martes, 21 de septiembre de 2010

Uno, dos, tres…¡Qué bien se cuenta!

Si se tiene en cuenta la anormal situación de una ciudad dividida, la vida en Berlín era más o menos normal. El tránsito fluía libremente por la Puerta de Brandemburgo. En realidad, no se encontraban muchos obstáculos para pasar de un lado a otro del telón de acero. Algunos policías de la Alemania Oriental eran rudos y suspicaces; otros, eran suspicaces y rudos.

Como Berlín, la ciudad en la que se desarrolla, la película es, básicamente, una película dividida. El humor, no ya del director, sino de, al menos, uno de los adaptadores de la obra en que se basa (aunque coincida con el director de la película), permite repartir tanto para un lado del Telón como para el otro.

La plasmación de Occidente es ya de por sí una crítica a éste: la compañía Coca-Cola (“El Sector Occidental, bajo la protección aliada, estaba en paz, era próspero y disfrutaba de todas las bendiciones de la democracia. Por pura coincidencia, ésta resulta ser la compañía para la que trabajo”). Y sigue. El interés de Occidente en relación con el bloque soviético no es establecer en él la libertad y la democracia: la trama inicial es el conjunto de unas negociaciones comerciales para conseguir establecer en la URSS… plantas de envasado de Coca-Cola.

Interés del alto ejecutivo, para promocionarse en la compañía:
Debí conseguir ese puesto [Jefe de Operaciones en Europa, en la Central de Londres] hace cinco años. Estaba todo listo. Incluso me compré un paraguas.

¿El puesto de Londres? ¡Bien! No sé qué decir. Nunca esperé nada semejante. Sólo el que hayan pensado en mí, ya es un honor.

- Estás muy contento, ¿no, mein Führer?
- Ya lo ves.
- Encerraste a ese pobre chico.
- En efecto, no iba a dejar que un embrión de comunista arruine una vida.
- Pero ella le quiere.
- Oh, no es su vida, es la mía.


- ¡Virgen Santísima, lo que me faltaba para hundirme!
- ¿Cómo resultará trabajar para la Pepsi-Cola?


Efectivamente, la vida del alto ejecutivo está muy vinculada a la de su propia empresa. Por eso, son varias las referencias a otro tipo de bebidas, como cuando la secretaria prepara el café… en las oficinas principales de la Coca-Cola, o en una discusión matrimonial:
- ¿Qué te ha ocurrido, Phyllis? Después de quince años…
- Los matrimonios después de quince años quizá se avinagren un poco, como las sobras de un vaso de cerveza.
- Oye, ¿no podemos discutir este problema sin traer a colación una bebida rival?


Este gran desarrollo industrial occidental tiene su contrapartida, muy notoria en la época (1961), en la llamada “carrera espacial”, cuyos éxitos soviéticos y fracasos estadounidenses son mencionados en varias ocasiones.
- Bien. Tú y ese Otto, ¿qué hacéis exactamente cuando estáis juntos?
- Cosas agradables. Yo le lavo las camisas, y él ensancha mi mente. Y cuando hace mucho calor, nos echamos en la azotea a ver pasar los Sputniks.


- Ha obtenido una beca para el Instituto Técnico Popular.
- Cohetes soviéticos, psssss… ¡Venus! Cohetes americanos, pfuu… Miami Beach.


- Estuve prometida cuatro veces. Conozco a los hombres. Y esos subversivos son los más apasionados. Sí, sin disputa.
- Y yo que creí que sólo nos aventajaban en los cohetes.


Aunque, seamos prácticos.
- Tranquilícese, Boris. Mientras ellos ponen al Tío Sam en relojes de cuco, nosotros mandaremos un cosmonauta a la Luna.
- Esta bien. Ustedes serán los primeros que envíen un cosmonauta a la Luna, pero si quiere Coca en el camino tendrá que acudir a nosotros.


Y es que los problemas con el transporte, por lo menos el aéreo, en Berlín, ya estaban superados:

- ¿Qué es eso? [Un reloj de cuco]
- Mis empleados me lo regalaron en el décimo aniversario del Puente Aéreo.

Vuela en la PanAm. El avión llega a Berlín a las 4:30… a no ser que los malditos comunistas lo derriben.

- Perdone, ¿es éste el avión de París?
- Sí, señor.
- ¿Está la señorita Hazeltine entre los pasajeros?
- Había una Hazeltine entre los pasajeros, pero la hemos perdido.
- ¡¿La han perdido?!


- El avión llegará diez minutos antes.
- ¡Diez minutos antes! ¡Vaya una manera de llevar el negocio! ¡Los aviones deben llegar con retraso, no adelantados!


Aunque hay otros problemas técnicos:
- ¿Y si agarramos el teléfono y llamamos a las autoridades de allí?
- No es tan sencillo.
- ¿Por qué no?
- No hay servicio telefónicio directo con el Este: hay que llamar a Estocolmo, desde allí a través de Varsovia a Leipzig y luego a Berlín Este, y allí nueve veces de cada diez se equivocan de número.


Te recogeré a las seis y media en punto porque el tren de las siete para Moscú sale puntualmente a las ocho y quince.

La película no olvida que no sólo se comercia entre Occidente y el bloque soviético; también lo hace cada bloque dentro de sí mismo.
- Las corbatas… Jawohl, nicht jawohl, jawohl, desde luego no, no,… ésta, ésta es mejor.
- ¡Es la mía!
- ¡Quítesela! ¡Se la compro!


- ¿Cigarrillos? ¿Refrescos?
- Tenga, fume uno de éstos.
- Gracias.
- ¡Mmm! Puros habanos.
- Tenemos un acuerdo comercial con Cuba. Nos mandan cigarros y nosotros mandamos cohetes.
- Bien pensado. (…) ¿Saben una cosa? Les han engañado. Este cigarro es de la peor clase.
- No se preocupe. Nuestros cohetes también de peor clase.


Las negociaciones son duras y difíciles. Y es que ‘la pela es la pela’:
- Bien. El trato fija un canon de Derechos Reales.
- ¿Qué dice? En Rusia no hay Derechos Reales desde que liquidamos al zar.
- No importa. Nos darán un porcentaje sobre el bruto.
- ¿Pagado en…?
- ¡En dólares!
- En lugar de dólares no aceptarían una gira de nuestro Ballet de la Ópera.
- ¡Por favor! Cultura no, dinero.


De todas formas, se alaban las ventajas de la libertad y la democracia en Occidente:
- Schlemmer, ¿cuántas veces le he dicho que no quiero que se levanten y se pongan firmes cada vez que entro en la oficina?
- Lo sé. He dado órdenes tajantes.
- ¿Es que no entra en sus prusianas cabezas que ahora viven en una democracia?
- Eso es lo malo. En otros tiempos, si así se hubiera ordenado, se habrían sentado. Ahora con la democracia, hacen lo que quieren, y lo que quieren es levantarse.


Lo siento, se quedarán después de la hora practicando. (…)
¡Oh, lo siento! Mientras ellos se entrenan en no levantarse, yo me entrenaré en no dar taconazos.


Y es que el desarrollo de la acción en Berlín Oeste permite recordar algo de lo allí sucedido quince años antes.
- Entre nosotros, Schlemmer, ¿qué hizo durante la guerra?
- Estaba en el subsuelo, en el subterráneo.
- ¿En la resistencia?
- No, conductor. En el subterráneo, ¿sabe? En el Metro.
- Y desde luego era usted antinazi y nunca le gustó Adolf.
- ¿Qué Adolf? Abajo donde yo estaba no me enteraba de lo que ocurría arriba. Nadie me dijo nunca nada.


Oiga, si ustedes pudieron quemar el Reichstag, podrán quemar un simple certificado de matrimonio.

- Schlemmer, quiero que todo el personal de la casa esté alerta y pendiente de mis órdenes. ¡Alarma general! ¡Movilización total!
- ¡Como en los viejos tiempos! ¡Sí, señor!


Lo que tiene su ventaja cuando el ajetreo final es descubierto por un sagaz periodista:
- ¿Cuánto quiere usted por olvidarlo todo?
- ¿Cree que puede comprar a un periodista alemán?
- Nunca tuve ocasión de comprobarlo.
- Tal vez en América los periodistas se vendan, pero no aquí, en Alemania.
- Los documentos de adopción, firmados y legalizados… ¡Herr Oberleutnant!
- ¿Se conocen ustedes?
- Era oficial de mi compañía.
- ¿En el Metro?
- No, más tarde, cuando me reclutaron.
- ¡Aaaah! GESTAPO.
- No, no. SS.
- Halten Sie doch den Mund, Sie Idiot.
- Bueno, Herr Oberleutnant. Si hay algo más que pueda hacer por usted…
- No, gracias, tengo todos los datos. Unión entre dos familias internacionalmente ilustres: los Hazeltines y los von Droste-Schattenburg. El acontecimiento del año. Saldrá en la edición vespertina.
- Más vale así.
- Auf Wiedersehen
- Sieg Heil.
- Y usted Schlemmer, ha vuelto a las SS: Suspensión de Sueldo.
- Señor, déjeme explicarle. Yo sólo era repostero en la cantina de oficiales… Pero un malísimo repostero.


Esta vida plenamente comercial y tan tranquila, se ve alterada con la presencia de una muchacha, hija del gran jefe de la empresa, por cuyas vacaciones en Europa se ven alteradas las vacaciones del alto ejecutivo y su familia. Lo que nos permite introducirnos en los problemas familiares habituales de una típica familia americana de la época:
- Tommy, tu padre al teléfono (…)
- Creo que tu madre tiene razón. Es tonto que los lleves.
- ¿Qué vas a hacer con los patines en Venecia? ¡Las calles están bajo el agua!
- ¿Y qué? Me llevo también mi respirador submarino.
- Ten. Tu marido quiere hablarte.
- Oye, Phyllis. Que se lleve lo que quiera.


- ¡Basta ya niños! ¡Scarlett está mala!
- Si se muere, volveré a mi habitación.


- Mac, no me importa. Yo quiero ir allí [a Atlanta]
- ¡Dame una buena razón!
- ¡De acuerdo! A Cindy tienen que enderezarle los dientes; Tommy ya tiene diez años y todavía no sabe lo que es un rascacielos. Y yo, para variar, quisiera ver americanos, no alemanes, o portugueses o hawaianos.
- ¿Quieres volver a pagar impuestos? ¡Aquí estamos bien! Casa grande, criados, un buen coche, hasta cuenta corriente. ¿Y quieres dejar todo esto por la sombra de un rascacielos?
- Sí, claro, para ti es la vida. Dondequiera que vayamos encuentras una simpática secretaria, que además te da clase de idiomas…
- ¿Qué quieres decir?
- Que sé siempre cuándo tienes una nueva maestra. Te pones alzas en los zapatos para parecer más alto.
- Phyllis, ¿qué insinúas?
- Lo sé hace años.
- ¿Y nunca me habías dicho una palabra? ¡Eso está muy feo!
- No quería ser una de esas pesadas esposas americanas, pero tal vez me equivoqué. Tal vez debí haberlo cortado hace tiempo.


Y es que el aspecto sexual no puede dejar de estar presente. No ya sólo porque el alto ejecutivo tenga en su secretaria una amante, sino porque se usa como aliciente en lo que resulte necesario.
- Mandará los papeles a Berlín Este con la dama rubia por triplicado
- ¿Los papeles por triplicado o la rubia por triplicado?
- Si puede, las dos cosas.


Hay que reconocer que estos capitalistas tienen algo bueno. Saben cómo fabricar una mujer.

- Como son de la misión comercial, vengo a comerciar.
- ¿Coca-Cola?
- ¡No! Pero he oído que les gustaría que Fräulein Ingeborg trabajar con ustedes.
- ¿Quiere vender su secretaria?
- ¡Cierto!
- ¿Por una secretaria rusa?
- ¡Error!
- No se lo reprocho, las nuestras tienen forma de samovar.


- Será mejor que se ponga algo. Está enseñando el Canal de Kiel.
- ¡Oh, eso no es nada! Si viese a mi hermana…


¿Y qué decir de los problemas laborales?
- Aquí está su correo, su Wall Street Journal y aquí está mi carta de dimisión.
- ¿Dimisión? ¿Qué mosca le ha picado?
- Ya no me da trabajo fuera de horas, no ha vuelto a hablarme del fin de semana, ha perdido todo interés por la diéresis… Está bien claro: mis servicios aquí no son necesarios.


- Es usted un gran hombre, Schlemmer.
- Gracias.
- Schlemmer, ¿cuánto le pagamos ahora?
- Doscientos semanales.
- O sea, unos cincuenta dólares.
- Exacto.
- ¡Suficiente!
- Sí, señor.


- ¿Estuviste ayudándola a escaparse a mis espaldas?
- Sí señor, pero yo tener muy buena excusa.
- ¿Cuál?
- Ella me paga cien marcos por noche: cincuenta por llevarla, y cincuenta por no decirlo.
- ¿Me da usted permiso para despedirlo?
- ¡Aún no!


¡Quince años en la compañía que se van al cuerno! ¡Me boicotearán! Mis hijos pasarán hambre, mi mujer tendrá que fregar suelos,…

- Como director de la planta de envases, se queja siempre de que necesita ayuda.
- Sí, señor. Estamos agobiados.
- Pues alégrese porque va a tener un ayudante.
- ¿Quién?
- ¡Usted!
- ¿Yo?
- ¡Eso es! El nuevo director de la planta de envases es Otto von Droste-Schattenburg.
- Lo rechazo.
- Su posición será más baja, pero la paga más alta.
- Lo acepto.


- Quiero que pinte este escudo en la puerta de un coche. ¿Cuánto tardará?
- Pues…
- ¡Es demasiado!


¿Y la forma tan efectiva de conseguir los contratos laborales?
Para uno…
- Será mejor que se busque otra chica.
- ¡Está bien! ¡Escriba!
Anuncio por palabras para todos los periódicos de Berlín.
Texto.
Gerente edad mediana necesita secretaria joven y atractiva. Preciso sea dócil y adaptable. Sueldo excelente, cómodas condiciones de trabajo. Ciertas gabelas.
- ¿Ciertas gabelas? ¿Qué es eso?
- Pequeños extras. Por ejemplo, esta mañana he pasado por esa bonita tienda de la Kurfürstendamm y tenían en el escaparate un vestido de seda blanco con lunares negros y un sombrerito…
- ¿Y un bolso y zapatos combinados?
- ¿Por qué no?
- Acepto el empleo.
- Suyo es.
- Danke schön
- No hay de qué-schön.


y para otro:
- ¡Ingeborg!
Tome este anuncio para todos los periódicos.
Hombre de negocios internacional, obeso pero guapo, precisa secretaria bilingüe. Pequeñas gabelas comprenden viajes al extranjero, gastos de vestuario cubiertos, espléndido plan de retiro,…
- Acepto el puesto.
- Ya es suyo.


Y la situación político-social también se encuentra presente continuamente, tanto en lo que respecta al propio Berlín, como a la establecia entre bloques, como a la específica de Estados Unidos:
Sí. He tenido nueve países. Ahora tengo media ciudad, y a lo mejor, vuela cualquier día.

- Europa, ¡qué atraso! He visitado el Coliseo y he visto la Mona Lisa. Pero nunca me llevaron a uno de esos sitios tan estupendos como el Lido, el Caballo Loco y Le Sexy.
- Le prometo que se divertirá muchísimo en Berlín.
- A eso he venido. Dicen que aquí hay mucha frivolidad.
- ¿Dónde se lo han dicho?
- ¿No lee usted los periódicos? Todos dicen que actualmente Berlín es una ciudad que está que arde.


El General Hartel ha salido de maniobras. Bien. ¿Qué hay del alcalde Willy Brandt? … ¡Ah! Vigilando las maniobras. Y el comisario de Policía … ¡Ah, ya! ¡Vigilando a Willy Brandt! Entonces, ¿quién se ocupa de la tienda?

- ¿Estuviste ayudando a difundir propaganda antiamericana?
- No es antiamericana. Es anti-yanqui. Y allá en Atlanta todo el mundo detesta a los yanquis.


Niña, tú no sabes de la misa la mitad. De Rusia hay que huir, no ir a ella.

¿Se ha casado con un comunista? ¡La conmoción que sacudirá Atlanta será el terremoto de San Francisco transportado al este! … No, no lo encuentro gracioso. … ¿Se van a ir a vivir a Moscú? ¡Eso sí tiene gracia!

- Dicen que allí hace frío siempre.
- Treinta bajo cero.
- ¡Mentiras fascistas!


Cuando llegue el día, abogaré en favor de usted. Son mis padres los que me dan pena. Ya es demasiado tarde para salvarlos. Otto dice que tendrán que ser liquidados. ¡Adioós!

- Le gustará. Se parece a Jack Kennedy, sólo que más joven y tiene más en la azotea.
- ¿Más cerebro?
- ¡Más pelo! Y desde luego, ideológicamente, es más profundo.
- Ya veo que equivocamos el voto.
- En Rusia no hubiera pasado.
- ¿Es que no se equivocan?
- Es que no votan.


- ¿Amó usted alguna vez a un revolucionario?
- Nnno, pero fui novia de un demócrata de Stevenson.


- Más bien es él quien ha sido recogido por la Policía oriental.
- ¿Policía? ¿Por qué?
- ¿Quién sabe? Allí meten a la gente en la cárcel como nosotros nos tomamos un whisky.


- No me pongo pantalones a rayas aunque me maten. Eso es para banqueros y vampiros de guerra.
- Éstos fueron encargados por el embajador de la República Popular de Yugoeslavia.
- Nos entenderemos con Tito cuando llegue el momento.
- ¡Quíteselos y arrégleselos! ¡Son demasiado grandes!
- ¿Delante de la señora?
- Lo… lo olvidé. No lleva calzoncillos.
- No me choca que ganen la Guerra Fría.


Los amigos de Otto no nos hicieron ningún regalo. En su lugar, enviaron el dinero a los recolectores de algodón sin trabajo de Mississippi.

- ¿Por qué no te buscas un cómodo empleo fijo en la casa de Atlanta?
- ¿Atlanta? ¡No hablas en serio! Aquello es Siberia con discriminación racial.


- Hay un tal Otto Ludwig Piffl detenido por la policía oriental.
- ¿Qué ha hecho?
- El granuja me robó un reloj de cuco.
- ¿Quiere recuperar reloj?
- ¡Error!
- ¿Quiere recuperar Piffl?
- ¡Cierto!
- ¡Imposible, mi amigo! No podemos intervenir en asuntos internos de soberana República de Alemania Oriental.


- Dicen que se hospedan en el Gran Hotel Potemkin, ¿sabe dónde está?
- Sí, señor. Antes era el Gran Hotel Göring, y mucho antes, el Gran Hotel Bismark.


- ¿Han oído eso? Se ha declarado espía americano.
- En tal caso, yo no quiero intervenir, porque si llegan a saberlo en Moscú…
- Tiene razón. No hay secretaria que valga ese riesgo.
- Y por otro lado, ¿por qué tienen que saberlo en Moscú? Yo no informaré.
- Pero ¿y si lo descubren?
- No hay más que cruzar la frontera hacia el Berlín Oeste.
- Para usted es fácil decirlo porque es soltero. Pero si yo deserto, ¿adivina lo que harían a mi familia? Colocarlos de espaldas al paredón y fusilarlos: mi esposa, y mi suegra también, y mi cuñada, y mi cuñado, y… Camaradas, ¡hagámoslo!


Una chica robusta como usted, no debería estar cortando uñas, sino segando trigo en Ucrania.

- ¡Todo es ilegal!
- ¡No, no lo es! Tenemos certificado. Y vea los anillos de boda
- Forjados con el acero de un valiente cañón que luchó en Stalingrado.
- No me importa quién sea tu joyero.
/ / /
- Escoged dos alianzas.
- ¿Te gustan éstas?
- ¿Oro? ¡Jamás! Prefiero el honrado acero de los cañones de Stalingrado.
- Vamos, vosotros siempre estáis hablando del desarme. Podríamos empezarlo ahora mismo.


- ¡Espere! ¿Quién pagará esta locura?
- Tienes valores. Esas acciones de Coca-Cola.
- ¿Quiere que me siente sobre mis valores a cortar cupones?
- No te exaltes. El nene cortará los cupones. Pondremos todo el dinero a su nombre.
- No dejaré que mi hijo se eduque como un capitalista.
- Cuando sea mayor, podrá decidir por sí mismo: si quiere ser un capitalista o un comunista rico.


Al de ahí dentro no le diga que son puños franceses. La situación en Argelia no está para bromas.

- Son 50% nylon.
- ¿Nylon? Eso es Du-Pont, un conocido monopolio.
- Son también 50% algodón, una ayuda para los de Mississippi.


- ¿A que no sabe usted lo primero que voy a hacer? ¡Llevar a los trabajadores a la revolución!
- ¡Ponte los pantalones, Espartaco!


- ¿Cuál es la situación aquí en Berlín?
- No deberían hacerlo con perros… Es decir, fue un empate… En realidad,… la situación es desesperada, pero no grave.
- Desesperada pero no grave. ¡Eh! ¿Sabe que tiene la cabeza sobre los hombros?


- ¡Habla francés!
- ¡Y ruso!
- ¡Ruso!
- Ruso blanco, claro.
- ¡Ah!


Y a modo de conclusión:
- Puede que nuestros hijos conviertan el mundo en un lugar feliz, un lugar donde los hombres sean iguales, y haya libertad, y justicia para todos.
- ¡Enhorabuena! Acabas de citar a Thomas Jefferson , a Abraham Lincoln y el Juramento de Lealtad a la Bandera.


Y claro, tras la político-social, la forma de vida habitual no puede faltar.
- También debes hacer tu equipaje, cariño.
- Necesito poco tiempo. Sólo mi ajedrez, una camisa y unos doscientos libros.


- Te prometo que sólo luciré mis joyas en casa.
- Nos han asignado un magnífico departamento. Está muy cerquita del lavabo colectivo.
- ¡Cuánto te quiero!
- Te voy a hacer muy feliz. Todas las mañanas desayunaremos en la cama.
- ¡Es estupendo!
- Y comeremos, y cenaremos…
- ¿En la cama?
- Es que no hay mesa ni sillas.
- ¡Qué importa!


- Tenía miedo de que no lo quisieras.
- ¡Qué tonta eres! ¡Quiero docenas!
- Igual que yo…
- Y el Partido lo quiere también. ¡Superaremos la producción del Oeste!
- Creo que tienen un nuevo Plan: en lugar de que una mujer tarde nueve meses en tener un bebé, pondrán a trabajar a nueve mujeres para hacerlo en un mes.
- En cuanto lleguemos a Moscú, te inscribiré en la lista de espera para la Maternidad Popular y el Tocólogo Popular.
- No. Quisiera tener a mi médico de cabecera de Atlanta. A mi niñera, a mi institutriz…
- ¿Para qué? ¡El. Estado se hace cargo de todo! A la edad de seis meses, el niño ingresará en la Casa Cuna de la Escuela Popular. Naturalmente, tendremos derecho a visitarlo un jueves sí, y otro no.
- ¿Un jueves sí y otro no?
- Podéis llevarle un pirulí con una lima dentro.
- Esbirro imperialista. Y luego lo veremos el 1 de Mayo… cuando marche formado en el desfile, ¡y podremos saludarle!
- Podréis saludarle en el cumpleaños de Lenin, y en el cumpleaños de Yuri Gagarin, se va a pasar la vida desfilando.
- Bueno, así por lo menos, tomará el aire.


- ¿Sí? ¿Quién, el gerente del Hilton? ¡Póngamelo! … Oiga, deseo reservar la suite nupcial. Sí, desde ahora. … ¿Quién la he preguntado cuánto cuesta? Es para el yerno de un millonario americano. … Cama doble, claro, sábanas de seda.
- Diga que no necesitamos mesa ni sillas. Haremos todas las comidas en la cama.
- Quite las sábanas de seda, que pongan un mantel y dos servilletas.


- No firmaré nada, ni me haré socio de nada.
- Pero cielín, es la forma de vivir americana.
- ¡La forma de vivir americana! Desempleo, discriminación, gangsterismo, delicuencia juvenil,… Pero… con nuestro nuevo plan de veinte años les alcanzaremos a ustedes.


- Cálmate, los únicos títulos que conocen en América son Duke Ellington y los Reyes del Petróleo.

- No llevo siendo capitalista más que tres horas y ya le debo a usted diez mil dólares.
- Por eso va bien nuestro sistema: todo el mundo le debe algo a alguien.


- Bueno, Melania. Déjame a mí ese joven. No tardaré más de treinta segundos en saber si se trata de un cazador de dotes o es simplemente un chiflado.
- ¡Ay, Señor! Espero que no.
- Tú no conoces a los europeos.


- No haga caso del título. Trabaja para vivir.

La música también está presente. Por supuesto, la Danza del Sable, que actúa como banda sonora de la película y marca el ritmo frenético del alto ejecutivo:





Pero también otras referencias:
Si Van Cliburn interpreta a Tchikovsky, también me descubro.

- ¿Pulso? ¡Tch, tch, tch! (mirando el reloj)
- ¿Qué le pasa, doctor?
- Ya he perdido primer acto de Valquiria.


Música, la de la Cabalgata, con la que el alto ejecutivo determina e inicia la heróica operación de rescate.

Y el momento más terrible de la película: las escenas de tortura en el edificio de la policía oriental.

La película también tiene referencias cinematográficas, propias de los protagonistas de ella. Por un lado, la musiquilla del reloj de cuco es Yankee Doodle, título de una película protagonizada por el mismo protagonista de ésta, James Cagney, quien asume totalmente el ritmo loco de la película. Por otro, Sólo ante el peligro, película en la que también su parte final está marcada y pautada en el tiempo por las sucesivas tomas del reloj dando las horas. O dos que no hace falta explicar:

“¡Vaya, mis viejos amigos, Hart, Schaffner y Karl Marx! (…) ¡Eh! He dicho Karl Marx, no Groucho.


Y la más comentada, Con faldas y a lo loco, dirigida por el mismo director, y en la que también se juega con la confusión y engaño de un hombre vestido como una mujer,… y con éxito entre los hombres.
- Esos rusos… espero que no estén muy decepcionados.
- Eso allá ellos.
- En realidad, eran muy monos. Todavía no sé quién me gustaba más, si el gordinflón o el calvorota.
- Eso allá Schlemmer.


Esta circunstancia se encuentra contra-referida cuando un miembro de la tripulación se dirige a la esposa del alto ejecutivo para solucionar un problemilla:
- Madame, apelo a usted como mujer…
- Le aseguro que lo soy. Au revoir.


Y, claro, tratándose de la Coca-Cola y Atlanta, Lo que el viento se llevó. No sólo en los nombres de dos de las mujeres (la joven, Scarlett, y su madre, Melania): cuando Scarlett ha desaparecido, comentan:
- ¿Qué puede haberle pasado?
- ¿Quién sabe? Lo que el viento se llevó.


Las críticas hacia ambos lados permite usar los mismos ‘gags’, una vez en un sentido, y otra, en el contrario.
Por ejemplo, en las negociaciones comerciales:
- Cuando las plantas funcionen nos reservamos el derecho de inspección.
- Desde luego, nosotros nos reservamos el de veto.
- Nuestros inspectores estarán autorizados…
- Lo vetamos
- Lo suponía.


y en las menos comerciales, relativas a la secretaria:
- Antes de cerrar trato, exigimos derecho de inspección.
- Lo veto.
- Lo suponía.


En las negociaciones comerciales:
- Mi querido amigo americano, si hemos de vivir juntos en pacífica coexistencia, es preciso que haya un cierto toma y daca.
- Sí, nosotros damos y ustedes toman.


o en los problemas sobrevenidos:
Óyeme, Ottito. Si hemos de vivir juntos en pacífica coexistencia, es preciso un cierto toma y daca.

En los tratos comerciales:
Tenemos una reunión con la Delegación comercial suiza. Nos han enviado 20 camiones de quesos. Totalmente inaceptable. Llenos de agujeros.

trasladado a las compras particulares de zapatos:
Del todo inaceptable. Lleno de agujeros.

En las negociaciones comerciales:
¿Le importa que nos reunamos en Conferencia?

o en las menos comerciales:
- ¡Un momento, por favor! ¡Conferencia en la cumbre! Bien, camaradas. ¿Qué nos queda por hacer? Él tiene lo que queremos. Tendremos que aceptar este vil chantaje capitalista.
- Decida el voto.
- Yo voto sí.
- Yo voto sí. Son dos votos de tres. Trato hecho.
- Camaradas, antes de que sigan, debo advertirles: yo no pertenezco al secretariado de refrescos; soy un agente secreto encargado de vigilarles.
- En tal caso, yo voto no. No hay trato.
- Pero yo voto sí.
- Otra vez dos de tres. Trato hecho.


y en la final solución familiar
- ¿A Atlanta?
- Sí, soy el nuevo vicepresidente encargado de tapar botellas. Están subiéndome a patadas.
- ¡Cuánto me gustaría poder tratarte también así!
- Y ya sabes. Cuando os decidáis a venir, estaré esperándoos.
- Un momento. ¡Conferencia! Dos de tres, trato hecho.


Por cierto, hay dos momentos de la película que en cualquier momento dejeremos de verlos. En uno, cuando se describen las plantas que existen en Oriente Medio, y el otro, cuando renegocia una adopción.
Tenía a mi cargo todo el Oriente Medio: 9 países, 15 plantas de envase, de cara a La Meca, claro.

- ¡Cuatro mil marcos!
- Tiene que saber que estoy emparentado de lejos con el ex-Rey Faruk de Egipto.
- Entonces tres mil quinientos.
(…)
- También le daré una fotografía del Castillo de Schattenburg, desgraciadamente destruido durante la guerra.
- ¿Aviación americana?
- No, caballería turca, en 1680.


Pero bueno, toda esta locura tiene, cerca del final, un buen resumen:
- ¿Se acuerda de mí?
- Comisario Peripetchikoff Vaya, vaya, vaya.
- Vaya es la única cosa que no soy.
- ¿Es usted un comisario ruso?
- Me engañó usted, pero por última vez.
- Yo también fui engañado. Oiga, comisario, ayúdenos a mi mujer y a mí a entrar en la zona soviética.
- Hay un pequeño problema.
- Claro, todo el mundo viene hacia aquí: mil quinientas personas al día ¿Quieres ir contra ese tráfico?
- Soy miembro del Partido. Pagué hasta diciembre. Allí me necesitan. ¡Soy técnico en cohetes!
- ¡Ah! En ese campo vamos por delante de América. En Cabo Cañaveral, si falla cohete, aprietan botón especial, y ¡paf!, cohete destruido. En Rusia tenemos dos botones.
- ¿Dos botones?
- Uno, para volar cohete; otro, para volar técnico.
- ¿Qué clase de comisario es usted?
- Un ex-comisario.
- ¿Ha desertado?
- En Rusia hay un proverbio: ¡Ve al Oeste, joven!
- ¿Qué ha sido de sus camaradas Mishkin y Borodenko?
- Al subir en ambulancia Puerta de Brandemburgo, robé Borodenko placa de policía y los mandé detener.
- ¿Traicinó a sus propios camaradas?
- Si no hago eso con ellos, hacen ellos a mí.
- Otro viejo proverbio.
- Es usted peor que él.
- Escúcheme, amiguito, y no me tome por difamador. ¿Pero qué cree usted que le hizo Krushev a Malenko? ¿Qué cree que le hizo Stalin a Trostki?
- Luego todo el mundo está corrompido.
- No conozco todo el mundo.
- Más valdría liquidar a toda la raza humana y empezar otra vez en el caos.
- No lo tomes así, hijo. Un mundo que fue capaz de crear el Taj Mahal, a William Shakespeare y la pasta dentífrica, algo bueno tendrá.


Y es que, a pesar de todas las críticas contra un lado y otro, no debemos olvidar las principales críticas, las que, por desgracia, apenas han tenido más trascendencia, y que se encuentran justo al principio de la película, a través de la voz en off:
El Sector Este, bajo la dominación comunista, estaba todavía en ruinas, pero la gente atendía a sus asuntos diarios,… desfilando.
Estas constantes demostraciones no llegaron a provocar a los berlineses del oeste: estaban demasiado ocupados reconstruyendo.


Y más aún (bajo una capa de sarcasmo: “Menciono esto sólo para que vean con qué clase de gente tratábamos, muy variable.”), la primera escena de todas: el Muro.


Nota final:
Todo el mundo en sus puestos esperando órdenes.

«Uno – Comprar la película junto con la edición de El Mundo del sábado día 25.
Dos – Ver la película.
Tres – Disfrutar de la película.»

Créditos:
Carátula, fotogramas y montaje de fotogramas, tomados de la película.
Transcripciones de los diálogos del doblaje en español de la película.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Despreciando el perdón

Coincidiendo con la luna nueva, a las seis de la tarde del pasado día 8, comenzó el primero de Tishri, es decir, Ros Hoshanah, el Año Nuevo Judío, en este caso, el 5771.

En su momento, la determinación del calendario, ajustándolo a una duración de doce mese en unas ocasiones, y de trece en otras, era un conocimiento y función reservados al Sanedrín. Sin embargo, la Diáspora consecuencia de las acciones de Tito, incluyendo la destrucción del Templo, complicó la determinación del momento de la luna nueva sobre Jerusalén, y, lógicamente, el conocimiento de ello por la comunidad judía exiliada. Por tal motivo, para cubrir la duda que cupiera en los cálculos locales, numerosas festividades pasaron a tener una duración de dos días, en muchos casos, considerados uno sólo. El inicio del año fue una de ellas.

Coincidiendo con ello, supongo que intencionadamente, se presentó esa mañana en Madrid una encuesta realizada en España. Según manifestó en la presentación el, a pesar de todo, aún Ministro de Exteriores español, “la opinión pública española no es antisemita ni antiisraelí”, basándose en que sólo el 34,6% de los encuestados tiene una opinión desfavorable de los judíos.

Según la noticia publicada por Carmelo Jordá en Libertad Digital, “el director de la Casa Sefarad Israel, Diego Ojeda; y el presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, Jacobo Israel Garzón (…) coincidieron en que el grado de antisemitismo es mayor «en la opinión pública que en la opinión publicada»”.

No entraremos ahora sobre a qué opinión publicada se refieren, ni en que, contradiciendo al Ministro, “Jacobo Israel Garzón también recordó que el colectivo judío en España no representa ni un uno por mil de la sociedad y que, teniendo eso en cuenta, el «grado de antisemitismo es bastante alto.»

Entraremos, simplemente, en que si la encuesta no muestra un correcto conocimiento de la cultura judía en la sociedad española, esta ignorancia no cabe suponerse en el antedicho Ministro, ni en otros de la Unión Europea. Tal vez no sepan qué se celebra el 10 de Tishri, ni que esa festividad, a pesar de la Diáspora, tiene tal importancia que se celebra un día concreto, y sólo uno. Pero sí deben de saber qué día, cada año, en su propio calendario, se celebra el Yom Kipur.

Por eso, sólo cabe entender de una manera el planteamiento que fue desvelado por el periódico ABC el pasado domingo:
Israel ha tachado de «incidente diplomático» un último roce con la UE, surgido a raíz de que los ministros de Exteriores de cinco países, -España, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido-, insistieran en ser recibidos en Jerusalén en reuniones de trabajo de alto nivel el próximo viernes, sólo unas horas antes del inicio del Yom Kipur, la fiesta más sagrada y más observada del calendario judío.

Por desgracia, el resto de la noticia está un tanto en la línea que contradice lo arriba transcrito sobre la opinión publicada, especialmente, por parte de quien haya decidido elegir como ‘comentario destacado’ el que puede leerse: “Israel lo que tiene que hacer es devolver todo lo robado y dejarse de cuentos y asi nadie le atacará”.

Sólo queda reflexionar que Yavhé, con la nueva entrega de las Tablas de la Ley, dándonos una segunda oportunidad, nos manifestó su voluntad de perdón, a pesar de cuál hubiera sido nuestra actitud. Incluso para los Ministros de Asuntos Exteriores.

Y felicitar al pueblo judío en su Festividad Grande.

Créditos:
Fotografía de los Ministros de AA.EE. de España e Israel, del 28 de julio de 2010, tomada del ABC.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Cosecha del 39. V: Hello, Mr. Teacher!

En el inicio de curso de 1870, entre otros muchos en el conjunto del mundo, casi seguro que totalmente desconocidos, se estrenaba un nuevo maestro en el tradicional e inglés Colegio de Brookfield.

Lo de tradicional e inglés nos lo dejan bien claro en la conversación que mantienen al prinicipio, dos de los profesores del Colegio:
“- A la honrosa memoria de Jonathan Brookfield, fundador del Colegio Brookfield, para gloria de Dios y la promoción de la piedad y el estudio en el año del señor de 1492. ¡1492!
-El año en que Colón descubrió América.
- El Colegio Brookfield. Casi se pueden sentir los siglos. Tiempos grises y sueños de un arduo pasado.
- Estamos en el corazón de Inglaterra, Mr. Jackson, un corazón que late con sosiego.
¡Ah! Ahí está el tren especial. En quince minutos el corazón de Inglaterra sufrirá ligeras palpitaciones.


Así empezaba el curso de 1928, pero lo que nos interesa es lo que empezó 58 años antes.

También entonces, un tren especial desde Londres permitía llegar a Brookfield a los alumnos del Colegio, así como a algún que otro maestro, igualmente, para empezar, aunque él, además del curso, en la docencia.

Es recibido por el director, y presentado al claustro de profesores , quienes, amigablemente, le alientan en el desempeño de la profesión:
- ¿Primario de básica, eh? Bueno, es el comienzo del nuevo maestro.
- No permita que le dominen.
- Eche un vistazo a su silla, por si hay chinchetas.
- O algún gato en el pupitre.
- Gracias, ya me apañaré.
- ¿Tiene inclinaciones atléticas? No siempre son violentos. Vaya, no llevan armas.
- No haga caso a mis colegas. Los chicos están un poco inquietos el primer día. Para ellos, un maestro nuevo es como practicar la caza mayor.
- Mucha suerte.
- Mantendremos los dedos cruzados.
- Muchas gracias.
- ¡Ah! ¿El director tendrá su dirección, naturalmente? Por si acaso.


Naturalmente, la cosa no es para tanto, aunque de la visita que le hace el director en su primera clase no sale muy bien parado que digamos (claro, que los alumnos, menos):
Hoy hace exactamente 18 años desde que tuve la ocasión de castigar al curso entero. Los jóvenes caballeros de entonces acudieron honestamente a recibir su castigo. Espero que pueda decir lo mismo de ustedes. Se presentarán ante mí mañana por la tarde por orden alfabético y a intervalos de tres minutos a partir de las tres. Creo que les puedo prometer que no he perdido ni un ápice de mi vigor.

Como consecuencia de ello, el nuevo maestro decide dejar las cosas claras con los alumnos, y claro, se pasa. Los castiga justo la tarde en que hay un partido de criquet contra la escuela rival. Se da cuenta, pide perdón a los alumnos (aunque el castigo se cumple respaldado por el director, ¡faltaría más, es la autoridad del maestro!), rectifica en su forma de tratar a los alumnos, y va pasando el tiempo, que en definitiva, es de lo que va la película.

El tiempo, por ejemplo, en los medios de transporte o de comunicación. Lógicamente, está el tren. Pero en ese primer viaje, causa sensación otro: “¡Mirad, un globo! / Me pregunto a dónde ira. / Él también.”, dicen los alumnos, e incluso el nuevo maestro se agita dentro del compartimiento intentando ver la novedad. Aparece el teléfono, como comentan dos alumnos: “En casa tenemos uno de esos nuevos teléfonos. / ¿Y qué, funciona? / ¡No!”. Y llega el momento del avión: “¿Lo has oído? Un francés ha cruzado el canal [volando]”. Por no hablar del transporte más local, como los automóviles que hemos visto en el patio del Colegio al principio de la película, algo distintos de los carruajes de cuando llegó el nuevo maestro. ¡Ah! Y también están las bicicletas:

- Hacemos la ruta a pie.
- ¿Ah, si? Nosotras vamos en bicicleta.
- ¿En bicicleta? ¿A través de Austria?
- ¡Santo cielo! No sabía que las señoras manejaran esas monstruosidades.
- Pues así es.
- ¿Con una pierna a cada lado del sillín?
- Bueno, no creerá que me siento de lado
- ¿Y qué hace con… con su… vestido?
- Ahora fabrican bicicletas paras mujeres. ¿No lo sabía?
- ¡Señoras conduciendo bicicletas! No apruebo tanto movimiento sobre ruedas. El otro día me pasó un hombre sobre una nube de polvo. Debía ir a quince millas por hora. Los humanos no hemos nacido para esas velocidades.



También podemos observar el paso del tiempo en otros desarrollo de la técnica, como es el caso de algo tan ‘visible’ como los sistemas de alumbrado. Desde las meras velas, mantenidas todavía en los grandes recintos, vemos cómo se introduce en las casas el quinqué, para dar paso al gas, y, finalmente, a la luz eléctrica. O, más académicamente, los útiles de escritura, plumas de ganso o lapiceros.


El transcurso del tiempo lo vemos, además de en los avances técnicos, en las modas, aunque la 'uniformidad' del colegio nos permite verlas sólo mediante la prenda con la que se tocan los alumnos al saludar mientras se pasa lista alfabéticamente. Este método, junto con el clásico de la sucesión de las estaciones, es con el que vemos el paso, más que del tiempo, de los diversos cursos.

También están los acontecimientos históricos, eso sí, tristes, cuando no trágicos y lamentables. El curso de 1870 empieza con las noticias sobre la guerra franco-prusiana, como vocean los vendedores de periódicos en la estación de tren y comentan los alumnos en el tren: “Ha habido una terrible batalla en Francia. El emperador se ha rendido.” Al cabo de un tiempo, llega la Guerra de los Bóers: “¿Sabías que el viejo Stinks se ha ido voluntario a Sudáfrica? / Eso es malo para los Bóers.”. Y, para alegría del Príncipe de Gales, pero no tanto del Imperio, fallece la Reina Emperatriz: “Voy a Londres, a ver el funeral de la Reina Victoria. / No lo veo divertido, teniendo un Rey.”.

El nuevo maestro se acaba jubilando, justo el día que se avecina la Gran Tragedia:
- ¿Alguna novedad, Jenks?
- ¡Oh, nada importante señor. Un archiduque austríaco ha sido asesinado en el extranjero.


Como todos entonces, el nuevo maestro se equivocó:
- ¿Cuánto cree que durará, señor?
- ¿Por qué, Forrester, piensa alistarse usted también?
- Bueno, lo haré en cuanto me acepten.
- Oh, se habrá acabado mucho antes de que lo hagan.
- Pero ya tengo dieciséis y meses.
- Lo sé, Forrester. Pero no tendrá ocasión. No puede durar, atenta contra la razón, es una cuestión de semanas. Lamento decepcionarle, Forrester.


Pero no sólo en la duración de la guerra:
Añadimos a la lista de honor los nombres de once alumnos y un maestro del Colegio Brookfield, que han dado su vida por la patria.
John Forrester, de los Fusileros de Northumberland, muerto mientras contraatacaba al enemigo en el saliente de Ypres. Se fue de aquí para enrolarse en el ejército a la edad de diecisiete años y seis meses; fue trasladado a primera línea al segundo día de estar en Francia, y dos días más tarde fue muerto en acción.


El tipo de educación y alumnado del Colegio dirigía tanto a los maestros como a los alumnos, una vez incorporados a filas, a la oficialidad. Hecho que es recordado durante la celebración de un desfile, en el que él deja ver su esperanza de paz: “Le felicito. Una gran parada. Hombres bien preparados. Este campus es muy importante. Estos chicos son los oficiales del mañana. / Prefiero esperar, general, que mañana nunca llegue.” Aun así, es realista, y a un alumno, tras castigarle ‘a lo clásico’, le dice: “Dentro de muy poco será oficial en Francia: querrá que sus hombres sean disciplinados y para lograrlo debe saber qué significa la disciplina”.

La vida en la retaguardia la describe magníficamente la mujer de un antiguo alumno del nuevo maestro, sirviendo ahora de oficial en Francia: “Pensar en volver a vivir sin miedo, sin temblar cuando llega una carta o un telegrama. A veces me figuro que está de nuevo en casa, haciendo… alguna tarea, trabajando en el jardín, u observando al perro. No imagino que me vuelva a acostumbrar a esa alegría. Nunca… volveremos a creer que tenemos la felicidad asegurada. / Adios, Helen. La próxima vez que venga espero encontrarles a los tres.

También entonces se equivocó el nuevo maestro:
Desde todos los puntos nos llegan noticias de esperanza. Por fin podemos decir sin miedo que se vislumbra el final. Pero hasta en la victoria debemos soportar crueles noticias, pérdidas que son más trágicas porque la paz está ya muy cerca.
Peter Colley, Teniente de los Guardias de Coldstream fue muerto en acción durante un ataque a las trincheras la noche del seis de noviembre. Permaneció a plena vista del enemigo a fin de rescatar a su Asistente, quien había caído fatalmente herido. Ambos hombres murieron antes de que los pudieran retirar. Es un gran honor para Brookfield que Su Majestad el Rey haya concedido póstumamente al Teniente Colley la Orden del Servicio Distinguido.
Ninguno de ustedes se acordará de Max Staefel. Fue profesor de alemán en Brookfield desde 1890 a 1902. Fue muy popular aquí e hizo muchos amigos, entre los que me enorgullezco contarme. Esta mañana he recibido una carta desde Suiza informándome de que ha caído avanzando con el Regimiento Sajón el 18 de octubre pasado.


Esta última referencia crea una pequeña confusión en algunos:
- ¿El Regimiento Sajón? ¿Significa eso que luchaba a favor de los alemanes? (…) Es curioso que le haya nombrado, junto con los otros. Depués de todo, era un enemigo.
- Una de las ocurrencias de Chips. Tiene muchas ocurrencias como ésa.


Y aunque durante un bombardeo, en clase de latín, recuerda a sus alumnos que: “No pueden juzgar la importancia de las cosas por el… por el ruido que hacen.”, sí resultó importante el ruido de los ‘hurras’ cuando comunica a la Asamblea del Colegio que “La guerra… ha acabado.

Otro aspecto en la que se observa el paso del tiempo es el de las costumbres.
Unas nunca cambiarán. Por ejemplo, la conversación de fondo que se oye a poco de llegar el nuevo maestro al Colegio: “Recuérdame que te devuelva tu libro de historia, Dalton. / El de historia, el de latín y el de física.” O lo acertado de los comentarios literarios: “H.G. Wells, no le conozco. / Es su primer libro. Nunca llegará a nada. Es demasiado fantástico.” (posiblemente se referían a La máquina del tiempo).

Otras han cambiado a peor, por ejemplo, en lo académico: los maestros y alumnos se tratan entre sí usted, y en clase, a la pregunta de “¿Hay algún voluntario para empezar la clase?”, ¡levantaban la mano!

Y otras han cambiado del todo. En el viaje en tren del principio, uno de los alumnos cuenta dónde ha pasado las vacaciones: “En Margate. Dejan que las señoras se bañen en el mar. Los hombres tienen que abandonar la playa durante media hora mientras las señoras se bañan.

Sin embargo, el nuevo maestro no se ve afectado por ello. La conversación con su interlocutora acerca de las bicicletas, eso sí, habiéndose hecho las presentaciones antes, prosigue así:
- ¿Está pensando que soy anticuado?
- Me gustan los hombres anticuados.


Y como la tarde refresca:
- ¿Por qué no la compartimos? Es lo bastante grande.
- ¡Santo cielo! Podría verla alguien.
- ¿En esta montaña? ¿Y qué, si me ven?


En resumen, ella le plantea: “¿[Me tiene miedo] Porque soy una mujer decidida que voy en bicicleta y quiero votar?”, más o menos respondido días después:
- ¡Miss Kathy, Kathy, Kathy! ¡Me… ha besado!
- Lo sé. ¿He hecho muy mal?
- Oh, no, no… pero usted… nosotros… ¡Es terrible! Ahora tendrá que casarme conmigo, ¿sabe?
- ¿Usted quiere?
- ¡Claro que sí! ¿Y usted?
- Con el alma.


Y es que estas cosas pasan, no sé si por cambiar de costumbres o precisamente gracias a ello. “¿Yo? ¿Salir al extranjero?”, responde el nuevo maestro a un compañero suyo que le propone irse con él a hacer un recorrido a pie por el Tirol durante las vacaciones.

Durante el viaje, escala la montaña una tarde en la que empieza a bajar la niebla de un modo poco habitual para le época del año. Una amistad de su amigo, quien se ha quedado en el pueblo, comenta: “Si se queda quieto, no le pasará nada, pero si está lo suficientemente loco para bajar…” No es que se moviera para bajar, sino que subió más, y se encontró con quien no esperaba.

Camino de Viena, en el vapor que navega sobre el Danubio, hay una conversación que nos ilustra sobre el tema de los colores.
- ¿Por qué lo llamarán el Danubio Azul? A mí me parece marrón
- Hay una leyenda ¿sabe? Sí, el Danubio sólo es azul a los ojos de… bueno, de los enamorados ¿sabe?
- El Danubio no le parecerá azul por casualidad, ¿verdad?
- ¿Qué quiere decir? Bobadas, ¿sabe? Dice usted unas tonterías que hay que ver.
(…)
- Pero también decían que el Danubio es azul.
- Pero Flora, querida, ¡es azul!


Como es de esperar, el nuevo maestro y su interlocutora, Miss Katherine Ellis, se casan, integrándose ella en la vida social de Brookfield, organizando fiestas en las tardes de los domingos para los alumnos de su marido:
- ¿Pero qué autoridad tendré en clase después de estas orgías?
- Diez veces más, porque te mirarán como a un amigo.
- Eres una revolucionaria.
- Prueba con uno de esos chistes que siempre tienes escondidos. A ver qué pasa.
- No, Kathy. Hay un límite, incluso para las revoluciones.


… y también en la académica:
- Es una casa encantadora, del siglo XVIII ¿verdad?
- Sí, eso creo.
- Oh, allí tendrás una biblioteca impresionante y un invernadero con una parra. Pero tendríamos que pintar el recibidor, ahora resulta un poco sombrío. Pero las habitaciones son divinas, y hay una, subiendo la escalera, que siempre pensé que sería perfecta para los niños.
- ¿Siempre lo pensaste?
- Pues claro, querido. Estaba convencida de que un día serías tutor. Igual que lo estoy de que un día serás el director. He estado decidiendo cuál de las dos casas me gusta más. (…) Nunca temas no poder coronar algo que hayas emprendido. Mientras creas en ti, puedes llegar tan lejos como te plazca. Naturalmente que serás director, si deseas serlo.


Y efectivamente, aunque con una guerra por en medio…
- El curso que viene atravesaremos un mal momento. Ya sabe que la mitad de los maestros se ha enrolado y los suplentes son… espantosos. Y el director también quiere ir. De modo que si se siente con ánimos, ¿quiere usted volver?
- ¿Yo?
- Sí. No hay nadie que conozca el Colegio como usted. La Administración quiere que usted se haga cargo de la Dirección y mantenga el fuerte hasta que termine la guerra.


Tenías razón, querida. Soy director, al fin y al cabo.

Pero aunque director, ya estando jubilado, lo suyo era la docencia. Como se lo explicó el director que había tras el incidente de su primera clase cuando el nuevo maestro llegó al Colegio:
Nuestra profesión no es fácil. Se requiere más que un título universitario. Nuestra labor es moldear hombres. Exige carácter y coraje. Y sobre todo, reclama capacidad para ejercer la autoridad. Sin eso, creo que cualquier joven debería preguntarse seriamente si quizá no ha equivocado la vocación. (…) Olvidaré el incidente, ¿pero lo olvidarán los chicos? Tendrá que volver a enfrentarse a ellos para lo cual hará falta coraje, coraje moral.

Aunque precisamente su capacidad docente le cortó el camino a la dirección al cabo de un tiempo:
Pensamos que con su inusual don de conseguir que los chicos se esfuercen, sería mejor que se concentrara en la enseñanza. Deje la… más bien cansada labor de director a alquien con experiencia y dotes en ese sentido.

Pero gracias a unos nuevos ojos, tuvo una visión distinta de su trabajo:
- Debe de ser muy interesante ser maestro de escuela. Ver crecer y ayudar a los alumnos. Ver cómo desarrollan su personalidad y ver a dónde llegan cuando dejan la escuela y se enfrentan al mundo. No sé cómo puede hacerse viejo en un mundo que siempre es joven.
- Nunca había pensado en ello de esa manera. Cuando usted habla de ello lo convierte en emocionante y en heroico.
- Oh, lo es.


Sin embargo, con el paso del tiempo, también hay problemas. Me ha llamado la atención que uno de los problemas fuera exactamente el mismo que nos comentó en su momento nuestro profesor de latín en el instituto, unos setenta años después del momento en que se sitúa la película:
- Hace un año le dije que aplicara el nuevo estilo de pronunciación del latín, y usted lo ha ignorado.
- ¡Oh, eso! ¡Tonterías, en mi opinión, tonterías! ¿De qué sirve enseñar a los chicos decir Kíkero cuando durante toda su vida dirán Cicerón, si es que lo dicen.


Y es que la divergencia no se limita al latín:
- Yo intento hacer de Brookfield un colegio moderno y usted insiste en ceñirse al pasado. El mundo está cambiando.
- Oh, ya sé que el mundo está cambiando, Dr. Ralston. He visto morir las viejas tradiciones una por una. La gracia, la dignidad y el respeto por el pasado. Actualmente sólo importa una buena cuenta bancaria. Usted intenta dirigir el colegio como una fábrica, sacando más dinero, snobs hechos a máquina. Ha subido las cuotas, y los chicos que realmente pertenecen a Brookfiled han quedado fuera, apartados. Métodos modernos, entrenamiento intensivo, ¡absurdo! Déle a un chico sentido del humor, y sentido de la proporción, y se enfrentará a lo que sea. No dimitiré. Haga usted lo que quiera.


Sin embargo, cinco años después, por ley de vida, se ve obligado a hacerlo:
Puedo olvidar algunas cosas, pero nunca olvidaré sus rostros. Si vienen a visitarme en los años venideros, como espero que hagan, podrán verme dudar, y se dirán para sí, «este viejo no se acuerda de mí», pero les recordaré como son ahora, de eso se trata, en mi mente seguirán siendo muchachos, tal como son esta noche.
Recuérdenme alguna vez. Yo siempre les recordaré.
(…)
- Cuando escriba su libro, no olvide que además de lo que enseñó a tantos chicos, consiguió enseñar algo, al menos, a un director.


Otra forma en la que se muestra el paso del tiempo es a través de uno de los personajes principales de la película (de hecho es el que figura en tercer lugar en los títulos de crédito), es el actor que interpreta cuatro papeles (casi) distintos: Colley, el primero, cuando llega el nuevo maestro, con el nombre de John (quien luego acaba siendo administrador del Colegio), y luego ya siendo Peter, I (a quien presenta a su esposa), II (quien discute con el hijo del verdulero, asistente suyo al cabo de los años en Francia, donde ambos caen) y III (a quien vemos durante la guerra sólo con un año, y luego recién ingresado en Brookfield: “Es bueno tener una madre que cuente chistes.”).

El paso del tiempo en la película no tiene, en una lectura que yo hago, sólo el sentido del discurrir de la vida del nuevo maestro. Mi lectura es que un aspecto fundamental de la educación es el tiempo.

La educación necesita de tiempo, y también es algo que muestra sus resultados a lo largo del tiempo. Y en cierta forma, es otra apreciación, no sólo la permanencia de la familia, del hecho que que a través del mismo actor, sin ninguna caracterización al efecto, se nos muestren varias generaciones: las personas llegan y crecen, pero la educación permanece.

Cuando se encuentra ya moribundo, tiene lugar esta característica conversación:
- ¡Qué pena que no tuviese hijos!
(…)
- He creído oírles decir que era una pena, una pena, que no tuviera hijos. Pero se equivocan, los he tenido, a cientos, cientos y cientos… de… chicos.


Y eso es lo que puede decir… un buen maestro.

El maestro atendía al nombre de Mr. Chipping, de quien sólo se menciona su nombre de pila (Charles Edward) en la reseña periodística de su boda.

Sin embargo, todos lo conocemos como le llamaba su esposa: Mr. Chips.

El reparto principal, según figura en la primera página del reparto que se muestra en la película, lo constituyen Judith Furse (como Flora, la amiga de Kathy Ellis), Paul von Henried (como Max Staefel, maestro de alemán en el Colegio, e incitador del viaje al Tirol), John Mills como el ya Teniente Peter Colley. Y Terry Kilburn, como el niño a través del cual se muestran cuatro generaciones de Colleys.

Y por supuesto, Greer Garson, que se estrenaba en esta película, en su papel de Kathy Ellis, y Robert Donat, como el nuevo maestro, Mr. Chips.

¡Adiós, Mr. Chips! se estrenó en el Reino Unido el 15 de mayo, y en la famosa cosecha del 39 la película fue propuesta (alias, nominada), para siete premios: mejor película (una producción de Victor Saville, para la Metro), mejor director (Sam Wood), mejor actor (Robert Donat) mejor actriz (Greer Garson) mejor adaptación (R.C. Sherrif -de quien ya conocemos otro trabajo de ese mismo año-, Claudine West, y Eric Maschwitz), mejor edición (Charles Frend) y mejor sonido (A.W. Watkins)

Aunque en casi todos los premios perdió contra la ganadora del año, consiguió, no obstante, romperle la gran mano de premios, gracias a Robert Donat, quien se alzó con el premio al mejor actor.

Nota final:
En este día en que, al menos en Valencia, empieza el curso la secundaria, un pequeño recuerdo cinematográfico a todos aquellos que han dedicado una importante parte de su vida a la docencia y a sus alumnos (sin ir más lejos, mi padre), y a todos aquellos que, a pesar de todos los esfuerzos que se realizan por evitarlo, todavía están con esta vocación y dedicación.

Créditos:
Cartel de la película, tomado de Wikipedia.
Carátula del DVD y fotogramas (o montaje de fotogramas) de la película.
(curiosamente, en ningún momento de la película la pareja protagonista presenta el aspecto recogido en el cartel)

Esto es para notas

Nota previa:
Yo recuerdo, aunque no sé si se trataba de una leyenda urbana, que hace muchos años se hablaba de la existencia en Oviedo o Gijón, de un bar cuyo nombre era Misa de doce. De esta manera, quedaba muy, cuando menos, curioso, lo de decir “¿Quedamos en Misa de doce?”.
La cosa, como era de esperar, quedaba en unas sonrisas.

Nota del Gobierno de España (pendiente de revisión y, en su caso, publicación):
El Gobierno de España quiere manifestar su satisfacción por los recientes acontecimientos sucedidos en relación con un establecimiento de ocio en la población de Águilas.
En primer lugar, el Gobierno de España se congratula de que, en sano ejercicio de la libertad y amable voluntad de los propietarios, se vaya a modificar el nombre del establecimiento, en aras a una mejor identificación del mismo para evitar inconvenientes confusiones, y obligando a
Google a establecer una nueva desambiguación, o como lo llamen. Esta decisión es una muestra positiva de los claros esfuerzos de este Gobierno en relación con el fomento de la tolerancia y comprensión entre las numerosas culturas que existen en este planeta que es del viento, y en especial, en este solar patrio de España.
En segundo lugar, la decisión se imbrica en la política de desarrollo económico y social que lleva a cabo, con pleno convencimiento y contra viento y marea de elementos antipatriotas, este Gobierno de España.
Y ello es así porque el cambio de nombre supondrá:
a) una revitalización del Registro de la Propiedad de la Región de Murcia, muy escaso de actividad como consecuencia de la lamentable política del gobierno regional
b) una reactivación de la economía de la comarca con el fin de modificar la decoración, señalética, iluminación, e incluso elementos arquitectónicos del local, impulsando, aún más si cabe, todo lo que de provecho se está consiguiendo gracias a las diversas políticas emprendidas por este Gobierno.
c) junto con lo anterior, no hay que olvidar el impacto positivo que esta mayor actividad supondrá en la recaudación del IVA y cualquier otro impuesto que al Área Económica de este gobierno se le ocurra establecer.
El Gobierno de España confía en que estas actuaciones lleguen a buen fin, obteniendo de esta manera una mejor relación entre las culturas y civilizaciones establecidas en esta tierra histórica, y una reanudación de la actividad social y económica en la comarca para la plena satisfacción de las necesidades de los lugareños.
No obstante, si los resultados no fueran suficientemente estimulantes, siempre cabe la solución de que, voluntaria y entusiásticamente, los propietarios del local decidan cambiar de nuevo el nombre al mismo.
Palacio de la Moncloa, a tantos de tantos de tantos mil y pico.


Nota de la Casa Blanca (pendiente de revisión y traducción al swahili moratiniano):
La Oficina de Prensa de la Casa Blanca comunica lo siguiente:
El Presidente de los Estados Unidos de América, señor B. Hussein Obama, no ha firmado (aún) ninguna Orden Ejecutiva que obligue a dejar de llamar «La Meca del Cine» a Hollywood, ni a la destrucción de todas las copias que existan de
El ladrón de Bagdad y películas similares, pues todavía se está elaborando la relación de als películas afectadas.

Créditos:
Fotografía del local de ocio, tomada de Las Provincias.
Fotografías del Palacio de la Moncloa y de la Casa Blanca, tomadas de internet.