con) Jesús, y así recorrió, en Verdad, el Camino, y alcanzó la Vida, aunque, paradójicamente, sea más conocido por su incredulidad.

Lo que no deja de ser un interesante motivo de reflexión.

Créditos:
Transcripciones del Evangelio según San Juan (20, 24-29; 10, 22 - 11, 16; y 14, 4-6), tomadas de la Nueva Biblia de Jerusalén, revisada y aumentada, editada en 1998 por Desclée De Brouwer.
Imagen de la Incredulidad de Santo Tomás, obra anónima de finales del siglo XVIII, realizada en aguada parda con pluma sobre papel, existente en el Museo del Prado de Madrid, y tomada de la página de internet de éste.

lunes, 16 de enero de 2012

Los lunes al… prado

“Ven al Prado hoy. El Prado abre de lunes a domingo.
(…) El Prado abre sus puertas los siete días de la semana a partir del 16 de enero.
Ven al Prado hoy, mañana, pasado… y disfruta cada día de una obra nueva, descubrre un detalle, una nueva historia. El Prado, museo de obras maestras, es el hogar por excelencia de los grandes nombres de la pintura occidental, Tiziano, Rubens, Velázquez y Goya. Y, en torno a ellos, toda una constelación de otros artistas míticos y extraordinarios, el Bosco y Patinir, Rafael y el Greco, Ribera y Murillo.
53 días más al año para venir al Prado.”

El pasado sábado se incluía con la prensa un encarte del Museo del Prado anunciando su nuevo calendario de apertura, del que se han tomado los párrafos anteriores.


No sé si con esta medida se conseguirá evitar que se formen las colas del último día (por ejemplo, cuando la exposición de Patinir en 2007, a las dos de la tarde), pero sí se evitarán las colas antes de las nueve de la mañana (como cuando la exposición de Francis Bacon), más que nada porque ahora abrirá a las diez.

Pero la noticia, hoy, es que hay 53 días más… bueno, este año, 54, que para eso es bisiesto, como se puede observar en el encarte en cuestión, que es un calendario para este año 2012, que ni pintado.

“Y los lunes del mes de enero, con el patrocinio de Telefónica, disfrutarás gratuitamente del privilegio de inaugurar la apertura pública de las colecciones del Museo este día de la semana por primera vez en su historia.”

Créditos:
Textos tomados del encarte publicitario del Museo del Prado, patrocinado por Telefónica “Benefactor del Programa de Atención al Visitante”.
Montaje de dos fotos de las colas para entrar en el Museo del Prado, con motivo de las exposiciones de Patinir (el 7 de octubre de 2007, último día de la exposición), y de Francis Bacon (el 21 de marzo de 2009), del autor.

lunes, 7 de febrero de 2011

Pues no hay chiste

Hace justo cuatro años, dos días y cuatro horas, mi hermano me envió el siguiente chiste:

«Murió un ingeniero y fue a las puertas del Cielo, pues es de sobra sabido es que los ingenieros por su honestidad siempre van al cielo.
San Pedro buscó en su archivo, pero últimamente andaba un poco desorganizado y no lo encontró en la maraña de papeles, así que le dijo:
- Lo lamento, no estás en las listas...

El ingeniero se fue a la puerta del infierno donde le dieron albergue y alojamiento inmediatamente. Al cabo de poco tiempo el ingeniero se cansó de padecer las miserias del infierno, y se puso a diseñar y construir mejoras.
Con el paso del tiempo, ya tenían la ISO 9000, un sistema de gestión de las cenizas, aire acondicionado, inodoros con evacuación ecológica, escaleras eléctricas, equipos electrónicos, redes de telecomunicaciones, programas de mantenimiento preventivo, sistemas de control visual, sistemas de detección de incendios, termostatos digitales, etc., etc., etc. ... con lo que el "Inge" se ganó una muy buena reputación.

Un día Dios llamó al Diablo por teléfono y -con tono de sospecha- le preguntó:
- ¿Cómo estáis por el infierno?
- ¡¡Estamos a todo trapo!!! Tenemos ISO 9000, sistema de gestión de las cenizas, aire acondicionado, inodoros con evacuación ecológica, escaleras eléctricas, equipos electrónicos, Internet, etc. Por cierto, apúntate mi dirección de correo electrónico: eldiablofeliz @infierno.com. Y no sé cuál será la próxima sorpresa del ingeniero!
- ¿Qué?, ¡¿QUÉ?!. ¿Tenéis un ingeniero ahí? Eso es un error, nunca debió haber llegado ahí un ingeniero. Los ingenieros siempre van al cielo, eso está escrito y resuelto ya. ¡Me lo mandas inmediatamente!
- ¡Ni loco!. Me gusta tener un ingeniero en la organización... y me voy a quedar con él eternamente.
- ¡Mándamelo, o...... ¡¡TE DEMANDARÉ!!

Y el Diablo, con la vista nublada por la tremenda carcajada que soltó, le contestó a Dios:
- ¡Ah! ¿Sí?... Y por curiosidad... ¿DE DÓNDE VAS A SACAR UN ABOGADO?
»

Me he acordado esta tarde del chiste mientras oía, al principio del programa de Luis Herrero, la noticia de que el hijísimo había dicho que “se traspasará una línea roja si el Estado actúa restrictivamente cerrando el grifo”.

Y claro, se me ha ocurrido que la réplica adecuada hubiera sido:
“¡Ah! ¿Sí?... Y por curiosidad... ¿DE DÓNDE VAS A SACAR PARA LA PINTURA?”

Pero bueno, ahora ya lo sabemos.

Créditos:
Fotografía del horizonte con nubes, durante el vuelo de Valencia a Sevilla el 21 de enero de 2011, del autor.
Fotografía de La expulsión de Adán y Eva, fresco de Masaccio, en la Capilla Brancacci, en la iglesia de Santa Maria del Carmine, en Florencia, de marzo de 2007, del autor.
Infierno, escultura labrada en cera de Giovanni Bernardino Azzolini (Cefalú, 1556 – Nápoles, 1645), del Museo de Bellas Artes de Valencia
El Paraíso y los Cuatro Elementos, tabla de Denis van Alsloot, en el Museo del Prado.

sábado, 14 de agosto de 2010

Llegó su turno

“Ningún artista puede ejercer su arte sin enfrentarse al arte del pasado, pero en el caso de J.M.W. Turner (1775-1851) el enfrentamiento fue inusitadamente público, complicado y largo. Jamás, durante toda su carrera, se cansó Turner de medir su talento con el de los precursosres que más admiraba, ni de dramatizar abiertamente sus intentos de hacerlo, al tiempo que dedicaba cada vez más energías a idear formas propias y desafiantemente innovadoras de imaginería pictórica moderna. Fruto de todo ello fue un tipo de pintura de paisaje que no sólo pretendía ser fiel a las apariencias de la naturaleza, sino que también exploraba conscientemente el proceso de la creación artística.”

Son numerosos los maestros de la pintura con los que Turner “se enfrentó”. Por traer un ejemplo, Tiziano.

‘Gracias’ a las primeras guerras napoleónicas (la campaña de Italia), en 1802 Turner pudo conocer en el Louvre el San Pedro Mártir de Tiziano (cosa que nosotros ya no podemos hacer pues se perdió en un incendio en 1867). De él, dijo en una conferencia que “el más alto honor que hasta ahora ha tenido el paisaje, lo ha recibido de Tiziano (…) el triunfo incluso del Paisaje, cabe decir sin temor a equivocarse, existe en su divino cuadro de San Pedro Mártir”. “El ‘triunfo’ al que Turner se refería consistía, ante todo, en haber demostrado Tiziano que el paisaje podía elevarse por encima de su papel tradicional de simple marco para convertirse en actor importante del drama sublime de una escena; los resultados, además, no eran sólo elevados sino veraces, o, como escribió Turner, a la vez «naturales» y «heroicos». Era precisamente la combinación de cualidades que él se proponía lograr en sus paisajes históricos.”

[No es por llevar la contraria, pero el ‘despertar’ del paisaje ya nos fue ilustrado, precisamente en el mismo Museo del Prado, en el verano de 2007 con la exposición sobre Patinir]

“Vuelto a Inglaterra, Turner se aprestó a digerir las enseñanzas de Veronés, de Mola y sobre todo de Tiziano, cuyo San Pedro Mártir tomó como principal modelo para un gran lienzo vertical con”… algo totalmente distinto: la despedida entre Venus y Adonis. Y recrea la escena, incluso, tomando otra obra de Tiziano con este tema, como referencia… alternativa, podríamos decir: mientras Tiziano mostraba a Venus de espaldas, y a Adonis de frente, Turner los sitúa al revés, pero de tal manera que Adonis oculta el rostro de Venus, con lo que no se aprecia la belleza de ninguno de ellos, y la atención, ya captada por el paisaje, sigue retenida por él. Cuadro que, por cierto, visto ahora, no es fácilmente atruibible a Turner.

Otra maestro con el que “se enfrentó”, y en numerosas ocasiones, era Claude Gellée, también conocido como Claudio de Lorena, pintor francés del XVIII cuya existencia, yo, si la conocía, no la recordaba.

“La devoción de Turner a las obras de Claudio de Lorena fue legendaria entre sus contemporáneos, que recordaban que siendo «muy joven» había llorado de admiración y envidia frente a uno de los ‘Puertos’ del maestro francés (…) Si esta historia es verdad, aunque sólo sea en esencia, el suceso tuvo que producirse en el primer quinquenio del siglo XIX, cuando Turner ya estaba a finales de la veintena, y probablemente se refiere al ‘Puerto con el embarque de Santa Úrsula’”. Esta misma escena la refiere en su artículo David Solkin, aunque el cuadro, en esta ocasión, es ‘Puerto con el embarque de la reina de Saba’. Fuera uno u otro, “cuando en 1815 expuso ‘Dido construyendo Cartago’, su respuesta más ambiciosa hasta esa fecha a los puertos de Claudio de Lorena, Turner tenía ya un profundo conocimiento de los principios del arte del francés, enriquecido a través de años de estudio atento de los muchos originales de Lorena que habían ido a parar a colecciones británicas. (…) Hay que suponer que Turner era consciente entonces (…) de que otros artistas no habían sido capaces de responder al reto de los puertos del maestro lorenés en los ciento treinta años transcurridos desde su muerte.”

La exposición es verdaderamente interesante (aunque los brochazos que aquí he repartido sobre el lienzo no den una idea clara de ello), por lo que quien pueda aprovechar el mes que todavía permanecerá en Museo del Prado, en mi opinión, debe hacerlo.

ABC tituló a principios de julio que Turner es el artista del verano. Y tenía razón, aunque lo que nos pasó fue que nosotros ya teníamos comprometido el viaje, y no nos quedaba suelto para pujar por la obra, que si no…

Créditos:
Imagen del programa de mano de la exposición Turner y los Maestros.

Transcripción del inicio del artículo Turner y los Maestros: espigar para superar, de David Solkin, comisario de la exposición Turner y los Maestros, tomado del catálogo de la misma.

Transcripción parcial del artículo La Academia y el Grand Style, de Philippa Simpson y Martin Myrone, tomado del catálogo de la exposición (pp. 140-141)

Venus y Adonis, de J.M.W. Turner, pintado hacia 1803-04, núm. 37 de la exposición, tomada del catálogo de la misma.

Transcripción parcial del artículo Turner se pinta en la historia, de Ian Warrell, tomado del catálogo de la exposición (pp. 215-216).

Página del catálogo de la exposición recogiendo Puerto con el embarque de la reina de Saba, de Claudio de Lorena (1648), y Dido construyendo Cartago, o el principio del imperio cartaginés, de J.M.W. Turner (1815).

A quien madruga, le toca esperar

Como ya se ha comentado, el pasado viaje a Madrid tomaba como excusa la exposición organizada en el Museo del Prado sobre Turner. Por tal motivo no es de extrañar que saliéramos de Valencia ya con las entradas conseguidas a través de internet. Naturalmente, para las nueve de la mañana. Como también suele ser habitual, al salir del Prado nos llegamos a la Thyssen para comprar las entradas para la exposición temporal que tenga en ese momento, pero para el día siguiente, es decir, el domingo, también, naturalmente, en cuanto abren, en este caso, las diez de la mañana.

Estos horarios nos permiten, además de ver las primera luces del día, apreciar las costumbres de la gente de cada Museo.

Por ejemplo, es habitual ver en las puertas del Prado que dan a la c/ Ruiz de Alarcón, alguno que otro echando unas caladas (pocos, eso es cierto). Tras esto, lo que nos llamó la atención fue la preparación que había en la puerta de los Jerónimos. Lamentablemente, la foto no me ha salido bien, pero lo que había: ya estaban dispuestas las cintas que marcaban los pasillos, e incluso estaba indicado en cada pasillo el destino de la visita; en concreto, a la exposición de Turner le correspondía el pasillo central.

Mientras se espera, se llega a ver un pequeño goteo de la gente que llega apurada como consecuencia de, supongo, pequeños desajustes personales con el horario. No sé si eso será la, o una más, explicación, pero el caso es que no recuerdo haber podido entrar en el Prado puntualmente ni una sola vez. Por cierto, en esta ocasión, en que tampoco fueron puntuales para abrir las puertas, tal vez como éramos pocos, decidieron que no hiciéramos caso de los carteles de los pasillos, y pasamos todos por el mismo, que fue el de la izquierda.

En cambio, en la Thyssen la cosa es distinta. Por un lado, el Museo no cuenta con la explanada o patio con que cuenta el Prado. Patio hay, pero es de ellos, dentro de la verja que da al Paseo, y mientras no se abran esas puertas, la paciencia toca consumirla en la acera., cuya anchura (latitud, llamaban en otra época) no facilita en demasía la labor. También es cierto que no somos tantos como las grandes masas culturales que acuden de público a los estudios de Telecinco, por ejemplo, pero no deja de ser una molestia para aquel que a tempranas horas de un domingo transita por ella. Porque otra cosa que sí sucede es que no hay cola, sino una simple espera aleatoriamente dispuesta la gente según cómo haya llegado y el número de integrantes del grupo.

Quien, con una perspectiva más completa, se fijara en este punto de Madrid, podría suponer que hay dos grupos de gente velando armas, uno frente a otro, esperando el momento del combate.

También en este caso, se puede ver a alguno que otro echando unas caladas (lo tienen más fácil, sólo tienen que salir al patio), aunque con más suerte pues no se encuentran solos: hay más compañeros también, charlando de lo que se tercie. Desde la acera no se les oye, pero en el Prado, la conversación, casi siempre, gira en torno a los turnos de los horarios de trabajo, y si éste la ha cambiado, o el otro se la ha jugado a un tercero.

En la Thyssen, una cosa que se echa de menos siempre, es que entre tanta gente que hay esperando, viendo cómo otros esperan, en el momento decisivo, en que van a sus ‘puestos de combate’, ninguno tenga asignado el de las puertas de entrada al edificio: las hojas son estrechas, y además el sistema de retención obliga a hacer mucha fuerza para abrirlas, con lo que la entrada es realmente incómoda. ¿No podría haber un par o tres de personas para estar aguantando las puertas durante esa primera avalancha de… unas treinta personas?

Bueno, y lo dejo, que parece que por fin abren.

Créditos:
Fotografías del sol tras el árbol, de la preparación en la puerta de los Jerónimos del Prado, y (en montaje) del personal y público, esperando ambos, en la Thyssen, de agosto de 2010, del autor.

lunes, 9 de agosto de 2010

Cuando quien encarga es una carga (para los demás)

Hace un año, en una anotación sobre la exposición de Juan Muñoz en el Reina Sofía, daba mi opinión sobre esta clase de obras:
“Efectivamente uno se queda pensando que este tipo de obras son, desde su propia concepción, “institucionales”, orientadas directamente a Museos y Fundaciones, porque a ver quién va a tener en su casa un salón capaz de albergar una performance como la de los ‘orientales’.”

Esta pasada semana hemos podido leer unas manifestaciones de Eduardo Arroyo al hilo de un curso en la Universidad Menéndez y Pelayo, en Santander.

Entre otras cosas hemos leído, según recoge El Mundo la noticia de EFE:

“El pintor, escritor, escenógrafo y periodista Eduardo Arroyo ha criticado este miércoles la "sovietización del arte" contemporáneo, que ha achacado, en España, a la "fuerte presencia del Estado y de las Administraciones autonómicas", y ha abogado porque el sector se rija por el "libre mercado".

En este sentido, Arroyo ha censurado que haya "pintores que no han pasado de venta pública en subasta" y que sólo "trabajan para el Estado", ya que su producción artística se basa únicamente en encargos y no pasa por "el filtro terrible y doloroso de la ley de la oferta y la demanda".
(…)
Arroyo ha criticado que el destinatario de los trabajos de creadores como el estadounidense Richard Serra, cuya calidad no ha negado, sea el director de un museo, o el Estado, "que hace el encargo y dice: aquí tienes esta sala" u "organízame esta instalación".

En cambio, se ha mostrado a favor de la "brutalidad" de las ferias de arte, donde montones de obras se exhiben al público al mismo tiempo, porque rápidamente quitan "la vanidad" a los autores; y a favor de las subastas, ya que uno tiene que aceptar que se licite una obra suya y "que no haya nadie que levante la mano".
”

Este fin de semana, como ya he comentado, hemos estado en Madrid, en principio para ver la exposición sobre Turner en el Museo del Prado. Una sorpresa de la exposición fue conocer que ya entonces, existía esa “"brutalidad" de las ferias de arte, donde montones de obras se exhiben al público al mismo tiempo”.

“Dentro de la palestra de competición feroz que era el mundo artítico del período georgiano tardío, elardor del combate alcanzaba su mayor intensidad en las exposiciones públicas con que se abría la temporada londinense. (…) Fue allí [en la Royal Academy] donde [Turner] hizo sus mayores esfuerzos por eclipasar a sus coetáneos.
(…) En un espacio atestado por una multitud ruidosa, con centenares de cuadros reclamando atención desde las paredes, los paisajistas tenían que sacar el máximo partido de sus recursos relativamente limitados para captar la vista del espectador y retenerla.
(…) A veces Turner avivaba sus colores en el breve lapso de tiempo que mediaba entre la instalación de los cuadros en las paredes y la apertura de la exposición al público, los llamados
varnishing days o días de barnizado. El caso más sonado tuvo lugar en la Royal Academy en 1832, cuando insertó una boya roja en una marina gris casi monocroma para desviar la atención de los tonos chillones de la pintura contigua de John Constable, La inauguración del puente de Waterloo.”

Y aunque no se aprecie bien, aquí están las dos obras en cuestión (la de Turner, sin la boya, ya no existe, claro).



Es curioso el desarrollo que ha habido, que hace que la vanguardia reivindique los funcionamientos de hace dos siglos.

Créditos:
Fotografía de Eduardo Arroyo, de EFE, tomada de la noticia de El Mundo.
Transcripción parcial del artículo La competición con sus contemporáneos, de David Solkin (pp- 183-184), e imágenes de La inauguración del puente de Waterloo, de John Constable y de Helvoetsluys; el Ciudad de Utrecht, 64, haciéndose a la mar, de J.M.W. Turner, tomados del catálogo de la exposición Turner y los maestros, actualmente en el Museo del Prado, en Madrid.

jueves, 11 de junio de 2009

Et facta est lux

Tras una breve permanencia en la cola, y superados los trámites pertinentes de control de “equipajes” y su depósito en consigna, pudimos disfrutar de la exposición antológica de Sorolla.

Ya hicimos una breve reseña previa en su momento, por lo que sólo recomendaremos que quien pueda verla, lo haga, y quien crea que no, que se lo haga mirar,… y lo haga.

Por cierto, en la página del Museo se relacionan 101 obras, y no, no las conté, pero sí puedo decir que había una con la referencia 102. Como no es cuestión de decirlo todo, mi memoria ha decidido olvidar el título y temática del cuadro en cuestión.

La disposición de las obras sí permite su adecuada apreciación (tampoco es cosa de quejarse de las personas que se cruzan por en medio, ya que no hay más remedio).

La entrada a la exposición es cada 15 minutos en grupos de un máximo de 30 personas. Nosotros entrábamos en el primer turno, el de las nueve de la mañana, y durante nuestra permanencia no apreciamos agobio de visitantes. Y eso que junto a nosotros pasaron bastantes, pues salíamos a las once menos veinte.

Como en la reseña anterior, las imágenes de los cuadros están tomadas de la página del Museo dedicada a la exposición.

Pero insisto, mejor ir a verla, ya que muchas de las obras no es probable que se vuelvan a ver ya que forman parte de colecciones de museos “raros” o de particulares.

Fiat lux



El pasado sábado día 6, temprano, pero no tanto como para volver a pillar cerrado el comedor del hotel, pudimos desayunar. La cosa empezaba bien, ya que pudimos observar que el color de los sobres de azúcar había mudado del azul de marzo a un LUMINOSO amarillo, acorde con lo que íbamos a ver en breve.



En seguida estábamos en la calle, pudiendo apreciar un bonito contraLUZ en la calle de Alcalá, naturalmente en obras ¿E(h)?. Eran las ocho y cuarto, y sin prisas pero sin pausa, veinticinco minutos después cruzábamos un curiosamente ILUMINADO Paseo del Prado (quiero decir que estaba muy despejado), y llegábamos al Museo del mismo nombre.

Ya habíamos visto un gran cartel anunciador de la exposición objeto del paseo. Era en la Puerta del SOL, ¿dónde si no? Junto al Museo, otro cartel.



Sobre éste, un efímero recuerdo del mar, en forma de gotas de rocío.

Finalmente, llegamos a la cola, la cual, aun siendo las nueve menos cuarto de un sábado, ya existía, aunque reducida. Por prudencia, he ocultado las identidades de las personas que habían cometido tal osadía de dedicación y esfuerzo.



Y nos dispusimos a ver la luz... de Sorolla.

viernes, 3 de abril de 2009

Una 'X' y al descanso

Llegamos al Museo del Prado unos diez minutos antes de la hora oficial de apertura, y nos encontramos que ya había cola para la exposición que era la excusa del viaje.

Finalizada la visita a la misma, pudimos visitar también otras dos exposiciones temporales allí acogidas: La bella durmiente – Pintura victoriana del Museo de Arte de Ponce, y Entre dioses y hombres – Esculturas clásicas del Albertinum de Dresde (ésta apreciada con menor detalle, por lo que excuso unos comentarios que, sinceramente, no sabría hacer).



Luego nos perdidos un poco por algunas salas del Museo, más bien con la excusa de ver la obra de El Bosco, El jardín de las delicias, aprovechando el comentario publicado hace poco.



Además de en el Museo, la obra se puede ver también en esto de Internet, pero mejor el Museo, ¿no? Además, permite apreciar el deambular de la gente, y la actitud de ciertos visitantes.

Existe un folleto del Museo que muestra los planitos de las plantas, con sus salas y todo eso, informa de diversas cosas, y recoge 50 obras maestras del Museo.

Pues bien, este folleto es muy útil para esos ciertos visitantes, que se lanzan a sumergirse en los tesoros artísticos representados… por esas 50 obras: van con el folleto y un instrumento de escritura (lápiz, bolígrafo, rotulador,…), tachan la obra que ya han visto y van a la siguiente.



Esta gente va marcando las equis y, como antes en la quiniela de fútbol, se va al descanso. ¡Y es que no hay como el arte para quedar agotados,... después de ver toooodo el Prado!

miércoles, 1 de abril de 2009

La excusa la pintan...

La excusa esta vez para realizar el viaje a Madrid era acercarse al Museo del Prado para visitar la exposición sobre Francis Bacon.

La exposición conmemora el centenario del nacimiento del artista, y es una colaboración con la Tate Britain de Londres y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York.

La visita no presentó mayores problemas que los habituales con los que nos encontramos: abre a las 9:00 y poco antes es cuando se empieza a organizar las cintas para las colas, se arrancan ordenadores, y toda esta moderna escenografía que supone no poder entrar nunca a las 9:00, ni aunque seas el primero de la fila, sino que tardas más minutos de los razonables en conseguir adquirir la entrada.

Hay otros, mejor conocedores del arte, e incluso expertos en ello, que podrán opinar sobre las obras expuestas y el artista en general (de hecho, hace tiempo, cuando no era tan conocido, ya organizó el IVAM una exposición sobre él aquí en Valencia – la cual no visité, claro, pero ellos sí). Sobre este particular, pues, yo hago un discreto mutis por el foro.

Sí quiero comentar una «cosilla» sobre el folleto de mano.

Tras empezar diciendo lo que he trasladado más arriba (en concreto, habla de “esta gran retrospectiva”, y que su nacimiento fue “en octubre de 1909”), dicen:
“En el Prado, se quiere recordar asimismo su muerte en Madrid, el 28 de abril de 1992, y sus visitas al Museo al final de su vida.”

Y claro, uno se queda pensando: ¡qué necrófila es esta gente!

Con lo fácil y, si no elegante, al menos más discreto, que hubiera sido decir:
“En el Prado, se quiere recordar asimismo sus visitas al Museo, objeto de una estancia en Madrid durante la que falleció por enfermedad.”, o algo parecido, o mejor.

Las fechas del nacimiento, que no se dice, y del fallecimiento podrían haberse puesto entre paréntesis al hablar del centenario del nacimiento.

Por cierto, el folleto empieza diciendo “La exposición Francis Bacon en el Museo del Prado…”, es decir, a la antigua: ¡ni siquiera ellos mismos dicen la cursilada de Museo Nacional del Prado!

No es de extrañar que el Papa Inocencio X haya acabado así.