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domingo, 22 de septiembre de 2013

El precio a pagar

Quienes se hayan fijado un poco en las anotaciones de este blog, sabrán que una de sus características es la hora oficial de su publicación (otra cosa es que ella se realice con retraso).

Además de que algunas anotaciones se publiquen los días en que se cumple la celebración o efemérides correspondiente al tema de la misma, hay casos en que la hora de la publicación remite al año que interesa, como por ejemplo, el triunfo en la batalla de las Navas de Tolosa (12:12), o la muerte de Stalin (19:53).

El otro día, cuando en París-Valencia estaban marcando los libros del último yaque, Ester hizo el comentario de «vaya, qué precio más raro» con uno de los libros de los que figuraban “en el escaparate”.

El precio era 19,33 euros.

Gracias a mi extraña afición, en seguida le pude explicar que era el año en que el protagonista llegó al poder.


Tal vez los de Seix Barral eligieron ese precio para llamar más la atención, consiguiéndolo. Pero yo prefiero publicar la anotación a las 19:45.

Créditos:
Cubierta y contracubierta (con la etiqueta del precio), del libro en cuestión.

martes, 22 de junio de 2010

Cuando se pacta con asesinos, los honrados pierden

Hace casi un año, recordábamos en estas páginas el conocido como Pacto Molotov-Ribbentrop, o Tratado de No Agresión tal y tal y tal, entre el régimen nacional-socialista impuesto en Alemania y el régimen comunista (soviético) impuesto en Rusia y repúblicas anexionadas.

Una escena literaria que recuerdo sobre tal pacto se encuentra en Ha estallado la paz, de José María Gironella. Dicha escena muestra la extrañeza y confusión que causó en la España de la inmediata posguerra (agosto del mismísimo 1939, Año de la Victoria), personificada en la familia Alvear (y en concreto en la madre), el conocimiento de la alianza entre Hitler y Stalin, cuando hasta hacía escasamente medio año antes habían dado evidentes muestras de, digamos, desafecto, a través de sus apoyos en un caso, y sus peones y títeres en el otro, aquí, en España.

A mediados del pasado mes de noviembre, mientras regresaba en taxi de una reunión de trabajo, pude escuchar la parte final de la reseña o comentario que se estaba haciendo en el programa de Carlos Herrera, sobre un libro recién publicado en España, cuyo título hacía referencia precisamente a dicho pacto, a través de su otro nombre bajo es que también era bien conocido (y mejor calificado), El pacto de los asesinos, siendo su autor Max Gallo. No recuerdo ahora qué dijeron en esos comentarios, pero el caso es que, fuera lo que fuese, me resultó suficiente como para comprar el libro en la primera ocasión, que fue a principios de diciembre (sobre su lectura, lo haré en cuanto acabe con Eichmann).

En la contraportada del libro se dice: “Max Gallo se ha inspirado en la vida de Margarete Buber-Neumann, la dirigente comunista alemana que, perseguida y recluida en Siberia por Stalin, entregada a Hitler e internada en Ravensbrück tras el pacto germano-soviético, se convirtió después de la Segunda Guerra Mundial en una de las principales voces en contra del totalitarismo nazi y comunista, después de descubrir –y padecerlo en su propia carne– que debajo de las utopías y las esperanzas de cambio juveniles se hallaban agazapados el terror y la barbarie”.

Fuera de las referencias literarias, el Pacto de los Asesinos fue recordado, intencionadamente, bajo el título “¿Cuándo arrancan las tragedias?”en la Tercera de ABC por Hermann Tertsch con motivo del septuagésimo aniversario de la ‘fecha oficial’ del inicio de la Segunda Guerra Mundial:

“Se suele olvidar que al mismo tiempo el Ejército Rojo de Stalin iniciaba la ocupación de toda Polonia oriental, hasta el río Bug. Y algunos no quieren recordar que aquello respondía a un acuerdo entre los caudillos de las dos grandes ideologías totalitarias que habían surgido en Europa durante el primer tercio del siglo XX. El 23 de agosto, el nazismo alemán y el comunismo soviético firmaron un Pacto de Amistad cuyo primer objetivo era la repartición de Polonia y la posterior ocupación soviética de los estados independientes bálticos.”

Tertsch recuerda también otro aspecto que es olvidado general e intencionadamente:

“La segunda [guerra mundial] estuvo dominada por unas ideologías totalitarias surgidas durante la falsaria Paz de Versalles. Mientras las democracias fracasaban estrepitosamente. La otra diferencia, no menor, [y por eso mismo] está en que la primera habría sido evitable y la segunda no.”

Por desgracia, “el terror y la barbarie” no parece tener una identificación unívoca, clara e indubitada, y sobre el fracaso de las democracias…

Y es que como recordé en su día, no sólo el nieto de Stalin quiere impedir que se difunda la verdad sobre su abuelo: también el PSOE encuentra reparos a ello:
“La réplica socialista sostuvo que su grupo y su partido aprueban todas las resoluciones de Naciones Unidas de condena de los crímenes del estalinismo... pero, también se escudaron en las diferente interpretaciones que se dan sobre los hechos y que dividen drásticamente a rusos y ucranios aún en la actualidad.”

El caso es que finalmente, como era de prever, el mundo no resultó lo suficientemente grande para estos dos genocidas, y acabaron enfrentándose: tal día como hoy, pero de 1941, se inició la Operación Barbarroja, invadiendo Alemania la zona polaca bajo ocupación soviética, ante el desconcierto de Stalin (quien, según leí no sé dónde, estaba en esas fechas preparando justo lo contrario).

Tras la guerra, vencido uno de los genocidas, las democracias volvieron a fallar, y dejaron tranquilo (¡y con buena imagen pública!) al otro.

Créditos:
Fotografía del Pacto Molotov-Ribbentrop tomada de la Wikipedia.

Portada y transcripción de la contraportada, de El pacto de los asesinos, de Max Gallo, editado por alianza Editorial, en 2009, con traducción de Wenceslao-Carlos Lozano.

Fotografía de Adolf Hitler tomada de la Wikipedia ["This image was provided to Wikimedia Commons by the German Federal Archive (Deutsches Bundesarchiv) as part of a cooperation project. The German Federal Archive guarantees an authentic representation only using the originals (negative and/or positive"]

Fotografía de Stalin tomada de Libertad Digital.

viernes, 30 de abril de 2010

Lo hundido, bien hundido está

Hace tiempo, me llegó por correo electrónico (prácticamente, el único correo que existe ahora), una dirección de internet relativa a un vídeo en YouTube.

El vídeo tenía su gracia, pues “versioneaba” en clave de (des)gobierno zapaterino una escena de la película El hundimiento. Posteriormente, he visto que esa misma escena se ha utilizado para “mostrar” situaciones desquiciadas, por ejemplo, en el Real Madrid de Florentino Pérez (en relación con la política de fichajes), y más recientemente, en el gobierno del Partido Popular valenciano, sobre El Cabañal.

Hace dos semanas, me volvió a llegar otro enlace con, creo, el mismo vídeo del enlace en cuestión, y digo ‘creo’ porque…

… porque justo ese día entró en vigor la solicitud de la productora de la película (de la que se dio la noticia poco después, al menos, en Libertad Digital), y no llegué a verlo.

Uno de los vídeos censurados (poco a poco, lo que me permitió llegar a verlo) escenificaba el desespero de José Luis Manglano (catedrático de Física en la E.T.S. de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Valencia, ante la inaceptable situación de que hubiera alumnos que aprobaran su asignatura. Naturalmente, este vídeo sólo lo “paladearían” aquellos (como yo) que lo hayan tenido de profesor, pero para aquellos que no hayan disfrutado del vídeo, lo reseño… para ponerle los dientes largos.

Todo esto no deja de ser una excusa (aunque sin dejar de mostrar un ejemplo de censura), para recordar (y celebrar) que tal día como hoy, de hace 65 años, se produjo efectivamente el hundimiento en cuestión, con el suicidio de Hitler en su búnquer.


Créditos:
Carátula de la película El hundimiento (Der Untergang), una producción de 2004 de Constantin Film y Bernd Eichinger, dirigida por Oliver Hirschbiegel.