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lunes, 2 de marzo de 2015

Una partícula que está en la onda

El pasado sábado me llamó la atención el escaparate de una tienda de moda, no por los modelos expuestos, sino por el complemento a ellos: un tema científico como es el de la refracción de la luz. No pude evitar hacerle una fotografía (en la que se incluye, en este caso involuntariamente, algún pequeño reflejo en la luna del escaparate).


Mira por dónde, hoy me entero de otra fotografía, también sobre la luz, o mejor dicho, una fotografía de ella, de la luz, y de su famosa dualidad onda-corpúsculo.


Se ve que está de moda.

Créditos:
Fotografía parcial del escaparate de la tienda Bershka, en el Centro Comercial Aqua, en Valencia, el pasado sábado, del autor.

miércoles, 16 de abril de 2014

Y ahora, ¿dónde los pongo?: De Ferias… y fiestas familiares

Porque siempre es la Feria ocasión de recuperar tiempos antiguos.








O tras una espera por y para un cumpleaños.








O con motivo de una festividad importante.

(Y, mientras, hacemos tiempo, que no sitio, para dentro de una semana.)

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión (y una dedicatoria).

martes, 28 de enero de 2014

¿Qué más alta razón?

- Además, debo confesarle a usted, que otra condición de mi oficio me convenció de que usted no era sacerdote.
- ¿Y qué fue? – preguntó el ladrón, alelado.

Créditos:
Parte de la escena final del relato La cruz azul, primer relato de Gilbert Keith Chesterton sobre el Padre Brown, publicado en 1910 y recopilado en 1911 en La inocencia del Padre Brown, según traducción de Alfonso Reyes, tomado de la edición El padre Brown. Relatos completos, realizada por Ediciones Encuentro en 2008 (pág. 44), de la biblioteca del autor.

viernes, 10 de enero de 2014

Cifras y letras

¡Pero…! ¡Pero…! ¡Pero…! ¡Pero…!

¡Pero… ¿esto qué es?!

Científicos de Estados Unidos han desarrollado un algoritmo que puede predecir con hasta un 84 por ciento de fiabilidad cuando un libro se puede convertir en un éxito comercial.

La verdad, a veces me pregunto si la velocidad del avance de las capacidades de los ordenadores no irá en paralelo con (o, incluso, arrastrará a) la del desperdicio de tales recursos.

Estos científicos han llegado a la conclusión de que una serie de factores predicen el éxito de un libro: el interés, la novedad, el estilo de escritura y cuánto enganche la historia. No obstante han admitido que también influyen factores externos a la novela, como la suerte.

Y… Y… Y…Y…

Y… ¿dónde queda el talento?

¡Ah, es verdad! Que sólo cuantifican el ‘éxito’ (de ventas, se entiende), algo concreto y material.

Para la calidad no hay algoritmos.

Créditos:
Extractos del cuerpo de la noticia publicada en ABC.es.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Y ahora, ¿dónde los pongo?: En un estante cordial

Una de las ventajas que tiene acercarse por Madrid y coincidir con las amistades que allí (más o menos) residen es que es una oportunidad de dar las gracias.

También por los libros con que uno es regalado (incluso, con el detalle de, evaluando bien los problemas de espacio en el equipaje para el regreso, remitir el regalo por correo).

Lo dicho: muchísimas gracias.

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión.

lunes, 19 de agosto de 2013

Vueltas, vueltas y más vueltas

Observo que nuestros predecesores recurrieron a un elevado número de esferas celestes a fin, sobre todo, de poder explicar el movimiento aparente de los planetas respetando el principio de uniformidad. En verdad parecía completamente absurdo que un cuerpo celeste no se moviera uniformemente a lo largo de un círculo perfecto. Pero se dieron cuenta de que mediante distintas composiciones y combinaciones de movimientos uniformes podían lograr que un cuerpo pareciera moverse hacia cualquier lugar del espacio.
Calipo y Eudoxo, que trataron de resolver el problema por medio de círculos concéntricos, no fueron sin embargo capaces de dar cuenta por este procedimiento de todos los movimientos planetarios. (…) Ese es el motivo de que pareciera mejor emplear excéntricas y epiciclos, preferencia que casi todos los sabios acabaron secundando.

Las teorías planetarias propuestas por Ptolomeo y casi todos los demás astrónomos, aunque guardaban un perfecto acuerdo con los datos numéricos, parecían comportar una dificultad no menor. Efectivamente, tales teorías sólo resultaban satisfactorias al precio de tener asimismo que imaginar ciertos ecuantes, en razón de los cuales el planeta parece moverse con una velocidad siempre uniforme, pero no con respecto a su deferente ni tampoco con respecto a su propio centro. Por ese motivo, una teoría de estas características no parecía ni suficientemente elaborada ni tan siquiera suficientemente acorde con la razón.

No obstante, como sabemos, las predicciones que se realizaban a partir de las teorías planetarias de Prolomeo eran correctas, como bien pudo atestiguar todo un Almirante de la Mar Océana.

Habiendo reparado en todos estos defectos , me preguntaba a menudo si sería posible hallar un sistema  de círculos más racional, mediante el cual se pudiese dar cuenta de toda irregularidad aparente sin tener para ello que postular movimiento alguno distinto del uniforme alrededor de los centros correspondientes, tal y como el principio del movimiento perfecto exige. Tras abordar este problema tan extraordinariamente difícil y casi insoluble, por fin se me ocurrió cómo se podría resolver por recurso a construcciones mucho más sencillas y adecuadas que las tradicionalmente utilizadas, a condición únicamente de que se me concedan algunos postulados. Estos postulados, denominados axiomas, son los siguientes:
Primer postulado:
No existe un centro único de todos los círculos o esferas celestes.
Segundo postulado:
El centro de la Tierra no es el centro del mundo sino tan sólo el centro de gravedad y el centro de la esfera lunar.
Tercer postulado:
Todas las esferas giran en tono al Sol, que se encuentra en medio de todas ellas, razón por la cual el centro del mundo está situado en las proximidades del Sol.
(...)

Hoy se cumplen 540 años y medio del nacimiento de Nicolás Copérnico.

A pesar de los problemas con que se encontró al exponer su sistema, no por eso el mundo ha dejado de dar muchas vueltas desde entonces.

Aunque aún tardó en saber el mundo si tenía que girar según decía Ptolomeo, o Copérnico… o según dijo luego Tycho Brahe.

El cual volvió a la actualidad precisamente el mismo mes del cumpleaños de Copérnico, y desde España, con la noticia de la publicación del libro Sin embargo, no se mueve.

Los autores del libro, Juan Carlos Gorostizaga y Milenko Bernadic, tienen sus respectivos blogs donde abundan en explicar (más o menos) su teoría así como otros aspectos científicos que consideran que la avalan, o que, al menos, no la contradicen.

Y es que una de las cosas que cuestionan es que los experimentos científicos permitan concluir lo que habitualmente se concluye.

El caso es que , vistos algunos antecedentes de experimentos científicos, es para dudar, pero de ahí a replantear (casi) absolutamente todo…

Créditos:
Inicio del Nicolai Copernici de hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus (más conocido sólo por esta última palabra), escrito antes del 1 de mayo de 1514, según traducción de Alberto Elena, en su obra recopilatoria Opúsculos sobre el movimiento de la Tierra, tomado de su primera edición, de 1983, por Alianza Editorial como número 953 de su colección El Libro de Bolsillo (pp. 25-27).
Imagen del Astronomicum caesareum, publicado en 1540, de la Biblioteca Nacional de España, que ilustró los décimos de la lotería nacional del sorteo del 23 de marzo de 2013.
Doodle conmemorando el 540º aniversario del nacimiento de Nicolás Copérnico, el 19 de febrero de 2013.

jueves, 15 de agosto de 2013

Y entonces, ¿dónde los puse?

Hoy se cumplen 34 años de que tomé la Primera Comunión.


Además de ese primer y principal regalo, hubo otros, unos que no recuerdo, y otros que sí, más que nada por tenerlos apuntados: bastantes libros.



Lógicamente, hubo varios de tipo tebeo (sin faltar los de la famosa colección Dumbo).





También los hubo para iniciar un prometedor camino en la literatura, en la lectura, se entiende.
Tanto en formato de doble adaptación (literaria y gráfica), como sólo adaptación literaria.




Y también hubo varios libros para iniciar otro camino, como es el de la ciencia.






Bueno, y casi podría decirse que el camino de los viajes, aunque no creo que fuera ésa la intención.




No podemos olvidar aquellos libros que ayudaban a introducirse en el mundo de la tecnología, y de su historia.





Y, por supuesto, libros de Historia, y especialmente, Historia de España (en todas sus variantes).




¡Ah! La respuesta a la pregunta famosa, entonces, no presentaba problemas: en LA estantería, pues una era la que tenía en mi habitación.

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión, e ilustración (sin acreditar) tomada de la adaptación de Los hijos del capitán Grant, de Julio Verne, publicada por Editorial FHER, en 1968.

miércoles, 3 de abril de 2013

Filosofar no es… algo mecánico

Hoy, hace un siglo… y un mes, Albert Einstein pronunció la primera de las tres conferencias que dio en la Universidad Central, en Madrid.

Son las seis y media de la tarde; la fiebre de expectación agita al numeroso y distinguido auditorio reunido en la Universidad Central: entra Einstein y estalla una salva de aplausos. El gran sabio sube a la cátedra, coge el clarión como si fuese un cigarrillo, quita el sillón del medio, echa un poco adelante su poderosa cabeza característica e inconfundible…

Y esperó…, aunque no hiciera falta, a ser presentado.

… se vuelve hacia D. Pedro Carrasco y espera. El joven catedrático de Física matemática le presenta al público en algunas frases discretas y sentidas.

El “joven catedrático”, 4 años y medio más joven que Albert Einstein, ese mismo año cumpliría los cuarenta, pues Pedro Carrasco Garrorena había nacido, en Badajoz, un 17 de noviembre de 1883.

La Naturaleza ofrece al hombre una multiplicidad asombrosa de fenómenos, cuya variedad es tal, que difícilmente se concibe cómo ha podido ordenarlos, clasificarlos y hasta someterlos a leyes; sólo la labor incesante, durante siglos, de generaciones sucesivas, ha podido construir ese monumento del genio humano que se conoce con el nombre de Ciencias físico-naturales.

Dentro de su prolija producción científica, mayoritariamente en revistas especializadas, y, principalmente, en cuestiones relativas a la astronomía (fue nombrado Director del Observatorio Astronómico de Madrid en 1934), dio a la imprenta, cinco años más tarde de la presentación que hizo de Einstein, una obra sobre Mecánica, en un momento en que la popularidad de las teorías de Einstein, a pesar de apenas ser correctamente comprendidas, hacía del trabajo todo un reto.

La misteriosa verdad y nuestra inteligencia no marchan paralelamente, sino que podemos afirmar, sin temor a error, que avanzamos hacia la verdad de una manera asintótica: será preciso un caminar eterno para llegar a la meta, pero qué importa, si tan cerca de ella llegaremos a estar que podremos considerarla como nuestra y lo será prácticamente. Ni debe preocupar al investigador que, al conquistar una región rebelde de la Naturaleza, ésta le descubra, burlona, otras nuevas regiones inexploradas; lejos de aminorar esto el triunfo, lo amplía y lo estimula, haciéndoles conocer nuevas facetas del misterio y brindándole campo para nuevas hazañas.

En una reseña publicada sobre la obra, ésta era calificada como “original y atrevida, escrita con gran sencillez, para que todo el mundo pueda entender sus nuevos problemas.

Y es que, efectivamente, había nuevos problemas tras las recientes teorías, desafíos sobre los que también avisaba la reseña antedicha: “aventura la hipótesis de que la velocidad límite sea función de la masa mecánica o de un límite de energía, hipótesis que ha de ser muy discutida entre los aficionados a esta clase de estudios, porque roza las teorías de Einstein, que tanto predicamento tienen en la actualidad.

Como vemos, la presentación de cinco años antes no amilanó a Pedro Carrasco, de quien, así, bien podía decirse que ‘lo cortés, no quita lo valiente’.

Es indudable que lo primero y primordial para buscar las leyes mecánicas del Universo es admitir que tales leyes existen. Si sólo el azar, lo fortuito, rigiera el mundo físico, si no existiese ni siquiera un criterio de probabilidad, cuanto hiciera el hombre para construir una ciencia de la Naturaleza sería agitarse inútilmente en el vacío.

Este párrafo no deja de ser una explicación del título de la obra, Filosofía de la Mecánica, en tanto que expone que tiene sentido un planteamiento científico, en general (es decir, filosóficamente).

Curiosamente, también en esas fechas Einstein acabaría discutiendo filosóficamente diversas teorías científicas, especialmente en lo relativo a las implicaciones de la física cuántica precisamente sobre el azar, y sus famosos dados de Dios.

Pero dejémoslo por el momento, pues corremos el riesgo de ponernos muy filosóficos en esta anotación que no quería ser sino un pequeño recordatorio y sencillo homenaje.

Créditos:
Extractos del artículo publicado en ABC el 4 de marzo de 1923, tomado de la hemeroteca del periódico en internet.
Portada, fotografía de Pedro Carrasco, y extractos del apartado inicial, Marcha asintótica de la Ciencia, y La unidad de la solución, del capítulo I La geometrización de la Mecánica, de la obra Filosofía de la Mecánica. Hacia una concepción energética del Universo, de Pedro Carrasco, tomados de la edición realizada por Editorial Páez, en 1928.
Extracto de la reseña publicada en ABC el 5 de diciembre de 1928, tomado de la hemeroteca del periódico en internet.

jueves, 28 de febrero de 2013

Mover montañas

Hace cosa de un mes, se publicó la noticia de que se había conseguido éxito en un experimento científico británico-checo para atraer objetos haciendo uso de la luz. En este caso, el éxito parece residir, además, en que fueron varias las partículas que habían sido ‘ordenadas’ de este modo, pues el «rayo tractor» ya había sido experimentado sobre partículas microscópicas en ocasiones anteriores, por ejemplo, en Australia y en Nueva York.

Cualquier día, pues, nos desayunaremos con la noticia de que por fin se ha conseguido un sistema por el que desplazar objetos sólo (casi) con la voluntad.

Y el caso es que ese sistema ya se nos explicó hace unos dos mil años:
Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: ‘Desplázate de aquí allá’, y se desplazará, y nada os será imposible.»

Aunque para ello, como en estos experimentos actuales, sea necesaria la Luz:
Jesús les habló otra vez diciendo:
«Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.»

Créditos:
Extractos del Evangelio según San Mateo (17, 20) y del Evangelio según San Juan (8, 12), tomados de la Nueva Biblia de Jerusalén, revisada y aumentada, editada en 1998 por Desclée De Brouwer.
Fotografía de los rayos de Sol tras una nube, en Valencia, en junio de 2009, del autor.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Selección de… autor

Intentó también la tierra crear muchos seres monstruosos, extrañamente formados en la faz y los miembros, como el andrógino, medio hombre y medio mujer, pero distinto del uno y de la otra; animales sin pies o privados de manos; otros mudos, sin boca, o ciegos y sin cara, o impedidos por tener todos los miembros adheridos al cuerpo, de modo que ni pudieran hacer nada, ni tan sólo moverse, ni huir de un peligro, ni coger lo que exigiera la necesidad. Otros monstruos y portentos de este tipo iba creando, pero en vano, pues la Naturaleza les impidió medrar y no pudieron alcanzar la deseada flor de la edad, ni encontrar alimentos, ni ayuntarse por las artes de Venus. Vemos, en efecto, que han de concurrir muchas circunstancias para que las cosas puedan reproducirse y propagar su especie; primero debe haber pastos; luego un conducto a través del organismo por donde el semen genital pueda manar de los miembros relajados; y para que la hembra pueda unirse a los machos, deben tener órganos por los que intercambien mutuos goces.
Necesario es que entonces se extinguieran muchas especies de animales y no pudieran, reproduciéndose, forjar nueva prole. Pues todas las que ves nutrirse de las auras vitales, poseen o astucia o fuerza o, en fin, agilidad, que han protegido y preservado su especie desde el principio de su existencia. Muchas hay que por su utilidad nos son encomendadas a nosotros, confiadas a nuestra tutela.
En primer lugar, la valentía ha defendido la violenta raza de los leones, especie cruel; la astucia, a las zorras; la rapidez, a los ciervos. Pero los canes, de sueño leve y fiel corazón, todas la especie engendrada por el semen de las bestias de carga, los rebaños de lanosas ovejas y los bueyes cornudos, han sido todas, Memmio, confiadas a la tutela del hombre; pues ansiaban huir de las fieras, en busca de la paz y de ricos pastos adquiridos sin pena, que es lo que nosotros les damos en premio a sus servicios. Pero aquellos a quienes la Naturaleza no concedió ninguno de estos dones, de modo que ni podían vivir por sí mismos ni sernos de utilidad alguna a cambio de la cual concediéramos a su especie pastos y protección bajo nuestra vigilancia, sin duda todos quedaban como presa y botín de los otros, impedidos por sus trabas fatales, hasta que la Naturaleza hubo cumplido la extinción de su raza.

Tal día como hoy, un 27 de diciembre, pero de 1831, zarpaba de Plymouth el HMS Beagle, llevando a bordo a Charles Darwin, a quien, el viaje de cinco años le dio datos e información que acabaron dando forma a su teoría del origen de las especies por medio de la selección natural.

El texto anterior, sin embargo, no es de Darwin, sino de Tito Lucrecio Caro, quien vivió unos diecinueve siglos antes de la publicación de la famosa obra acerca del origen de las especies.

Y es que no hay nada como ser un adelantado en cuestiones de ciencia.

Créditos:
Extracto del Liber Qvintvs de la obra De rerum natura (De la naturaleza), de Tito Lucrecio Caro, según traducción de Eduard Valentí Fiol, tomado de la edición realizada por Acantilado en diciembre de 2012 (pp. 473-475).
Fotografía de la estatua sedente de Charles Robert Darwin, en el Museo de Historia Natural de Londres, en septiembre de 2012, del autor.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Pues se han equivocado… o no

Bueno, según parece, los que decían que los mayas decían que se iba a acabar el mundo, se han equivocado.


O no.

Porque, ¿estamos seguros de lo que estamos seguros? ¿Seguimos, de verdad, aquí?

Hace ya una década, un filósofo británico desarrolló la teoría de que el Universo en que vivimos podría no ser más que una simulación informática creada por nuestros lejanos descendientes. (…)

La idea de que la Humanidad podría estar viviendo en el interior de un Universo artificial surgió en un artículo de Nick Bostrom, profesor de filosofía de la Universidad de Oxford. (…)
Un grupo de físicos de la Universidad de Washington ha puesto a punto un "test" que podría llevarse acabo ahora, o en un futuro muy cercano, y que sería capaz de averiguar si, efectivamente, vivimos o no dentro de una simulación.

Créditos:
Imagen del doodle acerca del final del decimotercer baktún del calendario maya, mostrada durante este famoso día 21 de diciembre de 2012.
Carátula de la película Matrix de una edición en DVD.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Una dulce contribución


Ayer me llegó un correo electrónico informándome de la tercera campaña Sonrisas dulces de la empresa Migueláñez, en esta ocasión en colaboración con la Fundación Pablo Ugarte para la investigación sobre cáncer infantil.

Como indica en la página web correspondiente, por cada visualización del anuncio, Migueláñez dona una cantidad para este proyecto.

Además de dar a conocer la campaña, y sin entrar a valorar el video como tal, sí quiero destacar la gran diferencia que hay entre unas publicidades y otras. Y no hay que darle más vueltas.

martes, 13 de noviembre de 2012

Martes y Trece. IV: Del cristal (informático) con que se mira

Algo iba a suceder.
La señora K esperaba.
Miraba el cielo azul de Marte, como si en cualquier momento pudiera encogerse, contraerse, y arrojar sobre la arena algo resplandeciente y maravilloso.
Nada ocurría.

Afuera, brillaba el inmenso cielo azul de Marte, caluroso y tranquilo como las aguas cálidas y profundas de un océano. El desierto marciano se tostaba como una prehistórica vasija de barro. El calor crecía en temblorosas oleadas. Un cohete pequeño yacía en la cima de una colina próxima y las huellas de unas pisadas unían la puerta del cohete con la casa de piedra.

Como podemos ver el descubrimiento científico relatado en el titular de la crónica periodística del verano de 1976, ya había sido relatado por otras crónicas casi treinta años antes.

Sin embargo…
El descubrimiento de que el cielo de Marte era rosa, en lugar de azul, se hizo después de un minucioso análisis de la mezcla de colores de las imágenes transmitidas en rojo, verde y azul desde el «Vikingo I». Un ligero error en el encaje de las imágenes fue el responsable de que apareciera un poco natural tinte azulado en la foto formada finalmente.

Que traiga estos titulares de hace 36 años no es debido a que yo tenga una excepcional memoria (que, ejem, también), sino a que lo que quedó fijado en mi memoria fue el error de interpretación de los datos recibidos de la nave Vikingo I, y, consiguientemente, las dudas que se me generaron respecto de las ciencias experimentales cuando el experimento resulta poco… accesible, digamos.

Dudas que me inclinan a… seguir con la novela.

Créditos:
Antetítulo, título y subtítulo de la crónica publicada en ABC el 22 de julio de 1976, tomados de la hemeroteca en internet del periódico.
Antetítulo, título y subtítulo, y extracto, de la crónica publicada en ABC el 23 de julio de 1976, tomados de la hemeroteca en internet del periódico.
Extractos de los relatos Ylla y Los hombres de la Tierra, de Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, según la traducción de Francisco Abelenda, publicada por Minotauro, como octava reimpresión, en 1985 (pp. 17 y 35).

lunes, 15 de octubre de 2012

De olas y bolas

Es sobradamente conocido que entre las aproximadamente 257.000 especies de fanerógamas angiospermas (es decir, con flores), se encuentran, sin entrar en más detalles taxonómicos, las posidonias.

Si bien se trata de una planta acuática marina mediterránea, es posible saber de su presencia submarina gracias a la existencia de hojas desgajadas flotando, y, en las playas, en forma de curiosas bolas ‘fabricadas’ con fibras de la planta, por el oleaje.

Por ello, no es de extrañar el entretenido juego que se llevan entre las olas olas y las bolas en cuestión.


El caso es que como yo no soy de playa (no recuerdo haberla pisado en lo que va de siglo sino este pasado sábado por la tarde), pues todo lo anterior ni lo había visto ni, sobre todo, lo conocía, y gracias a MGae que nos explicó someramente algo de las bolas y de las posidonias, he conseguido tener una mínima idea.

Nos quedó la duda acerca del origen etimológico de la palabra, pero teniendo en cuenta que el paseo lo dábamos por la playa de Levante (El Cabañal - Valencia), tras el Paseo de Neptuno, no es de extrañar que el origen sea, lógicamente, dicho dios mitológico, aunque en su versión griega (Poseidón).

Créditos:
Fotografías de bolas de fibra de posidonia oceánica, en la playa de Levante-Las Arenas (El Cabañal-Valencia), de la tarde del sábado 13 de octubre, del autor.

martes, 9 de octubre de 2012

¿Cosas de niños?

- Papá, ¿qué son las Ciencias Sociales?
- Son las que tratan de la Sociedad,...
- ¡Ah! Pero entonces no son Ciencias.

(Conversación con mi hijo, en 3º de ESO, el pasado viernes)

viernes, 24 de agosto de 2012

Que paren el mundo que me bajo, o no

En 1533, una década antes de que su obra magna fuera publicada, el Papa Clemente VII se hizo informar por el jurista y orientalista alemán Johann Albrecht Widmanstadt [secretario del Pontífice] de las características del nuevo sistema del mundo. Tres años después, el 1 de noviembre de 1536, el cardenal de Capua –el dominico Nikolaus von Schönnerg– escribió a Copérnico desde Roma solicitándole información acerca de sus trabajos y, muy en concreto, pidiéndole una copia del pequeño tratado que tanta celebridad había alcanzado (a pesar del –o quizás más bien en virtud del– reducido número de copias del mismo disponibles).

El pequeño tratado en cuestión se titulaba Nicolai Copernici de hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus, es decir, Breve exposición de las hipótesis de Nicolás Copérnico acerca de los movimientos celestes, y a lo que se ve había causado interés en Roma.

Es (mal) conocida la historia de Galileo en su relación con la Iglesia Católica como consecuencia de la teoría heliocentrista. Menos conocida (aún) es la historia de Copérnico (unos setenta años antes) cuando empezó a conocerse su argumentación  a favor de la misma teoría astronómica.

Y es que Copérnico también recibió desprecios y condenas por ello. Así, por ejemplo, se llegó a escribir sobre “un astrólogo advenedizo que pretende probar que es la Tierra la que gira, y no el cielo, el firmamento, el Sol o la Luna (…). Este loco echa completamente por tierra la ciencia de la astronomía, pero las Sagradas Escrituras nos enseñan que Josué ordenó al Sol, y no a la Tierra, que se detuviese”; o que “muchos son los que consideran meritorio hacer lo que ese buscador de estrellas prusiano, que pone en movimiento a la Tierra y deja inmóvil al Sol. En verdad los gobernantes, si son sabios, deberían poner freno al desencadenamiento de los espíritus”.

Como puede verse, no eran halagos lo que recibía, sólo que en este caso no venían desde Roma.

El primer extracto lo escribió un 4 de junio de 1539 en sus Tischreden un tal Martin Lutero; el segundo extracto es de una carta dirigida a Burkhardt Mithobius y fechada el 16 de octubre de 1541, escrita por Philipp Melanchton. Es decir, la más pura y exquisita Reforma Luterana.

Es cierto que al cabo de un tiempo los protestantes dejaron en paz el heliocentrismo (o al menos, así se nos ha vendido), mientras que en Roma había un tribunal viendo la causa contra Galileo (a quien, en definitiva, le pedían pruebas de lo que decía), pero vista la contundencia de lo expresado por Lutero, y teniendo en cuenta que, en efecto, la Escritura es eso lo que dice, más bien creo que no fue la Sola Escritura lo que les hizo cambiar de opinión, sino, de modo similar al cambio del calendario juliano a gregoriano, algo tan importante como no querer compartir la misma opinión que el Papa y los católicos.

Y la reivindicación del método científico, teniendo en cuenta que Copérnico era católico, mejor dejarla aparte.

Créditos:
Datos y extractos de la Introducción de Alberto Elena a su obra recopilatoria Opúsculos sobre el movimiento de la Tierra, tomados de su primera edición, de 1983, por Alianza Editorial como número 953 de su colección El Libro de Bolsillo (pp. 7-8 y 8).
Imagen de Josué parando el sol (h. 1650-1660), óleo sobre lienzo, obra de Esteban March, existente en el Museo de Bellas Artes San Pío V de Valencia, tomada de su página de internet.

viernes, 20 de julio de 2012

Ellas… y ella


Ésta es la versión humorística de Francisco Ibáñez.

Quince años antes, habíamos tenido un enfoque más terrorífico, mostrándonos La humanidad en peligro.


En todo caso, parece que no hemos aprendido en el buen uso de la ciencia y la tecnología.

(Sin perjuicio de casos particularmente serios, aunque, de momento, resueltos.)

Créditos:
Plana nº 40 del álbum El sulfato atómico, primero de las aventuras de Mortadelo y Filemón como agentes de la T.I.A., y número 1 de la colección Ases del Humor, de la Editorial Bruguera, tomada de dicho álbum, de su primera edición, en 1969.

domingo, 8 de julio de 2012

Desmentidos universales

Debemos desmentir los últimos rumores que han circulado a raíz del supuesto descubrimiento del bosón de Higgs:

- no es cierto que el Ministro de Asuntos Exteriores, señor García-Margallo, lo haya querido presentar como un éxito de la marca España, y tampoco es cierto que ello se haya debido a su creencia de que lo descubierto fuera el ‘bolsón de Higgs’, un nuevo producto de ZARA.

- tampoco es cierto que, como consecuencia de lo anterior, miles de talleres clandestinos se hayan puesto a fabricar copias piratas del referido bolsón.

- tampoco es cierto que el nombre original fuera el de ‘bolsón’ por la analogía del hecho de que con su descubrimiento se podría encontrar solución a muchas cosas, con el hecho de las muchas cosas que hay en un bolso de mujer, ya que es de todos conocido que por muchas cosas que haya, nunca se encuentra lo que se busca.

- finalmente, tampoco es cierto, lógicamente, que se llame ‘bosón’ como consecuencia de la aplicación de los recortes de Mariano Rajoy a las líneas de investigación científica, recortes que habrían obligado a prescindir de la letra ‘l’ de ‘bolsón’.

sábado, 7 de julio de 2012

Y también ellos descansaron

En el momento del «big bang» el huevo cósmico, compuesto de neutronio, se desintegró con feroz violencia en neutrones individuales, que rápidamente se descompusieron en protones y electrones. (…) Los protones así formados cabe considerarlos como núcleos de átomos de hidrógeno-1.
A medida que se fuesen formando los protones, éstos chocarían de vez en cuando con los neutrones que aún quedaran e irían constituyendo gradualmente núcleos atómicos estables de mayor complejidad. (…)
Si un protón se combina, por ejemplo, con un neutrón, se formaría un núcleo de hidrógeno-2, o deuterio (un protón / un neutrón). El hidrógeno-2, combinado con otro neutrón, daría lugar al hidrógeno-3 o «tritio» (un protón / dos neutrones). Sin embargo, el tritio es inestable. Uno de los neutrones de su núcleo emite un electrón y se convierte en protón, de modo que el núcleo se transforma en helio-3 (dos protones / un neutrón). El núcleo de helio -3 se anexiona un neutrón, convirtiéndose en helio-4 (dos protones / dos neutrones). (…)
El núcleo de helio-4 es tan estable que su tendencia a aceptar un neutrón o un protón es prácticamente nula. Y en el caso de que un neutrón consiga anexionarse a un núcleo de helio-4, el núcleo de helio-5 formado (dos protones / tres neutrones) se desintegra [aproximadamente en una milésima de trillonésima de segundo] para constituir de nuevo un núcleo de helio-4 y un neutrón. Por otra parte, si un protón consigue anexionarse al helio-4, el litio -5 (tres protones / dos neutrones) formado se desintegra de nuevo en helio-4 a una velocidad mayor aún que la anterior.
[Pues bien, en realidad] el material originario estaba constituido sólo de hidrógeno-1 y los demás elementos se formaron en el interior de las estrellas, pasando a la materia interestelar por vía de las supernovas.
(…) [Según lo explicado], toda vez que la zona central central de las estrellas es más rica en helio-4 que en cualquier otro elemento, existe una probabilidad relativamente alta de que dos núcleos de helio-4 choquen contra un tercero en un lapso de tiempo suficientemente breve para formar un núcleo de carbono-12. (…)
[Así pues, pasemos a explicar la formación de las estrellas]”

«-¡Un momento, un momento, un momento!
- ¿Qué pasa?
- ¿Me vas a contar ahora con todo detalle el proceso de formación de las estrellas?
- Sí, claro, es el proceso de la Creación.
- ¿Y luego?
- Pues los planetas, y la Tierra, en particular, naturalmente.
- ¿Y me vas a explicar cómo se ha generado cada uno de los montes que hay, cada trozo de piedra, cada valle, todos y cada uno de los arroyos y ríos, la totalidad de los mares?
- ¡Ajá!
- ¿Y también cada arbusto, cada árbol, desde la menor de las raíces hasta la hoja más extrema? ¿Y la vida y milagros de cada uno de los animales, de todas las especies que yo conozco, que son muchas, y de las que sólo tú sabes, que son más aún?
- Ya te he dicho, es el proceso de la Creación.
- ¿Y cuándo empezarás a contarme algo del Hombre?
- Pues mira, la Creación lleva en marcha unos 15 evos, más o menos, por lo que...
- ¿Evos?
- Sí, mil millones de años, es decir, unos 15 mil millones de años es lo que intento contarte.
- ¡Quince mil millones de años!
- Sí, ¿cuál es el problema?
- ¡El problema, dices! Pero, ¿tú has pensado en el tiempo que me vas a tener aquí tomando notas? ¿Tú has pensado en la cantidad de copistas que se necesitarán aunque sólo sea para disponer de un ejemplar cada una de las tribus? ¿Y el tiempo para repasarlas? ¿Y la de hojas de papiro que vamos a tener que fabricar?
- Pero, entonces,…
- Hay que resumirlo como sea.
- Bueno, tal vez, si al principio hablamos cada mil millones de años, y luego, cada cien millones, y después…
- ¡Que no, que no! Es demasiado incluso así.
- Pues no sé qué decirte… Bueno, fijándonos en lo más importante en cada momento… Aarón, ¿qué te parece seis días?
- Sí, Moisés. Seis días me parece bien para dar una idea de la belleza de la Creación hecha por Dios.»

Créditos:
Extractos del capítulo El origen del Universo, de la obra de Isaac Asimov El Universo, según traducción de Miguel Paredes Larrucea, editada como número 458 de su colección El libro de bolsillo por Alianza Editorial (tercera edición, de 1977 – pp. 295-299)
Imagen de La creación del Sol y de la Luna, de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina, tomada de la Wikipedia.
Versión dramatizada de lo que recuerdo de un artículo cuyo autor no recuerdo, que leí hace tiempo en no sé qué revista, en la sala de espera del Hospital Católico Casa de Salud.

martes, 19 de junio de 2012

Las primeras de la ‘última frontera


Hace mucho tiempo, Star Trek nos llevó al espacio, «la última frontera», “hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar”.

Hace 35 años se lanzaron dos naves espaciales, cuyo objetivo era, precisamente, ése: llegar a donde no se había podido llegar. Las naves se llamaban Voyager, la 1 y la 2.

Poco a poco, la nave que ha conseguido llevar la delantera (la Voyager 1) ha ido superando distintas fronteras en su recorrido: en diciembre de 2010 se publicaba que había alcanzado el límite de la heliosfera, zona de alcance del viento solar, e implícitamente, los límites del sistema Solar; hace un año, se nos recordó esta situación, mientras la nave seguía alejándose; y finalmente, ayer, ya se respiraba la sensación de que la primera nave terrestre entraba en el espacio interestelar.

Curiosamente, cuando la nave Enterprise dio el salto de la pequeña a la pantalla grande, allá por 1979, con lo que se encontró fue con… la Voyager 1.