domingo, 16 de junio de 2013

Hablando de ciencia ficción (II): Cuestión de autores

Además de comentar cuestiones generales del género de ciencia ficción, en la charla-debate se mostró un abanico de autores y obras, cuya relación, sin que el orden quiera decir nada (ni cronológica ni alfabéticamente, ni, desde luego, en cuanto a calidad de los mencionados), es la siguiente:

Ursula K. Le Guin: una de las pocas mujeres en el ‘sector’, aun cuando éste se iniciara con Mary W. Shelley.

Edgar Rice Burroughs [sí, el de Tarzán]: en sus novelas que se desarrollan en Venus [hay otra serie, más extensa y anterior, en Marte], nos muestra que «la estructura social allí es calcada de la terráquea, hay un paralelismo del desarrollo», lo que podría calificarse como «algo ingenuo».

Philip José Farmer: en su serie El mundo del río nos muestra que «toda la Humanidad despierta en otro planeta a la vez». Se trata de una pentalogía, «a destacar los dos primeros tomos» [A vuestros cuerpos dispersos y El fabuloso barco fluvial, donde coexisten «personajes ficticios e históricos»]. «¿Por qué 2 de 5?: La imaginación es feraz y feroz: comienzo fulgurante (100 primeras páginas), y luego decae, no sabe cómo acabar.»

Lester del Rey: en El undécimo mandamiento plantea una crítica tremenda a las estructuras religiosas y especialmente la católica; sin embargo, al final se pierde: hay una conversación entre el Papa y el protagonista, y éste cambia por completo». [Tal vez por esto mismo, me atrae la novela -aunque no está traducida-. Además, era gran amigo de Isaac Asimov.]

Robert Silverberg: muy interesante por los aspectos humanos y sociales (muy influido por la California de los sesenta).

Dan Simmons: su tetralogía Los cantos de Hyperion «es muy, muy buena». Hay que tener en cuenta que «Dan Simmons es profesor de creación literaria[, con una] cultura literaria inmensa. La primera parte es una especie de Cuentos de Canterbury: mezcla géneros: policíaco, poético, romántico,... [Sin embargo] hay mucho contraste entre los dos primeros y los siguientes. Escribe mucho en plan best-seller. Ilión lo tuve que dejar, aunque está bien escrito (es que cincuenta páginas de una batalla son muchas páginas)».

Frederik Pohl: [autor junto con Cyril M. Kornbluth de Mercaderes del espacio, y, en solitario, ya fallecido éste, de La guerra de los mercaderes], quien en estas obras muestra que «el futuro será de la publicidad, del comercio: vender (retrata los años 50). No se puede dejar, humor finísimo, apasionante».

Karel Čapek: autor de La guerra de las salamandras, pero conocido sobre todo por ser el introductor de la palabra ‘robot’ [en su obra de teatro R.U.R. Robots Universales Rossum, con una etimología a elegir: ‘esclavo’ o ‘trabajo’], y todo el consiguiente universo de robots, incluyendo las famosas Leyes de la Robótica de Isaac Asimov.


Isaac Asimov: además de su serie Fundación y sus Leyes de la Robótica, cabe señalar su novela El fin de la eternidad, «una de las grandísimas novelas de la ciencia ficción».

Sin embargo… «El futuro puede que no sea tan bueno. Aparecen las distopías: un futuro muy negro.» [¿Hay que recordar Un mundo feliz, 1984,…?] Con el tiempo llega el cyberpunk y los años 70, nihilistas y pesimistas. Curiosamente, un autor que comenzó en esta corriente, Jonathan Littell, se pasó con Las benévolas a la literatura ‘de prestigio’, ganando incluso el Premio Goncourt (premio dotado con la escalofriante cantidad de unos 10 euros).

Y poco después, se abrió el debate.

«Hay un problema con las traducciones.» O son de hace años, o no se cuidan, o las revisiones son deficientes,…

La mayoría de autores, «en un futuro, serán mujeres».

Sobre la diyuntiva tecnología-sociedad: «Tal vez los que tratan la condición humana no son tan comerciales».

En todo caso, es una forma de plantear «los seres humanos y sus relaciones, y su modo de enfrentarse al medio».

La pujanza de un género es «cuestión de moda: histórica, negra,...» Ante ello, no hay que olvidar el «ejercicio del lector: ya no es pasivo».

Frente al «peligro del encasillamiento peyorativo», hay que recordar que Carl Sagan comentó que «la ciencia ficción es un acicate para seguir investigando». Como ejemplo, en la física actual está la teoría de cuerdas: «hay quien trabajó sobre ella pero aún no se la cree».

[Tengo apuntado el nombre de Klein, pero con duda sobre a quién se refiere (¿Gérard Klein?) y por qué.]

Sobre la hibridación, en Guardianes del tiempo, de Poul Anderson, se mezcla la ciencia ficción y la novela histórica, por ejemplo, con la II Guerra Púnica.

«No hay problema con los híbridos, pero hay que hacerlo bien literariamente.»

[Por ejemplo, Isaac Asimov con el prestigioso género policíaco.]

Conclusión:
«El género es eterno porque el futuro siempre está ahí.»

Créditos:
Reseña (parcial) del encuentro celebrado de Casa del Libro, en el Paseo de Ruzafa, en Valencia, el pasado 16 de mayo, charla y debate sobre Escribir ciencia ficción hoy, con la participación de Santiago González Carriedo.
Cubiertas de varias de las obras mencionadas, de la biblioteca del autor.

Nota:
La anotación es una elaboración a partir de los apuntes tomados por el autor durante el evento (salpimentados por lo que aún queda en su memoria).
Los textos en cursiva entre comillas latinas, aunque son transcripción literal de los apuntes, no necesariamente son una literalidad de lo manifestado.
Los textos entre corchetes son del autor, adicionales a los apuntes, y complementarios a los mismos, durante la redacción de la anotación.

Hablando de ciencia ficción (I): Cuestión de género

Como siempre, el problema es saber de qué se habla cuando se habla de algo, en este caso, la ciencia ficción.

Y es que con esta denominación, ¿a qué nos referimos? Es más, ¿no está resultando el género -sea lo que sea- demasiado hibridado?, pues recientemente se observa mucha mezcla con otros géneros: policíaco, fantástico, incluso vampiros,…

La fabulación sobre otras sociedades, en cuya descripción se hace hincapié en aquello que las convierte en un mundo mejor que el contemporáneo de quien la escribe, es una constante en la literatura, recordemos Utopía [obra de Santo Tomás Moro que, además, dio el nombre a esas sociedades].

Por ello, este planteamiento no es un carácter diferencial de la ciencia ficción, ni siquiera cuando la fabulación se sitúa en un futuro. Lo que es propio en ella, y novedoso en la tradición literaria, es «el entronque con la ciencia», «lo importante es el encuentro con la ciencia y la tecnología».

Sin embargo, «no por ello ha logrado un renombre 'intelectual'», la literatura de ciencia ficción parece que «no tiene mayor importancia. ¿Por qué?».

Ese renombre, en cambio, sí lo ha conseguido la literatura policíaca. En efecto, «la trama policíaca nos habla de la condición humana y la sociedad en que se vive, como la tradición literaria», como la literatura normal, podríamos decir. Así, no resulta extraño que se presente un caso como el de Zadig, de un autor ‘de prestigio’ como es Voltaire, personaje que bien puede calificarse como «un precedente de Conan Doyle» [ver, por ejemplo, el proceso de deducción de lo que no ha visto a partir de lo que ha observado que se recoge en el capítulo III El perro y el caballo, aunque con resultados distintos a los del detective inglés].

¿Por qué, pues, la diferencia? Tal vez la propia historia de la ciencia ficción nos dé una idea.

La divulgación de las ideas de la Ilustración llevó a la creencia de que «la ciencia tiene explicación para todo», y, en cierto modo, hizo que la ciencia sustituyera a la religión. Esta circunstancia propiciaría la redacción de Frankenstein, o el moderno Prometeo, obra de Mary W. Shelley donde, mediante el acto de crear vida, se muestra precisamente esa sustitución. [Entonces, el concepto de ‘ciencia ficción’ no existía, por lo que no deja de ser motivo de reflexión que la novela haya sido calificado siempre como ‘de terror’.]

A finales de siglo, en los pioneros rusos de la ciencia ficción ya «la ciencia es la salvadora de la sociedad». [Mientras tanto, el desarrollo de este género nos trae a la memoria las figuras de Julio Verne y de H.G. Wells, quienes se encuentran en una situación intermedia, es decir, el uso de la ciencia puede resultar tanto positivo como negativo para la sociedad (Nemo, La Begún, Moreau,…).]

Una circunstancia social acerca de la ciencia ficción es que ésta se desarrolla en «épocas pre-revolucionarias e inmediatamente post», como el caso de Shelley tras la Ilustración y la Revolución Francesa, o los referidos pioneros rusos [o Wells] durante las convulsiones del cambio de siglo. «Pero sobretodo en EE.UU. entreguerras».

La especial característica de este boom es que se produjo en revistas específicas del género. [Y aunque eso tuvo su lado bueno, podía publicar (casi) cualquiera], «el problema es que en las revistas se metía de todo: el que más imaginación tuviera, mejor», criterio condicionado por que el segmento al que se dirigían era el «público adolescente». [De ahí, el prejuicio y también realidad en la ciencia ficción de que] «en multitud de ocasiones no presenta suficiente calidad literaria». No obstante, la publicación en estas revistas supuso un «entrenamiento importante para Asimov, Silverberg,... [pues] empezaron ahí su oficio». Por el propio entorno de publicación, «tardaron [en llegar] las novelas, eran más de relatos».

Pero llegaron.


La trilogía de la Fundaciónes la biblia») « no sólo está bien escrita sino que la trama absorbe».

«A partir de ahí empezó el interés por la calidad literaria.»

Un problema que presenta el género es precisamente una de las características que se han comentado: la ciencia y la tecnología. Son numerosas las obras que muestran «más interés por los inventos (p.e. formas de viajar) que [por] el reflejo de la sociedad”. Y, con esta perspectiva se plantean «¿cómo puede ser el futuro? [Pues bien,] tecnológicamente, los hay que aciertan y los que no». El problema con los inventos [y con aquello de que ‘cualquier tecnología suficientemente avanzada, siempre parece magia’, paradójicamente,] es que «hoy en día tenemos la tecnología tan al alcance que pierde la magia». Y aún así, entre tantos inventos inventados, resulta «curioso que gente con conocimientos técnicos no fabularan sobre el concepto de internet».

En general, «sigue faltando el aspecto humano y social». Tal vez por que, aceptando la distinción entre ciencias y letras (sabiendo que «es distinción falsa»), «la predicción de las ciencias 'duras' es impresionante; las letras, no». [Tal vez por eso, la respuesta que se dé a ‘¿cómo puede ser el futuro?’ desde una visión de la sociedad siempre será cuestionable, y casi nunca falsable, con toda la inquietud que ello supone.]

En resumen:
«Pérdida de la magia, sociedad humana... ¿merece la pena seguir escribiendo ciencia ficción hoy en día? Sí.»

No hay que dejar perder la gran «ventaja [de que] al alejarse, permite ver con mayor perspectiva lo que puede ser un mundo en un futuro. Con la cercanía, estamos perdidos, no se aprecia bien».

Sí, «aún es asignatura pendiente la integración como literatura: sigue sin estar bien considerada», «aún no ha llegado el escritor que haya hecho la unión de la LITERATURA junto con la ciencia ficción».

Pero recordemos, como señal de esperanza, que «entre la intelectualidad, sólo Borges y Bioy Casares reivindicaron el género policíaco y la ciencia ficción».

[El primero ya está reconocido; la segunda, juega en casa: el futuro.]

Créditos:
Reseña (parcial) del encuentro celebrado de Casa del Libro, en el Paseo de Ruzafa, en Valencia, el pasado 16 de mayo, charla y debate sobre Escribir ciencia ficción hoy, con la participación de Santiago González Carriedo.
Cubiertas de varias de las obras mencionadas, de la biblioteca del autor.

Nota:
La anotación es una elaboración a partir de los apuntes tomados por el autor durante el evento (salpimentados por lo que aún queda en su memoria).
Los textos en cursiva entre comillas latinas, aunque son transcripción literal de los apuntes, no necesariamente son una literalidad de lo manifestado.
Los textos entre corchetes son del autor, adicionales a los apuntes, y complementarios a los mismos, durante la redacción de la anotación.

Cuando lo que cuesta no es saber las cosas, sino decirlas

Todos los jueces quedaron admirados por el profundo y sutil discernimiento de Zadig: la nueva llegó hasta el rey y la reina. En la antecámara, en la cámara y en gabinete no se hablaba de otra cosa que de Zadig; y aunque varios magos opinasen que debían quemarlo por brujo, el rey ordenó que se le devolviese la multa de cuatrocientas onzas de oro a que había sido condenado. El escribano, los ujieres y los procuradores fueron a su casa con gran pompa para devolverle sus cuatrocientas onzas; de ellas sólo se quedaron con trescientas noventa y ocho en concepto de costas judiciales, y los escribanos exigieron sus honorarios.
Viendo Zadig cuán peligroso es a veces ser demasiaado sabio, se prometió, en la primera ocasión, no decir nada de lo que había visto.

Como puede observarse, lo de las costas judiciales no es sólo de aquí, ni de hoy.

Créditos:
Imagen de la sobrecubierta de The Best of Sherlock Holmes, antología de relatos de Sir Arthur Conan Doyle, editada por CRW Publishing Limited en el sello Collector’s Library en 2009, de la hemeroteca del autor.
Extracto del capítulo III El perro y el caballo, de Zadig, o el destino, relato de Voltaire incluido en Cuentos completos en prosa y verso, según traducción de Mauro Armiño, tomado de la edición de éste publicada por Círculo de Lectores en 2006.

sábado, 15 de junio de 2013

Libertad ¿sin ira o sin miedo?

Hace 36 años tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco.

Sois muy valientes cuando estáis juntos, pero no votéis ahora algo de lo que luego os arrepintáis cuando estéis a solas.


Durante un tiempo, las elecciones lo han sido, como la canción de entonces, en general, sin ira. Sin embargo, en varias zonas de España, nunca han dejado de serlo sin miedo.

Como ya nos avisó en su día, desde la pantalla de cine, Liberty (sic) Valance.

Créditos:
Transcripción y fotograma de la escena correspondiente tomados de la edición en DVD de El hombre que mató a Liberty Valance, producción de John Ford Pictures, distribuida por Paramount Pictures, y dirigida por John Ford sobre guión de James Warner Bellah y Willis Goldbeck, adaptación de una historia de Dorothy M. Johnson.

Hoy, toca



Una de las ventajas de tener que ir mirando por dónde se pisa es que hay quien se encuentra con piropos.

Créditos:
Fotografía de detalle de una trapa, en Valencia, en mayo, del autor.

viernes, 14 de junio de 2013

Entonados… perdiendo los papeles

Como se sabe, una orquesta la integran muchos instrumentos, de cuerda, de viento, de percusión… y uno que centra todas las miradas… aunque no suene: la batuta del director.

Además, hay abundantes herramientas, objeto también de numerosas miradas y que tampoco suenan: las partituras.

Pues bien, en noviembre pasado, se publicó lo siguiente:
La Orquesta Filarmónica de Bruselas ha ofrecido, en primicia mundial, el primer concierto en el que los músicos leen las partituras en la pantalla de una tableta en vez de hacerlo sobre el papel.

Curiosamente, durante la visita que pudimos realizar en un par de semanas antes al interior del Palau de les Arts, una de las cosas que se nos comentó fue el ‘problema’ de las partituras, no tanto las de la orquesta, sino las de los directores.

Y no por cuestiones de publicación, de volumen, del número de copias,…; no, la cuestión principal era… que la partitura la tenía anotada el director. En ella, marcaba su particular tempo, sus pausas, sus cadencias, sus protagonismos instrumentales,… en definitiva, su personalización.

Por eso, dirigen con sus propias partituras, que, naturalmente, son tan viajadas como ellos. Es más, en ocasiones, viajan con una segunda copia que, por seguridad, viaja… incluso en otro avión.

Aunque tal vez esto empiece a acabarse:
Ese software que permite al director escribir anotaciones sobre las partituras de cada miembro de la filarmónica y que éstas aparezcan en tiempo real en las pantallas de los músicos, un procedimiento que se antoja más laborioso con partituras en papel.

La personalización manuscrita de las partituras, claro. La personalidad de los directores de orquesta, ¡nunca!

Créditos:
Extractos de la noticia publicada en ABC en noviembre de 2012.
Fotografía de una de las partituras utilizadas el pasado viernes en el concierto de cumpleaños del Coro de la Generalidad Valencia, en el Palau de les Arts, del autor.

Curiosidades constitucionales (VII): Cuando es el que aprueba quien repite

CAPITULO VI
De la celebración de las Córtes
(…)
ART. 108. Los diputados se renovarán en su totalidad cada dos años.
(…)
ART. 110. Los diputados no podrán volver á ser elegidos, sino mediando otra diputacion.

¡Qué cosas tenían los que redactaron la Constitución de 1812! ¡Pues no nos hubieran impedido disfrutar de la (mitad) de la labor en el Congreso de gente como Alfonso Guerra… (ingente labor, por cierto)!

Y por si fuera poco…
ART. 129. Durante el tiempo de su diputación, contado para este efecto desde que el nombramiento conste en la permanente de Córtes, no podrán los diputados admitir para sí, ni solicitar para otro, empleo alguno de provision del Rey, ni aun ascenso, como no sea de escala en su respectiva carrera.
ART. 130. Del mismo modo no podrán, durante el tiempo de su diputación, y un año despues del último acto de sus funciones, obtener para sí, ni solicitar para otro, pension ni condecoración alguna que sea tambien de provision del Rey.

De esto último (o similar), hago gracia al lector de enlaces, pues se requeriría de una anotación excesivamente larga, para cuya lectura ni los dos siglos transcurridos darían.

Créditos:
Transcripción de los artículos reseñados, en el Capítulo indicado del Título III De las Córtes, de la Constitución de 1812, La Pepa, tomada de la edición facsímil realizada en el año 2001 por la Editorial Maxtor (de Valladolid), sobre un ejemplar de la biblioteca de Santiago Arribas Parra.

martes, 11 de junio de 2013

La Feria, en el metro

Invierno. Metro de Madrid. Línea 1: Pinar de Chamartín-Valdecarros. Subo en Tirso de Molina. Mi destino es Iglesia. Es de mañana, aunque pasado ya el ajetreo de la hora punta. El vagón huele a humanidad, pero hay asientos libres. El perfil del usuario es heterogéneo (estudiantes rezagados, amas de casa con carritos de la compra, turistas de distintas nacionalidades, algunas tipologías más ambiguas), si bien no abundan los maletines de negocios ni las barbillas recién rasuradas. Se respira un ambiente tranquilo.
Echo un vistazo más atento a los viajeros. Más concretamente a sus manos. Por vicio, que no por virtud, y de igual modo que al entrar en una casa ajena lo primero que busco es la biblioteca de quien vive en ella, cuando tomo un medio de transporte observo qué lee la gente. Esta mañana de invierno, en mi vagón, hay cinco lectores. Uno, excéntrico, se aplica al disfrute de Expiación, de Ian McEwan; los otros cuatro, disciplinados con los tiempos que corren, gregarios quizá sin sentirlo, llevan en sus manos uno de los dos primeros tomos de la trilogía Millenium, de Stieg Larsson (…)
Pienso que allá fuera, en las mesas de novedades de los cientos de librerías que existen, hay miles y miles de títulos ignorados, a cuyo lado cuatro de cada cinco lectores pasan como a junto a fantasmas. Y siento que esa es un pérdida lamentable. En un artículo de homenaje a John Cheever, Ray Loriga expresó semejante paradoja mediante una fórmula impecable: es mucho más complejo vender un único ejemplar de un millón de títulos distintos, que vender un millón de ejemplares de un único título. (…)
Queda en todo caso el consuelo, no exento de misterio, de que, en cierta ocasión, y dado que los caminos del libro, como los de la Providencia, son inescrutables, a este convencido pesimista le asaltara en otro vagón de metro la maravillosa imagen de dos lectores que, codo con codo e ignorantes el uno del otro, iban devorando, ensimismados en su mundo propio, Vida y destino, de Vasili Grossman.
Era de justicia contarlos.

Créditos:
Extracto del artículo La dictadura de un solo libro, de R. Menéndez Salmón, publicado en el número 1.089 de ABC Cultural, del pasado 20 de abril de 2013, de la hemeroteca del autor.

lunes, 10 de junio de 2013

Veo, veo. ¿Qué ves?


¡Sí, vamos, a ti te lo voy a decir!

Créditos:
Imagen tomada del twitter de Kim Dotcom, vía el de Isaac Jiménez.

¡Zas, en toda la cara!

Paseando, no hay mayor problema, aunque no deja de ser una molestia, por mucho que le inventen un nombre (Manhattanhenge), pero cuando vas conduciendo, encontrarte cara al sol, y además con reflejos en el asfalto… es que no sabes cómo poner el brazo, y te da lo mismo que atardezca o que empiece a amanecer.


Créditos:
Fotografía del Sol, poco después de amanecer, alineado con una calle, a finales de este pasado mayo, del autor.

domingo, 9 de junio de 2013

Florido y hermoso, ¿mayo?

¡Qué maravilla para la vista aquel verdor de los pastos después del blanco infinito! Había, además, otro verde que aún superaba en delicadeza y encantadora dulzura al de la hierba nueva. Eran los haces de agujas recién nacidas de los alerces. Hans Castorp, en sus obligados paseos, no podía evitar acariciarlos con la mano o frotar sus mejillas contra ellos, pues su frescura y su tierna suavidad eran irresistibles.


- Dan ganas de hacerse botánico –dijo el joven a su compañero–; ciertamente, se despierta el interés por esa ciencia por el mero placer que supone el despertar de la naturaleza después de un invierno aquí arriba. Eso que ves en la ladera de la montaña es genciana, y esto de aquí es un tipo de violeta que no conozco.Y aquí tenemos ranúnculos… Son todas muy parecidas dentro de la familia de las ranunculáceas, una planta preciosa, hermafrodita, por cierto. Mira, aquí hay un grupo de estambres y algunos ovarios, un androceo y un gineceo, según creo recordar. Me parece que acabaré comprándome algún libro de botánica para informarme un poco mejor sobre ese campo de la vida y de la ciencia. ¡Qué maravilla cómo se llena de colores la vida en primavera!
- En junio será mucho más bello –anunció Joachim–. La flora de estos prados es célebre.


El equinoccio de primavera había quedado atrás hacía tres meses, había llegado el solsticio de verano. Sin embargo, allí arriba, el año natural obedecía al calendario con cierto retraso: era ahora, en realidad, en estos días, cuando por fin reinaba un tiempo primaveral, una primavera aún fresca, ligera, sabrosa, carente de la pesadez del verano, con un resplandeciente cielo azul plateado y praderas tan cuajadas de flores multicolores como en los dibujos de un niño.
Hans Castorp encontró en las montañas las mismas flores que Joachim había colocado amablemente en su habitación a su llegada para darle la bienvenida: aquileas y campanillas, ahora eran las primeras y entonces habían sido las últimas de la temporada; un signo, para él, de que el año cerraba su ciclo. Toda suerte de formas  –estrellas, cálices, campanas… –, un prodigio de la vida orgánica, brotaban ahora entre la hierba nueva, de color esmeralda de los prados y las laderas de la montaña, llenando el aire soleado de olores y colores: macizos de glicinias y pensamientos silvestres, belloritas, margaritas, prímulas rojas y amarillas, mucho más grandes y hermosas de las que Hans Castorp creía haber visto nunca en el mundo de allá abajo, en la medida en que se había fijado en ellas; a ellas se sumaban las graciosas soldanelas, con esas campánulas que parecían rematadas en un volante, azules, púrpuras o rosadas, las flores típicas de aquella región.


Cogía de todas aquellas bellísimas flores y llevaba a su habitación ramos enteros, no sólo con fines decorativos, sino también más serios, pues se había propuesto un riguroso estudio de la botánica. Para ello se había hecho con un manual, una pequeña pala para extraer las plantas con raíz, un herbario, una potente lupa, y con todo esto se instalaba nuestro joven en la terraza, ya vestido de verano con uno de los trajes que había traído en la maleta desde el principio: un nuevo signo de que se había cumplido el ciclo del año.

Ya llegó el 40 de mayo. Y, según parece, la primavera.


Y con ella, todas esas flores cuyo nombre desconozco, aunque, lo siento, no pueda hacer como Hans Castorp, y ponerme a estudiar botánica.




Créditos:
Extractos de La montaña mágica, de Thomas Mann,, según traducción de Isabel García Adanes (de 2005), tomados de la séptima reimpresión (septiembre de 2012) de la primera edición (abril de 2009), realizada por Edhasa como número 233 de su colección Pocket Edhasa (pp. 526-527 y 533)
Fotografías de diversas flores o conjuntos de flores, en distintas zonas de Valencia, la antevíspera del solsticio de verano de 2005, dela autor.

Largos y largos sollozos de los violines

Si durante la Segunda Guerra Mundial estas almas piadosas hubiesen disfrutado del poder mediático que tienen hoy, el desembarco aliado en Normandía habría fracasado, con el consiguiente regocijo de Hitler. Antony Beevor explica en El Día D (Crítica, 2010) que antes de la invasión los bombardeos aliados destinados a preparar el terreno ya habían causado la muerte de 15.000 civiles franceses, a los que se sumaron otros 20.000 hasta la liberación de París. A los ingleses les sorprendió descubrir que los bombardeos aliados causaron más muertes entre los civiles franceses que las ocasionadas en Londres por las bombas alemanas durante toda la guerra.

Casi tres años han pasado desde que algo así apunté en una anotación publicada coincidiendo con el aniversario de la liberación de París, tras el desembarco de Normandía, momento éste, también como en el artículo de Eduardo Goligorsky, utilizado como ejemplo de una ucronía… o no.

Créditos:
Extracto del artículo de Eduardo Goligorsky publicado ayer en Libertad Digital.

Y ahora, ¿dónde los pongo?: Diez días… y sin ir por ella

A las once de la mañana se abrirán las casetas en este décimo día de la 72ª edición de la Feria del Libro de Madrid.

Y yo, sin aparecer por ella.




Claro que ya había hecho buena provisión de libros, incluso antes de que fuera inaugurada, aprovechando el hueco desde el final de la de Valencia.





También es cierto que hay mucho para leer y hay que ir eligiendo. No están los tiempos para que el viento se nos lleve los buenos cuentos, y nos deje, arrastrándolas, las hojas de los periódicos.

Pero bueno, no será por falta de horario ni, espero, de vida.

Créditos:
Imágenes de las cubiertas y sobrecubiertas de los libros en cuestión.

sábado, 8 de junio de 2013

Paseante en Corte


(Al hilo del comentario de MGae.)

Créditos:
Viñeta de Antonio Mingote publicada en XL Semanal, suplemento dominical de ABC, el 4 de noviembre de 2007, de la hemeroteca del autor.

Que la Justicia se faga como debe

En el nombre de Dios, del Padre, è del Fijo, è del Espiritu Santo, que son tres Personas, è un solo Dios: Porque la Justicia es la màs alta virtut, è la màs complidera para el governamiento de los Pueblos, porque por ella se mantienen todas las cosas en el estado que deben, è la qual sennaladamente son tenudos los Reys de guardar è de mantener; por ende han à tirar todo aquello, que seria carrera de la alongar, ò embargar; è porque por las solepnidades è sotileças de los derechos, que se usaron de guardar en la Ordenança de los Juicios, asì en los emplaçamientos como en las Demandas, è en las contestaciones de los pleitos, è en las defensiones de las partes, è en los Juramentos, è en las contradiciones d ellos Testigos, è en las Sentencias, è en las alçadas, é en las suplicaciones è en las otras cosas que pertenescen à los Juicios, è por algunas costumbres que son contra derecho; Et otrosi por los dones, que son dados è prometidos à los Jueces, è por temor que han algunas veçes de las partes, se aluengan los pleitos; et por esto la Justicia non se puede façer como debe, é los querellosos non pueden haver complimento de derecho: Por ende Nos Don Alfonso por la gracia de Dios Rey de Castiella, de Leon, de Toledo, de Gallicia, de Sevilla, de Cordova, de Murcia, de Jaen, del Algarve, del Algeçira, é Sennor de Viscaya, é Condado de Molina, con conseio de los Prelados, è Ricosomes, è Cavalleros, è Omes buenos que son connusco en estas Cortes, que mandamos façer en Alcalà de Fenares, è con los Alcalles de la nuestra Corte, aviendo voluntat que la Justicia se faga como debe, è que los que la han de façer, la puedan façer sin embargo, è sin alongamiento, façemos, è establescemos estas Leys, que se siguen.

Como podemos ver, salvo el idioma, y no mucho, apenas han cambiado las cosas en casi siete siglos.

O eso, o es que Alfonso XI y las Cortes castellanas eran unos adelantados a su tiempo.

Créditos:
Encabezamiento del Libro de las Leys que hizo Alfonso XI en 1348, tomado de la edición facsímil realizada por París-Valencia S.L. en 1992 de la edición que con el título El ordenamiento de Leyes que D. Alfonso XI hizo en las Cortes de Alcalá de Henares el año de mil trescientos y quarenta y ocho, publicaron los Doctores D. Ignacio Jordán de Asso y del Río, y D. Miguel de Manuel y Rodríguez, en 1774.

viernes, 7 de junio de 2013

Todos a(l) coro:«¡Cumpleaños feliz!»

Créditos:
Fotografía de Zubin Mehta dirigiendo al público el Cumpleaños feliz, al finalizar el concierto del XXV Aniversario del Coro de la Generalidad Valenciana, esta noche, en el Palau de les Arts Reina Sofía, en Valencia, del autor.

miércoles, 5 de junio de 2013

Medio a medias

Hace ya tiempo, en el suplemento Natura de El Mundo, el tema de portada era la ahora famosa “huella de carbono”, con una ilustración muy ocurrente: en línea con  la expresión “antojársele los dedos huéspedes”, los dedos se han convertido en chimeneas humeantes y… contaminantes.

La noticia era al hilo de la reunión que en breve se iba a iniciar del también famoso IPCC, u sea, el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, de la ONU, claro. Reunión que tuvo lugar en… Valencia.

Lodos de aquellos polvos se pudieron ver a principios del pasado mes en la Feria del Libro de… Valencia: el Ayuntamiento promocionó un stand, u sea, un puesto, donde se evaluaba la antedicha famosa “huella de carbono” a los ciudadanos que se detenían para ser evaluados.

Y yo fui uno de los detenidos.

El resultado es el que figura en la tarjetita que me dieron y cuyas imágenes del anverso y reverso acompañan estas líneas. Como puede observar, el color es amarillo limón (las tarjetas eran muy pedagógicas, con los colores de las luces de un semáforo –aunque tratándose de Valencia, en vez de amarilla podía haber sido naranja-).

A una de las preguntas contesté que echaba en falta un mejor diseño de la red de autobuses (sin entrar en consideraciones acerca de cómo eran conducidos ni trasladando comentarios oídos el pasado mes de octubre a gente foránea  y poco acostumbrada a estas emociones).

Según me dijeron, el factor que más había influido en que la nota fuera amarilla y no verde fue el uso del vehículo particular… consecuencia, precisamente, de ese diseño de la red de autobuses.

Pero bueno, qué se le va a hacer.

¡Ah! Me dieron un regalito… el cual algún día conseguiré que funcione.

Por cierto, creo que hoy es el Día del Medio Ambiento, o similar. Pues hala, a por el otro medio.

Créditos:
Detalle de la portada del suplemento Natura de El Mundo, publicado el 10 de noviembre de 2007.
Fotografía del puesto en cuestión, del autor.
Imagen de la tarjeta de evaluación de la “huella de carbono” del autor.

martes, 4 de junio de 2013

Tentación… es…

¿saltarse un semáforo?

Créditos:
Fotografía de un autobús de transporte público, saltándose un semáforo en rojo, en Valencia, en mayo de 2013, del autor (mientras esperaba el cambio de semáforo).

Una revisita de Turner


Aunque ahora, la boya es aérea.

Créditos:
Fotografía de un globo (rojo) enganchado en una antena de radio, destacando sobre el azul del cielo, en Valencia el pasado martes, del autor.

lunes, 3 de junio de 2013

Hoc facite in meam commemorationem

No solo los humildes y los parias se habían unido a ella [la iglesia] sino también algunos notables. Por ejemplo Ogbuefi Ugonna, que tenía dos títulos, y que se había cortado el brazalete de los títulos como un loco y lo había tirado para hacerse cristiano. El misionero blanco estaba muy orgulloso de él y fue uno de los primeros hombres de Umuofia que recibió el sacramento de la Sagrada Comunión o Banquete Sagrado, como se decía en igbo. Ogbuefi Ugonna había creído que se trataba de un banquete de comida y bebida pero más santo que los de la aldea. Así que había metido en la bolsa de piel de cabra el cuerno de beber para la ceremonia.

No nos debe resultar extraña la confusión del buen Ogbuefi Ugonna, sobre todo si tenemos en cuenta la historia entre los mismos cristianos viejos, especialmente desde hace cinco siglos.

Créditos:
Título de la anotación del Evangelium secundum Lucam (22, 19), tomado de la Biblia Vulgata, en edición de Colunga-Turrado, publicada por Biblioteca de Autores Cristianos (duodécima edición, de 2005), de la biblioteca del autor.
Extracto del capítulo 20 de Todo se desmorona, de Chinua Achebe, según traducción de José Manuel Álvarez Flórez, publicada por Mondadori en el sello DeBols!llo (pp. 173-174), de la biblioteca del autor.

¿Gloria all’Egitto?

La famosa Marcha triunfal con la que se abre la segunda escena del Acto II de Aida se inicia proclamando la gloria a Egipto (y a Isis).

Sin embargo, hace ya un tiempo que esa gloria está ausente, y ahora, incluso, ni siquiera se ha llegado a cantar.

En esta situación, ¿quién retornará vencedor?

Créditos:
Detalle de la mano y la batuta, de Director de orquesta, escultura de Lucas Carrión Vázquez, Karrvaz, existente en el Tramo XIV del Jardín del Turia, enfrente del Palau de les Arts, en Valencia, de febrero de 2013, del autor.

domingo, 2 de junio de 2013

Hoc est corpus meum


Quod pro vobis datur.

Créditos:
Título y frase del Evangelium secundum Lucam (22, 19), tomados de la Biblia Vulgata, en edición de Colunga-Turrado, publicada por Biblioteca de Autores Cristianos (duodécima edición, de 2005), de la biblioteca del autor.
Fotografía de la Custodia con Jesús Sacramentado, durante la procesión del Corpus, esta tarde en Valencia, del autor.

sábado, 1 de junio de 2013

Escribo, escribo. ¿Cómo escribes?: Con un fuego chisporroteante en la cabeza

Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfesable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma  a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa.
Aunque me cuesta mucho trabajo y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. «Escribir es una manera de vivir», dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda la historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.

Créditos:
Extracto de Elogio de la lectura y la ficción, discurso ante la Academia Sueca de Mario Vargas Llosa, con motivo de la concesión del Premio Nobel de Literatura 2010, tomado de laedición no venal realizada por Alfaguara en enero de 2011 (pp.32-33), de la biblioteca del autor.

Se acerca el 40 de mayo


Parece que, día a día, nube a nube, tormenta a tormenta,


con llovizna, chubasco o chaparrón matutinos, vespertinos o nocturnos,


el sol viene a quedarse, y el sayo a guardarse.

Y eso que en Madrid ya han inaugurado su Feria del Libro.

Créditos:
Fotografías del cielo nublado al amanecer y atardecer del pasado 16 de mayo, y del sol entre nubes en el atardecer del 18, del autor.

viernes, 31 de mayo de 2013

Echando unas toses, unas risas… y unos esputos

Me ha parecido entender que este viernes era el día antitabaquismo, o algo así, lo que me sirve como excusa para traer a estas páginas esta graciosa viñeta de .Jordi Labanda.


En la que, como se puede ver, en forma de censura, no deja de haber una apología al totalitarismo.

Créditos:
Viñeta de Jordi Labanda, publicada en Magazine, suplemento dominical de La Vanguardia, y también distribuido junto con Levante, el 11 de noviembre de 2007, de la hemeroteca del autor.

Consejos vendo…

Nuestro colaborador D. Wenceslao Fernández Flórez nos ruega la publicación de la nota siguiente:
"Me ha maravillado la lectura de una nota del Banco de España, en la que se comenta una conferencia que pronuncié el pasado día 12 ante el micrófono de Unión Radio (…).
El Banco se queja de que haya pretendido yo hacerle víctima de mis ironías. ¿De qué ironías? Mis cuartillas se guardan en el archivo de Unión Radio. Véase en ellas si yo he aludido en ningún momento al proceder del Banco de España. No. Me he limitado a referir que un consejero –cuyo nombre no pronuncié– había asegurado ante veraces y respetables individuos de la Cámara Oficial del Libro que intervinieron en la organización de la II Feria, que él en toda su vida había comprado un libro. Esta anécdota es absolutamente exacta. Y si perjudica “al prestigio individual y colectivo del Consejo”, no soy yo, ciertamente, el que tiene la culpa."

¿Ni siquiera compró un libro… de cuentas?


Desde luego, como decía Cantinflas en una película, “debe-haber, debe haber… pero no hay”.

Créditos:
Extracto de la nota publicada en ABC el 18 de mayo de 1934, tomado de la hemeroteca del periódico en internet.
Imagen de la cabecera de una página de un libro de Cuentas corrientes.

Dios los cría…

Hace un tiempo, cuando tenía en casa los libros desorganizados (no como ahora, que los tengo cuasi-desorganizados), hubo un día en que me di cuenta de una casualidad… o no.

En un estante se encontraba un ejemplar de Polvo de líneas, conjunto de relatos de Carlos Semprún Maura, editado por Pre-Textos. A su lado, también editado por Pre-Textos, estaba La asamblea de los muertos, de Julia Escobar.

¿Y?

La casualidad de los libros reside en el doble hecho de que el primero, escrito originalmente en francés, estaba traducido por la autora del segundo; y de que el relato que da nombre al primero, no deja de tener cierta vinculación con lo narrado en el segundo.

Los intentos posteriores de reorganización de los libros han hecho que ahora ya no estén juntos, pero ha habido un relevo, provisional, pero relevo, al fin y al cabo.

La novela que estoy leyendo toma su título de un verso de un poema, y en la curiosidad de averiguar si dicho poema lo tenía en casa, el domingo me fijé en un ejemplar de poemas de Keats para comprobarlo.

Justo al lado de dicho libro, colocado con el lomo hacia arriba, y por tanto, no fácilmente identificable, se hallaba El tío Petros y la conjetura de Goldbach, en cuya búsqueda había estado buena parte del fin de semana, lo que me permitió publicar la correspondiente anotación.

En resumen, que Dios los cría… y los libros se juntan, no sólo en mi casa, sino también en el Parque del Retiro, en Madrid, donde este viernes se inaugura la Feria del Libro.

Nota:
Por cierto, el poema en cuestión no lo encontré debido al pequeño detalle de que no era de Keats, sino de Yeats. Aun así, en el primer libro que pude hojear de Yeats… tampoco estaba.

Créditos:
Cubiertas de los libros en cuestión.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Ser realistas para poder soñar

Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla– a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.

Lo anterior no lo expresó un Premio Nobel de la Paz, sino que lo tuvo que hacer un Premio Nobel de Literatura.

Una demostración, más, de que una cosa es predicar, y otra, dar trigo.

Créditos:
Extracto de Elogio de la lectura y la ficción, discurso ante la Academia Sueca de Mario Vargas Llosa, con motivo de la concesión del Premio Nobel de Literatura 2010, tomado de la edición no venal realizada por Alfaguara en enero de 2011 (pp. 16-18), de la biblioteca del autor.