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miércoles, 16 de abril de 2014

Y ahora, ¿dónde los pongo?: De Ferias… y fiestas familiares

Porque siempre es la Feria ocasión de recuperar tiempos antiguos.








O tras una espera por y para un cumpleaños.








O con motivo de una festividad importante.

(Y, mientras, hacemos tiempo, que no sitio, para dentro de una semana.)

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión (y una dedicatoria).

miércoles, 28 de agosto de 2013

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Seguimos con la (misma/otra) historia

Memorias,…










… cartas y novelas,…










… finales y principios.










Créditos:
Cubiertas y sobrecubiertas de los libros en cuestión.

miércoles, 27 de junio de 2012

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Y éstos, ¿dónde estaban escondidos?

Lo que tiene buscar un libro es que te encuentras con otros, que se habían ocultado, escondido, para dar la sorpresa en el momento menos pensado; bueno, uno, directamente da sustos.





Un par, nos recuerdan el año en que nos encontramos.

Y de estos dos, uno aún no sé, pero éste otro,… ¡ay, éste otro!

Créditos:
Portadas de los libros en cuestión.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Avante toda


Por lo que se ve, Pedro J. ha ido hoy al programa de su amigo Federico a hablar de su libro. Naturalmente, la noticia al respecto habla, principalmente, de lo otro de que hablaron.

Como a mí este buen hombre me cansa mucho escucharlo, me he limitado a leer la antedicha noticia, en la cual, sobre el tema que me ocupa, se dice:
De su último libro ha asegurado que "ha sido un trabajo de bastante tiempo y estoy muy contento con la aceptación que está teniendo, vamos por la 4ª edición en dos meses"”.

El caso es que me alegro por su éxito de ventas, supuesto, ya que decir que están en la cuarta edición es no decir nada, si no se concreta el volumen de ejemplares de dichas ediciones (que, además, será propiamente dicho, una edición y tres reimpresiones posteriores).

Así que como el interesado no parece que haya concretado, lo haré, aproximadamente, yo por él.

El pasado sábado estuve en mi librería de cabecera, y como suelo hacer, pregunté por cómo iban las ventas del libro. El interés se basa en que (lo digo por si alguien no lo ha visto), el tal libro cuesta cuarenta euros y tienen tropecientas mil páginas, por lo que, ateniéndome a este último aspecto, estoy esperando a algún hueco cósmico o similar para poder alojar el libro en mi casa.

El caso es que el pasado sábado, mediada la mañana, desde el pasado 20 de septiembre en que se puso a la venta, llevaban vendidos 22 ejemplares.

Según me dijeron, se trataba, dado lo específico del tema y, más aún, considerando el precio (se ve que el problema del espacio no es tan común por ahí fuera), de un auténtico éxito.

Pues hala, ya lo sabéis. De momento, el buque navega bien y no tiene pinta de naufragar.

Créditos:
Portada de El primer naufragio, de Pedro J. Ramírez.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Otra cosecha de libros

Una de las características del calendario revolucionario francés, en lo concerniente a los nombres de los meses, es que intenta definir de este modo el carácter del mes. El problema resultó en que la definición era muy ajustada a Francia.

Otra circunstancia, más anecdótica, es que el nombrador, el poeta Fabre d’Eglantine, de las labores del campo en septiembre/octubre, eligió la vendimia, y no diré yo que fuera por inspirados vínculos con un buen caldo. Sin embargo, en esta época hay otras cosechas, al menos en España, como, por ejemplo, la almendra.

En resumen, que en este último mes de vendimiario, no obtuve sólo una cosecha de libros. Y ésta es una muestra, en concreto, de literatura y viajes.





Crésitos:
Portadas de los libros en cuestión.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Ad calendas… gallae

Una de las cosas más o menos conocidas de la Revolución Francesa fue, no la reforma, sino la implantación de un nuevo calendario: “Éste fue introducido no para corregir alguna discrepancia astronóminca, sino para marcar una ruptura con el pasado. La Iglesia –guardián del calendario con sus fiestas y fastos y días de los Santos– era una de las fuentes de poder del odiado antiguo orden; había que acabar con ello.” Es decir, un claro propósito totalitario.

Con este planetamiento, el 6 de noviembre de 1792, aún encarcelado Luis XVI y pendiente de ver iniciarse su juicio, los diputados Louis Pierre Manuel y Antoine Joseph Garsas pidieron al Comité de Instrucción Pública la reforma del calendario. Aceptó el Comité y se creó una subcomisión al efecto. Entre los integrantes de la misma, cabe destacar a Giuseppe Lodovico Lagrangia, ya entonces famoso matemático y astrónomo, y más conocido en la actualidad como Louis Lagrange.

El resultado de los trabajos fue presentado al Comité los días 17 y 18 de septiembre de 1793, y pasaron a ser oficiales en virtud de un decreto de la Convención el 8 de octubre siguiente. Sin embargo, este decreto no supuso el inicio del calendario: como buenos revolucionarios, lo establecieron… con carácter retroactivo.

Así, la nueva era, el año I, empezó el 22 de septiembre de 1792, momento en el que se dio inicio a la República. Hecho histórico que coincidió con el astronómico del equinoccio de otoño, lo que ha permitido también “decir mucho de esto proclamándolo como el día en el que los franceses fueron iguales, y que los días y las noches eran también iguales, y todo eso”.

De este modo, quedó establecido que el año empezaría en la medianoche en que se iniciara el día en el que se observara el equinoccio de otoño… en el Observatorio de París. El año se compondría de doce meses de 30 días cada uno, completándose hasta el año común con cinco días más, al final del año, los “días complementarios”, aunque originalmente, en homenaje a los famosos “sans-culottes”, fueron llamados “sansculotides”. El fenómeno de los años bisiestos también se mantenía, mediante la adición de un sexto día complementario tras los cinco habituales; en el calendario revolucionario, aunque el año bisiesto también era cada cuatro años, el primer año de esta clase, para distinguirse, fue el año III.

Los meses se dividieron en tres semanas de diez días cada una; los días, en 10 horas; las horas en 100 minutos; y los minutos en 100 segundos. Estas decisiones han perdurado a través del tiempo, aunque sólo sea en forma de relojes con las esferas ajustadas de este modo.

En el subcomité que estudió el tema había un poeta y dramaturgo, Fabre d’Eglantine, al que encargó el Comité, no que bautizara, claro, sino que pusiera nombre a cada uno de los meses… ¡y a cada uno de los días! Bueno, pues éxito, ocurrencia o imaginación, el caso es que el 25 octubre de 1793, los 12 meses y los 366 días (también los bisiestos tenían sus derechos), estaban nombrados, siendo oficiales con otro decreto del 24 de noviembre (de antes).

Los doce meses tomaron sus nombres, venía a entenderse, del carácter propio del mes, en Francia, claro. Y así, se tuvo: vendimiario, brumario, frimario, nivoso, pluvioso, ventoso, germinal, floreal, pradial, mesidor, termidor y fructidor.

Sobre el nombre de los días, hago gracia a los lectores y no los relaciono. De hecho, “no hay constancia de que alguien tuviera éxito memorizándolos todos”. No obstante acabaron siendo llamados de un modo tan sencillo como matemático: según el orden, es decir, primedi, duodi, tridi,… y así hasta decadi.

Los que tuvieron más aceptación fueron los “días complementarios” o “sanculotides”, ya que, además de ser menos, eran fiestas oficiales. Así, tuvieron su Fiesta de la Virtud, del Genio o Talento, del Trabajo, de la Opinión y de las Recompensas; y cada cuatro años, de la Revolución.

Sin embargo, los nombres de los días corrientes tenían su aquél, pues no dejaban de ser una muestra de la vida rural de la Francia de finales del XVIII. Los nombres tenían una estructura, de modo que los quintidis eran nombres de animales; los decadis, herramientas de la granja; y el resto, plantas en general, o minerales. Hubo ardientes revolucionarios que pusieron a sus hijos el nombre del día, aunque ignoro si algún nacido el 15 de vendimiario acabó siendo llamado Asno.

No creo que fuera culpa del calendario, pero el caso es que varios de los que intervinieron en su confección, perdieron la cabeza por la doncella de hierro, aunque Lagrange consiguió salvarse.

Al final, en septiembre de 1805, con trece años de vida del calendario revolucionario, otra comisión, nombrada ésta por Napoleón, y con otro insigne científico en ella, Pierre Simon Laplace, decidió que ya estaba bien, y, primero, restableció el domingo, y luego, cuando en el resto de Europa occidental empezó el año 1806, en Francia, también.

Esta aventura totalitaria acabó, como hemos dicho, con Napoleón, quien curiosamente, fue el protagonista de la fecha más famosa de todo el calendario revolucionario: el 18 de brumario (año VIII), fecha en la que se fraguó el golpe de estado que llevó a Napoleón a la dignidad de Cónsul, y de ésta, a la Historia.

Y todo esto, simplemente, porque ese 18 de brumario, en España, era un tranquilo 9 de noviembre de 1799. Hace, pues, 212 años, y Napoleón es Historia, así como la Revolución, el Terror, el Totalitarismo,… ¿o no?

Créditos:
Extractos (traducción libre del autor) del capítulo XX The French Republican Calendar, e imagen de un reloj decimal y tradicional, tomados de la obra de E.G. Richards, Mapping Time. The Calendar and its History, según edición de 2005 de Oxford University Press.

sábado, 17 de julio de 2010

Con este presente, ¿hay futuro?

Está plenamente justificada la explosión de los titulares de la prensa española del pasado día 14: «Zapatero, primera víctima de la nueva ley del Aborto».

Los hechos, más o menos, han sido los siguientes:
A la salida del Congreso el martes 13, a donde se había acercado para preparar la primera sesión del Debate sobre el Estado de la Nación que tendría lugar al día siguiente, el Presidente del Gobierno, resultó muerto tras la acción emprendida por una niña de 16 años, que se encontraba entre una multitud de partidarios del Presidente que le aclamaban a la misma puerta del Congreso, protegidos por efectivos de la Guardia Civil, mientras que los contrarios al presidente habían sido discretamente separados del edificio (en concreto, en la esquina de la Carrera de San Jerónimo con la c/ Espoz y Mina, famoso guerrillero de la Guerra de la Independencia), vigilados por dos compañías de los GEOS de la Policía Nacional.

Interrogada la niña, ésta manifestó que había actuado sin conocimiento de sus padres ya que ello le hubiera provocado “un conflicto grave, manifestado en el peligro cierto de violencia intrafamiliar, amenazas, coacciones, malos tratos” (vid. art. 13).

Preguntada por los motivos de su abominable acción, la niña contestó, en un fluido inglés, que la había realizado amparándose en el supuesto del artículo 15 de la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. Se le explicó que dicho supuesto no existía, a lo que ella replicó que sí, que lo había consultado en internet.

Intrigados los investigadores por la certeza que manifestaba, consultaron en las páginas del BOE (ahora sólo en internet), y pudieron ver, asombrados, que efectivamente existía dicho supuesto, para los casos posteriores a semana número veintidós, en el artículo 15 Interrupción por causas médicas, con el siguiente tenor:

“d) El supuesto contemplado en el punto a de este artículo podrá ser aplicable, sin prescripción alguna en el tiempo, en los casos de grave riesgo para la vida o salud de persona distinta de la gestante, y así conste en un dictamen emitido por un comité cívico constituido de motu proprio al efecto. Este supuesto tendrá plena validez con total retroactividad, e incluso de modo subsidiario, ejercido en tal caso por persona designada en el referido dictamen cívico.”

El fiscal encargado del caso, aun convencido de que se trataba de una errata, quiso averiguar, intrigado, qué interpretación se había hecho para concluir con tan incalificable actuación.

La niña contestó, totalmente serena, que con las actuaciones del Presidente de Gobierno existía un grave riesgo para la vida o salud (especialmente mental) de numerosas personas decentes y honradas, por lo que constituido un comité cívico de modo espontáneo se había decidido aplicar el correspondiente aborto del Presidente, obviamente de modo retroactivo, y en forma subsidiaria, es decir, era la niña quien abortaba en vez de la madre biológica. La niña se había presentado voluntaria, aunque como se ha dicho, sin conocimiento de sus padres por miedo a su reacción.

La niña fue puesta en libertad sin cargos, al día siguientes, trece minutos después de que el Tribunal Constitucional anunciara que no suspendería la aplicación de la nueva ley del aborto, una vez confirmado, para asombro de todos, que efectivamente, el documento original que se encontraba firmado por Su Majestad el Rey contaba con el referido supuesto d.

Dicho supuesto ha sido llamado por los especialistas en derecho histórico, el supuesto 'Charlotte Corday', en recuerdo de la patriota revolucionaria francesa que precisamente un 13 de julio acabó con la vida del fanático e implacable revolucionario Jean-Paul Marat, en plena época del Terror, tras conseguir acceder a él prometiéndole una relación de significados contrarrevolucionarios, los cuales, le contestó Marat, irían directamente a la guillotina la siguiente semana. Jacques-Louis David, amigo de Marat, inmortalizó su muerte en su, tal vez, más famoso cuadro.

Charlotte Corday no tuvo la suerte de la niña, pues fue guillotinada por tal acción cuatro días después, es decir, un 17 de julio de 1793.

Aunque se ha intentado, la divulgación mundial del hecho ha impedido emprender acciones contra la niña. Sin embargo, en estos momentos en la publicación del BOE no se puede leer el ya famoso supuesto d.


Todo lo anterior es una transcripción parcial de la entrada “la niña”, de la Enciclopedia Regaláctica, editada por el Ministerio de la Verdad, según el legado establecido por George Orwell en 1984, en su edición del año 131313.

Créditos:
Fotografía de Rodríguez Zapatero indicando el tamaño de la mentira que ha pescado para nosotros, o tal vez, el tamaño máximo del feto antes de ser abortado, o qué sé yo (vamos, como él), tomada de internet.

Mencheta e inicio de la publicación en el BOE de la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo.

Imagen del cuadro La muerte de Marat, de Jacques-Louis David, que se encuentra en los Reales Museos de Bellas Artes de Bélgica, en Bruselas, tomada de su página de internet.