miércoles, 12 de septiembre de 2012

Glorious Foot


No, no vamos a hablar de la gloriosa comida británica… aún.

Como anuncia el título, hablaremos de un glorioso pie, en concreto, el mío, en particular, el derecho.

Ya el domingo anterior, unos zapatos con unos cuantos días de prueba y adaptación, decidieron manifestarse ostentóreamente, que diría aquel, y, ligeramente herido el izquierdo, quedó el derecho manifiestamente mejorable en la zona del Tendón de Aquiles. Es decir, que «el de los pies ligeros»,… no era yo.

Visto que antes caia Troya que mi pie se curara, tuve que recurrir a nuevos suministros de tiritas para que, aun más allá de lo exigible, mi pie, gloriosamente, cumpliera con su deber.


Si no para caminar, desde luego, estas boots sí ayudaron para poder hacerlo. Aunque, como en la canción, tuviera que parar de vez en cuando y sentarme a descansar los pies.

Créditos:
Imágenes del logo y lema de Boots (de un bolsita), y de las cajas de tiritas que compré… y utilicé.

Ya te lo dije

Una de las ventajas de los grandes viajeros es que sus libros, memorias, artículos y observaciones resultan de suma utilidad al común de los mortales en cuanto a la preparación de un viaje.

Tenemos el ejemplo de Astérix, cuyo viaje a Britania, fielmente narrado por Goscinny y Uderzo, nos muestra diversos aspectos a considerar cuando alguien quiere realizar un viaje a la, ahora ya, Inglaterra, y, en particular, Londres.


En primer lugar, hay que ser previsores ante los ‘caprichos’ del clima: no tanto por las dificultades que suponga para el viaje, en tanto que desplazamiento a la isla, sino por la incomodidad que represente para los movimientos locales que se quieran hacer. Tanto la lluvia, como la niebla.


Una vez allí, una gran ventaja son los transportes públicos, con innovadoras soluciones, especialmente, en el ámbito de la ciudad. No hay que olvidar, especialmente si se está fuera de un vehículo, la particularidad de la forma de conducir que tienen los britanos.


La gastronomía tiene dos áreas muy delimitadas: los productos sólidos y las bebidas, en particular, la forma de elaborar los unos y de tomar las otras.


En el aspecto cultural, cabe destacar la importancia de la literatura (tradicionalmente) y de la música (de un tiempo a esta parte).


También la arquitectura ha dado grandes muestras al conjunto de la civilización, bien sea en el ámbito urbano para cobijo de la población, bien sea en el ámbito monumental, para otros tipos de cobijos.

Todo esto son muestras de una diversificada economía, aun cuando su forma de ‘contarla’ resultara algo “muy simple, verdaderamente”.

¡Ah! Y el deporte.


Así pues, con toda esta información, cuando alguien quiera acercarse a Londres, ante cualquier incidencia, no tendrá que oírse después eso de «ya te lo dije».

Créditos:
Diversas viñetas de la aventura de Astérix, de Goscinny&Uderzo, publicada en 1967, Astérix en Bretaña, tomadas de la antología realizada por Grijalbo/Dargaud Las aventuras de Astérix (volumen 3).

martes, 11 de septiembre de 2012

¿Castle Station?

Justo dentro de un mes, es posible que haya quien prefiera, esa noche, ver una estación de tren que un castillo.

Es cuestión de gustos, de preferencias y de momentos.

No seré yo quien lo critique.

Créditos:
Fotografía del exterior de la estación Joaquín Sorolla, en Valencia, de diciembre de 2010, del autor.

lunes, 10 de septiembre de 2012

¿El paraíso perdido?

¿La infancia, cierta infancia, cierto ambiente de la infancia,…?

Créditos:
Tira de Mafalda, tomada de Todo Mafalda, recopilatorio editado por Lumen en 1992 (pág. 320 de la edición de 1996).

domingo, 9 de septiembre de 2012

Unos artificios reales… y de verdad

Este fin de semana, en Londres, es el del The Mayor’s Thames Festival. En su página de internet dicen de sí mismos:
The Mayor’s Thames Festival is London’s largest outdoor arts festival and one of the most spectacular, feel-good London events of the year. It is a celebration of London and the River Thames, one that is free and open to all.

El festival, con el que se celebra el fin del verano, aunque instaurado en 1997, nos lleva algo más de dos siglos y medio atrás en el tiempo.


sábado, 8 de septiembre de 2012

En sus casillas

Son las cinco de la tarde del martes 11 de julio de 1972. Las entradas del recinto del palacio de los deportes, el Laugardalsholl, en el anodino complejo de ocio de Reikiavik, están agotadas. Sobre el estrado, el campeón del mundo de ajedrez, Borís Vasilievich Spasski, de veinticinco años, está sentado solo ante el tablero. Juega con las blancas. A la hora en punto, el árbitro alemán Lothar Schmid pone en marcha el reloj. Spasski levanta el peón de la reina y lo avanza dos casillas. El rey del ajedrez de la Unión Soviética ha iniciado la defensa del título que ha sido suyo desde 1969, y de su país sin interrupciones desde la Segunda Guerra Mundial. Echa un vistazo al otro lado del tablero. La silla giratoria de piel negra, cara y de escasa altura, hecha a medida para su contrincante, está vacía.
Seis minutos después llega el aspirante norteamericano, Bobby Fischer. Un suspiro de alivio recorre la sala. Debido a su negativa a marchar de Nueva York a tiempo para llegar a la inauguración del match, la primera partida ha sido aplazada, y muchos temían que no apareciera. Con Fischer nunca se sabe. Ahora, una mano grande se alarga hacia el tablero, levanta el caballo del rey negro y lo coloca en f6.
En la provinciana y, por lo general, tranquila capital islandesa, lo que ya se califica como «Match del siglo» acaba de empezar por fin.

El match, iniciado como vemos un 11 de julio, comenzó su 21ª partida el 31 de agosto. Después de 40 jugadas, y como estaba estipulado, la partida se aplazó al día siguiente, previa reflexión de Spasski:
Spasski parecía agotado. Invirtió solo seis minutos en pensar su último movimiento, que después anotó en un papel y entregó a Schmid, quien lo guardó sellado en el sobre. Fischer firmó en la solapa, un control de seguridad habitual. En ese momento el público pudo relajarse y charlar, se levantó del asiento, y la conversación giró en torno a quién contaba con ventaja posicional.

Sin embargo, no me consta que el sobre se abriera al día siguiente: Borís Spasski renunció telefónicamente a continuar la partida, y ni se presentó en la sala. Bobby Fischer sí se presentó, y por tanto, consiguió el triunfo, y con él, vencer en el match del siglo.

Era Campeón del Mundo de Ajedrez.

Todo esto último sucedió el 1 de septiembre de 1972, es decir, hace una semana se cumplió el cuadragésimo aniversario.


Pero a mí, como a Felipe, se me había olvidado.

Créditos:
Transcripción del inicio del capítulo 1 El match del siglo, y del 19 Hacia el amargo final, según traducción de Eduardo G. Murillo, de Bobby Fischer se fue a la guerra. El duelo de ajedrez más famoso de la historia, de David Edmonds y John Eidinow, tomada de la primera edición (de junio de 2006) realizada por Debate (pp. 23-24 y 280-281).
Cubierta de la edición antedicha, del Departamento de diseño de Random House Mondadori / Nuria Zaragoza, con fotografía de Hans Namuth, cortesía del Center for Creative Photography.
Tira de Mafalda, tomada de Todo Mafalda, recopilatorio editado por Lumen en 1992 (pág. 375 de la edición de 1996).

viernes, 7 de septiembre de 2012

A celebrarlo

Como ya hemos comentado, hoy día 7 se estrena la última película de José Luis Garci, cuyo protagonista es Sherlock Holmes.

Al margen de los cines, está claro dónde, aquí en Valencia, tal vez podría celebrarse, ¿no?

Créditos:
Fotografía de la entrada al ‘pub’ Sherlock Holmes, en la calle Serranos de Valencia, en agosto de 2012, del autor.

Holmes se escribe con hache

Fue en Londres y en la primavera de 1926.
(…)
Elegí uno [un banco en Hyde Park] orientado a mediodía y que tenía un único ocupante abismado en la lectura de la última edición del "Times"; murmuré un saludo anglosajón y me senté.
Pasaron cinco minutos y dos aeroplanos.
Gozaba con la quietud del ambiente y con el gorjeo, dulcemente británico, de los pajarillos, cuando el compañero de banco que leía el "Times" me hizo esta pregunta de Carnaval:
- Caballero… ¿No me conoce?
Alcé la vista y distinguí un rostro noble, severo y anguloso; unos labios delgados; unas cejas de arcos bizantinos, y unos cabellos, peinados con fijador, que blanqueaban en las sienes. Aquel hombre. Aquel hombre era…
Le reconocí al punto.
- ¡Usted es Pacheco, el estanciero de Buenos Aires, que…!
El otro me interrumpió, negando con la cabeza.
- ¿No? Entonces… ¡Ah, sí! Es usted Novales, aquel teniente de navío que una noche, en Copenhague…
Nueva interrupción con una nueva negativa.
- ¡Ya caigo! –exclamé por fin–. Es usted Peporro Lacovisa, el secretario de…
El desconocido negó otra vez moviendo la cabeza, y con acento irritado exclamó:
- Soy Sherlock Holmes. ¿No recuerda?
Me quedé sin habla. Algo invisible recorrió mis nervios y sentí el frío de los momentos cumbres.
- ¡Es verdad! –susurré–. Pero… ¿Usted no había muerto ahogado en las cataratas del Niágara?
- Fue un falso rumor –dijo Holmes–. Caí, en efecto, en las cataratas del Niágara, pero no me ahogué; no hice más que mojarme. Me salvé a nado y, como realmente estaba ya fatigadísimo de mi oficio y además había por el mundo algunos individuos que me las tenían juradas, me conformé con pasar por muerto, y he vivido largos años pescando con caña en una aldea de la Patagonia. La vida del campo y el acento argentino me han devuelto las energías y estoy dispuesto a luchar de nuevo en mi antigua profesión. Ayer llegué a Londres, disfrazado de perro vagabundo…
- ¡Disfrazado de perro vagabundo! –exclamé con asombro.
- Sí. Supongo que usted recordará que siempre tuve una gran habilidad para adoptar disfraces diversos…”

Hablábamos el otro día de la continuidad de las aventuras de Sherlock Holmes, y como podemos leer, hubo un reinicio de lo más extraño en “la primavera de 1926”. Extraño y no exento de problemas:
“- Decía antes que ha habido una cosa que me ha impedido comenzar hoy mismo mis trabajos. Esta cosa es, sencillamente, que carezco de un ayudante. ¿Quiere usted ser el ayudante que necesito?
- ¿Yo?
- Usted, sí. Es usted ágil, sabe jugar al ajedrez, mide un metro sesenta de estatura y se llama Enrique. Necesito un ayudante que reúna esas condiciones.
- ¿Y cómo sabe usted que…?
- Porque lo deduzco todo. Ya se irá usted acostumbrando a mis deducciones. He deducido que se llama Enrique porque usa usted calcetines grises.
Aunque no vi aquello muy claro, me abstuve de hacerle nuevas preguntas a Sherlock. Reflexioné un rato. Realmente mi vida no tenía objeto. ¿Por qué no intentar la aventura?
- ¡Vamos! ¡Rápido! ¡Decídase!... –gruñó Sherlock Holmes–. Hemos hablado demasiado y urge hacer algo serio. Tiene usted tres minutos para decidir.
- Ya he decidido –contesté con firmeza.
- No importa que haya usted decidido –replicó el detective–. Yo acostumbro a conceder siempre tres minutos para decidir. Tiene usted tres minutos… ¡Decida! El tiempo es oro.
(…)
- Han pasado los tres minutos. Es usted mi ayudante, ¿sí o no?
- Pues bien, sí –le declaré al detective.
(…)
Eran las cinco y veinticinco y soplaba viento noroeste.

El nuevo ayudante de Sherlock Holmes era Enrique Jardiel Poncela, y como un nuevo Watson, aunque español, nos narró las aventuras que pasaron juntos. Al igual que en Inglaterra, estas aventuras se publicaron en España en revistas semanales, en concreto, durante el año 1928. En 1939, recogidas bajo el nombre Novísimas aventuras de Sherlock Holmes, se publicaron dentro del volumen de narraciones breves El libro del convaleciente.

Las novísimas aventuras constan de un prólogo (que narra el encuentro entre ambos), y de siete aventuras: La serpientes amaestrada de Whitechapel, El hombre de la barba azul marino, La momia analfabeta del Craig Museum, El anarquista incomprendido de Picadilly Circus, La misa negra del barrio de Soho, El frío del Polo, y Los asesinatos incongruentes del Castillo de Rock.

Esta última aventura fue desarrollada al cabo de un tiempo, como novela corta, publicándose en 1936 con el título de Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull.

El caso es que tras dicha aventura, la relación entre Sherlock Holmes y Enrique Jardiel Poncela cesó. Pero como podemos ver, la vinculación, de un modo u otro, entre Holmes y España se remonta a más de 85 años.

Créditos:
Extractos del Prólogo a Novísimas aventuras de Sherlock Holmes, tomados de El libro del convaleciente, de Enrique Jardiel Poncela, según la quinta edición, de 1987, realizada por Biblioteca Nueva (pp- 85-90)
Dibujos originales de Enrique Jardiel Poncela, ilustrando las novísimas aventuras, tomados de la referida edición.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Que no llegue, que no llegue

Desde hace unos años es habitual hablar del síndrome post-vacacional, y lo mal que lo pasa la gente al incorporarse de nuevo al trabajo tras el periodo de dolce far niente que ha disfrutado durante el verano (principalmente, pues es donde se acumulan más los días de vacaciones). Este año, el día que ha marcado el momento crítico y dramático fue este lunes, día 3 de septiembre.

Yo, siempre que he podido, he comentado que una solución práctica para evitar esos problemas sería acabar con las vacaciones, pero inmediatamente… me miran raro.

Sin embargo, el Ayuntamiento de Valencia parece que está ensayando un método nuevo: en el calendario de sostenibilidad de este año… no figura el 3 de septiembre.

Así no hay síndrome.

Créditos:
Imagen del calendario en cuestión, correspondiente a este mes de septiembre.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Para un inicio de curso, un final de hace seis siglos

Pensaba [el Papa Juan XXIII] que en un tiempo en que se emplean palabras difíciles, erizadas de ismos nebulosos, para expresar hasta las cosas más fáciles del mundo, sería oportuno poner de relieve al fraile que había enseñado: «Habla claro, de modo que quien te escuche marche contento e iluminado, y no deslumbrado».
Y todo menos «deslumbrados» se quedaron ante tu sermón los profesores y estudiante de la Universidad de Siena en junio de 1427. Les hablaste del «modo de estudiar», les propusiste «siete reglas» y concluiste: «Las cuales siete reglas, si las observas fielmente, en poco tiempo te volverás un hombre o una mujer de provecho».

Sin entrar en el tema, a principios del XV, del acceso de la mujer a la Universidad, vamos con las «siete reglas»:

Primera regla, el aprecio. Uno no llega nunca a estudiar en serio si primero no aprecia el estudio. No llega a formarse una cultura si antes no estima la cultura. (…) Ama los libros, así entrarás en contacto con los grandes hombres del pasado. (…)
Entendámonos: para una auténtica cultura, hay que aprecia también, además de los libros, la conversación, el trabajo en grupo, el intercambio de experiencias. Todas estas cosas nos estimulan a ser activos y no solo receptivos. Nos ayudan a ser nosotros mismos en el estudio, a comunicar a los otros nuestras ideas de manera origina; favorecen la atención respetuosa hacia el prójimo.

Segunda regla, la separación. Separarse al menos un poco. De lo contrario, no se estudia en serio. También los atletas deben abstenerse de muchas cosas. El estudiante tiene algo de atleta, y tú, querido fray Bernardino, le has presentado toda una lista de cosas «prohibidas».
Extraigo aquí sólo dos: malas compañías y malas lecturas.

Tercera regla, tranquilidad. «Nuestra alma es como el agua. Cuando está tranquila, es como el agua remansada; pero cuando está removida, se enturbia». Por lo tanto, si se quiere aprender, profundizar y recordar, hay que tranquilizar y dejar reposar la mente.

Cuarta regla, orden, equilibrio, justo medio, tanto en las cosas del cuerpo como en las del espíritu. (…)
El espíritu tiene necesidad de orden, por ello continúas: «No pongas el carro delante de los bueyes..., mejor es aprender poca ciencia, y aprenderla bien, que mucha y mal».”

Quinta regla, perseverancia. La mosca, apenas se posa sobre una flor, pasa, voluble y agitada, a otra; el abejorro se detiene un poco más, pero le gusta hacer ruido con las alas; la abeja, en cambio, silenciosa y trabajadora, se detiene, liba a fondo el néctar, lo lleva a casa y nos regala la miel. (…)
En la escuela y en la vida, no basta desear, hace falta querer. No basta comenzar a querer, sino que hay que seguir queriendo. Y no basta siquiera seguir, sino que es necesario saber comenzar a querer de nuevo, cada vez que uno se ha parado por pereza, fracasos o caídas. La mayor desgracia de un joven estudiante, más que la poca memoria, es una voluntad débil. Su mayor fortuna, más que un gran talento, es una voluntad firma y tenaz. Pero ésta sólo se templa al sol de la gracia de Dios, sólo se calienta al fuego de las grandes ideas y de los grandes ejemplos.

Sexta regla, discreción. Lo cual quiere decir: no correr más de lo que te permitan tus piernas. (…)
Ser el primero de la clase es interesante, pero no lo es para mí, si mi talento es limitado. Trabajaré con empeño y me daré por satisfecho si llego a ser cuarto o quinto.

Séptima regla, delectación, es decir, estudiar con gusto. No se puede perseverar en el estudio si no se le saca un poco de gusto. El gusto no se tiene al principio, sino que va llegando poco a poco. Al comenzar siempre hay algún obstáculo: la pereza que hay que superar, ocupaciones agradables que nos atraen más, la dificultad de la materia. El gusto llega más tarde, como un premio por el esfuerzo hecho.
Tú escribes: «Sin necesidad de ir a estudiar a París, aprende del animal que tiene las uñas partidas (es decir, del buey), el cual primero come y traga y luego rumia poco a poco». El buey va saboreando el heno poco a poco, mientras sea sabroso y agradable, hasta el fin. Lo mismo deberíamos hacer con los libros de texto, alimento de nuestra mente.

Créditos:
Extractos de la carta dirigida a  San Bernardino de Siena, de la obra Ilustrísimos Señores, del Patriarca de Venecia, Albino Luciani, según traducción de José L. Legaza y otros, publicada en la Biblioteca de Autores Cristianos, tomado de la décima edición de la obra, publicada la Vigilia de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora de 1978 (pp. 116-123).

martes, 4 de septiembre de 2012

Ni para sopa

Es sabido que Mafalda tuvo su desarrollo vital en Argentina en unos años con gran tensión económica.


Sin embargo, el personaje y sus historias se globalizaron, diríase ahora, y son ya patrimonio de toda la Humanidad, y en cualquier tiempo.

Sin embargo, no podemos olvidar que sus historietas son de hace muchos años.

(Y que se desarrollan en Argentina, ¿verdad?)

Créditos:
Tira de Mafalda, tomada de Todo Mafalda, recopilatorio editado por Lumen en 1992 (pág. 432 de la edición de 1996).

lunes, 3 de septiembre de 2012

El regreso

Hoy han vuelto al tajo, y no el de Toledo ni el de Ronda.

Y han regresado con cambio incluso en el periódico: ahora Libertad Digital ya no es roja, sino azul.


Las especulaciones que se puedan hacer sobre esto… dejémoslas para otro día.

Eso sí, en algunas de las otras cabeceras del Grupo no se han enterado. Por ejemplo, la que ya era azul de antes (LDTV) ha debido coger un ataque de celos por habérsele ‘robado’ hasta el color, encima del poco caso que le están prestando últimamente. Y por ello, el enlace para ir a la página de Libertad Digital sigue figurando en rojo, a lo antiguo.


De todas formas, esta anotación iba a tratar sobre otro tema, que curiosamente, se puede ver en la cabecera de Libertad Digital,capturada hace poco (a las 20:29): en ese momento la emisión en directo es… Es la mañana de Federico.

Tal vez por eso, mi deseo de re-escuchar las ‘federiquiñas’ del regreso, de las seis y de las siete, se ha encontrado con este aviso.


La duda es: lo de ‘fatal error’ ¿es algo informático, o se refiere a lo que ha dicho?

Créditos:
Pantallazos de las cabeceras de Libertad Digital y Libertad Digital TV de esta tarde, y del aviso y error al intentar enlazar con los audios referidos.

Hay clases y clases

Hoy es el regreso a la actividad escolar, sea en forma de preparar la organización para el nuevo curso, sea en la de recuperar asignaturas ahora en septiembre.

La duda que, cada vez vez más, se aprecia en este mundo escolar es:


¿sigue habiendo alumnos capaces de reconocer lo que los maestros hacen de bueno en ellos?
¿sigue habiendo maestros merecedores de que sus alumnos los recuerden (bien) cuando sean adultos?
¿hay maestros y alumnos en esta clase?

¿O la sociedad, en su conjunto, ha conseguido que esta clase esté vacía?

domingo, 2 de septiembre de 2012

Sobre cuentas y cuentos

Ayer se produjo el cambio en el régimen del IVA de los espectáculos de cine, teatro y similares. Naturalmente, muchos de los afectados han puesto el grito en el cielo por los desastres que les va a suponer. Mientras, unos pocos de los afectados, básicamente, los que apenas van al cine o al teatro, y no van porque apenas hay nada decente para ver, nada dicen

Según parece, en 2011, en el conjunto de España, hubo 60.948 representaciones con 14.803.049 espectadores y una recaudación de 226,11 millones de euros. Estas cifras suponen un precio medio de la entrada de 15,27 euros, suponiendo que todos los espectadores pagaran la suya.

Dando por bueno este precio medio, y siendo generoso, que se trate de la cifra neta, es decir, excluido el IVA, la situación ahora sería pasar de un IVA del 8% (es decir, 1,22 euros más, y por tanto, un precio total de la entrada de 16,49 euros), a un IVA del 21% (es decir, 3,21 euros más, y un precio final de 18,48 euros), y con ello, un incremento del precio total de unos 2 euros.

La situación del teatro en Madrid, es más curiosa: hubo 18.067 representaciones, con una asistencia de 4.184.232 espectadores y una recaudación anual de 110,13 millones de euros. Como podemos ver, la recaudación es la mitad del total de España, y es que las entradas son más caras: 26,32 euros de media.

En este caso, la repercusión del IVA, lógicamente, es mayor, y se pasa de 2,11 euros a 5,53 euros. El precio final, por tanto, en Madrid, se elevaría casi tres euros y medio.


Hay dos conclusiones:
El teatro en Madrid no tendría que verse demasiado afectado, ya que una parte importante de los espectadores son “de provincias”, y por tanto, los tres euros y medio, comparados con los gastos propios del viaje y estancia quedan reducidos a algo insignificante.

Si el teatro en general se ve afectado por un incremento de dos euros (mucho menos descontado lo desequilibrado que está el reparto a favor de Madrid), es señal de que al público le interesa bastante menos de lo poco que ya le interesa el teatro que se ofrece en España.

En resumen, que si la gente deja de ir al teatro es que sigue sin ofrecer nada para ir.

Como vemos en la noticia enlazada, ya en 2011 cayó un 12% la asistencia respecto a 2010, sin necesidad de variar el IVA.

Tal vez las obras, los autores, los directores y los actores tengan algo que ver con ello. Porque lo cierto es que, antes, la gente sí IVA al teatro.

Créditos:
Viñetas de Enrique Ventura con guión de M. Ángel Nieto de la historieta Teoría de conjuntos, publicada en el número 44, del 15 de agosto de 1972, de la revista Trinca.

El nido de un fénix

Día del Señor. Algunas de nuestras doncellas, que permanecieron despiertas hasta tarde efectuando los preparativos para la festividad de hoy, nos llamaron a eso de las tres para señalarnos un gran incendio que se divisaba en la City. Me levanté y me deslicé en camisón hasta la ventana. Calculé que sería en la parte de atrás de Market Lane, es decir, suficientemente lejos, por lo que volvía a acostarme. A las siete volví a levantarme para vestirme; el incendio se había calmado y parecía más alejado. Comencé a arreglar mi escritorio, que había limpiado a fondo ayer. Pronto Jane vino a decirme que más de trescientas casas se habían quemado durante la noche y que el fuego continuaba cerca del puente de Londres. Me apresté con el objeto de marchar a la Torre. De lo alto, contemplé las casas de ese costado del puente, en llamas. Un inmenso incendio se extendía más allá. Descendí, trastornado, y busqué al Teniente de la Torre, quien me explicó que aquello había comenzado esta mañana, en la panadería del Rey, en Padding Lane y que la iglesia de St. Magnus estaba ya destruida. En el muelle tomé una barca y pasé por debajo del puente. Allí asistí a escenas lamentables. Las gentes trataban de salvar sus bienes, los arrojaban sobre los muelles o los amontonaban en los botes. Unas palomas no se decidían a abandonar sus nidos y revoloteaban en torno a las ventanas y balcones hasta el momento en que caían, enrojecidas las alas. Al cabo de una hora, el fuego hacía estragos en todas las direcciones y nadie, hasta donde yo podía darme cuenta, intentaba extinguirlo. No se pensaba sino en colocar las cosas al abrigo y dejaban arder las casas. El viento, muy fuerte, empujaba el incendio hacia la City. Tras una sequía tan larga, todo era combustible, hasta las piedras de las iglesias. Me dirigí entonces a White Hall, al gabinete del Rey. Le conté –también al Duque–, lo que había presenciado, afirmando que si Su Majestad no ordenaba demoler los edificios, nada podría detener el incendio. Parecían muy impresionados. El Duque me encargó que fuera a buscar de su parte al Lord Mayor, para transmitirle sus órdenes. Añadió que se le suministrarían todos los soldados que requiriera. Encontré al Capitán Cocke, quien me prestó su carroza para viajar a St. Paul. Allí seguí por la calle Watling, colmada de gentes que llegaban cargadas de objetos: había hasta enfermos conducidos en su camas. Por fin hallé al Lord Mayor, extenuado, con un pañuelo al cuello. Cuando le transmití el mensaje del Rey, gimió como una mujer a punto de desmayarse: «Dios mío, ¿qué puedo hacer? Estoy agotado. No se me obedece. He dispuesto derribar las casas, pero el fuego nos gana en presteza.» Agregó que necesitaba tropas de refuerzo y que, en cuanto a él mismo, le faltaba reposo, pues había permanecido en pie toda la noche. Nos separamos. La gente estaba como loca. Nadie, nadie, trataba de apagar el fuego. Además, las casas están demasiado juntas en ese barrio, y llenas de material combustible, como la resina y el alquitrán, sin contar los comercios de aceite, de aguardiente y de vino, a lo largo del Támesis. Las iglesias, abarrotadas de objetos en vez de personas que, en ese momento, habrían debido escuchar misa, apaciblemente. Era ya mediodía y regresé a casa con el fin de recibir a mis huéspedes: Mr. Moone y Mr. Wood con su mujer, Bárbara, muy elegante. Mr. Moone había venido para conocer mi despacho, que ansiaba admirar. Desgraciadamente, estábamos trastornados por el incendio, sin saber qué pensar. No obstante, la comida resultó magnífica y la compañía tan alegre como era posible en semejantes circunstancias. Apenas terminado el almuerzo, salí con Moone y atravesamos la City a pie. Las calles, plenas de transeúntes, de caballos, de coches repletos. Desalojaban las casas de la calle Canning, donde, esta mañana, se habían puesto diversas cosas al abrigo. En el muelle de St. Paul tomé un bote para ir a ver el fuego, que había ganado más terreno y no parecía próximo a apagarse. Encontré al Rey con el Duque de York en barca: les acompañé un rato. Habían dado orden de abatir las casas rápidamente, pero no se podía hacer gran cosa, pues el fuego se propagaba con amenazante intensidad. Se confiaba en detenerlo río arriba y río abajo del puente, pero el viento lo dispersaba por la City. Barcos cargados de materiales diversos cubrían el río, donde flotaban también objetos de valor. Observé que en uno de cada tres barcos, por lo menos, se distinguía una espineta entre el mobiliario. Habiendo visto todo lo que se podía ver, me encaminé hacia White Hall; luego, de allí, al parque de St. James, donde hallé a mi mujer, Credd, Wood y señora. Volvimos juntos, en mi barca, y recorrimos el río, mirando el fuego, que aumentaba siempre, alimentado por el poderoso viento. Nos aproximamos todo cuanto el viento permitía. Sobre la superficie del Támesis, de cara al viento, se sentía uno casi quemado por una lluvia de chispas. Esto es estrictamente cierto. De suerte que varias casas se incendiaron así por chispas y pavesas encendidas. Cuando ya nos resultó intolerable mantenernos sobre el agua, fuimos a una pequeña cervecería de Bakside, donde permanecimos hasta el caer la noche. A medida que la oscuridad avanzaba, surgía por encima de los campanarios, entre las casas y las iglesias, tan lejos como alcanzaba la mirada, sobre la colina de la City, una horrible y maléfica llama, sangrienta, muy diferente de la llama clara de un fuego común. Al marcharnos, el incendio formaba un vasto arco de fuego de un extremo a otro del puente y, sobre la colina, un segundo arco de una milla de extensión, por lo menos. Me deshice en lágrimas ante tal cuadro. Las iglesias, las casas, todo llameaba a la vez, ¡El estrépito horroroso que producían las llamas y el crujir de las casas que se desplomaban! Ya en mi hogar, con el corazón oprimido, encontré a todos discurriendo y plañendo. El pobre Tom Hatter había venido a refugiarse con los escasos enseres que había logrado salvar. Lo invité a pasar la noche, A cada instante llegaban noticias de los progresos del incendio. Debimos, pues, embalar nuestras propias cosas y prepararnos a sacarlas. Bajo el claro de luna (el tiempo era bueno: seco y frío) transportamos una gran parte de mi mobiliario al jardín y el dinero a cajas de hierro, en el sótano, lo cual juzgamos seguro. Llevé a la oficina mis bolsas de oro, con mis papeles más importantes. Nos alarmamos tanto, que sir W. Batten trajo carretas del campo para levantar sus bienes esta misma noche. Mr. Hatter se recostó un rato, pero el infeliz no puedo descansar: tanto ruido ocasionábamos al mover los muebles.

Créditos:
Anotación correspondiente al día 2 de septiembre de 1666, de los Diarios de Samuel Pepys, según traducción de Norah Lacoste, tomada de la edición de la obra realizada por Editorial Renacimiento en 2003 (pp. 264-266)
Imagen de View of the fire from across the Thames, en el Museum of London/Bridgeman Art Gallery, tomada de London rising: the men who made modern London, de Leo Hollis, según la edición de Walker&Company (Nueva York) de 2008

[Nota:
Como se habrán dado cuenta los lectores habituales de este diario, hoy no es ningún aniversario del inicio del Gran Incendio de Londres, ya que en 1666 en Inglaterra aún seguían con el calendario juliano, y por tanto, aún faltan 10 días para la efemérides.
Curiosamente, también fue un 2 de septiembre pero de 1752, el último día de aplicación del calendario juliano, pasando tras ese miércoles al jueves… 14 de septiembre.]

Que empiece el espectáculo


Ahora, en cambio, sería culpa de la subida del IVA.

Casi cuarenta años después, se sigue igual: la culpa siempre es de otro.

Créditos:
Chiste de autor sin acreditar, en el número 1.500 de la colección Superaventuras, serie Jabato Color, publicado el 15 de enero de 1973 por Editorial Bruguera, de la tebeoteca familiar del autor.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Elemental: es algo complejo

Cuando un relato se titula El problema final, y dos de los personajes principales se acercan mucho al borde de un precipio, especialmente si éste se abre sobre las Cataratas de Reichenbach, está claro que algo finaliza.

Ésta era la intención de Arthur Conan Doyle en relación con su ¿personaje? de Sherlock Holmes, aunque acabó rindiéndose ante el clamor popular, y recuperó las narraciones del famoso detective. Eso sí, la cesión tardó en llegar (1901), y además, lo hizo con una historia anterior al emocionante viaje a Suiza: El perro de los Baskerville.

La fama del binomio Conan Doyle-Holmes ha acabado mostrándose de varias maneras:

- Arthur Conan Doyle llegó a actuar como su propio detective en un caso real de una persona cuya condena en juicio no le convenció, y no paró hasta conseguir reabrir el caso y revisar, satisfactoriamente, la condena, como nos narró Julian Barnes (2005).

- En un guiño humorístico, como médico, ha sido el equivalente del doctor Watson en unas obras de Gyles Brandreth (2007) en las que Sherlock Holmes es Oscar Wilde.

- Por su parte, se ve Sherlock Holmes tuvo algún problema con el pasaporte (bueno, o de derechos de autor), de modo que actuó un par de ocasiones en Francia, aunque bajo el nombre de Herlock Sholmes, como nos narró Maurice Leblanc (1908).

- Una afición de Holmes que nos mostró Raymond Smullyan (1979) es el ajedrez, aunque jugado de una manera un tanto extraña.

- Un personaje, en principio secundario, es el ama de llaves, la señora Hudson, la cual se convierte en el ‘detective’ que principalmente resuelve el misterio de los espíritus, según nos relató Martin Davies (2004).

- Ya en España, recientemente ha sido protagonista de un par de novelas, bien directamente, en casos en que lo imposible es eliminar y descartar lo imposible, recuperados para nosotros por Rodolfo Martínez (1996); o bien, en curioso cierre del círculo, regresando a Suiza, acompañado en esta ocasión por un irregular, un tal Charles Chaplin, como se relata en un manuscrito encontrado por Rafael Marín (2005).

Por tanto, con esta vida tan ajetreada, no es de extrañar que en algún momento acabara recalando en Madrid, aunque eso será el próximo viernes día 7.

Créditos:
Cubiertas de varios de los libros mencionados.

See You in September

Ya ha llegado septiembre, y con él, más pronto que tarde, por lo general, se hace realidad ese trabajito que se dejó pendiente hace semanas: «Bueno, pues ya lo vemos en septiembre».


Sí, ésta es otra forma de verse en septiembre: la de los que se han separado por las vacaciones, y junto con The Tempos) cuentan los días y las horas hasta el reencuentro… o no.

[La cuestión, por tanto, es si ese momento será ‘normal’ o estará más en la línea del nombre del grupo que llevó la canción al éxito: The Happenings.)

viernes, 31 de agosto de 2012

En ruta hacia…

En estos momentos quedan 100 minutos (160 en Canarias) para que finalice el mes de agosto. Y con él, la sensación del final del verano… y de las vacaciones. Aunque aún quede este fin de semana o, incluso, más vacaciones para quienes no las hayan agotado, por no hablar de las tres semanas que restan de verano astronómico.

Pero el caso es que es ahora cuando se produce la, más o menos, gran avalancha de desplazamientos de regreso, lo que da pie a la tradicional ‘Operación Retorno’ que se coordina desde la Dirección General de Tráfico.

Ayer, precisamente, S.M. el Rey se acercó a esta Dirección para enterarse sobre el particular, y parece que tuvo sus problemas en el momento del aparcamiento.

Lo que me ha recordado esta fotografía que vi el otro día en internet, donde se aprecia que los problemas de aparcamiento, al menos del coche en cuestión, serían de otra índole.

Y si S. M. el Rey pareció un poco gruñón, la fotografía anterior, según indican, es en Griñón, un pueblo del sur de Madrid, en el que, siguiendo con las cuestiones de aparcamiento, parece que hace años se materializó lo que dicen que en realidad es una leyenda urbana.

Créditos:
Viñeta de Enrique Ventura con guión de M. Ángel Nieto de la historieta El largo y cálido veraneo, publicada en el número 42, del 15 de julio de 1972, de la revista Trinca.
Fotografía de un automóvil aparcado tomada de internet.

Una claridad musical


Aunque sea con retraso, hay que recordar el sesquicentenario del nacimiento de Claude-Achille Debussy, que tuvo lugar el pasado miércoles 22 de agosto, y qué mejor forma que aprovechar esta segunda Luna llena de agosto, y recordar, aun siendo en versión orquestal, su Claro de Luna, tercer movimiento (pero el primero en ser compuesto) de su Suite Bergamasque.

Créditos:
Fotografía de la obra Homenaje a Debussy, óleo sobre lienzo de de Genaro Lahuerta López, en el Museo de Bellas Artes San Pío V, de Valencia, de este agosto, del autor.