martes, 12 de abril de 2011

Abierto por… oración. Introducción

Cuando uno viaja a otras ciudades, intenta organizarse la agenda (o se la organiza sobre la marcha), para poder ver lo que en esos momentos mejor le apetece; otra cosa es que se consiga. Por ejemplo, está el tema de las visitas a las iglesias. En estos momentos, me viene a la memoria el caso de dos de ellas.

En Londres se encuentra la Iglesia del Temple, sobre la que alguna guía indica que su horario es tan enigmático como la propia Orden Militar. Gracias a ese detalle, pudimos fijarnos bien en el reloj, y aunque resultó el único momento en todo el viaje en que más que pasear o andar, íbamos casi a paso ligero, conseguimos llegar a tiempo de ver (algo) la iglesia y, también, cómo cerraban las puertas una vez salimos.

Otro caso que ya traje a estas páginas es el de San Antonio de los Alemanes, en Madrid. Lo peculiar del horario no nos lo dijo ninguna guía de viaje, sino el guía de la visita al Casón del Buen Retiro; sólo que en esta ocasión no nos pudo concretar más, con lo que el resultado fue el contrario al obtenido en el viejo Londinium: la puerta estaba cerrada antes de llegar nosotros, y así permaneció.

Todo esto viene a cuento de que, como en la casa del herrero, en nuestra propia ciudad solemos tener las cucharas de palo. Es decir, con eso de que, total, ahí está, si no es hoy, será mañana, y si no, pasado, suele suceder (al menos, a mí), que en el horario mucho más regulado que tenemos habitualmente, hay que tener bastante puntería (y organización) para poder visitar las iglesias propias (y es que suele ser un cierta costumbre que los horarios de misa estén expuestos dentro, no fuera; y aunque están fuera, no los miremos).

Ya comenté hace poco la oportunidad que tuve de visitar la ermita de Santa Lucía tras su reapertura una vez llevados a cabo importantes trabajos de rehabilitación.

Con esta anotación, a modo de introducción, doy inicio a una serie dedicada a esas iglesias que habitualmente me he encontrado cerradas al pasar junto a ellas, y que por el motivo que, casualmente, sea, he podido visitar.

Créditos:
Fotografía del interior de la Iglesia del Temple, en Londres, de octubre de 2006, del autor.
Fotografía de detalle del exterior de San Antonio de los Alemanes, en Madrid, de junio de 2009, del autor.

lunes, 11 de abril de 2011

Semillas mágicas

Hace una semana, pudimos presenciar el resultado de las actuaciones entre bastidores en el teatro socialista-gubernamental.

De este modo, se mostraba el primer acto de derribo de un árbol (incluyendo el destocamiento completo) para ir abriendo un hueco, algo de claridad, en el cerrado bosque socialista.

“Son vulgares semillas que he tratado con una de mis pequeñas pociones”, dice en un determinado momento Panorámix, el sabio druida, experto, entre otras cosas, en la química de las pociones mágicas.

El resultado de la química resulta inmediato.

¡Para que luego hablen mal de los tebeos, cómics o historias gráficas!

Créditos:
Viñetas de La Residencia de los Dioses, álbum de Astérix, en el que Uderzo ilustra un guión de Goscinny.

(Es casualidad que la aventura refleje el auge y la caída de una promoción inmobiliaria)

Hermano Franz

Al día siguiente de que nuestro amigo Bate nos recordara la figura vital, pianisística y espiritual de Franz Liszt, El Corte Inglés de Valencia celebró un concierto homenaje al ilustre músico con motivo del bicentenario de su nacimiento.



Al piano, Mara Álvarez-Maderna ofreció la sonata Claro de luna de Beethoven, y, en la segunda parte del concierto, cuatro obras de Liszt: San Francisco de Asís predicando a los pájaros (ya Bate nos había recordado que había tomado hábitos en la orden Franciscana), el Sueño de amor, y los Estudios Trascendentales nº 10 Appassionato y nº 12 Tormenta de nieve.



Mara Álvarez-Maderna es profesora superior de piano en el Centro Integrado de Música Francisca Pascual (La Purísima), en Valencia, y entiendo como buena señal que hubiera bastantes asistentes que, supongo, serán alumnos suyos.

Este video del Sueño de amor es en versión para piano y cello, en recuerdo agradecido a quien nos recordó a Liszt.



Créditos:
Imagen del folleto del concierto.
San Francisco predicando a los pajarillos, ilustración de José Benlliure de la serie realizada en 1926 para un libro conmemorativo del VII centenario del tránsito del Santo, tomada de San Francisco visto y soñado por Benlliure, catálogo de la exposición realizada en junio de 2004 en el Palau de la Música de Valencia.
Fotografía de un momento del concierto, del autor.

domingo, 10 de abril de 2011

La Palabra (no sólo gramaticalmente) correcta

“El sacerdote, leyendo el Evangelio de hoy:
-Entonces, Jesús dijo: «¡Lázaro, levántate y anda». Y Lázaró se levantó y andó.
- ¡Anduvo, imbécil! – increpó un feligrés indignado.
- Sí, bueno, anduvo imbécil un rato,… pero en seguida se espabiló
”

Bueno, en realidad el Evangelio tampoco es literalmente así, pero ¿cuántos feligreses actuales se darían cuenta de la incorrección… gramatical?

viernes, 8 de abril de 2011

¿Hmm… se está más guapo?

Coincidiendo, lo que no necesariamente quiere decir que se trate de una casualidad, con la inauguración de la Feria del Libro aquí en Valencia, ha sido noticia la libertad de expresión por todo lo contrario.

Y encima, voluntariamente.

El siempre personal Pedro J. ha decidido, ante las reacciones mostradas (que tampoco tienen por qué ser las causadas), retirar un artículo del recientemente famoso Sostres. Encima, según Libertad Digital, “no ha tenido más remedio que retirarlo”. Pobrecito uno, y pobrecitos los otros. Ya les llegará el momento en que tampoco tengan más remedio que retirar alguna noticia, y entonces se acordarán (yo ya lo hago ahora), del perro ruso del chiste ya añejo (“¿Qué es ladrar?”).

Y es que, también por barrios van cambiando los tiempos, que cantaba un tal Robert Zimmerman. Cambió el nombre,… y también el repertorio.

Créditos:
Detalle del pantallazo de la noticia de Libertad Digital sobre la retirada del artículo de Sostres.

jueves, 7 de abril de 2011

Tiempo de libros. Serie 3: Se habla según le va… la Feria

“La bibliofobia sobrevenida o inducida es enfermedad común que se manifiesta con gran profusión en los estudiantes de determinadas universidades y en algunos que ni siquiera llegan a ellas, y viene marcada por la excesiva exposición del paciente no ya al libro, sino al sistema educativo, cuyos efectos perversos consisten en generar un amuleto contra el interés en el alumno que deviene fobia, y son perversos porque inicialmente estaban preconcebidos y bien pagados para lo contrario, para incitar a la lectura y formentar el saber.
(…) Esto es, sin duda, lo más grave de la bibliofobia sobrevenida; podemos soportar que nuestros impuestos no se gasten en mejorar o construir las carreteras que nos habían prometido, pero de ahí a tolerar o admitir que con esos impuestos se contrate a alguien para que de forma sistemática, con horario fijo, de lunes a viernes, de septiembre a junio, se dedique a destruirlas, a alterar sus peraltes o a empeorar un drenaje, va un trecho enorme que difícilmente estamos dispuestos a recorrer, y que, sin embargo, recorremos borregos cada día.
Y es que es eso lo que sucede con la enseñanza de la literatura, que para empezar debería seguir el orden cronológico inverso al actual, al menos de lo ya destilado, pero más bien de lo reciente a lo remoto y no al revés; pretender que el alumno se aficione a la literatura con las Cantigas de Alfonso X el Sabio, si desconoce todas y cada una de las voces de todas y cada una de las frases, es como pretender que se aficione a la poesía japonesa quien desconoce esa lengua, salvo que la musicalidad supere al mensaje, el continente sugiera lo que el contenido no es capaz de ofrecer.
”

Esto último me recuerda un comentario de no sé quién, sobre el problema de leer el Quijote en España: que no está traducido.

No es por cuestiones de bibliofobia, pero a las doce de la mañana de este jueves se ha inaugurado la cuadragésimosegunda Feria del Libro de Valencia, en los Jardines de Viveros. Supongo que fiel a mi tradición bibliófila… no me acercaré por ahí.

Actualización del 8 de abril:
He consultado el programa (¡craso error!) y... lo siento… sí me voy a acercar.

Créditos:
Extractos del apartado Bibliofobia sobrevenida, los malos profesores y sus nefastas consecuencias, del capítulo IV La bibliofobia, o quita de ahí ese libro que no lo trago, de la obra Enfermos del libro. Breviario personal de bibliopatías propias y ajenas, de Miguel Albero, en edición de octubre de 2009 de la Universidad de Sevilla (pp. 97-98).
Fotografía del archivo de ABC, mostrando el aula de una escuela en la época de Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo-Lorena (por la foto de la pared), tomada del ejemplar del uno de julio de 2007 de ABC.
Cartel de la 42ª Feria del Libro de Valencia.

¿Me se escucha, compañeros del metal?

El metal es, en este caso, el de las antenas de las emisoras y receptores de radio.

Hoy ha anunciado ((esRadio los resultados de una encuesta de audiencia. Están muy contentos de los resultados, se les nota, tienen derecho a ello, y desde aquí les felicito.

(Por cierto, las encuestas han sido telefónicas, lo cual ya marca un determinado sesgo –siempre se ha dicho esto, y debe de ser verdad – pero además, me pongo como ejemplo de oyente de la cadena, yo nunca hubiera contestado la encuesta: para evitar rechazar a los de las operadoras telefónicas, no contesto a un número que no conozco).

Los resultados que destacan (del resto nada sé) son, con un error del 1% y por orden horario: 575.000 por la mañana (taza blanca), 355.000 por la tarde (taza roja), y 402.000 por la noche (taza negra). Como en aquel anuncio de aquella televisión, tacita a tacita…

De las cifras se deduce, yo al menos lo hago, que es una cadena de fieles: los oyentes tienen el dial fijo, y oyen un programa o no según las circunstancias laborales y hogareñas de cada uno, pero no cambian de cadena.

Lo que sí me llama la atención es la comparación, naturalmente odiosa, con el pasado.

Si nos vamos a los resultados del EGM de la primera oleada de 2009, la última en que el equipo titular de ((esRadio estaba en COPE, teníamos, en lo que es comparable, las siguientes cifras: 1.400.000 por la mañana, y 640.000 por la noche.

Es decir, esa fidelidad no existía: ahora Federico supone un 43% más que César, cuando antes representaba un 119% más; o dicho de otra manera, ahora César mantiene un 70% del tirón de Federico, cuando antes sólo lograba el 46%.

Seguro que esto es hablar por no callar, pero a mí me ha llamado la atención. El número de postes no sé en qué influirá en los resultados entre directores, en la fidelidad de los oyentes, pero sinceramente, dudo que a César Vidal lo oiga ahora en ((esRadio más gente que cuando estaba en COPE, incluso en áreas comparables. Por lo que, si el error es del 1%... el que ha bajado ha sido Federico.

Sí creo que influye el tema de los postes y la calidad de la emisión (con las condiciones atmosféricas en Valencia de estos últimos días, apenas puedo escuchar bien la emisora en una zona de la casa, y eso que es FM), el hecho de la mayor descarga de los programas de esta cadena frente a otras.

En resumen, seguiremos a la escucha.

Actualización del 7 de abril:
Curiosamente, con bastante adelanto a otros años, al día siguiente de la encuesta en-cuestión, se han publicado los resultados de la primera oleada del EGM de 2011. La linterna en COPE “supera ampliamente el medio millón de oyentes”.

Créditos:
Imagen de las tazas de ((esRadio, tomada de la página de la promoción.

martes, 5 de abril de 2011

¿No nos basta con ocho?

“Oracio enim humiliantis se nubes penetrat”

“Nota octo modos orandi:
Primus diciter elevando oculos ad celum.
”

Como ya sabemos, el cuarto domingo de Cuaresma de 1404 predicó por primera vez San Vicente Ferrer en Suiza, en concreto, en Friburgo. Domingo de Laetare, o de la luz, es decir, este pasado domingo (la casulla color rosa palo, o algo así – está claro que hace casi cuatro meses, no me enteré muy bien de en qué domingo era). Y mejor o menos bien traído, resulta que hoy se celebra la festividad de San Vicente Ferrer en todo el orbe católico… excepto en Valencia.

“Nótanse ocho modos en la oración:
El primer modo consiste en la elevación de los ojos hacia el cielo. Y éste procede de la gran confianza que deposita la criatura en su Creador; más todavía si dicha criatura ha sido abandonada por los demás. (…)
El segundo modo consiste en bajar o inclinar el rostro y los ojos hacia el suelo. Tal modo procede de la humildad y la vergüenza producida por los pecados propios, de forma similar a lo que nos muestran los niños cuando, reprehendidos por los padres o maestros, no osan alzar los ojos hacia ellos por vergüenza. (…)
El tercer modo consiste en elevar las dos manos hacia el cielo. Y este modo tiene su origen en la gran indigencia en que nos encontramos, tanto de alma como de cuerpo, en mayor grado que el resto de criaturas. (…)
El cuarto modo consiste en cruzar los brazos ante el pecho, sobre el corazón. Dicho modo procede de la conciencia, a través de la cual tenemos conocimiento de los propios pecados (…)
El quinto modo consiste en golpear el pecho, cerrados todos los dedos de la mano derecha, a la altura del corazón. Y éste procede de la contrición de corazón, como si el pecador dijera a Dios: «Un corazón contrito y humillado, ¡oh, Dios!, no lo desprecias!» (…)
El sexto modo consiste en la inclinación hasta las rodillas. Y dicho modo emana de la devoción sincera, porque la devoción del espíritu no es sino un cierto desfallecimiento o debilidad del alma languideciente por el amor de Cristo (…)
El séptimo modo consiste en doblar ambas rodillas. Tal modo proviene de nuestra total sumisión, por lo que nos sometemos a Cristo tanto en cuerpo como en alma. (…)
El octavo y último modo consiste en postrarse totalmente sobre la tierra. Y este modo emana del acabamiento natural, por el cual: «polvo eres, y al polvo volverás» (…) Y este modo lo observa el sacerdote en la misa durante la Semana Santa, cuando, refiriendo la pasión de Cristo, y tras decir: «Expiró», el mismo sacerdote y todos los fieles a una vez se postran en tierra.
”

Hasta ocho modos, ¿y cuál practicamos?

Créditos:
Transcripción parcial del inicio (en latín) y del conjunto (en español, según traducción de Daniel Gozalbo Gimeno) del primer sermón en Friburgo, según la edición crítica, y de la introducción a la misma, a cargo de Francisco M. Gimeno Blay y Mª Luz Mandingorra Llavata, de la obra San Vicente Ferrer. Sermones de Cuaresma en Suiza, 1404, editada en 2009 por el Ayuntamiento de Valencia.
Fotografía de San Vicente Ferrer, óleo sobre tabla de Vicente Macip, de principios del siglo XVI, en el Museo de la Catedral de Valencia, de agosto de 2010, del autor.
Fotografía de frailes rezando, en una iglesia de Florencia, la tarde del Domingo de Resurrección de 2008, del autor.

lunes, 4 de abril de 2011

En relación no exhaustiva. I: ¿Santo de mi devoción?

Hace dos años y dos días era jueves, en aquel 2009 víspera de lo que en mi época se llamaba Viernes de Dolores.

El director/conductor del programa que estaba oyendo esa noche se despidió en su estilo habitual: «Nosotros volveremos mañana, Dios mediante, que será viernes, 3 de abril, festividad de Nuestra Señora de la Caridad». Estas despedidas no dejaban de ser entrañables, recordando la festividad del día siguiente.

Es más, precisamente de ese director/conductor es la versión en español de la obra Guía iconográfica de la Biblia y los santos, cuyos autores son Gaston Duchet-Suchaux y Michel Pastoureau, editada por Alianza Editorial.

Curiosamente, dos años y un día antes de traer yo a estas páginas una referencia a la obra en cuestión, se podía leer en ABC:
“César Vidal critica que se venere a los santos, en una página web protestante”

Explicable la noticia en el contexto de las disputas entre varios periodistas entonces en COPE y la, también entonces, dirección de ABC, no dejaba de hacer referencia a un hecho y dos artículos ciertos, en concreto, los días 15 y 22 de junio de 2007 en su blog La voz, en Protestante Digital.

Ignoro cuánto resabio pecuniario le dejaría la traducción de la Guía iconográfica, pero le compadezco los, supongo, enormes incomodidades y disgustos que supone trabajar sobre algo con lo que no se comulga.

Sí me alegro por él, por haber conseguido dejar aquel resabio de las despedidas, tan forzadas para él. Tras su esperada reaparición (a pesar de las dificultades), aquellas despedida tan entrañables… desaparecieron.

Y es que los principios y creencias, cuando son firmes, acaban imponiéndose.

Aunque, de momento,… continuará.

Créditos:
Pantallazo de la página de La linterna, con César Vidal, en COPE.

domingo, 3 de abril de 2011

Sí, quien busca, encuentra… tal vez

“Allí, a mi vista, en ruinas, abismada, aparecía una ciudad destruida, con sus techos hundidos, sus templos derruidos, sus arcos dislocados, sus columnas derribadas en el suelo, en cuyas ruinas se advertían aún las sólidas proporciones de una especie de arquitectura toscaza; más allá, los restos de un formidable acueducto; aquí, la bóveda ensamblada de una acrópolis, con las formas flotantes de un Parthenon; acullá, vestigios de muelle, cual si algún antiguo puerto hubiese abrigado en otras épocas, en las riberas de un mar desaparecido, a los barcos mercantes y a los trirremes bélicos. Más lejos todavía, largas hileras de murallas derruidas, amplias calles desiertas, toda una Pompeya sepultada bajo las aguas.
¿Dónde me hallaba en aquel supremo momento de mi vida? Experimenté un vivo deseo de saberlo a todo trance, sentí enormes deseos de hablar e incluso, en el colmo de mu curiosidad, traté de desprenderme de la escafandra metálica protectora que aprisionaba mi cabeza.
Pero el capitán Nemo vino hacia mí, deteniéndome ccon un gesto. Al cabo de un rato, recogiendo del suelo un trozo de piedra caliza, se adelantó hacia una roca de basalto negra y trazó sobre ella, con pulso seguro y firme, esta sola palabra:
‘ATLÁNTIDA’
¡Qué rayo de luz iluminó mi mente! ¡Aquellas ruinas expuestas a mi contemplación y que conservaban todavía los testimonios palpitantes de su tragedia eran las d ela Atlántida!
La antigua Merópide de Teopompo, la Atlántida de Platón, ese continente negado por Orígenes, Porfirio, Jambique, que cargaban su desaparición a la cuenta de los legendarios relatos… ¡Era aquella sumergida región que existía separada de Europa, de Asia, de Libia, más allá de las columnas de Hércules, donde vivía el poderoso pueblo de los atlantes, contra el que se sostuvieron las primeras guerras de la antigua y remota Grecia!
El historiador que ha consignado en sus escritos las hazañas de aquellos tiempos heroicos ha sido Platón. Su diálogo de Timeo y Critias fue, por decirlo así, trazado bajo la inmediata inspiración de Solón, poeta y legislador.
Tales fueron los recuerdos históricos que la inscripción del capitán Nemo hizo acudir a mi memoria. ¡Mi planta, conducida por el más extraño de los destinos, hollaba ahora una de las montañas de aquel desaparecido continente, tocaba con la mano aquellas ruinas mil veces seculares y contemporáneas de las épocas geológicas, marchaba por donde habían marchado los coetáneos del primer hombre, aplastaba bajo mis pesadas suelos los esqueletos de animales de los tiempos fabulosos, a los que aquellos árboles, ahora mineralizados, habían guarecido antiguamente bajo su sombra!
Mientras yo soñaba despierto, en tanto procuraba guardar en mi memoria todos los detalles de aquel grandioso paisaje, el capitán Nemo, acodado sobre una repisa de musgo, permanecía inmóvil, extasiado. ¿Pensaría en las generaciones desaparecidas? ¿Sería aquel el lugar a que acudía el extraño personaje para refrescar sus recuerdos históricos?
”

Como ya he adelantado, hace mes y medio aproximadamente leí en ABC la noticia de que unas investigaciones, realizadas con el respaldo de la Nacional Geographic Society, apuntaban a que la ciudad de la Atlántida se encuentra bajo las aguas de Doñana.

El equipo de Richard Freund parece que tiene previsto acercarse un día de éstos para seguir con nuevas investigaciones sobre el terreno. Hasta entonces (y más allá, supongo), la discusión sobre si nos encontramos en un nuevo caso de literatura complementada con más o menos detalles científicos, seguirá abierta.

Raúl Pra y Julio Verne nos han llevado hasta las Azores; ahora parece que debemos quedarnos junto a la antigua Tartesos. No, si al final, tendrán razón los que dicen que para qué salir al extranjero teniendo España.

Créditos:
Final del capítulo 32 Un continente desaparecido, de Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne, según traducción de Heliodoro Lillo Lutteroth, e ilustración de Ballestar, en edición de Círculo de Lectores, de julio de 1969 (pp.163-166).
Recreaciones de la Atlántida, de Nacional Geographic, tomadas de ABC.

Quien busca,… encuentra lo que no busca

“Continuábamos explorando pero no se veía ninguna señal del reactor.
- ¡Es extraño este terreno! – dijo el profesor. – Parece una gran llanura.
- ¡Miren! – llamó Peter. – ¡Se diría que esto es un canal, o por lo menos lo fué!
Nos acercamos. El suelo aparecía cortado, prolongándose en línea reacta infinita. No obstante las muchas incrustaciones, los líquines, las algas y toda la flora marina que la cubría, resultaba evidente que aquella hendidura no podía ser natural. Proseguimos a lo largo del dique, curiosos.
- ¡Pero estas son las ruinas de un puente! – gritó Mark que despejaba la vía.
- ¡Oro! – exclamó maravillado Telesécolis, observando la cubierta de las ruinas.
- ¡Caramba! ¿Obras humanas en el fondo del mar? – exclamó.
”

Hace unas semanas me econtré con unas noticias que me recordaron un libro que leí hace mucho, mucho tiempo.

“La presencia de aquel canal y de aquel puente nos trajo a la memoria las extrañas leyendas sobre el gran continente desaparecido en épocas remotas.
Telesécolis cogió el pico para despejar las ruinas de las incrustaciones.
Era un pedazo de puente que se extendía sobre el canal unos dos metros.
(…)
- ¡Profesor, – llamé, cuando hube golpeado mi azadón sobre el fondo, – venga a ver! Ésto es bronce, ¡corp du diable!
- ¡Y ésto es todo de oro puro! – contestó Telesécolis que había despejado un metro cuadrado del lado del puente. Decididamente estamos en la Atlántida, ¡muchachos míos! Y tenemos la ventaja de ser los primeros en descubrir una civilización que ha llenado de volúmenes todas las bibliotecas del mundo.
”

Ahora ya sabemos quiénes son los segundos. Bueno, en realidad, los terceros.

Créditos:
Transcripción del final del capitulo 5 El pulpo, y parcial del inicio del capítulo 6 El increíble descubrimiento, y portada e ilustración de M. Vettor, de Un mundo desaparecido, de Raúl Pra, según traducción de Manuela Guazzoni, editado por Ediciones Albon, de Medellín (Colombia).

sábado, 2 de abril de 2011

Gestión de aquellos y de estos tiempos



Las portadas anteriores corresponden al Debate sobre el Estado de la Nación del año 2007 (en concreto, del día 4 de julio, tras el discurso de Rajoy).

Como puede verse, sólo con los titulares, ya se aprecia que eran otros tiempos.

Esta semana ha empezado intensa en noticias, ya que no en declaraciones (ahora son otros tiempos).

Mariano Rajoy no presentó la moción de censura a tiempo, y el objetivo se ha echado a un lado. Ahora, no sabe contra quién tendrá que lidiar: antes sabiéndolo, dudaba; ahora que no lo sabe,…

Lo irónico del caso es que mientras ha estado haciendo tiempo, ha sido el tiempo quien ha acabado dando la razón a Rajoy.

Y ahora, todo puede ser que el mismo tiempo le acabe diciendo… que ya no es su tiempo.

Ironía final, el famoso grito de “Tiempo era de cumplir lo prometido” lo voceó por las calles de Zamora… un traidor.

Créditos:
Detalles de las portadas de ABC y El Mundo del día 4 de julio de 2007.

jueves, 31 de marzo de 2011

¿Silencio clamoroso?

“De modo que le pregunté si no estaba preocupado por la posible pérdida de su trabajo en el Museo Grecorromano de Alejandría. Frunció el ceño y se quitó las gafas, pinzándose el puente de la nariz con gesto cansado.
- Mi trabajo… –murmuró, y se quedó pensativo unos instantes–. Usted no sabe lo que está pasando en Egipto, ¿verdad, doctora?
- No. No lo sé –respondí, desorientada.
- Verá… Yo soy copto y ser copto en Egipto es ser un paria.
- Me sorprende, profesor Boswell –repuse–. Ustedes, los coptos, son los auténticos descendientes de los antiguos egipcios. Los árabes llegaron mucho después. De hecho, su lengua, la copta, procede directamente del egipcio demótico, el que se hablaba en tiempo de los faraones.
- Ya, pero… ¿sabe?, las cosas no son tan bonitas como usted las pinta. Ojalá todo el mundo lo viera como lo ve usted. Lo cierto es que los coptos somos una pequeña minoría en Egipto, una minoría dividida, a su vez, en cristianos católicos y cristianos ortodoxos. Desde que comenzó la revolución fundamentalista, los
irhebin…, los terroristas, quiero decir, de la Gema’a al-Islamiyya, la guerrilla islámica, no han cesado de asesinar a miembros de nuestras pequeñas comunidades: en abril de 1992 mataron a tiros a catorce coptos de la provincia de Asyut por negarse a pagar «servicios de protección». En 1994, un grupo de irhebin armados atacaron el monasterio copto de Deir ul-Muharraq, cerca de Asyut, matando a los monjes y a los fieles –suspiró–. Continuamente hay atentados, robos, amenazas de muerte, palizas… Últimamente, han comenzado a poner bombas en la entrada de las principales iglesias de Alejandría y El Cairo.
Deduje, en silencio, que el gobierno egipcio no debía estar haciendo mucho por impedir esos crímenes.
- Afortunadamente –exclamó, riéndose de repente–, yo soy un mal copto-católico, lo reconozco. Hace muchos años que dejé de acudir a la iglesia y eso me ha salvado la vida.
Siguió sonriendo y se puso las gafas, ajustándolas cuidadosamente en las orejas.
- El año pasado, en junio,
Gema’a al-Islamiyya puso una bomba en la puerta de la iglesia de San Antonio, en Alejandría. Murieron quince personas, entre ellas mi hermano menor, Juana, su mujer, Zoe, y su hijo de cinco meses.
Me quedé muda de asombro y de horror, y bajé la mirada hasta la mesa. - Lo siento… –conseguí balbucir a duras penas.
- Bueno, ellos... ellos ya no sufren. Quien sufre es mi padre, que no podrá superarlo nunca. Ayer, cuando le llamé por teléfono, me pidió que no volviera a Alejandría, que me quedara aquí.
No sabía qué decir. Ante infortunios semejantes, ¿qué palabras son las apropiadas?
”

Este fragmento de El último Catón, de Matilde Asensi, podía sonar, en Occidente, en su día, otoño de 2001, algo exagerado… si no fuera porque poco antes de su publicación se estrenó el siglo XXI, un once de septiembre, en Nueva York y Washington.

Sin embargo, la memoria de este Occidente actual es corta; pero no hay problema, siempre podremos encontrar quien se encargue de refrescarla. Además, del mismo modo que el que relata el profesor Boswell, es decir, a las puertas de iglesias durante la celebración de la misa: hace cinco meses justos, en la víspera de Todos los Santos, en Bagdad; o, como en su caso, en Alejandría, en Año Nuevo. O aunque no haya fieles, como en Zahlé, en el Líbano, o en varias ciudades de Pakistán.

Ni siquiera el ser mal practicante puede ‘salvar’ a los cristianos, ya que los disturbios también son habituales, trátese de Egipto, o de Etiopía.

Todos estos actos acaban en el olvido, más rápidamente aún, cuando se trata de víctimas anónimas. Algo más tardan las víctimas con nombre, pero también son olvidadas, sea una sencilla campesina como Asia Bibi, o todo un ministro, que osó defenderla.

Es cierto que frente a atentados como los anteriores, las, en principio, estupideces de algunos paisanos nuestros pueden parecer juegos de niños.

Por desgracia, los argumentos (!?) que utilizan no son ningún juego de niños.

“No sabía qué decir. Ante infortunios semejantes, ¿qué palabras son las apropiadas?”

No sé qué palabras serán las más apropiadas, pero, desde luego, el silencio no lo es.

Créditos:
Extracto del capítulo 2 de El último Catón, de Matilde Asensi, tomado de la segunda edición, noviembre de 2001, de Plaza y Janés (pp.92-93).
Fotografía de Asia Bibi tomada de Hazte Oír.
Fotografía de Shabaz Batí visitando a la familia de Asia Bibi, distribuida por EFE, y tomada de Libertad Digital.

martes, 29 de marzo de 2011

Sin prisa

Este martes he tenido también reunión en el colegio, en esta ocasión con la tutora de mi hijo (al regreso, la librería estaba cerrada).

Como iba con tiempo, me di un paseo por las calles cercanas, y acabé decidiendo ir a comprar la merienda, unas galletas o algo parecido, a una tienda de la que ya hablé en su momento.

En ese sentido tuve suerte, pues me comentaron que como está próxima la Pascua judía, ya no se podrá comer galletas y similares, y por tanto, los retirarán de la venta. El caso es que compré unas galletas, tipo barquillo, con sabor a limón, procedentes, eso sí, de Israel.

Supongo que lo de no comer galletas es porque en Pascua sólo puede comerse pan ácimo (matzá): “No comerás con ella pan fermentado; durante siete días la comerás con ázimos, pan de aflicción, porque a toda prisa saliste del país de Egipto todos los días de tu vida” (Deuteronomio 16, 3).

Nota: Para quien esté interesado, este año la Pascua judía empieza el próximo 19 de abril.

Créditos:
Fotografía del paquete de galletas en cuestión, del autor.

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Pasaba por aquí

Este lunes he tenido una reunión en el colegio con el tutor de mi hija. Al salir, regresaba por una calle como podía haberlo hecho por otra, y… acabé con tres libros más para mi biblioteca.



Sí ya sé que lo de “Vale la pena tener un Sopena” era para los diccionarios, pero si alguien sabe dónde conseguir el tomo II de La revolución francesa. Historia de los girondinos, le quedaré agradecido.

Por cierto, la librería donde conseguí los libros es la de la foto (ya sin ‘mis’ libros, claro).

Créditos:
Portadas de los libros en cuestión.
Fotografía de un montón de libros, junto a un contenedor de papel, ayer, en Valencia, del autor.

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Yo sólo entré a saludar

Ya comenté el otro día que camino de la concentración Sí a la vida, había pasado por mi librería habitual a saludar. Es verdad, sólo entré a saludar. Bueno, también entré en la otra tienda que tienen en la calle Navellos, justo al lado de la Plaza de la Virgen, lugar de la concentración.





¿Hay que decir que con uno de los libros me vinieron ciertos recuerdos?

Créditos:
Portadas de los libros en cuestión.

lunes, 28 de marzo de 2011

La enemistades peligrosas

“Cuando Fernando retornó a Castilla, restableció el orden con firmeza y dejó a Cisneros manos libres para proseguir la expansión española en el norte de África, como una prolongación natural de la conquista de Granada. De acuerdo con esto, el cardenal organizó una milicia permanente y dispuso una flota que bajo el mando de Pedro Navarro se apoderó del Peñón de Vélez de la Gomera, en 1508, y un año después conquistó Orán, Bugía y Trípoli, y obtuvo el vasallaje de Tremecén, Argel y Túnez.”

“En 1525, en plena guerra entre España y Francia que culminaría en la batalla de Pavía, el sultán Solimán o Gran Turco, como también era llamado, envió un emisario al campo francés para proponer una alianza entre los dos soberanos. Después de Pavía y la prisión del rey Francisco I en Madrid, los esfuerzos diplomáticos de la corte francesa consiguen apuntalar el pacto entre París y Estambul.
Fue el antiguo comunero y trásnfuga español, Antonio Rincón, el artífice de este acuerdo y otros similares con reyes cristianos de Europa Oriental, que se sentían amenazados por el poder de Carlos V. (…)
En paralelo a estas gestiones se produce también el envío de la primera embajada francesa a Turquía. Una decisión que fue tomada por la reina madre poco después de la derrota de Pavía. El embajador francés llevó ricos presentes: un magnífico rubí, un cinturón dorado y cuatro candelabros de oro, pero ni él ni sus doce acompañantes llegaron nunca a Estambul. El pachá de Bosnia los hizo asesinar a todos cuando pasaban por su territorio para apoderarse de las riquezas que portaban. Pero esto no fue obstáculo para que la corte francesa enviara inmediatamente otra embajada dirigida por un noble croata al servicio de Francia, Jean Frangipani, portador de una carta de la regente y otra de Francisco I para el sultán y el gran visir Ibrahim, que había escondido en las suelas de sus botas. La carta pedía reparaciones por el asesintato del primer embajador, a lo que el sultán accedió de inmediato. (…)
En su carta al sultán, Francisco I le pedía que atacara al rey de Hungría mientras él guerreaba con Carlos V. Frangipani propuso también al sultán organizar una expedición para «liberar al rey» preso en España. El sultán accedió a todo y su respuesta le llegó a Francisco I poco después de firmar el tratado de Madrid, que luego impugnó traidoramente, cuando ya estaba a salvo en Francia.
La alianza de Solimán con Francia rompió el frente cristiano de Europa y en este sentido la estrategia del Gran Turco tuvo pleno éxito. Después de Francisco I fueron los príncipes protestantes quienes buscaron la ayuda de Turquía en su lucha contra Carlos V. El enviado del sultán, Muharren Savus, se entrevistó con muchos de ellos para prometerles apoyo. Hay una carta de Solimán, fechada en mayo de 1522 en la que se manifiesta con claridad que el Elector de Sajonia, el duque de Prusia y demás príncipes protestantes de Alemania «no tienen nada que temer» de Turquía. Solimán estudió la posibilidad de ayudar directamente a Lutero, y tras incitar a los protestantes alemanes a colaborar con Francisco I contra Carlos V, terminó apoyando a los calvinistas de Hungría y Transilvania.
Carlos V entendió bien el riesgo enorme que para su Imperio suponía el entendimiento entre turcos y protestantes, y esa fue una importante razón por la que terminó admitiendo los derechos de los príncipes protestantes en la Dieta de Augsburgo (octubre de 1555), lo que terminó de quebrar definitivamente la unidad católica en los dominios imperiales. La escisión entre la España católica y la Alemania protestante fue en gran parte obra de Turquía, como reconocen hoy algunos historiadores.
”

Todo esto es Historia, claro, y no tiene nada que ver con la expansión del Islam, con Francia ni con Trípoli, claro.

Aunque Roberto Centeno no opine lo mismo.

Actualización del 30 de marzo: Parece que en Estados Unidos empiezan a pensar, un poco, como don Roberto.

Créditos:
Extractos del capítulo 1. Dos imperios frente a frente (pp. 30-31) y del capítulo 2. La ofensiva turca (pp. 44-46), de La guerra del Turco. España contra el Imperio Otomano. El choque de dos gigantes, de Fernando Martínez Laínez, editado por EDAF en su colección Clío. Crónicas de la Historia.
Ilustración reflejando a Francisco I y Carlos V, y retrato de Solimán el Magnífico, tomados del referido libro.

domingo, 27 de marzo de 2011

¡Eres un sol!

“El enorme disco de la vela se tensó en el aparejo, hinchada por el viento que soplaba entre los mundos. Dentro de tres minutos empezaría la regata.”

De este modo comienza El viento del Sol, relato de Arthur C. Clarke fechado en mayo de 1963.

“Afuera había una vela de cincuenta millones de pies cuadrados, sujeta a su cápsula por casi un centenar de millas de cordaje. Todo el velamen de todos los clípers cargados de té que cruzaron un día los mares de la China, cosidos en una sola sábana gigantesca, no habrían podido competir con la vela única que el Diana había desplegado bajo el sol. Sin embargo, era muy poco más consistente que una burbuja de jabón; aquellas dos millas cuaddradas de plástico aluminizado tenían un espesor de unas pocas millonésimas de pulgada tan sólo.
(…)
Dos vueltas en torno a la Tierra reforzarían el promedio de su velocidad de escape, y luego pondría proa a la Luna, llevando tras de sí toda la fuerza del Sol.
”

Y es que el relato trata sobre una regata entre la Tierra y la Luna de naves… solares, es decir, propulsadas por el viento del sol.

“- Extiendan las manos al Sol –les había dicho él– ¿Qué sienten ustedes? Calor, claro. Pero reciben también una presión… aunque no la noten debido a lo pequeña que es. Sobre el área de sus manos se ejerce una presión de una millonésima de onza, más o menos. Pero en el espacio exterior, incluso una presión así de pequeña puede ser importante, ya que actúa perpetuamente, hora tras hora, día tras día. Al contrario del combustible de un cohete, es libre e ilimitada. Si queremos, podemos utilizarla. Podemos confeccionar velas que recojan esa radiación que procede del Sol.”

La regata que nos narra Clarke es especial para el protagonista, John Merton, impulsor de esta técnica motriz:
“Había una razón concreta por la que él estaba aquí, solo en el espacio. Durante casi cuarenta años había trabajado en equipos de cientos y hasta de miles de hombres, ayudando a diseñar complicados vehículos que jamás habían visto la luz. Durante los últimos veinte años había dirigido uno de dichos equipos y había visto cómo sus creaciones se remontaban hacia las estrellas (a veces hubo fallos… que él no olvidó jamás, aun cuando no fue suya la culpa). Era famoso, y había dejado un brillante historial tras de sí; siempre había sido un fuera de serie.
Esta era la última oportunidad de que disponía para intentar una proeza individual, y no iba a compartirla con nadie. No habría más regatas de yates solares lo menos en cinco años, dado que estaba terminando el período de calma solar y comenzaba el ciclo del mal tiempo, en el que las tormentas de radiación se propagarían por todo el sistema planetario. Cuando volviera el tiempo idóneo para que estas embarcaciones frágiles y sin protección se aventuraran a recorrer las alturas sería ya demasiado viejo. Si es que, efectivamente, no lo era ya…
”

He recordado este relato tras localizar unas noticias en ABC sobre una potente llamarada solar sucedida a mediados de febrero, en este inicio del nuevo ciclo solar de actividad.

Aunque no se esperaba especial afección sobre la Tierra, poco después se confirmó que, además, hubo suerte: los ejes magnéticos estaban adecuadamente alineados con la llamarada, y la radiación fue desviada hacia los extremos polares.

Sin embargo, según noticias publicadas este pasado año, parece que para el próximo se espera algo ‘grande’. Y no se refieren a las elecciones generales en España.

“Entonces, súbitamente, con absoluta certeza, comprendió qué era lo que debía hacer. Por última vez, se sentó ante la computadora que le había guiado durante la mitad del viaje hacia la Luna.”

Créditos:
Portada de El viento del Sol. Relatos de la era espacial, de Arthur C. Clarke, en la edición de Alianza Editorial como número 531 de su colección El libro de bolsillo.
Extractos del relato El viento del Sol, según la traducción de Francisco Torres Oliver, recogido en la edición referida.
Fotografía, creo que en la gama de los ultravioleta, de la llamarada solar del 14 de febrero de 2011, obtenida por el satélite SDO, distribuida por la NASA, y tomada de ABC.

Orden, concierto… y mi oído por ajustar

Hace mucho tiempo, comenté que estaba reorganizando mi biblioteca.

Sigo en ello.

En su momento, caragüevo comentó que el principal problema era encontrar sitio para poner los libros, lo que me sugirió “Y ahora, ¿dónde los pongo?”, título de la serie de anotaciones en las que comento mis últimas adquisiciones librescas.

Este sábado he pasado, camino de la concentración del Sí a la vida, por mi librería de cabecera… con el resultado habitual, lo que será objeto de una anotación propia.

El caso es que mientras departíamos sobre lo divino y lo humano, me comentaron que esta semana, tras el parón de Fallas en Valencia, los distribuidores habían retomado su frenética actividad de reparto de libros y novedades: 45 cajas han tenido que gestionar, albaranes, ajuste con los pedidos, correspondientes altas de los volúmenes en cuestión… y, sí, y buscarles acomodo en las ya d epor sí abarrotadas estanterías. Como me dijo Maribel, una de las libreras, “no hay problema, me gusta el Tetris”.

Lógicamente, se pasó a hablar sobre cómo organizar la biblioteca en casa, teniendo en cuenta que es un ser vivo, y que hay que establecer un criterio y un espacio que permita añadir las incorporaciones que se vayan produciendo posteriormente al establecimiento del ‘orden’ inicial.

En la librería de El Corte Inglés (al menos en el Centro que suelo frecuentar), está disponible una revista con el nombre Panorama de libros. Mercurio. En su número de este mes, figura una entrevista con Luis Mateo Díez titulada Héroes del fracaso, y que ya comentaré en su momento. La entrevista está ilustrada con la fotografía de tal escritor, delante de una estantería repleta de libros, supongo que en su casa.

El objeto final de esta anotación, pues, es enumerar, simplemente, algunos de los libros que se alcanza a distinguir:

Tom Jones, de Henry Fielding; La última tentación, de Nikos Kazantzakis; El diablo meridiano, de Luis Mateo Díez; Vértigo, de W.G. Sebald; Doktor Fautus, de Thomas Mann; El libro que Helga no llegará a leer, de Juan Retana; Las claves del arte expresionista, de Antonio Manuel González Rodríguez; Apuntes de La Habana, de Agustín García Simón; Liberalismo y Socialismo. La encrucijada intelectual de Stuart Mill, de Dalmacio Negro Pavón; De tu tierra, de Cesare Pavese; Teoría de la acción comunicativa, de Jürgen Habermas; Longitud, de Dava Sobel; Los principios de la matemática, de Bertrand Russell; Vanguardismo y crítica literaria en España, de Andrés soria Olmedo; Naufragios, de Julien Green; Cuentos, de Emilia Pardo Bazán; La leyenda del Santo Bebedor, de Joseph Roth; Tratado sobre los Vampiros, de Agustín Calmet; Palabras y sangre, de Giovanni Papini; La leyenda negra, de Joseph Pérez; El quinto en discordia, de Robertson Davies; Extramuros, de Jesús Fernández Santos; Viaje con Venus, de Angelos Terzákis; Los amigos de los amigos, de Henry James; Café Hugo, de Adolfo García Ortega; La cinta de Moebius, de Manuel Talens; La conciencia de Zeno, de Italo Svevo; Kashtanka: historia de un perrito, de Antón Chejov; Tragedia de la infancia, de Alberto Savinio; Escuchando al Prozac, de Peter D. Kramer; La luz fallida, de Rudyard Kipling; Cinefilia, de Álvaro del Amo;…

Todos estos títulos se encuentran en la misma estantería, más o menos juntos, por lo que uno se pregunta sobre el criterio de ordenación de los mismos.

Claro que, mientras me lo pregunto, me quedo sin ordenar mis libros…

Créditos:
Fotografía de Luis Mateo Díez, tomada del número de marzo de 2011 de Panorama de libros.Mercurio.

sábado, 26 de marzo de 2011

Sí a la vida

Ayer se celebró el Día Internacional por la Vida. Si no es intencionada la elección de la fecha, merece serlo, pues, como sabemos, ayer se celebró la Anunciación de Nuestro Señor Jesucristo.

La Jornada fue, poco a poco, anunciada, bien por particulares en internet (como Elentir o Anghara), bien por diversos medios de comunicación (incluso César Vidal entrevistó a Gádor Joya).

Para este sábado había convocadas una manifestación en Madrid y numerosas concentraciones en diversas ciudades de España.

Del resultado de la manifestación en Madrid ya han informado otros con mayor alcance que estas páginas.

En Valencia, la concentración era a las siete de la tarde en la Plaza de la Virgen. Y pude acercarme un rato por ahí.

Al principio, muchos de los presentes estaban en la zona vecina a la Basílica de la Virgen, por lo que se hacían llamamientos para que pasaran a ocupar el centro de la plaza, facilitando así el acceso a la Basílica.

Precisamente esa zona era la designada como “zona de niños” en la que, entre otras cosas, se estuvo preparando un cartel con un Sí a la vida dibujado y pintado por niños.

También al principio se recordó que numerosas asociaciones de ayuda, por la crisis, también lo están pasando mal. En concreto, lo obtenido a cambio de las camisetas que estaban a disposición de los asistentes, se destinaría a la Casa Cuna Santa Isabel, ayudando su lucha contra el aborto apoyando y acogiendo a mujeres embarazadas sin recursos.

No sé calcular la cantidad de gente, pero para eso están las fotografías.

Una cosa que sí debería corregirse en posteriores jornadas es el volumen de la megafonía. En la Catedral se estaba celebrando misa y con las puertas abiertas del entrar y salir gente, entraba más sonido del deseable.

Pero eso puede arreglarse. Un aborto, no.

Créditos:
Cartel de la Jornada, tomado de la página Sí a la vida.
Fotografías de la manifestación de Madrid tomadas de Libertad Digital.
Fotografías de la concentración en Valencia, de hoy, del autor.