Mostrando entradas con la etiqueta gastronomía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gastronomía. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de diciembre de 2014

Lo comido… por lo sombrado

Lo que tiene el comer en estas fechas…


… es que uno da el estirón.

Créditos:
Fotografía de la sombra proyectada justo tras salir el sol, ayer, del autor.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Thanks! But this coffee…

... isn’t for me.


It isn’t…. HOT!

Créditos:
Detalle de fotograma del Capítulo 11 de la Temporada 2 de la serie Castle, de la videoteca del autor.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Una película a los postres

Si bien en estas páginas hemos criticado desfavorablemente alguna que otra campaña publicitaria, en esta ocasión la crítica es positiva. Por los dos aspectos, en cuanto a la foma y en cuanto al objeto.


Como pude apreciarse, la campaña se basa en el juego entre «cena» y «cine» (el orden de la promoción es éste), y en el archifamoso cartel de la película Tiburón.

Por otro lado, es una manera de fomentar la asistencia al cine sin necesidad de subvenciones públicas.

Lástima que se acabe hoy.

Créditos:
Imagen del anverso del folleto de la promoción.

viernes, 2 de agosto de 2013

Con dos… puntos

Una feliz idea de combinar la ortografía con un grafismo diferenciador.


(Aunque falle en la tilde del primer apellido.)

Créditos:
Fotografía de la Vinöteca de la bodega Álvarez Nölting, en la c/ Doctor Sumsi, de Valencia, de julio de 2013, del autor.

viernes, 12 de julio de 2013

Lo importante de aprender es el poso que queda


Bueno, y alguna que otra botella vacía, ¿no?


Créditos:
Fotografías de J. M. Presas que ilustran el artículo Anatomía de la botella, de Luis Guitérrez, en el Especial vinos publicado en Magazine, suplemento dominical de El Mundo, el 18 de noviembre de 2007, de la hemeroteca del autor.

domingo, 31 de marzo de 2013

De churros

No sé en qué estaría pensando quien inventara la palabra, pero el DRAE nos informa de que ‘churro’ es “voz onomatopéyica”.

De lo que no nos informa es de las características de la masa empleada para hacerlos, y es que … tiene su secreto.



Al menos, la que prepara mi padre, como se pudo comprobar ayer, Sábado de Gloria, en casa de mi hermana, después de innumerables aplazamientos.

La fotografía alcanza a mostrar parte del resultado, y es que a dicha fotografía sí se puede aplicar la tercera acepción de la palabra, pues por pelos llegó a tomarse.

Lo que se estaba tomando, en efecto, era la bandeja de churros, con chocolate, y, en ningún caso, asomó, ni de lejos, la segunda acepción de la palabra.

Y por terminar como se empezó, una onomatopeya:
«¡Hum, qué buenos!»

Créditos:
Fotografía de la bandeja de churros, ya en avanzado estado de vaciamiento, ayer, del autor.

jueves, 27 de septiembre de 2012

¡A comeeerrr!

Ayer encontré en el buzón un folleto publicitario de una empresa cuyo objeto resulta curioso.

Según se lee, la empresa elabora un menú semanal (lunes a viernes), equilibrado y todo eso, se encargan de comprar los ingredientes necesarios (“productos frescos de alta calidad”), los sirven a domicilio los lunes, y facilitan las recetas correspondientes.

No sé cómo les irá, pero, la verdad, es que se trata de algo curioso, más aún, considerando lo cuesta arriba que se hace, al menos a mí, pensar el menú de cada día (y si encima, es comida y cena, peor me lo pones).


Por eso lo traigo aquí, y les deseo que les vaya bien.

(Entiendo, por los proveedores, que está asentada en Valencia. Pero ya irá creciendo, ¿no?)

Créditos:
Imágenes del anverso y reverso del folleto en cuestión, de la empresa YoComoBien.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Desayuno con zumo gusto

Salvo en una ocasión, estos días pasados en Londres hemos desayunado en un local de la cadena Prêt-à-Manger, en la estación de metro de Earl’s Court.

La sorpresa, no ya agradable, sino totalmente inesperada, fue que ofrecían una botellita de zumo de naranja (entre otras frutas), y que el zumo… tenía pulpa. No era un líquido del color adecuado, y poco más: en la etiqueta hablaban de zumo, sin mencionar esa palabra mágica de ‘concentrado’.

Tal vez fuera por eso que anduviéramos lo que anduvimos, sin especiales problemas.

Un motivo más para recomendarlos, y una vez bien aseado el desayuno, a ver Londres.

Eso sí, cuesta una libra con sesenta la botellita.

Nota:
Lo divertido es que me constipé la tarde del día siguiente al regreso, ya en Valencia.

Créditos:
Fotografías de la botellita llena (junto con el vaso del café con leche), y vacía, donde se aprecia los restos de pulpa, de estos pasados días, del autor.
Imagen de la servilleta del local.

domingo, 5 de agosto de 2012

Para no llenarse de granos

Dentro de diez semanas está previsto que suceda un gran fenómeno de conjunción planetaria en Valencia. Es posible que a estas alturas de la conjunción, ya haya quien haya comido paella elaborada con madera, no de haya, sino de naranjo.

Para evitar que tan digno, ilustre y civilizado momento gastronómico no sea adecuadamente disfrutado, a continuación expongo un breve manual, que oportunamente me llegó por correo electrónico el jueves (es decir, justo las diez semanas antes de la conjunción), no de elaboración, sino de degustación, lógicamente y como toca, de la paella de la paella.

Dejémonos de dar saltos y, como nunca mejor dicho, a saber:
- La paella es como una caja de quesitos en porciones. Los jugadores están distribuidos alrededor de la paella de forma equidistante A cada jugador le corresponde solo el quesito que tiene delante de sus narices.
- El cubierto oficial del juego es la cuchara de metal o madera.
- Si el jugador quiere exprimir limón en su área, deberá tener autorización verbal de sus dos vecinos, a los que procurará no salpicar.
- El juego comienza cuando el macho dominante de la manada dice "Vinga que es gela l'arròs!" (Tr.: ¡Venga, que se enfría el arroz!)
- Si la paella está buena, el elogio al cocinero se hará de forma intermitente cada dos cucharadas durante toda la comida.
- Los tropezones que hay en cada sector son propiedad del jugador titular de ese espacio. Si algún elemento integrado en su zona no es del gusto del jugador lo depositará delicadamente en el centro de la paella para que lo disfrute otro jugador.
- Las piezas de carne cuando salen de la paella no pueden volver, ni por partes, ni en los huesos.
- Si alguien invade el espacio de otro jugador sin permiso, será amonestado; a la segunda ocasión, oirá aquello de "Eres un poc fill de puta" (Tr.: Eres un poco malandrín) y tendrá que pagar los carajillos.
- Se entiende que un jugador abandona, cuando apoya la cuchara en el borde del caldero y dice "Estic fart, ja no puc més!" (Tr.: Estoy harto, ¡no puedo más!) En ese momento su zona queda franca y puede ser ocupada.
- Queda terminantemente prohibido girar la paella para acceder a otro punto donde aún queda arroz.
- Si la paella baila alguien deberá coger del asa para estabilizarla. El/los jugador(es) que se ocupen de este cometido recibirán elogios del resto, que se emplearán a fondo para mantener siempre llena la copa de vino del esforzado estabilizador durante toda la comida.
- Cuando se toca hierro con la cuchara, en las postrimerías de juego, los valencianos se enfrentan al "Socarrat", es un momento glorioso donde el nerviosismo cunde. El frenesí es tal, que aquello parece a una prospección petrolífera. Los que no participan en el festín deben relajarse y esperar el postre.
- La partida acaba cuando los jugadores se retiran o ya no queda nada en el caldero, señal indiscutible que estaba buena o había mucha hambre ó...........ERAN LAS 16:30h. (A esa hora todas las paellas están buenas).

AMUNT.

sábado, 28 de julio de 2012

De gastronomía… y de una escabechina

Como ya se ha dicho por aquí, el pasado fin de semana estuvimos en Toledo.

La calidad a que se hace referencia en la anotación enlazada incluye, como no podía ser menos, la gastronomía de que disfrutamos: platos caseros aportados por quienes tienen maña para ello.

Así, sin ánimo de ser exhaustivo, dimos buena cuenta de empanadas, croquetas, bizcochos, ensaladas y pollo en escabeche. La cuenta fue tan buena que no hubo momento para recordar… hacer una foto para recordar.

Lo que sí recuerdo es que, en línea con la serie de anotaciones en su blog, Alawen nos comentó la receta del pollo en escabeche. Y puesto que, como ya dije por aquí, la Fortuna ayuda a los osados, anoche decidí ponerla en práctica para la comida de hoy.

Tenía alguna duda, aunque sí recuerdo claramente la pregunta clave: «¿Ha cuajado la gelatina?».

El caso es que, en mi caso, la respuesta ha sido que no.

No obstante, se ha dejado comer, aunque eso sí, se ve que me pasé al medir el vinagre (o con la intensidad de éste). Y al menos, mi hijo me ha dicho que, excluido esto, mejor que lo del comedor del colegio.

Nota:
De los platos aportados por otras personas que también demostraron maña para ello, sólo puedo decir acerca de las recetas que se trata de documentos clasificados y confidenciales, pues nada se nos comentó.

Créditos:
Fotografía del resultado del experimento culinario, del autor (ambos, fotografía y experimento).

domingo, 8 de abril de 2012

Dulces felicitaciones

En su momento, era el Sábado de Gloria, luego, pasó a ser el Domingo de Resurrección. El caso es que se celebraba el santo de mi madre, y luego, el de mi hermana (la) pequeña.

Un detalle gastronómico especial en casa era las torrijas que hacía mi madre. Como nunca he sido yo muy de enterarme de las recetas, tuve que guardarme una del otro día, lo bastante sencilla como para que quedara a mi alcance.

Ayer las hice: cuatro cayeron esa tarde, y tengo guardadas otra cuatro para la merienda de hoy.

Muchas felicidades y muchas gracias.

Créditos:
Fotografía de un plato de las torrijas hechas ayer, por el autor, y del autor.

sábado, 3 de marzo de 2012

Catador sin cate: a-probado

“Inmediatamente, Mike cogió el vino, se sirvió primero a sí mismo y luego fue llenando los vasos de los demás. Ahora todos miraban a Richard Pratt, observando su rostro mientras él cogía su vaso con la mano derecha y se lo llevaba a la nariz. Era un hombre de unos cincuenta años y su rostro no era muy agradable. (…)
Lentamente, levantó el vaso hacia la nariz.
La punta de la nariz se metió en el vaso, y se deslizó por la superficie del vino, husmeando con delicadeza. Agitó el vino en su vaso, para poder percibir mejor el aroma. Parecía intensamente concentrado. Había cerrado los ojos y la mitad superior de su cuerpo, la cabeza, cuello y pecho parecían haberse convertido en una sensitiva máquina de oler, recibiendo, filtrando, analizando el mensaje que le transmitía la nariz, con sus aletas carnosas, eréctiles, nerviosas y sensitivas.
(…)
Durante un minuto el proceso olfativo continuó; luego, sin abrir los ojos ni mover la cabeza, Pratt acercó el vaso a su boca y bebió casi la mitad de su contenido. Después del primer sorbo, se paró para paladearlo, luego lo hizo pasar por su garganta y pude ver su nuez moverse al paso del líquido. Pero no se lo tragó todo, sino que se quedó casi todo el sorbo en la boca. Entonces, sin tragárselo, hizo entrar por sus labios un poco de aire que mezclándose con el aroma del vino en su boca pasó luego a sus pulmones. Contuvo la respiración, sacando luego el aire por la nariz; para poner finalmente el vino debajo de la lengua y engullirlo, masticándolo con los dientes, como si fuera pan.
Fue una representación solemne e impresionante, debo confesar que lo hizo muy bien.
- ¡Hum! –dijo, dejando el vaso y relamiéndose los labios con la lengua–, ¡hum!, sí…, un vinito muy interesante, cortés y gracioso, de gusto casi femenimo.
(…)
- Ahora empezaremos a eliminar –dijo–, me perdonarán si lo hago concienzudamente, pero es que me juego mucho. Normalmente, quizá me hubiera arriesgado y hubiera dicho directamente el nombre del viñedo de mi elección. Pero esta vez debo tener precaución, ¿verdad?”

Este pasado mes de febrero, dentro de la programación de Ámbito Cultural de El Corte Inglés, en Valencia, se ha estado celebrando el Curso básico de conocimiento vitivínicola Connaisseur.

Según me cuentan, se lo han pasado bien, ha sido instructivo, han formado un grupo de amigos, y todo eso.

Ergo… algún día alguien tendrá que demostrar que ha asistido al curso con aprovechamiento, que se dice (y no sólo el gastronómico).

Créditos:
Extracto del relato Gastrónomos, de Roald Dahl, según traducción de Carmelina Payá y Antonio Samons, incluído en el volumen Relatos de lo inesperado, publicado como número 82 de la colección Compactos de la editorial Anagrama (pp. 15-17).

martes, 27 de septiembre de 2011

Audentes Fortuna iuvat

El pasado viernes, Alawen nos obsequió con dos recetas propias de Toledo.

A pesar de los problemas con el jamón, he decidido aceptar el reto, y esta noche es lo que he cenado.

Sencillo de elaborar (aunque alguien te haya dejado sin jamón), y agradable de comer.

Muchas gracias por la receta.

Créditos:
Fotografía del manjar degustado esta noche (carcamusa), del autor.
Título de la anotación tomado de la Eneida, libro X, verso 284 («La Fortuna ayuda a los audaces»).

viernes, 2 de septiembre de 2011

Sugerencia del chef

“Mucho antes de darse a conocer como Agatha Christie, Agatha Mary Clarissa Miller, se había convertido en una verdadera experta en venenos por su trabajo como enfermera en la I Guerra Mundial. Esos conocimientos y la necesidad de ganar algo de dinero la condujeron al crimen. Pero su vocación -frustrada- fue siempre la de ser un ama de casa convencional, preocupada por las cretonas y por los menús de la semana.”

De este modo, nos introducía M. Hermida, merced a su artículo publicado en ABC, en la breve reseña que hacía de la obra Cremas&Castigos, de Anne Martinetti y François Rivière.

El libro, con su literario juego de palabras del título, versa “sobre la faceta gastronómica de la autora británica: las recetas a las que ella alude entre muerte y muerte se detallan y resultan de lo más apetecibles”.

Y no puedo decir mucho más, ya que el referido libro (aún) no figura entre los de mi biblioteca.

Eso sí, por si le interesa a alguien, aunque en la ficha del periódico figura como editado por Vergara, en la página de internet del Ministerio sólo figura una edición, de abril de 2007, por parte de Ediciones B, con ISBN 13: 978-84-666-3010-8.

Créditos:
Extracto del artículo de M. Hermida publicado en ABC el 1 de septiembre de 2007.
Fotografía de archivo de ABC que ilustra el artículo en cuestión, cuyo pie de foto es: “Agatha Christie desayuna (a la inglesa) en su casa de Bagdad: qué tiempos”.

martes, 29 de marzo de 2011

Sin prisa

Este martes he tenido también reunión en el colegio, en esta ocasión con la tutora de mi hijo (al regreso, la librería estaba cerrada).

Como iba con tiempo, me di un paseo por las calles cercanas, y acabé decidiendo ir a comprar la merienda, unas galletas o algo parecido, a una tienda de la que ya hablé en su momento.

En ese sentido tuve suerte, pues me comentaron que como está próxima la Pascua judía, ya no se podrá comer galletas y similares, y por tanto, los retirarán de la venta. El caso es que compré unas galletas, tipo barquillo, con sabor a limón, procedentes, eso sí, de Israel.

Supongo que lo de no comer galletas es porque en Pascua sólo puede comerse pan ácimo (matzá): “No comerás con ella pan fermentado; durante siete días la comerás con ázimos, pan de aflicción, porque a toda prisa saliste del país de Egipto todos los días de tu vida” (Deuteronomio 16, 3).

Nota: Para quien esté interesado, este año la Pascua judía empieza el próximo 19 de abril.

Créditos:
Fotografía del paquete de galletas en cuestión, del autor.

martes, 15 de marzo de 2011

¡Volvió!

En su blog de efemérides, Libertad Digital nos recuerda que tal día como hoy, en 1493, desembarcaba Cristóbal Colón en Palos de Moguer. En su viaje de regreso, se trajo consigo, entre otras ‘pruebas’ de las nuevas tierras halladas, un grupo de personas naturales de allí.

En el Real Alcázar de Sevilla se encuentra la Sala de Audiencias, en su día dependencia de la Casa de Contratación. En dicha sala se encuentra el retablo de la Virgen del Buen Aire, o de los Mareantes, obra de 1535 cuyo autor es Alejo Fernández. Ante este retablo, los marinos que iniciaban ruta hacia América rezaban pidiendo ‘buen aire’ para la travesía.

En la parte central del retablo se puede observar a la Virgen María con los brazos extendidos dando volumen al manto, bajo el que se representan, cobijados, diversos personajes, unos de la corte española (incluyendo al mismo Cristóbal Colón), y los otros, a los indígenas que vinieron con él. Este retablo supone la primera vez que en Europa se representaban imágenes de nativos americanos.

Las naves que se presentan en la parte inferior se corresponden con las habituales que constituían la flota española a comienzos de ese siglo XVI.

En los cuarteles laterales, y por orden de arriba abajo y de izquierda a derecha, se representan a San Sebastián, Santiago Apóstol, San Telmo y San Juan.

Además de quienes rezaban antes de iniciar la travesía, también rezó aquí Juan Sebastián Elcano al regresar tras realizar la primera vuelta al mundo. Pero esto es otra historia.

El regreso de Cristóbal Colón, y el establecimiento en aquellas tierras, supuso, entre otras menudencias, la introducción en Europa de alimentos como el tomate y la patata. Y claro, ¿qué sería de España sin la tortilla de patatas, es decir, la tortilla española?

Lo que me recuerda el comentario que nos hizo mi hermana mayor a su vuelta este verano de allí (California, para ser más precisos), sobre la emoción que tuvo la esposa de un profesor de la Universidad cuando mi hermana le presentó para comer una sencilla tortilla de patatas. Y es que esa mujer era descendiente de sefarditas.

Aunque,… aunque sabiendo que los judíos fueron expulsados de España por decreto del 31 de marzo de 1492, ¿cómo es que los sefarditas vinculan la tortilla de patatas con España?

Créditos:
Fotografía del retablo de la Virgen del Buen Aire, en la Sala de Audiencias del Real Alcázar de Sevilla, de enero de 2011, del autor.
Datos tomados de las placas existentes en la Sala de Audiencias.

sábado, 5 de febrero de 2011

Tanto esperar…

En una de las cajas famosas de ésas de por Navidad, me encontré con una caja de “Sal rosa del Himalaya”.

Se puede leer que la tal sal, es “nacida hace 200 millones de años”, y en uno de los laterales de la caja se nos cuenta su historia:
“La sal rosa del Himalaya es sal marina sin refinar (no manipulada químicamente) de extraordinaria pureza que sedimentó a los pies de esta cordillera hace 200 millones de años.
Compuesta por gran cantidad de oligoelementos distintos, entre los que destacan el magnesio, el calcio, el potasio y el hierro, le aporta a esta riqueza mineral su atractivo color rosáceo, así como múltiples y sutiles matices organolépticos, de gran elegancia.
La sal rosa del Himalaya ha estado sometida a lo largo del tiempo a enormes presiones: el peso de la cordillera más grande del mundo ha hecho de ella una sal cristalizada de textura crujiente.
”

Aparte de preguntarme qué demonios gastronómicos se nos han perdido a los pies del Himalaya para tocarle las narices a esta sal que tan tranquila estaría allí, esperando, como mucho, que fuera un equipo de geólogos quien trabajara con ella; aparte de preguntarme eso, básicamente, me pregunto otra cosa:

¿Cómo puede ser que una sal que ha soportado lo indecible durante 200 millones de alos, llegue el año 2030… ¡y caduque!?

Créditos:
Portada de la caja de la sal rosa del Himalaya.

lunes, 13 de diciembre de 2010

De una sentada... o dos

Hace ya días fui invitado por mi hermano al teatro, a ver la representación de Les cadires, de Eugène Ionesco, en el Teatro El Musical, sobre la que ya ha publicado él una anotación.

Aquí hablaremos de los momentos previos, en los que no nos quedamos sentados, esperando.

Hace ya tiempo publiqué una anotación a modo de introducción de una serie de anotaciones sobre establecimientos de restauración en Madrid cuya características principal era que ya no cumplían cien años de historia… porque ya los habían superado.

En Valencia existen también establecimientos de este tipo, aunque no existe (que yo conozca) una promoción similar a la de Madrid. Uno de estos locales es Casa Montaña, en el Distrito Marítimo, en el barrio de El Cabañal-El Cañamelar, en concreto, la parte de El Cañamelar.

Como se puede apreciar en la fachada, se fundó en 1836, aunque no sé decir si lo fue en el mismo lugar que actualmente ocupa, o en otro suficientemente cercano. Como se puede deducir, el negocio original era la venta de vinos y licores, en definitiva, lo que indica el toldo y los cristales: una Bodega. Y el interior recuerda este origen del modo más sencillo posible: unos barriles.



Lógicamente, acompañamos la ingesta de vituallas con vino. Con la sorpresa final de que, como se trataba de vino valenciano, nos regalaron unas copas sobre las que estaba grabado el escudo de la Generalidad Valenciana. Haciendo patria chica, que se diría.

El local tiene dos ambientes, que se dice: el clásico, que es donde estuvimos, y otro, abierto hace no muchos años, en la zona trasera, de diseño más moderno. A pesar de esta distinción, la carta que pudimos consultar recogía diseños modernos (merchandising, o similar) para Casa Montaña, obra de Paula Sanz Caballero, entre los que se incluyen ahora que está de moda, tazas con el logo (la M con la tilde de la ñ).

Por muy a gusto que estuviéramos sentados comiendo, hubo quien nos recordó (y aun siendo de noche), que ya era hora de apreciar otras sillas, y aplaudirlas, si llegaba el caso. Y eso hicimos.


Créditos:
Fotografías de Casa Montaña, de diciembre de 2010, del autor.
Fotografías del escenario inicial y de los saludos finales, del espectáculo Les cadires, en el Teatro El Musical, de Valencia, del 2 de diciembre de 2010, del autor.

viernes, 29 de octubre de 2010

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Digerir un almuercito

Entre las tradiciones gastronómicas de Valencia figura el almuerzo. No lo que en otras zonas de España se conoce como ‘almuerzo’, que tiene lugar a partir de las dos de la tarde, más o menos, que por aquí es, simple y llanamente, la comida. El almuerzo es a media mañana, a partir de las diez de la mañana (nueve y media si se trata del sector de la construcción), y sirve de un refuerzo energético, y sobre todo, psicológico, especialmente si se tiene una jornada intensiva, y la propia comida no tendrá lugar hasta las tres y media o las cuatro de la tarde.

Esta tradición gastronómica es la que utilicé como excusa hace unos días para poder visitar, digamos que ‘de paisano’, por fin, BiblioCafé. Aunque eso supusiera hacer tomar un segundo café a con quien había quedado para una reunión.



Me encontré con que tenían una oferta por la que se regalaba un libro de entres tres o cuatro, por una compra superior a no sé cuánto, pero que desde luego superé. Y éste es el libro del ‘premio’.

¡Ah, se me olvidaba! Almorcé muy a gusto.

Créditos:
Portadas de los libros adquiridos.

lunes, 23 de agosto de 2010

Cocina históricamente tradicional

Cuando el pasado enero visitamos el Jüdisches Museum de Berlín, dedicamos nuestra atención a la exposición permanente, dejando a un lado las temporales, que suelen versar sobre historia cultural, exhibiciones de arte y, en general, un amplio abanico de temas con los que el museo complementa la exposición permanente. Como por ejemplo, la que en esos momentos tenía lugar, sobre la gastronomía judía.

Una pena no haberla visitado, porque esta mañana, mientras hacía tiempo para una reunión de trabajo en obra, aquí en Valencia, me he llevado la sorpresa de encontrarme con un local de comida judía.

Según me han explicado, antes estaban en el centro de El Corte Inglés de la Avenida de Francia, integrados en el Supermercado (aunque yo no me hubiera dado cuenta nunca de ello), lo que les suponía diversos problemas en relación con el horario comercial.

Ahora se han independizado, y esos problemas han desaparecido. Aunque por prudencia, tampoco daré más indicaciones sobre dónde están.

Lo que no sé es qué comprar. Empezaremos, a falta de otras recomendaciones, por los pastelitos, que sí las he probado.

Créditos:
Folleto de la exposición Koscher&Co. en el Jüdisches Museum de Berlín, del otoño-invierno de 2009-10.

Fotografía del cartel del local de comida judía, de agosto de 2010, del autor.