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domingo, 4 de julio de 2010

Un largo vuelo a la libertad

Hace unos días, en un comentario en este diario, Guido Finzi echaba de menos a Golda Meir. En el prólogo a Golda Meir. Salvando a Israel salvaremos al pueblo judío y otros discursos, Enrique Múgica Herzog finaliza diciendo:
“Ciertamente esta abuela de Israel pensaba siempre en la paz en libertad y en la vida de las personas, de todas las personas como hemos dicho antes. (…) Siempre se sintió madre, abuela y mujer. Sin duda, una mujer para un pueblo, aunque nunca se viera menoscabada por ser la única en un Gobierno de hombres, y cuando le preguntaron cómo se sentía por ello, respondió: «No lo sé. Nunca intenté ser un hombre»”.

Esta capacidad de decisión la trasladó al gobierno de Israel, y quedó demostrada hace justo 34 años, ante el hecho de que, una semana antes, el 26 de junio, fuera secuestrado un avión de Air France, y en Entebbe se mantuvieran como rehenes a algo más de un centenar de pasajeros del mismo (todos israelíes, una vez liberados los que no lo eran), junto con la tripulación del avión. Los secuestradores, naturalmente, eran terroristas pro-palestinos (digo lo de ‘pro-‘ porque había dos alemanes entre ellos).

Confirmada la situación, se establecieron las correspondientes negociaciones, intermediando al principio ese ejemplo de buen gobierno que fue Idi Amin Dadá, entonces ejerciendo como Presidente de Uganda, y luego el embajador de Somalia (otro ejemplo de país dechado de virtudes democráticas).

Se negociaba la liberación de numerosos terroristas a cambio de la vida de los rehenes, finalizando el plazo al mediodía del domingo. En una de sus visitas al aeropuerto de Entebbe, Idi Amín dijo a los rehenes que “los terroristas no tienen nada contra vosotros, sino contra el Gobierno de Israel. Si no responde a las exigencias de los guerrileros palestinos, ello supondrá que no les importará vuestra suerte”. Poco después se demostró que siguiendo las preocupaciones de Golda Meir por la vida de las personas, al Gobierno de Israel sí ‘le importó la suerte’ de los rehenes.

Ese domingo 4 de julio de 1976, que sólo tenía previsto desde hacía tiempo ver las celebraciones del bicentenario de los Estados Unidos de América, se encontró, pues, que tenía una inquietud muy distinta, pero también relacionada con la libertad: los rehenes de los terroristas pro-palestinos.

Sin embargo, el amanecer del domingo 4 de julio de 1976, en el hemisferio occidental, se encontró con una noticia muy distinta, increíble y audaz: paracaidistas del Ejército israelí (Tsahal) habían liberado a los rehenes (salvo tres que fallecieron en la acción) y acabado con los terroristas.

En España la noticia no tuvo el impacto que cabía esperar, pues por aquí teníamos otras preocupaciones: acabábamos de cambiar de Presidente de Gobierno pues el Rey había nombrado a un tal ‘Adolfo Suárez González’.

El caso es que también en Israel había habido un cambio en la dirección del Gobierno, tras la dimisión de Golda Meir en la Semana Santa de 1974 como consecuencia de los reveses sufridos al inicio de la Guerra del Yom Kippur.

Pero esa preocupación por su gente se mantuvo, como hemos visto. Por cierto, la operación se inició por órdenes directas del Ministro de Defensa, incluso antes de ser aprobada en Consejo de Ministros, pues no había tiempo que perder; si no lo era, se daría la orden de que los aviones regresaran. El Ministro de Defensa era Simón Peres, actual Presidente de Israel, y miembro, como Golda Meir, del Partido Laborista (cosa que digo por si alguien piensa criticar actitudes tan ‘derechistas’ como las descritas).

Lo triste del rescate fue que murieran tres de los rehenes y el segundo jefe de las fuerzas liberadoras; también es una pena que fallecieran los terroristas, aunque las condiciones de la acción casi obligaran a ello, si se quería salvar a los rehenes. Y lo lamentable, lo siempre lamentable, fue la reacción de Occidente, tan cómodo en su casa mientras Israel vigila la “frontera”.

En la hemeroteca de ABC se encuentra la noticia del rescate, publicada el día 6 de julio (el 5 era lunes, y entonces no se publicaban los periódicos diarios). La noticia se desarrolló en tres páginas: mientras en la primera se da la noticia del rescate, y se habla de los terroristas, en la segunda se comentan las posibles reacciones, en un ejercicio de anti-isrealismo (por lo menos) por parte de Alfonso Barra, corresponsal de ABC en Londres, pues no otra cosa puede decirse de ese planteamiento de que 'si ahora se enfadan, será culpa de Israel por haberles llevado la contraria', y ya no se habla de terroristas sino de guerrilleros; y en la tercera, Francia (recordemos a Giscard d’Estaing) meando fuera de tiesto, y dispuesta a condenar a Israel lo que haga falta (eso sí, “sobre un texto moderado”).

En el suplemento dominical de ABC se publicó un reportaje en dos partes los días 30 de enero y 6 de febrero de 1977, ilustrado con imágenes de varias de las películas rodadas en ese corto espacio de tiempo, y que recrearon la operación de rescate. Hay algunos fallos en las fechas, pero se puede leer.

Créditos:
Transcripción del final del prólogo de Enrique Múgica Herzog, y fotografía de Golda Meir pasando revista en 1970, siendo Primer Ministro de Israel, tomada de Golda Meir, editado en 2008 en la colección Las voces de la democracia. Así hablan los grandes políticos, de la Biblioteca El Mundo.

Extractos o páginas completas del ABC de diversas fechas, y transcripción de textos de ellas, tomadas de su hemeroteca de Internet.

miércoles, 26 de mayo de 2010

«¿No sufrimos en invierno y en verano el mismo frío y el mismo calor que los cristianos?»

Un 26 de mayo de 1948, a su llegada a Nueva York para, como casi cinco meses antes, pedir la colaboración económica de la comunidad judía estadounidense, aunque esta vez para soportar la posición del recién constituido Estado de Israel, defendiendo su propia existencia tras la agresión árabe, más (des)conocida como la primera guerra árabe-israelí; a su llegada, digo, saludaba a la prensa, así de resignada, Golda Meir.

Es muy posible que Golda Meir tuviera plena confianza en un satisfactorio resultado de dicho conflicto; no creo que tuviera tanta confianza en que 22 años después, con tres guerras (victoriosas) en total, estuviera hablando ante el Parlamento israelí, en calidad de Primer Ministro.

Hace pues, cuarenta años de ese discurso, en el cual además de otras cuestiones que ya tendrán oportunidad de llegar a estas páginas, también habló, nuevamente, de economía:
“Nuestras victorias en las tres guerras, nuestra sólida postura militar durante los tres periodos intermedios que, en comparación, ha sido de tranquilidad, así como en estos días presentes de dificultades, nunca se hubieran alcanzado sin una economía de bases firmes, un soldado y un ciudadano civil con un alto nivel cultural, un trabajador con un alto nivel tecnológico en cada una de las ramas de actividad. Eso se lo debemos a un rápido desarrollo económico sin precedentes y a una expansión que ha hecho que el Producto Interior Bruto del pequeño Israel sea casi igual al de Egipto, que tiene una población diez veces mayor que la nuestra o más. Debemos, por medio de todas las medidas que sean necesarias, manrtener esa ventaja (…).
Debemos, por tanto, en aras del interés nacional, esforzarnos al máximo y estar dispuestos a hacer todos los sacrificios exigibles para solucionar el problema del déficit comercial. Lo que significa que debemos restringir también el crecimiento de las importaciones, sobre todo de aquéllas destinadas al consumo privado y público que no tengan que ver con la seguridad. El nivel de vida ha aumentado en los últimos 13 años en más del 25%: en este periodo de emergencia, nuestros esfuerzos por economizar deben estar reflejados en congelar un nivel de vida que puede que haya subido de forma demasiado vertiginosa.
Una de las reducciones inevitables es recortar el presupuesto del Estado y gravar a la población con impuestos, cargas y créditos obligatorios en una escala no pequeña. Esta medida se tomó tan sólo en las últimas semanas y confiamos en que surtirá el efecto deseado y suficiente. Si no es así, si resulta que las importaciones que no se han frenado lo bastante o las exportaciones no han aumentado lo suficiente, si resulta que el consumo sigue aumentando y el déficit sigue hinchándose, no rehuiremos tomas otras medidas (…).
Nuestros objetivos económicos distan mucho de ser fáciles de alcanzar. El actual desarrollo de la economía, la absorción de los recién llegados y el enorme gasto en defensa suponen un desafío mayor del que podríamos afrontar solos. Nos sentimos profundamente agradecidos, por tanto, por la incondicional cooperación que hemos recibido del mundo judío y la ayuda prestada por las naciones amigas. Creo que podemos seguir confiando en esa ayuda, pero, por razones tanto prácticas como de índole moral, no podemos pedir a otros si antes nosotros no cumplimos con nuestra parte. Por tanto debemos ajustar nuestro estilo de vida a lo que dicta el objetivo nacional primordial: en todo aquello que tiene que ver con salarios, ingresos, consumo, ahorros, productividad, esfuerzo personal y desembolso, cada uno de nosotros debe desempeñar el papel que le corresponde
”


Créditos:
Fotografías y transcripción del texto según traducción de Ricardo Simpson, del discurso “La consecución de la paz” pronunciado en Jerusalén el 26 de mayo de 1970 ante el Parlamento israelí, tomados de Golda Meir, editado en 2008 en la colección Las voces de la democracia. Así hablan los grandes políticos, de la Biblioteca El Mundo.

viernes, 14 de mayo de 2010

La tierra (de la lucha) prometida

Al alba del 4 de junio de 1940, zarpaba el último de los buques que evacuaban las tropas aliadas de Dunquerque, totalmente cercadas por el ejército alemán, quien todavía pudo hacer en las playas 30.000 prisioneros entre los que no pudieron escapar.

Pocas horas después, Winston S. Churchill, ante la Cámara de los Comunes, hablaba sobre la situación recién planteada, y expuso su siguiente plan de batalla:
“Combatiremos en Francia, combatiremos en los mares y los océanos, combatiremos cada vez con mayor confianza y fuerza en el aire; defenderemos nuestra isla, a cualquier precio; combatiremos en las playas, en los lugares de desembarco, en los campos y en las calles, combatiremos en las montañas; no nos rendiremos jamás”

Casi ocho años después, y al otro lado del Atlántico, se oían unas frases parecidas, pero con la misma determinación:
“Quisiera acabar parafraseando uno de los grandes discursos que se han hecho durante la Segunda Guerra Mundial, con unas palabras de Churchill.
No exagero si os digo que la Yishuv en Palestina luchará en el Négev y luchará en Galilea, y que luchará en las afueras de Jerusalén hasta el final. No podéis decidir cuándo deberíamos luchar o no. Lucharemos. La comunidad judía de Palestina no levantará la bandera blanca ante el muftí. La decisión está tomada. Nadie puede cambiarla. Sólo podéis decidir una cosa: si saldremos victoriosos de esta lucha o si el muftí se alzará con la victoria. Ésa es la decisión que pueden tomar los judíos de Estados Unidos. Deben tomarse enseguida, en cuestión de horas, de días.
”

Estas palabras se pronunciaban recién iniciado el año 1948. apenas un mes después de la aprobación por parte de las Naciones Unidas de la famosa resolución 181, mediante la cual se determinaba el establecimiento en el conjunto de Palestina, de dos estados, uno judío y otro árabe (sic -me refiero a la terminología).

Poco después, el 14 de mayo, se proclamaba el estado de Israel, un día antes de que finalizara el dominio británico en Palestina, sin otra intención que evitar el tener que hacerlo en pleno Sabbath.

Golda Meir pronunció esas palabras en relación con los continuos enfrentamientos que estaban teniendo lugar entre ambas comunidades, a pesar de la resolución en cuestión. Lo que no se podía imaginar es que esos enfrentamientos acabarían teniendo la categoría de guerra (la primera guerra árabe-israelí) que empezó, tan lejos, tan lejos, como la noche del mismo día 15 de mayo.

Y es que de esa manera, los estados árabes vecinos de Israel dejaron bien claro que no sólo no aceptaban la existencia de Israel (invadiéndolo), sino que tampoco aceptaban la existencia de un estado árabe palestino.

Más de sesenta años después, apenas ha cambido el planteamiento.

Actualización: En efecto, sesenta o setenta años después, apenas ha cambiado el planteamiento.

Actualización 2:
Este pasado viernes, día 21, pude ver durante un momento, en no sé qué canal de ONO, parte de la película Gandhi, y en concreto, la escena en que, en pleno proceso de consecución de la independencia de la India, le exigen a Gandhi la división del dominio en dos estados distintos, por motivos religiosos, es decir la India y el Pakistán (dividido geográficamente a su vez en occidental y oriental, quien treinta años después, mediante una guerra civil, proclamaría su independencia con el nombre de Bangla-Desh).

Quien, amenazando con violentos conflictos, exigía la división, dentro del grupo de líderes independentistas, era el líder musulmán.


Créditos:
Transcripción del discurso de W.S. Churchill según traducción de Alejandra Devoto para la edición de La esfera de los libros de ¡No nos rendiremos jamás! Los mejores discursos de Winston S. Churchill.

Portada, transcripción, según traducción de Ricardo Simpson, del discurso “Salvando Israel salvaremos al pueblo judío” pronunciado en Chicago el 2 de enero de 1948 ante la comunidad judeoamericana para recaudar fondos con destino a Israel, y fotografía del momento de la firma de la declaración de independencia de Israel, tomados de Golda Meir, editado en 2008 en la colección Las voces de la democracia. Así hablan los grandes políticos, de la Biblioteca El Mundo.