martes, 21 de julio de 2009

Criaturitas de Dios

Como he dicho, “hay más tiempo para ver el resto del Museo” [el Centro de Arte Reina Sofía].

“La exposición de Peter Fischli (Zúrich, 1952) y David Weiss (Zúrich, 1946) organizada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía reúne un conjunto de piezas seleccionadas por los propios artistas en torno a Oso y Rata, personajes emblemáticos que protagonizaron algunas de sus primeras obras y que han vuelto a introducir en sus trabajos más recientes.
Interpretados por ellos mismos, Oso y Rata actúan como proyecciones de su rol como artistas: a través de ellos, Fischli/Weiss ponen en práctica de modo irónico y distanciado una noción del arte como sistema alternativo de conocimiento, que establece frecuentes relaciones entre la realidad y la ficción, a la vez que muestran el estilo conversacional que rige su colaboración. (…)
En las esculturas, instalaciones, fotografías y películas de Fischli/Weiss, la investigación sobre el entorno más próximo se da la mano con un peculiar sentido del humor, suscitando reflexiones de largo alcance a partir de motivos aparentemente banales y desvelando la trivialidad de asuntos en teoría sublimes. De este modo, ponen en marcha una desjerarquización sistemática y subjetiva que plantea nuevos órdenes y clasificaciones para dar sentido a lo que nos rodea. Los artistas han reconocido en sus filmes ciertas similitudes con las películas educativas, si bien, y a diferencia de éstas en ellas no se dan explicaciones. (…)
Su intención de convertirse [Oso y Rata] en artistas no es sino el acicate para un trayecto tras el que, más sabios, terminan concluyendo un sistema pseudoenciclopédico que pretende dar una imagen global del mundo. (…)
Al entrar en el espacio de Oso y Rata, intentamos conectar con esas criaturas que parecen estar dormidas y casi soñando. ‘¿Puedo reencontrar mi inocencia?’, se preguntaban Fischli/Weiss hasce unos años en un libro de preguntas… ¿Son los animales personas?
”

Los párrafos anteriores así como las imágenes son extractos del folleto de la exposición.

Al ver el título de la exposición me acordé de dos carteles que había visto en el exterior de sendos establecimientos de Valencia.



¡Ánimo! La exposición finalizado el 31 de agosto. Y sigue siendo válido lo que he dicho al principio: “hay más tiempo para ver el resto del Museo”.

lunes, 20 de julio de 2009

Blue Moon

El desarrollo de la sociedad occidental en el siglo XIX permitió que frente a las grandes expediciones de los siglos anteriores, se pudiera hablar, ahora, de los grandes viajeros. Uno de ellos, conocido mucho después, fue Allen Foster.

Como se puede deducir, el motivo de su fama no es tanto por lo que hizo, sino por lo que supuso: su vuelta al mundo sirvió de semilla para la imaginación de un francés, que apenas salía de su casa, llamado Jules Verne, en España, toda la vida, Julio Verne.

De esta manera, el relato de las aventuras de ese viajero ha acabado siendo más conocido a través de la adaptación que hizo de él la imaginación del tal Verne, y de las adaptaciones, más para públicos infantiles y juveniles, que de ella se han hecho.



Sin embargo, la imaginación de Julio Verne no necesitaba adaptar hechos reales para ponerse a trabajar. Un ejemplo evidente es cómo nos relató, científica y técnicamente, el primer viaje a la Luna. Esta vez, en cambio, fue su imaginación quien ayudó a que otros escritores nos narraran sus correspondientes viajes.



Incluso la prensa ha viajado a la Luna.



Estos grandes viajeros nos han demostrado que cada vez el mundo “se hacía” más pequeño. Y con el desarrollo de los sistemas de comunicación, llegamos en su día al momento en que el mundo era poco más que un punto, en el que todo sucedía a la vez.

Sin embargo,… siempre hay un 'sin embargo'.

Ese “suceder a la vez” tiene un límite. En su momento, los acontecimientos los vivían los que estaban ahí mismo, y luego lo contaban, y aunque hubiera quien, lejos del lugar de los hechos, se enterara lo suficientemente rápido, no lo “vivía”, y en todo caso, eran pocos los que estaban en esa privilegiada situación.

Ahora no. Ahora, no sólo te puedes enterar al momento, sino que también lo puedes “vivir” al momento. Y este público potencial puede ser significativamente grande,… y abarcar población de todo el planeta.

¿Qué pasa, pues? Pues que lo que sucede cuando, por ejemplo, en Tejas es de noche, en España ‘sucede’ de madrugada, no hay una diferencia sólo de horas, sino también de fecha, aunque suceda ‘a la vez’.

Esto es lo que pasó con la llegada del hombre a la Luna. Llegar, llegar, lo hizo el 20 de julio de 1969, pero pisarla… ¡ah, pisarla! Pues depende. En Tejas, era a finales de ese mismo día 20, pero en España ya era 21 de julio.

La verdad es que este matiz, hoy por la radio, por ejemplo, apenas lo he oído. Así que, en honor a todos éstos, un poco de música.

Por ejemplo, la luz de la Luna ha resultado muy adecuada para acompañar una romántica serenata.









Y en algún momento, la Luna se ha planteado, como hemos visto, como objetivo de algún viaje, preferentemente acompañado, tal vez en vehículos a reacción... o a chorro.

Con escenografías como la que hemos visto, incluso hasta ‘Gato’ podría bañarse en el río de la Luna (los planes, a veces, salen bien).

Y aunque estuviera melancólica, en los sesenta no podía faltarle ritmo (eso sí, a 45 r.p.m.)





Pero si en vez de melancólica, está azul, tiene que ser como sus ojos.

Y así, hacemos tiempo para salir de paseo… que ya será… mañana 21.

... hasta que la ira del dios...

“Comienza este acto [el tercero] por la escena más original y pintoresca que se haya podido llevar al teatro. El preludio describe admirablemente la fantástica cabalgada de las walkyrias, las hermanas de Brunhilda, cuando conducen á la grupa de sus caballos y, entre las nubes de la tormenta, los cuerpos de los héroes muertos en la batalla. Entre vertiginosos torbellinos de notas y rápidas escalas de un poderoso efecto imitativo, se escucha el tema de las walkyrias, el ritmo del galopar de los corceles y las feroces risas de las vírgenes guerreras. (…) Por una maravillosa creación del genio esta fantástica visión de las walkyrias aparece realizada con una verdad y un colorido tales, que hacen de esta página (como se ha dicho muy justamente) una cosa única y sin precedentes en la historia del arte musical y del teatro. Jamás compositor alguno halló en su inspiración notas tan característicamente animadas, ni obra alguna orquestal nos dio esta incomparable riqueza de colorido. Todo el fragmento aparece «construido» sobre el ritmo persistente, y el toque de las walkyrias, que sirven de base á los arpegios y escalas de la cuerda y al canto estridente de las hijas de Wotan. Las voces, tan pronto aisladas como en grupos, van uniéndose en sus exclamaciones, interrumpidas por las risas de las vírgenes (que la orquesta subraya con cromáticas escalas descendentes), hasta llegar á un brioso conjunto en combinación de ocho partes reales, es decir, independientes, hecho con asombrosa maestría.” (E.L.Ch. op.cit., pp.148-150)

Apasionada descripción es la que nos hace Eduardo López Chavarri, a tono con lo descrito. Para contraste de opiniones (musicales, que es como opina este músico y musicólogo valenciano), disponemos de un enlace, precisamente, a la puesta en escena de la Fura dels Baus en el Palau de les Arts de Valencia.

“Ocho partes reales”; pero son nueve las valquirias: “falta una: Brunilda. Las hermanas atisban ansiosas. Por fin, creen ver a lo lejos a la rezagada. (…) Con un jubiloso ¡hojotoho! las doncellas reunidas saludan a Brunilda que llega a raudo galope y parece seguir su loca carrera sin devolver el saludo. La tensión aumenta cuando las Valquirias se percatan que Brunilda no trae sobre su cabalgadura a un hombre muerto, sino a una mujer sin vida o desmayada.” (K.P. op.cit., pp.256, 260)

Brünnhilde explica a sus hermanas lo sucedido, pidiéndoles ayuda frente a Wotan que la persigue (“- ¡Decid! ¿Le veis ya? / - Estruendos de tormenta se acercan por el norte”). Sin embargo, sus hermanas rechazan desobedecer a Wotan (“Al padre profeso ciega obediencia”, contesta Helmwige, una de ellas).

Sieglinde, callada hasta entonces, se dirige a Brünnhilde explicando su falta de deseos de vivir (“¡Separada, Sigmundo, de ti, / prefiero la muerte!”). La calmada explicación de Sieglinda se ve contestada, mucho más animada por Brünnhilde (“¡Vive mujer, por imperio del amor! / Salva la prenda que de él recibiste. / ¡En tus entrañas crece un Wälsungo!”). “El instinto maternal se despierta en la mujer insensible á la muerte, y ahora, ¡poético rasgo!, pide amparo y protección á las implacables walkyrias” (E.L.Ch. op.cit., pág. 150) “¡Salvad a una madre!” pide Sieglinde.

Brünnhilde decide hacer frente a Wotan (“que desatará en mí su enojo”), mientras Sieglinde huye, sola, a un lugar en el que, aun peligroso, estará a salvo de Wotan: “A lo largo del Oeste / se extiende un bosque. / El tesoro de los Nibelungos / allí llevó y guardó Fafner. (…) Ese bosque, le proporcionará segura protección. / El poderoso lo evita / y del lugar siempre se aparta.”) [Fafner es uno de los gigantes a los que Wotan pagó con el anillo por la construcción del Walhalla]

Brünnhilde le da antes dos cosas importantes: los trozos de Notung, y el nombre del hijo (“¡Siegfried! a quien sonreirá el triunfo”). Durante la explicación de Brünnhilde de todo esto, “Siglinda se queda arrobada un instante, mientras vibra nuevamente el motivo de Sigfrido. (Es uno de esos momentos en los que resultan claras las intenciones de Wagner al hacer uso de la técnica de los motivos: faltan aún meses para el nacimiento de Sigfrido, la Valquiria todavía no ha dado su nombre al futuro héroe, pero el oyente entendido sabe que no se puede estar hablando sino de Sigfrido.) (…) En una melodía llena de entusiasmo y suprema felicidad, aun cuando no ya puramente terrenal” (K.P. op.cit., 286, 288): “¡En su dolor, Siglinda te bendice!”.

“En tanto, la tempestad ha llegado; entre acordes furiosos aparece Wotan buscando á su hija. En vano tratan de ocultarla sus hermanas y en vano imploran su perdón. Wotan debe hacer cumplir las leyes eternas y castigar á quien se revolvió contra él.
Su sentencia es terrible: (…) condénala á no ser walkyria; á convertirse en mujer; á que sea de quien primero la encuentre. [Sus hermanas] invocan al dios en hermoso conjunto; pero es inútil su llanto, y Wotan las manda alejar de allí.
” (E.L.Ch. op.cit., pág. 152)

“Entre lamentos acompañados por una orquesta muy agitada, escapan en medio de la tempestad que ha vuelto a arreciar, pero luego amaina poco a poco y cede lugar a un sereno crepúsculo: el motivo de la cabalgata de las Valquirias retomado nuevamente por la orquesta en pleno, en amplio despegue, se va extinguiendo de a poco. Al movimiento ondulante cada vez más quedo de los violines graves, se eleva con dolorosa queja el melancólico son del clarinete bajo. Wagner le da una nueva melodía lenta, ampulosa y suplicante. No encierra carácter de motivo, ya que no desempeña ninguna función como tal y en consecuencia, no sirve a una identificación, a la inducción de una remembranza. En cambio, tiene un fuerte significado pictórico, cual es la sombra crepuscular que se cierne sobre el peñasco de las Valquirias, solitario en ese momento en medio del libre paisaje montañoso bajo un dilatado firmamento. Es el drama de Wotan y Brunilda que se han quedado solos, conscientes del doloroso instante que les aguarda, la despedida definitiva.” (K.P. op.cit., pág. 312)

Siguiendo con la representación de Osaka en 1967, tenemos tres vídeos gentileza de wagnerianman.

En este primero, tras los aplausos correspondientes al Acto II, se inicia el Acto III con la cabalgata de las valquirias, como ya sabemos. Puede observarse que la escenografía es total y absolutamente distinta a la de la Fura del Baus (por cierto, el telón tarda un poco en subir, para permitir que la música vaya transmitiendo la intensidad de lo que poco después se verá sobre el escenario).

Tras la reunión de las valquirias y la llegada jadeante de Brünnhilde, diciendo que es Wotan quien la persigue, se inicia el segundo fragmento, en el que Brünnhilde explica lo ya comentado a sus hermanas, y se tiene la conversación entre Sieglinde y Brünnhilde (en particular, el anuncio del embarazo es en el minuto 3:56, y el ‘bautizo’ de Siegfried, en el 6:35, pudiéndose entender ahora, por lo ya explicado, el claro cambio en el tono musical de Sieglinde). Casi al final, previamente anunciado por una tonante voz, aparece Wotan.

El tercer fragmento nos permite ver cómo Wotan acusa a Brünnhilde, quien, inicialmente oculta entre sus hermanas, por lo que su padre le dice “¿Oyes que te acuso / y te ocultas temerosa, del que te hace cargos, / tratando, cobarde, de eludir el castigo?”, sale y se presenta ante él (“Aquí estoy, padre. / ¡Imponedme la pena!”). Wotan le expone su castigo, a pesar de las súplicas de las hermanas, a quienes advierte de que pueden correr la misma suerte: “Idos pronto, / de lo contrario, aquí os acechará la desgracia.”

Y con el lento extinguir del motivo de la cabalgata de las valquirias, prácticamente acaba el fragmento, y sólo nos resta “el drama de Wotan y Brunilda que se han quedado solos”.

Una historia y/de la inspiración de un artista

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía presenta como fondo más mediático y propagado un cuadro, un cuadro de encargo, adjudicación directa, digital que se dice ahora, por el que el gobierno de la II República pagó 150.000 francos (aunque seguro que hubiera preferido desprenderse sólo de un Franco).

En el suplemento “Los domingos de ABC”, a finales (creo) de 1980, Santiago Sebastián López, Catedrático (al menos entonces) de la Universidad Literaria de Valencia, publicaba un artículo titulado “La clave del «Guernica»” en el que exponía su hipótesis de que Picasso se inspiró para la estructura de su nuevo cuadro en “Los horrores de la guerra” de Rubens.

“Pese a la fama e importancia del «Guernica», el cuadro no fue estudiado desde el punto de vista histórico-artístico, y las únicas excepciones son los trabajos de Anthony Blunt y de Reinhold Hohl, que no dieron con el cuadro clave de Rubens. Ni estos autores, ni los «amateurs» politizados, que intentaron una lectura del cuadro partiendo de su título «Guernica», consiguieron explicar algo; carentes de una mínima formación iconográfica, dieron lecturas incorrectas, falsas, pueriles y arbitrarias. Ahora, con la clave del cuadro rubeniano: «Los horrores de la guerra», podemos establecer una lectura de las imágenes, pese a que el código barroco ha sido deliberadamente cambiado por el sentido creador de Picasso.”

Con esta referencia artística y una simbología mitológica, se tiene, por ejemplo, que “el hombre muerto no es un soldado, sino el artista muerto, que lleva en su mano una rama de olivo, símbolo de la paz destrozada, y un escoplo, y no una espada rota, como se ha pretendido”, o bien, “Venus procede directamente del cuadro de Rubens y es la figura que adelanta con decisión un quinqué” (o sea, que no es la II República, como dicen otras interpretaciones). Hacia el final del artículo, dice que esa luz “significaría que el arte no muere, es un valor eterno y tras del caos pervive como señala el ave misteriosa que sale de la atroz herida del caballo, hacia arriba”.

Concluye diciendo que “es claro que uno de los ingredientes más importantes de la cultura humanística de Picasso fue la mitología, que le proporcionó un lenguaje plenamente válido para expresar su visión del mundo. Casi por regla general, cuantos historiadores y críticos se acercaron al arte de Picasso mostraron un gran desconocimiento de la mitología y del lenguaje simbólico, y naturalmente nos dieron «lecturas» incorrectas y viciadas en la base, limitándose a una descripción y a un comentario más o menos retórico, con inclusión de aspectos extra-estéticos”.

Este artículo se publicó en vísperas de la llegada del famoso cuadro a España, una vez ésta en democracia, y que fue expuesto en el Casón del Buen Retiro. Ahora, desde 1992, creo, luce en el MNCARS.

No tiene pérdida, está en la sala donde se junta todo el mundo. Además, en las salas vecinas, hay estudios, y otros documentos sobre el cuadro.

En mi caso concreto, esto tiene una ventaja: hay más tiempo para ver el resto del Museo (de hecho, se tarda más tiempo en leer esta anotación que el que estuve yo en la sala, ni siquiera viendo el cuadro).

¡Qué políticamente incorrecto, ¿no?!

sábado, 18 de julio de 2009

La libertad, Sancho

En marzo de 1981 se hizo famoso un número: 2.300. Dicho número se correspondía con el número de firmantes, en el momento de su envío a la prensa, de un manifiesto conocido, precisamente, así, “Manifiesto de los 2.300”, aunque su nombre ‘oficial’, más largo, claro, era “Manifiesto para la igualdad de los derechos lingüísticos en Cataluña”.

Lo expuesto en dicho manifiesto fue objeto del tradicional análisis por estas tierras de Dios. Como decía en un artículo el primer firmante “[se] han olvidado de «reportar» sobre los hechos que en él se denuncian. En su lugar han seguido la técnica de la «perezosa adulación»: demandar la opinión de conocidas personalidades en posición políticamente preeminentes, las cuales, por lo general nos han cubierto de improperios”.

El manifiesto en cuestión, según expresaba al final de su primer párrafo: “no busca otro fin que el de restaurar un ambiente de libertad, tolerancia y respeto entre todos los ciudadanos de Catauña, evitando la actual tendencia hacia la intransigencia y el enfrentamiento entre comunidades, lo que, de no corregirse, puede originar un proceso en el que la democracia y la paz social se sean amenazadas”.

Igualmente, denunciaba unos hechos que sucedían, tal y como finalizaba el segundo párrafo, “sin que el Gobierno central hasta ahora, ni los partidos políticos, parezcan dar importancia a este hecho gravísimamente antidemocrático, por provenir precisamente de instituciones que no tienen otra finalidad que la de salvaguardar los derechos de todos los ciudadanos.”

En ese mismo artículo mencionado, al principio, se decía: “Los principales autores lo éramos porque las represalias laborales podían ser menores en nuestro caso”. Sin embargo, en noticia publicada el día 19 de ese mes, se titulaba “Ante posibles represalias, Amando de Miguel deja Cataluña y se marcha a USA”. Y es que Amando de Miguel era el primer firmante del manifiesto de marras.

Dos meses después, pasó a ser ampliamente conocido en toda España, el tercer firmante del manifiesto: un profesor de Instituto. Y lo fue, no por irse a Estados Unidos, sino, casi, por irse del todo y no poder contarlo: la noche del 20 de mayo de 1981 fue secuestrado, atado a un árbol, herido por un disparo de pistola, y abandonado en mitad del monte. No acabó asesinado porque la persona que le acompañaba, que también había sido secuestrada y atada, consiguió soltarse, y, tras practicarle un torniquete, consiguió localizar la ayuda de la policía. El atentado terrorista fue reivindicado por Terra Lliure. La víctima era Federico Jiménez Losantos.



Dejó la enseñanza y Cataluña, y llegó al periodismo (político) y a Madrid.

“No es fácil dar marcha atrás en procesos complejos, como la práctica liquidación de la independencia judicial, que se han desarrollado durante años y en los que el Gobierno de Felipe González ha contado con la colaboración entusiasta o el consentimiento resignado de estamentos muy amplios de la sociedad española. (…) Del Régimen felipista no planteo sólo la denuncia, a veces fácil, sino la dificultad de desmontarlos, que equivale a la de reconstruir el sistema de libertades que creíamos asegurado en la constitución de 1978. (…) La libertad de información y la sacrosanta libertad de opinión, sin la cual la información no tiene sentido, es el aire que necesita respirar una sociedad libre, esto es, consciente de lo que le pasa y, por eso mismo, con posibilidades de mejorar. (…) No se abordan aquí problemas reducibles a la responsabilidad de una persona –llámese González, Pujol, Arzalluz o Polanco–, sino que concierne a la responsabilidad de todos. En última instancia, sin el ejercicio cívico de la responsabilidad, es imposible la libertad. (…) La democracia precisa, antes que cualquier otra cosa, libertad de pensamiento y de palabra, libertad para no atarse a ideas fijas y para discutirlas todas en la plaza pública. (…) La dictadura silenciosa a que se refiere el título (…) no se manifiesta sólo en la coerción exterior, sino también en la falta de libertad interior. Contra esa falta de libertad escribo.” [De 'Contra la falta de libertad', prólogo a La dictadura silenciosa. Mecanismos totalitarios en nuestra democracia, editado por Temas de Hoy en su colección Grandes temas, en mayo de 1993]

En diciembre de 1993, cuando el libro anterior ponía en los estantes la duodécima edición, también Temas de Hoy y en la misma colección, lanzaba Contra el felipismo. Crónicas de una década, recopilación de artículos publicados en prensa, pudiéndose leer en el párrafo final de la Introducción: “No se trata de reunir críticas a los sucesivos gobiernos de Felipe González, sino de hacer una crítica del régimen felipista, en sus comportamientos y actitudes, en sus costumbres y en sus manías, en lo que tiene de nuevo y en lo que tiene de viejo. Y en el felipismo cabe desde la oposición domesticada o impotente hasta los personajes marginales y pintorescos que renuevan la escena nacional.”

Hace unos meses hice una anotación sobre los 10.000 días de un anuncio en prensa. El protagonista de ese anuncio, y otros posteriores, era el grupo Antena 3. Ese primer anuncio era del 15 de noviembre de 1981. Algo más de diez años y medio después, el 19 de junio de 1992, se publicaba en ABC, uno de los periódicos promotores del grupo, una columna de Federico Jiménez Losantos que finalizaba así:
“Todos los días hay unos pocos periodistas que se ponen delante de la cámara o detrás del micrófono en Antena 3, y hay un sector importante y significativo de la sociedad española que confía diariamente en ellos. Si dentro de una semana, o de tres meses, no están donde estaban, huelgan explicaciones. Todo estará demasiado claro, empezando por las responsabilidades. Las inolvidables responsabilidades.”

Faltaban cinco días para los tres meses pronosticados cuando muchos de esos profesionales, en concreto, de la radio, ya no estaban detrás de los micrófonos de Antena 3. Empezaba un primer milagro en la COPE. Luego llegó otro.

Ahora, Dios dirá, pero ya ha habido salpicados, por muy modestos que puedan parecer. El cinco de abril, comentando los rumores y el estado de las noticias entonces, sobre la salida de Federico Jiménez Losantos de la COPE, en este diario decía: “aunque en la COPE siguen sin decir ni escribir nada, entro en su página justo cuando en la ventana de su agregador de blogs se “anuncia” la anotación de elentir al respecto”. El 21 de abril, sólo dieciséis días después, elentir publicaba una nueva anotación titulada “Suprimido de los blogs de COPE”.

Como se puede observar por todo lo expuesto, no termina de ser cierto por completo eso que dicen los científicos de que el tiempo sólo fluye hacia delante: en España, recircula y se estanca.

¡Ah, por cierto! El 18 de julio se celebra la festividad de San Federico, quien, en tanto que canonizado, sí tiene acreditado que haya intercedido para la consecución de milagros. Los otros, los comentados más arriba, son una forma de hablar. Cosas de periodistas.

Y hoy, sí, hace...

…tres meses que compré Pyongyang, novela gráfica (que se dice ahora), obra de 2003 de Guy Delisle, canadiense de Quebec. En el año 2006 tuvo las nominaciones (o sea, fue propuesta) a la mejor obra de no ficción y al mejor autor en los premios Eisner (los Oscar del cómic, que diría alguien, por ejemplo, yo: lo acabo de hacer, ¿no?). Y ciertamente, éxito sí tiene, pues están realizando una edición cada año desde 2005 (mi ejemplar es de la cuarta edición, de junio de 2009)

La primera referencia de la obra la tuve gracias a una anotación de elentir, allá por el mes de Enero (“grandes dosis de ironía y humor”, “el libro es como ver una versión dibujada de ″1984″, si bien lo que cuenta son cosas reales del país más opresivo de la tierra”) y luego, ya en abril, a través de un breve recordatorio de Urko de Azumendi (“hilarante”) al reseñar una novela que se desarrolla también en Corea del Norte.

En la obra se narra la estancia del autor en Corea del Norte por motivos profesionales, para supervisar los trabajos de dibujo y animación de una película (sí, la deslocalización llega incluso a esto, a Corea del Norte – sí, incluso Elipse, el estudio de Canal +, según cuenta).

En la novela se recoge una anécdota relativa a los receptores de radio (“todos los aparatos de radio del país están bloqueados en la emisoras oficiales”) y cómo intenta evitar el 'bloqueo' con un aparato que ha introducido ilegalmente.



Por muchas vueltas que diera en el dial, la realidad era única.



No sé si es una casualidad que este ejemplo de cómo se viola el derecho a la información, se quede en la página 38, es decir, el mismo número que el del paralelo que actuaba de frontera entre las dos Coreas y cuya violación en 1950 por Corea del Norte desencadenó la conocida como Guerra de Corea.



Guerra, en la cual, aunque se han preocupado mucho últimamente de ocultarlo, la ONU sí tuvo una participación activa en defensa de Corea del Sur, primero contra Corea del Norte, y luego contra la China continental, cuando ésta tomó la iniciativa en el conflicto (se ve que sólo veían M.A.S.H. para aprender a jugar al golf, o para apreciar a ‘Morritos Calientes’, pero no para aprender, aunque fuera de refilón, algo de Historia).

En resumen, que el 38 actúa como un impresionante muro que impide a la información fluir como debe, pero no sólo en Corea del Norte, como se ilustra en la novela gráfica.

También, durante mucho tiempo, en Europa hubo demasiados reacios a la información, como muestra Carlos Semprún Maura en su novela, ya conocida por aquí, Las aventuras prodigiosas:

“La guerra de Corea ardía mientras Sofía y Lorenzo vivían en la calle de Sèvres. Él estaba totalmente convencido por la mentira comunista, o sea que Estados Unidos y Corea del Sur, el imperialismo y su lacayo, habían agredido militarmente a la pacífica Corea del Norte, y siguió convencido de ello durante casi cinco años, hasta 1956, año crucial, cuando tuvo que reconocer que había ocurrido lo contrario. Sofía tenía sus dudas, y además leía de vez en cuando la «prensa imperialista» (Herald Tribune, por ejemplo), pero no se atrevía a afirmarlo tajantemente ante Lorenzo y sus amigos, todos tan sectarios como él.” (pág. 15)

Más de cincuenta años después, todavía quedan contumaces rechazando la información y negando la realidad. Esto ya no es anécdota, esto ya es categoría. Y esto ya no es humorístico ni hilarante, sino grave y peligroso. Da lo mismo que sea por ignoracia o por convencimiento.

Hoy hace...

…casi tres meses que compré Relatos de Kolimá. Volumen I, de Varlam Shalámov, según traducción de Ricardo San Vicente, editado por Minúscula como número 20 de su colección Paisajes narrados (primera edición, de octubre de 2007).

La portada ilustra el primer relato de la obra: “Por la nieve”:
“¿Cómo se abre camino en la nieve virgen? Un hombre echa a andar, suda y blasfema, avanza sin apenas poder mover los pies, hundiéndose a cada instante en la esponjosa y profunda nieve. El hombre se marcha lejos, marcando su camino con irregulares hoyos negros. Se cansa, se acuesta en la nieve, enciende un pitillo, y el humo de la majorka se extiende en una nube azulada sobre la nieve blanca y brillante. El hombre ya se ha marchado lejos, pero la nube sigue suspendida en el lugar en que se había detenido a descansar: el aire es casi inmóvil. Los caminos se abren siempre en los días de calma, para que los vientos no barran los trabajos de los hombres. El hombre se marca sus propios puntos de orientación en la infinitud nevada: una roca, un árbol alto. El hombre guía su propio cuerpo por la nieve del mismo modo que un timonel dirige la barca por el río de un saliente a otro.
Tras el angosto e inseguro rastro trazado se mueven cinco o seis hombres pegados el uno al otro, hombro con hombro. Pisan junto a la huella, pero no en ella. Al llegar a un lugar señalado de antemano regresan, y de nuevo caminan de manera que se aplaste la virgen superficie nevada, el espacio aún no hollado por pie humano alguno.
El camino está abierto. Por él puede ir gente, convoyes de trineos, tractores.
Si se sigue tras los pasos del primer hombre, huella a huella, se formará un sendero visible pero difícilmente transitable y estrecho: una trocha y no un camino, lleno de hoyos por los cuales es más difícil avanzar que por la nieve virgen.
El trabajo más duro es para el primero, y cuando a este se le agotan las fuerzas, lo reemplaza otro, de aquel mismo quinteto de cabeza. De entre los que siguen los pasos del primero, cada uno de ellos, incluso el más pequeño, el más débil, debe pisar un pedazo del manto nevado y no alguna otra huella.
Y sobre los tractores y a caballo no viajan los escritores, sino los lectores.
”

Hace 73 años, no; pero en julio de 1938, el autor ya llevaba desde al año anterior en Siberia, en concreto, en la tristemente famosa región de Kolimá. “Disfrutaba” de una de las ventajas del comunismo, por segunda vez en su vida (la primera, fue entre 1929 y 1932). La estancia duró hasta 1942, pero hubo quien, “caritativo y compadecido”, decidió que había “disfrutado” poco de las ventajas, y en 1943 le “premiaron” con diez años más.

En esa zona, como se puede ver en el mapa, se localizaron bastantes lugares donde Papaíto Stalin, preocupado por conciudadanos suyos, los reunía hasta que éstos se ‘recuperaban’.

Llegó a estar tan preocupado, y por tantos ciudadanos, que tuvo que disponer de muchos, muchos, muchos lugares similares, del uno al otro confín de toda la C.C.C.P.

Aun con las prevenciones normales respecto de la Wikipedia, pongo el enlace correspondiente, en inglés, claro. A través del segundo enlace relacionado al final del artículo, se obtiene el mapa del conjunto de los campos del GULAG en la URSS, y sobre éste, el de cada zona, en particular, Kolimá.

Y hace, sí, 73 años, en el otro extremo de Europa había quien consideraba todo esto como positivo, y lo estaba poniendo en práctica. Lo triste no, lo malo, es que todavía hoy lo consideren, y lo tengan a gala, tal vez no explícitamente (tal vez no se atrevan), pero sí en el fondo, al fin y al cabo siguen llamándose ‘socialistas’, ‘comunistas’, ‘rojos’.

As time goes by

Normalmente, un grupo de compañeros del trabajo íbamos a comer a un par de bares cercanos a nuestro trabajo, turnándolos cada cierto tiempo. Últimamente, hemos decidido cambiar algo más, y vamos a otro bar, ya sólo relativamente cercano, aunque no desconocido pues era la alternativa para los almuerzos de media mañana o comidas durante los fines de semana, en que los otros están cerrados. Y así, hiciera sol o lloviera, ahí estamos yendo.

A pesar de todo este tiempo, nadie se había dado cuenta, o al menos, no lo había comentado, de algo que existía en una vieja alquería todavía en pie frente a la puerta trasera del establecimiento.

Ese ‘algo’ era un viejo reloj de sol. Ahí estaba, con independencia del caso que se le prestara, sabiendo que su deber ya sólo era capaz de cumplirlo durante un breve periodo del día, por mucho sol que hiciera, pues sufría la sombra que le arrojaba (escupía, diría alguien), el edificio que tenía delante: sin embargo, con el primer rayo de sol, inmediatamente se ponía a hora, hasta que le llegaba el momento de descansar. Durante su trabajo, siempre puntual.

Sin embargo, como es notorio, la puntualidad no es una virtud en este diario. Y parafraseando a don José, “como bloguero vuestro que soy, os debo una explicación; y esa explicación que os debo, os la voy a dar”.

El caso es que yo no soy como ese viejo reloj de sol: necesito mi tiempo para reaccionar.

La chispa, la idea, ese rayo de sol, me llega en un determinado momento, sea internamente, reseña de cualquier acaecido personal al que por ignotos motivos quiera darle cierta trascendencia compartiéndolo, o consecuencia de alguna barrabasada de que haya tenido noticia.

En ese momento, la ocurrencia toma su turno y se pone en la fila, cocinándose poco a poco mientras le llega el momento. Cuando, como buena pila FIFO, el taller de escritura consigue cerrar el desarrollo de la idea (cerrar, dice, ¡je!), en ese momento, pues, es cuando se lanza la publicación.

Espero, en breve (que no sé con certeza en qué mes y año cae), ponerme suficientemente al día como para no generar más confusión. Y si no lo consigo, paciencia y a barajar.

Todo este explayarse, puede resumirse en la contestación que le di un día a Zuppi, intrigada por este calendario tan retrasado que yo usaba (y última sufridora de él): “El lío de las fechas es simplemente acumulación de borradores que voy abriendo, y poco a poco, depuro y acabo volcando,... con la fecha de cuando me llegó (o tocaba) la idea. Para no marear más aún, sí me veo obligado a volcarlos por orden.”

Pero entonces no hubiera podido incluir las fotos, ni hablar del viejo reloj de sol.

jueves, 16 de julio de 2009

Respetos atrasados

Como comenté en su día, al visitar la Feria del Libro de Madrid llevaba un encargo, y como acabo de comentar, quedé para entregarlo en el Mercado de Colón, aquí en Valencia.

Hacía tiempo que no había estado, por lo que no recordaba la referencia del local concreto en el que habíamos quedado (“Hay una cafetería con sillones de mimbre más o menos enfrente de la Galería Jorge Juan, creo”); así pues, llegué antes, por dos motivos: uno, lógico, para encontrar el local; el segundo, más obvio aún: al no conocernos, teníamos que identificarnos de alguna manera, que en este caso, eran los libros (“Mejor eso que llevar un clavel en la boca”), que estarían encima de la mesa,… por lo que había que pillar mesa, sí o sí.

Digo ‘libros’ porque el suyo también cuenta, y me lo tenía que dedicar, claro.

Naturalmente, en la incertidumbre, ansiedad, tribulación,… no dejé quietos los libros ni un solo momento: tenían que verse bien desde cualquier posible visual que estuviera al alcance de Zuppi.

Y a su hora, llegó.

Como describir me sale fatal, me ahorraré el esfuerzo de hacer el ridículo. Quien quiera alguna descripción, que se compre su libro, prescinda de la foto de la contraportada que no le hace justicia, y la conozca (en este orden, ¿no?).

Fue un breve encuentro (no como el de la película, no era una estación de tren), pero suficiente como para seguir quedando (bueno, también porque se empeñó en querer devolverme el dinero del libro, importe que en ese momento yo no recordaba, y ahora, tampoco).

Estuvimos hablando de su libro, de cómo había podido conseguir esos ambientes y descripciones (había recibido muy buenos comentarios sobre ello por parte de argentinos), sobre el blog y el poco tiempo que le puede dedicar ella, que lo hace más ‘pensat y fet’, mientras que Gavión no se lanza si no es debidamente documentado,… y al poco, llegó Gavión. Hablamos algo del reciente viaje a Madrid, pero no pudimos estar mucho más porque se tenían que ir, aunque de vez en cuando estamos en contacto gracias a Internet (correo y, si nos dejan ¿verdad?, charlando).

En resumen, me alegro de conocerlos y espero contar con su amistad.

Esta anotación la tengo pendiente desde el mismo día de autos (el famoso 15-J, pero de este año); sin embargo, al no estar inspirado, la he ido demorando, hasta que he decidido volcarla, qué mejor día (virtual) que el de su santo.

Así pues, con todos los retrasos (reales) del mundo, de nuevo felicidades hoy (virtualmente) de este “amigo virtual” en proceso de “cruda realidad”.

Moderno el modernismo

Hace un tiempo, hice una anotación sobre el Mercado de San Miguel, en Madrid, que estaba recién inaugurado cuando estuvimos allí a principios de junio. Tratándose de un diario de alguien de Valencia, esa anotación pedía su continuación natural en relación con el Mercado de Colón.

Este Mercado, inicialmente, no existía, ni físicamente, ni en el imaginario municipal: o sea, se daba la curiosa circunstancia de que no existía algo que no estaba previsto que existiera. Por tanto, ningún problema…. hasta que los vecinos del nuevo barrio empezaron a quejarse, y es que sólo tenían el de la Plaza propiamente llamada del Mercado, intramuros –es decir, en el recinto amurallado hasta hacía poco, unos cincuenta años o por ahí– y ellos ya eran ‘extramuros’: en resumen, un paseo, sobre todo para quien tuviera que volver cargado con la compra.

El Ayuntamiento escuchó a los vecinos, y todo se organizó de manera que quedó resuelto en el breve lapso de tiempo que media entre el 7 de julio de 1904 (fecha en que se hace el encargo del primer estudio al respecto) y la fecha de la inauguración (con cabalgata y todo –por cierto, por unas calles que hoy también podría recorrer), la Nochebuena… de 1916. La historia correspondiente se cuenta en la página del Ayuntamiento de Valencia (las imágenes son de ella), y todo tiene su explicación, e incluso, en algún caso, su justificación. [No obstante, no se comenta qué sucedió cuando la liquidación de la obra supuso 909.081,93 pesetas frente a un presupuesto inicial de 535.563,77 (y además una baja en la ¡tercera! subasta ¡del 3,05%!). Quién sabe, tal vez estén investigando a algún cargo del PP de entonces… en la persona de sus descendientes, claro: ellos no son como otras.]

No sé cuándo perdería sus funciones de Mercado genéricamente hablando, pues yo ya lo conocí (quiero decir, acercarme por él para comprar algo) sólo como Mercado de Flores. El caso es que con el siglo, el concepto clásico del Mercado se acabó, y empezaron unos trabajos de rehabilitación del edificio, dotándolo también de sótanos para aparcamiento (si no, difícil futuro iba a tener –además, con plazas para residentes). Finalmente, tras casi dos años de obras, fue nuevamente inaugurado, aunque esta vez sin cabalgata.

El Mercado cuenta con dos plantas, el nivel de calle y un sótano. Los establecimientos son mayoritariamente de restauración, disponiendo terrazas en el interior del Mercado, mientras que en el sótano se encuentra El Corte Inglés (libros y discos, tipo el centro que tiene en la Puerta del Sol, en Madrid –y que como en Madrid, éste sí abre los domingos; bueno, como en Madrid y como en Valencia FNAC, famosa multinacional francesa que también abre los domingos, no como las librerías tradicionales [dijeron las malas lenguas que el establecerse El Corte Inglés fue precisamente para evitar que FNAC ocupara el hueco – otras malas lenguas dicen que fue un ruego del Ayuntamiento para dar vida comercial al Mercado]); El Corte Inglés, digo, y unos comercios clásicos de mercado, carnes y cosas de alimentación, se supone que de calidad más selecta, aunque por los horarios no parece que les interese mucho (en un paseo que di a las cinco de la tarde sólo un establecimiento estaba abierto; para el resto, se ve que aún era demasiado pronto – cuando visitamos el Mercado de San Miguel por primera vez, era ya pasada la medianoche, y ahí estaban).



Pues ya saben, ahí está el Mercado de Colón (recuerdo a los visitantes que estamos en Valencia, así que cuidado con los nombres: no está en la calle de Colón, aunque sí cerca). A ver si hay suerte, y nos dura, que como se dice en la página municipal “tiene la categoría de Monumento Nacional y se encuentra entre los ejemplares más cualificados de la arquitectura modernista”, y es que tuvo de quien aprender: su Arquitecto fue Francisco Mora, y el Director de la Obra, Demetrio Ribes.

Todo esto, además de la justificación dicha al principio, tiene otra explicación. En el Mercado de Colón es donde, a la vuelta del viaje, quedé, para entregarle el libro encargado, con Zuppi y Gavión.