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miércoles, 30 de octubre de 2013

Se encendió el piloto rojo y…

Una noche (…) salí de paseo con mi esposa. La noche era estrellada; le expliqué los signos del Zodíaco y le mostré Marte, brillante punto que ascendía al cenit y hacia el cual se dirigían tantos telescopios.
La noche era cálida. Un grupo de excursionistas, al volver de Chertsey o de Isleworth, pasaba cantando y tocando música. Se iluminaban las ventanas altas de las casas al acostarse las gentes. De la estación lejana nos llegaban los ruidos de los trenes al cambiar de línea, traqueteo, campanillazos y silbidos que, al suavizarse en la distancia, casi casi concertaban con la música de los excursionistas.
Todo parecía seguro y tranquilo.

La noche de domingo de tal día como hoy, pero hace 75 años, fue, en Estados Unidos, de todo menos segura y tranquila.

Howard Koch había preparado una adaptación de una novela de H.G. Wells para ser representada no en un teatro, sino como una dramatización en la radio por The Mercury Theatre on the Air, en el programa que cada domingo emitía la CBS.

La obra era La guerra de los mundos y el realismo que Orson Welles imprimió en la realización de la dramatización fue absoluto. Las consecuencias también lo fueron. Y Orson Welles y el programa de esa noche pasaron de la historia a la leyenda.


En este caso, también se ha planteado que el pánico no fue tan intenso ni extenso como se ha venido contando, y que, incluso pudiera haberse tratado de una exageración de la prensa escrita, ante el peligro que veía, para ella, en la radio.

Lo que permite concluir dos cosas:
- la primera es que, a pesar de todo lo bueno y excelente, los medios de comunicación no dejan de tener comportamientos peligrosos… para la misma sociedad.
- la segunda es que sigue siendo verdad aquello de El hombre que mató a Liberty Valance, en el sentido de que si la historia no aporta nada de provecho, imprimamos la leyenda.

(Por cierto, sigue estando vigente la reflexión sobre el grito de «¿Hay alguien ahí?» del último párrafo de la anotación de hace cuatro años.)

Créditos:
Extracto del final de la parte I del Libro Primero, La llegada de los marcianos, de La guerra de los mundos, de Herbert George Wells, según la edición de zero-zyx de marzo de 1979 en su colección Biblioteca «Promoción del Pueblo» (pág. 27), de la biblioteca del autor.
Imagen de Orson Welles durante la rueda de prensa que ofreció el 31 de octubre de 1938 para explicar la emisión, tomada de la noticia ABC.

viernes, 30 de octubre de 2009

¿Hay alguien ahí?

Hace un año publiqué una anotación sobre algo que había sucedido tal día como hoy (y como el de hace un año, claro). El problema es que me extendí demasiado sobre otro tema y tuve que concluir de la siguiente guisa:
Pero en realidad, quería comentar algo sobre cierta efemérides del día (en concreto, del de hace 70 años), pero se me ha hecho tarde.

(Había un estrambote final, que, espero, ahora no proceda).
(Tras esta introducción, entremos en faena)

No hubiera creído nadie que las cosas humanas fueran observadas en los últimos años del siglo XIX aguda y atentamente por inteligencias superiores a la del hombre y mortales como la de éste.

Esto es lo que publicó Herbert George Wells en 1898, según la edición de zero-zyx de marzo de 1979 en su colección Biblioteca «Promoción del Pueblo», con una introducción de Víctor Claudín.

Estas palabras se hicieron famosas cuarenta años después, o lo habían sido cuarenta y un años antes, según se vea. De hecho, la introducción de Claudín comienza recordándonos ese acontecimiento:

Un día de octubre de 1938, exactamente a las 20,00 horas del 30, una emisora de radio neoyorkina, la Columbia Broadcasting System, (CBS), lanzaba a las hondas (sic) un programa que marcaría un hito en la historia radiofónica.

Esa emisión, naturalmente, tenía un guión, que, conviene señalar, no era obra de quien se llevó la fama por la emisión. Aquél era de Howard Koch, y consistía en una adaptación radiofónica de la novela de Wells; éste era el director del Mercury Theatre y primer actor del grupo, y respondía al nombre de George Orson Welles.

Hoy sabemos que en los primeros años del siglo XX nuestro mundo estaba siendo observado por unos seres más inteligentes que el hombre y sin embargo igual de letales.

Estas fueron las primeras palabras de Orson Welles esa famosa noche, según la traducción de Carlos Reyles, en edición del año 2005 de Abada Editores en su colección Voces.

La adaptación estaba estructurada, como la novela, en dos partes. La que causó más impacto, lógicamente, fue la primera. Y no era para menos: justo antes del intermedio lo que se oía eran los intentos desesperados de un operador de radio para establecer comunicación con Nueva York.

¿Hay alguien ahí?”. Estas palabras todavía consiguen transmitir la desesperación de quien ve cómo poco a poco quienes tendrían que estar en primera fila combatiendo al enemigo dejan de responderle, y se da cuenta de que le llega el turno de saltar a esa primera fila de combate.

Los ecos de estas palabras, setenta y un años después, siguen resonando ahora, sin respuesta clara, no en las llanuras de Nueva Jersey o en las calles de Nueva York, sino en la séptima planta de Génova, 13.