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domingo, 9 de octubre de 2011

Rendida la ciudad, él rindió gracias a Dios

Ya auia por eſte tiēpo cinco mesesˉq duraua el cōbate y cerco de Valēcia: y apretandoſe mas de cada dia el ſitio, no pudo ſer que no ſe le fueſſe eſtrechando por momētos el coraçon a Zaē. Apretauaſele por otra parte la deſcōfiança que tenia de ſocorro, no auiēdole ſido de provecho elˉq le vino de Tunez los dias paſſados: y acabaua de darle garrote la falta de vituallasˉq auia en la ciudad para tanta gente como en ella ſe auia encerrado. (…) Ya corria entonces el mes de Setiēbre: y no ceſſando jamas el combate, huuo de perder del todo el Rey Moro Zaē las confianças de poderſe defender.Y como hōbre ya deſcōfiado, embiò al Real del Rey Chriſtiano vn diſcreto Moro, llamado Ali Albatà, natural de Peniſcola, para ver el medio de que en tan peligroſo trāce ſe pudieſſe echar mano. Y porque el negocio era tan graue, no quiſo Ali Albatà deſcubrirle del todo al Rey, ſino pedirle facultad paraˉq el Arraez Abnalmalet, hijo de vna hermana de Zaē, el hombre mas hazendado de Valencia, pudieſſe ſalir della para tratarle cō el. (…) Mandò ſalir el Rey de la pieça donde eſtaua, a todos los ricos hombres, y quedò ſolo cō el Arraez y con vn interprete, y alli tuuierō ſus platicas. (…) Lo mas que podia otorgar a Zaē y a suſ Moros era darles ſeguridad para vaziar la ciudad, y yrſe a dōde quiſieſſen, cō toda la ropaˉq ſe pudieſſen lleuar. Comunicò Abnalmalet la reſoluciō del Rey con ſu tio Zaen: y el viēdoſe en tan manifieſto peligro de perderſe, huuo de paſſar por ella. (…) El dia ſiguiēte embiò el Rey a dezir a Zaen y a ſu sobrino el Arraez Abnalmalet, que para que ſe entendieſſe en el exercito que ya era ſuya Valencia, y eſto fueſſe parte paraˉq los de la hueſte no hizieſē daño ninguno a los de la ciudad, alçaſſen ſu Real pendon en la torreˉq deſpues ſe dixo del Tēple, en la puerta de la Xerea; y reſpōdiendo ambos, que lo harian deſde luego, ſe fue el Rey la buelta de aquella torre, y pueſto entre los muros y el Real, (que no es menos antiguo que eſto el Real de Valēcia) vio ſu Real pendon deſde alli con tan grande regozijo interior, que le ſaltarō las lagrimas; y virtiendolas, ſe apeò del cauallo, y poniēdoſe de rodillas hazia el Oriente, beſò la tierra, y orò, y rindiò gracias al Señor por tan ſeñalada merced como laˉq le hauia hecho de entregarle tan inſigne y regalada ciudad.

Y, así, hoy, se conmemora la entrada en Valencia del Rey Don Jaime el Conquistador.

Nota: Aunque sigo debiendo una explicación. Pero hoy es fiesta, ¡qué se le va a hacer!

Créditos:
Extracto del capítulo XXV del Libro VII de los Anales del Reyno de Valencia, “qve corre desde sv poblacion deſpues del Diluuio, haſta la muerte del Rey don Jayme el Conquiſtador”, “compvestos por el Padre Maestro Fray Franciſco Diago de la Orden de Predicadores” en 1613, según edición facsimilar (tomo II) publicada en 1981 por París-Valencia.
Fotografía de la lápida recordando la conquista de Valencia, situada en la fachada (de la plaza de Teodoro Llorente) de la actual iglesia del Temple, donde se encontraba la torre de Bab-el-Schadchar (en la que se exhibió el Pendón Real como muestra de la rendición), en marzo de 2011, del autor.

sábado, 9 de octubre de 2010

Con la bandera en lo alto, entró

8 Viéndose el Rey Zaen falto de víveres, sin esperanza de socorro, y que sus vasallos murmuraban la entrega, envió al Rey Don Jayme un Moro, por nombre, Halialbarat, privado suyo, y hombre entre ellos de sumo esplendor: tuvo ste con el Rey varias conferencias, y para su conclusion envió Zaen à un sobrino suyo por nombre Habulhamelit, con la proposicion de varios partidos, que se convinieron recíprocamente, quales eran, entregar la Ciudad y todos los castillos de esta parte del Júcar; y que à los Moros se les diese libertad, y seguridad para salir con todos sus bienes hasta Cullera y Denia, con tregua de ocho años (como con efecto salieron de la Ciudad, encaminados con todo resguardo, segun lo pactado, en número de 50. mil entre hombres y mugeres): y asegurada esta proposicion, salió el Rey de su tienda, à cuyo tiempo vió el estandarte real sobre la torre que ahora decimos del Temple, y fue de tanto regocijo para todos, especialmente para el Conquistador, que apeando del caballo, se arrodilló en el suelo, vertiendo muchas lágrimas de gozo y ternura.
9 Rendida esta Ciudad, entró victorioso nuestro Conquistador en ella, martes à 28 de Setiembre de 1238., víspera de aquel fuerte Caudillo que con la espada en la mano arrojó del cielo al soberbio Príncipe de las tinieblas y à quantos comn ciega arrogancia siguieron su partido; anuncio para acreditar la estabilidad que había de tener la fe católica, como hemos experimentado y experimentamos, tanto por sus naturales, como por el celo y diligencia, solicitud y fuerza con que los Católicos Monarcas han procurado è incesantemente procuran ahuyentar y castigar todo género de secta en su monarquía.





Sobre la fecha, ya hablaremos en otro momento. El caso es que es hoy, día nueve de octubre, cuando se celebra la entrada victoriosa del Rey Jaime I en Valencia, tras su reconquista en 1238.




Créditos:
Transcripción de los puntos 8 y 9 (parcial) del Capítulo II Conquista de esta Ciudad por el Rey Don Jayme I. de Aragon, y sus últimos crecimientos, de la obra Resumen historial de la fundación y antigüedad de la Ciudad de Valencia de los Edetanos ó del Cid. Sus progresos, ampliacion y fábricas insignes, con otras particularidades, de Pascual Esclapés de Guilló, según edición facsímil de 1979 de Editorial París-Valencia, de la edición de 1805 (edición original de 1738).

Fotografía del Pendón de la Conquista, y de la espada del Rey Jaime I, depositados en el Museo Histórico del Ayuntamiento de Valencia, de octubre de 2010, del autor.

Fotografía de la Real Señera (copia facsímil de 1927), custodiada por la Policía Local de Valencia, expuesta al público en general ayer día ocho en el Salón de Cristales del Ayuntamiento de Valencia, del autor.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Redacción sobre la Catedral

Conquiftada efta Ciudad, como digimos en el antecedente capitulo, el Rei Don Jaime con fu catolico, i religiofo celo mandò bendecir las Mezquitas, que impuramente avian poffeìdo los barbaros Sarracenos, para que limpias de la impureza de fu fecta, paffaffen à Sagrados Templos, en donde los Fieles Chriftianos pudieffen ofrecer à Dios, Sacrificios, Oraciones, i Divinos cultos; i fegun nueftros Hiftoriadores, el Doctor Beuter, Efcolano, Diago, Ortì, i Ballefter, con otros, fue la primera la Metropolitana.

Luego, pues, que el Catolico Monarca hizo efta determinacion, que fue lo primero, juntò fu Egercito, i encaminandofe à la Mezquita mayor, acompañado del Arzobifpo de Tarragona D. Pedro Albalat, con todos los Eclefiafticos, i Religiofos, que juntos con el Egercito avian venido a la conquifta, toda la Nobleza, i el cuerpo del Egercito; y aviendo llegado con ímpetu catolico, el Real Conquiftador tomò un martillo, i fue el primero que empezò a romper aquella Arca, que con impurezas avian imperfeccionado lo candido de fu interior, i exterior concha; à su imitacion llegaron todos, i demoliendo las facrilegas memorias, lo impuro de fus Aras, i lo funefto de fu pompa, el mencionado Arzobifpo la purificò, i la bendijo, i à peticion del Rei Don Jayme le diò el Titulo , è invocacion de Nueftra Señora en fu gloriofa Affumpcion, i levantando un Altar magnifico, celebrò la primera Miffa folemnemente Don Ferrario de San Martin, Arcediano de Tarragona, i electo Obifpo de efta Santa Iglefia.


No pudo ser el propio día, pero hoy sí hemos podido “visitar (otra vez) la Catedral de Valencia.

Pagamos la entrada y pedimos que nos dieran una grabadora y unos auriculares [o sea, una audioguía] para poder escuchar una breve explicación sobre las diferentes salas de la Catedral, como la del Santo Cáliz, y de las diferentes capillas, como la de Sto. Tomás de Villanueva.

Aparte de imágenes y esculturas religiosas, también había sepulcros de cardenales o gobernadores del Reino de Val
encia.

Hay 20 grabaciones que están apuntadas en un mapa, y al pulsar los botones adecuados se escucha la información de l
as diferentes salas. Al acabar podías pulsar 21 para escuchar la información del Micalet, la torre que se encuentra al lado de la Catedral.

El número uno era la introducción. La verdad es que no me acuerdo de casi ninguno, pero sí del número 21, el Miguelete.

Tiene 207 escalones de una sola pieza, con 14 campanas; la más grande le da nombre, Miguelete.

Y según qué número pulsas oirás una información u otra.


Créditos:
Transcripción (intentando mantener la tipografía del original) de los puntos 1 y 2 del capítulo III Antiguedad de la Iglesia Mayor, ereccion en Metropolitana, i erecciones, i bendiciones de las demàs Parroquias, de la obra de Pasqual Esclapes, Resumen historial de la fundacion i antiguedad de la Ciudad de Valencia de los Edetanos, vulgò del Cid. Sus progressos, ampliacion i fabricas infignes, con notables particularidades, editada originalmente en Valencia en 1738, según ejemplar de la edición facsimilar realizada por Extramuros edición, de Sevilla, en 2008.

Extracto de las redacciones que posteriormente han escrito mis dos hijos sobre la visita.

Fotografía de la placa conmemorativa de la primera misa en Valencia tras la reconquista por Jaime I, existente la Catedral, en el muro exterior recayente hacia la Almoina, de junio de 2008, del autor.

Fotografía de la vidriera representando la Asunción de la Virgen María, existente sobre la puerta barroca o de los hierros, de la Catedral de Valencia, de agosto de 2010, del autor.

Fotografía de la capilla de Santo Tomás de Villanueva, religioso agustino, profesor en la Universidad de Alcalá y Arzobispo de Valencia: en el altar central, busto relicario con el cráneo de Sto. Tomás y urna con los huesos del Santo.; en el pavimento, la lápida de la primeera sepultura de Sto. Tomás, de agosto de 2010, del autor.

Fotografía de la escalera de caracol del Miguelete, de junio de 2008, del autor.

domingo, 4 de enero de 2009

Al grano, caballeros

El pasado martes, día 30 (¡el año pasado ya!) me acerqué con mis hijos a ver la exposición que en el antiguo granero de la ciudad (edificio del Almudín, actualmente, contenedor cultural – sala de exposiciones en castellano viejo) versaba sobre “Jaime I. Rey y Caballero”.

La exposición es curiosa, y recoge, como elementos más llamativos para un infante, armas, como espadas y mazas, piezas protectoras del caballero, como cascos, yelmos y cotas, herrajes propios para el caballo, como los estribos.

Nada más entrar (como la exposición es tímida, no permiten fotos, pero sí figuran en el folleto), se encuentra expuesta la espada conocida como de San Martín, que toma el nombre de la figura del santo obispo de Tours que adorna la espada junto a la empuñadura, con motivo de que fue la espada utilizada en la coronación de Martín el Humano. Lo que justifica la presencia de la espada en la exposición es menos complicado: era propiedad del mismo Jaime I.

El folleto gratuito disponible en el mostrador de la entrada (en el mismo sitio donde está el cartel en el que se indica que no se pueden hacer fotos), empieza su discurso de la siguiente guisa:

La exposición «Jaime I, rey y caballero» tiene como objetivo presentar los arneses y la cultura caballeresca del siglo XIII tanto cristiana como musulmana. Un verdadero viaje de iniciación a unas formas de vida lejanas pero permanentes en la memoria social

Como la exposición ha finalizado hoy, agradecemos los esfuerzos realizados, y paso a comentar un par o tres aspectos que a mi juicio son manifiestamente mejorables.

Por ejemplo, la iluminación, que se encuentra muy localizada sobre las piezas, de tal manera que a quien tenga alguna deficiencia visual le resultan apenas legibles las placas identificativas que existen en los expositores.

Placas que en algún caso, no existen (y, como se dice, la primera en la frente): la espada de San Martín no se encuentra identificada.

Los textos se encuentran sólo en valenciano/catalán, lo que, además de otra cosa, supone una dificultad adicional ya que en muchos casos no se trata de palabras que actualmente sean de uso lo bastante habitual como para conocerlas.

Por último, un comentario: de los ejemplares de libros con los que finaliza la exposición, por ejemplo, La gran conquista de ultramar, se expresa que se trata de un facsímil, pero no se indica la fecha del original (cosa que tampoco se dice en el folleto), dato que hubiera ayudado a situar la obra, a contextualizarla, que dicen ahora (los que lo dicen).

Finalmente, un comentario de estilo literario. En el folleto, se dice:
Nada más comenzar nos encontramos con la espada de San Martín (fig. 1), custodiada actualmente en el Musée de l’Armée de París, por ser una pieza que perteneció al propio rey Jaime I y a sus hijos, nietos y bisnietos

Tengo que reconocer que tras las primeras lecturas, sólo entendía que la espada estaba en París debido a que perteneció al rey D. Jaime I; la otra opción, es decir que debido a que perteneció al Rey es por lo que está en la exposición, resulta más oscura con la redacción elegida.

Por tanto, resulta más nítido cambiar la ‘,’ tras París, por un ‘.’ y seguir, por ejemplo, con “Y es que se trata de una pieza que…

Pero bueno, no vamos a discutir el folleto ya que solo gracias a él nos hemos enterado de qué espada se trata.

Sobre el viaje iniciático, siento decirlo, pero se ve que me quedé en casa.

viernes, 2 de enero de 2009

Bien está lo que bien acaba

A finales de febrero de este año recién pasado recogí, como detalle del Colegio de Ingenieros Industriales (estoy colegiado), el catálogo de la exposición “Dos siglos de industrialización en la Comunidad Valenciana” (no lo siento: me niego a mezclar idiomas). [Tal vez fue una suerte no haber podido asistir a la exposición, porque casi seguro que hubiera comprado el catálogo, encontrándome entonces con dos ejemplares]

En el catálogo, dividido en distintas secciones según el tipo de industria, existe una sección (Metal-siderurgia), que recoge el artículo “Metales comunes e ingenios mecánicos”, firmado por Anaclet Pons y Justo Serna, de la Universidad de Valencia.

En dicho artículo se refleja:

Y un momento significativo lo fue, sin duda, cuando La Maquinista Valenciana fabricaba la estatua del rey Jaime I (…) Fue necesario fundir para ello el bronce de seis cañones cedidos por el Ejército para conseguir parte de los quince mil kilogramos necesarios, además de varios meses de trabajo y un sonoro retraso”.

Completando lo que se recoge en el artículo, podemos decir que la empresa se había fundado en 1880 (y todavía continúa en activo), los cañones procedían del puesto de Peñíscola, y el retraso se refiere a que la adjudicación a la empresa se produjo mediante un concurso cuya plazo de presentación de plicas había finalizado el 20 de enero de 1887 (por cierto, la oferta era de 30.000 pesetas, cuando el contrato con el escultor fue firmado por 50.000 pesetas [creo que la SGAE no intervino]), y que el modelo en madera esculpido por Agapito Vallmitjana, troceado para el transporte, había entrado en la fábrica el 10 de agosto de 1888.



La cuestión es que, finalmente, fundida por Francisco Climent, socio propietario de la empresa (tanto su nombre, como el de la empresa, y por supuesto, el del escultor, figuran, como se puede ver, en la base de la estatua); finalmente, decía, y nada más apropiado al día, el 31 de diciembre de 1890, y arrastrada por un rulo especial del que disponía el Ayuntamiento, a las nueve de la noche salía la estatua de la fábrica, y tras un recorrido por la reciente ronda de la ciudad (como quien dice, todavía estaba caliente el derribo de las murallas), llegaba al Parterre terminándose la operación del traslado a las dos menos cuarto.



Como se recoge en el artículo referido “doce días después se colocaba en su pedestal. La inauguración oficial se demoró mucho más, no realizándose hasta el 20 de julio de 1891 en el marco de la Feria” (como puede observarse, se dio el curioso caso de que se inaugurara una obra seis meses después de estar terminada; menos mal que esta costumbre se ha perdido, y ahora se inauguran las obras como toca, es decir, antes de terminarlas del todo)

Este apartado del artículo acaba reseñando que “quedaba así expuesta una estatua ecuestre a mayor gloria del rey Conquistador y cristiano, aquel que, por encima de todo, había librado a Valencia del yugo musulmán, según reza la leyenda que adorna uno de los laterales del pedestal

Esta expresión fue motivo de polémica con motivo de la reciente restauración de la estatua, habiendo quien propuso (incluso quien exigió) que se retirara; finalmente se ha mantenido como esta reciente fotografía acredita (bueno, también acredita que necesita una buena limpieza) [las fotografías históricas están tomadas del catálogo en cuestión].

Queriendo documentarme para otra cosa, me he encontrado con algo que no buscaba (que es lo que suele pasar), en la obra Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, de Edward Gibbon (cuyo primer volumen se publicó en febrero de 1776, y el sexto y último en 1788 – acabado “la noche del 27 de junio de 1787”), según la edición abreviada de Dero A. Sanders, realizada en 1952, editada por RBA dentro de la colección Grandes obras de la cultura (sí, de ésas que se distribuyen en kioscos).

En esta obra me he encontrado, en la descripción del Imperio Romano tal como era en el siglo II después de Cristo, lo siguiente:

La actual España, extremo occidental del Imperio, de Europa y del mundo antiguo, ha conservado de modo invariable en todas las épocas los mismos límties naturales (…) De entre los bárbaros nativos, los celtíberos eran los más poderosos, del mismo modo que los cántabros y astures demostraron ser los más indómitos. Confiados en la fuerza defensiva de sus montañas, fueron los últimos en rendirse al ejército de Roma y los primeros en sacudirse el yugo de los árabes.

No sé si es que estoy muy sensible, pero el caso es que aquí no aprecio ese cierto retintín que sí aprecio en el último párrafo transcrito del artículo del catálogo de la exposición.

Pero bueno, no discutamos, y ante lo que bien acaba, tengamos un pequeño recuerdo a la Alianza de Civilizaciones y todo eso, y siendo el día que es, vayámonos a Madrid, al antiguo Palacio de la Marina, actualmente Senado de España, y apreciemos en toda su plenitud un cuadro de Francisco de Pradilla y Ortiz (encargado por el Senado en 1878, y entregado en 1882), del cual puede leerse una extensa reseña a través del sitio del Senado, aquí.

517 años se cumplen del hecho histórico, y, ¡voto a bríos que tampoco lo siento!